El anhelo de comodidad casi me condenó

23 Oct 2022

Por Bai Xue, Corea del Sur

Era responsable del trabajo de video de una iglesia en 2019 y también era líder de la iglesia. En ese momento, juré que cumpliría bien mi deber. Después, de verdad volqué mi corazón en mi deber y, de la hermana con la que estaba emparejada, aprendí cómo hacer el trabajo de la iglesia. Me esforzaba por asistir a cada reunión, grande y pequeña, y revisaba los videos todos los días. Todos mis días estaban realmente ocupados. Pero después de un tiempo, me cansé y, poco a poco, perdí la resolución que había tenido al principio. Sentía cada vez más resistencia a llevar una vida tan frenética. Sobre todo al repasar los videos, debía deliberar y pensar cuidadosamente, y luego ofrecer sugerencias racionales para enfrentar los problemas que encontraba. Esto me resultaba mentalmente agotador y no quería hacerlo. Después de eso, empecé a ser descuidada mientras revisaba los videos y en algunos casos, respondía después de echar un rápido vistazo. A veces, al ver claramente que había problemas, hacía la vista gorda para evitar tener que pensar en la solución, por lo que no decía nada. Cada vez me volví más descuidada en mi deber, lo que implicó que los videos iban y venían para revisiones. Se desperdiciaba mucho esfuerzo de la gente. Había consecuencias graves, pero yo no hacía introspección. Incluso sentía que no se relacionaba conmigo directamente, que se debía a que había demasiados problemas en los videos de los demás.

Una vez, hallé graves problemas con un video que tenía entre manos y que necesitaba ideas nuevas. Todos aportaban ideas de todo tipo que me mareaban. Pensar en eso era agotador, por lo que decidí dejar que trazaran un plan. Delegué las tareas con la excusa de que yo seguía el trabajo general, así justificaba el no supervisar y hacer seguimiento de las cosas. Pero como nadie había enfrentado este tipo de problemas antes, no comprendían bien algunos de los principios y no sabían cómo lidiar con un trabajo tan complejo. Debido a esto, no hubo ningún progreso, y el video terminó archivado. Mi compañera, la hermana Liu, vio que éramos ineficaces y que nuestro progreso era lento, por lo que nos dio una advertencia y nos urgió a acelerar el trabajo. Me quejé de que era demasiado dura con nosotros, y los demás hermanos y hermanas estuvieron de acuerdo, se resistieron a sus arreglos. Esto hizo que la hermana Liu se sintiera muy limitada y se volviera muy cauta cada vez que hablaba de los arreglos del trabajo con nosotros. Esto generó cada vez más retrasos, lo que demoraba nuestro progreso. En general, no me preocupaba demasiado aprender nuevas habilidades profesionales, y sentía que compaginar material de capacitación era demasiado trabajo, por lo que solía delegárselo a la hermana Liu. A veces, no participaba en la capacitación con la excusa de que estaba demasiado ocupada en mi deber. Así, me volví descuidada y negligente en mi deber. Una vez, ni siquiera me preparé con antelación para una discusión de trabajo, y eso fue una pérdida de tiempo para todos.

Entonces, un día, me caí y me torcí un tobillo al saltearme un escalón cuando bajaba unas escaleras. No reflexioné sobre por qué me había pasado eso, y solo pensé que podría descansar porque me había lastimado el tobillo. La hermana Liu me expuso y trató conmigo muchas veces, me dijo que no llevaba una carga en mi deber, lo que retrasaba el trabajo de la iglesia e impactaba negativamente en los demás. Después de su enseñanza, fui más proactiva durante unos días, y luego volví a holgazanear. No me di cuenta de lo grave que era el problema y seguía perdonándomelo, decía que solo era apenas un poco perezosa, pero no era arrogante, no limitaba ni oprimía a otros por ser autocrática, por lo que no era nada importante. De todos modos, tenía aptitud y algunas habilidades profesionales, por lo que no me destituirían. Así, ignoré las advertencias de la hermana Liu y no las tomé para nada en serio. Seguía siendo descuidada en mi deber e incluso consideraba que algunas tareas eran una carga. Que fuera tan descuidada en mi deber significaba que había que devolver y rehacer muchos videos, y pasaba mucho tiempo antes de que estuvieran terminados.

Una mañana, una líder superior vino sin avisar y dijo que nuestro deber no había estado generando resultados, y que seguían apareciendo los problemas que ya se habían mencionado. Preguntó cuál era el problema exactamente. También preguntó si éramos capaces de cumplir este deber y dijo que, si las cosas seguían así, nos destituirían. Me asusté al oír eso. Era líder de iglesia y también dirigía nuestro trabajo, por lo que era directamente responsable por el lío que era todo. Todo se debía a mis descuidos. Al pensarlo, me di cuenta de que había cometido un grave error. La líder superior pronto descubrió cómo había estado cumpliendo mi deber y me destituyó. También trató conmigo y me podó severamente. Dijo que la iglesia me había confiado un trabajo importante, pero a mí no me importó para nada cuando vi que había tantos problemas y dificultades. Solo me importaba mi propia comodidad carnal, por lo que retrasé meses el progreso de nuestros videos. ¡Dañaba la casa de Dios y carecía por completo de conciencia! La iglesia me había estado cultivando, pero a mí no me importó nada la voluntad de Dios, lo que era una gran decepción. Era líder, pero no cumplía bien con mi deber. No aprendía nada y era incapaz de progresar, y no valía la pena cultivarme. Dijo que sería descartada si no me arrepentía y cambiaba. Sus palabras fueron un fuerte golpe para mí. Mi mente quedó en blanco, y seguía preguntándome: “¿Qué he estado haciendo todos estos meses? ¿Cómo llegaron a este punto las cosas?”. Oírla decir que no valía la pena cultivarme de verdad me hizo sentir que no tenía futuro. Estaba muy triste y sentía que había perdido todas mis fuerzas. Me odié por no atesorar mi deber en primer lugar, pero ahora era demasiado tarde.

Tras ser destituida, me hundí en un estado negativo de desesperación. Sentía que todos me habían descubierto y me dejarían de lado por ser un mal ejemplo, y que Dios también me detestaría. Pensar en lo que la líder había dicho al tratar conmigo me lastimó mucho. Sentía que me habían expuesto y descartado. Fueron días muy dolorosos. Luego, un día leí un pasaje de las palabras de Dios que me conmovió mucho. Dicen las palabras de Dios: “Si te dedicas a Dios, y cumples con tu deber con sinceridad, ¿podrías seguir siendo negativo y débil cuando se te trata y poda? Entonces, ¿qué se debe hacer si eres realmente negativo y débil? (Debemos orar a Dios y depender de Él, tratar de pensar en lo que Dios pide, reflexionar sobre dónde nos hemos equivocado, qué errores hemos cometido; en los ámbitos en los que hemos fallado; ahí es donde debemos volver a remontar). Así es. Practica lo que has entendido, lo que tienes claro; no agraves tus errores, no tires la toalla, aborda estas cosas con la cabeza fría. Nadie te está poniendo las cosas difíciles a propósito; aunque las palabras utilizadas para tratarte y podarte sean un poco duras, esto se debe a que hiciste algo extremadamente molesto, infringiste los principios sin siquiera darte cuenta; ¿cómo no ibas a ser tratado en tales circunstancias? En realidad, que seas tratado de esta manera tiene como fin ayudarte, se trata de amor hacia ti, y si no puedes entender eso, es que careces de razón alguna” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Mientras leía las palabras de Dios, las lágrimas empezaron a caer por mi rostro. La líder tenía razón sobre todo lo que había dicho al tratar conmigo, y me habían criticado tan duramente porque todo lo que yo había hecho había sido muy exasperante. Pero no podía darme por vencida conmigo misma. Debía reflexionar sobre por qué había fallado, cambiar y arrepentirme. Esa era la actitud correcta. Por eso, oré y le pedí a Dios que me guiara en mi reflexión sobre este fracaso.

Un día, oí algunas palabras de Dios que exponían y analizaban a los falsos líderes y que me ayudaron a entenderme un poco. Las palabras de Dios dicen: “Los falsos líderes no hacen un trabajo real, pero saben cómo ser oficiales. ¿Qué es lo primero que hacen una vez que se convierten en líderes? Empiezan por tratar de ganarse a la gente. Adoptan el enfoque de ‘un nuevo jefe debe causar una gran impresión’. Primero hacen algunas cosas para ganarse a los demás, introducen ciertos elementos para facilitarles la vida, intentan causar una buena impresión en ellos, para mostrar a todos que están en sintonía con las masas, para que todo el mundo los elogie y diga que son como un padre para ellos, después de lo cual asumen oficialmente el cargo. Sienten que ahora que tienen el apoyo popular y su posición está asegurada, es correcto y apropiado que disfruten de las ventajas del estatus. Sus lemas son: ‘La vida es solo comer y vestirse’, ‘Aprovecha el momento, pues la vida es corta’ y ‘Vive el presente sin preocuparte por el mañana’. Disfrutan de cada día tal y como viene, se divierten todo lo que pueden y no piensan en el futuro, y mucho menos se plantean qué responsabilidades debe cumplir un líder y qué deberes ha de desempeñar. Repiten como un loro algunas palabras y frases y desempeñan algunas tareas frívolas como algo normal, pero no realizan ningún trabajo real, no intentan profundizar en los problemas reales de la iglesia para resolverlos completamente. ¿Qué sentido tiene hacer un trabajo tan superficial? ¿No es esto de lo más astuto? ¿Se pueden confiar responsabilidades serias a este tipo de falsos líderes? ¿Se ajustan a los principios y condiciones de la casa de Dios para la selección de líderes y obreros? (No). Estas personas ni siquiera tienen conciencia o razón, están desprovistas de todo sentido de la responsabilidad, y sin embargo, en su corazón, todavía desean servir en un puesto oficial como líder: ¿por qué son tan desvergonzados? Algunas personas que tienen sentido de la responsabilidad son de escaso calibre y no pueden ser líderes, y eso por no hablar de la basura humana que no tiene ningún sentido de la responsabilidad; son menos aptos aún para ser líderes. ¿Qué nivel de pereza tienen estas personas? Descubren un problema, y son conscientes de que es un problema, pero lo tratan como si nada y no le dan importancia. ¡Son tan irresponsables! Puede que sean buenos oradores y parezcan tener un poco de calibre, pero cuando surgen diversos problemas en la iglesia, son incapaces de resolverlos. No importa el tiempo que lleven trabajando, los problemas se siguen acumulando, se convierten en algo así como herencias familiares que no les conciernen, y sin embargo estos líderes siguen insistiendo en llevar a cabo algunas tareas frívolas como algo natural. ¿Y cuál es el resultado final? ¿Acaso no ensucian el trabajo de la iglesia, no lo arruinan? ¿No provocan el caos y la fragmentación en la iglesia? Este es el inevitable resultado” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). “Estos falsos líderes indolentes tratan el hecho de ser un líder u obrero como una especie de puesto cuyo fin es disfrutarlo. Consideran un estorbo o una molestia el deber que ha de ser realizado y el trabajo que se le supone a un líder. En sus corazones, rebosan de desafío hacia la obra de la casa de Dios. Si se les pide que vigilen o averigüen los problemas que se producen en el trabajo, y que después hagan un seguimiento de ellos y los resuelvan, se muestran muy reticentes. Este es el trabajo que los líderes y obreros deben hacer, es su labor. Si no lo haces, si es que no estás dispuesto a hacerlo, ¿por qué quieres seguir siendo líder u obrero? ¿Cumples con tu deber para tener en cuenta la voluntad de Dios o para disfrutar del escaparate de la oficialidad? ¿No es una desvergüenza ser un líder porque anhelas ocupar algún puesto oficial? Nadie tiene un carácter inferior al suyo, esta gente no tiene respeto por sí misma, no tiene vergüenza” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Tras leer estas palabras de Dios, de verdad sentí mucha vergüenza. Yo era exactamente ese tipo de líder perezoso. Desde el principio, sentí que la persona a cargo habla con autoridad y, además, gana la estima de los demás, por lo que me esforcé y sufrí por este estatus. Les di una falsa impresión a todos, les hice creer que podía asumir mucha responsabilidad. Cuando tuve ese puesto y los demás confiaron en mí, mostré mi verdadera esencia. Empecé a disfrutar del sentimiento de superioridad que trajo mi estatus, y cuando vi todo el trabajo y todas las dificultades, no quise molestarme. Sentí que era una carga, por lo que pensé cómo alivianar la carga y tener menos preocupaciones. Odié lo mentalmente agotador que era revisar los videos, por lo que solo hice sugerencias arbitrarias e hice que otros repitieran la edición, desperdiciando mano de obra. Cuando surgieron problemas en un video que estaba mi cargo, no me esforcé en buscar una solución, usé mi estatus para engañar y hacer que otros se ocuparan, y no hice seguimiento. Eso dejó problemas sin resolver, y no hubo progreso en nuestro trabajo. Hallé todo tipo de excusas para evitar capacitar al grupo, y lo delegué cada vez que pude. También tardé mucho en planificar trabajo urgente, y estaba llena de quejas, lo que limitaba a mi compañera. Nuestro progreso fue retrasado porque no hacía mucho trabajo a tiempo… Al pensar en todo lo que había hecho, de veras quería golpearme. Cuando tuve algo de estatus, solo anhelaba comodidad, y siempre era traicionera y evasiva. Consideraba mi trabajo como un juego de niños y no tenía nada de responsabilidad. No resolvía los problemas de inmediato y permanecía indiferente cuando veía que la obra de la iglesia sufría. ¿Acaso mis acciones eran diferentes de las de los funcionarios del Partido Comunista? Usan todo tipo de tácticas para obtener estatus y no resuelven los problemas de la gente común. Solo quieren comer y beber, y usar su poder para obtener ganancia personal. Es malvado y desvergonzado. Yo era exactamente así. La iglesia me dio un trabajo muy importante, pero a mí solo me importaban la comodidad carnal y el confort. Carecía de humanidad, no hacía nada de trabajo real. Descuidé mi deber y retrasé mucho la obra de la iglesia. Era egoísta y vil, carecía totalmente de humanidad. Entonces vi claramente lo perezosa, egoísta y despreciable que era. Había hecho trampa para llegar a mi puesto, pero no hacía nada de obra práctica. Tenía poco calibre y no era confiable. De verdad no tenía sentido de moralidad. Pensar en esto me hizo doler el corazón. Oré: “Dios, carezco de humanidad. Acepté este deber, pero no hice mi trabajo adecuadamente, lo que retrasó la obra de la iglesia. Dios, que me destituyeran fue Tu justicia. Quiero arrepentirme y cambiar, por favor, guíame para que me conozca”.

Cuando reflexionaba, recordé que los demás me habían hablado de esto muchas veces, e incluso me habían advertido y habían tratado conmigo, pero no lo había tomado en serio. Sentía que ser perezosa y preocuparse por las comodidades carnales no era un problema tan grave, y que no dañaba ni limitaba a nadie. Como tenía aptitud y conocía el trabajo, pensé que la iglesia no me destituiría por ser perezosa. No me di cuenta de que eran solo mis nociones e imaginaciones hasta que leí las palabras de Dios. Las palabras de Dios dicen: “¿Quién tiene el problema más grave: la gente perezosa o la de poco calibre? (La gente perezosa). ¿Por qué tiene un problema grave la gente perezosa? (Las personas con poco calibre no pueden ser líderes ni obreros, pero pueden ser en cierto modo eficaces cuando realizan una tarea que se ajusta a sus capacidades. Las personas perezosas no pueden hacer nada; aunque tengan calibre, no hacen nada con él). Las personas perezosas no son capaces de hacer nada. En una palabra, son basura. Son inferiores, deficientes. Por muy bueno que sea el calibre de los perezosos, no es más que una fachada; su buen calibre no sirve para nada. Esto se debe a que son demasiado perezosos, saben lo que deben hacer, pero no lo hacen; cuando tienen conocimiento de que algo es un problema, no buscan una solución; saben qué dificultades deben sufrir para que el trabajo sea efectivo, pero no están dispuestos a soportar ese valioso sufrimiento. A consecuencia de ello, no obtienen ninguna verdad ni realizan ningún trabajo real. No desean soportar las penurias que les toca soportar; solo conocen el ansia de comodidad, el disfrute de la carne, el de los tiempos de alegría y ocio, el disfrute de la libertad, el de una vida relajada y feliz. ¿Acaso no son unos inútiles? ¿Qué otra cosa pueden hacer esas personas? ¿Acaso no existe un problema con su carácter moral? Creo que este tipo de personas está por debajo de las que son de escaso calibre y, sin embargo, están dispuestas a pagar un precio. Al menos, en función de su calibre y sus puntos fuertes, las personas de escaso calibre tienen una utilidad; encárgales una tarea que esté a la altura de sus capacidades y podrán hacerla, se ceñirán y se dedicarán a ella. Pero el tipo de persona que no hace un verdadero trabajo no solo es incapaz de cumplir con su deber correctamente, sino que incluso su servicio no tes de una calidad razonable, son una basura, no hay nadie peor que ellos” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). “Cómo consideras las comisiones de Dios es de extrema importancia y un asunto muy serio. Si no puedes llevar a cabo lo que Dios les ha confiado a las personas, no eres apto para vivir en Su presencia y deberías ser castigado. Está predestinado por el Cielo y reconocido por la tierra que los seres humanos deben completar cualquier comisión que Dios les confíe; esa es su responsabilidad suprema, y es tan importante como sus propias vidas. Si no te tomas en serio las comisiones de Dios, lo estás traicionando de la forma más grave; en esto eres más lamentable que Judas y debe ser maldecido” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la naturaleza del hombre). Pero tras leer las palabras de Dios, me di cuenta de que aunque parecía que no dañaba a nadie, no tomaba en serio el deber y retrasaba la labor de la iglesia. Era una grave traición a Dios, incluso más detestable que la de Judas. Temblaba al recordar todo lo que había hecho en mi deber. Había ignorado las enseñanzas de otros muchas veces, creyendo que salir del paso no era algo tan malo, aunque, equivocada, creía que como conocía el trabajo y tenía calibre, la iglesia no me destituiría por mi pereza. Era muy apática e intransigente, daba pena y risa a la vez, y no había sido capaz de ver lo peligroso que era. Dios ha dicho claramente que odia a las personas que tienen aptitud pero que son holgazanas y evasivas, que son despreciables y tienen humanidad pobre, no son dignas de la confianza de Dios. Los que tienen poca aptitud pero están dispuestos a sufrir son mejores que ellas. Son genuinos en su deber. Ponen su corazón en él y son responsables. Pero, en cuanto a mí, sentía que no era tan mala porque parecía tener algo de aptitud, cuando, de hecho, no podía hacer las cosas más básicas como debería hacerlas un ser creado en su deber. ¿Qué clase de humanidad y aptitud es esa? En ese punto, vi la verdad sobre mí misma y comprendí por qué la líder decía que no valía la pena cultivarme y que sería descartada si no me arrepentía y cambiaba. Con esa clase de humanidad, era perezosa y astuta, no tenía responsabilidad hacia mi deber, no era digna de confianza y debía haber sido destituida y descartada. Me sentía muy en deuda con Dios cuando pensé en todo el tiempo que había desperdiciado. Solo quería buscar bien la verdad desde entonces, cumplir mi deber para satisfacer a Dios y retribuir Su amor.

Después fui asignada al trabajo de redacción. Había mucho trabajo, y estaba ocupada todos los días, por eso seguí advirtiéndome que cumpliera mi deber y que no volviera a ceder a la carne. Pude llevar la carga en mi deber. Después de un tiempo, sentí que había cambiado un poco. Pero cuando aumentó el trabajo y surgieron algunas dificultades, mi naturaleza empezó a asomar otra vez. Pensaba que era mentalmente agotador, por eso dejaba que otros solucionaran los problemas más complejos. Una hermana solía decir que yo salía del paso, y me advirtió que me tomara el deber más en serio. Dije que lo haría, y mejoré durante unos días, pero luego me ponía ansiosa cuando surgía algo complicado y pensaba que lidiar con eso era demasiado problemático, demasiado agotador, así que lo dejaba como estaba. Así fue día tras día. Dos hermanas de nuestro equipo fueron transferidas porque no obtenían buenos resultados y de pronto tuve un mal presentimiento. No estaba cumpliendo mi deber mejor que ellas, y noté que todos los demás progresaban más que yo. Me había convertido en la peor del equipo. Aunque seguía cumpliendo mi deber, me sentía muy inquieta, y me preocupaba ser la siguiente que transfirieran. Después hablé con una hermana sobre mi estado, y ella dijo que yo tenía aptitud, pero era demasiado descuidada. Hacía mucho que estaba en ese deber, pero seguía cometiendo errores muy básicos, eso implicaba que había un problema con mi actitud hacia el deber. Lo que dijo removió algunos sentimientos en mí. Pensé en que ya había decidido cumplir bien con mi deber, entonces, ¿por que seguía encarándolo así? Fui ante Dios a orar y buscar.

Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios que me dio más claridad sobre mi problema. Las palabras de Dios dicen: “No importa qué trabajo realicen algunas personas o qué deber desempeñe, son incapaces de hacerlo con éxito, les supone demasiado, son incapaces de cumplir con cualquiera de las obligaciones o responsabilidades que las personas deberían cumplir. ¿Acaso no son basura? ¿Siguen siendo dignos de ser llamados personas? Con la excepción de los simples, los discapacitados mentales y los que sufren diversas deficiencias mentales y físicas, ¿hay alguien vivo que no deba cumplir con sus obligaciones y responsabilidades? Pero esta clase de basura solo quiere ser perezosa, no desea cumplir con sus responsabilidades; esto implica que no desea comportarse como una persona apropiada. Dios les concedió calibre y dones, les dio inteligencia y sabiduría, les brindó la oportunidad de ser un ser humano, y sin embargo son negligentes en el cumplimiento de sus deberes, no hay una sola responsabilidad que estén dispuestos a cumplir. ¿Es una persona así apta para ser llamada ser humano? No importa el trabajo que se le asigne —sea importante u ordinario, difícil o sencillo—, siempre es descuidado y superficial, siempre es perezoso e insuficiente. Cuando surgen problemas, intentan hacer recaer la responsabilidad en otras personas. Son basura, una inmundicia inútil. En la sociedad, ¿quién no ha de depender de sí mismo para sobrevivir? Cuando la gente llega a la edad adulta, tiene que salir a trabajar y ganar dinero para mantenerse. Quedarse en casa haciendo el vago les hace sentir incómodos. Puede que sus padres estén dispuestos a mantenerlos, que los quieran mucho y que no quieran que salgan al mundo a sufrir penurias y agotamiento, pero ¿qué mentalidad debe tener un adulto? No debe seguir siendo una carga para sus padres, ya no es un niño, debe hacer lo propio de los adultos, y todo lo posible para mantenerse. ¿Acaso no es esa la mentalidad que debe tener un adulto? Cuando las personas tienen esta mentalidad, poseen un cierto sentido de la responsabilidad, la razón de la humanidad normal. ¿Posee la basura que estamos analizando hoy la razón de la humanidad normal? (No). Siempre quieren algo a cambio de nada, nunca quieren asumir la responsabilidad, buscan un almuerzo gratis, quieren tres buenas comidas al día y que alguien les atienda, que la comida sea deliciosa, todo ello sin hacer ningún trabajo. ¿Acaso no es esta la mentalidad de un parásito? ¿Y las personas que son parásitos tienen conciencia y razón? ¿Tienen dignidad e integridad? En absoluto; son todos unos asquerosos gorrones” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). De las palabras de Dios aprendí que la gente con conciencia y razón se aboca por completo a su deber y se esfuerza por cumplir su deber y por ser responsable. Mientras que los buenos para nada que carecen de humanidad normal no están siquiera dispuestos a sufrir o incomodarse, solo engañan y se las arreglan sin pensar en sus responsabilidades u obligaciones. Incluso si Dios les da aptitud y dones, y una oportunidad de cumplir un deber, como no aprenden anda, siempre quieren disfrutar las comodidades carnales y no sienten nada de responsabilidad, al final, serán incapaces de hacer nada y se volverán inútiles. Sentí que yo era tal como Dios describe a esta gente inútil. Tras mi destitución, la iglesia me permitió hacer trabajo de redacción, oportunidad de arrepentirme, pero yo no lo atesoré y, en cambio, mantuve una actitud de inútil en mi deber. Sabía que era descuidada al lidiar con los problemas, pero no quería mejorar ni dedicar más energía mental ni tiempo a pensar las cosas. Como resultado, no progresaba en mi deber. Eso también me perturbó mucho. ¿Por qué evitaba cualquier dificultad y me escondía de las adversidades?

Una vez leí algunas palabras de Dios en mis devocionales que me dejaron entender la raíz de mi problema. Las palabras de Dios dicen: “Hoy, no crees las palabras que digo ni les prestas atención; cuando llegue el día en que esta obra se esparza y veas la totalidad de ella, lo lamentarás y, en ese momento, te quedarás boquiabierto. Existen bendiciones, pero no sabes cómo disfrutarlas; y existe la verdad, pero no la buscas. ¿No atraes desprecio sobre ti mismo? En la actualidad, aunque el siguiente paso de la obra de Dios todavía está por comenzar, no hay nada excepcional acerca de las cosas que se te piden y lo que se te pide vivir. Hay tanta obra y tantas verdades; ¿no son dignas de que las conozcas? ¿Son el juicio y el castigo de Dios incapaces de despertar tu espíritu? ¿Son el castigo y el juicio de Dios incapaces de hacer que te odies? ¿Estás contento de vivir bajo la influencia de Satanás, en paz y disfrutando y con un poco de comodidad carnal? ¿No eres la más vil de todas las personas? Nadie es más insensato que los que han contemplado la salvación, pero no buscan ganarla; estas son personas que se atiborran de la carne y disfrutan a Satanás. Esperas que tu fe en Dios no acarree ningún reto o tribulación ni la más mínima dificultad. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor y no le otorgas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡Eres tan despreciable! Vives como un cerdo, ¿qué diferencia hay entre ti y los cerdos y los perros? ¿No son bestias todos los que no buscan la verdad y, en cambio, aman la carne? ¿No son cadáveres vivientes todos esos muertos sin espíritu? ¿Cuántas palabras se han hablado entre vosotros? ¿Se ha hecho solo poco de obra entre vosotros? ¿Cuánto he provisto entre vosotros? ¿Y por qué no lo has obtenido? ¿De qué tienes que quejarte? ¿No será que no has obtenido nada porque estás demasiado enamorado de la carne? ¿Y no es porque tus pensamientos son muy extravagantes? ¿No es porque eres muy estúpido? Si no puedes obtener estas bendiciones, ¿puedes culpar a Dios por no salvarte? […] Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tiene corazón, tiene espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te doy el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no buscas. ¿Eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Acaso no eres igual a un cerdo o a un perro? Los cerdos no buscan la vida del hombre, no buscan ser limpiados y no entienden lo que es la vida. Cada día, después de hartarse de comer, simplemente se duermen. Te he dado el camino verdadero, pero no lo has obtenido: tienes las manos vacías. ¿Estás dispuesto a seguir en esta vida, la vida de un cerdo? ¿Qué significado tiene que tales personas estén vivas? Tu vida es despreciable y vil, vives en medio de la inmundicia y el libertinaje y no persigues ninguna meta; ¿no es tu vida la más innoble de todas? ¿Tienes las agallas para mirar a Dios? Si sigues teniendo esa clase de experiencia, ¿vas a conseguir algo? El camino verdadero se te ha dado, pero que al final puedas o no ganarlo depende de tu propia búsqueda personal” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). Leí este pasaje una y otra vez. Cada vez que leía las palabras “bestias”, “a un cerdo o a un perro” y, en especial, “vil”, las sentía como una bofetada. Me pregunté: “¿Por qué creo en Dios, en realidad? ¿Es solo para disfrutar de comodidad? ¿Por qué busco cosas de escaso valor en mi vida, incluso después de haber leído tanto de la palabra de Dios?”. Sentí que de verdad había sido profundamente corrompida por Satanás. Las filosofías satánicas como “la vida es solo comer y vestirse”, “aprovecha el momento, pues la vida es corta”, y “vive el presente sin preocuparte por el mañana” eran palabras que me guiaban. La comodidad física y el disfrute eran mis mayores búsquedas en la vida. Recordé que todos mis compañeros estudiaban como locos antes de los exámenes de ingreso a la escuela secundaria, pero para mí era muy estresante, por lo que yo solo me iba al patio a relajarme. Sentía que debía tratarme bien en la vida y disfrutar cada momento como llegara, sin importar qué pasara en el futuro. Mis compañeros decían que yo era muy relajada, y yo sentía que era una buena forma de vivir. Estaba muy feliz todos los días, sin estrés ni preocupaciones. Era la vida que quería. Después de hacerme creyente y asumir un deber, no cambié mi perspectiva. Cuando surgía algo complicado o difícil, creía que era un engorro y quería evitarlo, no estaba dispuesta a una pequeña incomodidad física ni esfuerzo. Me gustaba no tener nada que hacer, pasar el tiempo tranquila. Pero ¿qué gané de verdad al vivir así? No progresaba en mi deber y arruinaba mi carácter y mi dignidad porque era irresponsable y retrasaba la obra de la iglesia. Dios estaba disgustado, y los hermanos y hermanas estaban molestos. Estas perspectivas satánicas de supervivencia hacen mucho daño. Al vivir así, no tenía nada de integridad ni de dignidad, era como una bestia, totalmente ociosa y sin objetivos en la vida. ¡Eso era vil! En realidad, cuando encontraba dificultades, era la voluntad de Dios de que yo usara esa situación para buscar la verdad y llegara a entender y ganar la verdad. Pero yo no sabía valorarlo y desperdicié muchas oportunidades de ganar la verdad. La Biblia dice: “La complacencia de los necios los destruirá” (Proverbios 1:32). Es cierto. También dicen las palabras de Dios: “La carne del hombre es como la serpiente: su sustancia es hacer daño a su vida y cuando consigue completamente lo que quiere, la vida se pierde” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él). Darme cuenta de que había subestimado así mi deber, desperdiciando tantos momentos preciosos, me alteró mucho, y empecé a llorar sin parar. Sentí que estaba muy en deuda con Dios. Estaba llena de remordimiento y lamenté haber cometido tanta maldad. Estas cosas son manchas en mi historia de fe en Dios que nunca se podrán limpiar, y ¡siempre lo lamentaré! Me desprecié desde el fondo de mi corazón. Llorando, oré: “Dios, Te he desilusionado. He sido creyente durante años sin siquiera buscar la verdad, solo las comodidades temporales de la carne. ¡Soy muy depravada! Dios, por fin he visto la esencia de la carne, y aunque nunca pueda compensar mis transgresiones, quiero arrepentirme, buscar la verdad y comenzar de nuevo”.

Después, una hermana me envió un pasaje de las palabras de Dios en el que encontré una senda de práctica y entrada. Las palabras de Dios dicen: “Cuando las personas tienen pensamientos, tienen elecciones. Si les ocurre algo y toman la decisión equivocada, deben darse la vuelta y tomar la decisión correcta; no deben aferrarse a su error en absoluto. Eso hace alguien inteligente. Pero si saben que tomaron la decisión equivocada y no se dan la vuelta, entonces se trata de alguien que no ama la verdad, y tal persona no quiere verdaderamente a Dios. Digamos, por ejemplo, que fuiste descuidado e hiciste algo con dejadez. Trataste de holgazanear y de evitar el escrutinio de Dios. En tales momentos, apresúrate ante Dios para orar, y reflexiona sobre si esa fue la forma correcta de actuar. Luego piensa en ello: ‘¿Por qué creo en Dios? Esa dejadez puede pasar desapercibida para la gente, pero ¿pasará desapercibida para Dios? Es más, mi creencia en Dios no es para holgazanear, sino para ser salvado. Que yo actúe de esta manera no es la expresión de una humanidad normal ni es algo estimado por Dios. No, puedo holgazanear y hacer lo que quiera en el mundo exterior, pero ahora mismo estoy en la casa de Dios, estoy bajo Su dominio, bajo el escrutinio de los ojos de Dios. Soy una persona, debo tener conciencia, no puedo hacer lo que me plazca. Debo actuar según las palabras de Dios, no debo ser descuidado ni superficial, no puedo holgazanear. Entonces, ¿cómo debo actuar para no holgazanear, para no ser descuidado y superficial? Debo esforzarme un poco. En ese momento me parecía que era demasiado problemático hacerlo así, quería evitar las dificultades, pero ahora lo entiendo: puede que suponga mucha molestia hacerlo así, pero es eficaz, y por eso hay que hacerlo de esa manera’. Cuando estés trabajando y sigas sintiendo miedo de las dificultades, en esos momentos debes orar a Dios: ‘¡Oh, Dios! Soy perezoso y deshonesto, te ruego que me disciplines, que me reproches, para que tenga un sentimiento en mi conciencia, y una sensación de vergüenza. No quiero ser descuidado y superficial. Te ruego que me guíes y esclarezcas, que me muestres mi rebeldía y mi fealdad’. Cuando oras así, reflexionas y tratas de conocerte a ti mismo, se produce un sentimiento de arrepentimiento, y eres capaz de odiar tu fealdad, y el estado en tu corazón comienza a cambiar, eres capaz de contemplar esto y decirte a ti mismo: ‘¿Por qué soy descuidado y superficial? ¿Por qué soy siempre negligente? Actuar así carece de toda conciencia y razón: ¿sigo siendo alguien que cree en Dios? ¿Por qué no me tomo las cosas en serio? ¿No debería dedicar un poco más de tiempo y esfuerzo? No supone una gran carga. Esto es lo que debería hacer; si ni siquiera puedo hacer esto, ¿merezco que se me considere un ser humano?’. A consecuencia de ello, haces un juramento: ‘¡Oh, Dios! No soy digno de Ti, en realidad no tengo conciencia ni razón, no poseo humanidad, deseo arrepentirme. Te ruego que me perdones, sin duda cambiaré. Ciertamente estoy demasiado corrompido, no he vivido la imagen del hombre, y si no me arrepiento, quiero que me castigues’. Después se produce una alteración en tu mentalidad y empiezas a cambiar. Realizas tareas y cumples con tus deberes de manera diferente, con menos descuido y superficialidad, te tomas en serio todo lo que haces. No te sientes agotado, sino que cumplir con tu deber de esta manera es maravilloso, y tu corazón permanece tranquilo y gozoso” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). En las palabras de Dios vi que nuestra responsabilidad más básica como personas es abocarnos a nuestro deber. No importa cuán difícil sea, si es simple o complicado, deberíamos cumplir nuestras responsabilidades y hacerlo seria y sinceramente. Deberíamos hacer todo lo que podamos. Esa es la actitud correcta hacia el deber. Las palabras de Dios también nos señalan una senda de práctica. Cuando nos damos cuenta de que queremos empezar a ser traicioneros y evasivos, debemos aceptar el escrutinio de Dios, orar y abandonar la carne. Al meditar las palabras de Dios, pude sentir Su comprensión y compasión por los humanos. Es muy claro con respecto a las sendas de práctica y entrada para que podamos vivir una semejanza humana. Tras comprender la voluntad de Dios y Sus requisitos, oré y abandoné mi carne intencionalmente.

Una vez, al volver a enfrentar un problema espinoso, y tuve el deseo de salir del paso y solo actuar por inercia, dije una oración: “Dios, estoy pensando en volver a ser evasiva en mi deber, pero no quiero manejarme así. Por favor, guíame para que abandone la carne, practique la verdad y cumpla bien con mi deber”. Tras orar, se me ocurrió que, aunque los demás tal vez no me consideren traicionera y engañosa, Dios sí lo haría. Él vería si practicaba la verdad o si permanecía con la carne. Luego aquieté mi corazón para considerarlo, y, sin darme cuenta, algunos principios se me aclararon. El problema se solucionó muy rápido. Tras practicar así varias veces, sentí calma en mi corazón y que era una gran forma de cumplir mi deber. Además, desaparecieron esos momentos de pánico por ser transferida de mi deber que había tenido.

¡Gracias a Dios! Poder cambiar un poco fue la salvación de Dios para mí, y yo desperté un poco a través del juicio y el sustento de las palabras de Dios.

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