Una inolvidable experiencia de predicar el evangelio

4 Dic 2022

Por Xiaolian, Italia

La experiencia que más me impresionó sucedió en abril de 2021. Conocí por internet a un hermano católico, Raphael. Mientras le predicaba el evangelio, descubrí que tenía bastante aptitud y enseguida comprendía la verdad. Tras leer la palabra de Dios Todopoderoso, sintió que era la voz de Dios. Estaba dispuesto a buscar y estudiar y particpaba activamente en las reuniones.

Pero, para mi sorpresa, un día me envió un mensaje una hermana: Raphael se había encontrado a su antiguo sacerdote católico y ya no iba a venir a las reuniones. Me quedé boquiabierta. Le debía de haber metido muchas nociones y falacias en la cabeza. Contacté con él inmediatamente y supe que estaba confundido por lo que le habíamos dicho, pero no me explicó sobre qué estaba confundido. No sabía cómo debía hablar con él, me quedé en blanco y no supe qué hacer. No paraba de clamar a Dios para pedirle que lo guiara si era una de Sus ovejas, y le dije que estaba dispuesta a hacer todo lo posible por enseñarle. Después, la hermana Li y yo invitamos a Raphael a hablar. Vino soltando un montón de doctrinas religiosas, parecía alterado y hablaba de su devoción por el Señor Jesús, de la firmeza de su fe y de por qué no era posible que la encarnación de Dios fuera mujer. Para él, como el Señor Jesús se había encarnado en un hombre y llamaba “Padre” al Dios del cielo, y como la gente del mundo religioso acostumbra a llamar “Dios Padre” al Dios del cielo, el Señor debería regresar en forma de hombre, y la aparición y obra de Dios Todopoderoso en forma de mujer le resultaba inaceptable. Algo conmocionada por la intensidad de sus palabras, no sabía ni por dónde empezar. Entonces, de pronto me acordé de una película evangélica, El misterio de la piedad: continuación, y de que la verdad que enseñaba podría resolver esta cuestión. Así, me apresuré a explicarle: “Hermano, creo que tu fe en el Señor Jesús es muy firme, pero pensemos un momento: Solemos orar al Señor Jesús, pero ¿lo conocemos realmente? ¿Sabemos realmente que el Señor Jesús es la encarnación del propio Dios? ¿Sabemos realmente que Él es la verdad, el camino y la vida? ¿Osamos afirmar que conocemos la esencia divina del Señor Jesús? ¿Osamos asegurar que, cuando regrese el Señor Jesús, realmente podremos saber que es Él? ¿Por qué creemos en Él exactamente? ¿Por su familia biológica o Su aspecto?”. Raphael no respondió nada a esto. Le leí unos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso. “La esencia de la creencia de la gente en Dios es la creencia en el Espíritu de Dios, e incluso su creencia en Dios encarnado se debe a que esta carne es la personificación del Espíritu de Dios, lo que significa que tal creencia sigue siendo la creencia en el Espíritu. Existen diferencias entre el Espíritu y la carne, pero debido a que esta carne proviene del Espíritu, y es la Palabra hecha carne, entonces en lo que el hombre cree sigue siendo la esencia inherente de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios). “La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que la carne realiza es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que solo la carne encarnada de Dios, esa humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios). Tras leerle la palabra de Dios, le enseñé esto: “Todos sabemos que el Señor Jesús nació en la familia de un carpintero y parecía normal, nada distinto de un hombre normal por fuera, pero que Él era el cuerpo del Espíritu de Dios y el propio Dios encarnado. No creemos en Él porque fuera judío ni porque naciera de María, y ni mucho menos por Su sexo o Su aspecto. Creemos porque tiene la esencia del Espíritu de Dios, porque es la verdad, el camino y la vida. Solo Él podía expresar la verdad y realizar una obra divina. De igual modo, ¿por qué ahora creemos en Dios Todopoderoso? Porque Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús. Es el Espíritu del Señor Jesús nuevamente revestido de la carne de una persona normal, que vive entre nosotros, expresa verdades y realiza la obra de juicio y purificación en los últimos días. Dios Todopoderoso y el Señor Jesús tienen el mismo origen y la esencia del Espíritu de Dios. Sin importar en qué familia haya nacido esta encarnación de Dios, Su aspecto ni Su sexo, ninguna de estas cosas puede cambiar Su esencia. Dios Todopoderoso ha expresado muchas verdades y realiza la obra de juicio en los últimos días. Esto basta para demostrar que Dios Todopoderoso es el Espíritu encarnado de Dios y el regreso del Señor Jesús”.

Poco a poco quiso investigar, y se manifestó de acuerdo con todo lo que yo había dicho, pero aún no entendía por qué Dios había optado por encarnarse esta vez en forma de mujer. Al ver que había cedido un poco, le pregunté: “¿Son la forma o el sexo que Dios elija para obrar en la carne cosas que podamos decidir nosotros? Cuando nuestra madre nos da a luz, no podemos elegir su aspecto y, sea cual sea, hemos de aceptarlo. Este es el razonamiento que deben tener los niños, ¿no te parece?”. Raphael asintió con la cabeza y dijo: “Claro, no tenemos derecho a elegir”. Proseguí: “De igual manera, el tipo de carne elegido ahora por Dios para encarnarse, sea de hombre o de mujer, ¿es algo que podamos decidir? Si afirmamos que Dios viene como hombre, lo admito, pero si viene como mujer, no; ¿eso no es irracional? El sexo de la encarnación de Dios es Su propia materia y decisión Suya. Como seres humanos, no somos aptos para comentar, ¿cierto? Dios es el Señor de la creación. La sabiduría de Dios es más elevada que los cielos, y Sus ideas, más que las del hombre. Somos seres humanos insignificantes; ¿cómo podemos entender la sabiduría de Su obra? En cuanto a la aparición y obra de Dios, no tenemos ningún derecho a elegir. Dios se ha hecho carne y, siempre y cuando exprese verdades y realice Su obra, sea cual sea Su sexo, se trata del propio Dios y debemos aceptar y obedecer. Es la única manera de ser racionales y personas inteligentes”. Tras mis enseñanzas, Raphael estaba escuchando de verdad y no me refutó.

Le leí entonces unos pasajes de la Biblia: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). “Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas” (Génesis 1:2). “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). “Por tanto, tened mucho cuidado de vosotros mismos, ya que no visteis ninguna imagen el día en que Jehová os habló en Horeb de en medio del fuego; no sea que os corrompáis y hagáis para vosotros una imagen tallada semejante a cualquier figura: semejanza de varón o hembra, semejanza de cualquier animal que está en la tierra, semejanza de cualquier ave que vuela en el cielo” (Deuteronomio 4:15-17).* Le enseñé lo siguiente: “En estos pasajes de la Biblia vemos que Dios es espírítu en esencia, que no tiene forma fija y que no permite que los seres humanos lo tallen en imágenes de adoración. Está escrito en el Génesis que, en el principio, Dios creó primero al hombre, y luego a la mujer, a imagen Suya. Entonces, ¿dirías que Dios es hombre o mujer? Si dices que Dios es hombre, pero que también creó a la mujer a imagen Suya, o si dices que Dios es mujer, pero que creó al hombre a imagen Suya, ¿qué es lo que pasa? Dios es un Dios justo y creó al hombre y a la mujer a imagen Suya. La primera vez que se encarnó fue hombre y en los últimos días se ha encarnado como mujer, así que trata justamente a ambos sexos. Si Dios se hubiera encarnado como hombre las dos veces, habría sido injusto hacia las mujeres. Afirmar que Dios es hombre o mujer supone delimitarlo, que es lo que más aborrece Él. Cada vez que Dios se encarna lo hace para salvar a la humanidad, y encarnarse implica adoptar forma humana, sea masculina o femenina. Ahora bien, sea cual sea el sexo en que Dios se encarne, Su esencia es eternamente inalterable”. Al oír esto, Raphael despertó un poco y señaló: “¡Es realmente significativo que Dios se encarne como mujer en los últimos días!”.

Luego le envié unos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso. “Cada etapa de la obra realizada por Dios tiene su propio sentido práctico. En aquel entonces, cuando Jesús vino, lo hizo en forma de varón, y cuando Dios viene esta vez, toma la forma de mujer. A partir de esto se puede ver que la creación de Dios de ambos el varón y la mujer puede ser útil para Su obra y que con Él no hay distinción de género. Cuando Su Espíritu viene, Él puede adoptar cualquier carne que desee y esa carne puede representarlo. Sea varón o mujer, puede representar a Dios mientras sea Su carne encarnada. Si Jesús hubiera aparecido como mujer cuando vino —en otras palabras, si el Espíritu Santo hubiera concebido una niña, y no un niño— esa etapa de la obra se habría completado de todas formas. Si esto hubiera ocurrido, la etapa actual de la obra la hubiera tenido que completar un varón, pero de todas maneras la obra se habría completado. La obra llevada a cabo en cada etapa tiene su significado; ninguna de las dos etapas de la obra se repite ni entra en conflicto con la otra” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación). “Si Dios sólo se encarnara como varón, las personas lo definirían como tal, como el Dios de los hombres, y nunca creerían que es el Dios de las mujeres. Entonces, los hombres creerían que Dios es del mismo género que los hombres, que Él es la cabeza de los hombres; ¿y qué hay de las mujeres? Esto es injusto; ¿no es un trato preferencial? Si fuera el caso, todos aquellos a quienes Dios salvó serían hombres como Él, y no habría salvación para las mujeres. Cuando Dios creó a la humanidad, creó a Adán y a Eva. No sólo creó a Adán, sino que hizo tanto al varón como a la mujer a Su imagen. Dios no es sólo el Dios de los hombres, también lo es de las mujeres” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)). “Dios no es sólo el Espíritu Santo, el Espíritu, el Espíritu siete veces intensificado, o el Espíritu que todo lo engloba, sino también es un ser humano, un humano normal, un humano excepcionalmente común. No es sólo varón, sino también mujer. Son parecidos en que ambos nacieron de humanos, y distintos en que uno fue concebido por el Espíritu Santo y el otro nació de un humano, aunque derivado directamente del Espíritu. Son parecidos en que ambas carnes encarnadas de Dios llevan a cabo la obra de Dios el Padre, y distintos en que uno hizo la obra de redención mientras el otro hizo la de conquista. Ambos representan a Dios el Padre, pero uno es el Redentor lleno de gracia y misericordia, y el otro es el Dios de la justicia lleno de ira y juicio. Uno es el Comandante Supremo que lanzó la obra de redención, mientras el otro es el Dios justo que cumple la obra de conquista. Uno es el Principio, el otro el Final. Uno es carne sin pecado, mientras el otro es carne que completa la redención, que continúa la obra y que nunca es pecaminoso. Ambos son el mismo Espíritu, pero moran en carnes diferentes y nacieron en lugares diferentes, y están separados por varios miles de años. Sin embargo, toda Su obra es mutuamente complementaria, nunca conflictiva, y se puede hablar de ellas en el mismo contexto. Ambos son personas, pero uno fue un bebé varón y el otro una niña recién nacida” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cuál es tu entendimiento de Dios?). Tras leer la palabra de Dios, la hermana Li enseñó esto: “La obra de Dios es siempre nueva, nunca vieja, y Él jamás la repite. La obra de Dios siempre está renovándose, cambiando y elevándose. Si Dios repitiera Su obra, los seres humanos, probablemente, lo delimitaríamos y no tendríamos auténtico conocimiento de Él. La primera vez que Dios se encarnó fue hombre; por tanto, ¿qué consecuencias tendría que el Señor regresara en la carne como hombre otra vez? Los seres humanos delimitarían a Dios como varón y creerían que Él solo reconoce y favorece a los hombres, que no ama a las mujeres y las rechaza, por lo que las mujeres estarían discriminadas para siempre. ¿Es correcto este entendimiento? ¿Es justo hacia las mujeres? ¿Se ajusta a la voluntad de Dios? ¿No son estas cosas meras nociones y fantasías humanas? Dios es justo y trata por igual a hombres y mujeres. Dios se ha encarnado una vez como hombre, y otra como mujer. ¡Esto es muy significativo! Que Dios se encarne como mujer en los últimos días ha invalidado las nociones de todo el mundo, revertido el entendimiento equivocado que tiene el hombre de Él, quebrado su forma de delimitarlo y ha mostrado a la gente que Dios no es solo de los hombres, sino también de las mujeres. Dios lo es de toda la humanidad. Nadie puede delimitar a Dios como hombre o mujer con sus nociones”.

Añadí: “De hecho, sea cual sea la forma que adopte Dios en Sus encarnaciones, Su esencia es inalterable. Ellas son el Espíritu de Dios hecho carne, representan al propio Dios y pueden realizar obra divina. En la Era de la Gracia, Dios se hizo carne y fue crucificado en ofrenda por el pecado de la humanidad. El Señor Jesús era hombre, y fue capaz de ser crucificado y de redimir a la humanidad. Si Dios se hubiera encarnado como mujer esa primera vez, habría podido realizar igualmente la obra de redención y expresar la verdad para otorgarle al hombre el camino del arrepentimiento. Por tanto, el sexo y el aspecto de la encarnación de Dios no importan, y tampoco importa si tiene una apariencia de grandeza o no. Lo importante es que tenga la esencia de Dios, que hable verdades y realice la obra de salvación de la humanidad. Estas son las únicas cosas a las que debemos prestar suma atención al estudiar el camino verdadero”. Le leí otro pasaje de la palabra de Dios. “Aquel que es Dios encarnado poseerá la esencia de Dios, y Aquel que es Dios encarnado tendrá la expresión de Dios. Puesto que Dios se hace carne, Él traerá la obra que pretende llevar a cabo y puesto que se hace carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende investigar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe corroborarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para corroborar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y, así, a la hora de determinar si se trata de la carne de Dios encarnado, la clave yace en Su esencia (Su obra, Sus declaraciones, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de fijarse en Su apariencia externa. Si el hombre sólo analiza Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es ignorante” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio). Proseguí: “La palabra de Dios es muy clara. Para comprobar si se trata de la encarnación de Dios, hay que observar, sobre todo, si es capaz de dictar verdades y de realizar la obra de Dios. Si no te concentras en escuchar la voz de Dios mientras estudias el camino verdadero, sino que juzgas en función del aspecto y el sexo de la encarnación, ¿no cometes el mismo error de los fariseos al resistirse a Jesús? Los fariseos veían que el entorno familiar y el aspecto del Señor Jesús se salían totalmente de sus nociones e ilusiones sobre el Mesías, por lo que juzgaron y condenaron al Señor Jesús a la ligera, sin buscar ni estudiar para nada Sus palabras ni Su obra. Al final crucificaron a Jesús, lo que ofendió el carácter de Dios y, por tanto, fueron condenados. Si la gente no lee la palabra de Dios Todopoderoso ni se concentra en escuchar la voz de Dios y niega y se resiste a Dios Todopoderoso porque una encarnación femenina de Dios no se ajusta a sus nociones, ¿esto no es volver a crucificar a Dios?”.

Después de su comunicación, Raphael dijo que seguiría buscando, y cuando lo invitamos a una reunión a la tarde siguiente, accedió de buena gana. Pero, para mi sorpresa, la tarde siguiente no vino ni respondió a mi llamada. Estaba muy preocupada. Por ello, cada mañana le enviaba unas palabras de Dios nada más levantarme, con la esperanza de que un día respondiera, pero él nunca leía mis mensajes y yo estaba muy desesperada. Más adelante, hice que otros hermanos y hermanas contactaran con él, pero era imposible. Recaí en un estado de desesperanza y creí que así tenía que ser. Justo cuando quería dejarlo del todo por imposible, casualmente hallé un artículo de la experiencia de una hermana que predicó el evangelio a un italiano. Sucedía que yo conocía al hermano al que le había predicado, compañero mío de predicación del evangelio. Este hermano tenía buena humanidad y una comprensión pura de la verdad, pero yo no esperaba que tuviera tantas nociones cuando esa hermana le estaba predicando ni que hubiera estado dos meses fuera de contacto. No obstante, la hermana no se rindió. Siguió esperando y buscando la ocasión de enseñarle la palabra de Dios hasta que, al final, la palabra de Dios Todopoderoso corrigió sus nociones una por una y él aceptó la obra de Dios de los últimos días. La experiencia de la hermana fue muy conmovedora y me hizo sentir vergüenza. Pensé que, por cada persona que se presenta ante Dios, Él ha pagado un gran precio. Si yo comprendía las sinceras intenciones de Dios de salvar al hombre, debía acatar Su voluntad, pero, a la menor dificultad, estaba dispuesta a acobardarme y rendirme. Carecía de toda perseverancia. ¿Dónde estaban mi lealtad y mi testimonio? Leí la palabra de Dios. “Al difundir el Evangelio, debes primero estar a la altura de tu responsabilidad. Debes seguir tu conciencia y tu sentido común para hacer todo lo que puedas y debas. Siendo amoroso, debes proporcionar soluciones a cualquier noción que la persona que está considerando el camino verdadero pueda tener o cualquier pregunta que se plantee. Si de verdad no puedes proporcionar una solución, puedes buscar algunos pasajes relevantes de las palabras de Dios para leerles, fragmentos selectos de testimonios de experiencia o algunos vídeos adecuados que mostrarles. Es muy posible que esto sea efectivo; al menos estarás cumpliendo con tus responsabilidades y no te remorderá la conciencia. Pero si eres superficial y quieres salir del paso, es probable que demores las cosas, y no será fácil ganarse a esa persona. Al difundir el evangelio a los demás, uno debe estar a la altura de su responsabilidad. ¿Cómo debe entenderse la palabra ‘responsabilidad’? ¿Cómo, concretamente, debe ponerse en práctica y aplicarse? Pues bien, debes entender que, habiendo acogido al Señor y experimentado la obra de Dios, tienes la obligación de dar testimonio de Su obra a aquellos que poseen sed de Su aparición. Entonces, ¿cómo vas a compartirlo con ellos? Ya sea en Internet o en la vida real, debes compartirlo de cualquier modo que gane a la gente y sea efectivo. La difusión del evangelio no es algo que se hace cuando te apetece, solo cuando estás de humor, y que no haces cuando no estás de buen humor. Tampoco es algo que se haga según tus preferencias, escogiendo a tu antojo, difundiendo el evangelio a aquellos que te gustan y no difundiéndolo a los que no. El evangelio debe ser difundido de acuerdo con las exigencias de Dios y los principios de Su casa. Debes cumplir con las responsabilidades y deberes de una criatura de Dios, haciendo todo lo que puedas para dar testimonio a los que estén considerando el camino verdadero de las verdades que entiendes, de las palabras de Dios y de Su obra. En eso consiste cumplir con la responsabilidad y el deber de una criatura de Dios. ¿Qué debe hacer una persona mientras difunde el Evangelio? Debe cumplir con su responsabilidad, hacer todo lo que pueda y estar dispuesto a pagar cualquier precio” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes). “Entonces, ¿cómo se debe tratar a alguien que está investigando el camino verdadero? Mientras se ajusten a los principios establecidos por la casa de Dios para la difusión del Evangelio, tenemos la obligación de difundírselo; e incluso si su actitud presente es pobre e inaceptable, debemos ejercer la paciencia. ¿Por cuánto tiempo y hasta qué punto debemos ser pacientes? Hasta que te rechacen y no te dejen entrar en su casa, hasta que no funcionen las charlas, ni llamarles, ni que otra persona vaya a invitarles y no te reconozcan. Entonces no habrá manera de difundirles el Evangelio. En ese momento habrás cumplido con tus responsabilidades. En eso consiste el cumplimiento del deber. Mientras exista un poco de esperanza, debes buscar todas las maneras que se te ocurran y hacer todo lo posible para leerles las palabras de Dios y dar testimonio de Su obra. Digamos, por ejemplo, que has estado en contacto con alguien durante dos o tres años. Has tratado de difundir el Evangelio y de dar testimonio de Dios ante ellos muchas veces, pero no tienen intención de aceptarlo. Sin embargo, son perfectamente capaces de entender todo, y sin duda son un receptor potencial del Evangelio. ¿Qué debes hacer? En primer lugar, no debes renunciar a intentarlo, sino mantener un trato normal con ellos, y seguir leyéndoles las palabras de Dios y dando testimonio de Su obra. No te des por vencido con ellos; sé paciente hasta el final. Cualquier día inesperado, se despertarán y sentirán que es hora de investigar el camino verdadero. Por eso, practicar una paciencia y una perseverancia interminables es importante para difundir el Evangelio. ¿Y por qué hacer esto? Porque es el deber de un ser creado. Ya que estás en contacto con ellos, tienes la obligación y la responsabilidad de predicarles el Evangelio de Dios. Desde que escuchan por primera vez las palabras de Dios y el Evangelio hasta el momento en que se conviertan, intervendrán muchos procesos, y esto lleva tiempo. Este periodo requiere paciencia y espera, hasta el día en que se conviertan y los lleves ante Dios, de vuelta a Su familia. Esa es tu obligación. ¿Qué es una obligación? Es una responsabilidad que no se puede eludir, a la que se está obligado. Es como el trato de una madre hacia su hijo. Por muy desobediente o travieso que sea el niño, o si está enfermo y no quiere comer, ¿cuál es la obligación de su madre? Sabiendo que eres su hijo, te adora, te quiere y te cuida. Da igual que la reconozcas como tu madre o no, y no importa cómo la trates: ella se queda igualmente a tu lado, sin marcharse ni un instante, hasta que tú crees que es tu madre y vuelves a su seno. De este modo, ella vela constantemente por ti y te cuida. Esto es lo que significa la responsabilidad; esto es lo que significa el deber. Si los que se dedican a la difusión del Evangelio practicaran de esta manera, con este tipo de amor por la gente, estarían defendiendo los principios de la difusión del Evangelio, y serían plenamente capaces de obtener resultados” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Difundir el evangelio es el deber al que están obligados por honor todos los creyentes). Tras leer la palabra de Dios Todopoderoso, sentí vergüenza y desconsuelo. Dios ha dejado muy claras las responsabilidades de los obreros evangelizadores. La situación de cada receptor potencial del evangelio es distinta y hay que tratarla distinto. No puedes atenerte a tus nociones, imaginaciones o prejuicios para rechazarlo y limitarlo, y ni mucho menos abandonarlo precipitadamente. Si compruebas que es un receptor idóneo del evangelio, debes hacer lo imposible por todos los medios para darle testimonio de la obra de Dios en los últimos días y conducirlo ante Dios. Estos son los principos de predicación del evangelio. Sin embargo, a mí, al poco de no poder contactar con el hermano Raphael, se me acabaron la paciencia y la compasión. Yo estaba pasando un momento difícil y no quería seguir intentando hablar con él, y como él nos ignoraba, no contestaba el teléfono y no leía nuestros mensajes, a mi parecer, ¿qué más se podía hacer? Le había enseñado lo que debía, pero Raphael no aceptaba el camino verdadero y yo no podía invertir más esfuerzo, así que lo dejé de lado por el momento. Pero me sentía muy incómoda. No paraba de pensar en que este hermano tenía una fe sincera, aptitud y capacidad de comprensión, pero lo habían invadido las nociones religiosas a causa de la perturbación y el extravío de un sacerdote. Tenía que ayudarlo en este momento decisivo, no podía quedarme de brazos cruzados. Si no, no cumpliría las responsabilidades de una obrera evangelizadora. Así, le envié un artículo de testimonio con la esperanza de ayudarlo. Lo leyera o no, yo había hecho todo lo posible.

Días después me envió un mensaje: “He estado orando todo este tiempo. Aunque no haya dicho nada, sé que Dios busca nuestro corazón. El mío clama a Dios Todopoderoso que me dé esclarecimiento y guía para no errar y ofender a Dios”. Estaba muy emocionada, y, en su respuesta, él afirmaba: “Este mundo es muy corrupto y malvado. Es muy difícil que la gente se acerque a Dios. Las únicas armas contra el mal son las palabras de Dios Todopoderoso y la Biblia”. Admitía la palabra de Dios Todopoderoso, lo que demostraba que entendía la voz de Dios y que había esperanza de recuperarlo. No obstante, sabía que estaba viviendo una feroz batalla interior y me preocupaba que dejara de leer mis mensajes en cualquier momento. Como estaba muy nerviosa, me calmé y oré a Dios. Mientras oraba recordé una frase de la palabra de Dios, “Dios no abandonaría a la humanidad a la ligera de ningún modo, o hasta el último momento posible”. Me apresuré a buscar este pasaje de la palabra de Dios para leerlo. “El siguiente pasaje fue registrado en el libro de Jonás 4:10-11: ‘Luego, Jehová le dijo: sientes pena por la enredadera que no has hecho ningún esfuerzo ni la has hecho crecer, que salió una noche y en una noche se secó. ¿No tendré Yo lástima de Nínive, esa gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas que no pueden ver la diferencia entre su mano izquierda y su derecha y donde también hay mucho ganado?’.* Estas son las palabras reales de Jehová Dios, registradas de una conversación entre Dios y Jonás. Aunque este diálogo es breve, rebosa de la preocupación del Creador por la humanidad y Su reticencia a renunciar a ella” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II). “Aunque se le confió a Jonás la proclamación de las palabras de Jehová Dios a las personas de Nínive, él no entendió los propósitos de Jehová Dios, como tampoco Sus preocupaciones por los habitantes de la ciudad ni Sus expectativas para ellos. Con esta reprimenda Dios pretendía decirle que la humanidad era el producto de las propias manos de Dios y que Él había dedicado un empeño minucioso en todas y cada una de las personas; que todos y cada uno llevaban sobre los hombros las expectativas de Dios; que todos y cada uno disfrutaban de la provisión de vida de Dios; Él había pagado el precio de un esfuerzo laborioso por cada persona. Esta reprimenda también dijo a Jonás que Dios valoraba a la humanidad, que era la obra de Sus propias manos, tanto como Jonás mismo valoraba la calabacera. Dios no abandonaría a la humanidad a la ligera de ningún modo, o hasta el último momento posible” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II). Tras leer la palabra de Dios Todopoderoso, estaba conmovida, así que le dije a Raphael: “Hermano, eres una persona reflexiva y entiendes la voz de Dios. Dios se ha encarnado en los últimos días y ha dictado millones de palabras de verdad para proveernos, salvarnos de la esclavitud del pecado y llevarnos a Su reino. Espero que puedas considerar plenamente esta cuestión sobre nuestro destino y resultado. Estaré orando por ti. Que Dios abra tu corazón y te permita volver pronto a Su casa”. Le envié entonces unas lecturas de tres pasajes de la palabra de Dios y aguardé respuesta. Entre ellos había un pasaje de la palabra de Dios que le hizo reflexionar y lo llevó a un punto de inflexión.

Las palabras de Dios dicen: “El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestro propio camino y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino alguien que obedece la dirección del Espíritu Santo, que anhela y busca la verdad; solo así os beneficiaréis. Os aconsejo que andéis con cuidado por la senda de la creencia en Dios. No saquéis conclusiones apresuradas; más aún, no seáis despreocupados y descuidados en vuestra creencia en Dios. Deberíais saber que, como mínimo, los que creen en Dios deben ser humildes y reverenciales. Los que han oído la verdad pero la miran con desdén son insensatos e ignorantes. Los que han oído la verdad, pero sacan conclusiones precipitadas o la condenan a la ligera, están asediados por la arrogancia. Nadie que crea en Jesús es apto para maldecir o condenar a otros. Deberíais ser todos personas con razón y que aceptan la verdad. Quizás, habiendo oído el camino de la verdad y leído la palabra de vida, creas que solo una de cada diez mil de estas palabras está en sintonía con tus convicciones y con la Biblia, y entonces deberías seguir buscando en esa diezmilésima parte de esas palabras. Sigo aconsejándote que seas humilde, no te confíes demasiado y no te exaltes mucho. Con esta exigua reverencia por Dios en tu corazón, obtendrás mayor luz. Si examinas detenidamente y contemplas repetidamente estas palabras, entenderás si son o no la verdad, y si son o no la vida. Quizás, habiendo leído solo unas pocas frases, algunas personas condenarán ciegamente estas palabras, diciendo: ‘Esto no es nada más que algún esclarecimiento del Espíritu Santo’, o ‘Este es un falso Cristo que ha venido a engañar a la gente’. ¡Los que dicen tales cosas están cegados por la ignorancia! ¡Entiendes demasiado poco de la obra y de la sabiduría de Dios, y te aconsejo que empieces de nuevo desde cero! No debéis condenar ciegamente las palabras expresadas por Dios debido a la aparición de falsos Cristos durante los últimos días ni ser personas que blasfeman contra el Espíritu Santo, porque teméis al engaño. ¿No sería esto una gran lástima? Si, después de mucho examen, sigues creyendo que estas palabras no son la verdad, no son el camino ni la expresión de Dios, entonces serás castigado en última instancia y te quedarás sin bendiciones. Si no puedes aceptar esa verdad hablada de forma tan llana y clara, ¿no eres indigno entonces de la salvación de Dios? ¿No eres alguien que no está suficientemente bendecido como para regresar ante el trono de Dios? ¡Piensa en ello! No seas imprudente e impetuoso, y no trates la creencia en Dios como un juego. Piensa en el bien de tu destino, en el bien de tus perspectivas, en el bien de tu vida, y no juegues contigo mismo. ¿Puedes aceptar estas palabras?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra). Raphael leyó este pasaje de la palabra de Dios ese día y me envió un largo mensaje sobre sus sensaciones y su comprensión. Yo sabía que estaba confundido y preocupado por si tomaba la senda equivocada y que tenía miedo de que creer en Dios Todopoderoso supusiera seguir otra denominación y traicionar a Jesús. Busqué un pasaje de la palabra de Dios que enviarle y le enseñé lo siguiente: “La Iglesia de Dios Todopoderoso no pertenece a ningún grupo religioso. Surgió a raíz de la aparición y obra del regreso del Señor Jesús, no porque alguien fundara una nueva denominación. Dios Todopoderoso expresa verdades para realizar la obra de juicio, con lo que inicia la Era del Reino y clausura la Era de la Gracia. Aparte del propio Dios encarnado, ningún líder ni persona importante o famosa del mundo puede dictar verdades, guiar ni salvar a la humanidad. ¡Ninguno! Aunque la obra de Dios Todopoderoso es distinta de la de Jesús o Jehová, Ellos son el mismo Dios en esencia. Jehová, Jesús y Dios Todopoderoso son solo nombres distintos utilizados por Dios en eras distintas, pero, sin importar cómo cambien los nombres o la obra de Dios, Su esencia es inalterable. Dios es Dios eternamente. Dios dice: ‘La obra que Jesús hizo representó el nombre de Jesús y la Era de la Gracia; la obra hecha por Jehová le representaba a Él y la Era de la Ley. Su obra fue la de un solo Espíritu en dos eras distintas. […] Aunque llevaban nombres distintos, ambas etapas de la obra fueron realizadas por un mismo Espíritu, y la obra realizada fue continua. Al tener un nombre distinto y como el contenido de la obra era diferente, la era también lo fue. Cuando Jehová vino, fue Su era, y cuando vino Jesús, fue la suya. Así, cada vez que Dios viene, se le llama por un nombre, representa una era y abre una nueva senda; y en cada nuevo camino, adopta un nuevo nombre que demuestra que Dios es siempre nuevo y nunca viejo, y que Su obra está en constante progreso hacia adelante. La historia progresa siempre hacia adelante, y la obra de Dios también. Para que Su plan de gestión de seis mil años alcance su fin, debe seguir progresando. Cada día, cada año, Él debe realizar obra nueva; debe abrir nuevas sendas, iniciar nuevas eras, iniciar obra nueva y mayor, y junto con estas cosas, traer nuevos nombres y nueva obra. […] Desde la obra de Jehová a la de Jesús, y desde la de Jesús a la de la etapa actual, estas tres etapas cubren en un mismo hilo continuo todo el espectro de la gestión de Dios, y todas ellas son la obra de un mismo Espíritu. Desde que creó el mundo, Dios siempre ha estado obrando para gestionar a la humanidad. Él es el principio y el fin, el primero y el último, y Aquel que inicia una era y quien lleva la era a su fin. Las tres etapas de la obra, en diferentes eras y distintos lugares, han sido llevadas a cabo con seguridad por un solo Espíritu. Todos los que separan estas tres fases se oponen a Dios. Ahora, debes entender que toda la obra desde la primera etapa hasta hoy es la obra de un Dios, un Espíritu, y de esto no cabe la menor duda’ (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)). La palabra de Dios Todopoderoso es muy clara. La obra de Dios de salvación de la humanidad se divide en tres etapas. La primera fue la Era de la Ley, en que Jehová dictó leyes y guio la vida del hombre en la tierra. La segunda etapa fue la obra de redención en la Era de la Gracia, cuando Dios se encarnó por primera vez como ofrenda por el pecado de la humanidad. La tercera etapa de obra es la obra de juicio en los últimos días, profetizada en el Libro del Apocalipsis. Estas tres etapas de obra son el plan de gestión completo de Dios para salvar a la humanidad. Dios realiza una obra distinta en cada era, pero la obra de las tres etapas la hace un solo Dios. Te pondré un ejemplo sencillo. La obra de gestión de Dios puede compararse a la construcción de una casa. La Era de la Ley representa los cimientos de la casa, sin los cuales esta no se puede construir en modo alguno. La Era de la Gracia representa la estructura de la casa, sin la cual esta no puede tomar forma. La Era del Reino es como el tejado. Sin este paso final, la casa queda incompleta y no protege del viento o la lluvia. Por tanto, cada uno de estos tres pasos es indispensable. Nuestra fe en Dios Todopoderoso no implica que hayamos abandonado al Señor Jesús, y menos aún que creamos en otro Dios. Simplemente vamos al compás de las huellas del Cordero. Actualmente hay varias grandes religiones en el mundo, y los creyentes en Dios se han dividido en más de 2000 denominaciones. Con independencia de sus denominaciones anteriores, cada vez más hermanos y hermanas con fe sincera y sed de la aparición de Dios han llegado a aceptar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días y a aceptar el riego y sustento de Su palabra. Es una realidad clarísima. Además, cumple la profecía bíblica: ‘Con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En Él’ (Efesios 1:10). ‘Y acontecerá en los últimos días, que la montaña de la casa de Jehová será establecida en lo alto de las montañas y será exaltada sobre los collados; y todas las naciones irán a él’ (Isaías 2:2)”.* Después de escuchar lo que le dije, me envió un emoji orando y respondió: “Tienes razón, Dios Todopoderoso es el único Dios verdadero y todos debemos estar sujetos al nombre de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso me reclama. Conoce mi interior, mis preocupaciones y mis temores”. Luego le envié unas películas evangélicas y unas palabras de Dios. Asimismo, oré a Dios y le dije que, tanto si él acababa viniendo a las reuniones como si no, yo tenía que hacer todo lo posible y aprender a esperar, buscar y someterme.

A los cuatro días recibí un mensaje suyo inesperado, en el que me preguntaba si podía seguir asistiendo a reuniones. Añadía que la palabra de Dios Todopoderoso era muy valiosa para él y que no podía vivir sin ella. Con la palabra de Dios comprendió multitud de verdades y misterios de la Biblia. La palabra de Dios lo había atraído. En ese momento rompí a llorar. ¡Muchas gracias a Dios! Me dijo que había leído las palabras de Dios que le había enviado y que las cuestiones que planteaban le hicieron sentir mucha confusión. Añadió: “No podía ser tan descuidado en mi fe ni considerarla un juego, así que decidí seguir investigando. El regreso del Señor es muy importante para mí, y no quiero perder la ocasión de recibirlo y acabar ofendiéndolo o abandonándolo”. ¡Estaba muy emocionada y agradecida a Dios! ¡Vi que la autoridad y el poder de Su palabra son verdaderamente grandes! Fue la palabra de Dios la que lo cambió y le hizo optar por aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.

Esta experiencia realmente me llegó y me hizo entender que, sin importar con qué tipo de receptor potencial del evangelio me encuentre, siempre y cuando entienda la voz de Dios, debo cumplir mi deber y obligación de conducirlo a la casa de Dios. Solo si cumplimos así con el deber podemos superar las deudas y los pesares. ¡Gracias a Dios! ¡Toda la gloria a Dios!

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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A partir de ahora, no importa cuánta más obra de pruebas haga Dios, no importa cuán grandes sean los dolorosos refinamientos que yo sufra, obedeceré y aceptaré, y los experimentaré verdaderamente. Yo buscaré la verdad que hay en ellos, y lograré un carácter libre de corrupción para satisfacer la voluntad de Dios, a fin de retribuir los muchos años de esfuerzo minucioso de Dios.

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