¿Qué quiso decir realmente el Señor Jesús al afirmar “¡Consumado es!” en la cruz?

20 Sep 2021

Los cristianos creen que, al exclamar “¡Consumado es!” en la cruz, el Señor Jesús estaba diciendo que había terminado la obra de Dios de salvación de la humanidad. Así, todos dan por seguro que, cuando regrese el Señor, no tendrá que realizar ninguna obra más de salvación, sino que elevará a los creyentes al firmamento para reunirnos con el Señor, nos llevará al cielo, y ya está. Eso creen firmemente los creyentes en el Señor. Por eso muchos están siempre mirando al firmamento, esperando ociosamente a que el Señor los lleve directos a Su reino. Sin embargo, ya han llegado grandes desastres y la mayoría no ha contemplado la venida del Señor, por lo que decae su fe y se desaniman. Los hay que hasta dudan: ¿Acaso era real la promesa del Señor? ¿Viene o no? En realidad, hace mucho que el Señor Jesús regresó en secreto como el Hijo del hombre, el cual expresa muchas verdades y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. No obstante, muchos no están atentos a la voz de Dios ni procuran oír las palabras del Espíritu Santo a las iglesias y siempre han dado por supuesto que el Señor ha de venir sobre una nube a llevárselos al cielo, con lo que pierden la oportunidad de recibirlo. Lo lamentarán de por vida. Esto puede estar muy ligado a la interpretación de la gente sobre las palabras del Señor Jesús en la cruz: “¡Consumado es!”.

Empecemos por esto. ¿Por qué para tantos creyentes las palabras del Señor Jesús “¡Consumado es!” significaban el final de la obra de Dios para salvar a la humanidad? ¿Hay fundamento bíblico para ello? ¿Lo ha confirmado el Espíritu Santo? ¿Llegó a decir el Señor que no iba a realizar ninguna obra más para salvar a la humanidad? ¿Ha dado testimonio el Espíritu Santo de que estas palabras se referían a que Dios había concluido Su obra de salvación? Con certeza podemos decir: no. Así pues, ¿por qué interpreta todo el mundo que estas palabras del Señor Jesús implican la conclusión total de la obra de salvación de Dios? Un poco absurdo, ¿no? No es fácil comprender las palabras de Dios. En 2 Pedro 1:20 se dice: “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal”. Son gravísimas las consecuencias de interpretar la Escritura por vuestra cuenta. Acordaos de los fariseos: interpretaban personalmente las profecías sobre el Mesías y, en consecuencia, llegó el Mesías y vieron que el Señor Jesús no encajaba en sus interpretaciones. Por eso condenaron Su obra y hasta lo mandaron crucificar. Se enfrentaron a consecuencias muy graves. Esto les acarreó directamente la maldición del Señor Jesús. ¡Los condenó!

Por tanto, cuando el Señor Jesús dijo “¡Consumado es!” en la cruz, de qué estaba hablando? Para entenderlo hay que pensar detenidamente en las profecías bíblicas del regreso del Señor en los últimos días, especialmente en aquello que el Señor Jesús dijo personalmente que haría y en Sus parábolas sobre el reino de los cielos. Estas cosas guardan relación directa con Su obra en los últimos días. Necesitamos una comprensión básica de estas profecías y parábolas para entender correctamente de qué estaba hablando en realidad el Señor Jesús al afirmar esto en la cruz. Aunque no lo entendamos del todo, no hay motivo para pensar que quería decir que estaba terminada la obra de Dios para salvar a la humanidad. Esta es una idea arbitraria y ridícula. De hecho, si examinamos detenidamente las profecías y parábolas del Señor Jesús sobre el reino de los cielos, podemos llegar a comprender de forma básica el reino y la obra del Señor a Su regreso y no malinterpretaremos Su frase “¡Consumado es!”. El Señor Jesús profetizó: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, […] y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es el Hijo del Hombre” (Juan 5:22, 27). Y 1 Pedro afirma: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). En el Apocalipsis encontramos: “Mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos” (Apocalipsis 5:5). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). El Señor Jesús también describió el reino de los cielos con muchas parábolas, como “El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase; y cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mateo 13:47-50). Con estas profecías y parábolas vemos que el Señor Jesús afirmó que a Su regreso haría mucho trabajo, pero lo más importante de este es que expresará la verdad y realizará la obra del juicio. Con ello, la gente entrará en todas las verdades y será toda ella clasificada por tipos. Quienes puedan ser perfeccionados lo serán, y quienes deban ser eliminados lo serán. Esto cumplirá plenamente todo lo que dijo el Señor Jesús sobre el reino. Acordaos del trigo y la cizaña, de la red de pescar, de las vírgenes prudentes e insensatas, de las ovejas y los cabritos, y del siervo fiel y el infiel. La obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, separará el trigo de la cizaña, a los siervos fieles de los infieles, a quienes aman la verdad de aquellos que ansían la comodidad. Las vírgenes prudentes asistirán al banquete del Cordero y Dios las perfeccionará. ¿Y las vírgenes insensatas? Caerán en los desastres, con llanto y crujir de dientes, por no haber estado atentas a la voz de Dios. Esta es la obra del juicio para clasificar a todos por tipos, premia a los buenos y castiga a los malos, y cumplirá plenamente esta profecía del Apocalipsis: “Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo” (Apocalipsis 22:11). “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12). Cuando comprendemos de veras las profecías del Señor Jesús, vemos que el Señor viene en los últimos días a, sobre todo, expresar la verdad y realizar la obra del juicio, en la que clasifica a todo el mundo por tipos y decide su resultado. Así pues, ¿realmente podemos afirmar que, al decir “¡Consumado es!” en la cruz, el Señor Jesús estaba anunciando el final de la obra de Dios para salvar a la humanidad? ¿Seguiremos mirando al firmamento como necios, esperando que el Señor Jesús descienda en una nube y nos ascienda al cielo a reunirnos con Él? ¿Aún condenaremos de cualquier manera las verdades de Dios que Él expresa en Su obra de los últimos días? ¿Negaremos con descaro que el Señor ha regresado encarnado en el Hijo del hombre para realizar la obra del juicio de los últimos días? Ya han llegado los grandes desastres y muchas personas religiosas continúan perdidas en su sueño del regreso del Señor, creyendo que no las eliminará. Es hora de despertar. Si no despiertan, una vez que terminen los desastres y Dios Todopoderoso se aparezca públicamente a todos los pueblos, Dios habrá hecho un cielo nuevo y una tierra nueva y todo el mundo religioso padecerá el llanto y el crujir de dientes. Eso cumplirá esta profecía del Apocalipsis: “He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él” (Apocalipsis 1:7).

Muchos preguntarán qué quiso decir realmente el Señor Jesús al exclamar “¡Consumado es!” en la cruz. En realidad es muy sencillo. Las palabras del Señor Jesús siempre eran muy pragmáticas, así que, con esto, sin duda estaba aludiendo a Su obra de redención. Sin embargo, la gente se empeña en entender que estas palabras prácticas del Señor eran acerca de la obra de Dios para salvar al hombre, pero esto es totalmente arbitrario, pues Dios solo había realizado parcialmente Su obra de salvación de la humanidad. Todavía faltaba el paso más crucial: Su obra del juicio en los últimos días. ¿Por qué sostener que “¡Consumado es!” significaba que había concluido toda la obra salvadora de Dios? ¿No es un tanto absurdo e irracional? ¿Por qué fue crucificado el Señor Jesús? ¿Qué consiguió realmente con esto? ¿Qué resultado tuvo? Todo creyente lo sabe, pues está muy claramente documentado en la Biblia. El Señor Jesús vino a redimir a la humanidad. Con Su crucifixión, el Señor Jesús sirvió de ofrenda por el pecado de la humanidad, al asumir los pecados de todos para que la gente ya no tuviera que ser condenada y ajusticiada de acuerdo con la ley. Se le podrían perdonar los pecados a la gente siempre y cuando creyera en el Señor, orara y confesara ante Él, y podría gozar de la fabulosa gracia de Dios. Es la salvación por la gracia, conseguida mediante la obra redentora del Señor Jesús. Aunque se nos perdonaran los pecados por la fe, es innegable que aún no podemos evitar pecar todo el tiempo. Vivimos en un círculo de pecado, confesión y más pecado. En absoluto hemos escapado al pecado. ¿Qué significa esto? Que todavía tenemos una naturaleza pecaminosa y un carácter satánico, así que no podemos solventar el problema de seguir pecando tras el perdón de los pecados. Esto nos deja desorientados a todos los creyentes, es muy doloroso. Según las palabras de Dios, “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Dios es justo y santo, por lo que aquel que sea impuro no puede contemplarlo. ¿Y cómo podrían entrar en el reino de Dios aquellos que siempre están pecando y oponiéndose a Él? Dado que la gente no ha escapado completamente al pecado ni se ha purificado, ¿de veras ha concluido la obra de Dios para salvar a la humanidad? La salvación de Dios será plena: Él jamás dejaría Su obra a medias. Por eso profetizó el Señor Jesús Su regreso en múltiples ocasiones. Ha regresado en los últimos días, hace algún tiempo, como Dios Todopoderoso encarnado. Dios Todopoderoso ha expresado verdades para realizar la obra del juicio sobre la base de la obra redentora del Señor. Así, pretende purificar a la humanidad de nuestro carácter corrupto para que nos liberemos de las cadenas del pecado, salvarnos por completo de las fuerzas satánicas y, en definitiva, llevarnos al reino de Dios. Hasta que no realice Dios Todopoderoso Su obra del juicio de los últimos días no concluirá la obra de Dios para salvar a la humanidad.

Dios Todopoderoso dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El objetivo esencial de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y prepararla para el día del reposo final. Sin esta purificación, nadie de la humanidad podrá ser clasificado en diferentes categorías según su especie ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Solo la obra de purificación de Dios purificará a los humanos de su injusticia y solo Su obra de castigo y juicio traerá a la luz aquellos elementos rebeldes entre la humanidad, separando de ese modo a los que pueden ser salvados de los que no, y aquellos que permanecerán de los que no. Cuando esta obra termine, todas aquellas personas a las que se les permita permanecer serán purificadas y entrarán en un estado superior de humanidad en el que disfrutarán de una segunda vida humana más maravillosa sobre la tierra; en otras palabras, comenzarán su día del reposo humano y convivirán con Dios. Después de que aquellos a los que no se les permite permanecer hayan sido castigados y juzgados, su verdadera forma de ser se revelará por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no incluirá ya a nadie de ese tipo de personas; tales personas no son aptas para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco para participar en el día del reposo que Dios y la humanidad compartirán, porque son blanco del castigo, son malvadas y no son justas. […] Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien es para purificar por completo a todos los humanos para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santa al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es la más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras. En la Era de la Gracia, la obra redentora del Señor Jesús solo pretendía perdonar los pecados del hombre. La obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días es la que purifica y salva plenamente a la humanidad. Las palabras de Dios Todopoderoso juzgan y exponen la naturaleza y la esencia, rebeldes y antiDios, del hombre, con lo que podemos conocer nuestro carácter y corrupción satánicos. Eso nos muestra que rebosamos actitudes satánicas, como la arrogancia, la astucia y la maldad, sin la más mínima semejanza humana. Este es el único modo de que la gente vea la realidad de cuánto la ha corrompido Satanás para que se desprecie realmente a sí misma, tenga sincero remordimiento y se arrepienta ante Dios. Así comprueba lo valiosa que es la verdad y se centra en poner en práctica las palabras de Dios y en entrar en la realidad-verdad. Con ello se va despojando de su carácter corrupto, comienza a transformarse su carácter de vida, y al final es capaz de someterse y temer sinceramente a Dios y de vivir según Sus palabras. La gente, de este modo, puede deshacerse totalmente de las fuerzas satánicas, ser plenamente salvada por Dios, ser protegida por Él, sobrevivir a los grandes desastres en los últimos días y entrar en el hermoso destino preparado por Dios para la humanidad. Esto cumple la profecía de Apocalipsis 21:3-6: “Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”. Dios dice aquí “Hecho está”. Esto es totalmente distinto de lo afirmado por el Señor Jesús en la cruz: “¡Consumado es!”. Son contextos y mundos distintos. Cuando el Señor Jesús exclamó “¡Consumado es!” en la cruz, hablaba de la conclusión de Su obra de redención. Con las palabras “Hecho está”, del Libro del Apocalipsis, Dios está hablando de la conclusión total de Su obra para salvar a la humanidad; cuando Su tabernáculo esté entre los hombres, Él habitará entre ellos, que serán el pueblo de Su reino, donde no habrá más llanto, ni más muerte ni más tristeza. Esto es lo que caracteriza la conclusión por parte de Dios de Su obra salvadora.

En este momento, todos deberíamos tener claro que afirmar que las palabras del Señor Jesús en la cruz significaban que había terminado la obra salvadora de Dios va totalmente en contra de la realidad de la obra de Dios y es una mera noción humana. Es malinterpretar las palabras del Señor, algo engañoso y erróneo, y quién sabe cuántos han caído en la perdición por ello. Quienes se aferren ciegamente a esto, esperando a que el Señor aparezca súbitamente sobre una nube para que los ascienda al reino mientras se niegan a estudiar las muchas verdades expresadas por Dios Todopoderoso, perderán totalmente la ocasión de reunirse con el Señor y, claro, no escaparán del pecado ni se salvarán plenamente. Se malogrará entonces una vida entera de fe y seguro que caen en los desastres y son eliminados por Dios.

Dios Todopoderoso dice: “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. Aquellos que no reciben el agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Si sólo tratas de aferrarte al pasado, si sólo tratas de mantener las cosas como están quedándote quieto, y no tratas de cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no estarás siempre en contra de Dios? Los pasos de la obra de Dios son vastos y poderosos, como olas agitadas y fuertes truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a tu locura y sin hacer nada. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue los pasos del Cordero? ¿Cómo puedes justificar al Dios al que te aferras como un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos es la letra que solo puede darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua y no son palabras de filosofía que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún los senderos que te pueden llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te hace entender los misterios que contiene? ¿Eres capaz de entregarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Sugiero entonces que dejes de soñar y observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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