Reflexiones tras elegir a la líder equivocada

5 Jun 2022

Por Xiangxun, China

En octubre, analizando mis colaboradores y yo el trabajo de varias iglesias, descubrimos que se habían paralizado la evangelización, el riego y otras labores de la iglesia de Chengnan. Me sorprendió bastante. Pensé: “Hace dos meses, trasladaron aquí a la hermana Li para que fuera la líder de la iglesia. ¿Por qué no ha mejorado el trabajo?”. Así pues, mi compañera, la hermana Xu, fue allí a conocer el trabajo y resolver los problemas. Días más tarde, la hermana Xu escribió: “La hermana Li lleva más de dos meses en pos de la reputación y el estatus. Aspira al éxito rápido en el deber. Cuando el trabajo es ineficaz, en vez de enseñar la verdad para resolver los problemas y ayudar a otros, trata con ellos y los reprende indiscriminadamente diciéndoles que son poco aptos e irresponsables en el deber. Prácticamente no vigila ni supervisa ningún trabajo de la iglesia, con lo que muchas áreas de aquel se han paralizado”. Tras leer la carta, escandalizada, reflexioné: “Cuando lideraba otras iglesias la hermana Li, iba en pos de la imagen y el estatus. Se pasaba el tiempo preguntándose cómo la veían los demás. Se volvía negativa cuando no la admiraban y se distraía del deber, por lo que se quedaban sin resolver muchos problemas de las iglesias. Habíamos hablado con ella y tratado de ayudarla con este problema muchas veces, y también la revelamos por ir por la senda de los anticristos en pos de la reputación y el estatus. Lo admitía en el momento, expresaba su deseo de arrepentirse y luego era capaz de trabajar con unos planes y objetivos. ¿Por qué se repitió el problema después de su traslado a la iglesia de Chengnan?”. En ese punto recordé que, anteriormente, a la hermana Li la destituyeron de sendos puestos de líder por ir en pos de la reputación y el estatus y no hacer un trabajo práctico. Aunque se conocía un poco a sí misma y expresaba su deseo de arrepentirse, ahora continuaba obstinada en pos de estas cosas. No se había arrepentido ni transformado nada. Me acordé de lo que se señala en “Principios para identificar a falsos líderes y obreros”: “Todos los que solo trabajan por estatus, reputación y ganancia, que no buscan la verdad y no poseen la realidad-verdad de esta son falsos líderes y obreros” (“Los 170 principios de la práctica de la verdad”). Dada la conducta constante de la hermana Li, era probable que fuera una falsa líder que solo iba en pos de la reputación y el estatus y que no hacía un trabajo práctico.

Pero esta vez yo había recomendado a la hermana Li como líder. En su momento manifestó cierta comprensión de su afán por la reputación y el estatus y de que no hacía un trabajo práctico, así que me pareció capaz de aceptar la verdad y que se arrepentía sinceramente. Además, era una hábil oradora y demostraba cierta competencia en el trabajo, por lo que la recomendé. Ahora, si realmente la destituían por ser una falsa líder, todos dirían que yo elegía a gente sin principios y que, pese a ser líder muchos años, no sabía discernir la diferencia entre el auténtico autoconocimiento y el conocimiento hipócrita. Mis colaboradores también creerían que no tenía ninguna realidad de la verdad y que no sabía discernir a la gente porque había recomendado como líder a alguien que no buscaba la verdad; ¿no perdería entonces la buena imagen de mí que llevaban mis hermanos y hermanas en el corazón? Al pensarlo, no quería afrontar la realidad. Esperaba que la hermana Xu pudiera ayudar más a la hermana Li y cambiar su estado. De ese modo, ella no sería destituida y, asimismo, mi estatus e imagen quedarían preservados. Por tanto, lo debatí con mis colaboradores para proponer que la hermana Xu ayudara más a la hermana Li. Si la hermana Li era capaz de cambiar su estado, aún podría hacer algo de trabajo práctico, y mis colaboradores accedieron. Después, cada día esperaba ansiosa la respuesta de la hermana Xu preguntándome si había cambiado el estado de la hermana Li. Estaba muy nerviosa y preocupada. Temía que, si era destituida por no cambiar su estado, eso perjudicara mi imagen. Días después, la hermana Xu respondió: “La hermana Li lleva dos meses en la iglesia de Chengnan. Tan solo insta a que avancen las tareas y no enseña la verdad para resolver los problemas. No hace ningún trabajo práctico. En consecuencia, los problemas de los hermanos y hermanas continúan sin resolverse”. Afirmó que habló y ayudó muchas veces a la hermana Li con su problema, pero que a la hermana Li le seguían preocupando la imagen, el estatus y cómo la veían los demás. No tenía actitud alguna de arrepentimiento. Tras leer la carta, sentí pánico. A tenor de la conducta de la hermana Li, era una falsa líder que solo iba en pos de la reputación y el estatus sin hacer un trabajo práctico y había que relevarla. Sin embargo, cuando iba a hablar con mis colaboradores, me tragué mis palabras. Pensé: “Elegí a la hermana Li. En aquel momento, comenté a mis colaboradores que, aunque anteriormente la hubieran destituido, tenía cierto autoconocimiento y era alguien que buscaba la verdad. Mis colaboradores accedieron entonces a elegir a la hermana Li. Si ahora les digo que es una falsa líder, no una persona que busque la verdad, y que es preciso destituirla, ¿no les daré mala imagen? Aparte, dado que me falta discernimiento y elijo líder a alguien que no busca la verdad, lo que provoca un grave perjuicio al trabajo de la iglesia, ¿no creerán mis colaboradores que también yo soy una falsa líder que no sabe hacer un trabajo práctico? Si me destituyen, será sumamente vergonzoso. Hace años que creo en Dios, y al final me vuelvo una falsa líder y me destituirán”. Como esa idea me hacía sentir mal, no quería proponer la destituición de la hermana Li. Sin embargo, si no lo decía, me sentiría culpable. Si un falso líder gobierna un solo día, perjudica el trabajo de la casa de Dios, y yo no defendía los intereses de esta. No dejaba de luchar conmigo misma sobre si debía hablar. Atormentada, oré a Dios: “Dios mío, me falta discernimiento. Recomendar a la hermana Li como líder ha acarreado un enorme perjuicio al trabajo de Tu casa. Ahora sé que la hermana Li es una falsa líder, pero quiero conservar mi imagen y estatus, así que no quiero decirlo. Dios mío, te pido que me guíes para que practique la verdad y proteja el trabajo de Tu casa”. Al día siguiente leí en mis devociones este pasaje de la palabra de Dios. “Como líderes y obreros, cuando surgen problemas en el cumplimiento del deber, es probable que los ignoréis y hasta busquéis diversos pretextos y excusas para eludir la responsabilidad. Hay problemas que sabéis resolver, pero no lo hacéis, y de los problemas que no sabéis resolver tampoco informáis a vuestros superiores, como si no tuvieran nada que ver con vosotros. ¿Eso no es un incumplimiento del deber? ¿Es inteligente o insensato considerar así el trabajo de la iglesia? (Insensato). ¿No son esos líderes y obreros unas víboras? ¿No están desprovistos de todo sentido de responsabilidad? Cuando ignoran los problemas que tienen en frente, ¿acaso eso no demuestra que son indiferentes y traicioneros? La gente traicionera es la más insensata de todas. Debes ser una persona honesta, debes tener sentido de la responsabilidad ante los problemas, y debes encontrar la manera de buscar la verdad para resolverlos. No seas traicionero. Si eludes la responsabilidad y te lavas las manos cuando surgen los problemas, hasta los incrédulos te condenarán. ¿Crees que la casa de Dios no lo hará? El pueblo escogido de Dios desprecia y rechaza tal comportamiento. Dios ama a los honestos, pero odia a los mentirosos y astutos. Si actúas como alguien traicionero e intentas engañar, ¿acaso Dios no te odiará? ¿La casa de Dios simplemente te dejará eludir las consecuencias? Tarde o temprano, se te hará responsable. A Dios le agradan los honestos y le desagradan los traicioneros. Todos deben entender esto claramente y dejar de estar confundidos y de hacer tonterías. La ignorancia momentánea es entendible, pero negarse por completo a aceptar la verdad es negarse obstinadamente a cambiar. Los honestos pueden asumir la responsabilidad. No consideran sus propios beneficios y pérdidas, sino que resguardan la obra y los intereses de la casa de Dios. Tienen un corazón bondadoso y honesto que es como un recipiente de agua cristalina cuyo fondo puede verse de un vistazo. Asimismo, en sus actos hay transparencia. Una persona astuta siempre engaña, siempre oculta las cosas, se encubre y se enmascara de tal manera que nadie puede verla tal cual es. La gente no puede calar tus pensamientos internos, pero Dios puede ver las cosas más profundas que hay en tu interior. Si Él ve que no eres honesto, que eres astuto, que jamás aceptas la verdad, que siempre intentas engañarlo y que no le entregas tu corazón, Dios no te va a amar, sino que te va a odiar y a abandonar” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Tras leer las palabras de Dios, lo entendí. A Dios le agradan los sencillos y honestos, aquellos que tienen el valor de admitir sus errores y corregirlos. Si cometes errores en el deber, tratas de protegerte, no te atreves a admitirlo y buscas excusas para desentenderte y disimular, eres una persona astuta, alguien a quien Dios aborrece y detesta. Me di cuenta de que era una traidora astuta. Al carecer de discernimiento, elegí líder a alguien que no buscaba la verdad, lo que provocó un enorme perjuicio al trabajo de la casa de Dios. Esto ya fue una transgresión y debí haber reparado el daño, pero, por conservar mi imagen en el corazón de mis hermanos y hermanas mientras sabía que cada día que gobierna un falso líder, la labor de la iglesia se resiente, no destituí a la falsa líder para salvaguardar los intereses de la familia de Dios. Cometí un error detrás de otro y quise encubrirlos adrede. Me sentía muy culpable. Dios nos ha provisto de muchísima verdad y Su casa me promovió durante muchos años, pero, por protegerme y eludir la responsabilidad, observé cómo una falsa líder perturbaba la labor de la casa de Dios. Era demasiado egoísta, despreciable y astuta como para ser calificada de ser humano. Teniéndolo presente, me apresuré a ir a ver a mis colaboradores y les comenté: “A la hermana Li solo le importa ir en pos de la reputación y el estatus y no hace un trabajo práctico. Repercute gravemente en el trabajo, es una falsa líder y hay que destituirla inmediatamente”. Después de hablar, mis colaboradores también confirmaron que la hermana Li era una falsa líder y pronto fue relevada.

Más tarde, me sinceré con mis colaboradores sobre lo que había revelado y aprendido en esta ocasión. No me culparon por elegir a la persona equivocada y recapitulamos nuestros incumplimientos y errores al seleccionar a gente. Con lo que hablamos, descubrí que esta vez había elegido a la persona equivocada, sobre todo, porque no sabía discernir el auténtico autoconocimiento ni a la gente que sinceramente busca y ama la verdad. Luego leí unos fragmentos de la palabra de Dios al respecto que me ayudaron a entender más cosas. Las palabras de Dios dicen: “¿Cómo distinguir si una persona ama la verdad? Por un lado, hay que mirar si esta persona puede llegar a conocerse a sí misma según la palabra de Dios. Si puede conocerse a través de la palabra de Dios, es una persona que ama la verdad. Por otro lado, hay que mirar si es capaz de aceptar y practicar la verdad. Si es capaz de practicar la verdad, es alguien capaz de obedecer la obra de Dios. Si solo reconoce la verdad, pero nunca la acepta ni practica, como dicen algunos: ‘Comprendo toda la verdad, pero no soy capaz de practicarla’, esto demuestra que no es una persona que la ame. Algunas personas admiten que la palabra de Dios es la verdad y que tienen actitudes corruptas, y también afirman estar dispuestas a arrepentirse y reconstruirse de nuevo, pero luego no se produce ninguna transformación. Sus palabras y actos siguen siendo los mismos de antes. Cuando hablan de que se conocen a sí mismas, es como si contaran un chiste o gritaran una consigna. No revelan su falsedad desde lo más profundo del corazón con una actitud de odio y asco ni con una actitud de arrepentimiento y conocimiento. Por el contrario, se dedican a las formalidades y a fingir que se sinceran. Esta no es una persona que acepte sinceramente la verdad. Cuando estas personas hablan de que se conocen, lo hacen para cumplir con las formalidades y fingen ser espirituales. Piensan: ‘Los demás se sinceran y analizan su falsedad. Si no digo nada, me avergonzaré, así que más me vale hablar para cumplir con las formalidades’. Después califican su falsedad de sumamente grave, la ilustran de forma dramática y su autoconocimiento parece especialmente profundo. Todos los que escuchan creen que se conocen de verdad a sí mismas y, por consiguiente, las miran con envidia, lo que a su vez hace que se sientan gloriosas, como si acabaran de adornarse con una aureola. Esta modalidad de autoconocimiento, lograda a base de cumplir con las formalidades, a lo que se unen el disimulo y la falsedad, despista por completo a los demás. ¿Pueden tener la conciencia tranquila cuando hacen esto? ¿Esto no es falsedad descarada? […] Cuando lo hace no se siente culpable, no tiene la conciencia intranquila tras disimular y engañar, no siente nada después de rebelarse contra Dios y engañarlo y no le ora para admitir su error. ¿No es insensible la gente así? Si no se siente culpable, ¿puede sentir alguna vez remordimientos? ¿Puede arrepentirse alguna vez alguien que no sienta remordimientos? ¿Puede una persona de corazón impenitente traicionar los intereses de la carne para practicar la verdad? No. Sin ni siquiera el deseo de arrepentirse, ¿no es absurdo hablar de autoconocimiento? ¿Esto no es mero disimulo y falsedad?” (‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “¿Cómo discernir si alguien busca la verdad? ¿Cómo evaluar si alguien es una persona que busca la verdad? Imaginemos a una persona que hace siete u ocho años que cree en Dios. Tal vez sea capaz de pronunciar muchas palabras de doctrina, se le llene la boca de vocabulario espiritual, ayude a menudo a otros, parezca muy entusiasta, sea capaz de renunciar a cosas y cumpla con el deber con gran vigor. Sin embargo, no es capaz de practicar mucho la verdad, no habla de experiencias reales de entrada en la vida, y ni mucho menos experimenta una transformación de su carácter vital. Se puede decir con toda seguridad que alguien así no busca la verdad. Si alguien ama sinceramente la verdad, tras un tiempo experimentando cosas sabrá hablar de lo que comprenda, al menos sabrá actuar de acuerdo con los principios en algunas cosas; tendrá experiencia de entrada en la vida y como mínimo mostrará ciertos cambios de conducta. Los que buscan la verdad tienen un estado espiritual que mejora constantemente, su fe en Dios aumenta poco a poco y tienen cierta comprensión de lo que revelan y de sus actitudes corruptas, además de experiencia personal y auténtica clarividencia acerca de cómo obra Dios para salvar a la gente. Todas estas cosas se realzan progresivamente en ellos. Si ves estas manifestaciones en una persona, puedes tener plena seguridad de que se trata de alguien que busca la verdad” (‘¿Cuál es la realidad-verdad?’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”).

Con la palabra de Dios aprendí que, para evaluar si una persona busca sinceramente la verdad o no, no podemos fijarnos simplemente en lo que diga. Lo importante es si es capaz de aceptar y practicar la verdad y de alcanzar un arrepentimiento y una transformación reales transcurrido un tiempo. Cuando los que buscan la verdad experimentan fracasos y reveses, son capaces de aceptar el juicio de la palabra de Dios, de hacer introspección por medio de ella, de analizar y revelar sus motivaciones para las cosas, de cultivar de corazón un odio sincero hacia su carácter corrupto y de sentir auténtico remordimiento por sus transgresiones, de modo que, cuando vuelvan a suceder, sepan renunciar a sí mismos y practicar la verdad. Conforme pasa el tiempo, crecen en la vida y su carácter corrupto se transforma un poco. Si comparaba esto con la conducta de la hermana Li, desde fuera parecía ser honesta. Cuando trataban con ella, le advertían y la relevaban, asentía con la cabeza y lo admitía alegando que iba en pos del estatus, que no protegía el trabajo de la casa de Dios, que le faltaba humanidad y que esperaba lograr entrar, pero luego, siempre que se vieran implicados su reputación y su estatus, no renunciaba a sí misma, no practicaba la verdad y hasta reprendía a sus hermanos y hermanas, lo que perjudicaba la labor de la casa de Dios. Jamás hacía introspección y permanecía pasiva. Descubrí que no tenía concepto alguno de su naturaleza corrupta ni de la causa de su fracaso, ni tampoco un arrepentimiento sincero. El entendimiento del que hablaba eran palabras que copiaba, un espejismo para confundir. Si alguien busca sinceramente la verdad y tiene humanidad, cuando ve que ha provocado un gran perjuicio al trabajo de la iglesia, se siente culpable, se odia y ya no tiene en cuenta sus intereses personales. Piensa en cómo compensar sus transgresiones, hacer un trabajo práctico y evitar más perjuicios al trabajo de la casa de Dios. No apreciaba una conducta así en la hermana Li. Esto indicaba que no era alguien que aceptara y buscara la verdad en absoluto. Al elegirla, no la había evaluado según el principio de la verdad. Había recurrido a mis ideas y nociones. Me fijé solamente en sus aparentes buenas acciones y en su entendimiento doctrinal y supuse que había logrado cierta transformación. El resultado fue que elegí y utilicé a la persona equivocada, lo que perjudicó el trabajo de la iglesia y la vida de mis hermanos y hermanas. Estas fueron las consecuencias que tuvo que yo no buscara los principios de la verdad.

Luego hice introspección. Discernía claramente que ella era una falsa líder y me daba cuenta de que había elegido a la persona equivocada; entonces, ¿por qué seguía queriendo encubrir las cosas y darle una oportunidad? Después leí un pasaje de las palabras de Dios y entendí un poco esto. “Sin importar cuántas cosas malas haga un anticristo ni de qué tipo —trátese de malversar, despilfarrar o hacer un uso indebido de las ofrendas a Dios, de interrumpir y perturbar el trabajo de la casa de Dios o de echarlo a perder y provocar la ira de Dios—, siempre permanece tranquilo, sereno y despreocupado. Sin importar qué tipo de maldad cometa un anticristo ni qué consecuencias acarree, él nunca se presenta ante Dios a confesar sus pecados y arrepentirse lo antes posible, y jamás se presenta ante los hermanos y hermanas en actitud de sinceridad y apertura para admitir sus maldades, llegar a conocer sus transgresiones, reconocer su corrupción y arrepentirse de sus malas acciones. Por el contrario, se devana los sesos para buscar excusas varias con las que eludir su responsabilidad y echar la culpa a los demás con tal de recuperar su imagen y estatus. Lo que le importa no es el trabajo de la iglesia, sino si su reputación y estatus se ven perjudicados o afectados. No considera ni piensa en el modo de compensar las pérdidas ocasionadas a la casa de Dios por sus transgresiones ni trata de compensar su deuda con Dios; es decir, nunca admite que puede hacer algo mal ni que ha cometido un error. Para sus adentros, los anticristos consideran de necios e incompetentes admitir activamente los errores y rendir cuentas honestamente de los hechos. Si sus malas acciones son descubiertas y reveladas, los anticristos solamente admiten un error pasajero por descuido, nunca su incumplimiento del deber y su irresponsabilidad, e intentan responsabilizar a otro para eliminar esa mancha de su historial. En ocasiones así, a los anticristos no les interesa reparar el perjuicio ocasionado a la casa de Dios, sincerarse ante el pueblo escogido de Dios para admitir sus errores ni dar cuenta de lo sucedido. Se preocupan por encontrar la manera de que los grandes problemas parezcan pequeños, y los pequeños, inocuos. Aportan razones objetivas para que los demás los comprendan y simpaticen con ellos. Intentan por todos los medios recuperar su reputación a ojos de los demás, minimizar la influencia negativa de sus transgresiones sobre sí mismos y asegurarse de que lo Alto nunca tenga una mala impresión de ellos para que nunca los responsabilice, destituya ni acuse. A fin de recuperar su reputación y su estatus de forma que sus intereses no se vean perjudicados, los anticristos están dispuestos a soportar todo sufrimiento y harán todo lo posible por resolver cualquier dificultad. Desde el principio de su transgresión o error, los anticristos nunca tienen intención de responsabilizarse de las cosas malas que hacen, nunca tienen intención de reconocer, compartir, exponer o analizar los motivos, intenciones y actitudes corruptas que subyacen a las cosas malas que hacen; y, ciertamente, nunca tienen intención de compensar el perjuicio que ocasionan al trabajo de la iglesia y a la entrada de la vida del pueblo escogido de Dios. Por tanto, se mire por donde se mire, los anticristos son gente que nunca admite sus maldades ni se arrepiente. Los anticristos son desvergonzados e insensibles sin esperanza alguna de redención, y nada menos que unos satanases vivientes” (‘No aceptan el trato y la poda ni tienen una actitud de arrepentimiento cuando cometen el mal, sino que difunden nociones y juzgan públicamente a Dios’ en “Desenmascarar a los anticristos”). La palabra de Dios revelaba que los anticristos jamás admiten sus errores ni confiesan y se arrepienten ante Dios. En cambio, piensan en cómo conservar y recuperar su imagen en el corazón de otras personas y en cómo consolidar su posición. Vi que mi conducta era la de un anticristo. En una tarea tan importante como la de seleccionar a gente, no busqué la verdad y elegí a una falsa líder, con lo que perjudiqué la labor de la casa de Dios y la entrada en la vida de mis hermanos y hermanas. Había transgredido y debería haberme arrepentido ante Dios, haber destituido a la hermana Li y haber elegido enseguida a la persona adecuada para compensar mis errores y defectos. Pero me preocupaba que, si les contaba sinceramente a mis colaboradores los problemas de la hermana Li, ellos tuvieran claro que yo no tenía verdad alguna, y sí poca aptitud, y que no sabía hacer un trabajo práctico, y me destituyeran. Por conservar mi imagen y estatus, disimulé, no me atreví a admitir mis fallos y defectos y tapé mis errores con más errores, con la esperanza de que mi compañera pudiera ayudar a la hermana Li a cambiar su estado. De esa forma, ella no sería destituida y mi estatus e imagen quedarían preservados. Por satisfacer mis intereses personales, no consideré los intereses de la casa de Dios y consentí y encubrí a una falsa líder. En esencia, actué como cómplice de Satanás para perturbar y hundir el trabajo de la casa de Dios. ¡Esto ofendió gravemente el carácter de Dios! Al pensarlo, sentía culpa y pesar. Gracias a que Dios me enalteció de manera excepcional, yo tenía un deber tan importante en Su casa, pero no le retribuí Su gracia. Pensé en mis intereses en un momento crucial e ignoré los de la casa de Dios. ¿No fue esta una manifestación de una falsa líder y una anticristo? Recordé que los anticristos hacen las cosas únicamente por sus intereses y su estatus y que no consideran los intereses de la casa de Dios. Yo iba por la senda del anticristo. Si no me arrepentía, seguro que sería revelada y descartada como los anticristos.

Luego, reflexioné, le di a esta falsa líder una oportunidad tras otra porque yo tenía otra perspectiva equivocada: que, si le enseñaba lo suficiente, terminaría transformándose. Después leí un pasaje de las palabras de Dios y aprendí a discernir un poco este concepto erróneo. Las palabras de Dios dicen: “Para un falso líder, cuando se produce una mala conducta, sea de quien sea, una vez que el falso líder trata superficialmente con el perpetrador y le da algunas advertencias y amonestaciones, cree que su trabajo está hecho y que ha resuelto el problema, pero esto es pura lógica de Satanás. Los falsos líderes, obviamente, no echan enseguida a los incrédulos, malhechores y anticristos, sino que protestan: ‘Les enseñé la palabra de Dios, todos reconocieron lo que hicieron y sintieron remordimientos, y todos lloraron y dijeron que por supuesto que se arrepentirían y ya no intentarían fundar su propio reino’. ¿No es como un niño que juega a las casitas? ¿No se está engañando? Todos estos incrédulos, malhechores y anticristos son gente harta de la verdad. Ninguno la acepta para nada y no son objetivo de la salvación de Dios, pero los falsos líderes consideran a estos incrédulos, malhechores y anticristos, que Dios aborrece y desprecia, el pueblo escogido de Dios, y tratan de ayudarlos con amor. ¿Cuál es la esencia del problema? ¿Son la necedad y la ignorancia lo que les impide ver a estas personas con nitidez o están tratando de complacerlas por miedo a ofenderlas? Sea cual sea el motivo, lo más importante es que los falsos líderes no hacen un trabajo práctico, no aceptan la verdad cuando se les poda y trata y no admiten sus errores. Esto basta para demostrar que los falsos líderes no poseen absolutamente ninguna realidad de la verdad. No trabajan de acuerdo con la organización del trabajo de la casa de Dios, y sobre todo en cuanto a la labor de echar a gente de la iglesia, intentan salir del paso. Solamente echan por inercia a unos pocos malhechores manifiestos. Cuando se les revela y trata, llegan a buscar excusas diversas para eludir la responsabilidad y defenderse. Por tanto, un falso líder que no hace ningún trabajo práctico es un escollo que impide que se cumpla la voluntad de Dios. Las cosas que hacen los falsos líderes carecen de sentido y valor. Nunca resuelven los diversos problemas que surgen en la iglesia, simplemente los evitan, lo que no solo retrasa el progreso normal del trabajo de la casa de Dios, sino que también afecta a la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios. Claramente, los falsos líderes interrumpen y perturban el trabajo de la casa de Dios y hacen de escudo protector de incrédulos, malhechores y anticristos. En el momento crucial de la guerra espiritual, se ponen del lado de Satanás para resistirse y engañar a Dios. ¿No es esta una manifestación de traición a Él? Las opiniones de los falsos líderes evidencian que no son personas que busquen la verdad. No la comprenden en absoluto y son totalmente incompetentes para la labor de liderazgo” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Conforme meditaba las palabras de Dios, estaba avergonzada. Creía que cualquiera podría transformarse siempre y cuando yo le enseñara la verdad, él afirmara que la había aceptado y admitiera su falta. No contemplaba a la gente de acuerdo con su esencia; estaba ciega de ojos y corazón. Cuando conocí a la hermana Li, revelé y analicé la naturaleza de su afán por el estatus y de la senda por la que iba. Cuando expresó cierto entendimiento y deseo de arrepentirse, creí que mi enseñanza había logrado resultados y que se transformaría, por lo que la ascendí a un puesto de líder. Con el tiempo, la hermana Li volvió a preocuparse por la imagen y el estatus y no hacía un trabajo práctico. Una vez que la revelé y hablé con ella, ante su actitud sincera y su expreso deseo de arrepentirse, creí nuevamente que se transformaría. En realidad, la hermana Li siempre fue en pos de la reputación y el estatus, no hizo ningún trabajo práctico y no se arrepintió ni transformó nunca. Hacía mucho que se había demostrado que era una falsa líder, pero seguí enseñándole y dándole oportunidades. La verdad, fui demasiado ciega e ignorante. De hecho, enseñar la verdad es una mera función de apoyo. Que la gente pueda o no transformarse depende, sobre todo, de si es capaz de buscar la verdad. A quienes buscan y aceptan la verdad sinceramente, las enseñanzas, la ayuda, la guía y el trato de otras personas puede ayudarlos a reflexionar y conocerse a sí mismos según la verdad, a arrepentirse y a transformarse. Quienes no aceptan la verdad y están hartos de ella, por mucho que se les enseñe, jamás la aceptarán ni tampoco se conocerán y odiarán a sí mismos a tenor de ella, con lo que es imposible que se transformen. Yo no trataba a cada tipo de personas de acuerdo con la palabra de Dios y la verdad. De forma ciega y arrogante, aplicaba normas basadas en mis propias fantasías, con lo que protegí a una falsa líder, lo que perturbó el trabajo de la casa de Dios. Hacía meramente de Satanás. Mientras reflexionaba, confesé a Dios y me arrepentí: “Dios mío, deseo cambiar mis perspectivas equivocadas, buscar la verdad y actuar de acuerdo con los principios en el deber”.

Posteriormente fui a una iglesia a analizar el trabajo, y los hermanos y hermanas denunciaron que el hermano Xiang, líder de la iglesia, era pasivo e irresponsable en el deber. En las reuniones no enseñaba la verdad para resolver los problemas de otros. El trabajo de la iglesia era ineficaz, pero, a decir verdad, él no vigilaba ni supervisaba nada ni hacía un trabajo práctico. Cuando le hacían sugerencias, no las aceptaba y las refutaba con excusas varias. A veces decía: “¿Por qué no reflexionas sobre tus problemas?”. Los demás se sentían limitados por todo esto. También le gustaba ser puntilloso y presionar a otras personas. Según los principios, el hermano Xiang era un falso líder y había que destituirlo. Pregunté a los diáconos de la iglesia su opinión sobre los problemas del hermano Xiang. Contestaron: “El hermano Xiang no lleva una carga en el deber, pero, tras hablar con él, siempre demuestra que se comprende a sí mismo y alega que quiere arrepentirse y transformarse. Queremos ayudarlo a ver qué pasa”. Al oír eso, pensé: “De acuerdo con la conducta del hermano Xiang, es un falso líder y hay que relevarlo. Si no, se resentirá el trabajo de la casa de Dios. Sin embargo, los diáconos no están de acuerdo; ¿acaso me equivoco yo? Si insisto en destituir al hermano Xiang y estoy equivocada, ¿qué opinarán de mí? ¿Dirán que llevo muchos años en mi deber y aún no sé discernir a la gente?”. Sabía que estaba pensando otra vez en mi imagen y estatus, así que oré para pedir ayuda y poder renunciar a mí misma. Me di cuenta de que los diáconos solamente se fijaban en que el hermano Xiang tenía facilidad de palabra. No lo estaban evaluando según la palabra de Dios. En el pasado, elegí a la persona equivocada por no discernir en función de la verdad ni de la palabra de Dios. Esta vez tenía que aprender la lección, buscar la verdad con todos y evaluar a los falsos líderes según la palabra de Dios. Es la única manera de hacerlo con precisión.

Luego encontré un pasaje de la palabra de Dios sobre el discernimiento de los falsos líderes. “Para discernir si una persona es o no un falso líder no hay que mirarle el rostro para ver si su fisonomía es buena o mala, ni hay que mirar cuánto parece haber sufrido de cara al exterior ni cuánto ha corrido de aquí para allá. Antes bien, hay que mirar si cumple con sus responsabilidades de líder y si sabe resolver problemas prácticos mediante la verdad. Este es el único criterio preciso para evaluar la cuestión. Es el principio para analizar, discernir y determinar si una persona es o no un falso líder. Solo así podrá ser la evaluación justa, en consonancia con los principios, conforme a la verdad y equitativa con todos. La calificación de alguien como falso líder o falso obrero debe estar basada en datos suficientes. No debe basarse en uno o dos incidentes o transgresiones, y ni mucho menos puede servir como base la corrupción temporal. Los únicos criterios precisos para calificar a alguien son si es capaz o no de hacer un trabajo práctico y resolver problemas con la verdad, si es o no una persona correcta, si es alguien que ama la verdad y capaz de obedecer a Dios, y si tiene o no la obra y el esclarecimiento del Espíritu Santo. Solamente se puede calificar correctamente a alguien de falso líder o falso obrero en función de estos factores. Dichos factores son los criterios y principios para evaluar y determinar si alguien es un falso líder o falso obrero” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Hablamos juntos sobre este pasaje y entendimos cómo evaluar y discernir a los falsos líderes. No se trata de fijarse solo en lo agradables que suenen sus palabras. La clave es si saben hacer un trabajo práctico y resolver problemas con la verdad y, asimismo, si son capaces de aceptarla, de buscarla, de conocerse, arrepentirse y transformarse de veras. Evaluamos al hermano Xiang por medio de estos principios. Siempre cumplía con el deber sin carga alguna y no hacía un trabajo práctico. Los hermanos y hermanas hablaron con él y lo ayudaron muchas veces, pero nunca lo admitía ni hacía introspección y acusaba a otros, con lo que todos se sentían limitados. Comprobamos que no hacía un trabajo práctico ni buscaba la verdad, por lo que era un falso líder y había que destituirlo. Tras oír esto, los hermanos y hermanas se culparon a sí mismos: “No lo discernimos ni evaluamos según la palabra de Dios. Nos dejamos engañar por la falsa imagen que daba. Prácticamente protegimos a un falso líder que perturbó la labor de la casa de Dios”. Al ver que ya discernían a los falsos líderes, me sentí muy tranquila y destituimos al hermano Xiang en el acto.

Después de estas experiencias, descubrí que, en realidad, utilizar a las personas según nuestras nociones perjudica a los demás y a nosotros mismos. No solo perjudica la labor de la familia de Dios, sino que, además, te hace cometer transgresiones. A partir de ahora, en el deber, espero buscar más la verdad y los principios y contemplar las cosas según la palabra de Dios. En aquello que no entienda, deseo renunciar a mi imagen y estatus y hablar más con mis hermanos y hermanas, a fin de compensar mis defectos y sostener el trabajo de la casa de Dios. ¡Gracias a Dios!

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