No dudes de la gente que usas, ¿cierto?…

5 Jun 2022

Por Lin Ping, China

En julio de 2020 ejercía de líder supervisando el trabajo de varias iglesias. En una acababan de elegir líder al hermano Liu. Al haber trabajado antes con él, lo conocía bastante bien. Era maduro, estable, miraba las cosas desde todos los ángulos y tenía una carga en el deber. Se le daba bien ayudar a otros enseñándoles las palabras de Dios. Cuando trabajé con él anteriormente, siempre me ayudaba hablando conmigo cuando me topaba con problemas. Como me parecía muy confiable, no tenía que preocuparme tanto de su iglesia y podría invertir más energía en las otras. Así, tras dar instrucciones al hermano Liu para varios proyectos, no me preocupé mucho de su trabajo. Luego vi que parecía tener unas directrices y que lograba resultados en esos proyectos varios, lo cual me alivió aún más a nivel mental. Suponía que, aunque yo no verificara las cosas, él sabría resolver enseguida cualquier problema que se encontrara. Por tanto, durante tres meses seguidos, no verifiqué muy al detalle el trabajo del que era responsable y hasta lo recomendé como candidato a un puesto superior de liderazgo.

Posteriormente, en diciembre recibí una carta de mi líder, en la que decía que, según unos hermanos y hermanas, el hermano Liu no hacía un trabajo práctico, y me pedía que hiciera seguimiento de su labor, la investigara y anulara de momento su candidatura a líder. Todo eso me desconcertó. Pensaba: “¿No hace un trabajo práctico? ¿Cómo puede ser? En tal caso, ¿cómo es posible que esta iglesia logre resultados?”. La hermana Wu, su compañera, era nueva en el deber de liderazgo, por lo que no lo conocía bien. ¿Eso no implicaba que el hermano Liu asumía toda la labor de esa iglesia? ¿Se estaba guiando el líder únicamente por aquellas evaluaciones sin hacerse realmente una idea clara? Yo había trabajado con Liu antes y lo comprendía bien. Hacía poco que se habían producido detenciones allí. Él probablemente estaba gestionando asuntos relativos a ellas y no tenía tiempo para más. Aunque pareciera que no hacía un trabajo práctico, era comprensible. No podía estar equivocado respecto a él. Entonces, ¿cuál era el problema? Abrí rápido las evaluaciones y vi que habían escrito en qué sentido no había hecho un trabajo práctico anteriormente. Estuve reflexionando: “¿Qué les pasa? Se agarran a transgresiones anteriores del hermano Liu en vez de observar si se ha transformado o no. Sus proyectos han ido bien todos estos meses. Sabe hacer un trabajo práctico”. Expliqué la situación al líder y le sugerí que le dejara presentarse a las elecciones.

Días después, en vista de que no me tomaba en serio la cuestión, sino que lo defendía, el líder me comentó: “No podemos confiar totalmente en nadie. Todo el mundo tiene corrupción y nadie es confiable hasta que no alcanza la verdad y es perfeccionado. Todos podemos hacer las cosas a nuestro modo por corrupción. Sin supervisión, cualquiera puede hacer contra Dios cosas que perjudiquen la labor de la iglesia. Necesitamos una vigilancia y una supervisión reales para descubrir y resolver los problemas a tiempo. Eso es responsabilizarse del trabajo de la iglesia”. Le respondí que lo haría, pero pensaba: “La supervisión está justificada, pero no debo sospechar de todo. ¿No quiere todo el mundo buscar la verdad y cumplir bien con un deber? La casa de Dios no es como el mundo exterior. Los hermanos y hermanas deben confiar unos en otros, no andarse con cien ojos. Te he dicho que el hermano Liu no hace un trabajo práctico por su situación, pero tú no lo crees. Investigaré las cosas para demostrarte qué clase de persona es”. Por ello, fui a la iglesia de la que él era responsable y descubrí que la hermana Wu, la anterior líder, había asumido la mayoría del trabajo. Desde que la trasladaran poco antes, los proyectos habían empezado a empeorar. Él tampoco había destituido a Chen, un líder de equipo inadecuado tras habérselo ordenado. No trabajaba bien con el diácono de riego ni hacía seguimiento del trabajo de riego a nuevos fieles. Me sentí algo culpable por lo que había hecho el hermano Liu a su labor. El líder me había advertido que hiciera seguimiento y supervisara su labor, pero no lo hice porque confiaba mucho en él. Suponía que, al estar en su puesto, debía tener derecho a trabajar libremente. Jamás imaginé que aquello resultaría así. Recordé nuestra relación anterior. No parecía ser el clásico charlatán que no hace un trabajo práctico. ¿Había alguna circunstancia especial que lo estuviera estancando? Justo mientras le daba vueltas a esto, me dijo el hermano Liu: “Hace poco que detuvieron a unos hermanos y hermanas. Luego, ha sido frenético lidiar con las cosas y no he tenido tiempo para todo”. Al oír al hermano Liu, pensé que era tal como yo decía: que no era una persona que no hiciera un trabajo práctico. Gestionar todos esos asuntos posteriores a las detenciones le tomó mucho tiempo y energía. Había cosas que no había hecho bien, pero había motivos para ello. Nadie cumple perfectamente con el deber. Así pues, le hablé de las consecuencias de no hacer un trabajo práctico y le ordené destituir inmediatamente a Chen. Afirmó que lo haría. Sin embargo, tiempo después me enteré de que Chen aún estaba en aquel deber. Me apresuré a consultar con el compañero del hermano Liu, el hermano Li, a ver qué pasaba. Me dijo: “Cada vez que nos asignas un trabajo, el hermano Liu está totalmente de acuerdo, pero luego no veo que ejecute nada. Como acaban de elegirme, no conozco los pormenores del trabajo y él no me ha ayudado. Ante los problemas, tenía que actuar a tientas amparado en Dios”. Me quedé de piedra al oír sus palabras. ¿Cómo podía ser que el hermano Liu no hubiera hecho nada de trabajo práctico? Antes no era así. Si me había reunido con él entonces, ¿por qué no había advertido sus problemas? Como tenía mucha confianza en él, no supervisaba ni investigaba su trabajo, con lo cual mantuvo en su puesto demasiado tiempo a un líder de equipo inadecuado y nadie controlaba el riego de nuevos fieles. Eso demoraba la labor de la casa de Dios y la entrada en la vida de otra gente. Había cometido el mal.

Cuando más tarde vi al hermano Liu, señaló que, un par de días antes, algunas personas habían tratado con él por no hacer un trabajo práctico y que tenía muchos remordimientos. Lloraba mientras decía que era un irresponsable y que salía del paso en el deber, que no servía para nada. Supuse que se había conocido a sí mismo, por lo que debía de apreciar la gravedad de su problema y posteriormente cambiaría. Quería darle otra oportunidad de arrepentirse, no destituirlo por el momento y brindarle más sustento. Le señalé entonces sus problemas y le advertí que corrigiera sus errores ya y destituyera a ese líder de equipo. Prometió muchas cosas, pero, aunque sí destituyó a Chen más adelante, el trabajo en general no daba resultados. Unos hermanos y hermanas me comentaron que habían descubierto graves problemas suyos. En el momento de las detenciones, no protegió de inmediato los bienes de la iglesia y no cooperaba activamente en los proyectos, por lo que no se conseguía nada. No obstante, lo más indignante era que no lidiaba con los malhechores que perturbaban, sino que se mantenía ocupado en sus asuntos personales, lo que sumió la iglesia en el caos. Comprobé que el hermano Liu no hacía un trabajo práctico y no se arrepentía verdaderamente. Me sentí muy culpable. Nunca imaginé que saldrían así las cosas. Yo había participado de su maldad y cometido transgresiones ante Dios. Además, me odiaba a mí mismo por ser demasiado confiado, por no hacer seguimiento de su labor antes. Eso fue muy perjudicial para el trabajo de la iglesia. Fui inmediatamente a hablar con el hermano Liu, le enumeré sus conductas problemáticas y acabé por destituirlo.

Después, una líder me reprochó: “¿Por qué confiabas tanto en él? Le confiaste un trabajo tan importante sin supervisión alguna. ¿Cómo pudiste escabullirte tanto?”. También me leyó unas palabras de Dios. “Los falsos líderes no se ocupan de los supervisores que no hacen un trabajo real o que ignoran sus responsabilidades. Piensan que basta con elegir a un supervisor para que todo vaya bien; a partir de ese momento, el supervisor se encargará de todos los asuntos del trabajo, y lo único que tienen que hacer es celebrar una reunión muy de vez en cuando, no tendrán que prestar atención al trabajo ni preguntar cómo va, pueden mantenerse al margen. Si alguien informa de un problema con un supervisor, el falso líder dirá: ‘Es un problema menor, no pasa nada. Podéis ocuparos vosotros mismos. No me preguntéis a mí’. La persona que informa del problema dice: ‘Ese supervisor es un comilón perezoso. No hace más que comer y entretenerse; es un tremendo holgazán. No quiere sufrir ni la más mínima dificultad en el deber, y siempre encuentra la manera de engañar y poner excusas para eludir su trabajo y sus responsabilidades. No es idóneo para ser supervisor’. El falso líder responde: ‘Cuando lo eligieron supervisor no había problema. Lo que dices no es cierto, y si lo es, es solo algo temporal’. El falso líder no intenta averiguar más sobre la situación del supervisor, sino que juzga y valora el asunto según sus impresiones anteriores de la persona. Más allá de quién informe de problemas relacionados con el supervisor, el falso líder los ignora. […] Los falsos líderes también tienen un gran defecto: Se apresuran a confiar en la gente basándose en sus propias imaginaciones. Y esto se debe a que no entienden la verdad, ¿no es así? ¿Cómo revela la palabra de Dios los estados de la humanidad corrupta? ¿Por qué deberías confiar en la gente cuando Dios no lo hace? En lugar de juzgar a las personas por las apariencias, Dios vigila constantemente sus corazones; entonces, ¿por qué debería la gente mostrarse tan despreocupada cuando juzga a otros y deposita su confianza en ellos? Los falsos líderes son demasiado engreídos, ¿no es así? Piensan: ‘No estaba equivocado cuando noté a esta persona. Nada podría salir mal; desde luego no es alguien que pierda el tiempo, que le guste divertirse y odie el trabajo duro. Es totalmente fiable y de confianza. No va a cambiar; si lo hiciera, eso significaría que me he equivocado con él, ¿no?’. ¿Qué clase de lógica es esta? ¿Acaso eres un experto? ¿Tienes visión de rayos X? ¿Esta es tu habilidad especial? Podrías vivir con esta persona durante uno o dos años, pero ¿serías capaz de ver quién es en realidad sin un entorno adecuado que deje su naturaleza y esencia totalmente al descubierto? Si no fueran expuestos por Dios, podrías vivir junto a ellos durante tres o incluso cinco años, y seguirías teniendo dificultades para ver qué tipo de naturaleza y esencia tienen. ¿Y cuánta más verdad hay en esto cuando rara vez los ves o estás con ellos? Confías alegremente en ellos basándote en una impresión fugaz o en la valoración positiva de alguien, y te atreves a confiar el trabajo de la iglesia en gente así. ¿Acaso no estás siendo extremadamente ciego? ¿Acaso no estás siendo impetuoso? Y cuando trabajan así, ¿acaso no son los falsos líderes extremadamente irresponsables?” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). La líder añadió: “Nunca vemos realmente la esencia de alguien, así que hemos de mantenernos bien informados de su labor. Podremos descubrir entonces errores y problemas en su deber y cambiar las cosas a tiempo. El hermano Liu estuvo a punto de hundir el trabajo de la iglesia en pocos meses. Estas son las consecuencias de confiar demasiado en otras personas y no verificar su trabajo. Eso es cometer el mal”. Con las revelaciones de las palabras de Dios y las enseñanzas de la líder, sentí cierto temor tras el hecho, además de enojo y culpa. Me odiaba por no observar las cosas según las palabras de Dios, sino que había confiado ciegamente en alguien, lo que perjudicó la labor de la iglesia. Al recordar los problemas del hermano Liu, no es que yo no los viera, sino que, siempre que lo hice, me mantuve en mis trece. Por mi experiencia anterior con él, decidí sin reflexionar que era una persona responsable con una carga en el deber y que merecía confianza. Tanto la realidad como las palabras de Dios me demostraron finalmente que aparentar bien y hacer un trabajo práctico durante un tiempo no implica que alguien vaya a ser siempre así. Ninguno hemos alcanzado la verdad, no se ha transformado nuestro carácter vital, todavía nos controla nuestra naturaleza corrupta, puede que aún seamos negligentes y tratemos de engañar a Dios y a veces hacemos lo que nos place, por lo que somos indignos de confianza. Y no puedes entender realmente a una persona sin relacionarte con ella mucho tiempo, y quizá ni siquiera entonces la conozcas del todo. Tienes que conocer la verdad para penetrar en la esencia de una persona. Solo había trabajado un tiempo con el hermano Liu, pero creía conocerlo muy bien y que no me equivocaba con él. Confiaba tanto en él que no hacía seguimiento de su trabajo. Dios dispuso muchísimas situaciones para revelar esto y el líder lo sacó reiteradamente a colación, pero yo seguí confiando ciegamente en mi análisis. Vi que era muy arrogante y engreído y que no me responsabilizaba de mi trabajo. Como líder, no hacía un trabajo práctico ni defendía el de la casa de Dios. No era digno de la comisión de Dios. Me arrepentí de veras por ello y no quería continuar siendo así.

En mi reflexión posterior, me pregunté por qué había confiado tanto en él sin hacer seguimiento de su trabajo. ¿Cuál era la causa? Un día leí esto en las palabras de Dios: “Se puede decir que la mayoría considera verdad la frase ‘no dudes de la gente que usas ni uses a gente de la que dudes’ y se deja engañar y regir por ella. Se sienten perturbados e influenciados por ella al elegir o nombrar a gente y hasta dejan que les dicte sus actos. En consecuencia, muchos líderes y obreros siempre encuentran dificultades y dudas cada vez que revisan el trabajo de la iglesia y promocionan y nombran a personas. Al final, lo único que pueden hacer es consolarse con las palabras ‘No dudes de la gente que usas ni uses a gente de la que dudes’. Cada vez que inspeccionan o preguntan por el trabajo, piensan eso mismo: ‘“No dudes de la gente que usas ni uses a gente de la que dudes”. Debo confiar en mis hermanos y hermanas y, después de todo, el Espíritu Santo observa a la gente, así que no debo estar siempre dudando de los demás y vigilándolos’. Les ha influido esta frase, ¿no? ¿Qué consecuencias acarrea la influencia de esta frase? En primer lugar, aquello a lo que eres fiel no es la palabra de Dios, ni a Su comisión para ti ni a Él, sino a una filosofía satánica de vida y a la lógica satánica. Crees en Dios mientras lo traicionas descaradamente a Él y Su palabra. Es un grave problema, ¿verdad? En segundo lugar, esto no es simplemente que no te atengas a la palabra de Dios y al deber, sino que adoptas los esquemas y la filosofía de vida de Satanás como si fueran la verdad, los sigues y los practicas. Obedeces a Satanás y vives de acuerdo con una filosofía satánica, ¿cierto? Esto significa que eres una persona que no obedece a Dios y ni mucho menos acata Sus palabras. Eres un sinvergüenza. ¡Dejar de lado las palabras de Dios y, por el contrario, adoptar una frase satánica y practicarla como verdad es traicionar la verdad y a Dios! Trabajas en la casa de Dios, pero actúas según la lógica y la filosofía de vida satánicas; ¿qué clase de persona eres? Una que traiciona Dios y lo deshonra gravemente. ¿Cuál es la esencia de esta acción? Condenar abiertamente a Dios y negar abiertamente la verdad. ¿No es esa su esencia? Aparte de no obedecer la voluntad de Dios, permites que proliferen en la iglesia las falacias de Satanás y las filosofías satánicas de vida. Con ello te conviertes en cómplice de Satanás y favoreces sus actuaciones en la iglesia. La esencia de este problema es grave, ¿no?” (‘Digresión uno: Qué es la verdad’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Las palabras de Dios revelaban mi estado. Vivía según la filosofía satánica de que “no dudes de la gente que usas” creyendo que, si una persona me parecía bien y permanecía en su puesto, tenía que confiar en ella. Por eso tenía tanta confianza en el hermano Liu y no hacía seguimiento de su trabajo. Seguí sin darle importancia incluso cuando salieron sus problemas a la luz y el líder me recordó que verificara su labor. Creía que hacerlo suponía una falta de confianza y, pese a descubrir que no hacía un trabajo práctico, al verlo llorar, hablar de sus dificultades reales y expresar arrepentimiento, decidí creerlo y no destituirlo entonces, con lo que perjudicó mucho la labor de la iglesia y la entrada en la vida de los hermanos y hermanas. Como líder de la iglesia, no solo no había protegido el trabajo de aquella, sino que había escudado a un falso líder, lo que me convirtió en un obstáculo dentro de la casa de Dios. Esas fueron las consecuencias de tratar a la gente según la idea satánica de no dudar de la gente que usas. Al enfocarlo en función de las palabras de Dios, vi lo absurdo de mi perspectiva. Era totalmente opuesta a las palabras y exigencias de Dios. La exigencia de Dios de que los líderes estén pendientes del trabajo se basa en la esencia de la humanidad corrupta. Se debe a que todos tenemos un carácter corrupto, por lo que, hasta que no alcancemos la verdad o transformemos nuestro carácter vital, no somos dignos de confianza y no es posible fiarse del todo de nosotros. Hasta la gente de buena humanidad puede actuar a su antojo y perturbar el trabajo de la casa de Dios por no conocer la verdad, no tiene principios de actuación y sí un carácter corrupto. Es innegable. La casa de Dios exige que los líderes supervisen el trabajo porque Dios comprende nuestra esencia. Verificar el trabajo nos ayuda en el deber y beneficia la labor de la casa de Dios. No obstante, esa idea satánica de que “no dudes de la gente que usas” nos hace confiar ciegamente en otros creyendo que, por darles un trabajo, podemos dejarles hacer lo que quieran y que verificar su labor supone una falta de confianza. Aferrarse a esa perspectiva, no hacer seguimiento del trabajo a tiempo, solo podría demorar y perjudicar la labor de la casa de Dios. Cumplir con un deber sin atenerse a las palabras ni a las exigencias de Dios y, en cambio, atenerse a filosofías satánicas, defender las falacias de Satanás como si fueran la verdad, suponía negar la verdad y traicionar a Dios. Suponía hacer de ayudante de Satanás y perturbar la labor de la casa de Dios. Conforme lo pensaba, más miedo tenía. Veía que carecía de principios en el deber, que no me atenía a las palabras ni a las exigencias de Dios. Inconscientemente, tomé la senda de la resistencia a Dios mientras lo servía. ¡Dan mucho miedo las consecuencias de no cumplir con el deber según los principios de la verdad!

Leí un par de pasajes de las palabras de Dios. “¿Crees correcta la frase ‘no dudes de la gente que usas ni uses a gente de la que dudes’? ¿Es verdad esta frase? ¿Por qué habría de utilizarla alguien en el trabajo de la casa de Dios y en el cumplimiento del deber? ¿Qué problema hay? Estas son claramente las palabras de los incrédulos, palabras que vienen de Satanás; entonces, ¿por qué las tratan como la verdad? ¿Por qué no pueden decir si están bien o mal? Estas son patentemente las palabras del hombre, las palabras de la humanidad corrupta, simplemente no son la verdad, están totalmente en desacuerdo con las palabras de Dios, y no deben servir como el criterio para las acciones, la conducta y la adoración de Dios por parte de la gente. Entonces, ¿cómo debe abordarse esta frase? Si eres realmente capaz de notar la diferencia, ¿qué tipo de criterio debes emplear en su lugar para que te sirva de principio de práctica? El criterio debería ser ‘cumple con el deber con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente’. Hacer las cosas con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente significa que, sin importar lo que piensen los demás, esta es tu responsabilidad, tu deber, así que debes realizar tu responsabilidad, cumplir con tu deber, actuar según los principios, ocuparte de las cosas como es debido, preguntar lo que haya que preguntar, podar y tratar con aquellos que lo necesiten y destituir a los que lo merezcan. ¿No es así el principio?” (‘Digresión uno: Qué es la verdad’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Independientemente de la importancia y de la naturaleza del trabajo que realice un líder o un obrero, su principal prioridad es estar al corriente de cómo se desarrolla ese trabajo. Deben estar presentes para hacer un seguimiento y realizar preguntas para obtener información de primera mano. No deben limitarse a escuchar los rumores o los informes de otras personas, sino que deben observar con sus propios ojos cómo se desenvuelve el personal, cómo avanza el trabajo, y averiguar qué dificultades se presentan, si hay ámbitos que no se ajustan a los requisitos de lo alto, si las tareas especializadas han violado los principios, si hay perturbaciones o trastornos, si falta el equipo necesario o el material didáctico para una determinada tarea: deben estar al tanto de todo. Por muchos informes que escuchen, o por mucho que sepan actuar de oídas, nada es mejor que hacer una visita personal. Observar las cosas con sus propios ojos es lo más preciso y fiable; una vez familiarizados con la situación, tendrán una idea acertada sobre lo que está pasando. Más importante aún es tener una idea clara y precisa de quién tiene buen calibre y es digno de ser cultivado, lo cual es crucial para que los líderes y obreros hagan su trabajo correctamente. Los líderes y obreros deberían tener una senda para saber cómo cultivar y formar a las personas de buen calibre, deberían tener la capacidad de captar bien y un rotundo entendimiento de los diversos tipos de problemas y dificultades que se presentan durante el trabajo, y saber cómo resolver estas dificultades, y deberían contar con sus propias ideas y sugerencias sobre cómo debe progresar el trabajo o sus futuras expectativas. Si son capaces de hablar con claridad sobre tales cosas con los ojos cerrados, sin ninguna duda o recelo, entonces este trabajo será mucho más fácil de llevar a cabo. Al hacer esto, un líder estará cumpliendo con sus responsabilidades, ¿verdad? Los líderes y obreros deben tener todo esto en consideración, deben tenerlo en mente, tales cosas deben estar rondando constantemente su cabeza. Cuando se vean en dificultades, deben volver a comunicar con todos y discutir estos temas, buscando la verdad para remediar el problema. Si de esta manera su trabajo se basa en la realidad, no habrá dificultades que no puedan resolverse” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Las palabras de Dios me brindaron la senda de práctica para hacer un trabajo práctico. Tienes que cumplir con tus responsabilidades con todo tu corazón y toda tu mente. Sea quien sea, lo conozcas o no, un líder con verdadero sentido de la responsabilidad hace constante seguimiento de los progresos del trabajo y resuelve los problemas cuando los descubre. Si alguien no es adecuado, se le traslada inmediatamente. Coopera con todos en los problemas y buscan juntos la verdad para resolverlos. Esto garantiza el progreso ordenado y correcto de los proyectos de la iglesia. Al reflexionar sobre las palabras de Dios, descubrí por qué sabía que tenía que ser responsable en el deber, pero seguía aferrado a la falacia satánica de que “no dudes de la gente que usas”. Me agarraba a una idea absurda pensando que era una falta de confianza vigilar el trabajo de alguien, una limitación para él, como ser supervisor en el mundo exterior. Luego entendí que la casa de Dios exige que los líderes supervisen el trabajo, no para estancar a nadie o no fiarse de él, sino para descubrir los problemas y arreglarlos rápido. Se pretende ayudar a los hermanos y hermanas en el deber y proteger los intereses de la casa de Dios. Una de las tareas de un líder es la supervisión y el seguimiento del trabajo para lograr entender enseguida el enfoque de cada cual hacia él, descubrir pronto los problemas y abordarlos convenientemente. Eso puede minimizar las pérdidas ocasionadas por los errores derivados de la irresponsabilidad de la gente en el deber. Eso es responsabilizarse de la entrada de los demás en la vida y del trabajo de la casa de Dios.

A partir de entonces, investigaba al detalle el trabajo de cada líder y, por muy bien que lo conociera, examinaba seriamente sus progresos en los proyectos de que se ocupara. Mediante ese control real descubrí que un líder, Xia, no hacía un trabajo práctico ni resolvía problemas de verdad. Además, era ruin y atacaba verbalmente a otros, lo que, básicamente, es muy cruel, así que lo destituimos inmediatamente. Después, por las denuncias de otra gente, nos enteramos de muchas más cosas malvadas que había hecho y continuó sin arrepentirse tras haber hablado mucho con él. Al final comprobamos que era un anticristo y lo expulsamos de la iglesia. Eso me dio miedo. De no haber pasado por todo aquello con el hermano Liu, cosa que me hizo cambiar mi idea equivocada, no habría pensado en examinar el trabajo de Xia. Ese anticristo habría continuado lastimando a los hermanos y hermanas en la iglesia. Las consecuencias habrían sido inimaginables. Poner esto en práctica me enseñó la importancia de supervisar el trabajo. Por fin sentí la tranquilidad de hacer un trabajo práctico.

Esta experiencia me enseñó que cumplir con un deber sin seguir las palabras de Dios ni practicar la verdad y, en cambio, defender la lógica y las ideas satánicas, supone resistirse a Dios y perturbar el trabajo de la iglesia. Tenemos que obedecer las exigencias de Dios y supervisar el trabajo para cumplir bien con un deber y proteger la labor de la casa de Dios. El juicio y las revelaciones de las palabras de Dios cambiaron mi idea equivocada. ¡Gracias a Dios!

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