La realidad de la negligencia

13 May 2022

Por Víctor, Corea del Sur

En octubre acabamos de producir un video. Trabajamos mucho en él y le dedicamos mucho tiempo y energía, pero, sorprendentemente, al examinarlo el líder, señaló problemas en muchos detalles. Dijo que el video no estaba bien hecho, no suponía una mejora respecto a los videos anteriores y había que repetirlo. Eso me desconcertó. Jamás había imaginado que habría unos problemas tan grandes. ¿Eso no implicaba que todos nuestros esfuerzos y recursos habían sido vanos? Parecía un enorme desperdicio.

Estaba un tanto confundido. No sabía cómo salir de esa situación ni qué lección tenía que aprender. Pensaba que el video había pasado varias fases de edición, en las cuales el líder lo había mirado, pero nunca comentó esos problemas. Como yo creía carecer de aptitud, normal que no notara esos problemas. Sin embargo, no dejaba de pensarlo y algo no me olía bien. ¿Semejantes problemas se debían únicamente a mi falta de aptitud? Lo hacía muy mal en el deber; ¿por qué se producía ese problema? Recordé algo que el líder había señalado previamente: que solo había revisado los conceptos y la continuidad del video, pero eso no implicaba que no hubiera problemas. Nos dijo que lo pensáramos detalladamente, lo revisáramos a fondo y arregláramos los problemas que encontrásemos. No obstante, eso no fue lo que hice yo. Supuse que, como el líder había visto el video, debía de estar bien, por lo que, durante la producción, no lo analicé atentamente ni le di mucha importancia. Tuve una actitud totalmente negligente y superficial. Luego, cuando surgieron problemas, le dije que el líder que ya lo había analizado. ¿No estaba evadiendo mi responsabilidad? Fue algo muy irracional de mi parte. Pensé entonces que, sin duda, aquello entrañaba una lección para mí, así que oré y busqué pidiéndole a Dios que me guiara para conocerme a mí mismo.

Días después, la hermana con quien trabajaba me pidió que analizara con ella un video completo. Le hablé claro de unos problemas que había advertido en mi análisis, pero ella alegó que el líder lo había mirado y había comentado que le gustaba el concepto y que debíamos terminarlo ya. Yo tenía sugerencias de modificaciones, pero no me atreví a señalarlas tras oír que el líder lo había mirado y le había gustado. Temía que mi juicio fuera incorrecto e hiciéramos cambios que estuvieran mal. Entonces yo estaría estorbando. Sin embargo, realmente apreciaba problemas en el video, así que le pedí a otro hermano que lo mirara, y estuvo de acuerdo conmigo. Pensé que debía volver a plantearlo. No obstante, después reflexioné que, si lo modificábamos y los cambios que sugiriera yo daban problemas, cuando el líder preguntara quién lo había hecho, ¿no sería responsabilidad mía? ¿No trataría conmigo? Si íbamos a preguntar al líder y él decía que bien, no haría falta editar más. Eso nos ahorraría trabajo y no tendríamos que insistir en ello. Por ello, le sugerí a la hermana compañera mía que preguntáramos al líder para poder quedarnos tranquilos. Sin embargo, nada más salir esas palabras de mi boca, sentí que algo no iba bien. Esta situación me resultaba muy familiar; es decir, siempre tenía la misma reacción a una opinión diferente: preguntar al líder y que decidiera él. Si el líder daba su visto bueno, no teníamos que preocuparnos de ello y podíamos pasar página; si no, si alegaba que había problemas, editábamos. Eso hacíamos siempre. De hecho, no es que no conociéramos los principios y requisitos de los videos. Podíamos buscar la verdad y actuar según los principios para esos problemas, y el líder había aclarado que su análisis era una mirada más amplia al video, mientras que nosotros teníamos que buscar y arreglar problemas menores. Esa era la responsabilidad que debía llevar a cabo, mi trabajo. Entonces, ¿por qué no me volcaba para nada en él? Ante los problemas o las diferencias de opinión, no estaba buscando los principios con los hermanos y hermanas para alcanzar un consenso ni estaba siendo responsable; por el contrario, se lo estaba pasando al líder y no estaba cumpliendo con mi deber. Recordé unas palabras de Dios: “Algunas personas son siempre muy pasivas en su deber, siempre sentadas y esperando y dependiendo de los demás. ¿Qué clase de actitud es esa? Es una irresponsabilidad. […] Solo hablas sobre palabras y doctrinas y solo dices cosas que suenan bien, pero no haces ningún trabajo real. Si no quieres realizar tu deber, deberías dimitir. No mantengas tu posición y te quedes sin hacer nada allí. ¿Acaso hacer eso no es infligir daño al pueblo escogido de Dios y comprometer el trabajo de la iglesia? Por la forma en la que hablas, pareces entender todo tipo de doctrina, pero cuando se te pide que hagas un deber, eres superficial, y no eres en absoluto concienzudo. ¿Es eso gastarte sinceramente por Dios? No eres sincero respecto a Dios, pero finges sinceridad. ¿Eres capaz de engañarle? En la forma en que sueles hablar parece haber una gran fe; te gustaría ser el pilar de la iglesia y su roca. Pero cuando haces un deber, eres más inservible que una simple cerilla. ¿No es esto engañar a Dios con los ojos abiertos de par en par? ¿Sabes lo que pasará contigo por intentar engañar a Dios? Te desdeñará y te descartará. Todas las personas se revelan en la ejecución de su deber: basta con poner a una persona en un deber, y no tardará en revelarse si se trata de alguien honesto o falso, y si es o no amante de la verdad. Los que aman la verdad pueden realizar su deber con sinceridad y defender la obra de la casa de Dios; los que no la aman no defienden la obra de la casa de Dios en lo más mínimo, y son irresponsables en la ejecución de su deber. Esto les queda claro enseguida a los que son lúcidos. Nadie que haga de manera pobre su deber es un amante de la verdad o una persona honesta; a tales personas se las va a revelar y descartar(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se es una persona honesta es posible vivir la auténtica semejanza humana). Dice Dios que debemos ser responsables en el deber y hacer un trabajo práctico. Es el único modo de cumplir bien con el deber. Si no nos volcamos en el deber, sino que tan solo salimos del paso sin tomarnos en serio los problemas ni asumir responsabilidades, queriendo siempre pasarle el deber a otro y hacer un mero trabajo superficial, entonces no podemos cumplir bien con el deber y Dios estará insatisfecho. A ojos de Dios, la gente así es inútil e indigna de cumplir con un deber. Vi que yo era como lo expuesto por Dios. Cuando me topara con problemas en el deber, si me volcaba en él orando, buscando y hablando de los principios con los demás hermanos y hermanas, llegaríamos a un consenso y a una solución. No obstante, eso me parecía un lío y no quería hacer el esfuerzo. Por eso quería ir directo al líder, pues creía que sería menos lío que él llevara la voz cantante. Nos ahorraría muchísimo trabajo. Si no, estaríamos siglos quejándonos y a lo mejor no encontrábamos respuesta. Así, le pasaba muchos problemas al líder. Como líder del equipo, no asumía mis responsabilidades ni pagaba el precio que debía pagar. Además, en los debates de trabajo, a veces detectaba problemas o tenía el esclarecimiento del Espíritu Santo, pero, una vez que me explicaba, si un hermano o hermana expresaba otra opinión, me callaba como un muerto. Temía que dijeran que era arrogante y me resultaba aún más aterrador tener que asumir la responsabilidad en caso de problemas. Para mí, como ya había compartido mi opinión, era cosa de ellos analizarla, y si no alcanzábamos un consenso, podríamos preguntar al líder. De ese modo, si surgía un problema, al menos no se volvería totalmente contra mí. No buscaba la forma de actuar según los principios verdad y ni mucho menos pensaba en lo que beneficiaría a la iglesia. No quería pagar el más mínimo precio y era un irresponsable. A simple vista, detectaba y planteaba problemas, pero no los resolvía. Siempre dejaba que otros tuvieran la última palabra y no tomaba decisiones. ¿No estaba haciendo trampas y siendo egoísta y despreciable? No defendía los intereses de la iglesia. Antes, siempre que enfrentábamos un problema, preguntaba al líder porque me parecía razonable preguntar cuando no entendiera en vez de confiar ciegamente en mí. Con la revelación de las palabras de Dios descubrí que era un irresponsable, negligente en el deber, nada fiel. Ahora que me había percatado, veía que era realmente estúpido e insensible. Ante esas situaciones, nunca busqué la verdad ni aprendí ninguna lección. Siempre era evasivo en el deber y no me lo tomaba con responsabilidad. ¡Qué forma más peligrosa de cumplir con el deber! Ahora había encontrado problemas y mi compañera tenía unas ideas distintas. Si no buscaba con ella los principios verdad para llegar a un acuerdo o buscar una solución, sino que corría a preguntar al líder, era obvio que estaba saliendo del paso. Entendí que tenía que cambiar mi estado, que, si seguía sin decidir y siendo un irresponsable, estaba cometiendo un error a sabiendas. Por ello, le sugerí a mi compañera crear otra versión, comparar las dos y pedir al líder que analizara la que consideráramos mejor. Ella se manifestó de acuerdo. Tras ponerlo en práctica, me sentí muy tranquilo.

Luego leí este pasaje de las palabras de Dios: “¿Es cobarde la clase de persona que teme asumir responsabilidades al hacer su deber o es que existe un problema con su carácter? Hay que saber diferenciarlo. En realidad, no es una cuestión de cobardía. ¿Cómo es que son tan atrevidas cuando se trata de hacerse ricas o cuando se trata de hacer algo por su propio beneficio? Asumirán cualquier riesgo por estas cosas. Pero cuando hacen cosas por la iglesia, por la casa de Dios, no asumen ningún riesgo. Tales personas son egoístas y despreciables, las más traicioneras de todas. Quien no asume responsabilidades al cumplir con su deber no es en absoluto sincero con Dios, ya no hablemos de su lealtad. ¿Qué clase de persona se atreve a asumir responsabilidades? ¿Qué clase de persona tiene el valor de asumir una pesada carga? Alguien que asume el liderazgo y arremete con valentía en el momento más crucial de la obra de la casa de Dios; que asume con valentía una pesada carga y no teme afrontar dificultades y peligros al ver la obra que es más importante y vital. Se trata de alguien leal a Dios, un buen soldado de Cristo. ¿Es que todos los que temen asumir responsabilidades en su deber lo hacen porque no entienden la verdad? No; hay un problema con su humanidad. No tienen sentido de la rectitud ni de la responsabilidad. Son personas egoístas y despreciables, no son creyentes sinceros en Dios ni aceptan la verdad en lo más mínimo. Solo por esta razón, no pueden ser salvados. Los creyentes en Dios deben pagar un alto precio a fin de ganar la verdad, y se toparán con muchos obstáculos para practicarla. Deben renunciar a las cosas, abandonar sus intereses carnales y soportar cierto sufrimiento. Solo entonces podrán poner en práctica la verdad. Entonces, ¿puede practicar la verdad esta clase de persona que teme asumir responsabilidades? Desde luego que no puede practicar la verdad, y menos aún obtenerla. Tiene miedo de practicar la verdad, de incurrir en una pérdida para sus intereses; tiene miedo de ser humillada, de ser calumniada y juzgada, y no se atreve a poner en práctica la verdad. Por consiguiente, no puede obtenerla, y, por muchos años que crea en Dios, no puede alcanzar Su salvación. Para poder cumplir con un deber en la casa de Dios, hay que ser personas que tengan un sentido de la carga en lo que se refiere al trabajo de la iglesia, que asuman la responsabilidad, que puedan defender los principios-verdad, y sean capaces de sufrir y pagar un precio. Si uno carece de estos aspectos, no es apto para hacer un deber y no cumple las condiciones para ello. Hay muchas personas con miedo a asumir la responsabilidad de hacer un deber. Su miedo se manifiesta de tres maneras principales. La primera es que solo eligen deberes que no exigen asumir responsabilidades. Si un líder de la iglesia les ordena un deber, primero preguntan si deben responsabilizarse de él; si es así, no lo aceptan. Si no exige que asuman la responsabilidad y se responsabilicen de él, lo aceptan a regañadientes, pero aun así consideran si el trabajo es agotador o implica preocuparse. Incluso cuando aceptan hacerlo a regañadientes, su intención no es hacerlo bien, en su lugar siguen queriendo ser superficiales, adoptan como principio: ‘ocio, no negocio, y ninguna penalidad física’. En segundo lugar, cuando se encuentran con una dificultad o un problema, su primera respuesta es informarlo a un líder para que este se ocupe y lo resuelva, con la intención de mantenerse ellos despreocupados. No les importa cómo de bien se ocupe el líder del asunto y no le dan importancia; mientras ellos no se hagan responsables, todo bien. ¿Están siendo leales a Dios al realizar su deber de esta manera? A esto se le llama escurrir el bulto, negligencia en el deber y ser esquivo. Es pura charla, no están haciendo nada real. Se dicen a sí mismas: ‘Si tengo que solucionar esto, ¿qué pasa si termino cometiendo un error? Cuando investiguen quién tiene la culpa, ¿acaso no se encargarán de mí? ¿No recaerá la responsabilidad sobre mí primero?’. Esto es lo que les preocupa. Sin embargo, ¿crees tú que Dios lo escruta todo? Todo el mundo comete errores. Si una persona de intención correcta carece de experiencia y no se ha ocupado anteriormente de algún tipo de asunto, pero lo ha hecho lo mejor posible, eso es visible para Dios. Debes creer que Dios escruta todas las cosas y el corazón del hombre. Si uno ni siquiera cree esto, ¿no es un incrédulo? ¿Qué puede importar que alguien así haga un deber? […] Hay otra forma en que se manifiesta el miedo de alguien a asumir responsabilidades al realizar un deber. Cuando realizan su deber, algunas personas solo hacen un poco de trabajo superficial y sencillo, un trabajo que no conlleva asumir responsabilidades. Descargan sobre otros el trabajo que conlleva dificultades y responsabilidad, y si algo llega a ir mal, culpan a esa gente y actúan como si no tuviera nada que ver con ellas. […] Si no tienen sentido de la responsabilidad al realizar su deber, ¿cómo pueden hacerlo bien? Los que no se gastan para Dios de verdad no pueden llevar a cabo bien ningún deber, y los que temen aceptar responsabilidad solo demorarán las cosas cuando hacen su deber. La gente así no es fiable ni se le puede encomendar nada; solo hace su deber para gorronear(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). La palabra de Dios me tocó de veras la fibra sensible y sentí que Él describía mi estado preciso en aquella época. Al hacer el trabajo encomendado por la iglesia, no trabajaba con los principios verdad ni me amparaba en Dios para hacerlo lo mejor posible. En cambio, huía de los problemas, eludía la responsabilidad y le pasaba todo al líder para que él se ocupara. Hacía lo que dijera el líder porque creía que, si al final no estaba bien, yo no sería el responsable y él no trataría conmigo. ¿No estaba haciendo trampas? Hasta creía que era una manera inteligente de hacer las cosas. Sin embargo, en las palabras de Dios descubrí que cedía la responsabilidad, incumplía con el deber y era astuto. Era malicioso y astuto para con Dios en el deber. Siempre me dejaba una salida para poder eludir la responsabilidad. No era sincero ni pagaba un precio real, ni tampoco procuraba hacer todo lo posible. Solo me evadía y era deshonesto y, aunque hiciera servicio, no era fiel. No era digno de un deber. Me di cuenta de que, cada vez que habíamos acabado un video, siempre que el líder dijera que estaba bien en el análisis preliminar, yo no lo analizaba seriamente ni reflexionaba de verdad. Aunque los demás hicieran sugerencias en el proceso de producción, no les hacía mucho caso. Echaba un rápido vistazo y decía que estaba bien. Era muy irresponsable. Por tanto, algunos videos terminados tenían problemas y había que modificarlos. A veces, el equipo no alcanzaba un consenso sobre un video; yo veía el problema, pero no decía nada decisivo, sino que se lo llevaba al líder para que tomara la decisión. En ocasiones, realmente no captábamos los principios de un problema, no podíamos garantizar que habíamos hecho las cosas de forma óptima y necesitábamos que el líder nos guiara para ayudarnos a corregir los fallos. No obstante, había problemas claramente asequibles para nosotros, pero yo encontraba un resquicio y no hacía algo que sabía hacer. No pagaba el precio ni lo meditaba como debía, sino que iba a lo fácil. No buscaba los principios verdad ni pensaba mucho en los problemas que apreciaba. Tampoco intentaba resumir ni aprender lecciones de las anomalías y fallas. Me acostumbré a actuar así. Pensaba incluso que todo el mundo cometía errores en el deber, por lo que, si yo pasaba por alto algunos problemas, era por falta de aptitud. Aparte de que viera o no los problemas, ni siquiera tenía el debido sentido de la responsabilidad. Por protegerme, era negligente e irresponsable en el deber y hasta responsabilizaba al líder cuando surgían problemas. Tergiversaba la verdad y todo lo convertía en problema de otro. Ahora veía que no era cuestión de aptitud, sino de un problema mío de humanidad.

Leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Si siempre te proteges cada vez que te acontece algo y mantienes una puerta trasera y una vía de escape abiertas para ti, ¿estás poniendo en práctica la verdad? Eso no es practicar la verdad, sino que es ser esquivo. Ahora haces el deber en la casa de Dios. ¿Cuál es el primer principio de hacer un deber? Cumplir primero con él de todo corazón, sin escatimar esfuerzos, y proteger así los intereses de la casa de Dios. Este es un principio-verdad que has de poner en práctica. Protegerse a uno mismo dejando una puerta trasera y una ruta de escape abiertas para uno mismo es el principio de práctica que siguen los no creyentes y su filosofía suprema. En todas las cosas, considerarse a uno mismo primero, anteponer los propios intereses a todo lo demás y no pensar en los otros, creer que los intereses de la casa de Dios y los intereses de otros no tienen nada que ver con uno mismo, pensar primero en los propios intereses y luego en una vía de escape, ¿acaso no es eso ser un no creyente? Eso es precisamente lo que es un no creyente. Este tipo de persona no es digna de realizar un deber(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). Las palabras de Dios me resultaron muy incisivas. Nunca habría imaginado que la perspectiva mediante la que cumplía con mi deber era la de un incrédulo. Ante los problemas, siempre había pensado primero en mis intereses por miedo a que cualquier problema se volviera contra mí. Así, parecía cumplir con el deber, pero en realidad nunca me volcaba en él, no buscaba la verdad ni actuaba según los principios, ni tampoco pensaba en los intereses de la iglesia. Además, me contentaba con hacer algo de trabajo en el deber, con cumplir con las formalidades cada día. ¿No era como un incrédulo que trabajaba para un jefe? Cuando mi compañera y yo teníamos opiniones distintas, ¿por qué quería dejar que decidiera el líder? Era una cuestión de no querer asumir la responsabilidad. Por ello, aunque identificara claramente problemas reales, dejaba que el líder decidiera al respecto y hasta me parecía bien hacerlo. Descubrí que no asumir responsabilidades había llegado a ser una revelación espontánea de mi naturaleza. Era verdaderamente malicioso y egoísta y totalmente indigno de confianza. Jugaba, era astuto y carecía de cualquier semblanza de autenticidad. La gente así no es muy digna de cumplir con un deber. Las palabras de Dios dicen: “Algunas personas no asumen ninguna responsabilidad cuando hacen su deber, son siempre negligentes. Aunque detecten el problema, no están dispuestas a buscar una solución y les asusta ofender a la gente, por lo que hacen las cosas con prisas y, como consecuencia, es necesario volver a hacer el trabajo. Como estás desempeñando este deber, has de hacerte responsable de él. ¿Por qué no te lo tomas en serio? ¿Por qué estás siendo negligente? ¿Eres descuidado en tus responsabilidades cuando haces tu deber de esta manera? No importa quién asuma la responsabilidad principal, todos los demás son responsables de vigilarlo, todos deben tener esta carga y este sentido de la responsabilidad; pero ninguno de vosotros prestáis atención, sois realmente negligentes, no tenéis devoción, ¡sois descuidados en vuestras responsabilidades! No es que seáis incapaces de detectar el problema, sino que no estáis dispuestos a asumir la responsabilidad. Cuando detectáis el problema, tampoco deseáis prestarle ninguna atención a este asunto, os conformáis con un ‘basta con eso’. ¿Acaso ser negligente de esta manera no es un intento de engañar a Dios? Si cuando Yo obrara y os hablara sobre la verdad pensara que un ‘basta con eso’ es aceptable, entonces, conforme a cada una de vuestras aptitudes y búsquedas, ¿qué podríais ganar con eso? Si Yo tuviera la misma actitud que vosotros, no podríais ganar nada. ¿Por qué lo digo? En parte porque no hacéis nada con seriedad, y en parte porque tenéis bastante poca aptitud, estáis bastante adormecidos. Como veo que todos estáis adormecidos y que no amáis la verdad ni la perseguís, sumado a vuestra poca aptitud, debo hablar de forma detallada. Debo desgranarlo todo, hablar de las cosas desde todos los ángulos y en todos los sentidos, y desglosarlas y fragmentarlas en Mi discurso. Solo así las entendéis un poco. Si Yo fuera negligente con vosotros y hablara un poco de cualquier tema cuando me apeteciera, sin meditarlo ni esmerarme, sin volcar Mi corazón en ello, y si no hablara cuando no me apeteciera, ¿qué podríais obtener? Con aptitudes como las vuestras, no comprenderíais la verdad, no obtendríais nada y mucho menos alcanzaríais la salvación. Así pues, no puedo hacer eso, sino que debo hablar en detalle. Debo ser minucioso y dar ejemplos sobre los estados de cada tipo de persona, las actitudes que la gente tiene hacia la verdad y cada tipo de carácter corrupto, y debo repetirlo; solo entonces comprenderéis lo que estoy diciendo y entenderéis lo que escucháis. Sea cual sea el aspecto de la verdad que comparta, adopto diversos métodos para hablar, usando métodos de enseñanza para adultos y para niños, utilizando los métodos de hablar sobre los razonamientos y de contar historias, y los métodos de hablar sobre la teoría, la práctica y la experiencia para que la gente pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. De este modo, los que tengan calibre y corazón tendrán la oportunidad de entender la verdad, aceptarla y salvarse. Pero vuestra actitud hacia el deber siempre ha sido de superficialidad, de dejarse llevar, y no os preocupáis por el largo retraso que provocáis. No reflexionáis sobre cómo buscar la verdad para resolver los problemas ni pensáis en cómo realizar vuestro deber adecuadamente para poder dar testimonio de Dios. Esto es descuidar vuestro deber. Por eso vuestra vida crece muy lentamente, pero no os molesta el tiempo que habéis perdido. De hecho, si hicierais vuestro deber de forma concienzuda y responsable, no tardaríais ni siquiera cinco o seis años en poder hablar de vuestras experiencias y dar testimonio de Dios, y las diversas tareas se llevarían a cabo con gran efecto; pero no estáis dispuestos a ser considerados con las intenciones de Dios, ni os esforzáis por alcanzar la verdad. Hay algunas cosas que no sabéis hacer, así que Yo os doy instrucciones precisas. No tenéis que pensar; simplemente tenéis que escuchar y poneros a hacerlas. Esa es la única parte de responsabilidad que debéis asumir; sin embargo, hasta eso queda fuera de vuestro alcance. ¿Dónde está vuestra devoción? ¡No se ve por ningún lado! Lo único que hacéis es decir cosas agradables. En vuestro corazón, sabéis lo que debéis hacer, pero simplemente no practicáis la verdad. Esto es rebelión contra Dios y, en el fondo, es una falta de amor por la verdad. En vuestro corazón, sabéis muy bien cómo actuar de acuerdo con la verdad, pero no la ponéis en práctica. Este es un problema serio; tenéis la verdad justo delante y no la ponéis en práctica. No sois personas que se someten a Dios en absoluto. Para realizar un deber en la casa de Dios, lo mínimo que debéis hacer es buscar la verdad, practicarla y actuar de acuerdo con los principios. Si no puedes practicar la verdad en la ejecución de tu deber, ¿dónde puedes practicarla? Y si no practicas nada de verdad, entonces eres un incrédulo. ¿Cuál es tu propósito, en realidad, si no aceptas la verdad, mucho menos la practicas, y simplemente andas sin rumbo en la casa de Dios? ¿Deseas hacer de la casa de Dios tu hogar de retiro o una casa de caridad? Si es así, te equivocas: la casa de Dios no se ocupa de los gorrones ni de los holgazanes. Todo aquel de escasa humanidad, que no haga su deber de buena gana, que no sea apto para realizar un deber, debe ser echado; todos los incrédulos que no aceptan la verdad en absoluto han de ser descartados. Algunas personas entienden la verdad, pero no pueden ponerla en práctica al realizar sus deberes. Cuando ven un problema, no lo resuelven, y si bien saben que es su responsabilidad, no se entregan a ello por completo. Si ni siquiera cumples con responsabilidades que eres capaz de cumplir, ¿qué valor o efecto podría tener hacer tu deber? ¿Tiene sentido creer en Dios de esta manera? Alguien que comprende la verdad pero que no puede practicarla, que no puede soportar las adversidades que le corresponden, no es apto para hacer un deber(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Me avergoncé tras leer las palabras de Dios. Dios es completamente sincero al tratar a las personas. Para salvarnos, Él nos enseña por todos los medios, con lo que nos habla muy al detalle de varios aspectos de la verdad y lo hace de una manera muy paciente. Nos da muchos ejemplos para guiarnos por si no lo entendemos, siempre está enseñando verdades para regarnos y proveernos, y ha pagado el mayor precio posible. Reflexioné sobre mi actitud en el deber y comprendí que la iglesia me confiaba un deber tan importante, pero yo no asumía la responsabilidad. Lo abordaba negligentemente, holgazaneando en lo que pudiera, engañando y siendo astuto. ¿Dónde estaba mi humanidad? Dios era sincero con nosotros, pero lo único que yo le retribuía era falsedad. Antaño había leído unas palabras de Dios sobre la gente de poca humanidad, pero no las relacioné conmigo. Después vi que, en efecto, tenía poca humanidad y nada de conciencia. Parecía cumplir a diario con el deber y estar pagando cierto precio y cumplía con todas las formalidades. No obstante, mi corazón no miraba a Dios. No procuraba hacer todo lo posible en el deber, volcarme en él, ser considerado y diligente. En cambio, era superficial y solo cumplía con las formalidades. No cumplía con un deber, ni siquiera daba la talla de un hacedor de servicio. Sabía que no podía compensar las pérdidas causadas al trabajo a causa de mi irresponsabilidad. Le oré a Dios para pedirle una oportunidad de arrepentirme, y a partir de entonces decidí cambiar de actitud en el deber. No podía seguir siendo tan negligente.

Leí un pasaje de las palabras de Dios: “Dado que las personas tienen un carácter corrupto, a menudo son negligentes en el desempeño de su deber. Este es el problema más grave. Si las personas han de desempeñar bien sus deberes, primero deben resolver el problema de la negligencia. Mientras tengan una mentalidad negligente, no podrán desempeñar bien sus deberes, lo que significa que resolver el problema de la negligencia es lo más importante. Entonces, ¿cómo deberían practicar? Primero, deben resolver el problema de su mentalidad: deben tratar sus deberes correctamente, hacer las cosas con seriedad y responsabilidad, y evitar tener un corazón falso y negligente. El deber de uno se realiza para Dios, no para ninguna persona; si las personas son capaces de aceptar el escrutinio de Dios, tendrán la mentalidad correcta. Es más, después de hacer algo, deben revisarlo y reflexionar sobre ello. Si se sienten un poco intranquilas en su corazón, y con una revisión cuidadosa descubren que realmente hay un problema, entonces deben corregirlo, y después de hacerlo, se sentirán tranquilas en su corazón. Sentirse intranquilo por dentro demuestra que hay un problema. Esto requiere una revisión cuidadosa, y no se debe pasar por alto nada en los puntos críticos. Esta actitud implica ser responsable en el desempeño del propio deber. Si uno puede ser concienzudo, asumir la responsabilidad y poner todo su corazón y fuerza, el trabajo se hará bien. A veces estás en un estado mental equivocado, y no puedes encontrar ni descubrir un error que está claro como el agua. Si estuvieras en el estado mental correcto, entonces, con el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, serías capaz de identificar el problema. Si el Espíritu Santo te guiara y te otorgara una conciencia, permitiéndote sentir claridad en el corazón y saber dónde reside el error, entonces serías capaz de corregir la desviación y esforzarte por los principios-verdad. Si estuvieras en un estado mental equivocado, distraído y descuidado, ¿serías capaz de notar el error? No lo serías. ¿Qué observamos con esto? Para desempeñar bien sus deberes, es muy importante que las personas pongan de su parte; su mentalidad es crucial, y dónde centran sus pensamientos e ideas es muy importante. Dios escruta y puede ver qué mentalidad tienen las personas y cuánto corazón ponen en ello mientras realizan sus deberes. Poner en ello todo el corazón y la fuerza de uno es fundamental, y poner de su parte es crucial. Las personas deberían esforzarse por no tener remordimientos sobre los deberes que han completado y las cosas que han hecho, y por no estar en deuda con Dios. Esto es verdaderamente lo que significa poner todo el corazón y la fuerza de uno. Si nunca pones todo tu corazón y tu fuerza en tu deber y eres constantemente negligente, con lo que causas una pérdida tremenda al trabajo y quedas muy por debajo de los resultados requeridos por Dios, entonces solo puedes ser descartado. ¿Y habrá todavía tiempo para sentir remordimiento, entonces? No lo habrá. ¡Eso será un remordimiento eterno, una mancha! Ser constantemente negligente es una mancha, una transgresión grave, ¿no es así? (Sí). Debes esforzarte por hacer bien lo que te corresponde y en todo lo que deberías hacer, con todo tu corazón y tu fuerza, y no ser negligente ni quedarte con ningún remordimiento. De esta manera, el deber que haces será recordado por Dios. Esas cosas que Dios recuerda son buenas obras. ¿En qué se convierten, entonces, las cosas que Dios no recuerda? (Se convierten en transgresiones y acciones malvadas). Puede que no seas capaz de aceptar que ahora las llamemos acciones malvadas, pero cuando llegue el día en que estas cosas causen graves consecuencias y den lugar a una influencia negativa, te darás cuenta de que estas transgresiones no son meras transgresiones de comportamiento, sino acciones malvadas. Cuando llegues a esta comprensión, sentirás pesar: ‘¡Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora! Si lo hubiera pensado un poco más y me hubiera esforzado más en aquel entonces, estas consecuencias se podrían haber evitado’. Nada borrará esta mancha eterna de tu corazón, y si te deja con un sentimiento de culpa duradero, eso es un problema. Por tanto, al realizar tu deber ahora, debes centrarte en buscar la verdad y actuar según los principios, esforzándote por poner todo tu corazón y tu fuerza en la comisión que Dios te ha dado, y todo lo que hagas debe dejarte con la conciencia tranquila y sin remordimientos, y debe ser recordado por Dios. Evita ser negligente a toda costa. Si cometes un error por un impulso y es una transgresión grave, eso se convertirá en una mancha eterna. Una vez que tengas remordimientos, no podrás compensarlos; serán permanentes. Deberías ver estas dos sendas con claridad. ¿Cuál deberías elegir para obtener la aprobación de Dios? Realizar tu deber con todo tu corazón y tu fuerza, preparar suficientes buenas obras y esforzarte por obtener la verdad: solo de esta manera puedes evitar tener remordimientos. Hagas lo que hagas, no hagas el mal ni perturbes el desempeño del deber de otras personas, no cometas ningún acto de vulnerar la verdad y resistirte a Dios, y no te provoques remordimientos para toda la vida. ¿Cuál es la consecuencia de cometer demasiadas transgresiones? ¡Que acumularás la ira de Dios en Su presencia! Cuantas más transgresiones cometas, más estarás acumulando la ira de Dios; en última instancia, serás castigado(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Anteriormente había admitido que era superficial en el deber, pero nunca supe qué consecuencias podría acarrearme eso ni cómo vería y describiría Dios a alguien así. Con la palabra de Dios ya he entendido que, por fuera, esas personas parece que no cometen grandes maldades, pero que Dios aborrece su actitud hacia el deber y que, si no se arrepienten, al final perderán la ocasión de salvarse. Revelado en esta situación, vi la gravedad de mi problema de salir del paso en el deber y ser irresponsable. Por mi irresponsabilidad, hubo que editar más el video, lo que retrasó todo nuestro trabajo. Eso fue una transgresión. Si no corregía de inmediato mi estado y seguía siendo negligente e irresponsable, podría ofender el carácter de Dios y ser descartado en cualquier momento, cuando ya sería demasiado tarde para lamentarse. En las palabras de Dios hallamos una senda de práctica para corregir la negligencia en el deber. Primero hemos de tener la actitud adecuada, asumir la responsabilidad y aceptar el escrutinio de Dios. Luego, analizar minuciosamente las cosas y no disimular los problemas que encontremos.

Después, poner en práctica las palabras de Dios. Recapitulamos los motivos de nuestras fallas y repasamos diligentemente los videos según los principios sin dejarnos un solo detalle. Buscamos juntos los principios verdad y pensamos en cómo hacer la edición. Esta comunión, este debate con los hermanos y hermanas, nos ayudó a entender mejor los principios y nos percatamos de que, pese a haber analizado videos varias veces, ahora que éramos más conscientes, descubríamos más problemas en los detalles. Esto demostró de forma más clara la gravedad de nuestro problema al evadir el deber en el pasado. A continuación, analizamos cómo debíamos editar estos vídeos según esos principios, completamos todos los cambios que pudimos y se los entregamos al líder para que los revisara en cuanto no vimos ningún problema. Todo el mundo se sintió mucho más a gusto tras poner eso en práctica. Después de editar aquellos videos, se los pasamos al líder para que los analizara. Dijo: “Están muy bien y no veo problema alguno. Lo hicieron bien esta vez”. Cuando afirmó eso el líder, no pude evitar dar gracias a Dios de corazón. Sabía que no era que hubiéramos hecho un buen trabajo, sino que Dios nos guio y esclareció cuando estuvimos ligeramente dispuestos a cambiar y a arrepentirnos y dejamos de ser tan negligentes. Esta experiencia me enseñó de veras que solo si te vuelcas en un deber, este tendrá sentido y te sentirás en paz. ¡Gracias a Dios!

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