Si el Señor nos perdona los pecados, ¿nos llevará directos a Su reino cuando regrese?

1 Oct 2021

Los desastres no hacen más que aumentar y todos los creyentes aguardan impacientes la venida del Salvador, anhelando ascender al cielo mientras duermen para reunirse con el Señor y escapar al sufrimiento de los crecientes desastres actuales. ¿Por qué esperan tan confiados que descienda el Señor Jesús a arrebatarlos para reunirse con Él? Creen que, como se les han perdonado los pecados por su fe en el Señor Jesús, Este ya no los considera pecadores, tienen cuanto necesitan y el Señor los llevará directos al reino cuando regrese. Pero muchos están confundidos: si ya han llegado los grandes desastres, ¿por qué aún no ha venido el Señor? Muchos ya se preguntan si el Señor va a venir realmente. Si no, ¿acaso no podrían caer en el desastre y morir en cualquier momento? En la actualidad, muchos pastores afirman que el Señor vendrá en mitad o al final de los desastres, pues no conocen otra forma de explicarlo. Sin embargo, ¿es correcto esto? Si el mundo religioso no ha recibido al Señor, ¿significa eso que no ha venido? Todos sabemos que el Señor prometió arrebatar la iglesia de Filadelfia antes de los desastres y protegerla de sufrir en ellos. ¿De verdad incumpliría Su promesa? De ninguna manera. Cierto, el Señor no ha venido en una nube a ascender a los creyentes al cielo como imaginaba la gente, pero todos sabemos que el Relámpago Oriental da constante testimonio de que ya ha regresado como Dios Todopoderoso, que expresa muchas verdades y realiza la obra del juicio, la cual comienza por la casa de Dios. Gente de todas las denominaciones que ama la verdad ha oído la voz de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso, se ha vuelto a Él, es llevada ante el trono de Dios, come y bebe de Sus palabras cada día y asiste al banquete del Cordero. Ha vivido el juicio y la purificación de Dios Todopoderoso y da rotundo testimonio. Vive en presencia de Dios, alabándolo con gozo. En comparación con el eterno estado de miedo del mundo religioso a los desastres, esto es justo lo contrario. Muchos creyentes piensan: “Dios Todopoderoso, de quien da testimonio el Relámpago Oriental, ¿es el regreso del Señor? ¿Realmente va a realizar el Señor una etapa de la obra del juicio en los últimos días?”. Sin embargo, muchos aún dudan: “El Señor ya me ha perdonado los pecados y no me considera pecador. Debería llevarme directo al cielo a Su regreso. ¿Por qué no habría de arrebatarme a mí y habría de realizar una etapa de la obra del juicio en los últimos días?”. Hoy vamos a analizar un poco este tema. ¿Implica el perdón de los pecados que podamos entrar en el reino?

Veamos en primer lugar si tiene fundamento bíblico la idea de que aquellos que han sido perdonados pueden entrar directamente al reino. ¿Ratifican esto las palabras del Señor? ¿Cuándo dijo el Señor Jesús que aquellos a quienes perdone los pecados podrán entrar directamente al reino de los cielos? Tampoco declaró el Espíritu Santo que así se pudiera entrar directamente en el reino. Sin fundamento bíblico ni palabras del Señor como prueba, ¿por qué tiene la gente la certeza de que el Señor la arrebatará a Su llegada? No tiene ninguna lógica. El Señor expuso claramente quiénes pueden entrar en el reino de los cielos: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). Así, podemos dar por seguro que el mero perdón no es suficiente para entrar en el reino. ¿Por qué no es suficiente? Sobre todo, porque el perdón de los pecados no implica que te hayas purificado, que te sometas a Dios ni que cumplas Su voluntad. Es evidente para todos que incluso creyentes a quienes se les perdonan los pecados mienten, engañan y son torcidos y falsos a cada rato. En cuanto tienen algo de conocimiento bíblico, son arrogantes y no escuchan. Luchan por el poder y el lucro y viven en pecado, del que no pueden librarse. Esto muestra claramente que, pese a recibir el perdón, la gente sigue siendo inmunda y corrupta y peca todo el tiempo. No solo no acepta la verdad ni se somete a ella, sino que juzga y se opone a Dios; igual que los fariseos, condenan, juzgan y blasfeman contra el Señor y hasta lo vuelven a crucificar. Esto demuestra que, aunque a la humanidad se le perdonen los pecados, aún somos inmundos y corruptos y nuestra esencia corrupta va contra Dios. Según las palabras de Dios, “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). “La santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Así pues, los que viven en pecado no son dignos del reino, no cabe ninguna duda, lo cual viene determinado exclusivamente por el carácter justo y santo de Dios. ¿Qué creyente se atrevería a argüir que está libre de pecado, que ya no peca y ha alcanzado la santidad? Ni uno. Ni siquiera las grandes figuras espirituales famosas, autoras de tantas obras espirituales, se atreverían a decir que han rechazado el pecado y son santas. En realidad, todos los creyentes son iguales: viven en un estado de pecar de día y confesar de noche, luchando amargamente en el pecado. Todos experimentan el brutal dolor de verse atrapados en las ataduras del pecado. ¿Qué demuestra esto? que aquellos a quienes se les perdonan los pecados no han escapado a él ni son santos, por lo que podemos afirmar con certeza que no son dignos del reino de los cielos. Como manifestó el Señor Jesús, “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35). Vemos que no hay fundamento bíblico para la entrada en el reino por el perdón de los pecados, sino que es una mera noción humana.

Ahora, la primera pregunta en que piensan muchos es: Si así no entramos en el reino de los cielos, ¿cómo entraremos? ¿Cuál es la senda hacia el reino? El Señor Jesús dijo: “Sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). Sin duda, esto es lo que se requiere. Entonces, ¿cómo podemos hacer la voluntad de Dios y entrar en el reino? Realmente, hace mucho que el Señor Jesús nos señaló la senda. Para entenderlo mejor, consideremos las profecías del Señor Jesús. El Señor Jesús dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). El Señor Jesús profetizó muchas veces Su regreso y estos versículos son Sus profecías de la obra que haría entonces: expresar muchas verdades para realizar la obra del juicio, introducir a la gente en todas las verdades, salvar plenamente a la humanidad del pecado y de las fuerzas satánicas y, en último término, llevarnos a Su reino para tener un hermoso destino. Por eso es imprescindible que aceptemos la obra de juicio del Señor a Su regreso. Mientras no recibamos la verdad, no podemos purificarnos de toda corrupción ni corregir nuestra naturaleza pecaminosa. Solo así podemos rechazar el pecado, ser santos y ser dignos de entrar en el reino de Dios. Se ha de purificar nuestro carácter corrupto para corregir por completo nuestra naturaleza pecaminosa. Tenemos que rechazar nuestro carácter corrupto para librarnos de las fuerzas satánicas, someternos a Dios y hacer Su voluntad. Si no, no tendremos derecho al reino. Por tanto, es seguro que solo los purificados por el juicio y castigo de Dios en los últimos días pueden convertirse en hacedores de Su voluntad. Esto demuestra que aceptar el juicio y la purificación de Dios en los últimos días es la única senda de entrada al reino. Leamos unos pasajes de las palabras de Dios al respecto. “Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras. El Señor Jesús realizó la obra redentora en la Era de la Gracia para perdonar los pecados del hombre, y únicamente consumó media obra de salvación. Solo la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días puede purificarnos y salvarnos plenamente. La gente debe aceptar las verdades de Dios Todopoderoso, Su juicio y castigo para que su corrupción sea purificada y transformada y sean personas obedientes a Dios, hacedoras de Su voluntad y dignas de Su reino. Es decir, tendrán pasaporte de entrada al reino de los cielos. Podemos afirmar que la obra de juicio de Dios Todopoderoso es el paso más crucial e importante de la obra de Dios para salvar a la humanidad, el paso que decidirá la entrada de una persona en el reino. Perderte el principal paso, perderte el juicio de Dios Todopoderoso y la purificación es un fracaso total en tu fe. Por mucho tiempo que lleves creyendo, por mucho que hayas trabajado o hayas abandonado, si rechazas a Dios Todopoderoso, habrá sido en vano, una renuncia a medias. No entrarás en el reino. ¡Lo lamentarás de por vida!

¿Y cómo obra Dios para juzgar, purificar y salvar a la humanidad a fin de introducirnos en Su reino? Leamos unas palabras de Dios Todopoderoso. “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Todo aquel que ha vivido el juicio y castigo de Dios entiende en profundidad que, si las palabras de Dios no expusieran nuestra corrupción y esencia, no veríamos hasta qué punto estamos corrompidos, la gravedad de nuestra corrupción. Sin el juicio, el castigo, la poda, el trato y la disciplina de Dios nunca rechazaríamos nuestro carácter corrupto e incluso batallaríamos para conocernos verdaderamente. No es de extrañar que tantos creyentes no puedan evitar pecar y confesar siempre, una y otra vez, sin comprender que su pecado radica exclusivamente en su honda corrupción satánica. Siguen creyendo erradamente que pueden ascender directos al cielo por haber sido perdonados. Esto es auténtica ceguera y necedad y una total ausencia de autoconocimiento. El arrepentimiento sincero solamente proviene del juicio y castigo de Dios Todopoderoso y solo tememos a Dios y nos apartamos del mal al conocer el carácter justo de Dios. Es entonces cuando podemos adorar a Dios, someternos a Él y ser hacedores de Su voluntad. Esto solo lo puedes saber realmente tras vivir el juicio de Dios en los últimos días y purificarte.

Creo que ya todos tenemos claro que el itinerario al reino es muy concreto, muy práctico: no se trata únicamente de recibir el perdón y aguardar a que el Señor nos arrebate para que nos lleve directos al cielo. Eso no es realista, sino una ilusión. Si queremos entrar en el reino de los cielos, lo principal es aceptar el juicio y castigo de Dios Todopoderoso para purificar nuestra corrupción y hacer la voluntad de Dios. Entonces seremos dignos de las promesas y bendiciones de Dios y nos llevará a Su reino. Si nos negamos a aceptar la obra del juicio de Dios Todopoderoso, no recibiremos la verdad y la vida ni se purificará nuestra corrupción. El mero anhelo de que el Señor nos lleve al cielo de este modo es descabellado, y esas personas son las vírgenes insensatas que caerán en los desastres, entre el llanto y el crujir de dientes. Podemos decir que aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días supone ser ascendidos ante Su trono. Aún hemos de aceptar las verdades que expresa y Su juicio y castigo, despojarnos de la corrupción y purificarnos para que, en último término, Dios nos proteja y guarde en los desastres y entremos en el hermoso destino que nos ha preparado. Decir entre dientes que aceptamos a Dios Todopoderoso sin aceptar la verdad, sin someternos a Su juicio y castigo, no es auténtica fe ni ser personas que realmente amen la verdad. La gente así acabará desenmascarada y eliminada. Terminemos con otro pasaje de Dios Todopoderoso. “Los que quieren obtener la vida sin confiar en la verdad de la que Cristo habló son las personas más absurdas de la tierra, y los que no aceptan el camino de la vida que Cristo trajo están perdidos en la fantasía. Y así digo que aquellos que no aceptan al Cristo de los últimos días Dios los detestará para siempre. Cristo es la puerta para que el hombre entre al reino durante los últimos días, y no hay nadie que pueda evitarle. Nadie puede ser perfeccionado por Dios excepto por medio de Cristo. Tú crees en Dios y por tanto debes aceptar Sus palabras y obedecer Su camino. No puedes simplemente pensar en obtener bendiciones sin ser capaz de recibir la verdad o de aceptar la provisión de la vida. Cristo viene en los últimos días para que a todos los que verdaderamente creen en Él les pueda proveer la vida. Su obra es en aras de concluir la era antigua y entrar en la nueva, y Su obra es el camino que deben tomar todos los que entrarán en la nueva era. Si no eres capaz de reconocerlo y en cambio lo condenas, blasfemas y hasta lo persigues, entonces estás destinado a arder por toda la eternidad y nunca entrarás en el reino de Dios. Porque este Cristo es Él mismo la expresión del Espíritu Santo, la expresión de Dios, Aquel a quien Dios le ha confiado hacer Su obra en la tierra. Y por eso digo que si no puedes aceptar todo lo que el Cristo de los últimos días hace, entonces blasfemas contra el Espíritu Santo. La retribución que deben sufrir los que blasfeman contra el Espíritu Santo es obvia para todos” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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