¿Por qué se encarna Dios para realizar Su obra del juicio de los últimos días?

31 Dic 2021

Ya hemos charlado alguna vez de la obra del juicio de Dios en los últimos días. Hoy queremos fijarnos en quién realiza esta obra del juicio. Todo creyente sabe que Dios llevará a cabo Su juicio en medio de la humanidad en los últimos días, que el Creador aparecerá ante la humanidad y expresará personalmente Sus declaraciones. ¿Y cómo lleva a cabo Dios este juicio? ¿Es Su Espíritu el que aparece en el cielo y nos habla? Eso no es posible. El propio Señor Jesús nos dijo: “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). “Y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es el Hijo del Hombre” (Juan 5:27). Con esto vemos que el “Hijo” realiza la obra del juicio. Toda mención al “Hijo del hombre” deberíamos saber que es Dios encarnado, lo que significa que Él viene en la carne en los últimos días a realizar la obra del juicio. ¡Esto es importantísimo! ¿Y sabes de qué va el juicio de los últimos días? ¿Por qué habría de hacerse carne Dios para llevarla a cabo? Simplemente, esta es la venida del Salvador para salvar a la humanidad. Cuando Dios se hace carne y viene a la tierra, es el descenso del Salvador. Él realiza personalmente la obra del juicio para salvar definitivamente a la humanidad del pecado. Al aceptar Su juicio puedes librarte de pecado, purificarte y salvarte. Entonces estarás protegido en los desastres y al final entrarás en el reino de los cielos. Así pues, aceptar la obra del juicio del Salvador guarda relación con el resultado y el destino de una persona; ¿no te parece crucial? Quizá muchos creyentes pregunten por qué, efectivamente, tiene Dios que hacerse carne para Su juicio en los últimos días. Creen que el Señor Jesús viene en forma espiritual en una nube, que Dios alargará la mano y nos recogerá a todos directamente hacia el reino; ¿no sería maravilloso eso? Esa forma de pensar no solo es demasiado simplista, sino también poco realista. Debes saber que Dios tiene un carácter santo y justo. ¿Llevaría a los pecadores a Su reino? Todos conocemos el versículo bíblico “Sin santidad, ningún hombre contemplará al Señor” (Hebreos 12:14). Todo el mundo es pecador y peca constantemente. Dios no llevaría al hombre directamente al reino, Él no nos salva así. Dios detesta a los pecadores y estos no son aptos para ver a Dios. No cabe duda de esto. ¿Y cómo viene el Salvador a salvar a la humanidad en los últimos días? Primero lleva a cabo Su juicio para purificar nuestra corrupción, nos salva del pecado y de las fuerzas de Satanás y luego nos llevará al reino. Dios no te salvará de los desastres, y ni mucho menos te llevará al reino, si no se ha corregido tu pecaminosidad. Ya han comenzado los desastres y todo el mundo siente que el mundo se acaba, como si se acercara la muerte. Todos esperan que venga el Salvador y salve a la humanidad, ¡así que es de suma importancia aceptarlo a Él y aceptar Su obra del juicio de los últimos días! Aquí radica la clave de si los creyentes se salvarán y entrarán en el reino de los cielos o no.

Pero antes hablemos de qué es la obra del juicio de los últimos días. Las personas religiosas imaginan el juicio de los últimos días como algo muy simple y, ante cualquier mención del “juicio”, están seguras de que lo realizará el Señor Jesús en forma espiritual, que el Señor vendrá a nuestro encuentro, nos llevará al reino y condenará y aniquilará a los incrédulos. En realidad, ese es un error garrafal. ¿Dónde radica su error? Cada vez que viene Dios a obrar para salvar a la humanidad, a decir verdad, es algo muy práctico y realista, ni de lejos sobrenatural. Además, pasan por alto las principales profecías bíblicas de la venida del Señor: las profecías de que Dios se hace carne en el Hijo del hombre para llevar a cabo la obra del juicio. El Señor Jesús lo dejó muy claro: “Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). Y en 1 Pedro 4:17: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. ¿No son muy claras estas profecías? El Señor se hace carne en el Hijo del hombre en los últimos días, expresa verdades y realiza la obra del juicio. No cabe duda de esto. La obra del juicio no es como imagina la gente, que Dios asciende a los creyentes directamente al cielo, condena y aniquila a los incrédulos, y se acabó. No es tan sencilla. El juicio de los últimos días comienza por la casa de Dios y se lleva a cabo en primer lugar entre quienes aceptan el juicio de Dios de los últimos días; es decir, el Hijo del hombre viene a la tierra en la carne, expresa muchas verdades para purificar y salvar a la humanidad y guía al pueblo escogido de Dios para que entre en toda verdad. Esta es la obra del Salvador en los últimos días, planeada por Dios hace mucho. En cuanto a los incrédulos, serán condenados y eliminados directamente en los desastres. El Salvador ya ha venido como Dios Todopoderoso encarnado, expresa toda verdad necesaria para purificar y salvar a la humanidad y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Estas verdades expresadas por Dios Todopoderoso han sacudido el mundo entero y, en toda nación, casi todo el mundo ha oído hablar de ellas. Observamos que se han cumplido totalmente las profecías bíblicas del regreso del Señor.

Lamentablemente, aún hay muchos que no comprenden la obra del juicio de Dios de los últimos días y no dejan de esperar contemplar algo sobrenatural: que Dios aparezca y hable desde el cielo. Esto es tremendamente intangible. Veamos qué dice Dios Todopoderoso para entender mejor cómo lleva a cabo Dios Su juicio. “La obra del juicio es la propia obra de Dios, por lo que, naturalmente, debe ser llevada a cabo por Dios mismo; no puede ser hecha por el hombre en Su lugar. Puesto que el juicio es el uso de la verdad para conquistar al hombre, no hay duda de que Dios aún aparecería en la imagen encarnada para realizar esta obra entre los hombres. Es decir, Cristo de los últimos días usará la verdad para enseñar a los hombres alrededor del mundo y hacer que todas las verdades sean conocidas por ellos. Esta es la obra del juicio de Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Ya deberíamos entender cómo realiza Dios Su juicio de los últimos días. Principalmente, por medio de la expresión de verdades y utilizándolas para juzgar, purificar y salvar a la humanidad; es decir, en los últimos días, Dios utiliza esta obra del juicio para purificar la corrupción del hombre, salvar y perfeccionar a un grupo de personas, con lo que forma un grupo de personas de un corazón y un alma con Dios. Este es el fruto del plan de gestión de 6000 años de Dios y el meollo de la obra del juicio de los últimos días. Por eso el Salvador, Dios Todopoderoso, expresa tantas verdades, expone y juzga todas las actitudes corruptas del hombre, purifica y transforma a la gente con el trato, la poda, las pruebas y la refinación, corrige de raíz la pecaminosidad del hombre y nos permite librarnos por completo de pecado y de las fuerzas de Satanás, así como cultivar el sometimiento y la veneración hacia Dios. Esto puede resultarles algo confuso a algunas personas. El Señor Jesús redimió a la humanidad; entonces, ¿qué necesidad tiene Dios de expresar verdades para juzgarla en los últimos días? No ven lo a fondo que Satanás ha corrompido al hombre. Dios salva al hombre en los últimos días corrigiendo nuestro carácter corrupto. No es un asunto sencillo. No se trata solo de admitir nuestros pecados, confesar y arrepentirnos ante el Señor, y ya está. Las actitudes corruptas son distintas de la pecaminosidad. No son una cuestión de conductas pecaminosas, sino algo que mora en nuestra mente, en nuestra alma. Son actitudes hondamente arraigadas en nosotros, como la arrogancia, la astucia, la maldad y el aborrecimiento de la verdad. Estas actitudes corruptas se ocultan en el fondo del corazón de la gente y nos cuesta mucho descubrirlas. A veces no hay ningún pecado evidente y puede que alguien diga cosas agradables, pero por dentro tenga motivaciones astutas y despreciables que engañen y extravíen a otros. Este es un problema de su carácter. Sin el juicio y las revelaciones de Dios a largo plazo, junto con el trato, la poda y las pruebas, la gente no lo entenderá, por no hablar de que no se transformará. De los creyentes en el Señor, ¿quiénes se han librado de pecado tras confesar sus pecados toda la vida? Ni uno. Por ello, la mera experiencia de la redención del Señor, sin el juicio de los últimos días, solo permite reconocer a una persona su conducta pecaminosa, pero su naturaleza pecaminosa, la raíz de su pecado, o sea, el carácter corrupto hondamente arraigado en ella, no es algo que vea la gente, y ni mucho menos que corrija. ¡Esto es innegable! Así pues, la gente solo puede tener clara la verdad de su corrupción y conocer su propia esencia gracias a que Dios se encarna personalmente, lleva a cabo el juicio en los últimos días y expresa muchas verdades, y gracias a Su revelación y juicio a largo plazo; gracias a este juicio, la gente llega a conocer la justicia y santidad de Dios y cultiva un corazón que lo venera. Este es el único modo de despojarse de la corrupción y vivir con auténtica semejanza humana. Por consiguiente, estos frutos pueden alcanzarse solamente si Dios se encarna y expresa verdades para llevar a cabo el juicio en los últimos días. Tal vez pregunten algunos: ¿Por qué tiene que hacer esto el propio Dios en la carne? ¿Por qué no en forma espiritual? Veamos una lectura en vídeo de las palabras de Dios para que todo el mundo lo entienda mejor.

Dios Todopoderoso dice: “La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente utilizando el método del Espíritu y la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente utilizando la perspectiva del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Si Dios no se hubiera vestido con la forma exterior de un hombre creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta salvación, pues el hombre no tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Solo volviéndose un ser humano creado, es decir, solo poniendo Su palabra en el cuerpo de carne en el que está a punto de convertirse, puede Él obrar personalmente la palabra en todos los que le siguen. Solo entonces puede el hombre ver y oír personalmente Su palabra, y, además, poseer Su palabra y, por estos medios, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una salvación tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería fulminada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás se la llevaría totalmente cautiva” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Nadie es más adecuado y está más calificado que Dios en la carne para hacer la obra de juzgar la corrupción de la carne del hombre. Si el juicio lo llevara a cabo directamente el Espíritu de Dios, entonces no lo abarcaría todo. Además, sería difícil que el hombre aceptara esta obra, porque el Espíritu no puede venir cara a cara con el hombre y, por esta razón, los efectos no serían inmediatos, mucho menos el hombre sería capaz de contemplar con mayor claridad el carácter de Dios que no se puede ofender. Satanás solo puede ser completamente derrotado si Dios en la carne juzga la corrupción de la humanidad. Al ser igual que el hombre poseyendo una humanidad normal, Dios en la carne puede juzgar directamente la injusticia del hombre; esta es la marca de Su santidad innata y Su atributo extraordinario. Solo Dios está calificado y en la posición de juzgar al hombre porque Él es poseedor de la verdad y la justicia y por eso es capaz de juzgar al hombre. Los que no tienen la verdad y la justicia no son aptos para juzgar a los demás. Si esta obra la hiciera el Espíritu de Dios, entonces no significaría una victoria sobre Satanás. Por naturaleza el Espíritu es más exaltado que los seres mortales y por naturaleza el Espíritu de Dios es santo y victorioso sobre la carne. Si el Espíritu hiciera esta obra directamente, no sería capaz de juzgar toda la desobediencia del hombre y no podría revelar toda la injusticia del hombre. Porque la obra de juicio también se lleva a cabo por medio de las nociones que el hombre tiene de Dios y el hombre nunca ha tenido ninguna noción del Espíritu y así el Espíritu es incapaz de revelar mejor la injusticia del hombre, mucho menos de descubrir por completo tal injusticia. El Dios encarnado es el enemigo de todos aquellos que no lo conocen. Por medio de juzgar las nociones del hombre y su oposición a Él, descubre toda la desobediencia de la humanidad. Los efectos de Su obra en la carne son más aparentes que los de la obra del Espíritu. ​Y así, el juicio de toda la humanidad no lo lleva a cabo directamente el Espíritu sino que es la obra del Dios encarnado. El hombre puede ver y tocar al Dios en la carne y el Dios en la carne puede conquistar por completo al hombre. En su relación con Dios en la carne, el hombre avanza de la oposición a la obediencia, de la persecución a la aceptación, de la noción al conocimiento y del rechazo al amor. Estos son los efectos de la obra del Dios encarnado” (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Creo que ya entendemos todos un poco mejor por qué Dios habría de realizar personalmente la obra del juicio en la carne. Porque la encarnación de Dios es la única forma que Él tiene de relacionarse con la gente de manera práctica, de hablar y enseñarnos la verdad en cualquier momento y lugar, de delatarnos y juzgarnos según la corrupción que revelemos y de regarnos, pastorearnos y sustentarnos según nuestras necesidades. Solo así puede comunicar claramente la voluntad y las exigencias de Dios. ¿Acaso no es conocer personalmente el camino de Dios y comprender las verdades que expresa lo más útil para que aprendamos la verdad y para salvarnos? Además, cuando Dios se hace carne en una persona normal, común y corriente, ¿crees que la gente podría tener nociones, que podría ser rebelde? Por supuesto. En cuanto la gente ve la apariencia externa muy normal de Cristo, surgen sus nociones, su rebeldía y su resistencia, y aunque no diga nada ni lo demuestre, por muy bien que finja, Dios observa y no puede salir bien ningún intento de ocultar esto. Dios revela lo oculto en el interior de la gente y da justo en el clavo. Por tanto, Dios en la carne es el que mejor puede delatar a la gente revelando su rebeldía y resistencia. Esto es lo más útil para la obra del juicio. ¿Y si Dios declarara palabras directamente a través del Espíritu? La gente no podría ver, tocar ni acercarse a Su Espíritu y sería aterrador que Su Espíritu hablara. ¿Cómo podría entonces abrir su corazón a Dios o aprender verdades? ¿Y quién se atrevería a tener nociones delante del Espíritu? ¿Quién se atrevería a revelar corrupción o a ser rebelde o renuente? Nadie. Todos temblarían de espanto y se postrarían con el rostro lívido. Con la gente en semejante estado de espanto, ¿cómo podría delatarse su verdad? No se mostraría ninguna de sus nociones y rebeldías; entonces, ¿cómo podría llevarse a cabo el juicio? ¿Qué pruebas habría? Por eso la obra del Espíritu de Dios no podría revelar las conductas más auténticas de la gente, delatarlas, ni podría concluir el juicio de Dios. Y la encarnación de Dios es más eficaz para la obra del juicio que Su Espíritu. Vemos que Dios Todopoderoso mora en medio de la humanidad, con nosotros de sol a sol. Cada uno de los movimientos, ideas o corrupciones que revelamos, Dios los ve y los capta totalmente. Él puede expresar verdades para delatarnos y juzgarnos en cualquier momento y lugar, con las cuales revela nuestras corrupciones, nociones y fantasías sobre Él, así como nuestra naturaleza inherente de resistencia y traición a Él. Al leer las palabras de Dios, es como si estuviéramos siendo juzgados cara a cara por Él. Es muy incisivo y vergonzante y en Sus palabras descubrimos la cruda verdad de nuestra corrupción. Nos detestamos y nos arrepentimos de corazón y nos sentimos muy indignos de vivir ante Dios. Con el juicio de Dios también vemos lo sumamente justo y santo que es Él y que verdaderamente examina nuestros corazones y mentes. Los pensamientos e ideas corruptos enterrados en el fondo de nuestro corazón, algunos que ni siquiera hemos reconocido, son expuestos y juzgados uno a uno por Dios; a veces por medio de una condena y una maldición rigurosas que nos permiten descubrir el carácter inofendible de Dios, y luego por fin llegaremos a temerlo. Sin someternos al juicio de Dios, ni uno solo de nosotros conocería Su justicia ni Su santidad y ninguno entendería que, cuando la gente vive según su naturaleza satánica, es de la especie que se resiste a Dios y merece Su condena y Su corrección. Gracias al juicio, al castigo y a las pruebas de Dios podemos arrepentirnos sinceramente, desechar por fin la corrupción, purificarnos y transformarnos. Al seguir a Cristo hasta el día de hoy, vemos que Dios encarnado vive entre nosotros, humilde y oculto, expresando muchísimas verdades con tenacidad y paciencia solo para salvarnos plenamente a nosotros, la humanidad corrupta. Si no fuera porque Dios encarnado viene personalmente a juzgarnos y purificarnos y nos imparte toda verdad, seguro que unas personas tan rebeldes y corruptas como nosotros serían eliminadas y castigadas. ¿Cómo podríamos salvarnos entonces? El amor de Dios a la humanidad es enorme y Dios es muy hermoso. Dios Todopoderoso expresa verdades entre nosotros que guían, sustentan y acompañan a la humanidad de formas prácticas. Es nuestra única ocasión de oír la voz de Dios y contemplar Su rostro, de someternos a Su juicio y purificación, de aprender y recibir muchas verdades y vivir con auténtica semejanza humana. Los que más ganamos con la obra de Dios encarnado en los últimos días somos este grupo que sigue a Cristo. Lo que recibimos de Dios es realmente inconmensurable. Según las palabras de Dios Todopoderoso, “Lo mejor de Su obra en la carne es que Él puede dejar palabras y exhortaciones exactas y Su voluntad precisa para la humanidad para los que lo siguen, para que después Sus seguidores puedan, de una manera más exacta y más concreta, transmitir toda Su obra en la carne y Su voluntad a toda la humanidad para los que aceptan este camino. Solo la obra de Dios en la carne entre los hombres logra realmente el hecho de que Dios esté y viva junto con el hombre. Solo esta obra cumple el deseo del hombre de contemplar el rostro de Dios, de presenciar la obra de Dios, y de escuchar la palabra personal de Dios. El Dios encarnado da fin a la época cuando solo la espalda de Jehová aparecía a la humanidad y también concluye la época en que la humanidad tenía la creencia en el Dios ambiguo. En particular, la obra del último Dios encarnado trae a toda la humanidad a una época más realista, más práctica y más bella. Él no solo concluye la época de la ley y la doctrina; de mayor importancia aún, revela a la humanidad un Dios que es real y normal, que es justo y santo, que abre la obra del plan de gestión y demuestra los misterios y el destino de la humanidad, que creó a la humanidad y da fin a la obra de gestión y que ha permanecido oculto por miles de años. Da fin por completo a la época de ambigüedad y concluye la época en la que toda la humanidad deseaba buscar el rostro de Dios pero no era capaz de hacerlo, termina la época en la que toda la humanidad servía a Satanás y guía a toda la humanidad siempre hasta entrar a una era completamente nueva. Todo esto es el resultado de la obra de Dios en la carne en vez de la del Espíritu de Dios” (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios Todopoderoso ya lleva tres décadas expresando verdades y realizando Su obra del juicio de los últimos días. El juicio de las palabras de Dios ha purificado el carácter corrupto de Su pueblo escogido y Dios ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres: las primicias. Han persistido en seguir y dar testimonio de Cristo incluso durante la frenética opresión del gran dragón rojo. Han derrotado a Satanás y dado rotundo testimonio de Dios. Esto cumple la profecía del Apocalipsis: “Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14). Mientras Dios encarnado expresa verdades, los líderes y anticristos, grandes y pequeños, de toda denominación quedan completamente delatados. Al ver que Dios Todopoderoso parece una persona normal, que no es el Espíritu, se resisten a Él y lo condenan desenfrenadamente. A fin de preservar su estatus y su medio de vida, se vuelven locos impidiendo a los creyentes que oigan la voz de Dios y estudien el camino verdadero. Han quedado al descubierto los auténticos rostros de odio por la verdad de estas personas, que han sido condenadas y eliminadas. Si Dios no se hiciera carne, se quedarían escondidas en las iglesias, chupándoles la sangre a los creyentes, devorando las ofrendas a Dios, extraviando y echando a perder a muchísima gente. Puesto que Dios lleva a cabo Su juicio en la carne, los anticristos e incrédulos, aquellos que aman o no la verdad, los que la detestan o desprecian, han quedado revelados. Y aquellos que aman y comprenden la verdad han visto con nitidez el perverso rostro de Satanás, así como la forma en que va contra Dios y extravía a la humanidad. Han rechazado y renunciado por entero a Satanás y se han vuelto totalmente hacia Dios. Al final, Dios premia el bien y castiga el mal, destruye con los grandes desastres a toda fuerza malvada que va contra Él, y finalmente pone término a esta antigua era del poder de Satanás e introduce en un hermoso destino a los purificados por Su juicio. Esto cumple las profecías del Apocalipsis: “Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo” (Apocalipsis 22:11). “He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).

Terminemos con otro pasaje de Dios Todopoderoso. “Muchos tienen una mala sensación acerca de la segunda encarnación de Dios, ya que a las personas les resulta difícil creer que Dios se haría carne para hacer la obra del juicio. Sin embargo, debo decirte que la obra de Dios a menudo excede en gran medida las expectativas del hombre y es difícil que las mentes de los humanos la acepten. Pues las personas son simplemente gusanos sobre la tierra, mientras que Dios es el Supremo que llena el universo; la mente del hombre es como un foso de agua fétida que solo cría gusanos, mientras que cada etapa de la obra dirigida por los pensamientos de Dios es la síntesis de la sabiduría de Dios. Las personas desean constantemente contender con Dios, a lo que Yo digo que resulta evidente quién es el que saldrá perdiendo al final. Os exhorto a que no os creáis más valiosos que el oro. Si otros pueden aceptar el juicio de Dios, ¿por qué tú no? ¿Cómo de alto estás respecto a los demás? Si otros pueden inclinar sus cabezas ante la verdad, ¿por qué no puedes hacerlo tú también? La obra de Dios tiene un impulso incontenible. Él no repetirá la obra de juicio de nuevo por la ‘contribución’ que has hecho, y te sentirás abrumado por el arrepentimiento al dejar escapar tan buena oportunidad. ¡Si no crees Mis palabras, entonces solo espera a que el gran trono blanco en el cielo te juzgue! Debes saber que todos los israelitas rechazaron y negaron a Jesús y, sin embargo, el hecho de la redención de Jesús del hombre aún se extendió por el universo y hasta los confines de la tierra. ¿No es esto una realidad que Dios forjó hace mucho tiempo? Si todavía estás esperando a que Jesús te lleve al cielo, entonces digo que eres un obstinado pedazo de madera muerta[a] Jesús no reconocerá a un creyente falso como tú que es desleal a la verdad y que solo busca bendiciones. Por el contrario, no mostrará piedad al arrojarte al lago de fuego para que ardas durante decenas de miles de años” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Nota al pie:

a. Un pedazo de madera muerta: un modismo chino que significa “sin remedio”.

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