Así me convertí en una falsa líder

23 Oct 2022

Por Xinchun, Corea del Sur

A finales de 2019 me encargaron los trabajos en video de la iglesia. Sentí mucho estrés en ese momento. Los trabajos en video requerían unas aptitudes profesionales que no había aprendido nunca. La idea de afrontar una profesión que no conocía me pesaba enormemente en el corazón. Cuando hacía seguimiento del trabajo, los líderes de grupo solían debatir cuestiones profesionales, y yo me sentaba allí a escuchar sin entender nada. Cuando debatían controversias, me pedían opiniones y sugerencias, lo que me ponía muy nerviosa, pues no veía dónde estaba el problema. A veces daba sugerencias por instinto, pero no las adoptaban. Cuando pasaba esto, sentía vergüenza. Como líder, no veía el problema y no podía sugerir modificaciones. ¿Qué opinaban de mí los hermanos y hermanas? Una vez que esto ocurrió algunas veces, no quería participar en los debates de trabajo. Pensaba: “No conozco estas cuestiones profesionales y ya es muy tarde para aprender. Como los videos los hacen ellos, que debatan ellos sus aspectos profesionales. No puedo ayudarlos en esta área, pero puedo ayudarlos más en la entrada en la vida. Si es normal su estado, lo harán bien en su área profesional; por tanto, ¿no cumplo yo con mi deber? Y de este modo no me avergonzaré delante de ellos”. Con estas ideas en mente, dejaba que debatieran el trabajo y no participaba.

Con el tiempo descubrí que la producción de videos iba muy lenta, que además había problemas de principios y que los hermanos y hermanas no cooperaban en armonía. Varias hermanas denunciaron a la líder del grupo, la hermana Shan, por autoritaria. En muchos debates de trabajo, los demás tenían que hacerle caso, así que había que retocar videos continuamente. Pensé: “La hermana Shan tiene aptitud. Aunque de carácter un poco arrogante, tiene buenas aptitudes profesionales. Es normal que la gente apta sea arrogante; solo es preciso que hable con ella”. Por tanto, con la palabra de Dios, le enseñé a cooperar con los demás y las lecciones que debía aprender. La hermana Shan expresó entonces su disposición a aceptar mis palabras y practicar la verdad. Enseguida vino la hermana Yang a decirme que dedicó tiempo y esfuerzo a hacer un video, pero que cuando lo vio la hermana Shan, rechazó totalmente su concepto para el video y no hubo margen de negociación. La hermana Yang estaba muy triste y me preguntó cómo pasar por esto. Pensé: “Su concepto para el video fue rechazado; entonces, ¿es su idea inadecuada, o la hermana Shan muy arrogante?”. Quería que me contara la hermana Yang su concepto para el video para poder saber exactamente cuál era el problema. Sin embargo, pensé que, como yo no entendía el oficio, si me lo contaba y no entendía el problema, ¿qué opinaría de mí? “Olvídalo”, pensé. “Que debatan ellas las cuestiones profesionales. Tan solo hablaré con la hermana Yang de su estado y le diré que viva esto como una poda y un trato. Si es capaz de considerar correctamente el asunto, se resolverá su problema de cooperación con la hermana Shan”. Así, hablé con la hermana Yang y le dije que aceptara consejos, que tomara la iniciativa de practicar la verdad y cooperar con otros y que no se dejara gobernar por su imagen… La hermana Yang siguió frunciendo el ceño tras oírlas y acabó marchándose frustrada. Cuando se fue, yo también estaba muy triste, ya que sabía que no se había resuelto su problema. Quería ver cuál era el problema del video de la hermana Yang, pero me preocupaba no descubrirlo y parecer incompetente. Pensé: “Olvídalo, que resuelvan ellas el problema profesional”. Luego fui a hablar con la hermana Shan para corregir su estado. Le señalé que era arrogante, le dije que trabajara en armonía con otros, aprendiera de sus puntos fuertes y que, incluso cuando tuviera buenas sugerencias, debía debatirlas con los demás. La hermana Shan prometió centrarse en cambiar en lo sucesivo, pero después continuó siendo arrogante, siempre creía sus opiniones mejores que las de nadie, que su experiencia y aptitudes eran mejores y que los demás eran inferiores a ella, y siempre quería tener la última palabra cuando cooperaba con otros. A veces, cuando los hermanos y hermanas acordaban un plan de producción, si era distinto de lo que ella quería, lo rechazaba por completo y exigía que se repitiera de acuerdo con sus requisitos. Si a los demás les parecía inadecuado su plan, jamás aceptaba sugerencias y desestimaba las de otros por inservibles. Los hermanos y hermanas no se podían comunicar con ella y a menudo tenían que repetir su trabajo. Cada vez era peor el estado de todos, y vivían en la negatividad. Como la hermana Shan era arrogante y arbitraria, lo que afectaba gravemente al progreso del trabajo, me sentía muy atormentada, pues yo no sabía manejar los problemas profesionales. Tenía la vaga sensación de que la hermana Shan no aceptaba la verdad y no se arrepentía y cambiaba, por lo que ya no era apta para servir como líder de grupo. Pero sabía que, profesionalmente, era mejor que otros; por tanto, si era apartada, ¿quién más podría asumir el trabajo? Al no estar segura, quería informar a mis líderes superiores, pero me preocupaba que, si veían el lío que había hecho en nuestra labor, trataran conmigo y me destituyeran. Tras luchar conmigo misma, decidí volver a hablar con ella. Así pues, acudí de nuevo a la hermana Shan. Le señalé su arrogancia, la revelé por ser arbitraria y querer tener la última palabra siempre y le dije que ese era el camino de un anticristo. No dijo ni una palabra tras oírme a mí. Era obvio que no la convencí. Luego de eso, aún hacía las cosas a su modo, solía presumir y ningunear a otros, y la mayoría de los hermanos y hermanas estaban limitados por ella y no querían cooperar con ella. Sus perturbaciones e interrupciones entorpecían los trabajos en video y, al final, no tuve más remedio que informar a mis líderes superiores. Tras su investigación, destituyeron a la hermana Shan como líder del grupo, y a mí por no hacer un trabajo práctico ni resolver problemas prácticos.

Después de mi destitución, admití que tenía poca aptitud, que no conocía el oficio y que no sabía hacer un trabajo práctico, pero realmente no entendía mis problemas. Más adelante, al leer las palabras de Dios sobre cómo discernir las manifestaciones de los falsos líderes, comencé a reflexionar y entender exactamente lo que había hecho. “A los falsos líderes se les da bien el trabajo superficial, pero nunca hacen un trabajo real. Tampoco acuden nunca a inspeccionar, supervisar o dirigir las distintas especialidades de trabajo, ni hacen visitas puntuales a los distintos grupos para averiguar lo que está pasando, inspeccionar cómo progresa todo, qué problemas persisten, si el supervisor de grupo es competente; cómo los hermanos y las hermanas informan y le hacen llegar sus valoraciones al supervisor, si alguien está siendo reprimido por el líder de grupo o por el supervisor; si alguien que posee talento o busca la verdad está siendo reprimido o alienado por otros, si alguna de las personas más cándidas está siendo intimidada; si las personas que expusieron y denunciaron a los falsos líderes están siendo menoscabadas y alienadas; si, cuando la gente hace sugerencias adecuadas, estas son aceptadas; y si el líder de grupo o el supervisor es alguien malvado o al que le gusta que la gente lo pase mal. Si los falsos líderes no hacen ninguna de estas tareas, deben ser reemplazados. Digamos, por ejemplo, que alguien informa a un falso líder de que hay un supervisor que a menudo reprime a la gente y la refrena. El supervisor ha cometido un error, pero no deja que los hermanos y las hermanas hagan sugerencias, e incluso busca excusas para justificarse y defenderse a sí mismo, sin admitir nunca su error. ¿No se debería apartar del cargo de inmediato a ese supervisor? Hay problemas que los líderes deben arreglar enseguida. Algunos falsos líderes no permiten que los supervisores de varios grupos, a los que ellos han nombrado, queden al descubierto, sin importar qué problemas surjan en el trabajo de estos. Si alguien expone los problemas que hay con un supervisor, el falso líder trata de proteger o encubrir los verdaderos hechos, diciendo: ‘Se trata de un problema de entrada en la vida de la gente. Para él es normal tener un carácter arrogante, todo aquel con algo de calibre es arrogante. No es gran cosa, solo necesito un poco de comunicación con él’. Durante la comunicación, el supervisor dice: ‘Admito que soy arrogante, admito que hay veces que me preocupa mi propia vanidad y mi estatus y no acepto sugerencias de los demás, pero otras personas no son buenas en este ámbito de trabajo, a menudo me vienen con sugerencias inútiles, así que existe una razón por la que no los escucho’. El falso líder no trata de entender la situación como un todo, no se fija en la calidad del trabajo del supervisor, y mucho menos en cómo son su humanidad, su carácter y su búsqueda. Lo único que hace es decir, despreocupado: ‘Me han informado de esto, así que te estoy vigilando. Te estoy dando una oportunidad’. Después de la charla, el supervisor dice que quiere arrepentirse, pero, si luego lo hace de verdad o si simplemente es una mentira y un engaño al falso líder le trae sin cuidado” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). “La forma de trabajar de los falsos líderes es demasiado simple y superficial: hacen un aparte con la gente para hablar con ellos, luego un poco de trabajo ideológico, les dan un pequeño consejo y piensan que eso es trabajo real. Qué superficial, ¿verdad? ¿Y qué problema se esconde detrás de esta superficialidad? ¿Se trata de ingenuidad? Los falsos líderes son extremadamente ingenuos respecto a su visión de la gente y las cosas. No hay nada más difícil de arreglar que las actitudes corruptas de la gente. ‘Un leopardo no puede cambiar sus manchas’. Los falsos líderes no tienen ninguna percepción de este problema. Por tanto, cuando se trata del tipo de supervisores en la iglesia que perturban de manera constante, que siempre refrenan a la gente, que son susceptibles de ponerles las cosas difíciles a los demás, los falsos líderes no hacen más que hablar, les basta con un par de palabras de trato y poda. No son rápidos a la hora de reasignar o reemplazar a las personas. La manera de hacer las cosas de los falsos líderes causa un tremendo daño a la obra de la iglesia, y a menudo impide que esta obra progrese con normalidad, fluidez y eficacia, porque se demora, se retrasa y acaba dañada como resultado de la interferencia de unas pocas personas malvadas; todo esto es consecuencia fatal de que los falsos líderes actúen según sus emociones, violando los principios de la verdad y empleado a la gente inadecuada. En apariencia, estos falsos líderes no están haciendo el mal a sabiendas, como los anticristos, no establecen deliberadamente su propio feudo ni siguen su propia senda. Sin embargo, dentro del ámbito de su trabajo, los falsos líderes no son capaces de abordar rápidamente los diversos problemas causados por los supervisores, no son capaces de reasignar y reemplazar enseguida a los supervisores de grupo de baja calidad, lo cual resulta en un grave perjuicio para la obra de la iglesia, y todo ello se debe a la negligencia de los falsos líderes” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Al leer estas palabras de Dios me sentí especialmente triste y afligida. Me percibí como la falsa líder descrita por Dios. Dios revela que los falsos líderes no hacen un trabajo práctico, que nunca examinan, supervisan ni dirigen el trabajo y nunca lo estudian para entender los problemas reales y seguir una labor concreta. Cuando alguien denuncia problemas con los supervisores, ellos nunca los investigan a fondo, no disciernen su esencia y el efecto de su trabajo, y solo hablan con dichos supervisores y hacen una labor ideológica. Creen que esto resuelve el problema, con lo que no trasladan a tiempo a los supervisores inadecuados, lo que perjudica gravemente el trabajo. Mi conducta de entonces era precisamente lo que revelaba Dios. No solía participar en el trabajo y rara vez iba a preguntar por su progreso o brindaba orientación. Yo sabía que la producción de videos iba lenta, y habían denunciado que la hermana Shan era arrogante y exigía las cosas a su modo, lo que afectaba al trabajo, pero solamente le hablé de su estado y dejé estar el asunto. No investigué qué problemas había cuando tenían controversias en el proceso de producción de videos y únicamente dije que debían conocer su carácter corrupto y aprender lecciones. Creía que la comunión y la labor ideológica eran formas de resolver problemas y hacer un trabajo práctico, pero no preguntaba ni resolvía los problemas reales que entorpecían el progreso del trabajo. No trasladé ni traté a la líder de grupo que perturbaba y dejé que siguiera interrumpiendo y entorpeciendo los trabajos en video. ¿No era yo la falsa líder revelada en la palabra de Dios? En esa época, más de un hermano o hermana me comentó que la hermana Shan lo limitaba. Ella tenía que aprobar todos los conceptos y planes de producción de videos; si no participaba en la toma de decisiones, anulaba la decisión de otros, y los hermanos y hermanas tenían que esperar por ella en todo, lo que demoraba enormemente el trabajo. Para entonces, ella ya tenía el poder en el grupo y la última palabra. Los hermanos y hermanas denunciaban siempre sus problemas, pero yo era ciega e ignorante, rara vez comprendía el trabajo en profundidad y solo analizaba la apariencia de los problemas, así que no podía discernir los graves problemas de la hermana Shan. Creía que tenía unas buenas aptitudes profesionales, pero un carácter algo arrogante, por lo que, con algunas enseñanzas, podría hacer introspección y conocerse un poco. Sin embargo, al no tener calada la naturaleza de lo que hacía, todas mis enseñanzas eran palabras vacías y no resolvían en nada los problemas reales. En consecuencia, durante medio año, muchos estuvieron limitados por ella, negativos y débiles, la producción de videos fue ineficaz y los trabajos en video se vieron gravemente dificultados y perturbados. Fue entonces cuando lo tuve claro: como no hacía un trabajo práctico ni trasladé a tiempo a la líder de grupo inadecuada, ocasioné ese perjuicio tan grande al trabajo. Era, verdaderamente, una falsa líder. Al principio pensaba que fracasaba en el deber por tener poca aptitud y no conocer el oficio. Tras leer la palabra de Dios descubrí que ni siquiera trataba de entender los asuntos y de resolver los problemas reales, no por una cuestión de poca aptitud, sino por falta de trabajo práctico.

Continué mi introspección: “¿Por qué soy reacia a conocer mejor el trabajo?”. Al recordar algunas de mis ideas y conductas de entonces, me di cuenta de que siempre había tenido una opinión equivocada. Como creía no entender el oficio, quería eludir las cuestiones relativas a él, y no conocerlo ni aprenderlo. Me daba miedo debatir los problemas con gente entendida, lo que me hacía parecer ignorante, así que ni siquiera quería responsabilizarme del trabajo cuando debía. Luego leí en la palabra de Dios: “La principal característica del trabajo de los falsos líderes es parlotear sobre doctrina y repetir consignas. Tras dictar sus órdenes, sencillamente se lavan las manos del asunto. No preguntan por el desarrollo posterior del proyecto; no preguntan si han surgido problemas, anomalías o dificultades. Lo consideran terminado en el momento en que lo entregan. De hecho, como líder, tras completar los arreglos de obra, debes hacer un seguimiento del progreso del proyecto. Aunque seas novato en estas cuestiones, aunque carezcas de conocimientos al respecto, puedes buscar una manera de llevar a cabo ese trabajo. Puedes buscar a alguien que sea especialista, que entienda el trabajo en cuestión, para que analice la situación y haga sugerencias. A partir de sus sugerencias podrás identificar los principios adecuados y así hacer seguimiento del trabajo. Estés o no familiarizado con el tipo de trabajo en cuestión, lo comprendas o no, al menos debes dirigirlo, hacer seguimiento de él, pedir información y preguntar para informarte de su progreso. Has de mantenerte al tanto de esas cuestiones; es tu responsabilidad, el papel que debes desempeñar. No hacer seguimiento del trabajo, no hacer nada más después de haberlo entregado, lavarse las manos, así hacen las cosas los falsos líderes. También es una manifestación propia de un falso líder no hacer seguimiento de quehaceres concretos, no conocer ni captar su progreso” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Con la palabra de Dios entendí que no hacer seguimiento de un trabajo concreto por no entender el oficio, más no resolver los problemas prácticos presentes en el trabajo, eran manifestaciones de un falso líder irresponsable y que eludía la responsabilidad. Como líder, lo menos que debes hacer es dirigir y seguir el trabajo, preguntar por su progreso y descubrir y solucionar sus problemas. Aunque no conozcas el oficio, puedes pedir a los que sí que lo revisen y den consejos, y cooperar con otros para compensar tus carencias. Así puedes hacer un buen trabajo. Pero yo, en áreas que requerían un trabajo profesional, temía que me despreciaran mis hermanos y hermanas si no lo sabía dirigir, por lo que, para ocultar mis fallos y defectos y conservar mi imagen y estatus, con la excusa de no conocer el oficio, lo eludía y no participaba en el trabajo concreto. Cuando había problemas de producción y los hermanos y hermanas tenían controversias y no podían cooperar bien, con lo que se paralizaba el trabajo, en vez de resolver las cosas, no intervenía. ¿No era precisamente la falsa líder revelada en la palabra de Dios? De hecho, todo el trabajo de la casa de Dios conlleva los principios de la verdad. Para hacerlo bien no basta el simple dominio de los conocimientos profesionales. Como líder, aunque no conozcas el oficio, debes conocer los principios pertinentes de la verdad para poder guiar y revisar el trabajo. Algunos líderes no entienden el oficio al principio, pero estudian mucho y dominan los principios pertinentes de la verdad, tras lo cual saben guiar y revisar de forma práctica el trabajo, que mejora continuamente. A esas alturas me pregunté: “Siempre dije que no entendía el aspecto profesional, pero ¿lo estudié? ¿Me esforcé y pagué un precio? Cuando no sabía cómo revisar las cosas, ¿buscaba los principios de la verdad?” No hice nada de eso. Salía del paso en el deber, no progresaba, no procuraba aprender de otros ni buscar los principios de la verdad cuando no entendía las cosas, y conservaba mi reputación y estatus bajo la apariencia de que no entendía el oficio, por lo que muchos problemas y dificultades prácticos no podían resolverse pronto, a medida que mis hermanos y hermanas cumplían con el deber, lo que afectaba gravemente a la producción de videos. Estas fueron las consecuencias que tuvo que gritara consignas, no hiciera un trabajo práctico y no resolviera problemas prácticos.

Luego también leí en la palabra de Dios: “Cuando Dios pide que las personas dejen de lado el estatus y el prestigio, no es que les esté privando del derecho de elegir; más bien es porque, durante la búsqueda de prestigio y estatus, las personas interrumpen y perturban el trabajo de la iglesia y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios, e incluso puede que afecten al hecho de que otros coman y beban de las palabras de Dios, comprendan la verdad y, así, logren la salvación de Dios. Es un hecho indiscutible. Cuando la gente se afana por el prestigio y el estatus, es indudable que no busca la verdad y no cumple fielmente con el deber. Solo habla y actúa en aras del prestigio y el estatus, y todo trabajo que hace, sin la más mínima excepción, es en beneficio de esas cosas. Esa forma de comportarse y actuar implica, sin duda, ir por la senda de los anticristos; es una interrupción y perturbación de la obra de Dios, y sus diversas consecuencias obstaculizan la difusión del evangelio del reino y el libre fluir de la voluntad de Dios en la iglesia. Así pues, se puede afirmar con certeza que la senda que recorren los que van en pos del prestigio y el estatus es la senda de resistencia a Dios. Es una resistencia intencionada a Él contrariándolo; es decir, cooperar con Satanás para resistirse a Dios y oponerse a Él. Esta es la naturaleza de la búsqueda de estatus y prestigio por parte de la gente. El problema de las personas que buscan sus propios intereses es que los objetivos que persiguen son los mismos que los de Satanás, unos objetivos malvados e injustos. Cuando las personas buscan sus intereses personales, como el prestigio y el estatus, se convierten involuntariamente en una herramienta de Satanás, en un canal de este y, además, se convierten en una personificación de Satanás. Desempeñan un papel negativo en la iglesia; el efecto que causan en el trabajo de la iglesia y en la vida normal de la iglesia y la búsqueda normal del pueblo escogido de Dios es el de perturbar y perjudicar. Causan un efecto negativo y adverso” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9: Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (I)). Al meditar las palabras de Dios, vi que todo cuanto hacía en el deber era por conservar mi imagen y estatus y que no protegía para nada el trabajo de la iglesia, lo que perjudicaba el trabajo. Por miedo a que me despreciaran si no entendía el oficio, y para ocultar mi carencia, no participaba en los debates de trabajo ni seguía el trabajo concreto. Ni siquiera fui capaz de corregir que la líder del grupo fuera arbitraria y perturbadora para el trabajo. También temía que mis líderes superiores supieran que no hacía un trabajo práctico y me destituyeran, por lo que no tomaba la iniciativa de informarles y buscar soluciones y observaba cómo se resentía el trabajo de la iglesia. Ocultaba claramente los hechos, con lo que engañaba a superiores y subordinados y hacía que la gente pensara equivocadamente que la labor que supervisaba no tenía problemas y era normal para poder preservar mi puesto de líder. Pero mientras me empleaba a fondo en preservar mi imagen y estatus, mis hermanos y hermanas estaban limitados, no podían avanzar en el deber, vivían con dolor y sufrimiento, sufrían en la vida, y el trabajo se veía gravemente entorpecido, pero no me importaba nada de esto. ¿No eran todas estas manifestaciones de un falso liderazgo? Al reflexionar estas cosas sentí cierto miedo, pero también remordimiento y pesar. Me odié por ser tan egoísta y astuta. ¡Mi conciencia era insensible a todo ello! Los trabajos en video son un aspecto clave de la obra en la iglesia. Cumplía un deber muy importante, pero no tenía en consideración la voluntad de Dios, conservaba mi imagen y estatus en todo, e interrumpía y perturbaba la labor de la iglesia. Recordar todas mis conductas en el deber y el perjuicio ocasionado al trabajo de la iglesia me dolió como una puñalada al corazón. Me daba mucha vergüenza presentarme ante Dios Con lágrimas y remordimiento, oré a Dios: “Dios mío, era astuta y hacía trampas en el deber, y no un trabajo práctico. Jamás podrá recuperarse la pérdida que ocasioné al trabajo de la iglesia. En lo sucesivo, quiero arrepentirme ante Ti en el deber, ¡y te pido que me examines!”.

Luego descubrí cómo practicar y entrar en la palabra de Dios. “¿Cómo ser alguien normal y corriente? ¿Cómo puede la gente, como dice Dios, asumir el lugar propio de un ser creado, cómo puede no intentar ser sobrehumano, o una gran figura? ¿Cómo deberías practicar para ser una persona normal y corriente? ¿Cómo se puede lograr eso? […] En primer lugar, no te dejes llevar por tu propio título. No digas: ‘Soy el líder, soy el jefe del equipo, soy el supervisor, nadie conoce este tema mejor que yo, nadie entiende las habilidades más que yo’. No te dejes llevar por tu autoproclamado título. En cuanto lo hagas, te atará de pies y manos, y lo que digas y hagas se verá afectado; tu pensamiento y juicio normales, también. Debes liberarte de los grilletes de este estatus; primero bájate de esta posición oficial que imaginas tener y ponte en el lugar de una persona corriente; si lo haces, tu actitud se volverá normal. También debes admitirlo y decir: ‘No sé cómo hacer esto, y tampoco entiendo aquello; voy a tener que investigar y estudiar’, o ‘Nunca he experimentado esto, así que no sé qué hacer’. Cuando seas capaz de decir lo que realmente piensas y de hablar con honestidad, estarás en posesión de una razón normal. Los demás conocerán tu verdadero yo, y por tanto tendrán una visión normal de ti y no tendrás que fingir, ni existirá una gran presión sobre ti, por lo que podrás comunicarte con la gente con normalidad. Vivir así es libre y fácil; quien considera que vivir es agotador es porque lo ha provocado él mismo. No finjas ni coloques una fachada; primero muéstrate abierto sobre lo que piensas en tu corazón, tus verdaderos pensamientos, para que todos los conozcan y los comprendan. De este modo, se eliminarán tus preocupaciones, y las barreras y sospechas entre ti y los demás. Además, también cuentas con otra dificultad. Siempre te consideras el jefe del equipo, un líder, un obrero o alguien con título y estatus: Si dices que no entiendes algo, o que no puedes hacer algo, ¿acaso no te estás denigrando a ti mismo? Cuando dejas de lado estos grilletes en tu corazón, cuando dejas de pensar en ti mismo como un líder o un obrero, y cuando dejas de pensar que eres mejor que otras personas, y sientes que eres una persona ordinaria igual a cualquier otra, que hay algunos ámbitos en los que eres inferior a los demás; cuando compartes la verdad y los asuntos relacionados con el trabajo con esta actitud, el efecto es diferente, y el ambiente también es diferente. Si en tu corazón siempre tienes recelos, si siempre te sientes estresado y menoscabado, y si quieres librarte de estas cosas pero no eres capaz, entonces puede resultarte efectivo hacerlo orando seriamente a Dios, reflexionando sobre ti mismo, percibiendo tus defectos, esforzándote hacia la verdad y poniéndola en práctica” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Tras leer las palabras de Dios, se me iluminó mucho el corazón. Antes, siempre me situaba en el puesto de líder. Siempre quería fingir que lo sabía todo para que me admiraran, y no que vieran mi auténtica cara. Creía que, para ser líder, tenía que estar por encima del resto y ser omnipotente. Era un error. De hecho, no era mucho mejor que otros. Tenía las mismas actitudes corruptas que mis hermanos y hermanas y había muchas cosas que no veía claras ni entendía. Ser líder solo era una oportunidad de practicar. Tenía que dejar el cargo, ser honesta, sincerarme sobre mi yo real ante mis hermanos y hermanas y cooperar con todos en pie de igualdad al cumplir con el deber. Si no entendía algo, debía admitirlo y dejar hablar más a quienes sí lo entendieran. Así podría resolver a tiempo los problemas de trabajo y compensar mis propios defectos. Si había un problema que no viera claro o no supiera resolver, tenía que informar a tiempo a mis superiores para evitar graves problemas después.

Ahora me han reelegido líder de la iglesia. Estoy muy agradecida y sé que es una oportunidad para que me arrepienta. Como no puedo compensar mis transgresiones previas, solo deseo esmerarme en lo sucesivo. Me juré a mí misma que haré todo lo que pueda y deba por cumplir bien este deber y que, si vuelvo a dejar que mi carácter corrupto me haga irresponsable en él, espero la reprensión y disciplina de Dios sobre mí. Ahora hay muchas tareas en mi deber de las que no sé mucho. A veces, cuando los hermanos y hermanas vienen a mí a hablar de trabajo, no lo entiendo muy bien y siento deseos de eludirlo y no participar, pero, al pensar en las lecciones de mis fracasos previos, me asusto un poco. Enseguida oro a Dios para pedirle que me mantenga en calma, capaz de escuchar atentamente y de trabajar con mis hermanos y hermanas para hallar el modo de resolver los problemas. Tras adaptar mi estado y participar de verdad en estas tareas mientras llevo una carga, no solo descubro cuál es el problema, sino que a veces soy capaz de dar sugerencias razonables. Cuando hay cuestiones de principios que no veo claras ni sé resolver, informo de ellas a mis líderes superiores y pido ayuda. De esa forma no se demora el trabajo, y el problema se resuelve pronto.

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