Las consecuencias de confiar en alguien ciegamente

23 Oct 2022

Por Li Shuang, Filipinas

En noviembre de 2020, algunos hermanos y hermanas acusaron a mi compañera, la hermana Wang, de no hacer trabajo práctico y de ser una falsa líder. Nuestro superior confirmó que era cierto después de verificarlo y la destituyó. Después, me preguntó: “Eras su compañera. ¿Sabías que la hermana Wang no hacía trabajo práctico?”. Vacilé y no pude explicar con claridad, por lo que trató conmigo por solo concentrarme en mi propio trabajo en mi deber e ignorar otro trabajo, por ser egoísta, despreciable e irresponsable. Después, los demás dijeron que yo protegí a la hermana Wang y que la encubrí. Al enfrentar tal entorno, supe que de seguro había lecciones que yo debía aprender, por lo que empecé a hacer introspección. Antes de que destituyeran a la hermana Wang, yo había recibido un informe que la acusaba. La carta, firmada por los evangelizadores, denunciaba que ella no hacía trabajo práctico, que no enseñaba la verdad para solucionar las cosas cuando los evangelizadores tenían dificultades, y que apenas les preguntaba por el progreso del trabajo. Además, casi nunca preguntaba por el estado de los hermanos y hermanas que cumplían sus funciones, y cuando lo hacía, solo actuaba por inercia. En las reuniones, cuando los hermanos y hermanas le hacían preguntas, ella solo decía unas palabras superficiales y no solucionaba los problemas reales… En el momento, no lo creí. ¿Cómo podía ser que la hermana Wang no hiciera trabajo práctico? Ella era responsable del trabajo de evangelización y también del trabajo de video. Creí que estaría ocupada haciendo seguimiento del trabajo de video, por lo que no tendría tiempo para solucionar los problemas de los hermanos y hermanas evangelizadores. La hermana Wang era responsable de muchos aspectos del trabajo, pensé que era normal que no pudiera lidiar bien con cada tarea. Cuando nuestro superior venía a averiguar sobre el progreso del trabajo, ella respondía con fluidez. ¿Cómo podía dominar estas situaciones si no hacía trabajo práctico? ¿Sería posible que no trataran a la hermana Wang correctamente y que no consideraran sus dificultades? Además, ella no era superhumana. No podía hacer todo bien. No podían culparla por todo. Cuando lo pensé así, no tomé en serio la denuncia. Solo le hablé a la supervisora de evangelización sobre la situación. Después, ella me dijo que el contenido de la carta era básicamente cierto, pero yo aún no lo tomé en serio. Sentía que no había líderes u obreros sin desviaciones o deficiencias en su trabajo. No era un gran problema, por lo que no había necesidad de tratarlo como si lo fuera, y lo dejé así. Pensarlo ahora da miedo. Tras recibir la denuncia, ¿por qué no investigué y verifiqué en detalle? No hablé con mis colaboradores sobre cómo manejarlo ni se lo conté a mi superior. Solo guardé la carta en silencio. ¿No era eso encubrir a la hermana Wang? Cuanto más lo pensaba, más triste me sentía. También me pregunté: ¿Por qué no tenía principios en mis acciones? En un asunto tan serio como que los hermanos y hermanas denuncien a un falso líder, ¿cómo pude dejarlo pasar tan fácil? ¿Por qué estaba tan segura de que la hermana Wang podía hacer trabajo práctico? ¿En qué me basaba?

Después, tras leer un pasaje de las palabras de Dios, gané un poco de entendimiento sobre este tema. “¿Cómo se puede juzgar si un líder cumple con sus responsabilidades o si es un falso líder? Lo fundamental es observar si sabe hacer un trabajo real, si tiene o no este calibre. En segundo lugar, hay que ver si de verdad hace trabajo real. Ignora lo que dicen sus bocas y el tipo de comprensión de la verdad que tienen; cuando hacen un trabajo superficial, no te centres en si tienen calibre, si tienen talento y dones, si hacen bien este trabajo o no; estas cosas no son importantes. Lo fundamental es si son capaces de llevar a cabo correctamente el trabajo más fundamental de la iglesia, si son capaces de resolver problemas utilizando la verdad, si pueden conducir a la gente a la realidad de la verdad. Este trabajo es el más crucial y esencial. Si son incapaces de hacer este trabajo real, no importa lo bueno que sea su calibre, el talento que tengan, lo capaces que sean de soportar las dificultades y pagar un precio, no dejan de ser falsos líderes. Algunas personas dicen: ‘Olvida que no han hecho ningún trabajo real. Tienen un buen calibre y son capaces. Entrénalos durante un tiempo y seguro que son capaces de hacer un trabajo real. Además, no han hecho nada malo, ni han cometido ninguna maldad, ni han causado interrupciones e interferencias; ¿cómo puedes decir que son falsos líderes?’. ¿Cómo explicar esto? Olvídate de cuánto talento tienes, de tu nivel de aptitud o de lo culto que eres; lo que importa es si haces o no un trabajo real y si cumples, o no, con las responsabilidades de un líder. Durante tu época de líder, ¿participaste en cada trabajo específico de tu ámbito de responsabilidad? ¿Cuántos problemas surgidos en el trabajo resolviste de manera efectiva? Gracias a tu trabajo, liderazgo y orientación, ¿cuánta gente logró entender los principios de la verdad y hasta qué punto avanzó y recibió impulso la labor de la iglesia? Esto es lo que importa. Olvida cuántos mantras eres capaz de repetir, cuántas letras y doctrinas has dominado, olvida cuántas horas te afanas al día, lo agotado que estás y cuánto tiempo has pasado de viaje, cuántas iglesias has visitado, cuántos riesgos has corrido, cuánto has sufrido: olvida todo esto. Basta con que te fijes en la eficacia del trabajo dentro de tu ámbito de responsabilidades, en si ha conseguido algún resultado, en cuántos de los arreglos de la casa de Dios y de los objetivos que se supone que debes alcanzar has conseguido, cuántos de ellos has llevado a buen término, cómo de bien lo has llevado a cabo, lo bien que se han continuado, cuántas cuestiones relacionadas con problemas de descuidos, alteraciones o violaciones de los principios que aparecieron en el trabajo resolviste, rectificaste y compensaste, y cuántos problemas relacionados con RRHH, administración o diversas tareas especializadas ayudaste a resolver, y si lo hiciste de acuerdo con los principios y los requisitos de la casa de Dios, etcétera. Todos estos son estándares por los que se puede probar si un líder u obrero está cumpliendo con sus responsabilidades” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Tras contemplar las palabras de Dios, entendí que para evaluar sin un líder está calificado, el principio más importante es ver si puede hacer trabajo práctico, si en verdad hace trabajo práctico, si su trabajo puede brindar una senda a la gente y si puede solucionar los problemas prácticos en la entrada en la vida de otras personas y en sus deberes. Si no pueden hacerlo, no importa cuánta aptitud y cuántos dones tenga, o lo bien que pueda hablar, es un falso líder y debe ser destituido. Al ver a la hermana Wang, aunque había hecho algo de trabajo práctico en el pasado, cuando su carga laboral aumentó, empezó a satisfacer la carne y anhelar comodidad. Nunca guiaba el trabajo de los hermanos y hermanas en realidad, y aunque a veces preguntaba por el trabajo, solo lo hacía por inercia. No se concentraba en hallar problemas, solo preguntaba por el progreso del trabajo, entonces, cuando había problemas y desviaciones en el trabajo de los hermanos y hermanas, ella no los entendía para nada. Cuando tenían dificultades y negatividad en sus deberes, ella casi nunca ofrecía ayuda o enseñanza, lo que afectaba directamente la obra evangelizadora. Cuando algunos hermanos y hermanas revelaron actitudes corruptas y buscaron su ayuda, ella dio respuestas superficiales, no le importaron su problemas, ni intentó solucionarlos, y ellos nunca ganaron nada gracias a ella. Con base en la conducta de la hermana Wang, ella solo quería hacer las cosas que la hacían ver bien. Pero cuando tenía que sufrir, pagar un precio y solucionar problemas reales, evitaba las cosas. En verdad no hacía trabajo práctico. La juzgué con base en mis evaluaciones e impresiones previas de ella. Vivía con nociones e imaginaciones. Era muy insensata.

Después, hice introspección y me pregunté por qué podía creer tanto en mí misma y en la hermana Wang. ¿Cuál era la raíz de este problema? Leí un pasaje de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Los falsos líderes no se ocupan de los supervisores que no hacen un trabajo real o que ignoran sus responsabilidades. Piensan que basta con elegir a un supervisor para que todo vaya bien; a partir de ese momento, el supervisor se encargará de todos los asuntos del trabajo, y lo único que tienen que hacer es celebrar una reunión muy de vez en cuando, no tendrán que prestar atención al trabajo ni preguntar cómo va, pueden mantenerse al margen. Si alguien informa de un problema con un supervisor, el falso líder dirá: ‘Es un problema menor, no pasa nada. Podéis ocuparos vosotros mismos. No me preguntéis a mí’. La persona que informa del problema dice: ‘Ese supervisor es un comilón perezoso. No hace más que comer y entretenerse; es un tremendo holgazán. No quiere sufrir ni la más mínima dificultad en el deber, y siempre encuentra la manera de engañar y poner excusas para eludir su trabajo y sus responsabilidades. No es idóneo para ser supervisor’. El falso líder responde: ‘Cuando lo eligieron supervisor no había problema. Lo que dices no es cierto, y si lo es, es solo algo temporal’. El falso líder no intenta averiguar más sobre la situación del supervisor, sino que juzga y valora el asunto según sus impresiones anteriores de la persona. Más allá de quién informe de problemas relacionados con el supervisor, el falso líder los ignora. El supervisor está con el agua hasta el cuello, no es lo suficientemente competente para completar su trabajo y ya está a punto de estropearlo todo, pero al falso líder no le importa. Ya es bastante malo que cuando alguien informa de los problemas del supervisor, este haga la vista gorda. ¿Pero qué es lo más despreciable de todo? Cuando la gente les habla sobre los problemas graves que tiene el supervisor, no trata de resolverlos, e incluso viene con todo tipo de excusas: ‘Conozco a este supervisor, cree de verdad en Dios, nunca tendría problemas. Incluso si los tuviera, Dios lo protegería y lo disciplinaría. Si comete algún error, eso queda entre él y Dios; no tenemos de qué preocuparnos’. Así es como trabajan los falsos líderes: según sus propias nociones e imaginaciones. Pretenden entender la verdad y tener fe, y el resultado es que destrozan el trabajo de la iglesia o incluso lo paralizan, al tiempo que fingen ignorancia. ¿Acaso no son meros chupatintas? Los falsos líderes son incapaces de hacer un trabajo real, ni abordan el trabajo de los líderes de grupo y supervisores con seriedad alguna. Su visión de las personas solo se basa en sus propias impresiones e imaginaciones. Al ver que alguien se comporta bien durante un tiempo, creen que esta persona será buena para siempre, que no va a cambiar; no creen a nadie que diga que existe un problema con esta persona y lo ignoran cuando alguien señala algo sobre esa persona. […] Los falsos líderes son demasiado engreídos, ¿no es así? Piensan: ‘No estaba equivocado cuando noté a esta persona. Nada podría salir mal; desde luego no es alguien que pierda el tiempo, que le guste divertirse y odie el trabajo duro. Es totalmente fiable y de confianza. No va a cambiar; si lo hiciera, eso significaría que me he equivocado con él, ¿no?’. ¿Qué clase de lógica es esta? ¿Acaso eres un experto? ¿Tienes visión de rayos X? ¿Esta es tu habilidad especial? Podrías vivir con esta persona durante uno o dos años, pero ¿serías capaz de ver quién es en realidad sin un entorno adecuado que deje su naturaleza y esencia totalmente al descubierto? Si no fueran expuestos por Dios, podrías vivir junto a ellos durante tres o incluso cinco años, y seguirías teniendo dificultades para ver qué tipo de naturaleza y esencia tienen. ¿Y cuánta más verdad hay en esto cuando rara vez los ves o estás con ellos? Confías alegremente en ellos basándote en una impresión fugaz o en la valoración positiva de alguien, y te atreves a confiar el trabajo de la iglesia en gente así. ¿Acaso no estás siendo extremadamente ciego? ¿Acaso no estás siendo impetuoso? Y cuando trabajan así, ¿acaso no son los falsos líderes extremadamente irresponsables?” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Gracias a la palabra de Dios, vi que los falsos líderes suelen jugar a la gente según sus nociones e imaginaciones. Confían en la gente con base solo en su conducta temporaria, y luego tan solo les delegan el trabajo de la iglesia y empiezan a abandonarlo, y, mientras tanto, nunca buscan los principios de la verdad ni escuchan a otros que denuncian problemas. Solo creen en sí mismos y se aferran a sus propias opiniones. Son arrogantes en extremo y completamente irresponsables. ¿Mi conducta no era, acaso, igual a la que Dios revelaba? Pensaba que la hermana Wang era responsable de muchas tareas y estaba ocupada todos los días, pero podía responder con facilidad cuando nuestro superior preguntaba por el trabajo, por lo que decidí que ella estaba haciendo trabajo práctico. Cuando los hermanos y hermanas la denunciaron, yo no lo tomé en serio. Sentí que le exigían demasiado y la culpaban por todo. Después, supe que la hermana Wang sí había dado señales de no hacer trabajo práctico, pero pensé: “Nadie es perfecto, debe haber buenas razones por las que algunos trabajos no se hicieron bien, no es un problema grave”. Debido a mi arrogancia, santurronería y confianza en mí misma, el problema de la hermana Wang no se solucionó en mucho tiempo, lo que dificultó la obra de la iglesia y dañó la entrada en la vida de los hermanos y hermanas. Cuando vi que Dios revelaba que los falsos líderes son engreídos y juzgan a los demás según sus nociones, quedé desconsolada. En verdad yo era muy arrogante. Carecía de las realidades de la verdad, no podía discernir a la gente y, además, no podía ver la esencia de la gente. Lo que es más, nunca supervisé ni inspeccioné de verdad el trabajo de la hermana Wang, cómo implementaba o hacía seguimiento de las varias tareas de la iglesia, si se solucionaban los problemas reales, o si se hacía trabajo práctico. No sabía nada sobre estas cosas, y casi nunca preguntaba sobre ellas. ¿Cómo podía confiar en ella tan precipitadamente? Incluso cuando le pedí a mi amiga que me ayudara a comprar algunas cosas, no me sentí segura. Me preocupaba que, cuando ella me ayudaba a elegir los productos, no verificaba con cuidado la calidad de los mismos. ¿Y si compraba productos defectuosos que no duraban mucho? Por eso, le hice incontables advertencias. Cuando trajo las cosas, igual las revisé con cuidado. Si no eran adecuadas, quería devolverlas pronto para evitar sufrir pérdidas. Cuando se trataba de mis intereses personales, no me animaba a confiar en nadie a la ligera. Pero en el asunto importante de que mis hermanos y hermanas denunciaran a una falsa líder, creí a ciegas en la hermana Wang con base en mi impresión temporaria de ella. No presté nada de atención a su trabajo ni me tomé en serio cuando alguien la acusó. Era demasiado irresponsable con la obra de la iglesia. Si hubiera sido responsable y hubiera llevado una carga con la obra de la iglesia, habría supervisado e inspeccionado el trabajo de la hermana Wang en lugar de solo escuchar las cosas buenas que ella decía, de confiar en ella a ciegas y de ignorar la carta de denuncia. Durante este proceso, ni siquiera tuve una actitud de buscar la verdad. Fue muy arrogante e irracional de mi parte creer solo en mi propia opinión. Trataba la obra de la iglesia con demasiada irresponsabilidad.

Después, leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Si, en el fondo, realmente comprendes la verdad, sabrás cómo practicarla y obedecer a Dios y, naturalmente, te embarcarás en la senda de búsqueda de la verdad. Si la senda por la que vas es la correcta y conforme a la voluntad de Dios, la obra del Espíritu Santo no te abandonará, en cuyo caso serán cada vez menores las posibilidades de que traiciones a Dios. Sin la verdad es fácil hacer el mal, y no podrás evitar hacerlo. Por ejemplo, si tienes un carácter arrogante y engreído, que se te diga que no te opongas a Dios no sirve de nada, no puedes evitarlo, escapa a tu control. No lo haces intencionalmente, sino que esto lo dirige tu naturaleza arrogante y engreída. Tu arrogancia y engreimiento te harían despreciar a Dios y verlo como algo insignificante; harían que te ensalzaras a ti mismo, que te exhibieras constantemente; te harían despreciar a los demás, no dejarían a nadie en tu corazón más que a ti mismo; te quitarían el lugar que ocupa Dios en tu corazón, y finalmente harían que te sentaras en el lugar de Dios y exigieras que la gente se sometiera a ti y harían que veneraras tus propios pensamientos, ideas y nociones como la verdad. ¡Cuántas cosas malas hacen las personas bajo el dominio de esta naturaleza arrogante y engreída!” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter). Tras leer las palabras de Dios, me sentí muy avergonzada. Era la persona arrogante revelada en las palabras de Dios. Al lidiar con denuncias, una persona racional con un corazón temerosos de Dios tendría cuidado, analizaría el problema desde una perspectiva justa, no confiaría apresuradamente en ninguno de los dos lados ni decidiría arbitrariamente. Controlaría y verificaría el problema expuesto por los hermanos y hermanas, y luego lidiaría con las cosas de acuerdo con los principios. Pero después de recibir la denuncia, yo no busqué los principios para lidiar con denuncias ni investigué los detalles de si lo denunciado era cierto. En cambio, me puse del lado de la hermana Wang y juzgué a quienes habían escrito la carta de denuncia. Incluso cuando la supervisora supo que los problemas denunciados eran ciertos, y cuando los hechos quedaron expuestos frente a mí, los ignoré y desprecié lo que otros habían verificado. Era de verdad arrogante y terca. No tenía nada de temor de Dios. Creía demasiado en mí misma y me apresuré a ignorar la carta sin verificarla ni lidiar con ella. ¿No era eso ponerse del lado de una falsa líder para protegerla? Mis hermanos y hermanas habían tenido el valor de denunciar a una falsa líder. Tenían sentido de la justicia y protegían la obra de la iglesia. Como líder, yo debería haberlos apoyado y verificado la denuncia de acuerdo con los principios, y si se decidía que la hermana Wang era una falsa líder, debería haberme apresurado a transferirla o destituirla. Pero yo consideré que esta denuncia legítima era exigirles demasiado a los líderes y obreros. En esencia, estaba protegiendo a una falsa líder. ¿No es lo mismo que cuando los funcionarios del gran dragón rojo se protegen mutuamente? En el mundo exterior, donde mandan y deciden los funcionarios, la gente común no tiene derecho a hablar. Ni siquiera se atreve a decirles “no” a los líderes, por miedo a que les dificulten las cosas. En casos graves, incluso torturan a la gente. Pero en la casa de Dios, la verdad reina, y Dios es quien tiene el poder. La casa de Dios trata a la gente de acuerdo con los principios. No importa el estatus de una persona, si no hace trabajo práctico o no practica la verdad, la iglesia va a verificarlo, investigarlo y tratar el asunto de acuerdo con los principios. Esto muestra la justicia de Dios, que es completamente diferente al mundo exterior. Pero yo, como líder, no traté ni resolví la denuncia tras recibirla. En cambio, por mi arrogancia, defendí a quien quise y no tuve los principios de la verdad. Era la conducta de una falsa líder. Ese pensamiento me hizo temblar de miedo. Como yo había actuado sin principios, los hermanos y hermanas habían vivido bajo una falsa líder, sus situaciones y dificultades no pudieron ser resueltas, y ellos vivían en dolor y oscuridad. ¿No estaba yo perjudicando a mis hermanos y hermanas? ¡Era de verdad detestable! Fui ante Dios y oré: “Dios, ya no quiero hacer más las cosas según mi propia voluntad. Por favor, guíame para corregir mi carácter arrogante”.

Después, busqué en las palabras de Dios una senda de práctica para corregir mi carácter arrogante. En las palabras de Dios leí: “¿Cómo debes reflexionar sobre ti mismo e intentar conocerte, cuando has hecho algo que vulnera los principios de la verdad y es desagradable para Dios? Cuando estabas a punto de hacer eso, ¿le oraste? ¿Consideraste alguna vez: ‘¿Hacer las cosas de este modo concuerda con la verdad? ¿Cómo vería Dios este asunto si fuera llevado ante Él? ¿Se alegraría o se irritaría si se enterara? ¿Abominaría de ello o le repugnaría?’? No lo buscaste, ¿verdad? Incluso si te lo recordaran, seguirías pensando que el asunto no tenía importancia, no iba en contra de ningún principio ni era pecado. Como resultado, ofendiste el carácter de Dios y lo enfureciste, hasta el punto de despreciarte. Esto lo causa la rebeldía de la gente. Por lo tanto, deberías buscar la verdad en todas las cosas. Eso es lo que debes seguir. Si puedes presentarte con seriedad ante Dios para orar de antemano, y luego buscar la verdad según Sus palabras, no te equivocarás. Tal vez haya algunas anomalías en tu práctica de la verdad, pero eso es difícil de evitar, y serás capaz de practicar correctamente tras adquirir cierta experiencia. Sin embargo, si sabes actuar de acuerdo con la verdad pero no la practicas, el problema es que esta te desagrada. Quienes no aman la verdad jamás la buscan, sin importar lo que les suceda. Los que aman la verdad son los únicos que tienen un corazón temeroso de Dios, y cuando suceden cosas que no comprenden, son capaces de buscar la verdad. Si no puedes captar la voluntad de Dios y no sabes practicar, deberías buscar la verdad a través de la comunión con alguien que la entienda. Si no encuentras a alguien que comprenda la verdad, deberías buscar a algunas personas con quienes orar juntos a Dios en unión de mente y espíritu, buscar a partir de Dios, aguardar Su momento, y esperar a que Él os abra un camino. Siempre y cuando todos anhelen la verdad, la busquen y compartan sobre ella juntos, quizá llegue el momento en que a alguno de vosotros se le ocurra una buena solución. Si a todos os parece que la solución es adecuada y es un buen camino, entonces eso tal vez haya sido gracias al esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo. Si, entonces, seguís compartiendo juntos a fin de descubrir una senda de práctica más correcta, sin duda concordará con los principios de la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios señalaron la senda de práctica. Para cumplir nuestro deber de acuerdo con la voluntad de Dios, debemos tener un corazón que tema a Dios. Cuando hacemos las cosas, debemos poder buscar y descifrar si hay una base en la palabra de Dios, si está de acuerdo con los principios y cuál es la voluntad de Dios. Así, si nos examinamos seguido, podemos evitar ir por nuestro propio camino y hacer cosas que perturben la obra de la iglesia. Además, debemos poder negarnos a nosotros mismos y escuchar las sugerencias de nuestros hermanos y hermanas con una mente abierta. Sobre todo en cosas que no están claras para nosotros y que involucren trabajos de la iglesia importantes, debemos buscar y hablar con colaboradores, y actuar con principios tras llegar al consenso. Si creemos ciegamente en nosotros mismos y hacemos lo que queremos, es fácil hacer cosas que ofendan a Dios. Gracias a este fracaso, vi que no tenía realidades de la verdad y que no podía discernir a la gente. Cuando me sucedieron cosas después, no me atreví a insistir ciegamente con mi propia opinión y pude negarme conscientemente y buscar los principios de la verdad.

Más adelante, empecé a regar a los nuevos fieles y fui responsable del trabajo de un grupo. Una vez, la líder me pidió que monitoreara e inspeccionara el trabajo de algunos hermanos y hermanas. Conocía a toda esa gente, y todos eran bastante centrados, por lo que pensé que tal vez no necesitaba investigar muy a menudo y que no debería haber ningún problema grave. Pero después pensé: “No he investigado ni hecho seguimiento del trabajo, pero estoy segura de que no habrá problemas. ¿No es eso todavía cumplir mi deber según mi carácter arrogante?”. Después, tras investigar de verdad, descubrí que aún había varios problemas y desviaciones en el trabajo, y, gracias a la enseñanza y resolución de problemas, el trabajo mejoró de a poco. Esto me hizo ver que solo si no confío en mi carácter arrogante y puedo buscar los principios de la verdad en todas las cosas, puedo lograr resultados en mi deber.

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