Lo que gané por ser podada
Por Viola, ItaliaSupervisaba el trabajo de vídeo en la iglesia. Todos los días era un manojo de nervios debido a la gran carga de trabajo....
¡Damos la bienvenida a todos los buscadores que anhelan la aparición de Dios!
Antes, hacía un único trabajo en la iglesia, y la carga no era muy pesada y era relativamente fácil. Por esto, sentía que cumplir mi deber así era bastante bueno. Más adelante, me eligieron como supervisora evangélica. Veía que la hermana con la que trabajaba tenía muchas tareas que seguir todos los días. Tenía que hablar oportunamente para resolver los problemas o los estados y dificultades en los que se encontraban los hermanos y hermanas cuando eran descubiertos, cultivar a obreros del evangelio, dar resúmenes regulares sobre el trabajo y mucho más. Su agenda diaria estaba completamente llena. Tan solo verla me agotaba mentalmente. “¿Este será el estado de mi deber en el futuro? Con tantas tareas detalladas, ¿acaso mi mente tendrá un descanso algún día? Además, cuando surja un problema, debo buscar la verdad para resolverlo rápido. Pero mi entrada en la vida es poco profunda, y me falta la verdad para predicar el evangelio. No sé cuánto sufrimiento deberá soportar mi carne para cumplir con este deber”. Sentía mucha presión y poco entusiasmo por realizar activamente el trabajo que se venía.
Una noche, después de terminar de trabajar, me sentía vacía e irritable sin motivo aparente. Al pensar en las dificultades y los problemas que enfrentaría en el trabajo, me sentía bastante reprimida y con el corazón pesado. Me di cuenta de que mi estado no era correcto, por lo que oré a Dios: “Oh, Dios. Mi corazón no puede calmarse. Me siento reprimida e irritable, y mi estado no es normal. Oh, Dios. Te suplico que me guíes para salir de este estado. ¡Amén!”. Después de orar, abrí el libro de las palabras de Dios y leí lo siguiente: “Si las personas buscan sin cesar la comodidad física y la felicidad, si esto es lo que persiguen sin tener deseo alguno de sufrir, entonces bastará con un poco de sufrimiento físico, con sufrir un poco más que los demás o sentirse un poco más sobrecargadas de trabajo que de costumbre para sentirse reprimidas. Esta es una de las causas de la represión. Si las personas no consideran que un pequeño sufrimiento físico sea un gran problema, y no buscan la comodidad física, sino que persiguen la verdad y tratan de cumplir con sus deberes para satisfacer a Dios, entonces a menudo no sentirán sufrimiento físico. Incluso si de vez en cuando se sienten un poco ocupadas, cansadas o agotadas, después de irse a dormir se despertarán sintiéndose mejor, y continuarán con su trabajo. Se concentrarán en sus deberes y en su trabajo; no considerarán que un poco de fatiga física sea un problema importante. Sin embargo, cuando surge un problema en el pensamiento de las personas y buscan sin parar la comodidad física, cada vez que sus cuerpos físicos se vean ligeramente agraviados o no puedan hallar satisfacción, surgirán en ellas ciertas emociones negativas. Entonces, ¿por qué este tipo de persona, que siempre quiere hacer lo que le apetece y dar rienda suelta a su carne y disfrutar de la vida, se encuentra a menudo atrapada en esta emoción negativa de represión cada vez que se siente insatisfecha? (Porque busca la comodidad y el disfrute físico). Eso es así en el caso de algunas personas” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). “En la sociedad, ¿quiénes son los que no se ocupan de su trabajo? Los holgazanes, necios, vagos, gamberros, rufianes y vividores, la gente de ese tipo. No desean aprender ninguna habilidad o destreza nueva, y no quieren emprender carreras serias o encontrar un trabajo para salir adelante. Son los holgazanes y vividores de la sociedad. Se infiltran en la iglesia, y luego quieren conseguir algo a cambio de nada, obtener las bendiciones que les corresponden. Son unos oportunistas. Estos oportunistas nunca están dispuestos a desempeñar sus deberes. Si las cosas no salen como ellos quieren, aunque sea solo un poco, se sienten reprimidos. Desean siempre vivir con libertad, sin realizar ningún tipo de trabajo, y aun así quieren comer bien y vestir ropa buena, comer lo que les venga en gana y dormir cuando lo deseen. Piensan que cuando se dé un día como ese, sin duda será maravilloso. No quieren soportar siquiera unas pocas adversidades y desean una vida complaciente. A estas personas incluso vivir les resulta agotador; las emociones negativas las limitan. A menudo se sienten cansadas y confusas porque no pueden hacer lo que les apetece. No quieren ocuparse del trabajo que les corresponde ni de sus propios asuntos. No quieren dedicarse a un trabajo y ser constantes en él de principio a fin, tratándolo como su propia profesión y deber, como su obligación y responsabilidad; no quieren acabarlo y conseguir resultados, ni llevarlo a cabo según el mejor estándar posible. Nunca han pensado así. Lo único que quieren es actuar de manera superficial y utilizar su deber como un medio para ganarse la vida. Cuando se enfrentan a un poco de presión o a alguna forma de control, o cuando se les exige un estándar ligeramente superior o se les hace cargar con un poco de responsabilidad, se sienten incómodas y reprimidas. Estas emociones negativas surgen en su interior, la vida les resulta agotadora y se sienten desgraciadas” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). Reflexionar sobre las palabras de Dios me hizo sentir profundamente molesta y angustiada. Vi que, a los ojos de Dios, quienes siempre buscan comodidad en su deber y caen en un estado de represión cuando sufren un poco son personas que no se ocupan del trabajo que les corresponde y oportunistas que se han infiltrado en la casa de Dios. Al reflexionar sobre mi estado y en lo que había revelado durante este período, me di cuenta de que era exactamente el tipo de persona que Dios desenmascaró. Todavía no me había hecho cargo de ninguna tarea oficialmente. Solo veía que la hermana con quien trabajaba tenía muchas tareas a cargo. Necesitaba esforzarse, pensar mucho y devanarse los sesos todos los días. Además, tenía que resolver los estados y problemas de los hermanos y hermanos mediante la enseñanza de la verdad. Me sentía preocupada porque todo parecía tan ajetreado y agotador. Cuando pensaba en que yo misma tendría que asumir la responsabilidad de estas tareas detalladas, me sentía reprimida y con el corazón pesado. No quería llevar esta carga. Sin embargo, sabía que difundir el evangelio del reino de Dios es Su intención urgente y que todos aquellos con conciencia y razón que persiguen la verdad consideran Su intención, realmente soportan el sufrimiento y pagan un precio y contribuyen con su parte. Ahora que había aceptado este deber, debía considerar cómo empezar este trabajo cuanto antes, como, por ejemplo, cultivar a las personas, resolver sus estados y dificultades, corregir problemas y desviaciones del trabajo y demás. Estas eran tareas con las que no me había encontrado antes, por lo que debía entenderlas y familiarizarme con ellas poco a poco. Pero no tenía esas prácticas positivas y me preocupaba todo el día que mi carne sufriera más, lo que me llevó a un estado de represión. ¡Realmente no estaba ocupándome del trabajo real! Estos pensamientos me hicieron sentir muy culpable, por lo que fui a Dios en oración, pidiéndole que me diera un sentido de carga y la determinación para soportar el sufrimiento para así poder realizar este trabajo.
Al principio, estaba muy activa: me familiaricé con diferentes principios y me equipé con la verdad de predicar el evangelio para resolver problemas. Si bien era desafiante, orando y confiando en Dios pude obtener cierta ganancia, y cada día era bastante satisfactorio. Pero, después de un tiempo, me di cuenta de que las tareas detalladas eran más de las que había anticipado. Cuando llegó el momento de resumir el trabajo, vi que había tantos problemas por resolver que me sentí abrumada. Por ejemplo, los trabajadores evangélicos no captaban los principios de sus deberes; no sabían cómo responder las preguntas de los destinatarios potenciales del evangelio; el estado de algunos era malo; y demás. Resolver todos estos problemas compartiendo con cada uno requeriría mucho esfuerzo mental. Además, no tenía casi nada de experiencia, y encontrar los principios relevantes para resolver estos problemas y para definir cómo responder las preguntas de los destinatarios potenciales del evangelio de forma eficaz me obligaba a esforzarme mucho mentalmente. Sentía una presión inmensa y, con la mirada ausente frente a la computadora, no podía evitar pensar: “Para resolver cada problema que surja en el futuro, será necesario un análisis detallado y un costo. Este deber es demasiado difícil para mí. Solo quiero ser una seguidora menos importante. ¿No podría concentrarme solo en predicar el evangelio y asumir un deber más simple?”. Durante ese tiempo, cuando abría los ojos en la mañana, me sentía abrumada por la cantidad de trabajo e, incluso en mis sueños, platicaba para resolver problemas. De a poco, empecé a sentirme cada vez más exhausta en mi deber; sentía el corazón especialmente agotado, y las emociones negativas represivas eran cada vez más graves. Todos los días, deseaba tener menos tareas y problemas para no estar muy cansada. Pasé varios días seguidos aturdida, forzándome a cumplir mi deber. El sentido de carga en mi corazón era pequeño, y seguía posponiendo los problemas que había que resolver. Cuando controlaba el trabajo, no podía identificar ningún problema. Sentía como si mi cerebro fuera un bloque de madera y la eficacia de mi trabajo era extremadamente baja. Ni siquiera orar o comer y beber las palabras de Dios traía esclarecimiento o luz, y mi espíritu se sentía muy oscuro. Los hermanos y hermanas también notaron que había algo mal con mi estado y me preguntaban: “¿Qué sucede con tu estado estos días? Estás adormecida todo el tiempo y no estás activa durante la enseñanza en las reuniones”. Al escucharlos decir esto, me sentí incluso más angustiada y me pregunté cómo había terminado así. ¿Me había perdido la obra del Espíritu Santo? ¿Dios me había separado e ignorado? Luego, mediante la búsqueda, finalmente empecé a entender un poco mi estado.
Leí estas palabras de Dios: “Tener emociones negativas evidencia que hay un problema, y cuando hay un problema, hay que resolverlo. Siempre hay una forma y una senda para resolver los problemas que se han de resolver; no son irresolubles. Solo depende de que puedas afrontar el problema y de que quieras o no resolverlo. Si quieres, no hay problema tan difícil que no pueda resolverse. Si te presentas ante Dios y buscas la verdad en Sus palabras, podrás resolver cualquier dificultad. Sin embargo, el desaliento, la depresión, el abatimiento y la represión no solo no te ayudan a resolver tus problemas, sino que, por el contrario, pueden hacer que estos se agraven y empeoren cada vez más. ¿Creéis esto que os digo? (Sí)” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (1)). “Por último, hay algo que me gustaría deciros. No permitáis que un sentimiento menor o una emoción simple e insignificante te enrede para el resto de tu vida, de tal modo que afecte a que logres la salvación y destruya tus esperanzas de conseguirla, ¿entendido? (Sí). Esta emoción tuya no solo es negativa, para ser más precisos, en realidad se opone a Dios y a la verdad. Puede que pienses que se trata de una emoción que se atiene a la humanidad normal, pero a ojos de Dios, no es una simple cuestión de emoción, sino un método para oponerte a Dios. Se trata de un método marcado por las emociones negativas que las personas usan para resistirse a Dios, a Sus palabras y a la verdad. Por tanto, espero que, asumiendo que quieras perseguir la verdad, te examines a ti mismo con meticulosidad para así ver si te estás aferrando a estas emociones negativas y resistiéndote y compitiendo contra Dios de manera necia y obstinada. Si has descubierto la respuesta mediante este examen, si has llegado a darte cuenta de algo y has obtenido una conciencia clara, entonces te pido que primero te desprendas de esas emociones. No las conserves ni te aferres a ellas, pues te van a destruir, van a destruir tu destino, y la oportunidad y las esperanzas que tienes de perseguir la verdad y de obtener la salvación” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (1)). Dios habló con mucha claridad. Las emociones negativas pueden parecer un problema menor, pero afectan mucho la búsqueda de la verdad de una persona y su desempeño del deber. Solía pensar que todos sienten emociones negativas, que estas son simples revelaciones de pensamientos e ideas en ciertos entornos, y que esto no era un problema grave. Entonces, cuando vi que las emociones negativas desenmascaradas por Dios podían llevar a que una persona se resistiera a la verdad y a Dios y a arruinar su oportunidad de salvación, no tenía muchas experiencias genuinas ni comprensión en mi corazón. Al reflexionar sobre lo que había revelado durante este período, empecé a sentirme conmovida. Cuando vi la gran cantidad de trabajo y de proyectos, pensé que cumplir este deber traería sufrimiento y cansancio extremo a mi carne y me sentí reprimida y con el corazón pesado, sin poder sentirme liberada. Cuando efectivamente cumplí con este deber, descubrí que había muchas tareas específicas para manejar y muchos problemas por resolver enseñando sobre la verdad. Pero no tenía experiencia en este trabajo y pensaba que, para gestionar bien cada tarea, mi carne iba a tener que sufrir. Esto me hizo sentir muy angustiada, con emociones negativas que surgían constantemente. Todos los días simplemente me forzaba a cumplir con mi deber y no tenía un sentido real de la carga en mi corazón. Me importaba la carne, me estancaba en las emociones represivas y era débil y pasiva en mi deber. Esto básicamente equivalía a desahogar mi insatisfacción y ser desobediente al entorno dispuesto por Dios. Esto era resistirse a la verdad y a Dios y oponerse a Él. Dios escruta las profundidades del corazón de las personas, y mi actitud hacia mi deber había hecho que Dios me detestara. Había perdido la obra del Espíritu Santo en mi deber. Este era el carácter justo de Dios que caía sobre mí. Darme cuenta de esto me aterrorizó y supe que tenía que resolver mis emociones negativas tan pronto como fuera posible.
Luego, leí estas palabras de Dios: “¿Cuál es tu propósito, en realidad, si no aceptas la verdad, y mucho menos la practicas, y simplemente andas sin rumbo en la casa de Dios? ¿Deseas hacer de la casa de Dios tu hogar de retiro o una casa de caridad? Si es así, te equivocas: la casa de Dios no se ocupa de los gorrones, los buenos para nada. Todo aquel de pobre humanidad, que no cumpla con su deber de buena gana, que no sea apto para cumplir con un deber, debe ser echado; todos los incrédulos que no aceptan la verdad en absoluto han de ser descartados. Algunos entienden la verdad, pero no pueden ponerla en práctica al cumplir con sus deberes. Cuando ven un problema, no lo resuelven, y si bien saben que es su responsabilidad, no se entregan a ello por completo. Si ni siquiera cumples con responsabilidades que eres capaz de cumplir, ¿qué valor o efecto podría tener cumplir tu deber? ¿Tiene sentido creer en Dios de esta manera? Alguien que comprende la verdad, pero no la práctica, que no puede soportar las adversidades que le corresponden, no es apta para cumplir con un deber. Algunas personas que cumplen un deber en realidad lo hacen solo para que las alimenten. Son vagabundos. Creen que, si hacen unas pocas tareas en la casa de Dios, se les proveerá de casa y comida, que se cubrirán sus necesidades sin tener que trabajar. ¿Existe acaso semejante intercambio? La casa de Dios no provee a los holgazanes. Si alguien que no practica la verdad en lo más mínimo y que sistemáticamente es superficial en el cumplimiento de su deber dice creer en Dios, ¿Él lo reconocerá? Todas esas personas son incrédulas y, a ojos de Dios, malhechoras” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para cumplir bien con el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). “Hoy, no crees las palabras que digo ni les prestas atención; cuando llegue el día en que esta obra se esparza y veas la totalidad de ella, lo lamentarás y, en ese momento, te quedarás boquiabierto. Existen bendiciones, pero no sabes cómo disfrutarlas; y existe la verdad, pero no la persigues. ¿No atraes desprecio sobre ti mismo? En la actualidad, aunque el siguiente paso de la obra de Dios todavía está por comenzar, no hay nada adicional acerca de las cosas que se te piden y lo que se te pide vivir. Hay tanta obra y tantas verdades; ¿no son dignas de que las conozcas? ¿Son el juicio y el castigo de Dios incapaces de despertar tu espíritu? ¿Son el castigo y el juicio de Dios incapaces de hacer que te odies? ¿Estás contento de vivir bajo la influencia de Satanás, en paz y disfrutando y con un poco de comodidad carnal? ¿No eres la más vil de todas las personas? Nadie es más insensato que los que han contemplado la salvación, pero no buscan ganarla; estas son personas que codician la carne y disfrutan a Satanás. Esperas que tu fe en Dios no acarree ningún reto o tribulación ni la más mínima dificultad. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor y no le otorgas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡Eres tan despreciable!” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, me sentí profundamente juzgada. Dios detesta a quienes constantemente buscan la comodidad y el disfrute de la carne. Estas personas no soportan el sufrimiento ni pagan un precio en su deber. Es imposible para ellos cumplir con su responsabilidad o esforzarse genuinamente por Dios. Siempre había buscado una vida de comodidad para la carne. Vivía según los venenos satánicos de: “La vida es breve; disfruta mientras puedas”, “Vive hoy sin preocuparte por el mañana” y “Date los gustos porque la vida es corta”. Creía que la vida en este mundo estaba llena de problemas y tristezas, y que uno no debía complicarse más las cosas, sino que debía aprender a disfrutar la vida y tratarse bien. Después de creer en Dios, sabía que perseguir la verdad y cumplir con el deber es la senda correcta en la vida y que, para llegar a la verdad, uno debe suportar sufrimiento y pagar un precio. Pero cuando me eligieron como supervisora y debí asumir más responsabilidades, la idea de tener que sufrir más para hacer bien el trabajo y de no poder disfrutar una vida cómoda ni fácil me hizo sentir reprimida y con el corazón pesado. A medida que veía que la carga de trabajo aumentaba, me sentía insatisfecha, reacia y llena de quejas, e incluso demoraba la resolución de los problemas que estaban dentro de mi capacidad. Vi que era exactamente el tipo de persona que Dios desenmascaró: alguien que no estaba dispuesta a cumplir con sus deberes, una vividora, una inútil que ama lo fácil y odia el trabajo. Pensé cómo muchos de mis hermanos y hermanas que predicaban el evangelio sufrieron el abuso y la humillación de personas religiosas, además de la persecución y el arresto del gran dragón rojo, e incluso enfrentaron el riesgo de perder la vida. Algunos de ellos se esforzaron por equiparse con la verdad para resolver los problemas de los destinatarios potenciales del evangelio, charlando repetidamente para abordar los conceptos de las personas religiosas. Sin importar la dificultad, no se retiraban ni desistían, dispuestos a considerar las intenciones de Dios y predicar el evangelio a más personas. Esto es lo que deben hacer las personas que verdaderamente tienen humanidad. Luego, me miraba a mí misma: mi actitud hacia mi deber era especialmente irreverente y negligente, como si la intención de haberme designado supervisora hubiese sido dificultarme las cosas. Solo quería estar libre de sufrimiento y trabajo, vivir en la casa de Dios sin esfuerzo y pasar los días sin rumbo. Una persona como yo con tal humanidad no merecía cumplir un deber. ¡Era realmente egoísta y despreciable! De hecho, Dios le dio a cada uno una carga de acuerdo con su estatura real, para usar su tarea como forma de compensar sus deficiencias y ayudarles a obtener la verdad. Al recordar cuando empecé con este deber, enfrenté dificultades y problemas en el trabajo. Orando y confiando en Dios para buscar los principios de verdad, tuve algunos logros. Luego, cuando los trabajores evangélicos tenían problemas con su estado o trabajo, compartir con ellos para resolver estos problemas resultaba en algo de progreso para mí también; esto no podía lograrse en un ambiente cómodo. Pero bajo la influencia de los venenos de Satanás, buscaba cosas sin valor y básicas; siempre pensaba en evadir mi deber para proteger mis intereses de la carne y vivía con emociones negativas y resistiéndome a Dios. Era muy rebelde y no podía distinguir entre el bien y el mal. Si seguía viviendo para la carne, ciertamente arruinaría mi oportunidad de obtener la verdad cumpliendo mi deber. Al darme cuenta de esto, sentí una profunda culpa, me reproché a mí misma y oré a Dios entre lágrimas: “Dios, estaba equivocada. Mi actitud hacia mi deber te hizo sentir repulsión y decepción. No he logrado cumplir Tu intención. Dios, ya no quiero rebelarme contra Ti y estoy dispuesta a rebelarme contra mi carne y aceptar esta responsabilidad”.
Luego, leí estas palabras de Dios: “Todos aquellos que creen realmente en Dios son individuos que se ocupan del trabajo que les corresponde, son los que están dispuestos a desempeñar su deber, son capaces de asumir una labor y la hacen bien, de acuerdo con su calibre y los preceptos de la casa de Dios. Por supuesto, al principio puede ser un desafío adaptarse a esta vida. Puede que te sientas agotado física y mentalmente. Sin embargo, si realmente tienes la determinación de cooperar y la voluntad de convertirte en una persona normal y buena, y de alcanzar la salvación, entonces debes pagar cierto precio y permitir que Dios te discipline. Cuando tengas el impulso de ser obstinado, debes rebelarte contra él y desprenderte de ese impulso, y reducir poco a poco tu obstinación y tus deseos egoístas. Debes buscar la ayuda de Dios en asuntos cruciales, en momentos y en tareas cruciales. Si tienes determinación, entonces debes pedirle a Dios que te reprenda y te discipline, y que te esclarezca para que seas capaz de entender la verdad, de esa manera obtendrás mejores resultados. Si tu determinación es auténtica, si le oras a Dios en Su presencia y le suplicas, Él actuará. Cambiará tu estado y tus pensamientos. Si el Espíritu Santo realiza un poco de obra, te conmueve y te esclarece un poco, tu corazón cambiará y se transformará tu estado. […] Si eres capaz de experimentar tal transformación, la casa de Dios te acogerá para que te quedes en ella, cumplas con tu deber, lleves a cabo tu misión y termines con esmero el trabajo que tienes entre manos. Ciertamente, a las personas que tienen estas emociones negativas solo se las puede ayudar con un corazón amoroso. Si una persona se niega de forma constante a aceptar la verdad y sigue sin arrepentirse a pesar de las repetidas advertencias, debemos despedirnos de ella. Sin embargo, si alguien está realmente dispuesto a cambiar, a mejorar, a invertir su rumbo, le damos una cálida bienvenida. Siempre que estén realmente dispuestos a quedarse y a cambiar sus enfoques y modos de vida anteriores, que sean capaces de experimentar poco a poco una transformación mientras desempeñan su deber, y siempre que mejoren en su deber a medida que llevan más tiempo cumpliéndolo, animaremos a esas personas a quedarse con la esperanza de que sigan mejorando. También expresamos un ferviente deseo para ellos: les deseamos que puedan resurgir de sus emociones negativas, que ya no se vean enmarañados en ellas ni envueltos en su sombra, y que en cambio puedan ocuparse del trabajo que les corresponde y caminar por la senda correcta, para que de esta manera actúen y vivan como debe hacerlo la gente normal de acuerdo con los requerimientos de Dios, y también de acuerdo con ellos cumplir con firmeza sus deberes en la casa de Dios, para dejar de ir a la deriva por la vida. Les deseamos un futuro prometedor, y que ya no hagan lo que les apetezca ni se preocupen únicamente por la búsqueda del placer y el disfrute físico, sino que piensen más en asuntos relacionados con el desempeño de sus deberes, con la senda por la que caminan en la vida y con vivir una humanidad normal. Deseamos de todo corazón que vivan felices, libres y liberados en la casa de Dios, experimentando a diario paz y alegría, y sintiendo calidez y disfrute en sus vidas aquí. ¿No es este el mejor deseo? (Sí)” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). Al ver los esfuerzos de Dios por retener a quienes estaban atrapados en un estado de represión, y Sus deseos para ellos, sentí calidez y me sentí profundamente tocada y animada. Dios espera que me pueda comportar de acuerdo con Sus requisitos, vivir una humanidad normal, ocuparme de mi trabajo real y cumplir mi deber de acuerdo con los principios-verdad. También me di cuenta de que, para ser una persona con humanidad y caminar la senda correcta en la vida, una debe tener la determinación de perseguir cosas positivas, rebelarse conscientemente contra la carne cuando enfrenta dificultades y problemas al hacer su deber, y realmente pagar un precio para resolver los problemas, y así, por tanto, soportar las responsabilidades de un adulto. Además, antes de cumplir con su deber cada día, uno debería orarle a Dios con un corazón sincero y aceptar su escrutinio. Cuando me encuentre con ganas de mostrar consideración por la carne y descuidar mi deber, debo pedirle a Dios que me reprenda y discipline, y esforzarme por cumplir con mi deber con todo mi corazón y fuerzas. Solo vivir de esta manera me permitirá tener semejanza humana. Después de entender esto, quería practicar de acuerdo con las palabras de Dios y entrar en ellas. Desde ese momento, le confiaba a Dios cada tarea en la que me involucraba y dependía en Él. Y realmente pagué el precio investigando materiales, orando y buscando, reflexionando sobre cómo enseñar para obtener buenos resultados. Cuando encontraba cuestiones que no entendía o no podía manejar, me comunicaba con mis hermanos y hermanas. Los problemas que surgían durante mi deber se iban resolviendo gradualmente. Si bien la carga de mi deber era la misma que antes, ya no me sentía reprimida. En cambio, sentía que valía la pena esforzarme y pagar un precio por cumplir bien con mi deber. También sentía alegría y satisfacción en el corazón y acumulé habilidades reales en mi trabajo. Siento que vivir conforme a las palabras de Dios es realmente bueno y que estoy llevando una vida valiosa y digna.
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