Consecuencias de fingir que entiendo las cosas

18 Feb 2025

Por Su Yu, China

Hago videos en la iglesia. Cuando recién empecé a practicar, buscaba ayuda siempre que no comprendía algo. Más adelante, fui poco a poco captando algunos principios e incluso hice algunos videos de manera independiente. Todo el mundo decía que estaba progresando rápido y el supervisor también dijo que mis videos eran muy innovadores y reflexivos. Oír esto me hizo sentir muy orgullosa de mí misma y pensé que tenía algunos dones y fortalezas en la producción de video. Después de eso, casi nunca pedía ayuda a los demás cuando hacía los videos, y la mayor parte del tiempo, intentaba pensar y resolver los problemas por mí misma. Una vez, estaba haciendo un video un poco complejo y estaba un poco perdida, así que pensé en pedirle a la líder de equipo que me diese uno más sencillo. Pero luego pensé: “Dado que yo elegí este video, si voy y le digo a la líder de equipo que no puedo hacerlo, ¿me menospreciará? Olvídalo, puede que este video sea complicado, pero, si trabajo duro, quizás pueda lograr hacerlo”. Así que no dije nada, bajé la cabeza y seguí investigando y haciendo lluvia de ideas por mi cuenta. Pero, después de mucho pensar, seguía sin tener ni idea de cómo hacerlo y pensé en pedirle a alguien que le echase un vistazo y me ayudase, pero luego pensé: “Ya llevo un tiempo en práctica. Si sigo pidiendo ayuda a otros, ¿no pensarán que me falta calibre? No, seguiré intentando descifrar esto yo sola”. En ese momento, la líder de equipo me preguntó: “¿Cómo va ese video? Si tienes problemas, puedes cambiar a uno más fácil”. Pensé para mí: “No puedo cambiar ahora. Si lo hiciese, ¿no parecería una incompetente?”. Así que puse cara de tranquilidad y dije: “Estoy descifrando cómo hacerlo. No necesito cambiar”. Tras decir esto, me sentí intranquila por dentro. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a este video y seguía sin tener idea de cómo abordarlo. Sobrepasaba mis capacidades y me di cuenta de que seguir intentándolo y obligándome a resolverlo no era una solución, pero, aun así, no se lo dije a la líder de equipo. Pasados dos o tres días, aún no había hecho ningún progreso con el video, así que no tuve más remedio que pedirle ayuda a alguien finalmente. Poco después, empecé a trabajar en un video en un formato nuevo. Aunque ya había hablado con todo el mundo del enfoque, seguía encontrándome con dificultades durante el proceso de producción y pensé en hablar de ello otra vez con la líder de equipo. Pero luego pensé: “Ya hemos hablado de esto. Si pregunto otra vez, ¿acaso la líder de equipo no pensará que me falta calibre y que necesito que me digan las cosas varias veces y solo para hacer un video?”. Para evitar que todo el mundo viera que había cosas que no comprendía o que no podía hacer en el proceso de producción, fingí saber lo que hacía y simplemente seguí trabajando en mi computadora, pero, tras pasar varios días con eso, seguía sin poder terminar el video y, al final, tuve que pedirle ayuda a la líder de equipo. Estos dos errores me hicieron sentir profundamente avergonzada, pero no hice autorreflexión y seguí poniéndome una máscara y, en consecuencia, mi deber no produjo resultados. Me volví negativa y me juzgaba pensando que me faltaba calibre y que no estaba hecha para la producción de video. Me sentí muy reprimida y dolida. A veces, quería hablar con alguien sobre mi estado, pero me daba miedo que, si los demás veían mis debilidades y defectos, me menospreciasen, así que no quise abrirme.

Una vez, la líder de equipo me dio una sugerencia y dijo: “No hablas sobre tu entendimiento vivencial de las palabras de Dios durante las reuniones ni tampoco sobre tu corrupción o tus defectos, o sobre cómo vives las dificultades de tu deber. Parece que solo dices palabras y doctrinas para presumir”. Vi que la líder de equipo me había calado al detalle y me sentí muy avergonzada. Me puse colorada y bajé la cabeza sin decir palabra. Más adelante, la líder de equipo me envió un pasaje de las palabras de Dios para ayudarme. Dios dice: “Las propias personas son seres creados. ¿Pueden los seres creados alcanzar la omnipotencia? ¿Pueden alcanzar la perfección y la impecabilidad? ¿Pueden alcanzar la destreza en todo, llegar a entenderlo todo, ver la esencia de todo y ser capaces de cualquier cosa? No pueden. Sin embargo, dentro de los humanos hay un carácter corrupto y una debilidad fatal. En cuanto aprenden una habilidad o profesión, las personas sienten que son capaces, que tienen estatus y valor, que son profesionales. Sin importar lo mediocres que sean, quieren presentarse como figuras famosas o excepcionales, convertirse en una celebridad de poca importancia, y hacer creer a la gente que son perfectos y sin ningún defecto. A ojos de los demás, desean hacerse famosos, poderosos o figuras importantes y quieren volverse imponentes, capaces de cualquier cosa y sin que haya nada que no puedan lograr. Creen que si pidieran ayuda parecerían incapaces, débiles e inferiores y la gente los despreciaría. Por eso siempre quieren mantener las apariencias. Algunos, cuando se les pide que hagan algo, dicen que saben hacerlo, cuando en realidad no saben. Después, a escondidas, lo consultan e intentan aprender a hacerlo, pero, tras estudiarlo varios días, siguen sin entender cómo llevarlo a cabo. Cuando se les pregunta cómo lo llevan, dicen: ‘¡Pronto, pronto!’. Pero en su corazón piensan: ‘Todavía no lo entiendo, no tengo ni idea, no sé qué hacer. No puedo delatarme, he de seguir fingiendo, no puedo dejar que la gente vea mis fallos y mi ignorancia. No puedo dejar que me menosprecien’. ¿De qué problema se trata? Intentar guardar las apariencias a toda costa es vivir un infierno. ¿Qué tipo de carácter es este? La arrogancia de estas personas no tiene límite, han perdido toda razón. No quieren ser como los demás, no quieren ser gente corriente, gente normal, sino superhumanos, personas excepcionales, peces gordos. ¡Este es un problema descomunal! En cuanto a las debilidades, deficiencias, ignorancia, estupidez y falta de entendimiento dentro de la humanidad normal, lo ocultan todo y no dejan que otras personas lo vean y siguen disfrazándose(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios). Tras leer las palabras de Dios, comprendí que los humanos son seres creados y que todos tenemos muchos defectos y deficiencias. Da igual lo competente que sea una persona, es imposible poder encargarse de todo y hacerlo todo bien. No ser capaz de abordar los defectos y deficiencias de uno de manera correcta y, en vez de eso, disfrazarse constantemente es completamente ridículo, ignorante, arrogante e irracional. Recordé que, cuando estaba empezando a practicar la producción de video y aún no había captado bien los principios, era normal que no fuese capaz de hacer videos complejos. Pero no reconocí la limitación de mis propias habilidades y, tras hacer unos cuantos videos, cuando los hermanos y hermanas me elogiaron y me animaron un poco, comencé a pensar que tenía buen calibre, que era competente y que tenía habilidades profesionales. Cuando me topaba con cosas que no podía hacer o comprender, dejaba de buscar ayuda y simplemente me ocultaba y disfrazaba con temor a que, si los demás veían mis defectos, cambiarían la buena impresión que tenían de mí. La líder de equipo se dio cuenta de mis esfuerzos y se ofreció activamente a ayudarme, pero seguí poniéndome una máscara y rechacé su ayuda. Prefería seguir investigando furtivamente por mí misma y perder el tiempo en vez de abrirme y expresar mis dificultades. En consecuencia, retrasé el progreso del video. Lo mismo me pasó al hacer un video en un formato nuevo. Aunque, claramente no tenía ni idea de qué hacer, fingí deliberadamente estar trabajando en ello para engañar a los demás. Perdí mucho tiempo, y el video seguía sin hacerse. Para mantener la buena imagen que los demás tenían de mí, encubrí mis dificultades y defectos y no permití que nadie los viera. Incluso cuando me sentía negativa, no permitía que nadie lo supiese. Seguía queriendo disfrazarme como alguien que podía hacerlo todo y que superaba a cualquiera en cualquier cosa. ¡Era tan arrogante y carecía totalmente de conciencia de mí misma! Pero no era capaz de dilucidar este asunto y, simplemente, seguía disfrazándome. Cuando me topaba con problemas o dificultades, no me abría para buscar ayuda y, por ello, los problemas se quedaban sin solucionar, lo cual no solo afectaba mi propio estado, sino también la producción de video, que se retrasaba. Cuando pensé en esto, ¡me di cuenta de lo necia que era! Entonces, recordé las palabras de Dios: “Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, — tus dificultades—, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tres advertencias). A partir de las palabras de Dios, comprendí que no disfrazarse, ser sencillo, abierto y honesto y abrirse sobre la corrupción, las dificultades y las deficiencias propias durante las charlas, a fin de buscar la verdad, son las marcas de una persona inteligente, y solo estas personas pueden comprender la verdad y alcanzar la liberación. Pero, claramente, me faltaba mucho en muchas áreas y tenía muchas dificultades en lo que respectaba a hacer videos, particularmente en nuevos formatos, pero ni siquiera tenía el valor de decir algo tan sencillo como: “No puedo hacerlo” o “No lo entiendo”. En vez de eso, hacía lo posible por ocultarme y disfrazarme y temía que, si los demás me veían como realmente era, me menospreciasen, lo cual me hacía la vida agotadora y difícil. Me disfrazaba todo el tiempo y pensaba que estaba siendo inteligente y que podía engañar a los demás, pero, en realidad, todo el mundo veía ya mis capacidades reales y no solo no conseguí quedar bien, sino que me puse aún más en ridículo. Al ocultarme y disfrazarme así y no atreverme a abrir mi corazón y a buscar una charla, no podía recibir el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo y las dificultades de mi trabajo no se podían resolver, lo cual solamente obstaculizó la obra de la iglesia y provocó pérdidas. Tras comprender estas cosas, me abrí a mis hermanos y hermanas durante una charla y expuse mi corrupción y deficiencias y, en vez de menospreciarme, todos hablaron conmigo y me ayudaron. Me sentí tan avergonzada e incómoda. Después de esto, cuando me topaba con tareas de producción de video que no podía gestionar, buscaba ayuda activamente de los hermanos y hermanas. Tras practicar así un tiempo, hice algunos progresos en mis habilidades técnicas y me volví más eficiente en mis deberes. ¡Le estaba tan agradecida a Dios!

Más adelante, la iglesia me asignó la responsabilidad de regar a los recién llegados. Tras un periodo de práctica, captaba algunos principios y era capaz de resolver los problemas y las dificultades de los recién llegados. Los hermanos y hermanas comentaron que era diligente, responsable y capaz de soportar dificultades en mis deberes. Al oír a todo el mundo elogiándome, me sentí muy feliz y pensaba que me estaba yendo bastante bien y, sin siquiera darme cuenta, comencé a disfrazarme de nuevo. Una noche, no podía entender algunas de las preguntas de unos cuantos recién llegados y, tras meditarlas durante un buen rato y seguir sin poder resolverlas, quería irme a la cama. Justo entonces, la hermana Zhang Jing, que estaba colaborando conmigo, me preguntó: “¿Sigues levantada a estas horas? ¿Necesitas ayuda?”. Pensé en que Zhang Jing llevaba mucho tiempo regando a los recién llegados y que tenía cierta experiencia con el trabajo, así que quise hablar con ella. Pero luego pensé: “Si le sigo preguntando todo, ¿acaso no pensará que soy tan incompetente que no puedo ni resolver este problema? ¿No me menospreciará? De eso nada; lo resolveré yo sola. Así, seguirá teniendo una buena impresión de mí como alguien que está dispuesta a quedarse despierta hasta tarde, soportar dificultades y pagar un precio”. Así que, reuní energías y le dije que podía gestionarlo sola y que se fuese a la cama. Esa noche, me quedé despierta hasta las 2 de la mañana y seguía sin poder resolver algunos de los problemas. No solo perdí el tiempo, sino que también retrasé el trabajo y sentí una indescriptible sensación de represión e incomodidad dentro de mí. También estaba bastante enfadada conmigo misma y pensaba: “¿Por qué no puedo ser honesta y decir que necesito ayuda? ¿Por qué me molesto en ir de dura y fingir que puedo hacerlo todo?”. Pero seguía sin hacer autorreflexión. Más adelante, el alcance de mis responsabilidades aumentó y los problemas y dificultades con los que me encontré en mi trabajo fueron creciendo con este, pero mi comprensión de la verdad era superficial y tenía dificultades para ver los problemas con claridad y resolverlos. A veces, el estado de los regadores era malo, y no estaban logrando resultados en sus deberes, y yo no sabía cómo resolver sus problemas. Para evitar que los demás viesen mis deficiencias y defectos, meditaba las cosas todo el tiempo conmigo misma y, cuando había un problema que de verdad no podía solucionar, me volvía tan negativa que lloraba a escondidas. Pero incluso así, seguía abriéndome camino. Durante una revisión de trabajo, vi que los resultados de los que yo era responsable eran muy malos, que muchos antiguos problemas no se habían resuelto y que habían surgido otros nuevos. En ese momento, no me pude aguantar más y rompí a llorar. Ahogándome, le conté todo sobre mi estado a Zhang Jing. Para mi sorpresa, me dijo: “Siempre pensé que te estaba yendo bastante bien, pero, si no hubieras hablado hoy, no habría sabido que tenías tantas dificultades”. Me sentí muy avergonzada porque esta era la fachada que me había creado disfrazándome y engañando a los demás. Durante los días siguientes, a menudo me preguntaba: “¿Por qué siempre que me topo con dificultades soy reacia a abrirme y a hablar con los demás? ¿Por qué siempre estoy tan dispuesta a ocultarme y a disfrazarme?”.

Más adelante, leí las palabras de Dios: “Independientemente del contexto, sea cual sea el deber que desempeñe, el anticristo tratará de dar la impresión de que no es débil, de que siempre es fuerte, que está lleno de fe y que nunca es negativo, de modo que las personas nunca vean su verdadera estatura o su auténtica actitud hacia Dios. En realidad, en el fondo de su corazón, ¿de verdad creen que no hay nada que no puedan hacer? ¿De verdad piensan que no tienen debilidad, negatividad ni revelaciones de corrupción? Por supuesto que no. Se les da bien fingir, son expertos en ocultar cosas. Les gusta mostrar a la gente su lado fuerte y espléndido, no quieren que perciban su lado débil y verdadero. Su propósito es obvio, sencillamente mantener su vanidad y orgullo, proteger el lugar que ocupan en el corazón de las personas. Piensan que si se abren a los demás sobre su propia negatividad y debilidad, si revelan su lado rebelde y corrupto, esto supondrá un daño grave para su estatus y reputación, causará más problemas de los necesarios. Así que prefieren morir antes que admitir que por momentos son débiles, rebeldes y negativos. Y si llega un día en el que todo el mundo percibe su lado débil y rebelde, cuando vean que son corruptos y que no han cambiado en absoluto, seguirán fingiendo. Consideran que si admiten que tienen un carácter corrupto, que son personas normales e insignificantes, perderán entonces su lugar en el corazón de los demás, la idolatría y adoración de todos, y así habrán fracasado por completo. Por eso, pase lo que pase, no se abrirán a la gente. En ningún caso entregarán a nadie su poder y su estatus. En cambio, se esfuerzan al máximo por competir y nunca se darán por vencidos. […] Los que se creen impecables y santos son impostores. ¿Por qué digo que todos ellos son impostores? Decidme, ¿hay alguien impecable entre la humanidad corrupta? ¿Existe alguien que sea realmente santo? (No). En absoluto. ¿Cómo puede el hombre lograr la impecabilidad cuando está tan hondamente corrompido por Satanás y, además, no posee la verdad en forma innata? Solo Dios es santo; toda la humanidad corrupta es impura. Si alguien se hiciera pasar por un santo y afirmara ser impecable, ¿qué sería esa persona? Sería un diablo, un Satanás, un arcángel; sería un auténtico anticristo. Solo un anticristo afirmaría ser impecable y santo(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (X)). Las palabras de Dios ponen al descubierto que, a fin de mantener su estatus y su imagen en los corazones de los demás, los anticristos suelen disfrazarse y encubrir sus deficiencias y defectos, y fingen ser personas sin corrupción ni fallas, capaces de todo, lo que hace que los demás los admiren y adoren. Reflexioné sobre mi propio comportamiento. Cuando obtenía algunos resultados en mis deberes, sentía que era mejor que los demás y, para mantener mi buena imagen en los corazones de los demás y hacerles pensar que mi calibre era bueno, que tenía capacidades de trabajo y que me admirasen, no buscaba ayuda. En vez de eso, lo intentaba todo para ocultar y encubrir las cosas siempre que me topaba con dificultades y problemas en el trabajo, cuando quedaba claro que me faltaba experiencia y que no podía ver las cosas con claridad ni resolverlas. Cuando otras personas se ofrecían activamente a ayudarme, me daba miedo que mis debilidades y defectos quedasen al descubierto, así que optaba por quedarme despierta hasta tarde en lugar de aceptar la ayuda. Incluso me ponía una máscara para parecer que estaba dispuesta a soportar dificultades sin quejarme y los demás creyesen que era leal en mis deberes y capaz de soportar dificultades y pagar un precio. Pero, al final, terminaba atormentándome hasta el punto de sentirme reprimida y dolida, lloraba en secreto y no me atrevía a hablar porque me daba miedo que los hermanos y hermanas viesen mi estatura real y ya no me admirasen. Era realmente una hipócrita y una falsa. Al echar la vista atrás, la iglesia nunca me había exigido ser capaz de descifrarlo todo ni de resolver cada dificultad que surgiese en mis deberes. Estaba, sencillamente, siendo una hipócrita y fingiendo ser siempre fuerte, envaneciéndome a detrimento propio y fingiendo que entendía las cosas cuando, en realidad, no era así. Me estaba arrojando a mí misma a los leones y, en consecuencia, retrasé la obra de la iglesia y me causé muchísimo sufrimiento. Como siempre me disfracé de alguien activo y positivo frente a los demás, a algunos hermanos y hermanas los desorientó mi fingimiento y pensaron que podía soportar dificultades, que tenía capacidades de trabajo y me tenían en alta estima. Una hermana me dijo: “Debe ser difícil llevar una carga tan pesada tú sola; quiero aprender de ti”. La hermana me tenía en un pedestal solo porque siempre me había disfrazado y nunca había expuesto mis debilidades o dificultades. Había sido demasiado buena a la hora de desorientar y engañar a los demás, lo cual no solo hacía daño al resto, ¡sino también a mí! Sentí repugnancia por mis acciones y mi conducta con todo mi corazón y ya no quería seguir disfrazándome ni yendo por la senda incorrecta, así que oré a Dios en arrepentimiento y busqué una senda de práctica.

Luego, leí más de Sus palabras: “Debes buscar la verdad para resolver cualquier problema que surja, sea el que sea, y bajo ningún concepto simular o dar una imagen falsa ante los demás. Tus defectos, carencias, fallos y actitudes corruptas… sé totalmente abierto acerca de todos ellos y compártelos. No te los guardes dentro. Aprender a abrirse es el primer paso para la entrada en la vida y el primer obstáculo, el más difícil de superar. Una vez que lo has superado, es fácil entrar en la verdad. ¿Qué significa dar este paso? Significa que estás abriendo tu corazón y mostrando todo lo que tienes, bueno o malo, positivo o negativo; que te estás descubriendo ante los demás y ante Dios; que no le estás ocultando nada a Dios ni estás disimulando ni disfrazando nada, libre de mentiras y falsedades, y que estás siendo igualmente sincero y honesto con otras personas. De esta manera, vives en la luz y no solo Dios te escrutará, sino que otras personas podrán comprobar que actúas con principios y cierto grado de transparencia. No necesitas ningún método para proteger tu reputación, imagen y estatus, ni necesitas encubrir o disfrazar tus errores. No es necesario que hagas estos esfuerzos inútiles. Si puedes dejar de lado estas cosas, estarás muy relajado, vivirás sin limitaciones ni dolor y completamente en la luz(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Así pues, no importa cuál sea tu estado, si eres negativo o estás en dificultades, no importan tus propias motivaciones o planes personales, lo que has llegado a saber o de lo que te has dado cuenta mediante el análisis, debes aprender a abrirte y a compartir, y mientras lo haces, el Espíritu Santo obra. ¿Y cómo obra el Espíritu Santo? Él te da esclarecimiento e iluminación y te permite ver la gravedad del problema, te hace consciente de la raíz y la esencia de este, hace que comprendas la verdad y Sus intenciones poco a poco y te permite descubrir la senda de práctica y entrar en la realidad-verdad. Cuando una persona puede compartir abiertamente, eso significa que tiene una actitud honesta hacia la verdad. Que una persona tenga honestidad se determina según su actitud hacia la verdad(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios señalaban una senda de práctica que implicaba dejar a un lado el orgullo, ser una persona honesta, aprender a abrirse activamente sobre las dificultades y los defectos, poder mostrarle a Dios y a los demás nuestro verdadero ser, no participar en engaños o encubrimientos y ser real y honesto. Una persona honesta puede abrir su corazón a Dios y quiere sinceramente buscar la verdad para resolver sus problemas y dificultades, lo cual le facilita recibir el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo, a fin de comprender la verdad y entrar en la realidad. Al darme cuenta de esto, oré a Dios en mi corazón y decidí que, en el futuro, tenía que practicar según las palabras de Dios, desprenderme del orgullo, abrirme y exponerme a los demás y ser una persona sencilla y honesta.

Más adelante, cuando me volví a topar con problemas en mi trabajo que no comprendía o que no podía resolver, o cuando tenía un determinado estado que no sabía solucionar, oraba a Dios conscientemente y me abría a buscar ayuda de mis hermanos y hermanas. Una vez, un recién llegado hizo una pregunta y, aunque tenía algunas ideas, no tenía claros los pormenores de cómo debería hablar de la solución, así que pensé en debatirlo con Zhang Jing, pero luego dudé y pensé: “Llevo ya un tiempo regando a los recién llegados. ¿Qué pensará de mí si sigo yendo a ella con este tipo de preguntas? Olvídalo, no le pregunto. Lo averiguaré yo misma”. En este momento, me di cuenta de que estaba otra vez tentada a disfrazarme. Pensé en cómo, en el pasado, me había disfrazado y ocultado vez tras vez, lo cual no solo me dejó ahogándome en la represión y el dolor, sino que también provocó pérdidas a la obra, así que me di cuenta de que no podía fingir más. Tenía que abrirme y comunicarme con los demás sobre las cosas que no comprendía o que no tenía claras. Así que oré en silencio a Dios en mi corazón y le pedí orientación para practicar ser una persona honesta según Sus palabras. Luego, hablé sobre mis dificultades y las posibles soluciones con Zhang Jing y me señaló que el pasaje de las palabras de Dios que había citado no era adecuado, y también me dijo cómo hablar y resolver este tipo de problema. Siguiendo el consejo de Zhang Jing, busqué de nuevo las palabras pertinentes de Dios. Tras hablar con el recién llegado, su confusión se solucionó, y me sentí realmente en paz. Entonces, me di cuenta de que practicar las palabras de Dios trae una sensación de tranquilidad y liberación.

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