Reflexiones sobre el fingimiento

27 Mar 2025

Por Su Kai, China

El 6 de marzo de 2023, la líder programó una reunión con varios compañeros, incluyéndome a mí. Por lo general, esperaba con ganas estas reuniones, pues pensaba que todos podíamos compartir nuestra comprensión y entendimiento de las palabras de Dios, intercambiar experiencias y hablar sobre los problemas y dificultades que habíamos encontrado en nuestro trabajo. Así, aprendíamos de las fortalezas de otros para compensar nuestros defectos, lo cual era genial. Pero esta vez me sentía algo preocupada. Pensaba que en los últimos dos meses la líder había señalado varios problemas en mi trabajo. Por ejemplo, que el progreso del trabajo evangélico era lento, que no había sido capaz de cultivar con prontitud a las personas identificadas como talentosas, e incluso que mi forma de compartir en las reuniones era exaltarme y hacer alarde de mí misma, y que estaba recorriendo la senda de un anticristo. Pensé: “Si en esta reunión la líder me pregunta cómo he estado viviendo estas experiencias, de qué manera he corregido estas desviaciones, practicado y entrado en la verdad, y suponiendo que no pueda decir nada, ¿pensará que no estoy haciendo bien mi trabajo y que mi entrada en la vida es pobre? ¿Cómo me verán ella y mis compañeros?”. Al pensar en esto, me puse muy nerviosa, así que comencé a pensar en qué tareas no había hecho seguimiento o controlado. Pensé que necesitaba entenderlo todo con claridad rápidamente antes de la reunión. Además, la última vez, la líder había señalado mi problema de exaltarme y alardear de mí misma. Aunque sí leí algunas de las palabras de Dios después, no me centré en la autorreflexión ni en la entrada. Me pregunté: “Si no puedo compartir una comprensión genuina, ¿dirá la líder que, incluso cuando me podan, no me enfoco en la autorreflexión y que no soy alguien que persigue la verdad? Será mejor que vuelva a leer los pasajes de las palabras de Dios que leí antes, los medite y me esfuerce por expresar algunas ideas profundas. Así, la líder podrá ver que, aunque tengo muchos problemas en el desempeño de mi deber y revelo actitudes corruptas, aún puedo buscar la verdad, practicarla y entrar en ella, al menos hasta cierto punto. Así, la líder recuperará la imagen que tenía de mí”.

El día de la reunión, la líder comenzó, como de costumbre, hablando con nosotros sobre nuestros estados. Pensé: “Que los compañeros hablen primero. Así podré escuchar qué experiencias y entendimiento han obtenido. Podré conseguir algo de esclarecimiento a partir de lo que ellos compartan y también aprovechar para reflexionar más sobre mi propia experiencia y entendimiento”. Al escuchar lo prácticas que eran las palabras que compartían mis compañeros, empecé a sentirme un poco nerviosa y pensé: “Si no comparto bien, la impresión que la líder tiene de mí solo empeorará”. Este pensamiento me impidió calmarme, y comencé a reflexionar sobre cómo podía expresarme con mayor claridad y profundidad durante mi charla. Pero, por más que reflexionara, mi comprensión seguía siendo tan superficial como antes, lo que me hizo sentir un poco desanimada, me dije: “Olvídalo. Simplemente compartiré lo que entienda”. Pero luego pensé: “Ya le he dado una mala impresión a la líder. Si escucha lo superficial que es mi entendimiento, ¿pensará que no estoy haciendo bien mi trabajo, que no tengo entrada en la vida y que debería estar bajo observación o incluso ser despedida? Si me despiden, ¿cómo me verán mis hermanos y hermanas? No, tengo que mostrarme mejor”. Cuando llegó mi turno de compartir mi estado y entendimiento, quería mostrar una comprensión profunda, pero, cuanto más hablaba, más confusa sonaba. Cuando terminé de hablar, la líder dijo: “Tras escuchar todo lo que has compartido, sigo sin saber cuál es tu estado principal”. Un compañero dijo también: “Suenas un poco negativa. Si de verdad tienes entendimiento y entrada, no deberías estar así”. En ese momento, sentí que me ardía la cara y deseé que me tragara la tierra. Pensé: “Genial, no solo no he logrado causar una buena impresión, sino que también me he avergonzado aún más”. Cuanto más lo pensaba, más incómoda me sentía. Solo esperaba que la reunión terminase cuanto antes. Entonces, la líder dejó de preguntarme por mi estado y quiso saber cómo había gestionado yo una carta de denuncia. Pensé: “Estoy bastante familiarizada con la situación a la que se refiere esta carta, así que puedo hablar de ese asunto para presumir un poco. Pero, como la hermana con la que trabajé también estuvo involucrada, si ella habla primero, ¿pensará la líder que fue ella quien compartió sus enseñanzas sobre la situación y la resolvió? No, tengo que hablar primero. Ya me he puesto en evidencia, así que ahora tengo que recuperar algo de prestigio”. Al pensar en esto, respondí al instante. Pero, en mi afán por lucirme, terminé expresándome con poca claridad. De hecho, fue mi compañera quien aclaró las cosas con más enseñanzas. En ese momento, me sentí fatal. Había querido tomar el mando y presumir, pero terminé avergonzándome todavía más. Esa noche, reflexioné sobre los acontecimientos del día. No podía apaciguar mi mente, daba igual cuánto lo intentara. No podía dejar de pensar en cómo recuperar el orgullo que había perdido. Pero, cuanto más me centraba en eso, más molesta me sentía y se me nublaba la mente.

A la mañana siguiente, durante mis devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Al hacer cosas y cumplir vuestros deberes, ¿examináis con frecuencia vuestro comportamiento y vuestras intenciones? (Casi nunca). Si casi nunca te examinas, ¿puedes reconocer tus actitudes corruptas? ¿Puedes entender tu verdadero estado?(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Tras leer las palabras de Dios, comencé a examinarme y me di cuenta de que mis intenciones para la reunión no habían sido las correctas. Había querido aprovechar mi turno para hablar sobre mi experiencia y entendimiento a fin de lucirme y causar una impresión en los demás. Cuanto más reflexionaba sobre mis intenciones y mi comportamiento, más sentía que mi actitud durante la reunión contenía elementos de falsedad y que me había involucrado en el engaño. Al examinar esto, comencé a sentirme en conflicto. Pensé: “¿Debería contarle a la líder mi estado de ayer en la reunión de hoy? Si lo hago, ¿cómo me verán ella y mis compañeros al saber que tuve intenciones tan despreciables durante la reunión? Pero, si no digo nada, ¿cómo me verá Dios?”. Tras mucha reflexión, decidí hablarle a la líder acerca de mi estado real del día anterior. No obstante, en ese momento hablé con ella en privado, ya que me daba mucha vergüenza expresarlo frente a mis compañeros.

Más adelante, mientras reflexionaba sobre lo que había revelado durante la reunión, pensé en el modo en que Dios expone la hipocresía de los fariseos, y encontré estas palabras de Dios: “¿Cómo se describe a los fariseos? Se trata de personas hipócritas, completamente falsas, que actúan en todo lo que hacen. ¿De qué modo actúan? Fingen ser buenas, amables y positivas. ¿Son así en realidad? En absoluto. Como son hipócritas, todo lo que se manifiesta y se revela en ellos es falso; todo es simulación: no es su verdadero rostro. ¿Dónde se oculta su verdadero rostro? Está escondido en el fondo de su corazón, para que nadie lo vea jamás. Todo lo que hay en el exterior es una actuación, es todo falso, pero solo pueden engañar a la gente, no a Dios. Si las personas no persiguen la verdad, si no practican y experimentan las palabras de Dios, entonces no pueden entender realmente la verdad, y por muy bien que suenen sus palabras, no son la realidad-verdad, sino palabras y doctrinas. Algunas personas solo se centran en repetir como loros las palabras y doctrinas, imitan a quien predica los sermones más elevados, y así, en pocos años, su recital de palabras y doctrinas se vuelve cada vez más avanzado, y son admiradas y veneradas por mucha gente, tras lo cual empiezan a camuflarse, y prestan gran atención a lo que dicen y hacen, mostrándose especialmente piadosas y espirituales. Utilizan estas llamadas teorías espirituales para camuflarse. Solo hablan de esto dondequiera que van, cosas engañosas que encajan con las nociones de la gente, pero que carecen de la realidad-verdad. Y al predicar estas cosas, que concuerdan con las nociones y gustos de la gente, desorientan a muchas personas. A otros, estas personas parecen muy devotas y humildes, pero en realidad es una falsedad; parecen tolerantes, comprensivas y cariñosas, pero en realidad, es una simulación; dicen amar a Dios, pero en realidad es una actuación. Otros creen que estas personas son santas, pero en verdad es falso. ¿Dónde puede encontrarse una persona que sea verdaderamente santa? La santidad humana es totalmente falsa. No es más que una actuación, una simulación. Por fuera, parecen leales a Dios, pero en realidad solo están actuando para que otros los vean. Cuando nadie mira, no tienen ni pizca de lealtad y todo lo que hacen es superficial. En apariencia, se esfuerzan por Dios y han abandonado a su familia y su carrera, pero ¿qué hacen en secreto? Se ocupan de su propia carrera profesional y van por su propia cuenta en la iglesia, beneficiándose de la iglesia y robando las ofrendas en secreto con el pretexto de trabajar por Dios… Estas personas son los fariseos hipócritas modernos(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Seis indicadores de crecimiento vital). Las palabras de Dios ponen de manifiesto que los fariseos son hipócritas y hábiles para disfrazarse. Sus discursos y acciones están motivados por razones y propósitos ocultos. No siguen la senda de Dios, sino que predican palabras y doctrinas para presumir de sí mismos. Aparentemente, utilizan un buen comportamiento para adornarse y disfrazarse y, por tanto, parecen humildes, cariñosos y pacientes con los demás. Incluso oran en las esquinas de las calles para que otros vean su piedad y los perciban como personas que aman a Dios. Los fariseos se disfrazan y adornan con la intención y el objetivo de desorientar a los demás y ganarse su admiración y apoyo, todo para mantener su propio estatus. Al reflexionar sobre lo que había revelado, me di cuenta de que me había comportado de manera similar a los fariseos. En la última reunión, la líder señaló los problemas que había en mi trabajo. Como estaba preocupada por la imagen negativa que la líder tenía de mí, quería desempeñarme mejor en esta reunión para recuperar mi prestigio a sus ojos. No me había ocupado correctamente de algunas tareas y no captaba los detalles. Temiendo que la líder detectara esto, tomé medidas inmediatamente para investigar los detalles y fui más diligente que de costumbre en mi trabajo y en las reuniones. Mi objetivo era hacer que la líder pensase que yo todavía podía hacer un trabajo real. Vi que mis esfuerzos por hacer seguimiento del trabajo y compartir enseñanzas para abordar los problemas no habían sido para cumplir bien con mi deber ni por ser considerada con las intenciones de Dios, sino para recuperar mi prestigio ante la líder y ganarme la admiración de mis compañeros. ¡Había sido realmente egoísta y falsa! Al reflexionar sobre mis manifestaciones en el cumplimiento de mi deber, me di cuenta de que había actuado muchas veces para proteger mi orgullo y para presentarme bien ante los demás. Incluso hubo ocasiones en las que la líder hizo seguimiento del trabajo para ver su avance, y yo aún no había hecho algunas tareas. Pero, como me preocupaba que dijera que no era eficiente, mentí y dije que ya estaba haciendo el seguimiento, y me apresuré a hacerlo después. Al pensar en lo que había revelado la mayor parte del tiempo y en mi desempeño durante la reunión, me sentí bastante molesta. Me había estado ocultando y disfrazando, y siendo hipócrita para proteger mi orgullo. ¿Qué diferencia había entre los fariseos y yo?

Más adelante, busqué algunos pasajes de las palabras de Dios que tuvieran que ver con mi estado y uno en concreto me conmovió profundamente. Dios Todopoderoso dice: “Los anticristos son muy sensibles en lo que atañe a su estatus dentro de un grupo. Cuando forman parte de uno, no creen que su edad y salud física tengan alguna importancia. Lo que creen importante es cómo los ve la mayoría; si les dedican tiempo y les reservan un hueco en su conversación y en sus acciones; si el estatus y la posición que ocupan en su corazón son elevados o son ordinarios; si los ven como superiores, o como gente corriente o como tipos nada especiales, etcétera; cómo considera la mayoría que son sus credenciales de fe en Dios; qué peso tienen sus palabras entre la gente, es decir, cuántas personas los aprueban, cuántas personas los elogian, les dan el visto bueno, los escuchan con atención y se toman a pecho lo que dicen. También, si la mayoría los ve como poseedores de una gran fe o no; si la mayoría ve cómo es su determinación para soportar sufrimiento, a cuánto han renunciado y cuánto se gastan, cómo son sus contribuciones a la casa de Dios, si el puesto que ocupan en ella es alto o bajo, qué han padecido en el pasado y qué cosas importantes han hecho. Estas son las cuestiones que más preocupan a los anticristos. […] Los anticristos centran principalmente sus esfuerzos en predicar sermones y en cómo explicar las palabras de Dios con un estilo que les permita lucirse y lograr que los demás los tengan en alta estima. Mientras realizan este esfuerzo, no buscan cómo comprender la verdad ni cómo entrar en la realidad-verdad, sino que cavilan sobre cómo recordar estas palabras, sobre cómo pueden exhibir sus puntos fuertes a un mayor número de personas en aras de que incluso más gente sepa que son sujetos extraordinarios, que no son personas corrientes, que son capaces y que están por encima de la gente ordinaria. Albergando este tipo de ideas, intenciones y puntos de vista, los anticristos viven entre las personas y hacen toda suerte de cosas. Como tienen estos puntos de vista, así como estos afanes y ambiciones, no pueden evitar engendrar buenas conductas, dichos correctos y buenas acciones, de toda condición, grandes y pequeñas(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (X)). Las palabras de Dios exponen que los anticristos cumplen sus deberes únicamente para perseguir un estatus mayor entre los demás, y su objetivo es ganar su aprobación y admiración a través de sus palabras y acciones. Para asegurar sus estatus, renuncian a las cosas y se entregan, soportan sufrimientos y pagan un precio, y participan en muchas buenas obras. Además, se esfuerzan con las palabras de Dios y se equipan con palabras y doctrinas para poder predicarlas ante otros. Al compararme con ellos, me di cuenta de que éramos iguales. Había dado prioridad a mi orgullo y mi estatus sobre todo lo demás. En cuanto mis defectos y problemas en el cumplimiento de mis deberes se vieron expuestos, intenté recuperar mi posición por todos los medios. Claramente, no me había centrado en reflexionar sobre el problema de exaltarme y alardear de mí misma, ni tampoco tenía un entendimiento real, sino que seguía intentando disfrazarme y adornarme para engañar a los hermanos y hermanas. Vi lo falsa que era. Al actuar de esta manera, en esencia, estaba engañando a Dios, algo que Él detesta y condena. Al pensar en esto, sentí algo de miedo y me di cuenta de que, si no cambiaba mi estado, Dios me desdeñaría.

Más adelante, reflexioné sobre cómo siempre quería dar una buena imagen a los demás y caí en la cuenta de que estaba gobernada por venenos satánicos como: “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. Recordé que Dios había compartido una enseñanza sobre este aspecto de la verdad recientemente, así que busqué los pasajes pertinentes de Sus palabras para leerlas. Dios Todopoderoso dice: “El objetivo de ese dicho es que las personas concedan importancia al hecho de llevar una vida alegre y colorida y de hacer cosas que las dejen en buen lugar —en vez de otras que sean malas o deshonrosas o de poner al descubierto su lado más desagradable— e impedir que vivan sin orgullo o dignidad. Por el bien de su propia reputación, orgullo y honor, uno no puede tirarse piedras en su propio tejado, y menos aún hablarle a los demás sobre su lado oscuro o sus aspectos más vergonzosos, ya que una persona debe vivir con orgullo y dignidad. Para tener dignidad se necesita una buena reputación, y para tener una buena reputación hay que aparentar y engalanarse. ¿Acaso no se contradice eso con comportarse como una persona honesta? (Sí). Cuando te comportas como una persona honesta, lo que haces se opone por completo al dicho ‘El orgullo es tan necesario para la gente como respirar’. Si quieres comportarte como una persona honesta, no le des importancia al orgullo; el orgullo de una persona no vale un céntimo. Ante la verdad, uno debe desenmascararse, no aparentar ni crear una imagen falsa. Uno debe revelar a Dios sus verdaderos pensamientos, los errores que ha cometido, los aspectos que vulneran los principios-verdad, etc., y también dejar al descubierto esas cosas ante sus hermanos y hermanas. No se trata de vivir por el bien de la propia reputación, sino más bien en aras de comportarse como una persona honesta, perseguir la verdad, ser un verdadero ser creado, satisfacer a Dios y ser salvado. No obstante, cuando no entiendes esta verdad ni las intenciones de Dios, las cosas con las que tu familia te condiciona tienden a prevalecer. Así que cuando haces algo malo, lo encubres y finges, pensando, ‘No puedo decir nada acerca de esto, y tampoco permitiré que nadie que lo sepa diga nada. Si alguno de vosotros dice algo, no dejaré que se vaya de rositas. Mi reputación es lo primero. Vivir no sirve para nada si no es por el bien de la propia reputación, ya que esta es más importante que cualquier otra cosa. Si una persona pierde su reputación, se queda sin dignidad. Así que no puedes decir las cosas como son, has de fingir y encubrirlas, de lo contrario te quedarás sin reputación ni dignidad, y tu vida carecerá de cualquier valor. Si nadie te respeta, no vales nada; eres basura sin valor’. ¿Resulta posible comportarse como una persona honesta si se practica de esta manera? ¿Es posible ser completamente franco y diseccionarse a uno mismo? (No). Obviamente, al hacerlo estás defendiendo el dicho ‘El orgullo es tan necesario para la gente como respirar’ con el que tu familia te ha condicionado(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (12)). “La familia no solo condiciona a la gente con uno o dos dichos, sino con una sarta completa de citas y aforismos bien conocidos. En tu familia, por ejemplo, ¿mencionan los ancianos y padres a menudo el dicho ‘El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela’? (Sí). Lo que quieren decir es: ‘La gente debe vivir por el bien de su reputación. Las personas no buscan otra cosa en la vida que forjarse una buena reputación entre los demás y causar una buena impresión. Dondequiera que vayas, muéstrate más generoso en las felicitaciones, las cortesías y los cumplidos, y pronuncia más palabras amables. No ofendas a nadie, y en lugar de eso realiza más buenas obras y actos amables’. Este particular efecto condicionante ejercido por la familia tiene cierto impacto en el comportamiento o los principios de conducta de las personas, lo que da lugar de manera inevitable a que concedan gran importancia a la fama y el beneficio. Es decir, otorgan gran importancia a su propia reputación, a su prestigio, a la impresión que crean en la mente de los demás y a cómo valoran estos todo lo que hacen y todas las opiniones que expresan. Al conceder gran importancia a la fama y el beneficio, sin darte cuenta le otorgas muy poca al hecho de si el deber que llevas a cabo es conforme con la verdad y los principios, y si estás satisfaciendo a Dios y cumpliendo con tu deber adecuadamente. Consideras que esas cosas tienen poca importancia y no son prioritarias, mientras que el dicho ‘El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela’, con el que tu familia te ha condicionado, se vuelve extremadamente importante para ti. […] Nada de lo que haces es en aras de practicar la verdad ni para satisfacer a Dios, sino por el bien de tu propia reputación. Así pues, en la práctica, ¿en qué se ha convertido todo lo que haces? En un acto religioso. ¿Qué ha sido de tu esencia? Te has convertido en el arquetipo de un fariseo. ¿En qué se ha convertido tu senda? En la senda de los anticristos. Así es como Dios la define. Por lo tanto, se ha manchado la esencia de todo lo que haces, ya no es la misma; no practicas ni persigues la verdad, sino que buscas la fama y el beneficio. En última instancia, en lo que respecta a Dios, el cumplimiento de tu deber es, en una palabra, inadecuado. ¿Por qué? Porque te dedicas solo a tu propia reputación, en lugar de a lo que Dios te ha encomendado o a tu deber como ser creado(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (12)). Las palabras de Dios exponían mi estado exacto. Todo ese tiempo, había estado viviendo según las filosofías y leyes satánicas de “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. Cuando era pequeña, mis padres solían decir: “La gente vive para su orgullo”. Además, con frecuencia decían cosas como: “Fíjate en el hijo de fulanito y menganita, que solo trae desgracia a sus padres”. Desde ese momento, empecé a comprender la importancia de proteger mi orgullo y de tener una buena reputación. Había aprendido que, al interactuar con los demás, debía leer sus expresiones y estados de ánimo, y adaptar mis palabras y acciones a sus preferencias. Cuando gané las alabanzas de la gente de mi entorno y labré una buena reputación al comportarme así, me identifiqué todavía más con estas filosofías y leyes satánicas, y creí que vivir así era un honor. Después de empezar a creer en Dios, también solía hablar y actuar por el bien y la protección de mi orgullo, y constantemente quería tener una buena imagen en los corazones de mis hermanos y hermanas para ganarme su admiración. En la última reunión, la líder señaló muchos de mis problemas. Para recuperar mi orgullo y demostrarle a la líder que había cambiado, seguí fingiendo y encubriéndome durante toda la reunión y fui reacia a mostrar mi verdadero estado y los defectos de mi trabajo. Aunque mis problemas quedaron expuestos y todos pudieron verme con claridad, seguí intentando encontrar maneras de recuperar el prestigio que había perdido. Perseguir el orgullo y el estatus me había hecho cada vez más hipócrita y falsa. Me centré en cómo mantener mi orgullo y estatus en cada cosa que hacía, sin considerar los intereses de la casa de Dios. Tampoco me esforcé por los principios-verdad y me faltaba un sentido de carga y responsabilidad en mis deberes. Al igual que en esta reunión, oculté mi verdadero estado y los defectos de mi trabajo. La líder no podía identificar mis problemas, así que no era capaz de ayudarme y las desviaciones y faltas en mi trabajo no se pudieron abordar a tiempo. Entonces, me di cuenta de que vivir según estos venenos satánicos y perseguir el orgullo y el estatus no es la senda correcta; solo conduce a rebelarse ante Dios, resistirse a Él y, en última instancia, al descarte. Cuando me di cuenta de esto, me volví reacia a continuar siendo corrompida y utilizada por Satanás, pues eso arruinaría mi oportunidad de ganar la verdad y la salvación. Quería poner mi orgullo y mi estatus a un lado y perseguir la honestidad como persona según las exigencias de Dios.

Luego, leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Debes buscar la verdad para resolver cualquier problema que surja, sea el que sea, y bajo ningún concepto simular o dar una imagen falsa ante los demás. Tus defectos, carencias, fallos y actitudes corruptas… sé totalmente abierto acerca de todos ellos y compártelos. No te los guardes dentro. Aprender a abrirse es el primer paso para la entrada en la vida y el primer obstáculo, el más difícil de superar. Una vez que lo has superado, es fácil entrar en la verdad. ¿Qué significa dar este paso? Significa que estás abriendo tu corazón y mostrando todo lo que tienes, bueno o malo, positivo o negativo; que te estás descubriendo ante los demás y ante Dios; que no le estás ocultando nada a Dios ni estás disimulando ni disfrazando nada, libre de mentiras y falsedades, y que estás siendo igualmente sincero y honesto con otras personas. De esta manera, vives en la luz y no solo Dios te escrutará, sino que otras personas podrán comprobar que actúas con principios y cierto grado de transparencia. No necesitas ningún método para proteger tu reputación, imagen y estatus, ni necesitas encubrir o disfrazar tus errores. No es necesario que hagas estos esfuerzos inútiles. Si puedes dejar de lado estas cosas, estarás muy relajado, vivirás sin limitaciones ni dolor y completamente en la luz(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Tras leer las palabras de Dios, comprendí que la senda para desprenderse del orgullo y el estatus comienza por ser una persona honesta. Esto significa no encubrir ni disfrazar mis defectos y mi corrupción, sino estar abierta a buscar la verdad para corregirlos. Solo de esta manera podría tener la oportunidad de despojarme de mis actitudes corruptas, corregir mis puntos de vista erróneos en la búsqueda y cumplir mis deberes para sostener los intereses de la casa de Dios.

En agosto de 2023, debido a una reasignación de deberes, comencé a trabajar con la hermana Zhang Qin para hacernos cargo de una iglesia. Al asumir este puesto, como no estaba familiarizada con parte del trabajo, realmente quería pedir ayuda a Zhang Qin. Sin embargo, me preocupaba que preguntarle expusiese mis defectos e imaginé que diría: “Ya has sido líder de iglesia antes. ¿Cómo es que parece que no sabes nada? Qué decepcionante”. Cuando revelé estos pensamientos, me guardé el problema y pensé: “Olvídalo. Lo solucionaré yo sola”. Un par de días después, seguía habiendo algunos aspectos del trabajo que no comprendía. Empecé a sentirme ansiosa y entonces me di cuenta de que mi reticencia a preguntarle a Zhang Qin era, simplemente, otra manera de proteger mi orgullo y fingir. Pensé en un pasaje de las palabras de Dios: “Primero debes pensar en los intereses de la casa de Dios, tener en cuenta las intenciones de Dios y considerar la obra de la iglesia. Coloca estas cosas antes que nada; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te consideran los demás(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). Oré en silencio, reacia a seguir viviendo por y para mi orgullo. Con respecto a esos aspectos que no comprendía o a los problemas que no captaba fácilmente, le pregunté a Zhang Qin. A través de sus enseñanzas, descubrí una senda a seguir. En colaboraciones posteriores, hubo ocasiones en las que no comprendía algunos aspectos o tenía desviaciones en mi trabajo, y, a veces, seguía queriendo decir cosas o encubrir mis defectos por el bien de mi orgullo. No obstante, al recordar que Dios ama a las personas honestas y detesta a las falsas, me di cuenta de que tenía que practicar la verdad y ser una persona honesta según las exigencias de Dios. Solo así podría despojarme de las actitudes corruptas de la falsedad e hipocresía. Teniendo esto en mente, estaba dispuesta a rebelarme contra mí misma, abrirme acerca de mis defectos y corrupciones y ya no me sentía tan constreñida o atada por las preocupaciones de proteger mi orgullo. ¡Gracias a Dios!

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