¿Quién es el único Dios verdadero?

20 Sep 2021

Hoy en día, la mayoría de la gente tiene fe y cree en la existencia de un Dios. Cree en el Dios que lleva dentro. A lo largo del tiempo, en diferentes lugares han creído en muchos dioses distintos, cientos o incluso puede que miles. ¿Acaso hay tantos? Por supuesto que no. ¿Y cuántos hay y cuál es el Dios verdadero? Ningún personaje famoso o importante tiene una respuesta clara, pues ningún ser humano puede ver a Dios ni contactar directamente con Él. Toda persona tiene una vida breve y lo que experimenta y ve es muy limitado; entonces, ¿quién puede dar un claro testimonio de Dios? Son muy escasos los que pueden. Sabemos que la Biblia es la obra más clásica y fiable de testimonio de Dios. Contiene el testimonio de que Dios lo creó todo y, de que, desde que creó a la humanidad, no ha dejado de guiar la vida del hombre en la tierra. Dictó las leyes y los mandamientos para el hombre, y también da testimonio de Dios en la carne, de que el Señor Jesús vino a redimir a la humanidad. Profetiza el regreso de Dios en los últimos días para realizar la obra de juicio, a fin de salvar plenamente a la humanidad y llevar al hombre a un hermoso destino. Así pues, es evidente que el Dios del que da testimonio la Biblia es el Creador, el único Dios verdadero. Esto está fundamentado. Algunos preguntan: “¿Quién es realmente el Dios del que da testimonio la Biblia? ¿Cómo se llama? ¿Cómo deberíamos llamarlo?”. Se llamaba Jehová y luego, en la carne, lo llamaron Señor Jesús; Después, el Apocalipsis profetiza al Todopoderoso que llega en los últimos días: Dios Todopoderoso. Este Dios fue el que creó el cielo, la tierra, todas las cosas y a la humanidad. Es el único Dios verdadero que siempre ha guiado y salvado a la humanidad. Es eterno, soberano de todo, y lo gobierna todo. Por tanto, todo aquel al margen de este Creador y único Dios verdadero es un falso dios. Satanás es un falso dios, y los ángeles caídos que lo siguieron imitan a dioses para engañar a la gente sin excepción. Por ejemplo, Buda, Guanyin y el Emperador de Jade del taoísmo son falsos dioses. Hay muchos otros falsos dioses, como los instituidos por los antiguos emperadores, y no hace falta entrar en los dioses de otras religiones. ¿Y por qué afirmamos que son falsos dioses? Porque no crearon todo lo que hay en el cielo y en la tierra ni crearon a la humanidad. Esta es la prueba más concluyente. Todos aquellos incapaces de crear todas las cosas o de gobernarlo todo son falsos dioses. ¿Creéis que un falso dios se atrevería a afirmar que creó todas las cosas? No. ¿Y a los seres humanos? No se atrevería. ¿Se atrevería a afirmar que podría salvar a la humanidad de Satanás? Claro que no. Cuando realmente lleguen los desastres, si suplicáis a un falso dios, ¿aparecerá? No podrá hacerlo; se esconderá, ¿verdad? Vemos, pues, que los falsos dioses no pueden salvar a la humanidad y que creer en ellos es una fe vana. Creer en ellos es un suicidio y solo puedes terminar sumido en la destrucción. Por eso no puede subestimarse la importancia de determinar quién es el Dios verdadero, el Señor que lo creó todo.

Veamos qué dice Génesis 1:1, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Este es el primer versículo de la Biblia. Es sumamente fiable y profundo. Cuenta el misterio de la creación del cielo, la tierra, todas las cosas y la humanidad a manos de Dios. El Génesis también relata la creación, mediante las palabras de Dios, de la luz y el aire, así como de todos los animales y plantas, y la creación del hombre con Sus propias manos. Dios creó todas las cosas y las sustenta y nutre. Nos da todo lo necesario para sobrevivir. La humanidad y el resto de los seres vivos sobreviven según las leyes instauradas por Dios. Estos son el poder y la autoridad exclusivos del Creador y algo que jamás podría poseer ni lograr ningún ser humano, ángel o espíritu maligno de Satanás. Podemos afirmar con certeza que el único capaz de crear todas las cosas y a la humanidad es el Creador, el único Dios verdadero.

Dios creó todas las cosas y a la humanidad; lo gobierna todo. Mientras tanto, guía y salva a toda la humanidad. Veamos qué señala la Biblia: En el principio, Dios creó a la humanidad y, a partir de que Satanás tentara a Adán y Eva, el hombre vivió en pecado. Los descendientes de Adán y Eva se multiplicaron en la tierra, pero no sabían cómo vivir ni cómo adorar al Dios verdadero. Basándose en Su plan de gestión, Dios comenzó Su obra en la Era de la Ley, en la que dictó las leyes y los mandamientos y enseñó a la humanidad qué era el pecado, lo que debía y no debía hacer, para que supiera cómo vivir y adorar a Jehová Dios. Así guió Dios a la humanidad hacia el camino correcto de la vida. A finales de la Era de la Ley, la humanidad estaba tan hondamente corrompida por Satanás que no sabía obedecer la ley y pecaba cada vez más. Ni siquiera había suficientes ofrendas por el pecado. De seguir así, toda la humanidad sería condenada y ejecutada de acuerdo con la ley. Para salvar a la humanidad, Dios se hizo carne como el Señor Jesús. Lo crucificaron a Él personalmente por la humanidad como ofrenda por nuestro pecado, con lo que asumió los pecados del hombre. Después nadie tenía que entregar ofrendas por sus pecados. Mientras creyera, confesara y se arrepintiera ante el Señor, se le perdonaban los pecados y podía presentarse ante Dios a gozar de todo aquello con que Él lo agraciara. Sin la ofrenda del Señor Jesús por el pecado, todo el mundo habría sido condenado y ejecutado por la ley y sería imposible que siguiéramos aquí hoy. Así pues, sabemos que el Señor Jesús es el Redentor de toda la humanidad, la aparición del único Dios verdadero. Su Espíritu es el Espíritu de Jehová Dios. Él es la aparición de Jehová Dios en la carne. Dicho de manera más informal, Jehová Dios vino al mundo como hombre para redimir a la humanidad y es el único Dios verdadero.

En la Era de la Gracia, el Señor Jesús realizó la obra de redención y perdonó los pecados a todo aquel que creyera en Él. Pese a disfrutar de la paz y el gozo del perdón de los pecados y de toda la gracia que Dios otorga al hombre, la humanidad nunca ha dejado de pecar. La gente vive en un círculo de pecado, confesión y más pecado. No ha alcanzado la santidad ni ha llegado a ser digna de entrar en el reino de Dios. El Señor Jesús prometió que regresaría en los últimos días a salvar plenamente al hombre del pecado y purificarlo para llevarlo a Su reino. Tal como prometió, Dios ya ha venido personalmente a la tierra en la carne. Es Dios Todopoderoso, que expresa la verdad y realiza Su obra del juicio de los últimos días. Dios Todopoderoso ha pronunciado millones de palabras que revelan los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios y le cuentan a la humanidad la causa por la que el hombre peca y se opone a Dios, cómo corrompe Satanás al hombre, cómo obra Dios paso a paso para salvarlo, cómo practicar la fe para ser purificado y entrar en Su reino y cómo lograr someterse y amar a Dios, además del resultado y el destino final de cada clase de persona. Es tal la variedad de las verdades declaradas por Dios Todopoderoso que no falta nada. En vista de cuántas verdades ha expresado Dios Todopoderoso, podemos confirmar que Él es el Señor Jesús retornado, ya que el Señor profetizó: “Cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). ¿No se cumple la profecía del Señor Jesús con la revelación de tantas verdades por parte de Dios Todopoderoso? ¿No demuestra esto que Él es el Espíritu del regreso del Señor Jesús para obrar en la carne? Así, Dios Todopoderoso y el Señor Jesús son un solo Espíritu, y Dios Todopoderoso, el Salvador venido a la tierra a salvar plenamente a la humanidad. Solo el propio Dios puede expresar la verdad. Aparte de Dios, ningún ser humano podría hacerlo. A lo largo de toda la historia de la humanidad, ningún ser humano ha podido expresar verdades. Las verdades manifestadas por todos esos personajes famosos e importantes, y por esos diablos y espíritus malignos que imitan a dioses, son falacias y mentiras que inducen a error sin una sola palabra de verdad. Solo el propio Dios puede expresar la verdad y salvar a la humanidad. No cabe ninguna duda.

Dios creó los cielos, la tierra, todas las cosas y a la humanidad. Lleva hablando y obrando todo este tiempo para guiarla y salvarla. Podemos afirmar confiados que solo el Creador, capaz de crear el cielo, la tierra y todas las cosas y de regir el destino de la humanidad, es el único Dios verdadero. Dios creó a la humanidad y solamente a Dios le preocupan el destino y el progreso del hombre. Desde que concluyera la obra de la creación del mundo, Dios se ha centrado en la humanidad, a la que ha pastoreado y provisto de todo lo que necesitamos en gran abundancia. No se apartó de nosotros ni nos ignoró tras crearnos. Cuando la humanidad comenzó oficialmente a vivir en la tierra, Dios inició Su obra de la Era de la Ley, en la que dictó los mandamientos que habrían de guiar la vida del hombre en la tierra. Cuando Satanás corrompió demasiado al hombre como para que este guardara las leyes, todo el mundo hubo de afrontar la condena en virtud de las leyes y se encontraba en una situación irreversible, por lo que Dios se hizo carne en el Señor Jesús y concluyó personalmente la obra de redención para perdonar a la humanidad por sus pecados, con lo que aquella pudo gozar de la gracia y de las bendiciones otorgadas por Dios. Cuando terminó esa era, Dios se encarnó una vez más, en esta ocasión como Dios Todopoderoso, para realizar la obra del juicio en los últimos días, a fin de salvar plenamente a la humanidad del pecado y de las fuerzas de Satanás y conducirla a un hermoso destino. Aunque cada era de la obra de Dios tiene un nombre distinto y Él ha realizado distintas obras, todas las lleva a cabo un único Dios. Él tiene un solo Espíritu y es el único Dios verdadero. Es indiscutible. Tal como dice Dios Todopoderoso, “La obra de todo el plan de gestión de Dios es realizada personalmente por Dios mismo. La primera fase —la creación del mundo— fue llevada personalmente a cabo por Él, y de no haber sido así, nadie habría sido capaz de crear a la humanidad; la segunda etapa fue la redención de toda la humanidad, y también la hizo Dios mismo; la tercera fase es evidente: existe una necesidad todavía mayor de que acabe toda la obra de Dios que habrá de realizar Dios mismo. Dios lleva a cabo personalmente toda la obra de redimir, conquistar, ganar y perfeccionar a la totalidad de la humanidad. Si Él no hiciera esta obra personalmente, Su identidad no podría ser representada por el hombre ni este podría realizar Su obra. Para derrotar a Satanás, con el fin de ganar a la humanidad y para darle al hombre una vida normal en la tierra, Él dirige al hombre y obra en medio de él de manera personal; por el bien de todo Su plan de gestión y de toda Su obra, Él debe hacer esta obra personalmente” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Él mismo llevó a cabo las tres etapas de la obra desde el principio hasta hoy, y las llevó a cabo el único Dios. La realidad de las tres etapas de la obra es la realidad del liderazgo de toda la humanidad por parte de Dios, un hecho que nadie puede negar. Al final de las tres etapas de la obra, todas las cosas serán clasificadas según su tipo y volverán bajo el dominio de Dios, porque a lo largo de todo el universo solo existe este único Dios, y no hay otras religiones. El que es incapaz de crear el mundo será incapaz de llevarlo a su fin, mientras que Él, quien creó el mundo, será capaz sin duda de llevarla a su fin. Por tanto, si alguien es incapaz de ponerle fin a una era y sólo puede ayudar al hombre a cultivar su mente, no cabe duda de que no es Dios; no es el Señor de la humanidad. Será incapaz de realizar esa gran obra; solo hay uno que puede hacerlo, y todos los que no pueden llevarla a cabo son, sin duda, enemigos, y no son Dios. Todas las religiones malvadas son incompatibles con Dios, y como son incompatibles con Dios, son Sus enemigos. Este único Dios verdadero ha llevado a cabo toda la obra, y domina todo el universo. Independientemente de si es Su obra en Israel o en China, de que sea el Espíritu o la carne quien lleve a cabo la obra, Dios mismo lo ha hecho todo, y nadie más puede hacerlo. Precisamente porque Él es el Dios de toda la humanidad, obra libremente, sin estar limitado por ninguna condición; esta es la mayor de todas las visiones” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). En las palabras de Dios vemos que solamente hay un Dios, un único Creador, que solo el propio Dios puede crear todas las cosas, gobernar el destino de toda la humanidad, guiar la vida de esta en la tierra, salvar al hombre y guiarlo hacia un hermoso destino. Como se afirma en el Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Apocalipsis 22:13). Los falsos dioses no pueden crear todas las cosas; menos aún salvar a la humanidad o concluir una era. Un falso dios jamás podría llevar a cabo la obra del Dios verdadero. Solamente sabe mostrar algunas señales y prodigios o difundir herejías y falacias para extraviar y corromper a la gente. Tal vez le concedan pequeños favores para ganársela y hacer que queme incienso por ellos y los idolatre como a Dios, pero no pueden perdonar los pecados ni expresar verdades que purifiquen la corrupción de la gente. Sobre todo, no pueden salvar a la humanidad de las fuerzas de Satanás. Que los falsos dioses se atrevan a imitar al Dios verdadero demuestra que son malvados y desvergonzados en extremo, y al final Dios los encadenará y arrojará al pozo del abismo: los castigará. Dios acabará destruyendo a todos aquellos que vayan contra Él.

Así pues, para buscar al Dios verdadero, debéis buscar al que creó todas las cosas, al que gobierna sobre todas ellas, al único capaz de expresar la verdad y obrar para salvar a la humanidad. Esto es clave. El único modo de ser libres de pecado, recibir la salvación de Dios y entrar en un hermoso destino es creer en este único Dios verdadero, adorarlo, aceptar las verdades que expresa y recibir la verdad como vida. Si no sabéis quién es el Dios verdadero, es preciso que busquéis e investiguéis. No podemos confundir a los falsos dioses con el Dios verdadero solo porque muestren prodigios o sanen algunas enfermedades. Está prohibido, pues no son el Dios verdadero. Adorar a un falso dios supone una blasfemia, es enfrentarse a Dios y equivale a traicionar al Dios verdadero. El carácter de Dios no tolera ofensa humana, por lo que Dios condenará y destruirá a todos los que crean en un falso dios. Dios Todopoderoso dice: “Mientras el viejo mundo continúe existiendo, lanzaré Mi furia sobre sus naciones, promulgaré abiertamente Mis decretos administrativos por todo el universo, y enviaré castigo a quienquiera que los viole: Cuando vuelvo Mi rostro al universo para hablar, toda la humanidad oye Mi voz, y, así, ve todas las obras que en todo el universo Yo he llevado a cabo. Los que van en contra de Mi voluntad —es decir, los que se oponen a Mí con las acciones del hombre— caerán bajo Mi castigo. Yo tomaré las innumerables estrellas de los cielos y las haré de nuevo, y, gracias a Mí, el sol y la luna serán renovados; los cielos ya no serán más como eran y las innumerables cosas que hay sobre la tierra serán renovadas. Todo será hecho completo por medio de Mis palabras. Las muchas naciones que hay en el universo serán divididas de nuevo y reemplazadas por Mi reino, de forma que las naciones sobre la tierra desaparecerán para siempre y todas ellas se convertirán en un reino que me adore; todas las naciones de la tierra serán destruidas y dejarán de existir. De los seres humanos del universo, todos los pertenecientes al diablo serán exterminados y Mi fuego ardiente abatirá a todos los que adoran a Satanás; es decir que, excepto los que están ahora dentro de la corriente, todos quedarán reducidos a cenizas. Cuando Yo castigue a los muchos pueblos, los del mundo religioso regresarán, en grados diferentes, a Mi reino, conquistados por Mis obras, porque habrán visto la llegada del Santo cabalgando sobre una nube blanca. Toda la humanidad será separada según su propia especie y recibirá castigos proporcionales a sus acciones. Todos aquellos que se han opuesto a Mí, perecerán; en cuanto a aquellos cuyos actos en la tierra no me han involucrado, seguirán existiendo en la tierra bajo el gobierno de Mis hijos y de Mi pueblo debido a la forma como se han comportado. Yo me revelaré a los innumerables pueblos y naciones, y, con Mi propia voz, resonaré sobre la tierra, proclamando la terminación de Mi gran obra, para que toda la humanidad la vea con sus propios ojos” (‘Capítulo 26’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

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