¿Por qué realiza Dios la obra del juicio en los últimos días?

5 Dic 2021

Actualmente, la epidemia es global y los desastres van a peor. Hemos contemplado terremotos, hambrunas y guerras y todos los creyentes ansían la venida del Salvador, el Señor Jesús, y ser ascendidos al aire para encontrarse con Él y escapar a estos desastres. Sin embargo, tras tanta espera, aún no han visto al Salvador, el Señor Jesús, descender en una nube y, desde luego, no se ha ascendido a nadie al aire para encontrarse con Él, lo que ha decepcionado a muchos. Es toda una sorpresa para la gente, en vez de recibir al Señor Jesús, comprobar que el Relámpago Oriental da reiterado testimonio de Su regreso como Dios Todopoderoso, que expresa la verdad y realiza la obra del juicio. Este testimonio es atractivo. No obstante, debido a la represión del PCCh, la difamación y la feroz blasfemia de los anticristos del mundo religioso, la gente descartó el estudio del camino verdadero. Inesperadamente, en apenas unos años, el Hijo del hombre, tan despreciado, expresó muchísima verdad, y cada vez más gente que oyó la voz de Dios se puso en pie para seguir a Dios Todopoderoso. Esto no solo ha sacudido el mundo religioso, sino todo el planeta. La Palabra manifestada en carne, que brilla como una auténtica luz de Oriente a Occidente, ha iluminado el mundo entero, y aquellos que aman la verdad y anhelan la aparición de Dios vienen a la luz, oyen la voz de Dios y asisten al banquete del Cordero. Estos hechos han sorprendido a todos: “¿Qué clase de persona es esta? ¿De dónde salió? ¿Cómo hizo algo tan poderoso?”. Muchos han preguntado: “¿Es realmente el Relámpago Oriental la obra de Dios?”. “¿Acaso las palabras de Dios Todopoderoso son la voz del Creador, que habla a la humanidad?”. Sin embargo, piensan: “Cuando regrese el Señor, lo primero que hará será ascender a los creyentes al cielo a Su encuentro. Jamás permitirá que Sus creyentes caigan en el desastre ni hablará para realizar la obra del juicio. Eso no puede suceder”. Hoy día, muchos ven las películas, los himnos y los vídeos de testimonios de la Iglesia de Dios Todopoderoso y, sobre todo, las lecturas de la palabra de Dios Todopoderoso. Hay un rico manantial de contenidos y la vida en Canaán es, en verdad, una maravillosa experiencia. Este hecho obliga a la gente a admitir que solo la obra del Espíritu Santo podría lograr esto. Sin la aparición y obra de Dios, nadie podría lograr cosas tan grandes. Esto hace que muchos creyentes en el Señor se pregunten: ¿Por qué realiza Dios la obra del juicio en los últimos días? Si se nos han perdonado los pecados y Dios nos ha justificado. ¿por qué debemos experimentar el juicio y castigo? El juicio de Dios en los últimos días debería dirigirse a los incrédulos. Entonces, ¿por qué comienza el juicio por la casa de Dios? ¿Qué sucede aquí? Nuestra enseñanza de hoy se centrará en este tema.

Pero, antes de comenzar con ella, seamos claros: la venida de Dios, encarnado en el Hijo del hombre en los últimos días, para realizar la obra del juicio fue dispuesta por Dios hace mucho tiempo. Pese a las nociones u otros obstáculos de la gente, la voluntad humana no puede alterar el juicio de Dios en los últimos días. Y ningún país o fuerza puede pararlo. Por ello, algunos preguntarán: ¿Tiene fundamento bíblico la obra del juicio de Dios? Claro que hay fundamento bíblico, y muy sólido. Hay al menos 200 referencias al “juicio” en toda la Biblia y el Señor Jesús también profetizó personalmente Su regreso en los últimos días, como Hijo del hombre encarnado, para expresar la verdad y realizar la obra del juicio. Veamos ya algunas profecías del Señor Jesús: “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, […] y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es el Hijo del Hombre” (Juan 5:22, 27). “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). Además, en 1 Pedro 4:17: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. Sin duda, estas palabras son muy claras: “la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final”, “todo juicio se lo ha confiado al Hijo”, “es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” y “Él […] os guiará a toda la verdad”. Esto indica que el Señor se hará carne en los últimos días para expresar la verdad y realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Es indiscutible. Actualmente, Dios Todopoderoso expresa muchísima verdad y lleva a cabo la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, para juzgar y purificar a todo aquel que se presente ante el trono de Dios y guiar a Su pueblo escogido para que entre en toda verdad. Y Dios ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres. Esto nos demuestra que estas profecías se han cumplido y redimido por completo.

Y alguno preguntará: “Por ser creyentes, se nos perdonan los pecados; ¿por qué hemos de aceptar igualmente el juicio y castigo de Dios en los últimos días?”. Las palabras de Dios Todopoderoso revelan este misterio de la verdad, así que echemos un vistazo a lo declarado por Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. […] Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras. Lo que hizo el Señor Jesús en la Era de la Gracia fue la obra de redención. Si creemos en el Señor, confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos, aquellos se nos perdonan. Ya no se nos condena ni ajusticia por infringir la ley y podemos gozar de la abundante gracia del Señor. No obstante, ¿somos santificados por el perdón de los pecados? ¿Implica el perdón de los pecados que alcancemos la obedicencia sincera a Dios? No. Todos tenemos claro que los creyentes pecan de día y luego confiesan sus pecados por la noche. Vivimos atrapados en este círculo; solemos pecar sin querer y después oramos al Señor: “Estoy sufriendo mucho. ¿Por qué no puedo liberarme de las limitaciones del pecado?”. Todos queremos librarnos de los enredos mundanos por el Señor, queremos amar al Señor y al prójimo, pero lo que hacemos es involuntario y ni siquiera sabemos resolver el problema de la mentira frecuente. ¿Y por qué? Porque la gente tiene un carácter corrupto y una naturaleza pecaminosa y esta es la raíz del pecado. Si no corregimos la raíz del pecado, aunque tratemos de refrenarnos, seguimos pecando sin querer. Aunque algunos puedan esforzarse sinceramente por el Señor, sufrir, pagar un precio y aguantar sin quejarse, en el fondo de su corazón, ¿son capaces de obedecer realmente a Dios? ¿Lo aman sinceramente? La mayoría no tiene clara esta cuestión. Para recibir bendiciones, entrar en el reino de los cielos y ser premiada, la gente puede hacer muchas cosas buenas. ¿Pero qué impurezas se mezclan con estas buenas obras? ¿Están contaminadas por motivaciones ocultas? Cuando llegue el desastre y no seamos ascendidos, sino arrojados a él, ¿nos quejaremos a Dios? ¿Lo culparemos y llegaremos a negarlo? Cuando la obra de Dios satisface las nociones humanas, le damos gracias y lo alabamos, pero si la obra de Dios no concuerda con nuestras nociones y no es lo que queremos, ¿juzgaremos a Dios y llegaremos a condenarlo? El Señor les dice a aquellos que predican y echan fuera demonios en Su nombre: “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad” (Mateo 7:23). Esa gente, ¿se formará unas nociones, se opondrá al Señor y lo condenará? Si el Señor Jesús todavía viniera con la imagen del Hijo del hombre judío a expresar la verdad en las iglesias, ¿cuántos del mundo religioso lo negarían y se apartarían de Él? ¿Cuántos aceptarían la verdad expresada por el Señor Jesús y dirían que es el único Dios verdadero? ¿Cuántos condenarían al Señor Jesús como hombre, en lugar de a Dios? Vale la pena reflexionar acerca de estos hechos. Los fariseos del judaísmo creían en Dios desde hacía generaciones y le hacían ofrendas por el pecado. Cuando Jehová Dios se encarnó y se convirtió en el Señor Jesús, ¿por qué no supieron los fariseos que Él era la aparición de Jehová Dios? ¿Por qué condenaron al Señor Jesús cuando expresó la verdad? ¿Por qué fue crucificado el Señor Jesús? ¿Cuál es la esencia de este problema? ¿Por qué los fariseos no reconocieron a Dios pese a haber creído en Él durante generaciones? ¿Por qué, aun así, se opusieron a Él y lo condenaron? Hemos sido testigos de que Dios se ha hecho carne para obrar en los últimos días expresando muchísima verdad. Entonces, ¿por qué tanta gente del mundo religioso se opone frenéticamente a Dios Todopoderoso, lo condena y hasta blasfema contra Él? Si el Señor Jesús hubiera vuelto todavía con la imagen del Hijo del hombre judío y hubiera expresado la verdad en el mundo religioso, ¿lo expulsarían de la iglesia, o incluso lo condenarían y ajusticiarían? Posiblemente. Dios Todopoderoso expresa la verdad igual que el Señor Jesús y ambos son un Hijo del hombre normal. Si el mundo religioso se opone tanto a Dios Todopoderoso, ¿estaría más abierto al Señor Jesús con la imagen de un Hijo del hombre? ¿Por qué juzga de todos modos el mundo religioso a quienes siguen a Dios Todopoderoso como creyentes en una persona en vez de en Dios? Si ellos hubieran nacido en la época del Señor Jesús, ¿no juzgarían a aquellos que seguían al Señor Jesús como creyentes en una persona en vez de en Dios? ¿Cuál es la esencia exacta de este problema? Esto sucede porque los seres humanos tienen una naturaleza satánica y viven según su carácter corrupto. Por eso es nada de raro que nos opongamos y condenemos a Dios. Muchas personas no tienen claro esto. Creen que, una vez que se nos perdonan los pecados y Dios ya no nos considera culpables, somos santos. Creen que, perdonados nuestros pecados, podemos ganarnos la aprobación de Dios con buenas acciones. Son unas opiniones muy equivocadas. Basta el hecho de que los fariseos se opusieran y condenaran al Señor Jesús para ver de manera clara que la gente tiene una naturaleza satánica y un carácter corrupto. Así pues, por muchos años que creamos en Dios, por mucho que entendamos la Biblia o sea cual sea la era en que nazcamos, todos seguimos odiando la verdad, oponiéndonos a Dios, condenándolo y siéndole hostiles. Por tanto, solo por este motivo, ¡la obra del juicio de Dios en los últimos días es crucial! Debido a nuestra naturaleza satánica, la humanidad debe aceptar el juicio y castigo de Dios. Sin este juicio y castigo, tan corruptos como somos, siempre pecaremos y nos opondremos a Dios. Jamás seremos compatibles con Dios ni obedientes, ni podremos entrar en Su reino. Aunque todos sepamos y entendamos que el carácter de Dios es justo, nadie puede ver el aterrador estado de nuestra profunda corrupción satánica, hasta qué punto podemos oponernos a Dios ni cuánto podemos odiar al Hijo del hombre, capaz de expresar la verdad; es decir, hasta qué punto podemos detestar la verdad. La gente no puede ver ninguna de estas cosas. Por consiguiente, siempre tenemos muchas nociones y dudas sobre la obra del juicio de Dios en los últimos días. Todo el mundo cree que el perdón de los pecados nos santifica. Si Dios no nos considera pecadores, somos santos. La obra de salvación de Dios ha concluido y ya no es preciso que Él realice la obra del juicio. Cuando vuelva el Señor Jesús, nos llevará al reino de los cielos, y una vez en el cielo, podemos garantizar que obedeceremos y adoraremos a Dios por siempre. Sin embargo, ¿esto no es un sinsentido evidente? La gente cree en Dios en la tierra y goza de Su gracia, pero lo juzga y condena igualmente. Entonces, ¿cómo va a obedecerlo y adorarlo en el cielo? Es imposible. Según las palabras de Dios, “Sin santidad, ningún hombre contemplará al Señor” (Hebreos 12:14). ¡Esta frase es la verdad, el precepto del cielo! Ya deberíamos comprender por qué realiza Dios la obra del juicio en los últimos días. Dios ha venido a salvar completamente a la gente, a purificar y transformar nuestro carácter corrupto y a rescatarnos totalmente del pecado y del poder de Satanás. Dios Todopoderoso ha expresado toda verdad necesaria para purificar y salvar a la humanidad y está realizando la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Muchos del pueblo escogido de Dios han experimentado Su juicio y purificación y ahora alaban de corazón Su justicia y Su santidad. Han descubierto cuán a fondo ha corrompido Satanás a la gente, los pecados exactos que pueden cometer y cuánto pueden oponerse a Dios. Han alcanzado una comprensión real de sí mismos, han descubierto la perversidad de su corrupción y creen que, si no experimentan el juicio de Dios y viven inmersos en su carácter corrupto, entonces se están oponiendo a Dios, traicionándolo y viviendo como diablos, Dios los mandará al infierno y los castigará, y son indignos de vivir ante Él. Por ello, sienten un profundo remordimiento, se detestan y alcanzan el arrepentimiento y el cambio verdaderos. Es al experimentar el juicio y castigo de Dios cuando sabemos que Su obra del juicio es Su gran salvación y amor para con la humanidad.

Muchos no comprenden el sentido de la obra del juicio de Dios en los últimos días y piensan que, tras finalizar el Señor Jesús la obra de redención, la humanidad se salvó por completo y concluyó la obra de Dios para su salvación, ¡pero es un grave error! Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras. Dios Todopoderoso dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días concluyó la Era de la Gracia. Al mismo tiempo, inició la Era del Reino. Por un lado, el juicio en los últimos días pretende purificar y salvar por completo a la gente, librarnos de pecado y del poder de Satanás y permitirnos ser totalmente conquistados por Dios. Por otro, pretende delatar a cada clase de persona y separarlas por tipos, destruir toda fuerza del mal opuesta a Dios y acabar con esta antigua era oscura y malvada. Esta es la trascendencia de la obra del juicio de Dios en los últimos días. Leamos otro pasaje de Dios Todopoderoso. “En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a todos los pueblos y perfecciona a aquellos que le aman con un corazón sincero. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su especie, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el momento en el que Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Solo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre solo muestra lo que realmente es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según su especie. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, solo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Solo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos. […] Durante los últimos días, solo el juicio justo puede clasificar al hombre según cada especie y llevarlo a un nuevo reino. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”). En los últimos días, Dios realiza la obra del juicio con la verdad, la cual revela todos los tipos de actitudes de la gente hacia la verdad y hacia Dios. Los que aman la verdad y buscan amar a Dios son Sus objetivos de salvación y perfeccionamiento. Oyen la voz de Dios, regresan a Su trono, comen y beben de Sus palabras, experimentan Su juicio, Sus pruebas y Su refinación y al final se liberan de la esclavitud y el control del pecado, logran transformar su carácter corrupto, y entonces Dios los perfecciona y convierte en vencedores; o sea, en las primicias. Sin embargo, aquellos que se oponen a Dios son Sus objetivos de abandono y eliminación. Se aferran obstinadamente al texto bíblico y solo esperan a que el Señor venga en las nubes, mientras se oponen frenéticamente a Dios Todopoderoso. Así pierden la ocasión de ser arrebatados y, llorando, caerán en la catástrofe. Hay otros que no buscan más que bendiciones y aceptan a disgusto a Dios Todopoderoso para eludir los desastres. Creen solamente de palabra y su naturaleza detesta la verdad. Creen en Dios, pero nunca practican la verdad, se niegan a aceptar u obedecer el juicio y castigo de Dios y su carácter corrupto jamás se transforma en absoluto. Esas personas son unas incrédulas y malhechoras que se han colado en la casa de Dios y todas ellas serán delatadas y eliminadas. Esto demuestra que la obra del juicio en los últimos días ya ha revelado todos los tipos de personas. Las vírgenes prudentes y las insensatas, aquellos que aman la verdad y los que no, el trigo y la cizaña, las cabras y las ovejas, se han dividido por categorías. Dios premia el bien y castiga el mal, con lo que retribuye a cada persona por sus actos. Esto demuestra plenamente el carácter justo de Dios y cumple estas profecías del Apocalipsis: “Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo” (Apocalipsis 22:11). “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).

Dios Todopoderoso ya ha formado un grupo de vencedores antes del desastre y la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, ha logrado un gran éxito. Las palabras expresadas por Dios Todopoderoso se han extendido a toda nación sobre la tierra y sacudido el mundo en demostración de que Dios ha derrotado a Satanás y ganado la gloria. Después de esto, Dios hará caer la catástrofe y empezará a juzgar a todo pueblo y nación. La llegada de la catástrofe es el juicio de Dios a esta era malvada y servirá para salvar a la humanidad. Con el desastre, Dios fuerza a la gente a buscar y estudiar el camino verdadero, a descubrir la obra del Salvador, a ir ante Dios Todopoderoso y a aceptar Su salvación. Al mismo tiempo, con el desastre también disuelve todas las fuerzas malignas y a los malvados que se oponen a Él, y cierra del todo esta malvada era en la que Satanás tiene el poder. Al final, todos aquellos que hayan experimentado el juicio de Dios y se hayan purificado serán protegidos por Dios en pleno desastre y Él los llevará a un hermoso destino. Así terminará la obra del juicio de Dios en los últimos días. Luego, en un nuevo mundo, se materializará plenamente el reino de Cristo en esta tierra.

Veamos por último un vídeo de lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “¿Entiendes ahora lo que es el juicio y lo que es la verdad? Si es así, te exhorto a someterte obedientemente a ser juzgado, de lo contrario nunca tendrás la oportunidad de ser elogiado por Dios o de ser llevado por Él a Su reino. Aquellos que solo acepten el juicio, pero que nunca puedan ser purificados, es decir, los que huyan en medio de la obra del juicio, serán detestados y rechazados para siempre por Dios. Sus pecados son más numerosos y más graves que los de los fariseos, ya que han traicionado a Dios y son rebeldes contra Él. Tales personas que no son dignas de realizar servicio recibirán un castigo más severo, un castigo que es, además, eterno. Dios no eximirá a ningún traidor que alguna vez evidenció lealtad con palabras, pero que luego lo traicionó. Personas como estas recibirán retribución por medio del castigo del espíritu, del alma y del cuerpo. ¿Acaso no es esta precisamente una revelación del carácter justo de Dios? ¿Acaso no es este el propósito de Dios al juzgar y exponer al hombre? Dios consigna a todos los que realizan todo tipo de acciones perversas durante el tiempo del juicio a un lugar infestado de espíritus malignos, y deja que estos espíritus malignos destruyan sus cuerpos carnales como deseen, y los cuerpos de estas personas despiden hedor de cadáver. Tal es su apropiada retribución. Dios escribe en sus libros de registro todos y cada uno de los pecados de aquellos falsos creyentes desleales, falsos apóstoles y falsos colaboradores; entonces, cuando llegue el momento apropiado, Él los arrojará en medio de los espíritus inmundos, dejando que estos espíritus inmundos contaminen sus cuerpos enteros a voluntad para que nunca puedan ser reencarnados y nunca más vean la luz. Aquellos hipócritas que realizan servicio durante un tiempo, pero son incapaces de permanecer leales hasta el final, son contados por Dios entre los malvados a fin de que se confabulen con los malvados y se conviertan en parte de su desordenada chusma; al final, Dios los aniquilará. Dios echa a un lado y no presta atención a aquellos que nunca han sido leales a Cristo ni han contribuido nada de su fuerza, y en el cambio de era Él los aniquilará a todos. Ya no existirán en la tierra ni mucho menos obtendrán paso al reino de Dios. Aquellos que nunca han sido sinceros con Dios, pero que han sido obligados por las circunstancias a lidiar indiferentes con Él, serán contados entre los que realizan servicio para Su pueblo. Solamente un pequeño número de tales personas podrán sobrevivir, mientras que la mayoría perecerá junto con los que prestan servicio que no está a la altura. En última instancia, Dios llevará a Su reino a todos aquellos que son de la misma mente que Él, al pueblo y los hijos de Dios, y también a los predestinados por Él para ser sacerdotes. Serán la síntesis de la obra de Dios. En cuanto a los que no puedan ser clasificados en ninguna de las categorías establecidas por Dios, serán contados entre los incrédulos, y con toda seguridad os imaginaréis cómo terminarán. Ya os he dicho todo lo que debo decir; el camino que elijáis queda solo a vuestra elección. Lo que debéis entender es esto: la obra de Dios nunca espera a nadie que no pueda seguir Su ritmo y el carácter justo de Dios no le muestra misericordia a ningún hombre” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios durante los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, los que entran en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá adquirido después de que hayan pasado Su obra final de purificación. Estos humanos a los que Dios finalmente haya adquirido entrarán en el reposo final. El objetivo esencial de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y prepararla para el día del reposo final. Sin esta purificación, nadie de la humanidad podrá ser clasificado en diferentes categorías según su especie ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Solo la obra de purificación de Dios purificará a los humanos de su injusticia y solo Su obra de castigo y juicio traerá a la luz aquellos elementos rebeldes entre la humanidad, separando de ese modo a los que pueden ser salvados de los que no, y aquellos que permanecerán de los que no. Cuando esta obra termine, todas aquellas personas a las que se les permita permanecer serán purificadas y entrarán en un estado superior de humanidad en el que disfrutarán de una segunda vida humana más maravillosa sobre la tierra; en otras palabras, comenzarán su día del reposo humano y convivirán con Dios. Después de que aquellos a los que no se les permite permanecer hayan sido castigados y juzgados, su verdadera forma de ser se revelará por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no incluirá ya a nadie de ese tipo de personas; tales personas no son aptas para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco para participar en el día del reposo que Dios y la humanidad compartirán, porque son blanco del castigo, son malvadas y no son justas. Fueron redimidas una vez y también juzgadas y castigadas; también, una vez, le rindieron servicio a Dios. Pero, cuando el día final venga, serán eliminadas y destruidas debido a su propia maldad y debido a su propia desobediencia e incapacidad de ser redimidas; nunca volverán a existir en el mundo del futuro y tampoco vivirán entre la raza humana del futuro. […] Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien es para purificar por completo a todos los humanos para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santa al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es la más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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