Las adversidades no pueden alejarme de mi deber

10 Ene 2022

Por Yan Ping, China

Recuerdo que esto sucedió justo después de que me eligieran como líder de iglesia. Durante ese tiempo, el PCCh acababa de iniciar una nueva ronda de arrestos en masa de los miembros de la Iglesia de Dios Todopoderoso. No pude evitar sentirme un poco preocupada… con lo mal que estaban las cosas, si iba a reuniones en varios lugares cada día, la policía podría arrestarme. Si me arrestaban, seguramente me iban a torturar y maltratar. Siempre había sido bastante débil y nunca había tenido que soportar ningún sufrimiento, ¿cómo podría soportar la tortura? Me asustaba pensar en todo esto, y no quería aceptar el deber. Pero cuando pensaba en que los hermanos y las hermanas me habían elegido como líder y que esto hablaba de su confianza en mí, no podía justificar el no aceptar la comisión solo porque tenía miedo. Con tacto, respondí: “¿De verdad estoy capacitada para esto? Nunca he tenido una posición de líder, si me encuentro con algún problema que no puedo resolver, ¿no estaré retrasando la obra de la iglesia?”. Durante la enseñanza, la líder me respondió: “Los deberes que nos dan representan una oportunidad de formarnos. Solo haz lo mejor que puedas”. Después de oír la enseñanza de la líder, acepté el deber. Pero pronto, empecé a recibir mensajes de la líder, uno tras otro, en los que me notificaba que la hermana Li, la hermana Wu y algunos otros miembros habían sido arrestados, junto con seis líderes y colaboradores de otras iglesias, y pedía que todos estuviéramos alerta y en guardia. Entré en pánico, ¿cómo podían haber arrestado a tantos hermanos y hermanas? Me di cuenta de que había visto a la hermana Li hacía unos pocos días, ¿estaría vigilándome la policía a mí también? Si habían empezado a vigilarme, solo era cuestión de tiempo que me arrestaran, porque había cámaras de seguridad por todos lados. Cumplir mis deberes en este tipo de entorno era muy peligroso… Cuando lo pensaba, me asustaba mucho. Me aterraba que un día me arrestaran de pronto mientras estaba trabajando. Desde afuera, parecía que cumplía mis deberes, pero no podía poner mi corazón en la obra, y casi nunca me detenía a pensar cómo cumplir mejor mis deberes. A veces, cuando los hermanos y las hermanas venían a mí con sus problemas, ni siquiera estaba de humor para ayudarlos.

Pronto, recibí otro mensaje de mi líder, donde decía que la policía les pedía a los hermanos y a las hermanas arrestados que identificaran a los miembros de la iglesia de una pila de fotos, que estaban instalando barricadas en intersecciones de calles y que revisaban los bolsos de las personas. Nos recordó que fuéramos muy cuidadosos cada vez que saliéramos. Al oír esto, me preocupé aún más. Parecía que la policía ya tenía mucha información sobre mis hermanos y hermanas. ¿Nos habrían fotografiado la última vez que fuimos a reunirnos con la hermana Li? Si habían filmado eso, seguro que la policía deduciría que yo lideraba la obra de la iglesia cuando me vieran en toda la filmación. Si de verdad me arrestaban, ¡seguro que me torturarían y me obligarían a confesar! Al volver a casa en mi moto eléctrica, estuve tensa y nerviosa durante todo el camino, los mensajes de la líder me habían llevado a un lugar oscuro. Aunque ya estaba muy oscuro, no me atrevía a quitarme los anteojos de sol. No iba a arriesgarme a que la policía me captara en una cámara de seguridad y me arrestara en cualquier momento. Tuve un pensamiento muy egoísta en ese momento. Pensé: “Tal vez pueda negociar con mi líder para que aquella hermana de más edad tome mi trabajo. Ya tiene más de cincuenta… incluso si la arrestan, es poco probable que la policía la torture”. Pero pronto me di cuenta de lo egoísta que era esa idea. Como tenía miedo de que me atraparan y me torturaran, y sentían que la situación era peligrosa, quería pasarle el trabajo a mi hermana que tenía más edad. ¡Qué horrible y bajo de mi parte! Pero, al mismo tiempo, no podía evitar sentirme un poco nerviosa y asustada. A menudo veía imágenes en mi cabeza de hermanos y hermanas torturados y atormentados. Me asustaba cada vez más al pensar esto, y no podía evitar quejarme conmigo misma: “¿Por qué me darían un trabajo tan peligroso? ¿Qué pasaría si me arrestan? Aún soy muy joven, ¿tendré que enfrentar la tortura y el tormento y quedar encerrada en prisión para sufrir el resto de los años que me quedan?”. Estaba terriblemente ansiosa y asustada, y por eso oré a Dios, contándole sobre mi estado: “Oh, ¡Dios Todopoderoso! Permanentemente temo que me arresten, me encierren en prisión, me torturen y me atormenten. No puedo calmar mi corazón mientras cumplo mis deberes, incluso deseo pasarle mis deberes a otra persona, y siempre estoy pensando en mi propia carne, de manera egoísta. No quiero vivir con miedo y temor. No quiero que Satanás me engañe. Querido Dios, oro para que me esclarezcas y me permitas entender Tu voluntad. También te pido que me des fuerza para mantenerme fuerte en esta situación difícil”.

Justo entonces recordé un himno de las palabras de Dios llamado “Imitar al Señor Jesús”. “En el camino hacia Jerusalén, Jesús estaba sufriendo, como si le estuvieran retorciendo un cuchillo en el corazón, pero no tenía la más mínima intención de volverse atrás en Su palabra; siempre había una poderosa fuerza que lo empujaba hacia adelante hacia el lugar de Su crucifixión. Finalmente, fue clavado en la cruz y se convirtió en la semejanza de la carne pecaminosa, completando la obra de redención de la humanidad. Se liberó de los grilletes de la muerte y el Hades. Delante de Él, la mortalidad, el infierno y el Hades perdieron su poder, y Él los venció. Vivió treinta y tres años a lo largo de los cuales siempre se esforzó al máximo por cumplir la voluntad de Dios según la obra de Dios en ese momento, sin considerar jamás Su propia ganancia o pérdida personal y pensando siempre en la voluntad de Dios Padre. Debido a Su servicio delante de Dios que estaba en armonía con la voluntad de Dios, Dios colocó sobre Sus hombros la pesada carga de redimir a toda la humanidad y le hizo cumplirla, y Él estaba calificado y autorizado para llevar a cabo esta importante tarea. A lo largo de Su vida, soportó un sufrimiento inconmensurable por Dios y Satanás lo tentó innumerables veces, pero nunca se descorazonó. Dios le encomendó tan grande tarea porque confiaba en Él y lo amaba. Si, como Jesús, podéis prestar toda la atención a las cargas de Dios y dais la espalda a vuestra carne, Él os confiará Sus importantes tareas, de forma que cumpláis las condiciones requeridas para servir a Dios. Solo bajo tales circunstancias os atreveréis a decir que estáis haciendo la voluntad de Dios y llevando a cabo Su comisión, y solo entonces os atreveréis a decir que estáis sirviendo verdaderamente a Dios” (“Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Al cantar esta canción, me conmoví mucho. Al enfrentar el dolor y sufrir la crucifixión, el Señor Jesús no dio muestras de arrepentimiento ni de retraerse a pesar de la debilidad de Su carne. En cambio, caminó firmemente hacia la cruz, soportando toda la agonía para realizar la ofrenda por el pecado y redimir a toda la humanidad de las garras de Satanás, así de grande era el amor de Dios por la humanidad. En cambio, ¿cómo traté yo a Dios? Al llevar a cabo la comisión de Dios, solo consideré mi propia seguridad personal, siempre tenía miedo de que me arrestaran, me encarcelaran, me torturaran y atormentaran. Vivía con temor y miedo, y solo cumplía mis deberes superficialmente, nunca lograba un efecto real. Al ver lo peligrosa que era la situación, incluso pensé en pasarle mis deberes a una hermana de más edad. ¡Qué egoísta y despreciable de mi parte! En esos momentos difíciles, no pensé en lo más mínimo en dar testimonio para Dios y humillar a Satanás. Solo pensé en mi propia carne, y en cómo cumplir con mis deberes sin tener que soportar el sufrimiento ni hacer sacrificios, para poder, en última instancia, ganar la salvación de Dios y recibir Sus bendiciones junto con todo lo que Él prometió. Ante la adversidad, quise abandonar mis deberes por el bien de mi propia seguridad, e incluso razoné con Dios y me rebelé contra Él, pero, al darme cuenta de cómo las ideas que tenía en mi creencia en Dios eran negociaciones, no pude decir nada. Pensé en Pedro, que se había sometido por completo a Dios en medio de la adversidad. Nunca se preocupó por su propio bienestar, en cambio, se abocó a satisfacer la voluntad de Dios y a consolar el corazón de Dios. En última instancia, fue crucificado en una cruz invertida como brillante testimonio para Dios. Al comparar mis propias acciones con las de Pedro, me sentí avergonzada y culpable, por lo que fui ante Dios y oré: “¡Querido Dios! Esta situación ha expuesto mi egoísmo y bajeza. He tenido miedo de ir presa y de sufrir, y nunca pensé en cómo podía dar testimonio para ti. Oh, Dios, ya no deseo preocuparme por mi beneficio personal, ni por ganar o perder. Solo deseo cumplir mi deber para satisfacerte. Si de verdad me arrestan y me persiguen, estoy dispuesta a someterme. Juro por mi vida que no seré una Judas y no traicionaré a mis hermanos y hermanas, y daré testimonio para Ti”. Tras concluir mi oración, me sentí en paz y tranquila.

Justo entonces, recordé otro pasaje de las palabras de Dios: “De todo lo que acontece en el universo, no hay nada en lo que Yo no tenga la última palabra. ¿Hay algo que no esté en Mis manos?” (‘Capítulo 1’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). De pronto, todo tuvo sentido. ¡Claro! Incluso si asisto a reuniones y cumplo con mi deber todos los días, no seré arrestada si no es con el consentimiento de Dios. Si Dios ha ordenado que yo debo experimentar la persecución y las adversidades, incluso si me escondo adentro todo el día, igual seré arrestada. Todo está en manos de Dios, por lo que debo aceptar cualquier situación que se me presente. Daré lo mejor de mí para implementar nuestras estrategias de seguridad, pero, cuando se trate de ser arrestada, estoy dispuesta a someterme a las orquestaciones y los arreglos de Dios. El esclarecimiento y la iluminación que recibí de las palabras de Dios me dieron fuerza y fe, y me sentí liberada de inmediato. Desde entonces, cuando salía a las reuniones, me sentía más tranquila y con menos miedo. El PCCh continuó su furiosa campaña de arrestos, pero ver cómo las palabras de Dios aportaban fe a mis hermanos y hermanas, y les permitían continuar con su obra, me sentí profundamente inspirada y pude concentrarme y hacer sacrificios en mis deberes. Podía sentir claramente que Dios me guiaba, y pude resolver algunos problemas e inconvenientes de mis hermanos y hermanas. La obra de la iglesia también avanzaba con normalidad. Esto me mostró que por más salvaje y rebelde que se vuelva Satanás, nunca podría interrumpir la obra de Dios. Mi fe en Dios se hizo aún más fuerte.

Pensé que tras experimentar todo eso, habría logrado un poco de estatura, por lo que nunca imaginé que cuando Dios volviera a orquestar un escenario para mí, otra vez quedaría expuesta por completo.

En julio de este año, recibí un mensaje de mi líder que decía que la hermana Liu, con quien estaba en contacto frecuente, había sido seguida por la policía los últimos dos o tres meses. Los más de veinte hermanos y hermanas en contacto con la hermana Liu también eran vigilados por la policía, y eso me incluía. También dijo que era muy probable que la policía hubiera fotografiado los lugares de encuentro donde la hermana Liu asistía a reuniones. Debido a esto, mi líder me decía que era imperativo que me abstuviese de ponerme en contacto con mis hermanos y hermanas. Después de leer esto, ya no pude mantenerme en calma. Pensé: “Veo a la hermana Liu bastante seguido, incluso fui a andar en bicicleta al campo con ella hace poco. Ese camino estaba lleno de cámaras de seguridad. Si tienen videos de nosotras, es seguro que estaré en muchos problemas. El PCCh arresta y persigue a los cristianos cada vez con más desenfreno. Si me arrestan durante esta época crítica, ¿quién sabe a qué tortura me someterá la policía? ¿Me matarán a golpes?”. Cuanto más lo pensaba, más aterrada estaba, y no podía calmarme y leer las palabras de Dios. Poco después, supe que los libros de las palabras de Dios se almacenaban en el apartamento que rentaba la hermana Liu. Si no los sacaban pronto, la policía los descubriría, y la casa de Dios sufriría daños. Pero me sentía en conflicto: después de todo, la policía estaba en medio de una campaña furiosa de cacería humana y de arrestos de creyentes. Si me encontraba con la policía mientras transportaba los libros, ¿no tendrían todas las pruebas que necesitaban? En ese caso, no había forma de que el interrogatorio no incluyera tortura, y podría incluso ser fatal para mí. Al considerar esto, no quise ir. Pero también pensé en que, si no iba, ¿de verdad estaba dispuesta a hacer la vista gorda al hecho de que la casa de Dios sería dañada? Luché con estos pensamientos por un tiempo, pero no podía decidirme.

Al día siguiente, vi un pasaje de las palabras de Dios. “Los anticristos son extremadamente egoístas y mezquinos. No tienen verdadera fe en Dios, y mucho menos devoción a Él. Cuando se topan con un problema, solo se protegen, se salvaguardan y se preocupan por sí mismos. Para ellos, nada es más importante que su propia supervivencia y seguridad. No les importa el daño causado a la obra de la casa de Dios; mientras sigan vivos y no les pase nada, eso es lo que cuenta. Tales personas tienen un carácter despiadado, no piensan en los hermanos y hermanas ni en la casa de Dios, solo en sí mismos. Son anticristos. Entonces, cuando les ocurre lo mismo a los que son devotos de Dios y tienen verdadera fe en Él, ¿cómo lo gestionan? (Buscan la manera de salvaguardar los intereses de la casa de Dios, de proteger las ofrendas de esta para que no sufran daño, y hacen los arreglos necesarios para los líderes y obreros y los hermanos y hermanas, para minimizar las pérdidas. En cambio, lo primero que hacen los anticristos es protegerse a sí mismos e ignorar la obra de la casa de Dios. Y así, cuando el gran dragón rojo lleva a cabo los arrestos, el daño a las iglesias es especialmente grave). Lo que hacen los anticristos equivale a entregar el trabajo y las ofrendas de la casa de Dios al gran dragón rojo. No mandan a nadie para solucionar esto, sino que lo ignoran. Eso es una traición disfrazada. Las personas que son leales a Dios conocen claramente los riesgos que existen, y están dispuestos a asumirlos con el fin de afrontar las consecuencias y que las pérdidas de la casa de Dios sean mínimas antes de retirarse. No priorizan su propia seguridad. ¿Qué decís de esto? ¿Es posible que la gente no se preocupe ni siquiera un poco por su propia seguridad? ¿Quién no es consciente de los peligros de su entorno? Sin embargo, debes asumir riesgos para cumplir con tu deber. Esa es tu responsabilidad. No debes priorizar tu propia seguridad personal. La obra de la casa de Dios y lo que Dios te confía son lo más importante, y tienen prioridad sobre todo lo demás. Los anticristos dan máxima prioridad a su seguridad personal, creen que lo demás no tiene que ver con ellos. No les importa que le pase algo a otra persona, sea quien sea. Mientras no les pase nada malo a los propios anticristos, ellos están tranquilos. Carecen de toda lealtad, lo cual viene determinado por la naturaleza y esencia del anticristo” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Este pasaje de las palabras de Dios me punzó el corazón. El carácter de un anticristo es malvado, muy egoísta y despreciable. Cuando se trata de su seguridad personal, prefiere que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas antes que arriesgarse al peligro. No tiene la más mínima conciencia o razón, ni tiene un poco de lealtad a Dios. En cuanto a mí, cuando enfrentaba peligro, solo pensaba en cómo protegerme y cómo evitar riesgos. Cuando supe que los libros de las palabras de Dios seguían en el apartamento, entendí claramente que si no los sacaba, la policía podría confiscarlos, y la casa de Dios se vería dañada. Debería haber priorizado los intereses de la casa de Dios y haber movido los libros enseguida, pero temía que, si mostraba la cara, sería arrestada por la policía y sometida a tortura y tormentos, e incluso podría morir, por eso no estaba dispuesta a ir. ¿No estaba entregando esos libros de las palabras de Dios a la policía, básicamente? Fuera cual fuera la situación, siempre consideraba primero mi propia seguridad y les prestaba poca atención a los intereses de la casa de Dios. Quise jugar a lo seguro en mis deberes, pero al hacerlo, traicionaba los intereses de la casa de Dios. ¡Qué inhumana era! Aunque, en la superficie, tal vez no pareciera que yo fuera tan pecadora como un anticristo, mi carácter no difería del de un anticristo. Era egoísta, despreciable y solo actuaba por mi interés personal. Si no me arrepentía, seguro incurriría en la ira y el rechazo de Dios. Aquellos que de verdad creen en Dios y son fieles a Él no consideran su propia seguridad personal. En momentos cruciales, dejan de tener en cuenta sus propios intereses y protegen los de la casa de Dios. Son de un mismo sentir con Dios. Entonces estuve segura de que debía dar la espalda a mi carácter satánico, y, sin importar cuán peligrosa fuera la situación o cuánta adversidad enfrentara, debería estar lista para arriesgarlo todo para proteger los intereses de la casa de Dios. Estaba dispuesta a poner mi fe en Dios y sacar esos libros para reducir los daños lo más posible. Después de eso, mis oraciones siempre giraron en torno a este problema, y también le pedía a Dios que me diera fe y me librara del temor y el miedo. Pensé en una película que había visto dos días antes, llamada Marcada a fuego. La protagonista sufría arrestos y la persecución del PCCh desde la temprana edad de los 13 años. En 28 años, la arrestaron tres veces y sufrió todo tipo de persecución. Sin embargo, sin importar cuán duras y difíciles fueran las cosas, incluso cuando su vida estaba en peligro, ella confió en las palabras de Dios para permanecer firme en cada paso del camino, y, al final, venció a Satanás y se mantuvo firme en el testimonio. Además, incluso después de salir de prisión, continuó cumpliendo su deber como un ser creado. También pensé en los hermanos y hermanas a quienes el PCCh había arrestado y torturado, y a quienes les habían lavado el cerebro, y cómo usaron las palabras de Dios para superar la coerción y persecución de Satanás. Me di cuenta de que, sin importar cuán malvado y cruel pueda ser Satanás, mientras podamos confiar en Dios con sinceridad y ser guiados por las palabras de Dios, podemos vencer a Satanás y mantenernos firmes en el testimonio. Todo esto me resultó muy alentador y me ayudó a renovar mi fe. Ya no sentía tanto miedo.

Después, también reflexioné sobre mí misma: La razón por la que me resistía tanto a aceptar este tipo de deber peligroso era que temía que la policía me torturara. No quería tener que sufrir, y menos quería morir. Justo entonces, recordé un pasaje de las palabras de Dios: “La senda por la cual Dios nos guía no va directamente hacia arriba, sino que es un camino con curvas, lleno de baches; además, Dios dice que cuanto más escarpado es el camino, más puede revelar nuestro corazón amoroso. Sin embargo, ninguno de nosotros puede abrir una senda así. En lo que se refiere a Mi experiencia, Yo he caminado por muchas sendas rocosas y traicioneras y he soportado gran sufrimiento; en ocasiones, incluso he sufrido tanto dolor que he querido gritar, pero he caminado por esta senda hasta este día. Creo que esta es la senda que Dios dirige, así que soporto el tormento de todo el sufrimiento y sigo adelante, pues esto es lo que Dios ha ordenado; entonces ¿quién puede escapar a esto? No pido recibir ninguna bendición; todo lo que pido es poder ser capaz de caminar por la senda por la que debo caminar de acuerdo con la voluntad de Dios. No busco imitar a los demás, caminar por la senda que ellos recorren; todo lo que busco es poder cumplir con Mi devoción para caminar por Mi senda designada hasta el final. […] La cantidad de sufrimiento que una persona debe soportar y la distancia que debe recorrer en su senda están ordenadas por Dios, y que, en realidad, nadie puede ayudar a alguien más” (‘La senda… (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”). También pensé que las palabras de Dios dicen: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Entonces me di cuenta de que el destino de cada persona está en manos de Dios, al igual que la vida y la muerte. Que me arrestaran y encarcelaran, me torturaran y atormentaran, todo dependía de Dios. Debería someterme por completo. Justo como en la historia de la tentación de Satanás a Job, a Job le arrebataron sus propiedades, mataron a sus hijos y todo su cuerpo quedó cubierto con llagas. Dios no permitiría que Satanás tomara la ida de Job, y por eso, Satanás no se atrevió a desafiarlo. Esta es la autoridad de Dios. Job sabía de la soberanía de Dios, incluso cuando estaba bajo el sufrimiento más extremo, no culpó a Dios, e incluso dijo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* Al final, Job humilló a Satanás por completo y ganó redobladas bendiciones de Dios. Desde que Dios comenzó Su obra, Él ha ordenado y planificado quién moriría por su fe, quién sería encarcelado y qué tipo de sufrimiento soportaría cada uno, y, en cada caso, están presentes las amables intenciones de Dios. En la Era de la Gracia, muchos santos murieron mientras esparcían el evangelio del Señor Jesús. Miren a Pedro, por ejemplo: Parecía que lo habían crucificado, pero su alma se elevó al reino de los cielos y recibió las bendiciones y el reconocimiento eternos de Dios. Muchos de nuestros hermanos y hermanas que han aceptado la obra de Dios en los últimos días han sido arrestados por el PCCh y han sufrido todo tipo de tortura cruel y maltratos, pero no se han rendido ante Satanás. Tras salir de prisión, continuaron buscando la verdad y enfrentaron el peligro con valor para cumplir sus deberes, aportando muchos testimonios maravillosos y radiantes para Dios. Son todos vencedores que han sido hechos completos por Dios. Su carne puede haber sufrido, pero han ganado la verdad y han recibido el reconocimiento y la bendición de Dios. Sin embargo, hay algunos que, tras ser arrestados, temían la tortura y el tormento, y por eso traicionaron a Dios y a sus hermanos y hermanas, y fueron avergonzados como Judas. Ofendieron gravemente el carácter de Dios y fueron despojados para siempre de la salvación de Dios. Algunas personas también tienen miedo de ir a prisión, y por eso viven con temor y miedo, y no se atreven a cumplir sus deberes. Se alejan de Dios y lo traicionan, y se convierten en cizaña y en incrédulos. De hecho, los arrestos y la persecución del PCCh han revelado quiénes son los verdaderos creyentes y quiénes son los falsos creyentes, y así cada uno fue clasificado según su tipo. De esto, ¡podemos ver cuán sabio y justo es Dios! Entonces, entendí que sacar los libros de la casa de Dios era la forma de Dios de ponerme a prueba para ver si era leal y fiel a Dios, y si me mantendría firme en el testimonio para Él. Tras darme cuenta de esto, decidí hacer mi mejor esfuerzo para cumplir mi deber. Si de verdad me arrestaban, lo arriesgaría todo, incluyendo mi propia vida, para mantenerme firme en el testimonio para Dios, y no cedería a Satanás, incluso si implicaba mi muerte. Me sentí profundamente en paz y tranquila, y agradecí a Dios desde el fondo de mi corazón por Su salvación, esclarecimiento y guía, que me habían permitido comprender algunas verdades a través de estas dificultades, y me enseñaron una lección más práctica. Muy temprano a la mañana siguiente, desperté y oré a Dios: le pedí que me diera fe y valor, y le dije que estaba dispuesta a someterme a Su guía. Dio la casualidad que ese día llovía, con lo cual, nadie estaba afuera, por lo que aproveché la oportunidad para entrar al apartamento y sacar todos los libros de las palabras de Dios.

Tras esta experiencia, me sentí muy feliz y tranquila. Vivir todo eso me había revelado y perfeccionado. Reveló cuán egoísta y cuán carente de humanidad era, y perfeccionó mi fe y mi sumisión. La guía de la palabra de Dios me dio un nuevo entendimiento de la omnipotencia, la soberanía y la sabiduría de Dios, y me permitió practicar la verdad al salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Tal vez no sepa qué escenarios me esperan, pero ya no estoy temerosa y asustada. Estoy dispuesta a someterme a la soberanía y los arreglos de Dios, y a cumplir mis deberes y responsabilidades. ¡Gracias a Dios por salvarme!

La cita bíblica marcada (*) ha sido traducida de AKJV.

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