Una experiencia sobre compartir el evangelio

4 Feb 2021

Por Fusu, Corea del Sur

Empecé a compartir el evangelio tras aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso. Decidí discretamente que cumpliría con mi deber sin importar qué dificultades enfrentara para que las ovejas de Dios pudieran oír Su voz y fueran ante Él.

En febrero de 2018, conocí en Internet al hermano Mel, de Filipinas. Él estudiaba en el seminario, y, al principio, hablamos mucho sobre temas como las vírgenes prudentes y las insensatas, qué es el arrebatamiento y cosas así. Cuando surgió quién podría entrar en el reino, le pregunté al hermano Mel: “¿Crees que todos los que creemos en el Señor entraremos en el reino de los cielos al final?”. Dijo, con orgullo: “Claro. En Efesios 2:8-9, Pablo dijo: ‘Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe’. Hemos sido justificados por la fe, y seremos salvados si soportamos hasta el final. Cuando el Señor regrese, nos llevará directamente al reino. Tener dudas sobre eso es negar la salvación del Señor Jesús y es una falta de fe”. Después de que dijera eso, le dije: “Dices que hemos sido justificados por la fe y salvados por la gracia, por eso podemos entrar en el reino. ¿Hay una base bíblica para esto? ¿Lo dijo el Señor Jesús? ¿Lo dijo el Espíritu Santo?”. “La Biblia menciona ser justificado y salvado por la fe, pero no dice que eso nos hará entrar en el reino. No hay base para decir eso. ¿No es solo una noción humana?”.

Mel quedó pasmado y dijo en voz baja: “¿Ser justificado por la fe no significa entrar en el reino?”. Luego, le envié algunos versículos de la Biblia: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha” (Apocalipsis 14:5). “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Luego dije: “Las palabras del Señor son muy claras sobre las condiciones para entrar en el reino. El Señor es santo y exige que nosotros seamos tan puros, honestos e ingenuos como niños, que eliminemos la corrupción y seamos purificados, y que nos convirtamos en personas que obedecen a Dios y cumplen Su voluntad. Solo eso hace que alguien sea digno del reino. ¿Hemos cumplido con esos requisitos?”. “¿Te atreverías a decir que nunca mientes?”. “¿Te atreverías a decir que estás completamente libre de pecado y que has sido purificado?”. Mel no dijo nada. Continué con mi enseñanza: “Si nos confesamos y nos arrepentimos ante el Señor, seremos justificados por la fe y salvados por la gracia, eso es cierto. Pero ¿qué significa realmente ser justificado por la fe y ser salvado por la gracia? Todos sabemos que, en la Era de la Ley, Dios brindó guías para la vida de las personas al dar la ley y los mandamientos a través de Moisés, pero, al final de esa era, nadie obedecía la ley. Todos pecaban cada vez más. Todos corrían peligro de ser condenados o ejecutados de acuerdo con la ley. Este era el contexto en el que Dios se encarnó y fue crucificado como la ofrenda por el pecado para el hombre, y en el que rescató al hombre de la ley. Después de eso, siempre y cuando las personas aceptaran al Señor Jesús como su Salvador, se confesaran y se arrepintieran, sus pecados serían perdonados, y ellas no serían condenadas por no obedecer la ley. Eso significa que el Señor ya no nos veía como pecadores, podíamos ser llamados justos gracias a la redención del Señor y éramos aptos para ir ante Dios en oración y disfrutar la gracia, la paz y la alegría que el Señor concedió. Por eso, ser justificados por la fe y salvados por la gracia significa que nuestros pecados son perdonados por medio de la fe y que no somos condenados de acuerdo con la ley. Pero no significa que estemos libres de pecado o purificados, que seamos verdaderamente justos o dignos del reino”.

Mel respondió con sorpresa: “Entonces, ser justificados por la fe significa que nuestros pecados están perdonados y que el Señor no nos considera pecadores, pero no que seamos justos y podamos entrar en el reino. Nuestro pastor nunca nos habló de esto”. Después, le leí estos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. “En ese momento, la obra de Jesús era la obra de redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvado y ser justificado por la fe. Sin embargo, en aquellos que creían seguía habiendo algo de rebeldía y oposición a Dios que había que continuar eliminando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados. Si creías, ya no pertenecías al pecado” (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras leer las palabras de Dios, seguí con mi enseñanza: “En la Era de la Gracia, el Señor Jesús realizó el paso de la obra de redención basándose en las necesidades de la humanidad. Expresó el camino del arrepentimiento para que las personas pudieran confesarse y arrepentirse según su conocimiento del pecado, buscar el amor del Señor, ser sal y luz, amar a los demás como a sí mismas y más. Que las personas aprendieran buenas conductas fue el resultado de la obra de redención. Cuando somos redimidos por el Señor Jesús, nuestros pecados son perdonados, y Él ya no nos ve como pecadores. Pero eso no significa que estemos libres de pecado o que hayamos sido purificados, porque nuestra naturaleza pecadora sigue arraigada, y siempre estamos mostrando nuestras actitudes corruptas como la arrogancia, la deshonestidad, el engaño, la maldad y la crueldad. Por ejemplo, si tenemos un don o una fortaleza, o si tenemos algo de calibre, creemos que somos asombrosos. Somos altivos y miramos con desprecio a los demás. Cuando hacemos sacrificios o sufrimos un poco en nuestro trabajo, no podemos evitar alardear y presumir para que otros nos adoren. Cuando vemos que otra persona es mejor que nosotros, podemos ser celosos y odiosos hacia ellas. Cuando algo toca nuestros intereses, podríamos mentir y engañar. Al enfrentar tribulaciones, pruebas, desastres, una enfermedad o una crisis familiar, a veces malinterpretamos y culpamos a Dios, o incluso lo negamos y lo traicionamos”. “Todas estas cosas muestran que aún seguimos encadenados por el pecado y que aún pecamos y nos resistimos a Dios. Por dos mil años, todos han vivido en este círculo vicioso de pecado y confesión, y nadie ha estado libre de esto. Esto es claramente evidente”. “Si nos comparamos con lo que el Señor exige, no mentir, estar libre de faltas y ser purificado, no estamos para nada cerca. Simplemente, no podemos glorificar o dar testimonio de Dios. ¿Cómo pueden entrar al reino las personas como nosotros? El Señor Jesús dijo: ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35)”. “Entonces, si queremos ser purificados y entrar en el reino, necesitamos que Dios regrese en los últimos días y obre para librarnos del pecado, para resolver nuestro carácter satánico y desarraigar por completo nuestro pecado y nuestra oposición a Dios”.

Tras esta enseñanza, Mel dijo que ya lo entendía, que el Señor Jesús solamente hizo la obra de redención, y, aunque seamos justificados por la fe, todavía pecamos y seguimos encadenados por el pecado, por lo que no podemos entrar en el reino. Sin embargo, tras pensarlo un poco, preguntó: “Pero dijiste que el Señor realizará otro paso de la obra de salvación en los últimos días. Eso parece una negación de la salvación del Señor Jesús. Nuestros pecados han sido perdonados mediante nuestra fe, aunque no seamos justos, la salvación de Dios es perfecta. El término de la obra del Señor Jesús se encargó de eso, por lo que no hay más salvación. No podemos ser salvados otra vez si ya hemos sido salvados. ¿No significaría eso que la salvación del Señor fue inútil?”. “Hermana, parece que solamente tienes estas dudas porque no tienes fe en la salvación del Señor”.

Al oír esto, pensé: “El hermano Mel es bastante joven, pero tiene algunas nociones muy firmes”. “Concuerda con que la justificación por la fe no hace que uno gane la entrada en el reino, pero no puede aceptar la obra de salvación de Dios en los últimos días”. Oré a Dios y le pedí Su guía. Tras orar, le dije a Mel: “Está profetizado en la Biblia que Dios realizará otro paso en la obra en los últimos días. 2 Corintios 1:10 dice: ‘El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar’. También Hebreos 9:28 dice: ‘Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan’”. “1 Pedro 1:5, dice: ‘Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo’. Y Juan 12:47-48 dice: ‘Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’. 1 Pedro 4:17 dice: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’”. “Estos versículos mencionan: ‘Él aún nos ha de librar’, ‘aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado’, ‘para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo’, y ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’. Todo esto significa que Dios realizará otro paso de la obra en los últimos días, no para redimir a la humanidad de nuestros pecados, sino para juzgar, purificar y salvarnos por completo. La obra de redención del Señor Jesús nos absolvió de nuestros pecados, y, en los últimos días, Dios hará la obra de juicio para resolver nuestra naturaleza pecaminosa de una vez por todas, para librarnos definitivamente del pecado y purificarnos”.

Entonces, Mel dijo, sorprendido: “Así que resulta que Dios realizará la obra de juicio y purificación en los últimos días, y hay otro paso de salvación. Dime, ¿cómo realiza Dios esta obra de juicio?”.

Por eso, compartí esta enseñanza: “Hebreos 4:12 dice: ‘Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón’”. Luego, le leí algunas palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “La obra llevada a cabo por Dios durante esta era es, principalmente, la provisión de las palabras para la vida del hombre, la revelación de la esencia-naturaleza y del carácter corrupto del hombre, además de la eliminación de las nociones religiosas, del pensamiento feudal, del pensamiento obsoleto, así como del conocimiento y la cultura del hombre. Todo esto debe purificarse al ser expuesto por las palabras de Dios. En los últimos días, Él usa palabras, no señales y maravillas, para perfeccionar al hombre. Usa Sus palabras para exponer, juzgar, castigar y perfeccionar al hombre, para que en Sus palabras este llegue a ver la sabiduría y la belleza de Dios, y a entender Su carácter, y así, a través de las palabras de Dios, el hombre vea Sus hechos” (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer esto, seguí con mi enseñanza. “En los últimos días, el Señor Jesús retornado, Dios Todopoderoso, se hizo carne y vino a la tierra y está usando la verdad para realizar la obra del juicio. Expresa todas las verdades que purifican y salvan completamente a la humanidad, expone y disecciona el carácter satánico de las personas, expone nuestras nociones y comprensiones absurdas de Dios al igual que las filosofías, venenos y perspectivas satánicas que tenemos dentro. Así, podemos entender todo tipo de verdades, conocer el carácter justo de Dios, Su esencia santa y hermosa, Su omnipotencia y sabiduría. Las palabras de Dios revelan corrupciones que nunca antes hemos notado, y podemos ganar conocimiento tanto de Dios como de nosotros a través de lo revelado en Sus palabras. Nuestro carácter corrupto gradualmente es purificado y cambiado”. “ después de haber leído muchas palabras de Dios Todopoderoso, haber entendido algunas verdades y haber ganado algo de discernimiento sobre nuestras nociones de justificación mediante la fe y salvación mediante la gracia, vemos que querer entrar en el reino a pesar de nuestra suciedad y corrupción es arrogante e irracional. Después, empezamos a verdaderamente arrepentirnos ante Dios, y esto significa que empezamos a aceptar el juicio de las palabras de Dios”.

Tras oír esto, Mel sonrió y dijo: “De verdad tengo la sensación de ser juzgado por Dios”. “Pienso en todos mis años de fe en el Señor Jesús, pensaba que ser justificado por la fe y salvado por la gracia significaba que podría entrar en el reino y no dudaba de que eso fuera cierto. Ahora veo que mi fe se basaba en mis nociones e imaginaciones, y no ha estado de acuerdo con la voluntad de Dios para nada”.

Le dije: “Así es. Si no fuera porque las palabras de Dios Todopoderoso revelan todo esto, ninguno de nosotros lo comprendería”. Después, le leí otro pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “¿Por qué es la obra de conquista la última etapa? ¿No es precisamente para hacer manifiesto qué clase de final tendrá cada clase de hombre? ¿No es para permitir que todos, en el transcurso de la obra de conquista de castigo y juicio muestren su verdadera naturaleza y, posteriormente, sean clasificados según su tipo? En lugar de decir que esto es conquistar a la humanidad, podría ser mejor decir que esto está mostrando qué tipo de final tendrá cada clase de persona. Esto tiene que ver con juzgar los pecados de las personas y, luego, revelar los diversos tipos de personas, decidiendo, de esta forma, si son malvados o justos. Después de la obra de conquista llega la obra de recompensar el bien y castigar el mal. Las personas que obedecen completamente —es decir, las que son totalmente conquistadas— serán colocadas en el siguiente paso de la difusión de la obra de Dios a todo el universo; los no conquistados serán puestos en las tinieblas y se enfrentarán con calamidades. De esta manera el hombre se clasificará según su tipo, los hacedores de maldad serán agrupados con el mal, para no tener nunca más la luz del sol, y los justos serán agrupados con el bien para recibir la luz y vivir por siempre en ella” (‘La verdadera historia de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Le dije: “Al ser juzgadas y expuestas mediante las palabras de Dios, las actitudes corruptas de las personas son purificadas, y estas se vuelven verdaderamente justas. Pueden ser protegidas, sobrevivir a los grandes desastres y entrar en el reino. Pero aquellas personas que solamente piensan en la gracia y en ser salvadas, mientras rechazan la obra de juicio de los últimos días de Dios, serán expuestas y eliminadas por Dios. Llorarán cuando lleguen los desastres”. “Esto cumple con la profecía de Apocalipsis 22:11: ‘Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo’”. “Así se separará a los justos de los injustos, y Dios luego comenzará a recompensar al bueno y castigar al malo, tratará con las personas de acuerdo con lo que estas hayan hecho”.

Mel respondió con alegría: “Entonces, la obra de juicio en los últimos días no es solo para purificar a las personas, sino también para exponer distintas clases de personas. ¡La obra de Dios es verdaderamente sabia! Lo que siempre predicó nuestro pastor, la justificación mediante la fe y la salvación mediante la gracia, no es correcto. Nunca he tenido discernimiento. Solo me he aferrado a estas nociones pensando que la salvación del Señor ya está completa, que no hay más salvación y que podemos entrar en el reino con esa justificación y salvación. Pensarlo ahora me da vergüenza. Agradezco la misericordia del Señor, que me permite oír esto. Estoy dispuesto a aceptar la obra de juicio de los últimos días de Dios”.

Me entusiasmó ver que estaba dispuesto a aceptar el juicio de los últimos días de Dios. Pero me sorprendí cuando nos encontramos unos días después y Mel dijo que había ido a la casa de su pastor durante el fin de semana y había compartido mi enseñanza con él. Su pastor dijo que yo estaba equivocada, que la justificación por la fe y la salvación por la gracia eran correctas, y que no había necesidad de ser juzgado por Dios en los últimos días. También le dijo a Mel que cortara todo contacto conmigo. Me di cuenta de que se sentía mal cuando dijo eso y vi que ahora no estaba seguro sobre aceptar el juicio de los últimos días de Dios. Oré pronto a Dios, le pedí que me guiara en mi testimonio. Entonces recordé un pasaje de las palabras de Dios. “Cuando deis testimonio de Dios, principalmente debéis hablar más de cómo Él juzga y castiga a las personas, de las pruebas que utiliza para refinar a las personas y cambiar su carácter. También debéis hablar de cuánta corrupción se ha revelado en vuestra experiencia, de cuánto habéis soportado y cómo Dios os conquistó finalmente; debéis hablar de cuánto conocimiento real de la obra de Dios tenéis y de cómo debéis dar testimonio de Dios y retribuirle Su amor. Debéis poner sustancia en este tipo de lenguaje, al tiempo que lo expresáis de una manera sencilla. No habléis sobre teorías vacías. Hablad de una manera más práctica; hablad desde el corazón. Esta es la manera en la que debéis experimentar. No os equipéis con teorías vacías aparentemente profundas en un esfuerzo por alardear; hacerlo de esa manera hace que parezcáis arrogantes y absurdos. Debéis hablar más de cosas reales desde vuestra experiencia auténtica, que sean reales y que provengan del corazón; esto es lo más beneficioso para los demás y es lo más apropiado de ver” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Es cierto. Dar testimonio no se trata solamente de hablarles a las personas sobre la obra de los últimos días de Dios. La clave es usar nuestras propias experiencias para dar testimonio de que la obra de juicio de Dios en verdad puede purificar y salvar a las personas. Pensé que había sufrido el juicio de Dios, entonces, ¿por qué no contarle sobre mis propias experiencias personales? Este pensamiento me calmó y me dio una senda futura.

Le dije a Mel: “Dios realiza otro paso de salvación en los últimos días. El Señor regresa y realiza la obra de juicio, ese es un hecho que nadie puede negar. Tras ser corrompidos por Satanás, nosotros no amamos la verdad por naturaleza y en verdad no podemos ponerla en práctica. Algunas personas pueden controlarse, ayunar y orar, pero nadie puede escapar al pecado por completo. Como dicen: 'Es más fácil cambiar montañas y ríos Si no aceptamos el juicio y la purificación de Dios en los últimos días, nuestra naturaleza satánica permanecerá firmemente arraigada en nosotros y puede hacer que mostremos nuestro carácter satánico en cualquier momento, incluso puede hacer que nos resistamos y nos rebelemos contra Dios”. “Mírame a mí, por ejemplo. Yo era muy arrogante. Tenía algo de calibre, había hecho mucho y había realizado sacrificios para servir al Señor. Siempre sentía que era alguien que aportaba alegría a Dios, pero cuando oí testimonio de que el Señor Jesús había regresado y hacía la obra de juicio de los últimos días, me negué a aceptarlo. Pensaba que estábamos justificados por la fe y salvados por la gracia. En el momento dije, sin siquiera pensarlo: ‘No pude ser. Dios no hará más obra. No necesitamos aceptar Su obra de juicio’. Los hermanos y hermanas siguieron compartiendo enseñanzas sobre las palabras de Dios Todopoderoso después de eso, y, finalmente, mis nociones fueron corregidas. Tras aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso, un día, en mis devocionales, leí algunos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso que me hicieron sentir muy avergonzada”. Dios Todopoderoso dice: “No te creas un prodigio nato, sólo algo un poco por debajo del cielo pero infinitamente por encima de la tierra. Estás lejos de ser más listo que nadie y hasta podría decirse que es sencillamente adorable lo imbécil que eres comparado con cualquiera de las personas que poseen la razón en la tierra, pues te tienes en una posición demasiado elevada y jamás has tenido sensación de inferioridad; como si vieras Mis actos hasta el más ínfimo detalle. De hecho, eres una persona fundamentalmente carente de razón, ya que no tienes ni idea de lo que pretendo hacer, y menos todavía de lo que estoy haciendo ahora. Y por eso digo que ni siquiera eres como un viejo agricultor que labra la tierra, un agricultor sin la más mínima idea de la vida humana y que, sin embargo, pone toda su confianza en las bendiciones del cielo cuando cultiva la tierra” (‘Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “¡Abandonad vuestras opiniones de lo que es ‘imposible’! Cuanto más crea la gente que algo es imposible, es más factible que ocurra, porque la sabiduría de Dios se eleva más alto que los cielos, los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del hombre, y la obra de Dios trasciende los límites del pensamiento y las nociones del hombre. Cuanto más imposible sea algo, más verdad se puede buscar en ello; cuanto más lejos de las nociones y la imaginación del hombre resida algo, más contiene la voluntad de Dios” (‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes exigir que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis preguntar cómo vais a buscar las huellas de Dios, cómo vais a aceptar la aparición de Dios, y cómo vais a someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad y no está dotado de la verdad, debe buscar, aceptar y obedecer” (‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después le dije: “Leer las palabras de Dios me golpeó profundamente. Vi cuán arrogante soy. Cuando la obra de los últimos días de Dios llegó a mí, no busqué ni la investigué, y no leí con seriedad las palabras de Dios para ver si eran Su voz. De modo arrogante, simplemente dije que Dios no realizaría más obra, como si tuviera una ventana a la obra de Dios. Solamente soy otra persona corrompida por Satanás. ¿Cómo podría entender la obra de Dios? Dios es el Creador, y cualquier obra que Él realice está de acuerdo con Su plan de gestión. Como si Dios tuviera que buscar mi aprobación para Su obra, ¡hacer que esté de acuerdo con mis nociones! Al afirmar ‘No puede ser’, yo delimitaba a Dios, y eso mostraba que me resistía a Dios y lo condenaba”. “Era como los fariseos, que siempre esperaban la llegada del Mesías, pero cuando el Señor Jesús apareció y obró, ellos no lo reconocieron. Lo juzgaron y condenaron basados en sus nociones, e incluso hicieron que lo clavaran en la cruz. Terminaron ofendiendo el carácter de Dios y siendo castigados por Él. ¡Mi conducta no era diferente de la de los fariseos que se resistían al Señor Jesús! Al darme cuenta de esto, también entendí que disfrutar la gracia del Señor y hacer algunas cosas buenas no pueden remplazar un cambio de carácter. Sin el juicio y la purificación de Dios, mi arrogancia surgiría en cuanto sucediera algo que no me gustara, incluso al punto de perder toda razón. Pensé que estaba defendiendo el camino verdadero y que era devota de Dios, mientras me resistía a Él y lo condenaba. Carecía de percepción por completo. Es aterrador”. “Gané algo de entendimiento sobre mi carácter arrogante mediante el juicio de las palabras de Dios, y, cuando estaba por mostrar mi arrogancia, leía las palabras de Dios de juicio y castigo y reflexionaba sobre mí misma”. “Sin darme cuenta, me convertí en una persona más humilde y volví a ganar algo de mi conciencia y mi razón innatas. Podía buscar la verdad cuando sucedía algo que no me gustaba en lugar de juzgar arbitrariamente y delimitar las cosas, o de aferrarme a mis propias opiniones tercamente. También gané más reverencia por Dios y, lentamente, gané una semejanza humana”. “Llegué a apreciar que el juicio y el castigo significan un cambio y purificación graduales, y que este es el proceso de cambio de nuestro carácter satánico mediante las palabras de Dios. Las palabras de Dios son filosas y punzantes, pero este es Su amor por la humanidad, aún más grande y más profundo. Como dicen: ‘La medicina amarga cura lo que te aflige’. Dios nos juzga y nos expone así para cambiar mejor nuestro carácter corrupto. Dios hace esto porque nos ama mucho”. “Cuando entendí esto, estuve dispuesta a aceptar más juicio y castigo de las palabras de Dios y a eliminar mi arrogancia en cuanto fuera posible, para vivir una semejanza humana”. “También llegué a apreciar que la obra de juicio de Dios en los últimos días es exactamente lo que necesitamos en nuestras vidas y que solo este tipo de juicio puede salvarnos del pecado. El juicio y el castigo son verdaderamente la salvación de Dios para nosotros y ese amor es más grande que la gracia o una ofrenda por el pecado”.

Tras oír mi enseñanza, Mel dijo, con alegría: “En todos mis años de fe en el Señor Jesús, nunca había escuchado a otro miembro de la iglesia hablar sobre su propia corrupción. Solo alardean de lo buenos que son. Todos practican la tolerancia hacia los demás en apariencia, pero cuando se trata de sus propios intereses, todo el amor desaparece”. “Ahora entiendo que es por nuestro carácter satánico, y que sin experimentar el juicio y la purificación de las palabras de Dios, nunca nos conoceremos a nosotros mismos ni escucharemos las palabras de Dios y nos someteremos a Él. No podremos verdaderamente amar a otros como a nosotros, tampoco”. “El juicio y el castigo son en verdad la salvación de Dios para la humanidad, y esto es lo que necesitamos. Las palabras de Dios Todopoderoso son realmente la verdad. Ya no escucharé a otras personas. ¡Solamente creeré en Dios Todopoderoso y aceptaré Sus palabras!”. Tras decir esto, cambió el nombre de nuestro grupo de chat a: “Esta es mi verdadera familia”. Este hombre adulto rompió a llorar y dijo: “He encontrado a Dios; he encontrado a mi familia. ¡Cualquier lugar donde pueda leer las palabras de Dios es mi familia!”. Oírlo decir esto me conmovió mucho.

Mi experiencia de compartir el evangelio con Mel me hizo apreciar profundamente que, si no comprenden la verdad, las personas pueden creer y ser confinadas por todo tipo de nociones y falacias religiosas. De verdad necesitamos confiar en Dios, leerles las palabras de Dios y enseñarles la verdad usando nuestra comprensión real por haber experimentado la obra de Dios para dar testimonio de Su salvación. Las personas deben comprender la verdad y desarrollar discernimiento sobre sus nociones para ir ante Dios verdaderamente. También he experimentado lo difícil que es la obra de Dios para salvar a la humanidad. Quiero trabajar junto a Dios y llevar ante Dios a más personas con fe verdadera para darle consuelo a Él.

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