Cuando regrese el Salvador, ¿se seguirá llamando Jesús?

5 Nov 2021

En los últimos días, el Salvador, Dios Todopoderoso, ya ha venido a la tierra a expresar verdades, aparecer y obrar para salvar plenamente a la humanidad. Desde que está en internet, para el mundo entero, el libro La Palabra manifestada en carne, gente de todas partes ha comprobado que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y ha oído la voz de Dios. Tal vez no haya contemplado el rostro de Dios Todopoderoso, pero está segura de que Sus palabras son, en su integridad, las del Espíritu Santo, de que se trata de Dios, que habla a la humanidad, y de la Palabra manifestada en carne. Por fin ha presenciado la aparición y obra del Hijo del hombre y encontrado las huellas de Dios. Emocionada, va por todos lados compartiendo la buena nueva, aceptando con gozo a Dios Todopoderoso y presentándose ante el trono de Dios. Come y bebe a diario las palabras actuales de Dios, con cuya lectura adquiere mayor esclarecimiento y de cuyo riego y pastoreo disfruta. Aprende muchas verdades y aumenta su fe. Se apresura a difundir el nombre de Dios Todopoderoso dando testimonio de que el Salvador ha venido al mundo a salvar al hombre. Está rebosante de fe y fortaleza y halla consuelo en las palabras de Dios Todopoderoso. Tiene el objetivo adecuado de búsqueda y un rumbo en la vida y hace lo imposible por Dios dando testimonio de Él. Más y más gente de todo el mundo está estudiando el camino verdadero. Ahora que comienzan a llover todo tipo de desastres, todo el mundo se ve forzado a buscar el camino verdadero, las huellas del Espíritu Santo y la aparición y obra del Salvador. Esta es la tendencia inevitable. En comunidades religiosas de todos los países del mundo, cada día mucha gente acepta el camino verdadero y se vuelve a Dios Todopoderoso. En muchos países se está implantando la Iglesia de Dios Todopoderoso, lo que cumple por completo este versículo de Isaías: “Y acontecerá en los últimos días, que la montaña de la casa de Jehová será establecida en lo alto de las montañas y será exaltada sobre los collados; y todas las naciones irán a él” (Isaías 2:2). Mientras muchos estudian ávidos el camino verdadero, algunos han comprobado que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad, autorizadas y poderosas, pero, al ver que Dios Todopoderoso tiene el aspecto de una persona normal, que no ha aparecido en la forma espiritual del Señor Jesús ni ha mostrado señales y prodigios, se estancan en eso y se niegan a aceptarlo. Otros ven sin ninguna duda que las palabras de Dios Todopoderoso son toda la verdad, pero, como no están registradas en la Biblia, no pueden tener la certeza de que Dios Todopoderoso sea el regreso del Señor Jesús. Ahí se estancan y no lo aceptan a Él. Hay otros más que reconocen que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y vienen de Dios, pero dado que la Biblia dice “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8), creen que nunca cambia el nombre de Jesús. Creen que Dios Todopoderoso no se llama Jesús y que la Biblia nunca aludió al nombre de Dios Todopoderoso, así que no reconocen que Él sea el Salvador que ha descendido. Piensan que aceptar a Dios Todopoderoso sería traicionar al Señor Jesús, por lo que se estancan en eso y no lo aceptan. Estas tres situaciones nos devuelven a un problema subyacente: Dios Todopoderoso parece una persona normal y todo cuanto dice es la verdad, poderoso y autorizado, pero Él no se llama Jesús ni ha aparecido en la forma espiritual de Jesús, por lo que no reconocen que Dios Todopoderoso sea el regreso del Señor Jesús. Esto es comprensible solo en función de las nociones y fantasías humanas, pero la aparición y obra de Dios contienen grandes misterios insondables para el ser humano. Sin buscar la verdad y sin comprobar las cosas según las palabras de Dios y la realidad de Su obra, no se puede hallar la respuesta correcta. Aferrarse ciegamente al texto bíblico literal y a sus nociones, negándose a aceptar a Cristo, que expresa verdades, acarreará consecuencias inimaginables. Es como aquellos de la fe judía que se negaron a aceptar la redención del Señor Jesús y fueron maldecidos. Esta dolorosa lección lleva mucho tiempo ante nosotros. Ahora que ha venido el Salvador, podemos imaginar las consecuencias de no buscar la verdad. Y bien, ¿se seguirá llamando “Jesús” el Salvador a Su regreso? Hablaré un poco de cómo entiendo yo este tema.

Primero hemos de entender cómo comprobar que este es el Salvador que ha descendido. No podemos guiarnos por si tiene el nombre del Señor Jesús, por si se parece al Señor Jesús. La clave es si puede expresar la verdad y realizar la obra de Dios, si puede purificar y salvar a la humanidad. Mientras pueda expresar la verdad, expresar la voz de Dios y realizar la obra de salvación de la humanidad, da igual cómo se llame o lo corriente que parezca. Podemos estar seguros de que es Dios en la carne, el regreso del Señor Jesús. Es el Salvador venido a la tierra. Si nos guiamos por Su nombre o por Su apariencia externa, es muy fácil equivocarse. Todos sabemos que Dios respondía al nombre de Jehová en la Era de la Ley y al nombre de Jesús en la Era de la Gracia. Ya no se llamaba Jehová; adoptó, en cambio, el nombre de Jesús, pero el Señor Jesús era Jehová Dios encarnado. Era Jehová Dios revestido de la carne del Hijo del hombre y venido a la humanidad para aparecerse y obrar. El Señor Jesús y Jehová Dios compartían Espíritu y eran un solo Dios. El camino del arrepentimiento y los misterios del reino revelados por el Señor Jesús, junto con Su obra de redención, demostraron plenamente que Él era Dios encarnado, la aparición del único Dios verdadero y el Salvador. En el judaísmo no supieron verlo entonces. Aunque muchos reconocían que el camino del Señor Jesús era poderoso y autorizado, como no lo llamaban “Mesías” y parecía una persona normal, lo negaron y condenaron. Por muy elevado que fuera el camino del Señor Jesús, no lo buscaban ni estudiaban, sino que lo acusaron de blasfemia y hasta lo crucificaron. Dios los maldijo y castigó. ¿En qué se equivocaron? No sabían qué era la encarnación ni que la divinidad de Dios encarnado se demostraba por medio de la expresión de la verdad, por lo que, sin importar cuánta verdad expresara el Hijo del hombre ni cuán grande fuera Su obra, no lo reconocían como Dios. Lo definían como ser humano; estaban absolutamente seguros de ello y se negaban a creer. Así pues, perdieron la salvación de Dios y terminaron castigados y maldecidos. ¿Eso no demuestra la necedad y la ignorancia humanas? Y ahora, aunque muchos del mundo religioso reconocen que las palabras de Dios Todopoderoso son la verdad y vienen de Dios, aún se aferran a la Escritura literal, pues siguen sus nociones y fantasías e insisten en que Dios se llama Jesús, en que eso nunca cambia y así se llamará a Su regreso. Como Dios Todopoderoso no se llama Jesús y no vino en una nube a imagen de Jesús, se niegan rotundamente a aceptar que Él sea el regreso del Señor Jesús. ¿No cometen el mismo error que el pueblo judío? En consecuencia, todavía no han recibido al Señor, así que caerán en los grandes desastres entre golpes de pecho, el llanto y el crujir de dientes. Se incumplirá totalmente su esperanza de recibir al Señor y ser arrebatados antes de los desastres. ¿No es triste? ¿Es cierto que nunca cambia el nombre de Dios de Jesús? ¿Esto lo respalda la Biblia, la palabra de Dios? En realidad, hace mucho que la Biblia profetizó el regreso del Señor con otro nombre. Isaías profetiza claramente: “Y los gentiles verán Tu justicia y todos los reyes Tu gloria: y se te llamará por un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2). Y según el Apocalipsis: “Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12). Ambos versículos aluden claramente al nuevo nombre de Dios. Dado que es un nuevo nombre, uno que no ha tenido antes, seguro que el Señor no se llamará Jesús cuando regrese. ¿Y cuál es su nuevo nombre? Dios Todopoderoso. Esto concuerda a la perfección con la profecía del Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y la Omega […] el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8). “¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Apocalipsis 19:6). Y muchos otros versículos, como Apocalipsis 4:8, 11:17 y 16:7, citan el nombre de “el Todopoderoso”. Obviamente, cuando regrese el Señor en los últimos días, se llamará Todopoderoso, Dios Todopoderoso. No cabe duda de esto. Creer que nunca cambia el nombre de Dios de Jesús, que nuestro Salvador de los últimos días se llamará Jesús, es exclusivamente una noción humana que ni de lejos se ajusta a la realidad.

En este punto, quizá algunos pregunten por qué habría de cambiar Dios de nombre. ¿Qué sentido tiene esto? Dios Todopoderoso ha revelado todos los misterios de la verdad. Revisemos las palabras de Dios Todopoderoso para entenderlo mejor. Dios Todopoderoso dice: “Algunos dicen que el nombre de Dios no cambia. ¿Por qué, entonces, pasó a ser Jesús el nombre de Jehová? Se profetizó la venida del Mesías, ¿por qué vino, entonces, un hombre con el nombre de Jesús? ¿Por qué cambió el nombre de Dios? ¿No se llevó a cabo esa obra hace mucho tiempo? ¿Acaso no puede realizar Dios una obra más nueva hoy? La obra de ayer puede alterarse y la obra de Jesús puede seguir a la de Jehová. ¿No puede, entonces, la obra de Jesús ser sucedida por otra obra? Si el nombre de Jehová puede cambiar al de Jesús, entonces, ¿no puede cambiarse también el nombre de Jesús? Nada de esto es extraño, es solo que las personas son así de simples. Dios siempre será Dios. Sin importar cómo cambie Su obra e independientemente de cómo pueda cambiar Su nombre, Su carácter y sabiduría nunca cambiarán. Si crees que solo se puede llamar a Dios por el nombre de Jesús, tu conocimiento es demasiado limitado” (‘¿Cómo puede el hombre que ha delimitado a Dios con sus nociones recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En cada era, Dios hace nueva obra y se le llama por un nuevo nombre; ¿cómo podría hacer Él la misma obra en diferentes eras? ¿Cómo podría aferrarse a lo antiguo? El nombre de Jesús se adoptó para la obra de redención, entonces ¿se le seguiría llamando por el mismo nombre cuando vuelva en los últimos días? ¿Seguiría haciendo Él la obra de redención? ¿Por qué son Jehová y Jesús uno, pero se les llama por nombres diferentes en eras diferentes? ¿Acaso no es porque las eras de Su obra son distintas? ¿Podría un solo nombre representar a Dios en Su totalidad? Siendo esto así, se debe llamar a Dios por un nombre diferente en una era diferente y Él debe usar el nombre para cambiar la era y representarla. Porque ningún nombre puede representar totalmente a Dios mismo y cada nombre sólo puede representar el aspecto temporal del carácter de Dios en una era dada; todo lo que necesita hacer es representar Su obra. Por tanto, Dios puede escoger cualquier nombre que encaje con Su carácter para representar a toda la era” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

‘Jehová’ es el nombre que adopté durante Mi obra en Israel y significa el Dios de los israelitas (el pueblo escogido de Dios) que puede tener compasión del hombre, maldecirlo y guiar su vida; el Dios que posee gran poder y está lleno de sabiduría. ‘Jesús’ es Emanuel, que significa la ofrenda por el pecado que está llena de amor, de compasión y que redime al hombre. Él hizo la obra de la Era de la Gracia y la representa, y solo puede representar una parte de la obra del plan de gestión. […] Solo Jesús es el Redentor de la humanidad, y Él es la ofrenda por el pecado que redimió a la humanidad del pecado. Es decir, el nombre de Jesús vino de la Era de la Gracia y surgió debido a la obra de redención en la Era de la Gracia. El nombre de Jesús llegó a existir para permitir que las personas de la Era de la Gracia nacieran de nuevo y fueran salvadas, y es un nombre particular para la redención de toda la humanidad” (‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Si el hombre sigue anhelando la llegada de Jesús el Salvador durante los últimos días, y sigue esperando que llegue con la imagen con la que apareció en Judea, entonces todo el plan de gestión de seis mil años se habría detenido en la Era de la Redención y no podría haber progresado más. Además, los últimos días nunca llegarían y la era nunca acabaría. Esto se debe a que Jesús el Salvador es solo para la redención y salvación de la humanidad. Yo adopté el nombre de Jesús solo por el bien de todos los pecadores en la Era de la Gracia, pero no es el nombre por el cual llevaré a su fin a toda la humanidad. Aunque Jehová, Jesús y el Mesías representan todos a Mi Espíritu, estos nombres solo denotan las diferentes eras de Mi plan de gestión y no me representan en Mi totalidad. Los nombres por los cuales me llaman las personas en la tierra no pueden expresar todo Mi carácter y todo lo que Yo soy. Son simplemente nombres diferentes por los que se me llama durante las diferentes eras. Así pues, cuando la era final —la era de los últimos días— llegue, Mi nombre cambiará de nuevo. No se me llamará Jehová o Jesús, mucho menos el Mesías; se me llamará el potente Dios Todopoderoso mismo y bajo este nombre pondré fin a toda la era” (‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Creo que ya vemos la trascendencia de que Dios cambie de nombre. Dios siempre es nuevo, nunca viejo, y Su obra siempre avanza. Su nombre continúa cambiando con los cambios de era y de Su obra. En cada etapa de Su obra, en cada nueva era, Dios adopta un nombre con un sentido concreto que simboliza la obra que realiza y el carácter que expresa en esa era. En vista de esto, no hemos de limitar a Dios a los dos nombres de Jehová y Jesús. No hemos de limitar a Dios a nuestras nociones y fantasías. Todos sabemos que lo que Dios tiene y es lo abarca todo. ¡Es absolutamente sabio y todopoderoso! Si ningún lenguaje humano podría expresar esto, ¿cómo podrían hacerlo uno o dos nombres? No hay nombres suficientes para simbolizar todo lo que Dios tiene y es. Por eso adopta Dios un nombre distinto en cada era. Dios se llamaba Jehová en la Era de la Ley y dictó la ley y los mandamientos con ese nombre. Guió la vida de la humanidad en la tierra, le hizo saber qué es el pecado, cómo debía vivir y cómo adorar a Jehová Dios. Jehová fue el nombre fijado por Dios para la Era de la Ley y únicamente simbolizó Su obra de esa era y las actitudes de misericordia, majestad e ira que expresó entonces. Al final de la Era de la Ley, la gente se dejó corromper cada vez más por Satanás y era cada vez más pecadora. Nadie era capaz de obedecer la ley. De seguir así, todos habrían sido condenados y ajusticiados por ley. Para redimir a la humanidad, Dios se encarnó personalmente en el Hijo del hombre para obrar y realizó la obra redentora con el nombre de Jesús. Inició la Era de la Gracia y puso fin a la Era de la Ley. El Señor Jesús trajo a la humanidad el camino del arrepentimiento y perdonó nuestros pecados, con lo que nos otorgó paz, gozo y una gracia inaudita. Al final lo crucificaron, lo que redimió a toda la humanidad. Jesús fue el nombre de Dios en la Era de la Gracia y simbolizaba Su obra redentora de esa era, así como Su carácter de amor y misericordia. Con estas dos etapas de la obra de Dios vemos que cada uno de Sus nombres tiene especial trascendencia. Simbolizan la obra y el carácter de Dios en esa era concreta. Pensémoslo. Si el Señor Jesús hubiera conservado el nombre de Jehová en la Era de la Gracia, la obra de Dios se habría detenido en la Era de la Ley. Entonces, nunca se habría redimido la humanidad corrupta y todos habríamos sido condenados y ajusticiados por ley por nuestros pecados. No habríamos llegado hasta hoy. Igual en los últimos días: si el Señor Jesús volviera llamándose Jesús, la obra de Dios se quedaría en la etapa de redención y la gente solo podría recibir la redención y el perdón de los pecados del Señor Jesús. No se corregiría la naturaleza pecaminosa que tenemos todos. No tendríamos modo de escapar al pecado y purificarnos y nunca seríamos dignos del reino de los cielos. El Señor Jesús profetizó muchas veces Su regreso en los últimos días, que expresaría la verdad y realizaría la obra del juicio para purificar a la humanidad, salvarla plenamente del pecado y llevarnos al reino de Dios. Como dijo el Señor Jesús: “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). Así pues, en los últimos días, cuando Dios inicie una nueva era y Su nueva obra, ¿realmente seguirá llamándose Jesús? Claro que no. El Señor Jesús ha vuelto en los últimos días para obrar como Dios Todopoderoso, que inicia la Era del Reino y concluye la Era de la Gracia. Expresa verdades para realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, salvar plenamente a la humanidad del pecado y las fuerzas satánicas y formar un grupo de vencedores. Después hará llover los grandes desastres para castigar el mal y premiar el bien, lo que destruirá la oscura y malvada era antigua, y se materializará el reino de Cristo en la tierra. Esto cumple íntegramente las profecías del Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y la Omega […] el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8). “¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Apocalipsis 19:6).

Dios Todopoderoso dice: “Una vez se me conoció como Jehová. También se me llamó el Mesías, y las personas me llamaron una vez Jesús el Salvador con amor y aprecio. Hoy, sin embargo, ya no soy el Jehová o el Jesús que las personas conocieron en tiempos pasados; Yo soy el Dios que ha regresado en los últimos días, el que pondrá fin a la era. Soy el Dios mismo que surge del extremo de la tierra, repleto de todo Mi carácter y lleno de autoridad, honor y gloria. Las personas nunca se han relacionado conmigo, nunca me han conocido y siempre han sido ignorantes de Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una sola persona me ha visto. Este es el Dios que se le aparece al hombre en los últimos días, pero que está oculto entre los hombres. Él mora entre los hombres, verdadero y real, como el sol ardiente y la llama abrasadora, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no será juzgada por Mis palabras y ni una sola persona o cosa que no será purificada por el fuego ardiente. Finalmente, todas las naciones serán bendecidas debido a Mis palabras y también serán hechas pedazos debido a ellas. De esta forma, todas las personas durante los últimos días verán que Yo soy el Salvador que ha regresado, y que Yo soy el Dios Todopoderoso que conquista a toda la humanidad. Y todos verán que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero que en los últimos días también me convierto en las llamas del sol que incineran todas las cosas, así como el Sol de la justicia que revela todas las cosas. Esta es Mi obra en los últimos días. Tomé este nombre y soy poseedor de este carácter para que todas las personas puedan ver que Yo soy un Dios justo, el sol ardiente, la llama abrasadora, y que todos puedan adorarme, al único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy solo el Dios de los israelitas ni soy solo el Redentor, soy el Dios de todas las criaturas en todos los cielos, la tierra y los mares” (‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso son cristalinas. Jehová, Jesús y Dios Todopoderoso son los nombres del único Dios verdadero. Adopta distintos nombres en la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. Aunque Su obra y Su nombre cambien con cada era y Él aparezca de formas distintas, Su esencia nunca cambia ni tampoco Su carácter y lo que Él tiene y es. Es eternamente un solo Dios, un solo Espíritu que obra para guiar, redimir y salvar plenamente a la humanidad. En los últimos días se encarna en Dios Todopoderoso y, aunque no se llame Jesús y parezca una persona normal, ha expresado todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad para realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Juzga y denuncia a la gente con Sus palabras, que revelan nuestra honda corrupción y nuestra naturaleza satánicas, y nos enseña todos los aspectos de la verdad que necesitamos para purificarnos y salvarnos. Su pueblo escogido come y bebe a diario Sus palabras, acepta el juicio, el castigo, el trato, la prueba y la refinación de aquellas, y poco a poco se purifica y transforma su carácter corrupto. Escapa paulatinamente al mal y a las fuerzas satánicas y Dios lo salva plenamente. Dios Todopoderoso ya ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres, lo que muestra toda la sabiduría y omnipotencia de Dios. Durante la obra de Dios Todopoderoso, pese a las incesantes y brutales persecuciones y detenciones de las fuerzas satánicas del Partido Comunista, más la demencial condena y blasfemia de las fuerzas del anticristo del mundo religioso, el evangelio del reino de Dios Todopoderoso se ha propagado de Oriente a Occidente atravesando todo el orbe. Esto demuestra la conclusión de la gran obra de Dios, ¡que Dios Todopoderoso triunfa por completo sobre Satanás y conquista toda gloria! Los grandes desastres ya han comenzado y el mundo religioso ha caído en el caos, pero muchos de ellos siguen aferrándose obstinados al nombre del Señor Jesús y aguardando Su venida en una nube. Se niegan a reconocerlo y aceptarlo por más verdad que exprese Dios Todopoderoso y más grande que sea Su obra. Incluso condenan y se oponen frenéticamente a Su aparición y obra. ¿En qué se diferencian de aquellos fariseos que se aferraban al nombre del Mesías y se oponían como locos al Señor Jesús? ¿No son todos ellos, en fin, gente que crucifica a Dios? Se aferran para nada al nombre del Señor Jesús, pero se oponen y condenan frenéticamente a Dios Todopoderoso. ¿Qué crees que les espera al final?

Para terminar, veamos un vídeo de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, sólo creían que Él vendría, pero no buscaban la verdad-vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es la senda de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de aferrarse al mero nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios posibles. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios era: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No es esta creencia absurda y ridícula? Os pregunto de nuevo: ¿No es extremadamente fácil para vosotros cometer los errores de los antiguos fariseos, dado que no tenéis el más mínimo entendimiento de Jesús? ¿Eres capaz de discernir el camino de la verdad? ¿Puedes garantizar realmente que no te opondrás a Cristo? ¿Eres capaz de seguir la obra del Espíritu Santo? Si no sabes si te opondrás o no a Cristo, entonces Yo digo que ya estás viviendo al filo de la muerte. Los que no conocían al Mesías fueron todos capaces de oponerse a Jesús, de rechazarlo, de difamarlo. Las personas que no entienden a Jesús son capaces de rechazarlo y vilipendiarlo. Además, son capaces de ver el regreso de Jesús como el engaño de Satanás, y más personas condenarán el retorno de Jesús a la carne. ¿No os asusta todo esto? Lo que afrontáis será blasfemia contra el Espíritu Santo, la ruina de Sus palabras a las iglesias y el rechazo de todo lo expresado por Jesús. ¿Qué podéis obtener de Él si estáis tan confundidos? ¿Cómo podéis entender la obra de Jesús cuando Él vuelva a la carne sobre una nube blanca, si os negáis obstinadamente a ser conscientes de vuestros errores? Os digo esto: las personas que no reciben la verdad, pero que esperan ciegamente la llegada de Jesús sobre nubes blancas, blasfemarán sin duda contra el Espíritu Santo y pertenecen a la categoría que será destruida” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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