Cuando viene el Salvador, ¿cómo salva a la humanidad?

9 Sep 2021

Cuando hablamos del Salvador, todos los creyentes dan por cierto que vendrá a la tierra a salvar a la humanidad en los últimos días. Según numerosos profetas, el Salvador vendrá en los últimos días. ¿Y quién es el Salvador? Distintas denominaciones tienen distintas interpretaciones y distintas religiones dicen cosas distintas sobre Él. ¿Quién es el auténtico Salvador? El auténtico Salvador es el Señor, que creó los cielos, la tierra y todas las cosas, el único Dios verdadero, el Creador. El único Dios verdadero es el Señor, que lo creó todo, y el Dios verdadero encarnado es el único Salvador capaz de salvar a la humanidad. Si no se trata del Dios verdadero, que creó todas las cosas, esta persona no es el Creador y no puede salvar a la humanidad. Hemos de tenerlo claro. ¡Recordad! Hay un solo Dios verdadero y Dios encarnado es el único Salvador. Solo el Dios verdadero encarnado puede expresar la verdad, salvar plenamente a la humanidad y conducirnos a un hermoso destino. Hay muchos falsos dioses, por lo que no hace falta enumerarlos, pero solo un auténtico Salvador. Y entonces, ¿quién es realmente este Salvador? Hace 2000 años, el Señor Jesús vino y declaró: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Luego lo crucificaron para redimir los pecados del hombre. Realizó la obra de redención e inició la Era de la Gracia, lo que ha permitido que la gente se presente ante Dios, ore, se comunique con Dios y lo siga hasta nuestros días. Esta fue la obra de redención del Señor Jesús. El Señor Jesús fue el Salvador que vino entre los hombres y obró. Por lo que hemos visto hasta aquí, ¿quién es el Salvador? Dios encarnado, que viene personalmente a salvar a la humanidad. El Señor Jesús realizó la obra redentora que perdonó los pecados a la gente, pero esta aún peca constantemente y no puede arrepentirse de veras. La salvación de Dios pretende que la gente se arrepienta de veras, no solo perdonarnos los pecados y ya está. Por eso prometió el Señor Jesús que volvería en los últimos días, para salvar plenamente a la humanidad. El Salvador ya ha regresado y está entre nosotros. Ha expresado muchas verdades para purificar al hombre y librarnos del pecado, de modo que nos volvamos completamente a Dios para que nos conquiste y entremos en el hermoso destino que nos ha preparado: Su reino. Ya hay gente de todo el mundo que ha oído la voz de Dios y ha sido elevada ante Su trono. Está siendo juzgada y purificada por Dios y tiene un rico testimonio. Se trata de los vencedores, perfeccionados por Dios. Lamentablemente, muchos aún no han oído la voz de Dios, no han contemplado Su aparición y obra. Por eso damos ahora testimonio de cómo salva a la humanidad el Salvador.

Cuando hablamos de salvación, hay quienes tienen esta vaga idea de que, de pronto, Dios descenderá del cielo y tomará directamente a los creyentes, que escaparán a los desastres e irán al cielo. Esta es una noción y una fantasía humana, pero no es realista. Hay otro problema importante. Todo el mundo ha sido corrompido a fondo por Satanás y tiene una naturaleza satánica. Todo el mundo vive en pecado, lleno de inmundicia y corrupción. ¿De veras es posible ser arrebatados directamente? ¿Somos dignos del reino de los cielos? Si todos aguardan a que descienda el Salvador aferrados a esta noción, será en vano. Caerán en los desastres, cuando llorarán y crujirán los dientes. ¿Y cómo salva a la humanidad el Salvador cuando viene? Primero nos libra del pecado. El Señor Jesús solo realizó la obra redentora para que se nos perdonaran los pecados, pero, a pesar de ese perdón, aún no podemos dejar de pecar. No hemos escapado de las cadenas del pecado. Esto es innegable. Dios es santo y justo. Aparece en un lugar santo y se esconde de una tierra de inmundicia. La gente, impía, no puede contemplar al Señor; así pues, nosotros, que vivimos en pecado, ¿cómo podríamos ser dignos de entrar en el reino de Dios? Por eso se ha vuelto a encarnar Dios en los últimos días, y está expresando verdades y realizando la obra de juicio y castigo para purificar del todo a la gente y librarnos del pecado, de Satanás. Como dice Dios Todopoderoso: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Ya ha venido el Salvador. El Señor Jesús ha regresado en la carne: es Dios Todopoderoso encarnado. Dios Todopoderoso ha expresado todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad al realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Nadie que no sea Dios en la carne podría expresar la verdad y salvar a la humanidad por muy importante o famoso que sea. Solamente Dios encarnado, venido a la tierra, es Cristo, nuestro Salvador. ¿Qué significa “Cristo”? Significa “Salvador”. Entonces, ¿cómo realiza Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días, la obra del juicio, que purifica y salva a la humanidad?

Dios Todopoderoso nos dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En los últimos días, Dios salva a la humanidad expresando la verdad, que expone nuestra naturaleza pecaminosa, para que veamos la causa de nuestra pecaminosidad y la verdad de nuestra corrupción satánica. Cuando una persona reconoce esto, puede sentir auténtico pesar, despreciarse y detestarse. Después, puede comenzar a arrepentirse sinceramente y su único anhelo será comprender y recibir la verdad. Cuando logre ser capaz de practicar la verdad, habrá aprendido a someterse a Dios. Comprenderá la verdad y vivirá según las palabras de Dios y la verdad, con lo que empezará a transformarse su carácter vital. Al experimentar constantemente el juicio de las palabras de Dios, al final se purifica su carácter corrupto. Es una persona totalmente salvada y puede entrar en el hermoso destino que Dios le ha preparado al hombre. Por eso tenemos que aceptar el juicio y castigo de las palabras de Dios Todopoderoso. Debemos arrepentirnos, transformarnos de veras y convertirnos en personas que se sometan y adoren a Dios. Esta es la única salvación verdadera y lo único que nos hace dignos de entrar en Su reino.

Ya hay una cosa que tenemos clara sin ninguna duda. Solamente Dios, solamente el Creador, puede salvar a la humanidad y llevarnos a ese hermoso destino. Este Dios, este Creador, ha estado hablando y obrando para guiar y salvar a la humanidad durante todo este tiempo hasta el día de hoy. La Biblia entera es testimonio de la aparición y obra de Dios. Da testimonio de que Dios creó el cielo, la tierra y todas las cosas y de la aparición y obra del Creador. El único Salvador es este Dios encarnado y verdadero que viene entre nosotros. Solo Él puede salvar a la humanidad. Este Salvador tiene que ser Dios en la carne y expresar la verdad. Solo Él es el auténtico Salvador. Todo presunto Salvador que no sepa expresar la verdad es un espíritu maligno que engaña a la gente. Hay muchos falsos dioses, como los personajes que son adulados y, tras su muerte, ordenados dioses por los emperadores. ¿Tiene esto un fundamento real? Esas personas son meros seres humanos corruptos que van al infierno al morir; por tanto, ¿a quién pueden salvar? No pueden salvarse ni a sí mismos y Dios los castiga por sus pecados. Así pues, ¿pueden salvar a la humanidad? Hace mucho que murieron esos emperadores y ya están todos en el infierno. Los falsos dioses que ordenaron no pueden salvar realmente a la humanidad. Cueste lo que cueste, no creáis en un falso dios. Es de necios e ignorantes y, sin duda, os acarreará la ruina. Recordad que el Salvador ha de ser Dios encarnado y expresar la verdad. Esto no puede venir sino de Dios. Todo presunto Salvador que no sepa expresar la verdad es falso y descarría a la gente. Todo aquel que no es Dios en la carne, pero que afirma ser Dios, es un falso Cristo y un espíritu maligno. No son salvadores ni pueden salvar a la humanidad. Satanás y todos los espíritus malignos fingen ser Dios, pero aún no se atreven a afirmar que son el Creador de todo y, especialmente, no se atreven a afirmar que crearon al hombre. Tampoco osan afirmar que pueden dirigir el destino del hombre. Solo muestran algunas señales y algunos milagros aquí y allá para descarriar a la gente, para ganarse su obediencia. Estos falsos dioses y espíritus malignos son demonios, unos diablos que extravían y corrompen a la gente. Son enemigos del Creador, del único Dios verdadero, e intentan arrebatarle la humanidad. Por eso estos demonios y espíritus malignos son enemigos acérrimos de Dios y Él los aborrece y maldice. A quienes veneren e idolatren a estos demonios y espíritus malignos, Dios los maldecirá y destruirá. Dios Todopoderoso dice: “Mientras el viejo mundo continúe existiendo, lanzaré Mi furia sobre sus naciones, promulgaré abiertamente Mis decretos administrativos por todo el universo, y enviaré castigo a quienquiera que los viole: Cuando vuelvo Mi rostro al universo para hablar, toda la humanidad oye Mi voz, y, así, ve todas las obras que en todo el universo Yo he llevado a cabo. Los que van en contra de Mi voluntad —es decir, los que se oponen a Mí con las acciones del hombre— caerán bajo Mi castigo. Yo tomaré las innumerables estrellas de los cielos y las haré de nuevo, y, gracias a Mí, el sol y la luna serán renovados; los cielos ya no serán más como eran y las innumerables cosas que hay sobre la tierra serán renovadas. Todo será hecho completo por medio de Mis palabras. Las muchas naciones que hay en el universo serán divididas de nuevo y reemplazadas por Mi reino, de forma que las naciones sobre la tierra desaparecerán para siempre y todas ellas se convertirán en un reino que me adore; todas las naciones de la tierra serán destruidas y dejarán de existir. De los seres humanos del universo, todos los pertenecientes al diablo serán exterminados y Mi fuego ardiente abatirá a todos los que adoran a Satanás; es decir que, excepto los que están ahora dentro de la corriente, todos quedarán reducidos a cenizas. Cuando Yo castigue a los muchos pueblos, los del mundo religioso regresarán, en grados diferentes, a Mi reino, conquistados por Mis obras, porque habrán visto la llegada del Santo cabalgando sobre una nube blanca. Toda la humanidad será separada según su propia especie y recibirá castigos proporcionales a sus acciones. Todos aquellos que se han opuesto a Mí, perecerán; en cuanto a aquellos cuyos actos en la tierra no me han involucrado, seguirán existiendo en la tierra bajo el gobierno de Mis hijos y de Mi pueblo debido a la forma como se han comportado. Yo me revelaré a los innumerables pueblos y naciones, y, con Mi propia voz, resonaré sobre la tierra, proclamando la terminación de Mi gran obra, para que toda la humanidad la vea con sus propios ojos” (‘Capítulo 26’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

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