Dar testimonio de Dios es un auténtico deber

5 Jun 2022

Por Xinrui, Corea del Sur

Hace poco miré unos videos de testimonios de experiencias de nuevos fieles, y me conmovieron mucho. Pese a llevar creyendo dos o tres años, eran capaces de compartir experiencias y testimonios. Sentí bastante vergüenza y me puse a pensar por qué llevaba creyendo muchos años, pero no sabía dar testimonio de Dios. Un día me encontré un pasaje de las palabras de Dios. “Lo que habéis experimentado y visto excede a lo que experimentaron y vieron los santos y profetas de todas las eras, pero ¿sois capaces de dar un testimonio mayor que las palabras de estos santos y profetas de tiempos pasados? Lo que Yo os otorgo ahora excede a Moisés y eclipsa a David, así que, de la misma manera, Yo pido que vuestro testimonio exceda a Moisés y que vuestras palabras sean mayores que David. Os doy cien veces más, así que de igual manera os pido que vuestra retribución sea consecuente. Debéis saber que Yo soy quien otorga vida a la humanidad y sois vosotros los que recibís vida de Mí y debéis dar testimonio de Mí. Este es vuestro deber el cual envío sobre vosotros y el cual vosotros debéis hacer por Mí. Os he otorgado toda Mi gloria, os he otorgado la vida que el pueblo escogido, los israelitas, nunca recibió. Es justo que debáis dar testimonio de Mí y dedicarme vuestra juventud y rendirme vuestra vida. A quien quiera que Yo le otorgue Mi gloria dará testimonio de Mí y dará su vida por Mí. Esto ha sido predestinado por Mí desde hace mucho. Es vuestra buena fortuna que Yo os otorgue Mi gloria y vuestro deber es testificar para Mi gloria. Si creyerais en Mí solo para obtener bendiciones, entonces Mi obra tendría poca relevancia y no estaríais cumpliendo vuestro deber. […] Lo que habéis recibido no son solamente Mi verdad, Mi camino y Mi vida, sino una visión y una revelación mayores que las de Juan. Entendéis muchos más misterios y también habéis contemplado Mi auténtico rostro; habéis aceptado más de Mi juicio y conocido más de Mi carácter justo. Y así, aunque nacisteis en los últimos días, vuestro entendimiento es el de antiguo y el del pasado; y también habéis experimentado las cosas de hoy, y todo esto lo hice Yo personalmente. Lo que Yo pido de vosotros no es excesivo, porque os he dado mucho y habéis visto mucho en Mí. Así, os pido que deis testimonio de Mí a los santos de eras pasadas, y este es el único deseo de Mi corazón” (‘¿Qué sabes de la fe?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer la palabra de Dios, estaba muy emocionada, pero también me sentía bastante culpable: emocionada por la fortuna de experimentar la obra de Dios y gozar de la provisión de Sus palabras, pero culpable por haber creído en Él muchos años y gozado tanto de Su gracia, pero sin tener testimonio de Él. Creía que, en los últimos días, Dios nos ha otorgado libremente muchas verdades, pero como no buscamos la verdad y tenemos poca capacidad de comprensión, Dios nos enseña al detalle todos los aspectos de la verdad, nos pone ejemplos y analogías y nos lo explica desde cero para asegurarse de que lo entendamos. Dios apunta a nuestro carácter corrupto, expresa palabras que nos juzgan y revelan y nos advierte, exhorta, alienta y reconforta. Dios ha dedicado mucho esfuerzo y pagado un gran precio por nosotros porque quiere que comprendamos la verdad, lo conozcamos, nos libremos de nuestro carácter corrupto y nos arrepintamos y transformemos sinceramente. Este es el testimonio que quiere Dios. Hace 30 años que comenzó Su obra. Ha llevado a cabo una gran obra y expresado muchísima verdad y quiere nuestro testimonio. Aunque sea superficial, lo acepta si es auténtico. Dios espera que compartamos nuestra experiencia y nuestro conocimiento de Su obra y que escribamos artículos de testimonio, pues este es el fruto de la obra de Dios y la materialización de Su esfuerzo. Dios valora especialmente este testimonio. Dicho testimonio es lo más agradable y reconfortante para Él. Luego reflexioné sobre mí. Aunque había recibido tanto de Dios, no se me ocurría pensar qué aspectos de la verdad comprendía y en qué realidad de la verdad había entrado porque solo entendía gran parte de la palabra de Dios a nivel doctrinal, pero no la había meditado ni experimentado en serio. Así pues, a la hora de dar testimonio de Dios y escribir artículos de testimonio, me sentía intimidada e insegura y me esforzaba poquísimo en este sentido. La idea de haber creído durante años, pero no ser capaz de escribir sobre mi experiencia y no tener testimonio me provocaba gran malestar.

Una vez, una hermana me preguntó si quería practicar la redacción de testimonios de experiencias. Acepté en ese momento, pero nunca escribía nada. A veces escribía un poco, lo postergaba y nunca terminaba el artículo. En realidad, no me encargaba de mucho trabajo, pero siempre me sentía tan ocupada que no tenía tiempo de escribir. Por eso, todos los días posponía el asunto de redactar artículos. Más adelante hice un horario de escritura, pero, llegada la hora, aún estaba ocupada en otras cosas, así que no podía serenarme para escribir. Encontraba razones y excusas varias. A veces decía que tenía poca formación o poca aptitud, con lo que no sabía redactar bien. Otras, alegaba estar ocupada y sin tiempo, por lo que lo haría después. En ocasiones no me parecía especialmente importante escribir artículos, y creía que lo más importante era ocuparme del trabajo diario porque, si lo demoraba, me podarían y tratarían conmigo o me destituirían en caso grave. A nadie le importaba que no escribiera. Al pensarlo de esta forma, me tomaba todavía menos en serio la escritura de artículos de testimonio y no la consideraba una parte importante de mi deber. A la hora de escribir testimonios, estaba atrapada en este estado terco y rebelde.

Un día leí un pasaje de las palabras de Dios y cambié un poco de opinión. Las palabras de Dios dicen: “Ahora, ¿realmente sabes por qué crees en Mí? ¿Sabes realmente el propósito y la relevancia de Mi obra? ¿Realmente conoces tu deber? ¿Conoces realmente Mi testimonio? Si solamente crees en Mí, pero no hay señales de Mi gloria o testimonio en ti, entonces hace mucho que te he descartado. En cuanto a los que lo saben todo, aún más son aguijones en Mis ojos, y en Mi casa solamente son obstáculos en Mi camino, son cizaña que ha de ser completamente aventada en Mi obra, sin el menor uso, no valen nada y hace mucho los he aborrecido. A menudo mi ira cae sobre todos los que están privados de testimonio, y Mi vara nunca se aparta de ellos. Hace mucho los he dejado en manos del maligno, están privados de Mis bendiciones. Cuando llegue el día, su castigo va a ser mucho más doloroso que el de las mujeres necias. Hoy solo hago la obra que es Mi deber hacer; voy a atar todo el trigo en manojos, a la par que lo hago con esa cizaña. Esta es Mi obra hoy. Esa cizaña toda será aventada afuera en el tiempo en que Yo la aviente, después los granos de trigo serán recogidos en el granero y esas cizañas que han sido aventadas serán puestas en el fuego para ser quemadas hasta que sean polvo. Mi obra ahora es solamente unir a todos los hombres en manojos, es decir, para conquistarlos completamente. Después comenzaré a aventar para revelar el fin de todos los hombres. Y entonces debes saber cómo debes satisfacerme ahora y cómo te debes embarcar en el camino correcto de tu fe en Mí. Lo que deseo ahora es tu lealtad y obediencia, tu amor y tu testimonio. Incluso si en este momento no sabes lo que es el testimonio o lo que es el amor, debes entregarte por entero a Mí y entregarme los únicos tesoros que tienes: tu lealtad y tu obediencia. Debes saber que el testimonio de Mi derrota de Satanás se sitúa dentro de la lealtad y la obediencia del hombre, del mismo modo que lo hace Mi testimonio de Mi conquista completa del hombre. El deber de tu fe en Mí es dar testimonio de Mí, ser leal a Mí y a ningún otro, y ser obediente hasta el final” (‘¿Qué sabes de la fe?’ en “La Palabra manifestada en carne”). El pasaje dejaba claro que los creyentes en Dios deben dar testimonio de Él y que este es el deber de una persona. Cuando los creyentes en Dios no saben dar testimonio, se vuelven objeto del aborreciemiento de Dios. Esta frase de la palabra de Dios en concreto: “Si solamente crees en Mí, pero no hay señales de Mi gloria o testimonio en ti, entonces hace mucho que te he descartado”. “En cuanto a los que lo saben todo, aún más son aguijones en Mis ojos, y en Mi casa solamente son obstáculos en Mi camino, son cizaña que ha de ser completamente aventada en Mi obra”. “A menudo mi ira cae sobre todos los que están privados de testimonio, y Mi vara nunca se aparta de ellos. Hace mucho los he dejado en manos del maligno, están privados de Mis bendiciones. Cuando llegue el día, su castigo va a ser mucho más doloroso que el de las mujeres necias”. Con las palabras de Dios me sentí juzgada, y percibí la ira de Dios. Después de tantos años creyendo en Dios y siguiéndolo hasta la fecha, tras leer tanto Su palabra, oír innumerables sermones y enseñanzas, experimentar la poda, el trato, reveses y fracasos, así como el esclarecimiento, la guía y la disciplina del Espíritu Santo, aún no sabía dar testimonio de Dios. Tenía algo de experiencia y conocimiento, pero no quería esforzarme en escribir. Me pasaba el día ocupándome de cosas externas, pero no me centraba en buscar la verdad para corregir mis actitudes corruptas ni procuraba avanzar en ella. Adquiría algo de conocimiento e iluminación a partir de mi experiencia habitual, pero solía ser parcial, dispar e inespecífico. No meditaba y recibía nitidez para poder entender de verdad y, con el tiempo, perdí lo aprendido, lo que también acabó con el esclarecimiento del Espíritu Santo. Recordé la época pasada en que practicaba el riego a nuevos fieles. Ni siquiera sabía enseñar bien la verdad acerca de cómo dar testimonio de la obra de Dios. Lo que compartía era relativamente superficial y no captaba los puntos clave. Después, al predicar el evangelio, tampoco era capaz de captar los puntos clave para analizar las nociones religiosas o las falacias de los anticristos de forma clara o convincente. Solamente entendía a medias cada aspecto de la verdad y no sabía enseñar con claridad. Al hablar en las reuniones de los problemas de la entrada en la vida, normalmente solo persuadía a la gente con tópicos superficiales o presentaba teorías vacías y un entendimiento superficial. No sabía resolver los problemas de raíz y mi testimonio de Dios era ineficaz. Mi comprensión de cualquier aspecto de la verdad era, básicamente, hueca. Enseñaba mayormente letras y doctrinas, no las realidades de la verdad. Vi que creía en Dios, pero no sabía dar testimonio de Él. Invertía un poco de esfuerzo y trabajo nada más, pero en realidad no había aceptado el juicio y castigo de las palabras de Dios ni tenía testimonio alguno de comprensión de la verdad o de haber transformado mi carácter vital. Me acordé de que Dios dijo que la gente así son aguijones en Su ojo, obstáculos y cizaña que tamizará. Jamás se desvanece la ira de Dios hacia esa gente. Me quedé triste con estos pensamientos. Llevaba años creyendo en Dios y no había aprendido nada. Me sentí inútil, una absoluta vergüenza e indigna de estar en presencia de Dios. Dios detesta especialmente a la gente así, no la tolera y se enfurece con ella. Aunque dichas personas cumplan con el deber, como no buscan la verdad ni saben dar testimonio de Dios, no pueden recibir la obra del Espíritu Santo y, al final, Dios no las puede salvar. Al descubrir la actitud de Dios hacia esa gente, mis nociones quedaron completamente refutadas. Pensaba que, si hacía el trabajo que se me confiaba, no cometía el mal, grandes errores en el deber ni transgresiones graves, y no me destituían, básicamente estaba salvada, y tenía esperanza de salvación. Ahora veía que esto era incompatible con las exigencias de Dios. Eran nada más que nociones e ilusiones mías. Creer en Dios no supone simplemente esforzarse en el deber, atenerse a unas reglas y no cometer ninguna maldad evidente. Si crees muchos años en Dios y todavía no tienes testimonio, terminarás descartado. Recordé unas palabras de Dios: “Si llega un día en el que eres incapaz de dar testimonio a todos de lo que has visto hoy, entonces habrás perdido la función de los seres creados, y no habrá ningún sentido en absoluto en tu existencia. Serás indigno de ser un humano. ¡Se podría decir incluso que no serás humano! He hecho incalculable obra en vosotros, pero debido a que actualmente no estas aprendiendo nada, no eres consciente de nada y no eres efectivo en tus labores, cuando sea el momento de que Yo expanda Mi obra, te limitarás a quedarte mirando inexpresivo, con la lengua trabada y totalmente inútil. ¿Acaso no hará eso de ti un pecador para todos los tiempos? Cuando llegue ese momento, ¿no sentirás el arrepentimiento más profundo?” (‘¿Cuál es tu entendimiento de Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me avergonzaron y, a su vez, me pusieron muy nerviosa. Sentí que no podía seguir así. Después comencé a centrarme en escribir artículos de testimonio.

Cuando realmente me ponía a escribir, aún tenía la mente bloqueada. Al principio no era capaz de aclarar mi experiencia y no sabía por dónde empezar, aparte de que había trabajo que era más urgente, por lo que trabajaba en otras cosas. Luego me excusaba en mi falta de aptitud. Pensaba: “Otros pueden escribir un artículo entero de testimonio en medio día, pero yo no puedo sin un ambiente tranquilo y tiempo suficiente”, con lo que dejaba de escribir otra vez. Después empezaba a hacerme preguntas al respecto. ¿Por qué era tan pasiva para escribir artículos de testimonio? Acepté escribir, pero no hacía nada. Un día descubrí un pasaje de las palabras de Dios y logré comprenderme un poco. Dios dice: “¿Cómo se puede conocer y discernir un carácter satánico? Hay que juzgar según las cosas que a Satanás le gusta hacer, así como según los métodos y trucos con los que las hace. Nunca le gustan las cosas positivas, le gusta el mal, y siempre se cree competente y capaz de controlarlo todo. Esta es la naturaleza arrogante de Satanás. Por eso Satanás niega, se resiste y se opone a Dios de forma temeraria. Es el representante y el origen de todas las cosas negativas y malvadas. Poder tener clara esta cuestión implica tener discernimiento de un carácter satánico. A la gente no le resulta sencillo aceptar la verdad y practicarla porque todo el mundo tiene un carácter satánico y sufre la cohibición y esclavitud de aquel. Por ejemplo, algunos reconocen que es bueno ser honesto y les da envidia que otros sean capaces de serlo, de decir la verdad y de hablar de manera franca, pero si se les pide a ellos que sean honestos, les cuesta. ¿No es este un carácter satánico? Dicen cosas que suenan bien, pero no las practican. Esto se llama hartazgo de la verdad. Los hartos de la verdad tienen dificultades para aceptarla y no tienen manera de entrar en sus realidades. El estado más evidente de los hartos de la verdad es que no les interesan las cosas positivas y les gusta especialmente seguir las tendencias mundanas. No aceptan de corazón las cosas que Dios ama y lo que Dios exige que haga la gente. En cambio, son despectivos e indiferentes y algunos hasta suelen despreciar las normas y los principios que Dios exige a la gente. Les repugnan las cosas positivas y siempre tienen una sensación de resistencia, confrontación y desprecio hacia ellas. Esta es la principal manifestación de hartazgo de la verdad. En la vida de iglesia, la lectura de la palabra de Dios, la oración, la enseñanza de la verdad, el cumplimiento del deber y la resolución de problemas con la verdad son cosas positivas. Es obvio, pero algunos están asqueados de estas cosas positivas, no les gustan y son indiferentes a ellas. Lo más detestable es que adoptan una actitud despectiva hacia la gente positiva, como, por ejemplo, la gente honesta, la que busca la verdad, la que cumple fielmente con el deber y la que salvaguarda el trabajo de la casa de Dios. Siempre tratan de atacar y excluir a estas personas. Si descubren que tienen defectos o revelan corrupción, no hacen otra cosa que armar un gran alboroto y ningunearlas. ¿Qué clase de carácter es este? ¿Por qué odian tanto a la gente positiva? ¿Por qué quieren tanto y están de acuerdo con los malvados, incrédulos y anticristos, y por qué suelen confabularse con ellos? Cuando se trata de cosas negativas y malvadas, sienten emoción y euforia, pero cuando se trata de cosas positivas, cuando oyen hablar de la verdad o ven que esta se utiliza para resolver problemas, se resisten, se sienten insatisfechos y se quejan. ¿No supone este carácter un hartazgo de la verdad? ¿No revela esto un carácter corrupto? Hay muchas personas que creen en Dios a las que les gusta trabajar para Él y correr fervorosas de un lado a otro; tienen una energía inagotable para hablar y actuar con imprudencia y para presumir. Ahora bien, cuando se les pide que actúen según los principios de la verdad, no tienen energía. Si se les pide que no presuman, sienten que no tienen estatus y su energía frenética desaparece. Toda persona va en pos de sus propios intereses. Cuando empieza a creer en Dios, quiere coronas y recompensas y está dispuesta a padecer cualquier cosa. ¿Por qué? Todo por las bendiciones y, por decirlo sin rodeos, para entrar en el reino de los cielos. Sin un beneficio que ganar, la gente pierde la motivación, se deprime y no tiene entusiasmo. Todas estas cosas son provocadas por un carácter corrupto harto de la verdad. Cuando a la gente la controla este carácter, a menudo no tiene rumbo y no sabe qué senda elegir. Suele extraviarse y siempre toma la senda equivocada. Cuando la gente no reconoce su carácter harto de la verdad, no puede aceptarla, y ni mucho menos alcanzar la transformación. Continúa obedeciendo la carne y su corrupto carácter satánico. Eso implica que todavía sigue a Satanás, que todo lo hace al servicio de Satanás y que es sierva de Satanás” (“Discursos de Cristo de los últimos días”). Antes no me esforzaba en escribir artículos, y solo sentía un poco de culpa momentánea por ello. No me parecía un gran problema. Con la revelación de la palabra de Dios fue como comprobé que esto era aborrecer la verdad, una variedad de carácter satánico. Para escribir artículos se requiere experiencia y conocimiento y toma tiempo pensar en ello. Debemos serenarnos, meditar la palabra de Dios, buscar la verdad y hacer introspección. Pero es fácil ocuparse de asuntos externos, de cosas que se nos dan bien. Por eso, cuando me pidieron que buscara la verdad, meditara la palabra de Dios y escribiera artículos, me negué y me resistí para mis adentros. Sabía que Dios ha hablado mucho de cómo dar testimonio de Él y que todos mis hermanos y hermanas practican la redacción de testimonios de experiencias, pero yo era indiferente y hasta ponía excusas para evitarlo. Vi que era especialmente terca. Me resistía y me resentía por cosas relacionadas con la verdad y no estaba dispuesta a esforzarme. En las cosas externas, para trabajos no relacionados con la esencia de la verdad, era especialmente entusiasta y estaba dispuesta. En realidad, este era el carácter satánico de hartazgo de la verdad. En la práctica, el proceso de redacción de un artículo es un proceso de búsqueda de la verdad. Buscar la verdad para resolver problemas es lo que mejor revela la actitud de la gente hacia la verdad. Aunque llevara años creyendo en Dios y fuera capaz de renunciar, de esforzarme en el deber y de hablar mucho de letras y doctrinas, no me interesaba la verdad, no la anhelaba ni valoraba ni tenía obediencia sincera hacia Dios. Seguía viviendo de acuerdo con mi carácter satánico y siendo hostil a Dios. Una vez que reflexioné al respecto, me di cuenta de que mi problema era grave. Después de años de fe en Dios, mi carácter vital no se había transformado para nada. No se había dado ninguna transformación real en mi actitud hacia Dios y la verdad. Todavía era de Satanás, detestaba la verdad y me resistía a Dios. De continuar así, por mucho tiempo que creyera o por más que me esforzara, jamás comprendería la verdad ni corregiría mis actitudes corruptas. Aunque creyera hasta el fin, nunca me salvaría plenamente. En ese momento sentí algo de miedo, así que oré a Dios para arrepentirme. “Dios mío, no amo la verdad, estoy harta de ella. Solamente disfrutaba del esfuerzo y el trabajo en el deber. Ahora veo lo patética que es mi fe. No quiero continuar así. Deseo volverme a Ti y esforzarme en buscar la verdad”.

Más adelante, en respuesta a mis quejas de que tenía poca formación y aptitud, una hermana me envió un pasaje de las palabras de Dios que me pareció muy útil. Dios dice: “La experiencia del juicio y castigo de Dios os aporta nuevos beneficios y vivencias reales, así que debéis dar testimonio de Dios. Cuando deis testimonio de Dios, principalmente debéis hablar más de cómo Él juzga y castiga a las personas, de las pruebas que utiliza para refinar a las personas y cambiar su carácter. También debéis hablar de cuánta corrupción se ha revelado en vuestra experiencia, de cuánto habéis soportado y cómo Dios os conquistó finalmente; debéis hablar de cuánto conocimiento real de la obra de Dios tenéis y de cómo debéis dar testimonio de Dios y retribuirle Su amor. Debéis poner sustancia en este tipo de lenguaje, al tiempo que lo expresáis de una manera sencilla. No habléis sobre teorías vacías. Hablad de una manera más práctica; hablad desde el corazón. Esta es la manera en la que debéis experimentar. No os equipéis con teorías vacías aparentemente profundas en un esfuerzo por alardear; eso hace que parezcáis arrogantes e irracionales. Debéis hablar más de cosas reales desde vuestra experiencia real, que sean auténticas y que provengan del corazón; esto es lo más beneficioso para los demás y es lo más apropiado de ver. Solíais ser las personas que más se oponían a Dios y los menos propensos a someterse a Él, pero ahora habéis sido conquistados: jamás lo olvidéis. Debéis considerar y pensar más sobre estos asuntos. Una vez que la gente haya comprendido esto claramente, sabrá cómo dar testimonio; de lo contrario, correrá el riesgo de cometer actos vergonzosos y absurdos, lo que no supone dar testimonio de Dios, sino avergonzarlo. Sin experiencias auténticas y comprensión de la verdad, no es posible dar testimonio de Dios; aquellos cuya fe en Dios es farragosa y confusa nunca podrán dar testimonio de Él” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Tras leer las palabras de Dios, lo comprendí. El auténtico testimonio de Dios es el testimonio de Sus palabras y Su obra, compartir tu experiencia de juicio, castigo, pruebas y refinación de la palabra de Dios, la corrupción que exhibes, el conocimiento de ti mismo que hayas adquirido mediante lo revelado en la palabra de Dios y cómo encontraste la entrada, a fin de que otros descubran el carácter justo de Dios y conozcan Su obra y Su esencia. Para dar testimonio de Dios, no importa la capacidad que se tenga de hablar de teorías avanzadas. Lo que importa es que hables honesta y sinceramente. Comprendido esto, mi corazón se sintió un poco más iluminado. Pasa lo mismo con la redacción de testimonios. No importan tu nivel educativo ni tu estilo de redacción. La clave es si eres capaz de esforzarte por buscar la verdad, si la buscas para subsanar tu corrupción y tus problemas, si experimentas el juicio de Dios, te analizas y conoces según Su palabra, tienes clara la esencia de los problemas y te arrepientes y transformas sinceramente. Cuando te dotas de estas cosas, los artículos que escribas serán buenos. Esto no tiene nada que ver con tu nivel educativo. Lo único que has de hacer es escribir estas cosas prácticas en lenguaje cotidiano. Simplemente tienes que escribir lo que piensas y comprendes. Si escribes con tus propias palabras tu entendimiento y tus sentimientos verdaderos, aquello que pueda beneficiar a otros, tienes un testimonio. Antes, siempre creía que tenía poca formación y aptitud, lo que utilizaba como excusa para no escribir artículos de testimonio, como si para escribirlos se requirieran altos conocimientos, pero ya veo que esta perspectiva era un error. No debería haber vivido en ese estado. Debía centrarme en buscar la verdad, en practicar y experimentar las palabras de Dios y en escribir artículos sobre lo que viví y aprendí para dar testimonio de Él. Ese era mi deber.

Más adelante, en una reunión vi un pasaje de las palabras de Dios que me ayudó a llevar una carga en la búsqueda de la verdad y en la redacción de artículos de testimonio. Las palabras de Dios dicen: “¿Por qué y cómo surgen las categorías de líderes y obreros? A una escala mayor, son necesarias para la obra de Dios; a una escala menor, se requieren para la obra de la iglesia, son necesarias para los escogidos de Dios. […] La diferencia entre los líderes, los obreros y el resto del pueblo escogido de Dios es solo una característica especial en los deberes que realizan. Esta característica especial se muestra principalmente en la función de liderazgo. Por ejemplo, no importa cuántas personas tenga una iglesia, el líder es su cabeza. Entonces, ¿qué papel desempeñan los líderes entre los miembros? Guían a todos los escogidos en la iglesia. Entonces, ¿qué efecto tienen en toda la iglesia? Si este líder toma la senda equivocada, todos los escogidos en la iglesia seguirán al líder por esa senda equivocada, lo que tendrá un enorme impacto en todos ellos. Toma a Pablo como ejemplo. Él dirigió muchas de las iglesias que fundó y al pueblo escogido de Dios. Cuando Pablo se desvió, las iglesias y el pueblo escogido de Dios que él guiaba también se desviaron. Así pues, cuando los líderes se desvían, no son ellos los únicos afectados, las iglesias y el pueblo escogido de Dios que ellos lideran también son afectados. Si un líder es una persona correcta, si camina por la senda correcta y busca y practica la verdad, entonces las personas a las que guía comerán y beberán adecuadamente las palabras de Dios y buscarán apropiadamente la verdad y, al mismo tiempo, la experiencia vital y el progreso del líder será visible a los demás y tendrá efecto en ellos. Entonces, ¿cuál es la senda correcta por la que un líder debería caminar? Es ser capaz de llevar a otros a comprender la verdad y entrar en ella, es llevar a otros ante Dios. ¿Qué es una senda incorrecta? Es buscar el estatus, la fama y las ganancias, ensalzarse y dar testimonio de uno mismo con frecuencia, y nunca dar testimonio de Dios. ¿Qué efecto tiene esto en los escogidos de Dios? Se alejarán de Dios y quedarán bajo el control de ese líder. Si guías a la gente para que acuda a ti, entonces la estás guiando para que acuda a la humanidad corrupta y la estás guiando para que acuda a Satanás, no a Dios. Solo cuando guías a las personas hacia la verdad las estás guiando para que se acerquen a Dios. Los líderes y obreros, ya caminen por la senda correcta o por la equivocada, tienen una influencia directa sobre el pueblo escogido de Dios” (‘Tratan de ganarse a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Tras leer las palabras de Dios, tuve más claros mis deberes y responsabilidades. A su vez, sentí una gran responsabilidad sobre mis hombros. Dios nos dice que la senda que toman los líderes y obreros y aquello que buscan no solo repercuten en ellos, sino también en los hermanos y hermanas a quienes lideran. Cuando los líderes y obreros buscan la verdad y son la gente adecuada, progresan continuamente en la verdad, reflexionan a diario sobre sus opiniones equivocadas o sobre las actitudes corruptas según las cuales viven, entienden la esencia de los problemas según las palabras de Dios y luego descubren en qué principios entrar. Cuando los líderes y obreros toman la senda correcta, llevan una carga por la entrada en la vida de sus hermanos y hermanas y se centran en buscar la verdad para resolver los problemas, de modo que aquellos a quienes lideran también entren en ese sentido. Si los líderes y obreros son negligentes, no buscan la verdad, se pasan el tiempo esforzándose por conseguir reputación y estatus, no tienen interés por buscar la verdad y no saben enseñarla para resolver los problemas, su deber tan solo es una cuestión externa o de hablar de letras y doctrinas para ensalzarse y distinguirse, lo cual no produce los mismos resultados que el testimonio de Dios. Van, entonces, por la senda de resistencia a Dios y, además, llevan a la gente en sentido equivocado. Inconscientemente, esa gente va a su aire y conduce a otros hacia la senda del servicio, la de resistencia a Dios por parte de Pablo. Esto va contra el propósito de Dios de obrar y salvar a la gente. Cuando lo reconocí, sentí que Dios me dio la oportunidad de ser líder, no para poder hacer trabajos externos, servicio y esfuerzo ni para que pudiera ir en pos de la reputación y el estatus. El propósito de Dios era que yo desempeñara el cargo de líder, de alguien capaz de liderar a otros para comer y beber de Sus palabras, que buscara la verdad para resolver problemas en mi deber y que poco a poco comprendiera la verdad y entrara en las realidades de Su palabra. Esta era la comisión de Dios, además de mi deber. Así pues, creí crucial buscar la verdad y centrarme en corregir mis actitudes corruptas. A esas alturas tenía una comprensión muy superficial de la verdad y ninguna de sus realidades, con lo que solo podría aprender a medida que la experimentara. Mientras tu corazón y tu senda sean correctos, recibes la guía y las bendiciones de Dios.

Después empecé a reflexionar sobre mi estado, sobre los problemas que resolví en mis años de fe en Dios a base de buscar sinceramente la verdad y sobre las actitudes corruptas que había corregido. Cuando comencé a meditar y reflexionar al respecto, descubrí que estaba confundida y solamente entendía a medias muchas cuestiones. Realmente no comprendía la verdad ni apreciaba la esencia de los problemas, no buscaba principios de práctica ni resolvía nunca los problemas de forma eficaz. A partir de entonces, traté de escribir sobre las experiencias que entendía relativamente bien y, conforme escribía, meditaba. Meditaba siempre que tenía tiempo. Cuando por fin acabé el artículo, me sentí muy satisfecha, segura y tranquila, ya que, durante su redacción y mediante la búsqueda de la verdad, de forma natural, empecé a ver más claros mi estado y la esencia de mis problemas, mi conocimiento de la verdad se hizo más práctico y concreto y mi senda de práctica se volvió más nítida. Me di cuenta de que es crucial escribir artículos de testimonio para captar mi estado y para buscar la verdad a fin de resolver los problemas. Era una senda de entrada en la vida y también el mejor camino para buscar y comprender la verdad.

Más adelante supe que muchos, incluidos líderes y obreros, no se centraban en escribir artículos ni se esforzaban nada en este sentido. Algunos siempre decían que estaban ocupados y sin tiempo. Pensé: “¿No era precisamente este mi estado?”. Yo también tenía ese punto de vista equivocado y ponía excusas para no escribir. Seguí reflexionando: “Si tomo el proceso de cómo conocí mi estado y cambié de punto de vista, y escribo un artículo sobre ello, ¿eso no resolverá algunos problemas de mis hermanos y hermanas?”. Al darme cuenta, sentí que ya tenía una carga que llevar y empecé a prepararme para escribir. Aunque mi entendimiento fuera superficial y parcial, sabía que era mi deber redactar ese artículo, por lo que tenía que escribir acerca de todo cuanto entendiera. Con este objetivo en mente, cuando veía o hablaba con mis hermanos y hermanas, debatíamos este tema, y yo pensaba en él cuando tenía tiempo libre. En mi devoción matinal, a veces comía y bebía de la palabra de Dios sobre el asunto. Con el tiempo lo tuve un poco más claro, y cuando comencé a escribir, fue mucho más fácil. Una vez que hice el esquema, expresé cada nivel de significado de acuerdo con mi entendimiento y escribí con mis propias palabras mis ideas y experiencias. Ya no me pareció tan difícil y, a medida que meditaba las cosas mientras escribía, creía ver con más claridad el problema y los aspectos pertinentes de la verdad. Realmente percibí que, cuanto más procuramos buscar la verdad y más artículos escribimos para resolver problemas, más recibimos el esclarecimiento y la guía de Dios y más nos bendice. Recordé un pasaje de la palabra de Dios: “Cuanto más consciente seas de la voluntad de Dios, mayor será la carga que lleves a cuestas, y cuanto mayor sea la carga que llevas a cuestas, más rica será tu experiencia. Cuando seas consciente de la voluntad de Dios, Él pondrá una carga sobre ti y luego te esclarecerá sobre las tareas que te ha confiado. Cuando Dios te dé esta carga, prestarás atención a todas las verdades relacionadas mientras comes y bebes de Sus palabras. Si tienes una carga relacionada con las condiciones de vida de tus hermanos y hermanas, entonces se trata de una carga que Dios te ha confiado y siempre llevarás esta carga contigo en tus oraciones diarias. Se te ha dado como carga lo que Dios hace, y estás dispuesto a llevar a cabo lo que Él quiere hacer; esto es lo que significa hacer tuya la carga de Dios. En este punto, cuando comas y bebas las palabras de Dios, te enfocarás en este tipo de asuntos y te preguntarás: ¿cómo voy a resolver estos problemas? ¿Cómo puedo facilitar que mis hermanos y hermanas alcancen la liberación y tengan gozo espiritual? También te enfocarás en resolver estos problemas mientras impartes enseñanza, y cuando comas y bebas las palabras de Dios te enfocarás en comer y beber las palabras que se relacionan con estos temas. También llevarás una carga mientras comes y bebes Sus palabras. Una vez que hayas entendido las exigencias de Dios, tendrás una idea más clara de qué senda tomar. Este es el esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo que conlleva tu carga y también es la guía que te ha sido otorgada por Dios. ¿Por qué digo esto? Si no llevas a cuestas ninguna carga, no prestarás atención cuando comas y bebas las palabras de Dios; cuando comes y bebes las palabras de Dios mientras llevas a cuestas una carga, puedes comprender la esencia de dichas palabras, encontrar tu camino y ser consciente de la voluntad de Dios. Por tanto, deberías desear en tus oraciones que Dios ponga más cargas sobre ti y te confíe tareas mayores de modo que puedas tener delante de ti una mayor senda donde practicar, para que tenga un mayor efecto que comas y bebas las palabras de Dios, para que cada vez seas más capaz de captar la esencia de Sus palabras y de ser movido por el Espíritu Santo” (‘Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer la palabra de Dios, me di cuenta de que cuando llevamos las cargas de nuestra entrada en la vida y de nuestros problemas en la iglesia, podemos esforzarnos más por buscar la verdad para resolver problemas, comer, beber y practicar conscientemente la palabra de Dios, y luego compartir y escribir sobre nuestro entendimiento de ella. Entonces, poco a poco, podemos entrar en la realidad de la verdad. Durante este proceso, a medida que llevamos cargas, anhelamos y buscamos, podemos recibir el esclarecimiento y la guía de Dios, ahondar paulatinamente en la comprensión de la verdad, ver con más claridad y más a fondo una cuestión en particular y captar la verdad de forma más concreta y práctica. Si no nos esforzamos por buscar la verdad ni en practicar la redacción de artículos, aunque tengamos cierta iluminación acerca de la palabra de Dios, solo es un entendimiento superficial y sensorial que siempre parece difuso, como figuras en la niebla, y que demuestra que no tenemos ningún conocimiento real. Escribiendo nuestro conocimiento y experiencia reales, meditando y entendiendo detenidamente los problemas según la palabra de Dios y, finalmente, poniendo nuestro conocimiento sensorial a la altura del conocimiento racional explícito, es como, al fin y a la postre, florece y da fruto nuestro entendimiento. Esta es nuestra cosecha, la cristalización del pensamiento. En esa época también experimenté que escribir artículos es un proceso en que se gana claridad en cuanto a los asuntos, se comprende la verdad y se resuelven problemas. Cuanto más escribimos, más aprendemos.

Ya no me resisto a escribir artículos. Es algo que disfruto porque, mientras escribo, veo con más claridad mis actitudes corruptas y, además, cambio de perspectivas y de ideas conforme logro comprender la palabra de Dios. Este es el auténtico beneficio, algo con valor y sentido. Antes siempre pensaba que escribir artículos era laborioso y especialmente difícil, y prefería hacer trabajos externos a escribir. Era muy rebelde. Creía, incluso, que escribir artículos demoraría mi trabajo, pero esta idea era, en realidad, bastante equivocada y absurda. Escribir artículos no demora nada el trabajo. Por el contrario, te induce a buscar la verdad para resolver problemas y te hace más eficaz en el deber. Ahora, siempre que tengo tiempo, trato de serenarme y pienso en mi estado. Siento la necesidad de meditar los problemas que no tengo claros o no sé resolver. Poco a poco he empezado a llevar una carga por buscar la verdad. También siento que tengo muchos estados que deben corregirse de acuerdo con la palabra de Dios y, despacito, he comenzado a anhelarla. Todo esto es fruto de la gracia y las bendiciones de Dios y le estoy especialmente agradecida.

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