¿Es la fe en Dios Todopoderoso una traición al Señor Jesús?

19 Nov 2021

Han pasado 30 años enteros desde que el Cristo de los últimos días, Dios Todopoderoso, apareció y comenzó a obrar y a expresar verdades en 1991. Ha expresado La Palabra manifestada en carne, millones de palabras Suyas, que están en internet, brillan de Oriente a Occidente como una gran luz y conmueven al mundo entero. Muchas personas de todas las denominaciones que aman la verdad han comprobado que las palabras de Dios Todopoderoso son toda la verdad, el Espíritu Santo que habla a las iglesias. Al oír la voz de Dios, han aceptado con entusiasmo a Dios Todopoderoso. Han sido ascendidas ante el trono de Dios y asisten al banquete del Cordero, en el que comen y beben a diario de las palabras actuales de Dios y gozan del sustento de las aguas de vida. Cada vez tienen más esclarecimiento en su corazón y han aprendido muchas verdades. Tienen la guía y el pastoreo personales de Dios. El juicio de Dios está purificando y transformando su carácter corrupto y tienen hermosos testimonios. Dios las ha convertido en vencedoras antes de los desastres, lo que las ha convertido en primicias, y han recibido la aprobación y las bendiciones de Dios. Hoy, la Iglesia de Dios Todopoderoso está surgiendo en países del mundo entero como los primeros brotes tras la lluvia primaveral y el pueblo escogido de Dios lo da todo por predicar el evangelio del reino de Dios, que da testimonio del nombre de Dios Todopoderoso. Cada vez hay más personas de todos los países, regiones y denominaciones que aceptan la obra de Dios de los últimos días. Este evangelio del reino se difunde y expande con una fuerza y un ímpetu imparables, lo que cumple plenamente las profecías bíblicas: “Y acontecerá en los últimos días, que la montaña de la casa de Jehová será establecida en lo alto de las montañas y será exaltada sobre los collados; y todas las naciones irán a él” (Isaías 2:2). “Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). Ahora bien, aunque muchos creyentes han leído las palabras de Dios Todopoderoso, están convencidos y reconocen que son toda la verdad, como Dios Todopoderoso parece una persona normal y no es el Señor Jesús venido en una nube, no se atreven a aceptarlo. Algunos se aferran a los términos literales de la Biblia tomadas del versículo “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8) para indicar que nunca cambia el nombre del Señor Jesús. Puesto que Dios Todopoderoso no se llama Jesús y la Biblia nunca cita el nombre “Dios Todopoderoso”, no lo aceptan. Alegan que, si lo aceptaran, solo leyeran las palabras de Dios Todopoderoso, no la Biblia, y dejaran de orar en el nombre de Jesús, eso sería una traición evidente al Señor Jesús. Tras todos esos años de fe en el Señor, en los que han gozado de mucha de Su gracia, sería imposible que lo traicionaran. Este es su razonamiento y, además, condenan a quienes creen en Dios Todopoderoso por traidores al Señor Jesús, por apóstatas. Esto ha impedido que muchos estudien el camino verdadero, y puede que reconozcan las palabras de Dios Todopoderoso como la verdad y la voz de Dios, pero aún no se atreven a aceptarlo. Por ende, están sucumbiendo a los desastres en su vida. Esto es verdaderamente triste, necio e ignorante. Así se cumple algo más de la Biblia: “Los necios mueren por falta de entendimiento” (Proverbios 10:21). “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6). Entonces, ¿aceptar a Dios Todopoderoso supone realmente traicionar al Señor Jesús o no? Hablemos un poco de esto.

Muchos creen que aceptar a Dios Todopoderoso es traicionar al Señor. ¿Cuál es el mejor enfoque para esta cuestión? No podemos guiarnos por el hecho de que Sus nombres sean distintos, sino que hemos de averiguar si son un Espíritu, si se trata del mismo Dios que está obrando. En la Era de la Ley obró Jehová, y el Señor Jesús lo hizo en la Era de la Gracia. Aquí observamos que Dios cambió de nombre, que ya no se llamaba Jehová, sino Jesús. Sin embargo, ¿podría afirmarse que el Señor Jesús era un Dios distinto de Jehová? ¿Podría afirmarse que creer en el Señor Jesús suponía una traición a Jehová Dios? Por supuesto que no. No obstante, la mayoría de los judíos no aceptaron al Señor Jesús porque, según ellos, eso sería traicionar a Jehová, y hasta contribuyeron a Su crucifixión. ¿Por qué? Porque no comprendieron que el Señor Jesús era el Espíritu de Jehová Dios, que aparecía y obraba en la carne. Tenía otro nombre, pero el Señor Jesús y Jehová eran un solo Espíritu, un solo Dios. Hay una historia maravillosa en la Biblia, de cuando Felipe le dijo al Señor Jesús: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta” (Juan 14:8). Jesús le respondió: “¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras” (Juan 14:9-10). Las palabras del Señor Jesús fueron muy claras. Jehová y Él eran un solo Dios y Su Espíritu era el Espíritu de Jehová. El Señor Jesús era la aparición de Jehová Dios, único Dios verdadero. Por ello, creer en el Señor Jesús no suponía traicionar a Jehová Dios, sino someterse a Él. Eso se ajustaba a la voluntad de Dios. Si te aferras a un nombre en tu fe y a los términos literales de la Biblia, sin comprender el Espíritu y Su obra, es probable que te descarríes y te opongas a Dios. Entonces eres proclive a traicionar a Dios, lo que tiene unas consecuencias inimaginables. Cuando apareció y obró el Señor, el pueblo judío lo rechazó. ¿No traicionó con eso a Jehová Dios? La esencia de su actuación es la traición, motivo por el que Dios maldijo a los israelitas. Además, mucho antes de la aparición y obra del Señor Jesús, había una profecía sobre Él que afirmaba: “He aquí, la virgen concebirá y dara a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel” (Mateo 1:23). Sin embargo, cuando vino, no lo llamaron Emmanuel, sino Jesús. Los fariseos del judaísmo se atenían estrictamente a la Escritura literal, y como el nuevo nombre de Dios no coincidía, hicieron todo lo posible por negar y condenar al Señor. Por mucha autoridad y poder que tuvieran las enseñanzas del Señor Jesús, se negaban a aceptarlas y al final lograron que lo crucificaran, con lo que cometieron un pecado atroz condenado y castigado por Dios. ¡Esta es una lección que realmente hace pensar! A la hora de recibir al Señor, ¿debemos atenernos estrictamente a la Escritura literal y únicamente al nombre de Jesús? Eso hace que sea muy fácil terminar oponiéndonos y condenando a Dios. Esto es algo en lo que muchos creyentes no han penetrado, por lo que se aferran a los términos literales de la Biblia y al nombre de Jesús, y cuando estudian el camino verdadero, no dejan de preguntar: “¿Tiene base bíblica el nombre Dios Todopoderoso? Si en la Biblia no figura el nombre Dios Todopoderoso, no lo puedo aceptar”. Si dices que no lo aceptarás a menos que el nombre Dios Todopoderoso figure en la Biblia, ¿por qué crees en el Señor Jesús, si Su nombre no figura en el Antiguo Testamento? ¿No es contradictorio? Evidentemente, muchos no entienden de verdad la Biblia, sino que se aferran ciegamente a la Escritura literal y a las normas. No oran y no buscan la verdad a partir de las palabras de Dios ni la ratificación del Espíritu Santo, lo que terminará arruinándolos. A decir verdad, hay profecías bíblicas de la aparición y obra de Dios en los últimos días en las que se le llama Dios Todopoderoso. “Y los gentiles verán Tu justicia y todos los reyes Tu gloria: y se te llamará por un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2). “Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12). “Yo soy el Alfa y la Omega, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8). “Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar” (Apocalipsis 11:17). “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Apocalipsis 19:6). También puedes mirar, por ejemplo, en Apocalipsis 4:8 y 16:7. Estos pasajes de la Escritura profetizaron que Dios tendría un nuevo nombre en los últimos días, “el Todopoderoso”; o sea, Dios Todopoderoso. Vemos que Dios aparece y obra en los últimos días con el nombre de Dios Todopoderoso, cosa que Dios planeó hace mucho. Aquellos que aceptan a Dios Todopoderoso han oído la voz del Señor y reconocido a Dios Todopoderoso como el regreso del Señor Jesús. Han recibido al Señor, han sido ascendidos ante Su trono y asisten al banquete del Cordero. Son los auténticos creyentes, los que tienen la fe correcta. Por fin han recibido y se han ganado al Señor. Los que no reciban al Señor perderán la fe para siempre. Perderán al Señor. Los que se atienen al nombre de Jesús no reconocen la voz del Señor a Su venida. No reconocen a Dios Todopoderoso como el Espíritu del Señor Jesús, que aparece y obra. Al no aceptar el regreso del Señor Jesús, creen en Él sin reconocerlo. Eso es oponerse al Señor y ellos son los que traicionan realmente al Señor Jesús. ¿Qué es traicionar al Señor? ¡Creer en Él sin reconocerlo! Ya está todo más claro, ¿no?

¿Y por qué no deja de cambiar Dios de nombre? ¿Por qué adopta un nuevo nombre en cada era? Esto entraña un misterio de la verdad. Veamos las palabras de Dios Todopoderoso para arrojar algo de luz al respecto. Dios Todopoderoso dice: “Cada vez que Dios llegue a la tierra, cambiará Su nombre, Su género, Su imagen, y Su obra; Él no repite Su obra, y siempre es nuevo y nunca viejo. Cuando vino anteriormente, se le llamó Jesús; ¿se le podría seguir llamando Jesús cuando venga de nuevo esta vez? Cuando vino anteriormente, era un varón; ¿podría ser de nuevo un varón esta vez? Cuando vino durante la Era de la Gracia Su obra fue ser clavado en la cruz; ¿seguirá redimiendo a la humanidad del pecado cuando venga de nuevo esta vez? ¿Volverá a ser clavado en una cruz? ¿No sería eso una repetición de Su obra? ¿No sabías que Dios es siempre nuevo y nunca viejo? Están aquellos que dicen que Dios es inmutable. Eso es correcto, pero se refiere a la inmutabilidad del carácter y la esencia de Dios. Los cambios en Su nombre y obra no demuestran que Su esencia se haya alterado; en otras palabras, Dios siempre será Dios, y esto nunca cambiará. Si dices que la obra de Dios siempre permanece igual, ¿sería entonces capaz de terminar Su plan de gestión de seis mil años? Sólo sabes que Dios es eternamente inmutable, ¿pero sabes que Él es siempre nuevo y nunca viejo? Si la obra de Dios nunca cambió, ¿podría haber traído a la humanidad hasta hoy? Si Dios es inmutable, ¿por qué ha hecho ya la obra de dos eras? […] Por tanto, las palabras ‘Dios es siempre nuevo y nunca viejo’ hacen referencia a Su obra, y las palabras ‘Dios es inmutable’ tienen relación con lo que Dios inherentemente tiene y es. En cualquier caso, no puedes hacer depender la obra de seis mil años en un punto, o representarla con simples palabras muertas. Tal es la estupidez del hombre. Dios no es tan simple como el hombre imagina, y Su obra no puede detenerse en una era. Jehová, por ejemplo, no puede representar siempre el nombre de Dios; Él también puede hacer Su obra bajo el nombre de Jesús. Esto es una señal de que la obra de Dios siempre progresa hacia adelante.

Dios es siempre Dios, y nunca se volverá Satanás; Satanás siempre es Satanás, y nunca se volverá Dios. La sabiduría, lo maravilloso, la justicia y la majestad de Dios nunca cambiarán. Su esencia y lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Sin embargo, Su obra siempre está progresando hacia adelante y siempre va profundizando, porque Él siempre es nuevo y nunca viejo. En cada era Dios adopta un nuevo nombre, hace una obra nueva y permite a Sus criaturas ver Su nueva voluntad y Su nuevo carácter. Si las personas no ven la expresión del nuevo carácter de Dios en la nueva era, ¿acaso no lo clavarían eternamente en la cruz? Y al hacerlo, ¿no definirían a Dios?” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

‘Jehová’ es el nombre que adopté durante Mi obra en Israel y significa el Dios de los israelitas (el pueblo escogido de Dios) que puede tener compasión del hombre, maldecirlo y guiar su vida; el Dios que posee gran poder y está lleno de sabiduría. ‘Jesús’ es Emanuel, que significa la ofrenda por el pecado que está llena de amor, de compasión y que redime al hombre. Él hizo la obra de la Era de la Gracia y la representa, y solo puede representar una parte de la obra del plan de gestión. […] El nombre de Jesús llegó a existir para permitir que las personas de la Era de la Gracia nacieran de nuevo y fueran salvadas, y es un nombre particular para la redención de toda la humanidad. Así, el nombre de Jesús representa la obra de la redención y denota la Era de la Gracia. El nombre de Jehová es un nombre particular para el pueblo de Israel que vivía bajo la ley. En cada era y etapa de la obra, Mi nombre no carece de fundamento, sino que tiene un sentido representativo: cada nombre representa una era. ‘Jehová’ representa la Era de la Ley y es el título honorífico por el que el pueblo de Israel llamaba al Dios al que adoraban. ‘Jesús’ representa la Era de la Gracia y es el nombre del Dios de todos aquellos que fueron redimidos durante la Era de la Gracia. Si el hombre sigue anhelando la llegada de Jesús el Salvador durante los últimos días, y sigue esperando que llegue con la imagen con la que apareció en Judea, entonces todo el plan de gestión de seis mil años se habría detenido en la Era de la Redención y no podría haber progresado más. Además, los últimos días nunca llegarían y la era nunca acabaría. Esto se debe a que Jesús el Salvador es solo para la redención y salvación de la humanidad. Yo adopté el nombre de Jesús solo por el bien de todos los pecadores en la Era de la Gracia, pero no es el nombre por el cual llevaré a su fin a toda la humanidad. Aunque Jehová, Jesús y el Mesías representan todos a Mi Espíritu, estos nombres solo denotan las diferentes eras de Mi plan de gestión y no me representan en Mi totalidad. Los nombres por los cuales me llaman las personas en la tierra no pueden expresar todo Mi carácter y todo lo que Yo soy. Son simplemente nombres diferentes por los que se me llama durante las diferentes eras. Así pues, cuando la era final —la era de los últimos días— llegue, Mi nombre cambiará de nuevo. No se me llamará Jehová o Jesús, mucho menos el Mesías; se me llamará el potente Dios Todopoderoso mismo y bajo este nombre pondré fin a toda la era. Una vez se me conoció como Jehová. También se me llamó el Mesías, y las personas me llamaron una vez Jesús el Salvador con amor y aprecio. Hoy, sin embargo, ya no soy el Jehová o el Jesús que las personas conocieron en tiempos pasados; Yo soy el Dios que ha regresado en los últimos días, el que pondrá fin a la era. Soy el Dios mismo que surge del extremo de la tierra, repleto de todo Mi carácter y lleno de autoridad, honor y gloria. Las personas nunca se han relacionado conmigo, nunca me han conocido y siempre han sido ignorantes de Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una sola persona me ha visto. Este es el Dios que se le aparece al hombre en los últimos días, pero que está oculto entre los hombres. Él mora entre los hombres, verdadero y real, como el sol ardiente y la llama abrasadora, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no será juzgada por Mis palabras y ni una sola persona o cosa que no será purificada por el fuego ardiente. Finalmente, todas las naciones serán bendecidas debido a Mis palabras y también serán hechas pedazos debido a ellas. De esta forma, todas las personas durante los últimos días verán que Yo soy el Salvador que ha regresado, y que Yo soy el Dios Todopoderoso que conquista a toda la humanidad. Y todos verán que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero que en los últimos días también me convierto en las llamas del sol que incineran todas las cosas, así como el Sol de la justicia que revela todas las cosas. Esta es Mi obra en los últimos días. Tomé este nombre y soy poseedor de este carácter para que todas las personas puedan ver que Yo soy un Dios justo, el sol ardiente, la llama abrasadora, y que todos puedan adorarme, al único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy solo el Dios de los israelitas ni soy solo el Redentor, soy el Dios de todas las criaturas en todos los cielos, la tierra y los mares” (‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso explican muy claro los nombres de Dios para obrar en cada era y los misterios de la verdad en torno a ellos. Dios cambia de nombre según la era y la obra que vaya a realizar. Cada uno de Sus nombres representa la obra que va a realizar en esa era. Pero sin importar cómo cambien el nombre o la obra de Dios, Su esencia nunca cambia: Dios es siempre Dios. Dios obró con el nombre de Jehová en la Era de la Ley, en la que dictó la ley, guió la vida de la humanidad en la tierra y enseñó a la gente lo que es el pecado y a adorar a Jehová Dios. En la Era de la Gracia, el Espíritu de Dios se revistió de carne como el Hijo del hombre. Expresó verdades y llevó a cabo la obra de redención bajo el nombre de Jesús. Al final lo crucificaron y fue la ofrenda por el pecado de la humanidad, con lo que nos redimió de los pecados. Ahora, en los últimos días, Dios se ha vuelto a encarnar y está realizando la obra del juicio de los últimos días con el nombre de Dios Todopoderoso, que expresa verdades que juzgan y purifican a la humanidad, lo que nos salva de todo pecado, nos salva de las fuerzas satánicas y pone fin a este antiguo mundo oscuro y malvado. Guiará al hombre a un hermoso destino. Así se cumplirá completamente el plan de gestión de 6000 años de Dios para salvar a la humanidad. La realidad de la obra de Dios nos muestra que cada uno de los tres nombres, Jehová, Jesús y Dios Todopoderoso, representa una de las tres etapas distintas de la obra de Dios para salvar a la humanidad. En apariencia cambian el nombre y la obra de Dios, pero la esencia de Dios no cambia. Nunca cambian el carácter de Dios ni lo que Él tiene y es. Sigue siendo el único Dios, que lidera, redime, purifica y salva por completo a la humanidad. Cuando nos fijamos en las palabras de Jehová Dios en el Antiguo Testamento de la Era de la Ley, en las palabras del Señor Jesús en la Era de la Gracia y, actualmente, en las de Dios Todopoderoso en la Era del Reino, vemos que todas estas verdades provienen de un solo Espíritu y son las declaraciones de Este, pues todas las declaraciones de Dios en las distintas eras contienen Su amor y Su carácter justo. En ellas se encuentra lo que Dios tiene y es. El amor y el carácter de Dios, así como lo que Él tiene y es, forman la esencia del único Dios verdadero, las posesiones y el ser del único Dios verdadero. En la Era de la Gracia, oír hablar al Señor Jesús era igual que oír la voz de Jehová Dios. Cuando escuchamos las palabras de Dios Todopoderoso, es como si nos hablara personalmente el Señor Jesús y nos hablara Jehová Dios. Esto demuestra totalmente que un solo Dios lleva a cabo las tres etapas de la obra de Dios. Dios cambia de nombre, pero Su esencia, lo que Él tiene y es y el carácter justo que expresa son los mismos sin la menor variación. Toda la obra actual de Dios Todopoderoso es continuación de la obra del Señor Jesús. Es una etapa de obra que se basa en la obra de redención y es más profunda y elevada: la obra de la purificación y salvación plenas de la humanidad. Dios Todopoderoso ha expresado abundantes verdades que no solo revelan misterios de la Biblia, sino que también desvelan todos los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios para salvar a la humanidad, tales como los objetivos de la obra de gestión de Dios, cómo utiliza Dios las tres etapas de Su obra para salvar a hombre, los misterios de las encarnaciones, cómo Dios juzga, purifica y salva plenamente a la humanidad, cómo decide el resultado y el destino de cada tipo de persona, cómo se materializa el reino de Cristo en la tierra, etc. Dios también revela la verdad de la corrupción satánica del hombre, juzga y expone su naturaleza satánica y antiDios. Explica, además, cada aspecto de las verdades que debe poner en práctica la humanidad, con lo que nos da sendas prácticas para despojarnos de la corrupción y transformar nuestro carácter. Las verdades expresadas por Dios Todopoderoso son todas las que precisa el hombre para purificarse, alcanzar la salvación plena y cumplir del todo la profecía del Señor Jesús: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). La obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días purifica y salva plenamente a la humanidad y lleva ante Dios a toda persona predestinada por Él para que se salve, a fin de que se purifique por medio del juicio y el castigo. Él ya ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres. Ya han comenzado los grandes desastres y Dios ha empezado a premiar el bien y castigar el mal. Aquellos que sean de Satanás, que se opongan a Dios, serán destruidos, mientras que los que se purifiquen con el juicio de Dios serán protegidos y guardados por Él durante los desastres. Tras los desastres aparecerá el reino de Cristo en la tierra, lo que cumplirá todas estas profecías del Apocalipsis: “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). “¡Aleluya! Porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina” (Apocalipsis 19:6). “He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:3-4). Dios Todopoderoso ha expresado muchísimas verdades y cumplido una grandísima obra. Esto prueba que Él es el Espíritu de Dios en la carne, que aparece para obrar como Hijo del hombre. No se llama Jesús ni tiene la imagen del Señor Jesús judío, pero el Espíritu de Dios Todopoderoso es el del Señor Jesús, Él es el regreso del Señor Jesús. Dios Todopoderoso, el Señor Jesús y Jehová son un único Dios. Una vez entendido correctamente esto, es imposible afirmar que creer en Dios Todopoderoso sea traicionar al Señor Jesús, pues recibir a Dios Todopoderoso es recibir al Señor, seguir las huellas del Cordero ¡y ser ascendido ante Dios! En el mundo religioso, muchos aún se aferran a la Escritura literal, al nombre del Señor Jesús, esperando que Él descienda en una nube y sin buscar ni estudiar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días. Por muchas verdades que exprese, se niegan a reconocer que esto proviene del Espíritu de Dios, que este es el Espíritu del Señor Jesús, que aparece y obra. Incluso condenan y rechazan a Dios Todopoderoso, que nos trae la verdad. ¿No cometen el mismo error que los fariseos? Creen que esto es devoción al Señor Jesús, pero el Señor los condenó por malhechores. El Señor Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). Así pues, el Señor los eliminará. Para terminar, echemos un vistazo a más palabras de Dios Todopoderoso. “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. Aquellos que no reciben el agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Si sólo tratas de aferrarte al pasado, si sólo tratas de mantener las cosas como están quedándote quieto, y no tratas de cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no estarás siempre en contra de Dios? Los pasos de la obra de Dios son vastos y poderosos, como olas agitadas y fuertes truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a tu locura y sin hacer nada. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue los pasos del Cordero? ¿Cómo puedes justificar al Dios al que te aferras como un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos es la letra que solo puede darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua y no son palabras de filosofía que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún los senderos que te pueden llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te hace entender los misterios que contiene? ¿Eres capaz de entregarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Sugiero entonces que dejes de soñar y observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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