¿Nos otorga la salvación por la fe la entrada al reino de Dios?

16 Nov 2021

Una pandemia se extiende sin cesar y han empezado a darse terremotos, inundaciones, plagas de insectos y hambrunas. Muchos se hallan en un estado de constante ansiedad, y los creyentes aguardan nerviosos la venida del Señor en una nube para que los ascienda al cielo, escapar al sufrimiento durante los desastres y evitar la muerte. No saben por qué aún no han sido ascendidos para reunirse con el Señor y miran todo el día al cielo sin ver nada. Mucha gente está muy triste, sobre todo porque la pandemia les ha quitado la vida a muchísimos miembros del clero de la iglesia. Siente inquietud, que el Señor la ha descartado, ha caído en los desastres y no es segura su supervivencia. Se siente confundida y perdida. El Apocalipsis profetizó que vendría el Señor Jesús antes de los desastres y nos ascendería al cielo para que no sucumbiéramos a ellos. Esa es nuestra esperanza. Nuestra fe es escapar al desastre y recibir vida eterna. Sin embargo, los desastres han comenzado a precipitarse; ¿y por qué no ha venido el Señor en una nube a recibir a los creyentes? Por nuestra fe se nos perdonan los pecados, somos justificados y recibimos la gracia de la salvación. ¿Por qué no hemos sido ascendidos al reino de los cielos? Hemos esperado al Señor, angustiados, muchos años y sufrido mucho. ¿Por qué no ha venido por nosotros ni nos ha ascendido para reunirnos con Él y escapar a la desgracia de los desastres? ¿Nos ha descartado realmente? Muchos creyentes se hacen estas preguntas. Y bien, ¿de verdad la salvación por la fe nos lleva al reino? Voy a compartir algo de mi entendimiento personal al respecto.

Pero aclaremos primero una cosa antes de hablar de esto. ¿Acaso encuentra la idea de la justificación por la fe respaldo en la palabra de Dios? ¿Dijo alguna vez el Señor Jesús que lo único necesario para entrar en Su reino es ser justificados por la fe? No. ¿Alguna vez dio testimonio de esto el Espíritu Santo? No. Así pues, podemos dar por seguro que esta idea es una mera noción humana de la que no podemos fiarnos para entrar en el reino. De hecho, el Señor Jesús dejó muy claro quiénes podrían entrar al reino. El Señor Jesús dijo: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:21-23). “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35). “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). “La santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). El Señor Jesús dejó claro que solo pueden entrar al reino de los cielos quienes hagan la voluntad de Dios, que los únicos que tendrán un lugar en el reino son los libres de pecado y purificados. Ese es el único criterio para lograr entrar. ¿Implican la redención del pecado y la justificación por la fe que alguien hace la voluntad de Dios? ¿Quiere decir eso que ya no peca ni se rebela y se opone contra Dios? Claro que no. Para todos los creyentes en el Señor es evidente que, aunque seamos redimidos y justificados por la fe, pecamos constantemente, vivimos en un círculo de pecar por el día y confesar por la noche. Vivimos con el dolor de no poder librarnos de pecado, de no poder evitarlo. En toda denominación hay quienes son envidiosos y conflictivos, se pelean por la reputación y la ganancia y se difaman entre sí. Es muy habitual. La mayoría tiene fe exclusivamente porque codicia la gracia de Dios, pero no hace lo que Él dice. Corre a la iglesia ante una crisis, pero en tiempos de paz sigue las tendencias mundanas. Las iglesias celebran una fiesta tras otra. Nadie enseña la verdad ni comparte testimonios personales, sino que se compite a ver quién recibe más gracia, las mayores bendiciones. Con la llegada de los grandes desastres, y como el Señor aún no viene en una nube a arrebatarlos, la fe y el amor de muchos se están enfriando y estos han empezado a culpar y juzgar a Dios. Algunos hasta lo han negado y traicionado. Los hechos indican que puede que la gente se comporte mejor debido al perdón de los pecados y la gracia de la salvación, pero eso no implica que se haya librado totalmente de pecado, que no desobedezca a Dios y, sobre todo, que esté purificada y sea digna del reino. Esa es una mera ilusión. Por tanto, ya entendemos este hecho y por qué el Señor Jesús dijo que eran malhechores los que predicaban y expulsaban demonios en Su nombre y que Él no los conocía: porque la gente todavía peca constantemente pese al perdón de los pecados, y porque culpa y juzga al Señor. Le embargan las quejas porque aún no ha venido el Señor y ha comenzado a negarlo y traicionarlo. Algunos llegan a anunciar que le echarán la bronca al Señor si no los arrebata al reino. Estos no son mucho mejores que los fariseos que oprimieron y condenaron al Señor Jesús; tal vez sean todavía peores. Otros ven con nitidez cómo se comportan, y a ojos de Dios son, sin duda alguna, malhechores. Si Dios es santo y justo, ¿dejaría entrar en el cielo a aquellos que constantemente pecan, lo juzgan y se oponen a Él? Por supuesto que no. Así pues, la creencia popular de que la justificación por la fe los conducirá al reino es una noción contraria a las palabras del Señor y a la verdad. Es una mera noción y fantasía humana fruto de nuestros absurdos deseos.

Quizá alguien señale ahora que la salvación por la gracia por medio de la fe tiene base bíblica: “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios” (Efesios 2:8). Y si no podemos entrar al reino de ese modo, ¿qué significa realmente “ser salvados”? Dios Todopoderoso nos habla de este misterio de la verdad. Veamos qué dicen Sus palabras. Dios Todopoderoso dice: “En ese momento, la obra de Jesús era la obra de redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, te redimiría; si creías en Él, dejabas de pertenecer al pecado y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvado y ser justificado por la fe. Sin embargo, en aquellos que creían seguía habiendo algo de rebeldía y oposición a Dios que había que continuar eliminando lentamente” (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “El hombre […] se le perdonaron sus pecados, pero en lo que se refiere a cómo el hombre sería despojado de las actitudes satánicas corruptas que había en su interior, esta obra todavía tenía que realizarse. El hombre solo fue salvo y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no le fue quitada y permaneció en él. […] Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto evidencia que el Señor Jesús fue crucificado en ofrenda por el pecado de la humanidad, lo que nos redimió del pecado. Lo que hemos de hacer es confesar y arrepentirnos ante el Señor para que nos perdone los pecados. Ya no somos condenados y ajusticiados en virtud de la ley. El Señor ya no nos considera pecadores y Satanás ya no puede acusarnos. Se nos permite presentarnos ante el Señor en oración y gozar de la paz y la alegría que Él otorga junto con Su abundante gracia. Esto es lo que significa “ser salvados” aquí. Ser salvados por la fe solo implica el perdón de los pecados y que no se nos condena en virtud de la ley. No es como imagina la gente, que una vez salva, siempre salva, y que será digna de entrar al reino. Las citas bíblicas de “ser salvados” son como lo describió Pablo, pero ni el Señor Jesús ni el Espíritu Santo dijeron jamás eso. No podemos basarnos en declaraciones humanas registradas en la Biblia, solo en las palabras del Señor Jesús. Puede que algunos pregunten por qué no podemos ser ascendidos al cielo si el Señor nos ha perdonado los pecados, Dios ya no nos considera pecadores y nos ha llamado justos. Cierto que Dios nos llamó justos, pero no dijo que el perdón de los pecados nos hiciera dignos del reino ni que, al ser perdonados, podamos cometer cualquier pecado y ser santos de todos modos. Debemos entender que el carácter de Dios es santo y justo y que Él jamás llamaría santo a alguien que peque constantemente ni libre de pecado a alguien que aún sea pecador. Hasta un creyente a quien se le perdonen los pecados puede ser maldecido si se opone a Dios y blasfema contra Él. Como manifiesta la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). El Señor Jesús maldijo a los fariseos por juzgarlo, condenarlo y oponerse a Él. ¿No fue así? Todo creyente sabe que el carácter de Dios no tolera ofensa, y según el Señor Jesús: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31-32). En verdad, el perdón de los pecados es la gracia de Dios, pero si la gente sigue ofendiendo el carácter de Dios tras ser perdonada, Él puede maldecirla y castigarla igualmente. Si crucificamos de nuevo a Dios, las consecuencias serán duras. Pero Dios es amor y misericordia, por lo que quiere salvarnos del pecado y del mal para que seamos santos. Por eso prometió el Señor Jesús que volvería tras Su obra de redención. ¿Por qué habría de volver? Para salvar plenamente a la humanidad del pecado y de las fuerzas satánicas, de modo que nos volvamos a Dios y Él nos conquiste. Solo un creyente que reciba el regreso del Señor tiene esperanza de entrar al reino de los cielos. A estas alturas, puede que algunos se pregunten cómo, dado que se nos han perdonado los pecados, podemos realmente librarnos de pecado, ser santos y alcanzar la entrada al reino. Eso nos lleva al punto central. No basta únicamente con aceptar el perdón del Señor Jesús. También tenemos que recibir la venida del Señor y aceptar el próximo paso de Su obra para librarnos de pecado, ser plenamente salvados por Dios y, por ende, dignos del reino. Tal como profetizó el Señor Jesús: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, […] y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es el Hijo del Hombre” (Juan 5:22, 27). Y “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). Si lo pensamos detenidamente, vemos que el Señor Jesús regresa en los últimos días como el Hijo del hombre, que expresa verdades, realiza la obra del juicio y nos guía para entrar en toda verdad, de forma que nos libremos totalmente de pecado, de las fuerzas satánicas, y logremos la salvación completa. Por tanto, aceptar el juicio de Dios de los últimos días y purificar nuestra corrupción es la única senda de entrada al reino de los cielos. Veamos un par de pasajes más de las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). ¿No lo aclaran todo las palabras de Dios Todopoderoso? El Señor Jesús realizó la obra de redención en la Era de la Gracia para perdonar los pecados al hombre y redimirnos de ellos, es cierto. Pero no se ha corregido la naturaleza pecaminosa de la gente y seguimos oponiéndonos a Dios, así que eso no es salvación plena. Dios Todopoderoso ha venido en los últimos días, cuando expresa muchas verdades y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, sobre la base de la redención del Señor Jesús. Ha venido a purificar y salvar totalmente a la humanidad, a llevarnos al reino de Dios. La obra del juicio de Dios de los últimos días es Su obra clave y más esencial para salvar al hombre y la única senda hacia nuestra purificación y salvación plena. Es una ocasión de oro y la única que tenemos de entrar en el reino de los cielos. Podríamos afirmar que la obra del juicio de Dios Todopoderoso, que comienza por la casa de Dios, es la del arrebatamiento de los creyentes. Con el juicio y castigo de Dios se puede purificar nuestra corrupción, estaremos protegidos en los grandes desastres y entraremos en el reino de Dios. Esto es realmente ser arrebatados. Si no vamos al compás de esta obra, por más tiempo que llevemos teniendo fe, por más que hayamos sufrido o pagado un precio, todo será en vano. Eso es desistir a medio camino y se malgastarían todos nuestros esfuerzos previos. Terminaríamos cayendo en el desastre, entre el llanto y el crujir de dientes. Dios jamás llevaría a Su reino a alguien todavía capaz de rebelarse contra Él. Eso viene determinado por Su carácter justo.

Tal vez pregunten algunos cómo realiza Dios Todopoderoso esta obra del juicio para purificar y salvar a la humanidad. A ver qué dice Él al respecto. Dios Todopoderoso dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Dios Todopoderoso ha expresado en los últimos días millones de palabras acerca de todas las verdades necesarias para purificar nuestra corrupción y para nuestra salvación. Juzga y expone nuestra naturaleza satánica, pecaminosa y antiDios, y todos los aspectos de nuestro carácter corrupto, y expone todas nuestras motivaciones y nociones más profundas, ocultas y despreciables. Cuanto más leemos las palabras de Dios, más experimentamos ese juicio y apreciamos lo sumamente a fondo que nos ha corrompido Satanás, lo arrogantes y discordantes que somos. Somos muy astutos, egoístas y codiciosos y vivimos según filosofías y leyes satánicas para todo, a fin de proteger siempre nuestros intereses. Hasta nuestra fe y nuestro trabajo en la iglesia son para recibir premios y la entrada en el reino. No tenemos conciencia ni razón, sino que vivimos totalmente a imagen de Satanás. Con el juicio y castigo de Dios, por fin percibimos Su justicia, que no tolera ofensa. Dios examina de verdad nuestro corazón y nuestra mente y, aunque no lo digamos, Él saca a la luz lo que pensamos, la corrupción que mora en el fondo de nuestro corazón. Sin un lugar donde escondernos, nos avergonzamos enormemente y empezamos a temer a Dios. Podemos orar sobre lo que hay en nuestro corazón y sincerarnos acerca de nuestros pensamientos e ideas equivocados para así adquirir conciencia y razón. Si mentimos, lo desvelaremos inmediatamente y lo repararemos. Al experimentar así las palabras de Dios, se va purificando y transformando nuestro carácter corrupto y podemos vivir con semejanza humana. Con el juicio y la purificación de Dios Todopoderoso, ¡sentimos en lo profundo lo práctica que es la obra de Dios para salvar al hombre! Sin esto, jamás descubriríamos nuestra corrupción real y no nos arrepentiríamos ni cambiaríamos de verdad. Vemos que no podemos escapar al mal con nuestro esfuerzo y autocontrol, sino que es imprescindible que Dios nos juzgue, castigue y pruebe. También hemos de ser podados, tratados y disciplinados. Es la única forma de que realmente se transforme nuestro carácter vital y de que nos sometamos y temamos sinceramente a Dios. Entonces, si solo tenemos la redención del Señor Jesús en nuestra fe, se nos perdonan los pecados y estamos justificados por ella, pero no somos dignos del reino. Aún hemos de recibir el regreso del Señor y aceptar el juicio de Dios Todopoderoso para poder desechar la corrupción y corregir del todo nuestra naturaleza pecaminosa. Por tanto, Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús, que realiza la obra del juicio. Es el Salvador, descendido para obrar personalmente la plena salvación de la humanidad. Muchos creyentes de toda denominación oyen la voz de Dios y aceptan a Dios Todopoderoso. Son las vírgenes prudentes y asisten al banquete del Cordero. Pero aquellos que rechazan a Dios Todopoderoso van a ser las vírgenes insensatas, que caerán, llorando, en los desastres. Ya deberíamos entender por qué el mundo religioso no ha visto descender al Señor Jesús en una nube. Se aferran obstinadamente a la Escritura literal, seguros de que el Señor va a venir a arrebatarlos en una nube según sus propias ideas, pero, en realidad, el Señor ya ha venido en secreto a obrar. Dios Todopoderoso ha expresado muchas verdades que ellos no buscan. Oyen sin escuchar y ven si entender. Se oponen y condenan ciegamente a Dios Todopoderoso. No dejan de mirar al cielo mientras aguardan la venida del Salvador, Jesús, en una nube. Esto los conducirá a los desastres. ¿Quién tiene la culpa?

En la actualidad, Dios Todopoderoso ha formado un grupo de vencedores mediante Su obra del juicio de los últimos días. Los desastres han comenzado y los escogidos de Dios se están lanzando a difundir el evangelio del reino de Dios Todopoderoso, que da testimonio de la aparición y obra de Dios. Cada vez son más los que estudian y aceptan el camino verdadero y la Iglesia de Dios Todopoderoso se está implantando en un número creciente de países. Las palabras de Dios Todopoderoso se están propagando y testimoniando por todo el mundo. Quienes tienen sed de la verdad y buscan la aparición de Dios se presentan, uno tras otro, ante Su trono. ¡Esto es imparable! Cumple esta profecía bíblica: “Y acontecerá en los últimos días, que la montaña de la casa de Jehová será establecida en lo alto de las montañas y será exaltada sobre los collados; y todas las naciones irán a él” (Isaías 2:2). Sin embargo, las fuerzas del anticristo del mundo religioso, opuestas a Dios Todopoderoso, así como los supuestos creyentes a quienes extravían y controlan, ya han sucumbido a los desastres, por lo que han perdido la ocasión de ser arrebatados. Están llorando y crujiendo los dientes. Una auténtica tragedia. Para terminar por hoy, veamos un vídeo de lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. Aquellos que no reciben el agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Si sólo tratas de aferrarte al pasado, si sólo tratas de mantener las cosas como están quedándote quieto, y no tratas de cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no estarás siempre en contra de Dios? Los pasos de la obra de Dios son vastos y poderosos, como olas agitadas y fuertes truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a tu locura y sin hacer nada. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue los pasos del Cordero? ¿Cómo puedes justificar al Dios al que te aferras como un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos es la letra que solo puede darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua y no son palabras de filosofía que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún los senderos que te pueden llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te hace entender los misterios que contiene? ¿Eres capaz de entregarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Sugiero entonces que dejes de soñar y observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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