¿Por qué necesita Dios obrar en tres etapas para salvar a la humanidad?

17 Dic 2021

Todos sabemos que, hace 2000 años, el Señor Jesús apareció y obró en Judea para redimir a la humanidad y predicó “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Expresó muchas verdades y reveló multitud de señales y prodigios que sacudieron la nación de Judea. Los líderes superiores del judaísmo vieron lo autorizadas y poderosas que eran la obra y las palabras del Señor Jesús y que Él ganaba seguidores constantemente. Para estos líderes, la obra de Jesús amenazaba su estatus, por lo que se pusieron a buscar cosas que utilizar contra Él, a inventarse rumores y mentiras, a condenarlo y a impedir que el pueblo lo siguiera. Que Jesús fuera el Hijo del hombre, y no una forma espiritual, los hizo más osados y desmedidos. Que Su obra y Sus palabras excedieran la ley fue su excusa para condenarlo y perseguirlo frenéticamente y para hacerlo crucificar. Eso acarreó la maldición y el castigo de Dios, que condenó a la nación de Israel durante 2000 años. Ahora, Jesús ha vuelto en los últimos días como Dios Todopoderoso encarnado, que expresa verdades y realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, para purificar y salvar plenamente a la humanidad. Los que en toda denominación anhelan la aparición de Dios han leído las palabras de Dios Todopoderoso, han reconocido la voz de Dios y se han vuelto hacia Dios Todopoderoso. Sin embargo, muchos líderes religiosos no aceptan esto. Sus buenas ovejas han abandonado el rebaño y su estatus y su pan corren peligro, cosa que no pueden tolerar. Se inventan toda clase de mentiras para negar y condenar la aparición y obra de Dios Todopoderoso y hacen todo lo posible por extraviar a los creyentes e impedir que estudien el camino verdadero. Según ellos, el Señor Jesús ya redimió a la humanidad, la obra de salvación de Dios está terminada y Él arrebatará a los creyentes cuando venga. No hay más obra de salvación. Incluso claman: “Si vuelve el Señor y no nos lleva al reino, ¡ese no es realmente el Señor! ¡No es posible que el Señor encarnado que realiza la obra del juicio sea el auténtico Señor! ¡Solo se trata del Señor, del Señor en que creemos, si nos arrebata!”. Sobre todo al ver que Dios Todopoderoso no tiene forma espiritual, sino que es un Hijo del hombre normal, se vuelven aún más recalcitrantes y lo condenan y blasfeman contra Él con mayor severidad. Llegan a aliarse con el Partido Comunista para que detenga a creyentes que predican el evangelio. Con sus actos han crucificado a Dios una vez más. Piénsalo. ¿Por qué cada paso de la obra de Dios recibe la negación, condena y oposición del mundo religioso? Porque la humanidad está hondamente corrompida por Satanás. Todo el mundo tiene una naturaleza satánica; todo el mundo detesta la verdad y está harto de ella. Otro motivo es que la gente no entiende la obra de Dios, por lo que considera Su obra de salvación de la humanidad más sencilla de lo que es en realidad. Sabemos que los israelitas creían que, una vez concluida la obra de Dios de la Era de la Ley, solo tenían que respetar la ley para salvarse, y que cuando llegara el Mesías, los ascendería directos al reino. ¿Y qué pasó? Que vino el Señor Jesús y el pueblo judío lo crucificó. Los de la Era de la Gracia creían que, con la redención de Jesús, se les perdonaban los pecados y ellos se salvaban definitivamente, así que el Señor, a Su regreso, debía ascenderlos directamente al reino. ¿Y qué ha pasado? Que Dios Tododopoderoso ha venido y lo está crucificando de nuevo el mundo religioso, en alianza con el régimen de Satanás. Creen que, concluida la obra del Señor Jesús, concluida la obra de salvación de Dios. No obstante, ¿es realmente cierto?

A decir verdad, cada nuevo paso de obra que realiza Dios ha sido profetizado con mucha antelación. Cuando vino Jesús a realizar la obra de redención, los profetas ya habían augurado Su venida. “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Isaías 7:14). “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Y en cuanto a la obra del juicio de Dios en los últimos días, hay muchísimas profecías bíblicas, 200 como mínimo. Mira qué dijo el Señor Jesús: “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). Y el Libro de Pedro: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). Los interesados por la obra de Dios pueden hallar muy fácilmente un fundamento para ella; así no se empeñarán en crucificar a Dios de forma tan agresiva e incansable. Esto, por sí solo, muestra lo hondamente corrompida por Satanás que está la humanidad. Todo ser humano tiene una naturaleza satánica y cabe afirmar que los humanos son enemigos de Dios. Todos lo hemos comprobado: desde la Era de la Ley hasta la redención de Jesús en la Era de la Gracia y ahora en los últimos días, cuando Dios Todopoderoso realiza encarnado la obra del juicio para concluir la obra de estas eras, es evidente que la obra de Dios para salvar a la humanidad engloba exactamente tres etapas. ¿Y por qué es preciso que lleve a cabo Su obra de salvación en tres etapas? Es incomprensible para el ser humano, por lo que muchos se oponen a la obra de Dios y la condenan. Son graves las consecuencias de esto. Por ello, el asunto que vamos a analizar hoy es por qué Dios lleva a cabo tres etapas de obra.

En los últimos días, la obra de Dios Todopoderoso ha revelado todos los misterios de Su plan de gestión. Leamos un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso para entender mejor esto. Dios Todopoderoso dice: “La obra de gestión de seis mil años de Dios está dividida en tres etapas: la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. Estas tres fases de la obra son todas por el bien de la salvación de la humanidad, es decir, son para la salvación de la humanidad que ha sido gravemente corrompida por Satanás. Sin embargo, al mismo tiempo, también son para que Dios pueda entablar batalla con Satanás. Por tanto, como la obra de salvación está dividida en tres fases, también lo está la batalla contra Satanás, y estos dos aspectos de la obra de Dios se llevan a cabo simultáneamente. La batalla con Satanás es, en realidad, para la salvación de la humanidad y, al no ser esta obra algo que se pueda realizar con éxito en una sola fase, esta batalla también se divide en fases y periodos; se libra la guerra contra Satanás de acuerdo con las necesidades del hombre y la extensión de la corrupción que Satanás ha ejercido en él. […] La obra de salvación del hombre consta de tres etapas; es decir, que la batalla con Satanás se ha dividido en tres etapas para derrotarlo de una vez y para siempre. Sin embargo, la verdad interna de la totalidad de la obra de la batalla contra Satanás es que sus efectos se logran a través de varios pasos de la obra: concediéndole gracia al hombre y convirtiéndose en la ofrenda por su pecado, perdonándolos, conquistándole y haciéndole perfecto” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). Vemos que la obra de salvación de Dios tiene lugar en tres etapas: la obra de Jehová Dios en la Era de la Ley, la redención del Señor Jesús en la Era de la Gracia y la obra del juicio de Dios Todopoderoso de los últimos días, en la Era del Reino. Estas tres etapas de obra engloban toda la obra de salvación de Dios y así salva Él a la humanidad, paso a paso, de las fuerzas satánicas, para que pueda conquistarnos por completo. La trascendencia de cada paso es profunda. Esta es toda la obra indispensable en el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad, y parte esencial del proceso de salvación de la humanidad corrupta del pecado y de las fuerzas satánicas.

Ahora me gustaría describir brevemente las tres etapas de la obra de Dios según Sus propias palabras. Hablemos primero del primer paso de la obra de Dios para salvar al hombre: la obra de la Era de la Ley. Todos sabemos que, antes de que Dios realizara Su obra de la Era de la Ley, los humanos eran completamente inocentes. No sabían cómo adorar a Dios ni cómo vivir en la tierra. Pecaban y ofendían a Dios constantemente y ni siquiera sabían qué era el pecado. Para ayudar a la gente a alejarse del pecado y a vivir correctamente, Dios inició Su obra de la Era de la Ley. Leamos un pasaje de las palabras de Dios al respecto. “Durante la Era de la Ley, Jehová estableció muchos mandamientos para que Moisés se los transmitiera a los israelitas que lo seguían fuera de Egipto. Estos mandamientos fueron dados por Jehová a los israelitas y no guardaban ninguna relación con los egipcios; tenían el propósito de refrenar a los israelitas y Él usó los mandamientos para plantearles exigencias. Que guardaran el día de reposo, que respetaran a sus padres, que no adoraran ídolos, etcétera, estos eran los principios por los que se les juzgaba como pecadores o como justos. Entre ellos, hubo algunos que fueron consumidos por el fuego de Jehová, otros que fueron apedreados a muerte, y otros más que recibieron la bendición de Jehová; todo esto se determinó conforme a si obedecían o no estos mandamientos. Quienes no guardasen el día de reposo serían apedreados a muerte. Los sacerdotes que no guardasen el día de reposo serían consumidos por el fuego de Jehová. Quienes no mostrasen respeto a sus padres también serían apedreados a muerte. Todo esto fue encomendado por Jehová. Él estableció Sus mandamientos y Sus leyes para que, mientras era guiado por Él durante su vida, el pueblo escuchara y obedeciera Su palabra, y no se rebelara contra Él. Empleó estas leyes para mantener bajo control a la raza humana recién nacida con el fin de sentar mejores bases para Su obra futura. Así, con base en la obra que llevó a cabo Jehová, la primera era fue llamada la Era de la Ley” (‘La obra en la Era de la Ley’ en “La Palabra manifestada en carne”). En la Era de la Ley, Jehová Dios dictó multitud de leyes y mandamientos que enseñaban a la humanidad a adorar a Dios y a vivir. Los que obedecían la ley recibían la protección y las bendiciones de Dios, mientras que quienes la infringían tenían que ofrendar sacrificios para el perdón de sus pecados. Si no, se enfrentarían al castigo y la maldición de Dios. Los de la Era de la Ley conocieron personalmente la justicia, la ira, el carácter inofendible, la misericordia y las bendiciones de Dios. Por eso temían todos a Jehová Dios y respetaban Su ley y Sus mandamientos. Tenían la protección de Dios y vivían correctamente en la tierra. Pensemos ahora en esto: si Dios no hubiera realizado Su obra de la Era de la Ley, ¿qué le habría sucedido a la humanidad? Sin las restricciones de la ley ni la guía de Dios, toda la humanidad habría caído en el caos absoluto y Satanás se habría apoderado de ella. ¡Que Dios otorgara la ley a la humanidad fue una obra sumamente importante! Su obra de la Era de la Ley le enseñó al hombre lo que eran el pecado y la justicia y que el pecado exige un sacrificio de expiación. La primera etapa de obra de Dios no solo trajo a la humanidad por el buen camino en la vida, sino que también preparó el terreno, lo allanó, para la obra de redención de la Era de la Gracia.

A finales de la Era de la Ley, toda la humanidad estaba tan hondamente corrompida por Satanás que cada vez pecaba más y la ley ya no podía controlarla. No hacía suficientes sacrificios por el pecado, por lo que se enfrentaba a la condena y el ajusticiamiento según la ley mientras, doliente, invocaba a Dios. Por eso se encarnó personalmente Dios en el Señor Jesús y realizó la obra de redención, lo que inició la Era de la Gracia y puso fin a la Era de la Ley. Leamos más palabras de Dios Todopoderoso. “Durante la Era de la Gracia, Jesús vino a redimir a toda la humanidad caída (no solo a los israelitas). Él mostró compasión y bondad hacia el hombre. El Jesús que el hombre vio en la Era de la Gracia estaba lleno de bondad y siempre fue amoroso con el hombre, pues Él había venido a salvar a la humanidad del pecado. Pudo perdonar al hombre sus pecados hasta que Su crucifixión redimió por completo a la humanidad del pecado. Durante este periodo, Dios apareció delante del hombre con misericordia y bondad; es decir, Él se convirtió en una ofrenda por el pecado para el hombre y fue crucificado por los pecados de este para que pudiera ser perdonado para siempre” (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Sin la redención de Jesús, los hombres habrían vivido por siempre en el pecado y se habrían vuelto los hijos del pecado, los descendientes de los demonios. De continuar así, toda la tierra se habría convertido en el sitio donde habita Satanás, el lugar de su morada. Sin embargo, la obra de la redención requería brindar misericordia y bondad a la humanidad. Sólo así los humanos podían recibir el perdón y, al final, ganarse el derecho a que Dios los hiciera completos y los obtuviera plenamente. Sin esta etapa de la obra, el plan de gestión de seis mil años no habría podido avanzar. Si Jesús no hubiera sido crucificado, si solamente hubiera sanado a los enfermos y exorcizado a los demonios, las personas no podrían haber sido perdonadas completamente por sus pecados. En los tres años y medio que Jesús pasó haciendo Su obra en la tierra, completó sólo la mitad de Su obra de redención. Luego, al ser clavado en la cruz y al convertirse en la semejanza de la carne pecadora, al ser entregado al malvado, Él completó la obra de la crucifixión y dominó el destino de la humanidad. Sólo después de ser entregado en las manos de Satanás, redimió a la humanidad. Durante treinta y tres años y medio sufrió en la tierra, lo ridiculizaron, lo difamaron y lo abandonaron, incluso al punto en el que no tenía un lugar donde posar Su cabeza, ningún lugar para descansar; luego fue crucificado y todo Su ser, un cuerpo inmaculado e inocente, fue clavado en la cruz y padeció todo tipo de sufrimientos. Quienes estaban en el poder se burlaron de Él y lo flagelaron e incluso los soldados escupieron en Su rostro; sin embargo, Él permaneció en silencio y soportó hasta el final, sometiéndose incondicionalmente hasta la muerte, con la cual redimió a toda la humanidad. Sólo entonces se le permitió descansar. La obra que Jesús llevó a cabo representa únicamente la Era de la Gracia, no representa la Era de la Ley ni sustituye a la obra de los últimos días. Esta es la esencia de la obra de Jesús en la Era de la Gracia, la segunda era por la que la humanidad ha pasado: la Era de la Redención” (‘La verdadera historia detrás de la obra de la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”). Cuando Jesús vivía entre nosotros, predicó “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Enseñó al hombre a confesar y arrepentirse, a amar al prójimo como a sí mismo, a perdonar setenta veces siete, a amar a a Dios con todo su corazón, alma y mente, a adorarlo en espíritu y en verdad, etc. Las palabras de Dios enseñaron a la gente cuál era Su voluntad y le aportaron un objetivo y un rumbo claros en su fe. Esto iba un paso más allá de las restricciones de la ley y las reglas. Él también mostró multitud de señales y prodigios al sanar a los enfermos, echar fuera demonios y perdonar los pecados. Rebosaba tolerancia y paciencia. Todo el mundo sintió el amor y la misericordia de Dios, contempló Su hermosura y se acercó a Él. Al final, el Señor Jesús fue crucificado en ofrenda eterna por el pecado que nos perdonó definitivamente los pecados. Luego, la gente solo tenía que confesar y arrepentirse al Señor para que le perdonara los pecados y no sería condenada y castigada según la ley. Podía presentarse ante Dios en oración y gozar de la paz, la alegría y las abundantes bendiciones otorgadas por el Señor. Evidentemente, la obra de redención de Jesús ha sido de gran bendición para la humanidad, pues por ella hemos seguido sobreviviendo y prosperando hasta hoy.

Entonces, dado que el Señor Jesús concluyó Su obra y nos redimió de las garras de Satanás, ¿significa eso que ha concluido la obra de salvación de Dios? ¿Significa que no necesitamos más la obra de salvación de Dios? La respuesta es no. La obra de Dios no ha concluido. La humanidad aún necesita otro paso de la obra de salvación de Dios. El Señor Jesús redimió al hombre y nos perdonó los pecados, pero no se ha corregido nuestra naturaleza pecaminosa. Nuestra naturaleza pecaminosa nos impulsa a vivir siempre en corrupción. No podemos evitar mentir y pecar todo el tiempo. Nos rebelamos contra el Señor, nos oponemos a Él y no sabemos poner en práctica Sus palabras. Todos vivimos en un círculo de pecado, confesión y otra vez pecado, en la dolorosa lucha contra el pecado. Nadie puede librarse de las ataduras y restricciones del pecado. ¿Y sería realmente posible que la gente incapaz de librarse de pecado fuera arrebatada al reino sin juicio y purificación? Por supuesto que no. Dios es un Dios santo. “Sin santidad, ningún hombre contemplará al Señor” (Hebreos 12:14). Dios jamás dejaría entrar a Su reino a aquellos todavía capaces de pecar y oponerse a Él. Por eso profetizó el Señor que volvería tras haber concluido Su obra de redención. El regreso del Señor Jesús pretende corregir por completo la naturaleza pecaminosa del hombre, librarnos de pecado para que podamos santificarnos y entrar al reino de Dios. Como dijo el Señor Jesús, “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). El Apocalipsis también profetizó: “Diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Apocalipsis 14:7). Vemos que el Señor Jesús expresa verdades y realiza la obra del juicio a Su regreso, con lo que guía al hombre a la entrada en toda verdad. Eso es librar por completo a la humanidad de pecado y de las fuerzas satánicas, lo que nos lleva al reino de Dios. Este es un paso de la obra de Dios planificado hace tiempo y el paso final del plan de gestión de Dios. Leamos unas palabras de Dios Todopoderoso para entender mejor este aspecto de la verdad.

Dios Todopoderoso dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios y Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y hace que este practique según la senda correcta. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más concienzuda. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Esta lectura nos ayuda a descubrir por qué realiza Dios la obra del juicio en los últimos días. La obra de redención del Señor Jesús solo nos perdonó los pecados, pero nuestra naturaleza pecaminosa aún está hondamente arraigada. Es preciso que Dios declare más verdades y realice un paso de la obra del juicio para purificar y salvar completamente a la humanidad. Es decir, la obra de redención del Señor Jesús solo allanó el terreno a la obra del juicio de Dios de los últimos días, que es la parte más crucial y esencial de toda la obra de salvación de Dios. Es, además, nuestra única vía hacia la plena salvación y la entrada en el reino. Terminado este paso de la obra, se purificará el carácter corrupto del hombre y dejaremos de pecar y de oponernos a Dios. Podremos someternos y amar a Dios sinceramente y la obra de Dios para salvar a la humanidad estará completa. Así concluirá el plan de gestión de 6000 años de Dios. Dios Todopoderoso apareció y comenzó a obrar en los últimos días, lo que puso fin a la Era de la Gracia e inició la Era del Reino. Ha expresado toda verdad necesaria para purificar y salvar plenamente a la humanidad, con lo que no solo ha revelado todos los misterios del plan de gestión de Dios, sino que también ha juzgado y expuesto la naturaleza y las actitudes satánicas del hombre, contrarias a Dios, y ha revelado todas nuestras nociones sobre Dios y las ideas equivocadas de nuestra fe. También nos ha dado, entre otras cosas, una senda para librarnos de pecado y salvarnos plenamente. ¡Las palabras de Dios Todopoderoso no tienen precio! Son las realidades de la verdad que la gente debe poseer para purificarse y salvarse plenamente, unas palabras que Dios nunca declaró en la Era de la Ley ni en la Era de la Gracia. Así nos otorga Dios la senda de vida eterna en los últimos días. Muchos del pueblo escogido de Dios que se han sometido a Su juicio han visto la verdad de su corrupción y su naturaleza satánica, que se opone a Dios, han adquirido una comprensión real de Su carácter justo e inofendible y han cultivado la veneración por Él. En definitiva, son libres de las cadenas del pecado y viven con auténtica semejanza humana. Todos tienen testimonios increíbles de liberación del pecado y de triunfo sobre Satanás. ¡El pueblo escogido de Dios sabe que Su obra del juicio de los últimos días es Su salvación final para la humanidad! Sin esta obra de juicio, jamás veríamos la verdad de nuestra corrupción, jamás conoceríamos la raíz de nuestro pecado y jamás podríamos purificar y transformar nuestro carácter corrupto. Dios Todopoderoso ya ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres y Su evangelio del reino se ha difundido por todo el planeta. Los hechos demuestran que Dios Todopoderoso ha derrotado totalmente a Satanás y conquistado toda gloria y que ha concluido Su plan de gestión de 6000 años. Han comenzado los grandes desastres y todo malhechor que se oponga a Dios será castigado y destruido en los desastres, mientras que quienes se sometan a juicio y se purifiquen serán protegidos por Dios en ellos. Entonces habrá un nuevo cielo y una nueva tierra: el reino de Cristo se manifestará en la tierra y quienes queden serán el pueblo de Dios, que vivirá eternamente en Su reino y gozará de Sus bendiciones y promesas. Esto cumple realmente las profecías del Apocalipsis: “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). “Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:3-4).

¡A estas alturas vemos lo valiosos y prácticos que son los tres pasos de obra de Dios! Cada uno de ellos pretende corregir el problema del pecado del hombre y consumar un objetivo. Esto es para, paso a paso, librar a la humanidad del poder de Satanás y del pecado, de modo que entremos en el reino de Dios y recibamos Sus promesas y bendiciones. Cada etapa de obra está vinculada a la siguiente y cada paso se basa en el último, cada cual más profundo y elevado que el anterior. Están estrechamente vinculados, son inextricables y ninguno funcionaría sin los otros. Mira, sin la obra de la Era de la Ley, nadie sabría lo que es el pecado y todos seríamos pisoteados por Satanás, viviendo en pecado. Seríamos usurpados, destruidos, por Satanás. Sin la obra de redención de la Era de la Gracia, la humanidad sería castigada por cometer demasiados pecados y no habríamos llegado hasta hoy. ¿Y si Dios no llevara a cabo la obra del juicio de los últimos días? Sin ella jamás nos libraríamos de las ataduras del pecado ni seríamos dignos de entrar en el reino de los cielos. Acabaríamos destruidos por ser sumamente pecadores. Obviamente, si faltara uno de estos tres pasos de la obra, la humanidad sería de Satanás y nunca podría salvarse plenamente. Estas tres etapas de obra engloban todo el plan de gestión de Dios para salvar al hombre. Cada paso es incluso más decisivo que el anterior y todos son las disposiciones meticulosas de Dios para salvar a la humanidad. Esto nos muestra al completo el gran amor y la salvación de Dios para con la humanidad, así como Su sabiduría y omnipotencia. Según Dios Todopoderoso, “Todo Mi plan de gestión, el plan de gestión de seis mil años, consta de tres etapas o tres eras: la Era de la Ley del principio, la Era de la Gracia (que también es la Era de la Redención) y la Era del Reino de los últimos días. Mi obra en estas tres eras difiere en contenido según la naturaleza de cada era, pero en cada etapa se ajusta a las necesidades del hombre o, para ser más preciso, se hace de acuerdo con los engaños que Satanás emplea en la guerra que libro contra él. El propósito de Mi obra consiste en derrotar a Satanás, hacer manifiesta Mi sabiduría y omnipotencia, exponer todos los engaños de Satanás y así salvar a toda la raza humana, que vive bajo su campo de acción. Consiste en mostrar Mi sabiduría y omnipotencia y dejar al descubierto la insoportable monstruosidad de Satanás. Incluso más que eso, consiste en permitir que los seres creados disciernan entre el bien y el mal, que sepan que Yo soy el Soberano de todas las cosas, que vean claramente que Satanás es el enemigo de la humanidad, un degenerado, el malvado, y que distingan, con absoluta certeza, la diferencia entre el bien y el mal, entre la verdad y la falsedad, entre la santidad y la inmundicia, y entre lo magnánimo y lo innoble. Así, la humanidad ignorante podrá dar testimonio de Mí de que no soy Yo quien corrompe a los humanos y de que sólo Yo, el Creador, puedo salvar a la humanidad, puedo conceder al hombre cosas para su disfrute. Llegará a saber que Yo soy el Soberano de todas las cosas y que Satanás es simplemente uno de los seres que creé y que después se volvió en Mi contra. Mi plan de gestión de seis mil años se divide en tres etapas, y obro así con la intención de lograr el efecto de permitir que los seres creados sean Mi testimonio, que comprendan Mi voluntad y sepan que Yo soy la verdad” (‘La verdadera historia detrás de la obra de la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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