¿Quién puede salvar a la humanidad y revolucionar nuestro destino?

10 Oct 2021

Al oír hablar del destino, la mayoría equipara tener dinero, estatus y éxito con un buen destino, y cree que los pobres, los turbios y los que sufren el fracaso y la dificultad, los despreciados, tienen un mal destino. Así, para cambiar su destino, buscan el conocimiento con ardor, esperando que los ayude a adquirir riqueza y estatus y, por ende, a cambiar su sino. Realmente, ¿tener dinero, estatus y éxito en la vida implica tener un buen destino? Realmente, ¿sufrir el fracaso y la desgracia implica tener un mal destino? La mayoría no entiende muy bien esto y sigue buscando intensamente el conocimiento para cambiar su sino. ¿Pero puede cambiar el conocimiento el destino de alguien? ¿Quién puede realmente salvar a la humanidad y revolucionar nuestro destino? Profundicemos en esta cuestión hoy.

En la vida cotidiana vemos que muchos que adquieren conocimiento puede que también ganen dinero y estatus. Son prósperos en la vida y hasta es posible que se hagan famosos o los elogien. Conocidos y con éxito, parecen tener un gran destino. No obstante, ¿es eso cierto? ¿Son felices en realidad? Tal vez tengan poder e influencia y parezcan ilustres, pero, pese a ello, tienen una sensación de vacío y tristeza y pierden la chispa en la vida. Quizá algunos lleguen a drogarse o a suicidarse, y otros aprovechen su poder e influencia para hacer lo que quieran, cometiendo el mal y delitos, y acaben en la cárcel, en deshonra absoluta. ¿No son la mayoría de ellos intelectuales? ¿Por qué habrían de hacer cosas tan horribles esos que parecen tan sensatos y entienden de leyes? ¿Por qué habrían de hacer cosas tan absurdas? ¿Por qué habrían de resultar así las cosas? Actualmente, todo el mundo quiere formarse, va en pos del conocimiento, y los intelectuales son la clase dirigente de todos los pueblos y países. Son los que ocupan el poder, la meritocracia en el mundo entero. Es lógico pensar que, con los intelectuales al frente, el mundo debería ser cada vez más civilizado y amable. Sin embargo, ¿qué le pasa realmente al mundo? Está cayendo en el desorden y el caos: la gente se engaña, se pelea y hasta se mata entre sí. Todo el mundo niega y se opone a Dios, odia la verdad y enaltece la maldad sin desear arrepentirse, con lo que suscita la ira de Dios y la indignación del hombre. Los desastres se suceden y el mundo está constantemente al borde de una gran guerra. Es evidente que tener en el poder a los intelectuales, tener una meritocracia, no acarrea sociedades pacíficas y felices, sino, por el contrario, crecientes desastres y sufrimientos. Las pandemias van en aumento, estallan guerras sin cesar y, a continuación, terremotos y hambrunas. La gente está llena de temor, como si hubiera venido el fin del mundo. ¿Cuál es el auténtico motivo de esto? Cuando la gente adquiere conocimiento, poder y estatus, ¿por qué hace tantas cosas horribles? ¿Por qué la presencia de los intelectuales y la meritocracia provoca tantos desastres a un país y a un pueblo? ¡Esto es muy digno de consideración! ¿Puede ser alguien mejor y libre de pecado por adquirir conocimiento? ¿Puede alguien ser amable y dejar de cometer maldades por adquirir conocimiento? ¿Puede el conocimiento salvar a la gente del pecado y de las fuerzas de Satanás? Cada vez dudo más de la capacidad del conocimiento para cambiar el destino de alguien. Una vez que adquiere conocimiento y estatus, ¿por qué la mayoría de la gente es cada vez más arrogante y santurrona? ¿Por qué, cuanto más sabe, más engreída es? Cuando llega al poder, se pervierte y se vuelve arbitraria, con lo que causa estragos y desastres. Según parece, además de tener una mejor educación y mayor desarrollo científico, un país hay que gobernarlo mejor y el pueblo debería ser más civilizado, feliz y sano, pero ¿de veras existe un país así? Nunca ha existido. ¡Eso deja a la gente muy perpleja! Esto leí en las palabras de Dios: “Desde que la humanidad inventó las ciencias sociales, la ciencia y el conocimiento ocuparon su mente. Después, estas pasaron a ser herramientas para gobernar a la humanidad, y ya no hay espacio suficiente para que el hombre adore a Dios ni hay condiciones favorables para Su adoración. La posición de Dios se ha hundido aún más abajo en el corazón del hombre. Sin Dios en su corazón, el mundo interior del hombre es oscuro, desesperanzado y vacío. En consecuencia, muchos científicos sociales, historiadores y políticos han saltado a la palestra para expresar teorías de ciencias sociales, la teoría de la evolución humana y otras que contradicen la verdad de que Dios creó al hombre, para llenar los corazones y las mentes de la humanidad. Así, cada vez son menos los que creen que Dios lo creó todo, y son más los que creen en la teoría de la evolución. Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era del Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para estas personas, y el hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa solo por comer, beber y buscar el placer. … Pocas personas asumen la responsabilidad de buscar dónde Dios lleva a cabo Su obra hoy o cómo preside y organiza el destino del hombre. Y, de esta forma, sin el hombre saberlo, la civilización humana se vuelve cada vez menos capaz de cumplir los deseos del hombre e, incluso, todavía hay muchos que sienten que, viviendo en un mundo así, son menos felices que aquellos que ya han muerto. Hay incluso personas de países que solían ser muy civilizados que ventilan estas quejas. Y es que sin la dirección de Dios, por mucho que los gobernantes y sociólogos se devanen los sesos para preservar la civilización humana, todo es inútil. Nadie puede llenar el vacío en el corazón del hombre, porque nadie puede ser su vida, y ninguna teoría social puede liberarlo del vacío que lo aflige. Ciencia, conocimiento, libertad, democracia, ocio, comodidad; esto solo le brinda un consuelo temporal al hombre. Incluso teniendo esto, el hombre sigue pecando inevitablemente y se queja de las injusticias de la sociedad. Estas cosas no pueden refrenar su anhelo y deseo de explorar. […] Después de todo, el hombre es hombre, y ninguno de ellos puede reemplazar la posición y la vida de Dios. La humanidad no solo requiere una sociedad justa en la que todos estén bien alimentados y que sea igualitaria y libre; lo que necesita la humanidad es la salvación de Dios y Su provisión de vida. Solo cuando el hombre recibe la provisión de vida de Dios y Su salvación puede resolver las necesidades, el anhelo de explorar y el vacío espiritual. Si las personas de un país o nación son incapaces de recibir la salvación y el cuidado de Dios, ese país o nación irá camino del deterioro, hacia las tinieblas y Dios lo aniquilará” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios tienen mucha razón y revelan la auténtica verdad del asunto. ¿Cómo se crea realmente el conocimiento? Sin duda alguna, viene de esos personajes grandes y famosos objeto de adulación a lo largo de la historia. Están el confucianismo, la teoría de la evolución de Darwin, el Manifiesto comunista y la teoría del comunismo de Marx. El ateísmo, el materialismo y la teoría de la evolución vienen de las ideas y teorías que estos famosos personajes escribieron en libros y son el fundamento de la ciencia y la teoría en la sociedad moderna. Todas estas doctrinas y teorías han sido promovidas por las clases dirigentes a lo largo de los siglos. Han llegado a los libros de texto y a las aulas y se han convertido en axiomas para la humanidad. Al haber formado, corroído y aturdido a una generación tras otra, se han convertido en instrumentos de las clases dirigentes para extraviar y corromper a la humanidad. Toda la humanidad se ha corrompido cada vez más con la educación y la influencia del conocimiento y de la ciencia, por lo que la sociedad se ha vuelto más oscura y más caótica, hasta el punto de enfurecer tanto a Dios como al hombre. Hoy día, se producen desastres con creciente frecuencia y no deja de golpear la calamidad. En cualquier momento podrían estallar grandes guerras. La gente vive con temor, como si estuviera ante el fin del mundo. Por eso nos preguntamos seriamente si la ciencia y el conocimiento son realmente la verdad o no. La gente va en pos de ellos y los acepta cada vez más, pero no puede escapar al pecado ni hallar la felicidad; por el contrario, cada vez es más corrupta y malvada y se sume en el pecado y el dolor, a los que no puede escapar. Veamos la auténtica esencia de esos personajes grandes y famosos idolatrados por todos. Son ateos y evolucionistas que niegan y rechazan a Dios. No creen que exista Dios ni que lo gobierne todo. Especialmente, no aceptan las verdades que expresa Dios. En todo su discurso, ni una sola palabra expone la oscuridad de la sociedad; ni una sola palabra expone la esencia y la realidad de la corrupción satánica del hombre; ni una sola palabra expone la naturaleza y la malvada esencia de las clases dirigentes, ni da testimonio de la existencia y la obra de Dios ni de Sus obras y Su amor, ni concuerda con la verdad de Sus palabras. Todas sus palabras son herejías y falacias que niegan y se oponen a Dios. En definitiva, dedican íntegramente su discurso a defender los intereses de las clases dirigentes, a extraviar, corromper y perjudicar a la humanidad, por lo que la han llevado hacia una senda oscura y malvada y la humanidad se ha vuelto de la calaña de Satanás, opuesta y traidora a Dios. ¿Qué tipo de personas son la clase dirigente? ¿Son virtuosas y prudentes? En absoluto. Todavía no ha nacido ninguna virtuosa y prudente. Ha quedado patente cómo son sus presuntas virtud y prudencia y han salido a la luz todos los delitos que han cometido encubiertamente. Es evidente que, en toda la historia de corrupción satánica de la humanidad, no ha habido gobernantes virtuosos ni prudentes y que los poderosos han sido la personificación de Satanás y unos demonios. ¿Cuáles de sus ideas y teorías han corrompido más hondamente a la humanidad? El ateísmo, el materialismo, el evolucionismo y el comunismo. Han difundido infinidad de herejías y falacias, como “no hay Dios en el mundo”, “nunca hubo un Salvador”, “uno tiene su destino en sus propias manos” y “el conocimiento puede cambiar tu destino”. Estas cosas arraigan en el interior de la gente desde una edad temprana y van creciendo. ¿Cuáles son las consecuencias? La gente comienza a negar a Dios y todo lo que viene de Él, incluido el hecho de que Dios creara los cielos, la tierra y todas las cosas y lo gobierne todo. Dios creó al hombre, pero ellos lo niegan y tergiversan la verdad alegando que el ser humano evolucionó a partir de los simios, como si el hombre fuera de la misma categoría que los animales. Estas teorías intelectuales, falaces y absurdas, se apoderan de la mente de las personas, ocupando su corazón y volviéndose parte de su naturaleza, por lo que todas ellas niegan a Dios, se distancian de Él y cada vez les cuesta más aceptar la verdad. También se vuelven más arrogantes, malvadas y corruptas siempre. Pierden toda conciencia y razón, con lo que pierden su humanidad y, finalmente, la salvación. Así ha corrompido Satanás a la humanidad hasta el punto de convertirse en demonios. Este es el espantoso resultado de la búsqueda del conocimiento y de usarlo para cambiar el propio destino. Los hechos demuestran que la ciencia y el conocimiento no son la verdad ni pueden convertirse en nuestra vida, sino que son opuestos a la verdad e incompatibles con ella. Solo pueden corromper, perjudicar y destruir a la humanidad.

¿Y por qué decimos que estas cosas no son la verdad? Porque el conocimiento no viene de Dios, sino de la corrupción satánica del hombre. Viene de esos personajes grandes y famosos que adora la humanidad corrupta. Por eso podemos decir con certeza que el conocimiento no es la verdad. En primer lugar, el conocimiento no ayuda a que la gente conozca su esencia corrupta ni le aporta autoconocimiento. En segundo lugar, el conocimiento no purifica el carácter corrupto de la gente, sino que solamente la vuelve cada vez más arrogante. En tercer lugar, el conocimiento no salva a la humanidad del pecado ni la purifica. En cuarto lugar, el conocimiento no ayuda a que la gente aprenda la verdad y llegue a conocer y someterse a Dios. En quinto lugar, el conocimiento no ayuda a la gente a conseguir la auténtica felicidad ni le aporta luz y, sobre todo, no le brinda un hermoso destino. Por ello, el conocimiento no es la verdad ni puede salvar a la humanidad del pecado ni de las fuerzas satánicas. Así pues, podemos estar seguros de que el conocimiento no cambia el sino de nadie. Solo aquello que viene de Dios es la verdad; solo las palabras de Dios son la verdad. Solo la verdad puede ser la vida de la gente y purificar su corrupción de forma que escape al pecado y se santifique. Solo la verdad permite que la gente recobre su conciencia y su razón y viva con auténtica semejanza humana. Solo la verdad le da a la gente un rumbo y unos objetivos reales en la vida, y solo la verdad ayuda a la gente a conocer a Dios, a recibir Sus bendiciones y a obtener un hermoso destino. Por eso solo la verdad expresada por Dios en la carne puede salvar a la humanidad de las fuerzas satánicas para que se vuelva por completo a Dios. Solo el Salvador puede salvar a la humanidad y revolucionar su destino, con lo que nos concede uno hermoso. ¿Y por qué no puede salvar el conocimiento al hombre? Porque el hombre ha sido corrompido muy a fondo por Satanás: tiene una naturaleza satánica, vive con un carácter satánico, peca y comete el mal constantemente. Es capaz de cualquier maldad en las circunstancias adecuadas y, en cuanto alcanza el poder, muestra su verdadero rostro y se descontrola. Y el conocimiento viene de la humanidad corrupta, de Satanás, así que no es la verdad. Por mucho que aprenda la humanidad corrupta, no puede conocer la esencia y la verdad de su corrupción y realmente no puede arrepentirse de veras y volverse a Dios. No hay conocimiento que pueda corregir la naturaleza pecaminosa de una persona, y ni mucho menos transformar su carácter corrupto. Por mucho que sepa la humanidad corrupta, no puede escapar al pecado ni a las fuerzas satánicas ni alcanzar la santidad. Sin aceptar la verdad, no puede alcanzar la sumisión a Dios ni corregir jamás el problema de su naturaleza pecaminosa. Cuanto más elevado el conocimiento de la humanidad corrupta, más difícil es aceptar la verdad, y más probable es que aquella niegue y se oponga a Dios. Cuando la gente busca más conocimiento, se vuelve más arrogante, más santurrona y más ambiciosa. No puede evitar emprender una senda de pecado. Por eso el conocimiento solamente puede corromper, perjudicar y destruir a la gente. Muchos no ven la auténtica esencia del conocimiento ni para qué sirve en realidad. No ven la procedencia, el origen del conocimiento, sino que lo idolatran y lo buscan ciegamente en vez de buscar la verdad. ¿Por qué todos esos personajes famosos cometen tantas maldades que hacen sufrir al pueblo y perjudican al país tras obtener el poder, provocan toda clase de calamidades y cometen horribles agravios imposibles de redimir? Son las consecuencias de idolatrar e ir en pos del conocimiento. Esto demuestra que el conocimiento no cambia el sino de nadie y que, por muy elevado que sea el conocimiento de alguien, Dios no lo puede salvar si no tiene fe y no acepta la verdad. Dios no lo bendecirá ni tendrá un buen destino por muy elevado que sea su conocimiento, sino que al morir irá al infierno. Dios es justo y gobierna los destinos de la humanidad, por lo que aquel que no reciba Su aprobación o bendición no puede tener un buen destino, sino que está condenado a la destrucción, la perdición y el infierno.

Los prudentes ya han dejado de adular el conocimiento, pero anhelan que venga el Santo, que descienda el Salvador a salvar a la humanidad. Nadie espera que un personaje grande o famoso la salve. Si no pueden salvarse ni a sí mismos, ¿cómo podrían salvar a toda la humanidad? Los hechos demuestran que el conocimiento no garantiza un buen destino y que la idea del desarrollo por medio de la ciencia y la educación es absurda. Solo el Salvador puede salvar a la humanidad del pecado y de las fuerzas satánicas; solo la expresión de la verdad por parte del Salvador puede llevarnos a la senda de la luz; solo la aceptación de toda verdad expresada por Él puede librarnos de la corrupción de Satanás para que Dios nos salve plenamente y recibamos Su aprobación y Sus bendiciones. Solamente así podemos cambiar por completo nuestro destino. Está claro que el sino de una persona cambia cuando esta acepta la aparición y obra del Salvador, acepta toda verdad expresada por el Salvador en los últimos días y se purifica tras aceptar el juicio de Dios de los últimos días. Para que se me entienda: el único modo de revolucionar de veras el destino de alguien es la aceptación de la verdad. Dios Todopoderoso dice: “Dios creó este mundo, creó a esta humanidad y, además, fue el arquitecto de la antigua cultura griega y la civilización humana. Solo Dios consuela a esta humanidad y solo Él cuida de ella noche y día. El desarrollo y el progreso humanos son inseparables de la soberanía de Dios, y la historia y el futuro de la humanidad son inextricables de los designios de Dios. Si eres un cristiano verdadero, creerás sin duda que el auge y la caída de cualquier país o nación ocurren de acuerdo con los designios de Dios. Solo Él conoce el destino de un país o nación, y solo Él controla el curso de esta humanidad. Si esta desea tener un buen destino, si un país desea un buen destino, entonces el hombre debe postrarse ante Dios y adorarlo, arrepentirse y confesarse ante Él, si no, la suerte y el destino del hombre serán una catástrofe inevitable” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Ya tenemos claro que, si los intelectuales no pueden salvarse ni a sí mismos, ¿cómo podrían salvar a la humanidad? Solo el Salvador puede salvar a la humanidad del pecado y traerle luz, felicidad y un hermoso destino. ¿Y quién es el Salvador? No hay duda de que es Dios encarnado en forma humana, venido en medio de la humanidad para la obra de salvación. Él es nuestro Salvador. Podemos decir que el Salvador es la encarnación de Dios, Dios revestido de carne humana. Eso es la encarnación. Así pues, Dios encarnado es el Salvador descendido entre nosotros. Dios se ha encarnado dos veces para salvar a la humanidad desde que la creó. Hace 2000 años se hizo carne en el Señor Jesús y declaró en un sermón: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Expresó muchas verdades y acabó crucificado en ofrenda por el pecado de la humanidad para redimirla. Esta fue una clara demostración del amor de Dios al hombre. Gentes de todo el mundo aceptaron al Señor Jesús como su Salvador, se confesaron y arrepintieron ante Dios y Él les perdonó los pecados. Gozaron de la paz y la alegría otorgadas por Dios junto con mucha de Su gracia. Cuando el Señor Jesús concluyó Su obra de redención, profetizó en muchas ocasiones: “Yo vengo pronto” y “la venida del Hijo del Hombre”. “Porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44). Por eso todo aquel que ha aceptado al Señor Jesús como su Salvador espera que venga en los últimos días, que descienda el Salvador a salvarlo y llevarlo al reino de los cielos. El Señor Jesús profetizó: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Según Sus profecías, Dios se hará carne en el Hijo del hombre en los últimos días y expresará verdades que purificarán y salvarán plenamente a la humanidad para llevarla a un hermoso destino. Por tanto, Dios encarnado en los últimos días es el Salvador que se aparece a la humanidad. ¿Y cómo debemos recibir al Salvador? El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz” (Juan 10:27). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). El Señor Jesús nos recordó reiteradamente que la clave para recibirlo es estar atentos a la voz de Dios y aceptar las verdades expresadas por Dios a Su regreso en los últimos días. Ya tenemos los desastres ante nuestros ojos. Vemos que, en el mundo entero, solo Dios Todopoderoso ha expresado todas las verdades que salvan a la humanidad y que, aparte de Dios Todopoderoso, nadie ha declarado ninguna verdad. Esto demuestra que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús, el Salvador venido a salvar a la humanidad en los últimos días. Esta es una buena nueva formidable. El único modo de cambiar nuestro destino es aceptar la salvación del Salvador y las verdades expresadas por Dios.

Dios Todopoderoso dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios Todopoderoso ha expresado muchas verdades, reunidas en libros de las palabras de Dios como La Palabra manifestada en carne; millones de palabras en total. Todas son verdades expresadas por Dios para Su obra del juicio en los últimos días y vienen a ser muchísimas más que las verdades que Él expresó en la Era de la Ley y en la Era de la Gracia. Dios Todopoderoso ha revelado los misterios de Su plan de gestión para salvar a la humanidad, ha revelado todos los misterios de la Biblia que la gente jamás ha entendido, la verdad de la corrupción satánica de la humanidad y nuestra naturaleza satánica antiDios. Así podemos reconocer la raíz de nuestra pecaminosidad y la verdad de nuestra corrupción. Todo el mundo se convence plenamente ante la realidad y comienza a odiarse, lamentarse y arrepentirse de veras. Dios también expresa toda verdad que la gente ha de practicar y en la que ha de entrar para que vivamos según Sus palabras y vivamos con auténtica semejanza humana y a semejanza de la verdad. Solo así podemos recibir las promesas y bendiciones de Dios. Dios Todopoderoso ha expresado muchas verdades, todas ellas para purificar la corrupción de la humanidad y salvarnos de las fuerzas satánicas, de modo que nos volvamos a Dios y lo conozcamos. Estas verdades son los únicos axiomas verdaderos de vida y las únicas enseñanzas para salvarnos, suficientes para cambiar radicalmente el sino de una persona de forma que pueda acceder a un hermoso destino: el reino de Dios. Ya han comenzado los grandes desastres. Aceptar la aparición y obra del Salvador es la única vía para que se cumpla su buena esperanza. Aceptar toda verdad expresada por Dios Todopoderoso es la única vía para recibir la aprobación de Dios, para recibir Su protección y Sus bendiciones en los grandes desastres, para sobrevivir a ellos y ser llevado por Él a Su reino. Si la gente no acepta toda verdad expresada por el Salvador, sino que espera que venga un falso dios de su imaginación, o un espíritu maligno, y la salve del desastre, esa es una mera ilusión. Terminará con las manos vacías, sin obtener nada de sus esfuerzos. Los falsos dioses y los espíritus malignos no salvan a la gente. Solo Dios en la carne, el Salvador, puede salvar a la humanidad y solo así puede la gente conseguir un buen sino y un buen destino. Dios Todopoderoso dice: “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Los que quieren obtener la vida sin confiar en la verdad de la que Cristo habló son las personas más absurdas de la tierra, y los que no aceptan el camino de la vida que Cristo trajo están perdidos en la fantasía. Y así digo que aquellos que no aceptan al Cristo de los últimos días Dios los detestará para siempre. Cristo es la puerta para que el hombre entre al reino durante los últimos días, y no hay nadie que pueda evitarle. Nadie puede ser perfeccionado por Dios excepto por medio de Cristo. Tú crees en Dios y por tanto debes aceptar Sus palabras y obedecer Su camino. No puedes simplemente pensar en obtener bendiciones sin ser capaz de recibir la verdad o de aceptar la provisión de la vida. Cristo viene en los últimos días para que a todos los que verdaderamente creen en Él les pueda proveer la vida. Su obra es en aras de concluir la era antigua y entrar en la nueva, y Su obra es el camino que deben tomar todos los que entrarán en la nueva era. Si no eres capaz de reconocerlo y en cambio lo condenas, blasfemas y hasta lo persigues, entonces estás destinado a arder por toda la eternidad y nunca entrarás en el reino de Dios. Porque este Cristo es Él mismo la expresión del Espíritu Santo, la expresión de Dios, Aquel a quien Dios le ha confiado hacer Su obra en la tierra. Y por eso digo que si no puedes aceptar todo lo que el Cristo de los últimos días hace, entonces blasfemas contra el Espíritu Santo. La retribución que deben sufrir los que blasfeman contra el Espíritu Santo es obvia para todos” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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