Ya no voy a adoptar más una actitud pasiva

23 Oct 2022

Por Li Fei, Italia

En junio de 2021 supervisaba los trabajos en video en mi iglesia. Por un aumento del volumen de trabajo, me pidieron hacer seguimiento de un grupo más. Pensé: “Ya estoy lo bastante ocupada con el trabajo del que me encargo. Si tengo que gestionar todavía más, ¿no estaré aún más ocupada y cansada?”. No obstante, sabía que los hermanos y hermanas del grupo conocían el trabajo. A todos se les daba bien y eran eficaces en el deber. La labor de seguimiento no debería preocuparme demasiado ni llevarme excesivo tiempo y esfuerzo, así que acepté. Al principio, a veces preguntaba por el estado del trabajo en el grupo, si el progreso era normal y si alguien tenía dificultades en el deber. Aunque sabía que debía examinar los pormenores, pensaba que también tenía más trabajo del que hacer seguimiento, y tratar de entender los pormenores de cada grupo me parecía demasiado trabajo. Como el trabajo del grupo progresaba con normalidad, no tenía que tomarme demasiado tiempo para entender las cosas. Además, ahí estaba el líder del grupo, y los hermanos y hermanas eran confiables y cumplían bien el deber. En los últimos años no había habido grandes problemas, así que no tenía que preocuparme. Estaba bien que hiciera menos seguimiento. Por ello, apenas preguntaba por el trabajo de este grupo.

Un día, al cabo de más de dos meses, un hermano me comentó que había problemas con los dos videos producidos recientemente por este grupo y que, de no haberlo descubierto a tiempo otras hermanas, se habría demorado el trabajo. Al principio no me lo creía, pero luego me envió mi hermano capturas de pantalla de los problemas del video, y realmente eran problemas del grupo. Los hermanos y hermanas del grupo tenían graves problemas en el deber. ¿Por qué no lo sabía? Llevaba varios meses en este trabajo, pero no examinaba para nada cómo iba. Simplemente dejaba que siguiera solo. Ignoraba totalmente cómo cumplían con el deber los miembros del grupo. Vi que estos problemas eran fruto de mi ausencia de trabajo práctico. Tras examinarlo, descubrí que, como no se había supervisado el trabajo de este grupo en este tiempo, cumplían con el deber en función de su experiencia, nadie llevaba una carga y, a veces, cuando había demasiado trabajo, iban tirando. Aunque dos personas cooperaban en la revisión de los videos, lo hacían mecánicamente, por lo que no podían descubrir los problemas. Frente a todo esto, me sentí muy molesta. Estos problemas no eran difíciles de descubrir, y si yo hubiera hecho un buen seguimiento del trabajo de este grupo, no los desconocería. ¡Qué irresponsable! No paraba de hacer introspección, preguntándome por qué ignoré su trabajo los tres meses anteriores.

Luego leí en la palabra de Dios: “Los falsos líderes nunca se informan ni hacen seguimiento del estatus del trabajo de los supervisores de grupo, ni se informan, hacen seguimiento o intentan captar la situación con respecto a la entrada en la vida, así como respecto a la actitud hacia el trabajo y el deber y la actitud hacia la fe en Dios, la verdad y Dios, de los supervisores de grupo y del personal responsable de los trabajos importantes; los falsos líderes no se informan de su transformación, de su progreso ni de los diversos problemas que surgen en su trabajo, especialmente en lo que se refiere al efecto en la obra de la iglesia y en los escogidos de Dios, de los errores y discrepancias que ocurren durante las varias etapas de la obra. Los falsos líderes no saben nada de si estos errores y desviaciones han sido abordados. Como no conocen estos pormenores, se vuelven pasivos cuando surgen problemas. Sin embargo, cuando los falsos líderes trabajan, no se preocupan de estos pormenores. Se limitan a organizar a los supervisores de grupo y dan por sentado que su tarea se termina a la entrega del trabajo. Creen que, con ello, el trabajo está hecho y que ningún problema posterior tiene que ver con ellos. Dado que los falsos líderes no supervisan, guían ni hacen seguimiento de los supervisores de cada grupo, dado que no cumplen con sus responsabilidades en estas áreas, el trabajo se malogra. Esto es lo que supone ser un líder u obrero negligente. Dios mira el ser más íntimo del hombre; las personas carecen de esta capacidad, por lo que, cuando trabajan, tienen que ser más diligentes, y deben prestar más atención, y deben ir a menudo al lugar donde se realiza el trabajo para comprobar las cosas, y supervisar y aportar una guía, porque solo entonces pueden asegurarse de que el trabajo de la iglesia se desarrolla con normalidad. Por supuesto, los falsos líderes son irresponsables en su trabajo. Son irresponsables desde el comienzo, cuando organizan la labor. Jamás supervisan, hacen seguimiento ni brindan orientación. En consecuencia, a ciertos supervisores que son incapaces de resolver varios problemas que puedan surgir, y sencillamente no están equipados para tener éxito en su trabajo, se les mantiene en sus puestos de supervisión. Al final, el trabajo se demora en forma reiterada, permanecen sin resolverse toda clase de problemas y se arruina el trabajo. Este es el resultado de que los falsos líderes no comprendan, controlen ni hagan un seguimiento con los supervisores. Está completamente ocasionado por la negligencia de los falsos líderes en su deber” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). En la palabra de Dios descubrí que los falsos líderes descuidan el deber y no hacen un trabajo práctico porque creen que cada grupo tiene un supervisor y, por tanto, pueden adoptar una actitud pasiva, con lo que surgen problemas en el trabajo de la iglesia. Aparentemente, los falsos líderes no cometen ningún mal evidente, pero, como son irresponsables con el trabajo de la iglesia, afectan gravemente el progreso y la eficacia de diversos tipos de trabajos, lo que indirectamente perturba el de la iglesia. Dios exige que los líderes y obreros hagan seguimiento y supervisen a tiempo el trabajo para garantizar el progreso regular y ordenado del de la casa de Dios. Esta es la responsabilidad y el deber de los líderes y obreros. No obstante, desde que asumí el trabajo de este grupo siempre pensé que, con su líder ahí, todo avanzaba con normalidad, por lo que, naturalmente, adopté una actitud pasiva, nunca revisaba ni hacía seguimiento de su labor, no examinaba los pormenores de las lagunas en los procesos de trabajo y no me percataba cuando ellos se relajaban e iban tirando en el deber. Entretanto, según mis nociones y mi pensamiento, creía que cumplían con el deber de forma práctica y seria y que eran confiables. Por eso creía que no me hacía falta supervisar y seguir el trabajo. El resultado fue que ocasioné perjuicios y perturbación en el deber. En la palabra de Dios vi que era descuidada en el deber y, efectivamente, una falsa líder. Aunque no pretendía hacer el mal, al no hacer un trabajo práctico, no se resolvieron nunca unos errores y problemas que se podrían haber descubierto, y ahora habían surgido problemas en los trabajos en video, lo cual guardaba relación directa con el hecho de haber ido tirando y haber sido irresponsable en el deber. Aunque descubrieron los problemas a tiempo y evitaron perjuicios y consecuencias aún más graves, la corrección de estos problemas exigía, de todos modos, mucho esfuerzo y la repetición del trabajo. Vi que yo iba tirando y ansiaba la tranquilidad. No supervisar y seguir el trabajo me ahorraba mucho tiempo y energía, pero demoraba directamente el progreso del trabajo de la iglesia y a mis hermanos y hermanas les llevaba tiempo repetirlo. Hacía el mal, ¡además de interrupir y perturbar el trabajo de la iglesia! Una vez que me di cuenta, tuve mucho miedo y no podía dejar de hacer introspección. ¿Por qué fui capaz de adoptar una actitud pasiva durante tanto tiempo sin darme cuenta?

Luego, al leer la palabra de Dios, conocí mejor el motivo por el que no hacía un trabajo práctico. Dios Todopoderoso dice: “Los falsos líderes no se ocupan de los supervisores que no hacen un trabajo real o que ignoran sus responsabilidades. Piensan que basta con elegir a un supervisor para que todo vaya bien; a partir de ese momento, el supervisor se encargará de todos los asuntos del trabajo, y lo único que tienen que hacer es celebrar una reunión muy de vez en cuando, no tendrán que prestar atención al trabajo ni preguntar cómo va, pueden mantenerse al margen. […] Los falsos líderes son incapaces de hacer un trabajo real, ni abordan el trabajo de los líderes de grupo y supervisores con seriedad alguna. Su visión de las personas solo se basa en sus propias impresiones e imaginaciones. Al ver que alguien se comporta bien durante un tiempo, creen que esta persona será buena para siempre, que no va a cambiar; no creen a nadie que diga que existe un problema con esta persona y lo ignoran cuando alguien señala algo sobre esa persona. ¿Crees que los falsos líderes son personas estúpidas? Son necias y estúpidas. ¿Qué las hace estúpidas? Depositan alegremente su confianza en la gente, creyendo que, ya que cuando eligieron a tal persona, esta había hecho un juramento y una promesa, y oraba mientras corrían lágrimas por su rostro, eso significa que es confiable y nunca surgiría ningún problema con ella en el futuro. Los falsos líderes no entienden la naturaleza de las personas; desconocen la verdadera situación de la humanidad corrupta. Dicen: ‘¿Cómo va a cambiar alguien tras ser elegido supervisor? ¿Cómo alguien que parece tan serio y fiable va a eludir su trabajo? No haría tal cosa, ¿verdad? Tiene mucha integridad’. Como los falsos líderes tienen tales imaginaciones y confían demasiado en su propia intuición, esto les incapacita en última instancia para resolver a tiempo los muchos problemas que surgen en el trabajo de la iglesia, y les impide sustituir y reubicar con celeridad al supervisor implicado. Son auténticos falsos líderes. ¿Y qué problema se da aquí? ¿El enfoque de los falsos líderes respecto a su trabajo tiene algo que ver con la despreocupación y la superficialidad? Por un lado, ven al gran dragón rojo haciendo arrestos furiosamente, así que, para mantenerse a salvo, eligen a alguien al azar y lo ponen a cargo, creyendo que así se resolverá el problema y que no necesitan prestarle más atención. ¿Qué están pensando en su corazón? ‘Este es un ambiente muy hostil, debería esconderme durante un tiempo’. Se trata de ambición por las comodidades físicas, ¿verdad? Los falsos líderes también tienen un gran defecto: Se apresuran a confiar en la gente basándose en sus propias imaginaciones. Y esto se debe a que no entienden la verdad, ¿no es así? ¿Cómo revela la palabra de Dios la esencia de la humanidad corrupta? ¿Por qué deberían confiar en la gente cuando Dios no lo hace? En lugar de juzgar a las personas por las apariencias, Dios vigila constantemente sus corazones; entonces, ¿por qué deberían los falsos líderes mostrarse tan despreocupados cuando juzgan a otros y depositan su confianza en ellos? Los falsos líderes son demasiado engreídos, ¿no es así? Piensan: ‘No estaba equivocado cuando noté a esta persona. Nada podría salir mal; desde luego no es alguien que pierda el tiempo, que le guste divertirse y odie el trabajo duro. Es totalmente fiable y de confianza. No va a cambiar; si lo hiciera, eso significaría que me he equivocado con él, ¿no?’. ¿Qué clase de lógica es esta? ¿Acaso eres un experto? ¿Tienes visión de rayos X? ¿Esta es tu habilidad especial? Podrías vivir con esta persona durante uno o dos años, pero ¿serías capaz de ver quién es en realidad sin un entorno adecuado que deje su naturaleza y esencia totalmente al descubierto? Si no fueran expuestos por Dios, podrías vivir junto a ellos durante tres o incluso cinco años, y seguirías teniendo dificultades para ver qué tipo de naturaleza y esencia tienen. ¿Y cuánta más verdad hay en esto cuando rara vez los ves o estás con ellos? Confías alegremente en ellos basándote en una impresión fugaz o en la valoración positiva de alguien, y te atreves a confiar el trabajo de la iglesia en gente así. ¿Acaso no estás siendo extremadamente ciego? ¿Acaso no estás siendo impetuoso? Y cuando trabajan así, ¿acaso no son los falsos líderes extremadamente irresponsables?” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). La palabra de Dios revela que los falsos líderes son perezosos, ignorantes y necios. No contemplan a las personas y cosas según la palabra de Dios, sino según sus nociones e ideas, pero creen saber apreciarlas con nitidez. Pueden confiar en cualquiera a la ligera y dejarle todo el trabajo, mientras adoptan una actitud pasiva y gozan con avidez de las ventajas del estatus. Con las revelaciones de la palabra de Dios, por fin vi que era la falsa líder perezosa e idiota descrita por Dios. Por mi naturaleza perezosa, siempre creí ser responsable de demasiado trabajo y que sería excesivamente cansado seguir el trabajo de cada grupo, así que seguía el trabajo de un grupo mientras me fiaba del líder del otro y pensaba que, si el trabajo progresaba con normalidad, no tenía que dedicar tiempo al seguimiento. Vi que me ahorraba todo el esfuerzo posible en el deber. Tenía el cargo de supervisora mientras adoptaba una actitud pasiva. ¡Era muy irresponsable! También era muy engreída. Según mis nociones y fantasías, creía que todo el grupo cumplía bien con el deber, por lo que no tenía que preocuparme, y que continuarían así aunque yo no hiciera seguimiento de su trabajo. Por eso no pregunté ni controlé su trabajo durante varios meses, lo que hizo que surgieran los problemas en él. No comprendía la verdad ni veía los asuntos de manera clara, pero, sobre todo, creía en mí y pensaba que no podían equivocarse aquellos en quienes confiaba. Era demasiado arrogante e idiota. La idea me dio remordimientos. Me di cuenta de que es decisivo considerar a la gente y mi deber según las palabras de Dios. Me puse a buscar fragmentos pertinentes de la palabra de Dios para descubrir cómo cumplir mi deber.

Pronto leí un pasaje de la palabra de Dios. “Como los falsos líderes no conocen el estado del progreso del trabajo, son incapaces de identificar con celeridad, y mucho menos resolver, problemas que aparecen en el trabajo, lo que suele provocar reiterados retrasos. En ciertos trabajos, dado que la gente no capta los principios y no hay nadie adecuado para dirigir el trabajo, los que lo llevan a cabo suelen encontrarse en un estado de negatividad, pasividad y espera que repercute gravemente en el progreso del trabajo. Si el líder hubiera cumplido con sus responsabilidades —si se hubiera hecho cargo, hubiera impulsado el trabajo, hubiera apremiado a la gente y hubiera buscado a alguien que entendiera el tipo de trabajo en cuestión para guiar—, el trabajo habría progresado más rápidamente, en lugar de sufrir reiterados retrasos. Para los líderes, pues, es vital conocer y captar la situación real del trabajo. Por supuesto, es muy necesario que los líderes conozcan y capten cómo está progresando el trabajo, ya que el progreso guarda relación con la eficacia del trabajo y los resultados que se pretenden lograr con él. Si un líder no capta ni siquiera cómo está progresando el trabajo y no lo comprueba o le echa un ojo, entonces la mayoría de la gente que cumple un deber tendrá una actitud negativa y pasiva, tendrá una grave apatía y ningún sentido de carga, serán descuidados y superficiales, y de este modo el trabajo está destinado a progresar despacio. Si no hay nadie con un sentido de carga y experto en el trabajo que sea capaz de aportar guía y supervisión, y de disciplinar y tratar a las personas, entonces la eficacia y efectividad en el trabajo será muy baja. Si los líderes y obreros no pueden siquiera ver esto, son estúpidos y ciegos. Por tanto, es de suma importancia que los líderes y obreros sean rápidos a la hora de averiguar, estar al tanto y familiarizarse con el progreso del trabajo. La gente es indolente, así que sin guía, urgencia y seguimiento por parte de líderes y obreros que conozcan al día el progreso del trabajo, es propensa a holgazanear, a ser perezosa, a ser superficial; si esta es su actitud hacia el trabajo, el progreso de dicha labor se verá gravemente afectado, al igual que su eficacia. Dadas estas circunstancias, los líderes y obreros cualificados deben hacer seguimiento puntual de cada faena y mantenerse informados de la situación con respecto al personal y al trabajo; no deben ser como los falsos líderes en absoluto” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). La palabra de Dios señalaba una senda de práctica para ser aptos en el deber. Como líderes o supervisores, hemos de llevar una carga en el deber, no anhelar las comodidades de la carne, responsabilizarnos de nuestra labor y seguir, examinar, controlar y revisar las cosas a tiempo. En cuanto a los implicados en la labor, hemos de estar al día de sus estados y de los pormenores de sus deberes para detectar problemas a tiempo y revertir los errores. Como aún no se ha perfeccionado la gente, toda ella tiene un carácter corrupto, por lo que, cuando su estado es bueno, puede cumplir con el deber concienzuda, responsable y eficazmente, pero eso no implica que sea totalmente confiable. Cuando su estado es anormal o vive de acuerdo con su carácter corrupto, sin querer va tirando y hace cosas que perturban el trabajo de la iglesia. Así, mientras la gente cumple su deber, es preciso que los líderes, obreros y supervisores revisen y sigan el trabajo, y cuando descubran problemas, han de revertirlos a tiempo. Es su responsabilidad. Entendidas estas exigencias, empecé a seguir y examinar el trabajo de este grupo, iba habitualmente a sus reuniones para arreglar sus alteraciones y cuando descubría problemas, le hablaba de ellos a tiempo al líder del grupo. Luego también debatíamos juntos el plan de trabajo y el progreso del grupo, y el trabajo se realizaba en el tiempo planeado. Redujimos el personal a aquellos necesarios para la carga de trabajo, de modo que a otros se les pudiera ordenar deberes en los que eran más necesarios. Tras practicar así, me sentía mucho más tranquila. A su vez, seguía el trabajo de mi ámbito de responsabilidad de forma más diligente que antes. Ahora creía estar practicando la verdad y haber logrado cierta transformación, pero, cuando surgió una situación nueva, quedé expuesta de nuevo.

Pronto aumentó mi carga de trabajo y tuve que dedicar mucho tiempo a acabar una tarea en el deber. Creía haber seguido al detalle el trabajo de cada grupo anteriormente y que las cosas ya estaban estables. Llevaría mucho tiempo y esfuerzo seguir preguntando los pormenores de cada grupo, lo que me haría estar demasiado justa de tiempo y bajo una presión excesiva. Me pregunté si podría delegar parte del trabajo en algún grupo para no tener que preocuparme tanto. Pensé en un grupo en que ambos líderes eran activos en el deber y capaces de pagar un precio. Si les daba trabajo a ellos en el grupo y les pedía que lo siguieran al detalle, solo tendría que vigilar el rumbo de las cosas y asistir habitualmente a las reuniones de trabajo. No debería ser demasiado problema que los dejara a ellos a cargo del resto. Y así fue como resurgió mi antiguo problema. Me enfrasqué en el nuevo trabajo y apenas preguntaba los pormenores del de aquel grupo. Creía a sus líderes capaces de ocuparse de las cosas y que, si había un problema, podía esperar a que me lo contaran. Un día, un líder del grupo señaló que yo no había seguido correctamente las cosas ni preguntado por su labor al detalle. Algunos del grupo posponían las cosas y eran perezosos, pero yo no hacía seguimiento ni lo corregía, y eso afectaba al progreso del trabajo. Al oír esto, fui reacia. Pensé: “¿No se pueden ocupar ustedes dos, los líderes del grupo? Ahora mismo tengo más trabajo. Si soy tan meticulosa y me tomo tanto tiempo con cada tarea, ¿podré terminar alguna vez? ¿No me están pidiendo demasiado?”. Sin embargo, mis argumentos me incomodaban un poco. Eché la vista atrás y me di cuenta de que rara vez hice seguimiento de los pormenores de su labor. Los estados de los hermanos y hermanas, si tenían o no principios en el deber y la calidad de su trabajo eran cosas de las que no entendía. En ese momento me puse a reflexionar que, antes, cometí una transgresión en el deber con mi actitud pasiva; entonces, ¿estaba haciendo lo mismo otra vez?

Luego leí estas palabras de Dios: “Muchas personas, a Mis espaldas, codician los beneficios del estatus, se dan atracones de comida, aman dormir y se preocupan por la carne, siempre temerosas de que la carne no tenga salida. No desarrollan su función correcta en la iglesia, sino que gorronean de la iglesia, o bien amonestan a los hermanos y hermanas con Mis palabras, tratan despóticamente a los demás desde posiciones de autoridad. Estas personas siguen diciendo que están haciendo la voluntad de Dios y siempre dicen que son íntimas de Dios; ¿no es esto absurdo? Si tienes las intenciones correctas, pero eres incapaz de servir de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces estás siendo insensato, pero si tus intenciones no son correctas, y sigues diciendo que sirves a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios gorronean, codiciando siempre las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios. Siempre buscan lo que es bueno para ellas y no prestan atención a la voluntad de Dios. No aceptan el escrutinio del Espíritu de Dios en nada de lo que hacen. Siempre están maniobrando y engañando a sus hermanos y hermanas, y son falsas, como un zorro en una viña, siempre robando uvas y pisoteando la viña. ¿Pueden ser tales personas íntimas de Dios? ¿Eres apto para recibir las bendiciones de Dios? No asumes cargas para tu vida y para la iglesia; ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría Dios confiarte una tarea mayor? ¿No causaría esto retrasos en la obra?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios). “Olvídate de cuánto talento tienes, de tu nivel de aptitud o de lo culto que eres; lo que importa es si haces o no un trabajo real y si cumples, o no, con las responsabilidades de un líder. Durante tu época de líder, ¿participaste en cada trabajo específico de tu ámbito de responsabilidad? ¿Cuántos problemas surgidos en el trabajo resolviste de manera efectiva? Gracias a tu trabajo, liderazgo y orientación, ¿cuánta gente logró entender los principios de la verdad y hasta qué punto avanzó y recibió impulso la labor de la iglesia? Esto es lo que importa. Olvida cuántos mantras eres capaz de repetir, cuántas letras y doctrinas has dominado, olvida cuántas horas te afanas al día, lo agotado que estás y cuánto tiempo has pasado de viaje, cuántas iglesias has visitado, cuántos riesgos has corrido, cuánto has sufrido: olvida todo esto. Basta con que te fijes en la eficacia del trabajo dentro de tu ámbito de responsabilidades, en si ha conseguido algún resultado, en cuántos de los arreglos de la casa de Dios y de los objetivos que se supone que debes alcanzar has conseguido, cuántos de ellos has llevado a buen término, cómo de bien lo has llevado a cabo, lo bien que se han continuado, cuántas cuestiones relacionadas con problemas de descuidos, alteraciones o violaciones de los principios que aparecieron en el trabajo resolviste, rectificaste y compensaste, y cuántos problemas relacionados con RRHH, administración o diversas tareas especializadas ayudaste a resolver, y si lo hiciste de acuerdo con los principios y los requisitos de la casa de Dios, etcétera. Todos estos son estándares por los que se puede probar si un líder u obrero está cumpliendo con sus responsabilidades” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). En las palabras de Dios descubrí que, por aquellos que anhelan las ventajas del estatus, son astutos, hacen trampas y piensan en sus intereses carnales, Dios siente una abominación y una repugnancia profundas. Esa gente no sabe desempeñar un papel positivo en el deber ni descubrir y revertir a tiempo los errores, y hasta puede que, por irresponsabilidad, ocasione perjuicios en el deber, interrumpa y perturbe el trabajo de la iglesia. Esa gente carece de toda sinceridad en el deber y es indigna de la comisión de Dios. Si no se arrepiente, al final Dios la detestará y descartará. El criterio de Dios para evaluar a los líderes y obreros no es cuántos caminos recorran ni cuánto trabajo hagan, sino si hacen un trabajo práctico u obtienen resultados reales a lo largo del deber. Lo revelado en la palabra de Dios me hizo sentir vergüenza. La iglesia me ordenó el importante trabajo de hacer videos, me pidió que llevara una carga mayor, me ascendió y me formó, pero yo no tenía humanidad y no quería sufrir nada en el deber. Cuando la carga de trabajo aumentó solo un poco, no pensaba sino en cómo sufrir y preocuparme menos y temía que la preocupación de más agotara mi carne. Cuando mis hermanos y hermanas me señalaron que no hacía un trabajo práctico en el deber, busqué toda clase de excusas dentro de mí para justificarme. Era tal como describe Dios: “En la casa de Dios gorronean, codiciando siempre las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios. Siempre buscan lo que es bueno para ellas. Como supervisora, debería haber seguido y controlado a tiempo todo el trabajo de mi competencia y resuelto enseguida los errores y lagunas cuando los descubriera, a fin de garantizar el progreso normal del trabajo de la iglesia. Era mi deber, pero yo era como una zorra astuta: engañosa, maliciosa e irresponsable en el deber. Ocupaba el puesto de supervisora sin hacer realmente el trabajo y no hacía seguimiento de sus pormenores. Por ende, no descubría ni resolvía los problemas del grupo a tiempo y el trabajo se volvía ineficaz, lo que afectaba al progreso normal del trabajo de la iglesia. En realidad no cumplía para nada mi deber. Era obvio que ocupaba el puesto inútilmente. Engañaba descaradamente a todos y no hacía un trabajo práctico. ¡Qué indigna de confianza! La iglesia me dispuso un trabajo y me pidió que me responsabilizara, pero yo adopté una actitud pasiva. Realmente no merecía un deber tan importante. Si siempre consideraba el deber con una actitud tan irresponsable e, igualmente, no hacía un trabajo práctico, ¡al final únicamente podría ser detestada y descartada por Dios! Me asusté un poco al pensarlo, por lo que oré a Dios para pedirle que me guiara para cambiar mi estado incorrecto y para decirle que deseaba ser meticulosa en el trabajo y cumplir mis responsabilidades.

Luego hallé sendas de práctica en las palabras de Dios. “Las personas que de verdad creen en Dios cumplen con su deber de manera voluntaria, sin calcular lo que van a ganar o perder. No importa que seas alguien que busque la verdad, debes confiar siempre en tu conciencia y razón y trabajar realmente duro cuando cumplas con tu deber. ¿Qué significa esforzarse de verdad? Si te conformas simplemente con cierto esfuerzo simbólico y con padecer algunas dificultades físicas, pero no te tomas nada en serio el deber ni buscas los principios de la verdad, esto no es más que negligencia y superficialidad, no un esfuerzo de verdad. La clave para esforzarse implica volcarte en ello, temer a Dios de corazón, ser consciente de Su voluntad, tener miedo de desobedecerlo y lastimarlo, y padecer cualquier dificultad a fin de cumplir bien con el deber y satisfacer a Dios: si tu corazón ama a Dios de esta manera, sabrás cumplir correctamente con el deber. Si no temes a Dios de corazón, no tendrás ninguna carga cuando cumplas con el deber, no tendrás interés por él e, inevitablemente, serás negligente y superficial y cumplirás con las formalidades sin producir ningún efecto real, lo cual no supone cumplir con un deber. Si realmente tienes sentido de la carga y crees que cumplir con el deber es responsabilidad personal tuya, que, si no lo haces, no eres apto para vivir y eres una bestia y que solo si cumples correctamente con el deber eres digno de ser calificado de humano, y si además eres capaz de enfrentarte a tu propia conciencia —si tienes este sentido de la carga cuando cumples con el deber—, entonces podrás hacerlo todo a conciencia y sabrás buscar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios, con lo que sabrás cumplir correctamente con el deber y satisfacer a Dios. Si eres digno de la misión que Dios te ha otorgado, de todo lo que Él ha sacrificado por ti y de lo que espera de ti, entonces esto es lo que supone esforzarse de verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para cumplir bien con el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Tras leer las palabras de Dios estaba sumamente avergonzada. Hacía muchos años que creía en Dios y había leído gran parte de Su palabra, pero pensaba que un poco más de trabajo implicaba más esfuerzo carnal y preocupación, así que me pareció problemático y cansado y adopté una actitud pasiva. Vi lo egoísta y perezosa que era mi naturaleza, que no tenía sinceridad para con Dios y que no llevaba una carga real en el deber. Como supervisora, no hacía el trabajo propio de un supervisor. Era negligente en el deber. Hasta un perro doméstico puede guardar la casa y ser leal al dueño. Soy un ser creado, pero no cumplía con el deber de un ser creado. ¿En qué era digna de ser calificada de humana? En la iglesia había muchos hermanos y hermanas responsables de más trabajo que yo, que cumplían sinceramente el deber, capaces de sufrir y pagar un precio y que dedicaban más tiempo al deber, todo ello sin caer rendidos de cansancio. Por el contrario, cuanto más pensaban en la voluntad de Dios, más los bendecía Él y más maduraban en la vida. Al echar la vista atrás, mi carga de trabajo era razonable, no agobiante, y siempre y cuando abandonara la carne, sufriera y pagara más precio, era totalmente posible seguir los pormenores del trabajo de cada grupo. Después reorganicé mi horario de trabajo, hacía, de acuerdo con él, seguimiento de todo en mi área de responsabilidad y no demoraba absolutamente nada en el deber.

Un día, leyendo mensajes del grupo, descubrí errores en un trabajo suyo. Enseguida analicé el problema, lo repasé con el líder del grupo y hallé una solución. Estaba muy sorprendida entonces. Hacer un trabajo práctico no implica pasarse el día observando a la gente del grupo. Es algo que se puede hacer a base de ser un poco más diligente. Antes, casi nunca leía estos mensajes del grupo. Los problemas estaban expuestos ahí mismo, pero nunca reparaba en ellos. Con algo más de esfuerzo, pude descubrir problemas y errores y resolverlos a tiempo para que no perjudicaran el trabajo. Posteriormente hablé con cada miembro del grupo para conocer su trabajo, y con este procedimiento descubrí más errores. El líder del grupo y yo les enseñamos los principios, enseguida se corrigieron los errores, y la eficacia de nuestro trabajo mejoró. Aunque esos días estuve algo más ocupada, tras practicar de esta forma me sentí muy tranquila y en paz.

Le estaba especialmente agradecida a Dios por guiarme. Con estas experiencias adquirí cierta conciencia de mi naturaleza egoísta y perezosa. También vi que ser irresponsable y ansiar la comodidad puede demorar el trabajo y, en casos graves, interrumpir y perturbar el de la iglesia. Como superivisora, ya no puedo adoptar una actitud pasiva. Tengo que supervisar y seguir con frecuencia el trabajo, identificar y resolver los problemas. Solo si cumplo así con el deber puedo lograr buenos resultados y satisfacer la voluntad de Dios.

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