¿Está en línea con la voluntad de Dios perseguir las bendiciones?

19 Ene 2023

Por Claude, Reino Unido

En 2018 tuve la buena suerte de aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Estaba extremadamente emocionado de tener la oportunidad de recibir el regreso del Señor. Poco después, empecé a aprender a predicar el evangelio, pero como trabajaba principalmente de día y llegaba a casa cansado por la noche, me era muy difícil centrarme en mi deber. Quería dejar de lado mi trabajo y predicar el evangelio a tiempo completo, pero mis circunstancias prácticas no me lo permitían. Estaba criando cinco hijos y, si no los mandaba a la escuela, el gobierno me declararía no apto para cuidar de ellos y me los quitaría. Me sentía muy estresado, pero sabía que, como ser creado, por muy grandes que fuesen mis dificultades, tenía que cumplir mi deber sin falta.

En 2019, me convertí en líder de iglesia y estaba aun más ocupado. Decidí reducir mis días laborales de seis a cuatro a la semana. Pensé que, quizás, Dios me bendeciría por mis sacrificios. Aunque no hacía ganaba tanto por mi jornada reducida, mi vida no se vio muy afectada por ello, ya que todo iba como la seda, y no teníamos problemas de salud ni de otra clase. Sentía que todo en mi vida estaba en paz porque recibía lo que me merecía por gastarme por Dios con entusiasmo. Estaba muy feliz de tener más tiempo para cumplir mi deber. Pero, entonces, todo cambió en 2021, después de que estallase la pandemia.

Los ingresos de la peluquería que yo dirigía descendieron drásticamente por la pandemia. Las entradas no alcanzaban para pagar el alquiler. Así que no tuve más remedio que trasladarme a un local más barato, pero que necesitaba renovaciones. Encontré a un trabajador de la construcción para ayudarme con eso, pero, tras algunas semanas, me dijo que mi proyecto requería mucho tiempo, y que él tenía muchas cosas que hacer y le faltaba personal, por lo que tenía que dejar de trabajar conmigo. Mis vecinos y clientes se enteraron de lo que pasaba y dijeron que, si no se completaban las obras del negocio nuevo, tendría que pagar alquiler en dos sitios a la vez, lo que sería muy caro, y cómo podía pasarme eso a mí, que era creyente. Al principio les dije con completa seguridad que todo estaba bajo el gobierno y los arreglos de Dios y que no me podía quejar. Más tarde, encontré a otro hombre que trabajaba para otro grupo de construcción, pero también abandonó mi proyecto por cuestiones de salud. El tiempo volaba y el local no estaba arreglado todavía. Durante tres meses seguidos pagué alquiler en dos locales al mismo tiempo. Poco después, una tubería empezó a perder en el local nuevo y hubo que abrir el techo para hallar la pérdida. El cambio de local ya me había costado unas £3000 en total. Estaba muy disgustado y confundido. ¿Por qué me pasaba algo así? ¿Por qué tenía que gastar tanto dinero? Siempre pensé que Dios me ayudaría a encontrar un buen constructor. Pero, sorpresivamente, ese hombre abandonó el trabajo cuando estaba a mitad de instalar la calefacción, hubo una fuga en la tubería que arruinó la mitad de la renovación de la calefacción que había hecho. Durante ese tiempo también enfermé de coronavirus. Empecé a quejarme: ¿por qué permitía Dios que me ocurriese este tipo de cosa? Cumplía un deber en la iglesia, había reducido mi horario de trabajo y no ganaba tanto dinero, ¿por qué encaraba tantas cosas difíciles? Estaba lleno de quejas en mi corazón.

No tenía una actitud meticulosa hacia mi deber después de eso. Seguía cumpliendo mi deber, pero no a conciencia. Estaba completamente preocupado por cómo resolver los problemas en mi negocio. Este era un verdadero dilema para mí, y por tanto, no me centraba mucho en las reuniones. Siempre solía hacer un resumen tras las reuniones, pero no quería hacerlo más. También solía ser capaz de sacrificar algo de mis horas de sueño para compartir con los demás y ayudar a resolver problemas, pero ahora, cuando acudían a mí con sus problemas, no quería contestar el teléfono. Solía ir a averiguar si los hermanos y hermanas tenían un buen estado o no, si tenían dificultades en su deber, y si compartían las palabras de Dios según las dificultades que encaraban, pero ya no quería hacer nada de ese trabajo. Era cada vez más descuidado en mi deber. Un día, un líder superior me dijo que debía cargar con mis responsabilidades y asegurarme de organizar reuniones para todos los miembros nuevos de la iglesia, regarlos correctamente, y no dejar que ni uno solo se perdiera por el camino. De verdad me resistía a sus arreglos. Si hacía las cosas de esa manera, no tendría mucho tiempo para atender las cosas en casa. Quería pasar mi tiempo libre con mis familiares y amigos. Quería más comodidades físicas. Me hundí en un estado cada vez peor y ni siquiera quería hacer más devociones, leer las palabras de Dios. Antes me levantaba temprano para leer las palabras de Dios y escuchaba lecturas de las mismas durante el día pero ahora no quería levantarme por la mañana ni leer las palabras de Dios, porque no había sido bendecido a cambio de mis esfuerzos y me había encontrado con muchos obstáculos. No sabía qué compartir en las reuniones. Fingía que todo iba bien, para, al menos, aferrarme a mi cargo en la iglesia. También comencé a ser retorcido en mi deber. Cuando alguien me preguntaba cómo iban las cosas, yo decía que había terminado algo, cuando claramente no lo había hecho, engañaba a los hermanos y hermanas. Mi actitud se debía por completo a que Dios no me había bendecido, sino que había permitido que pasara por esas dificultades. No mostraba reverencia a Dios, y ni mucho menos lo adoraba.

Mi estado era horrible, así que le conté a la líder lo que me estaba pasando. Me hizo leer este pasaje de las palabras de Dios: “Cuando las personas atraviesan pruebas, es normal que sean débiles, internamente negativas o que carezcan de claridad sobre la voluntad de Dios o sobre la senda en la que practicar. Pero en cualquier caso, como Job, debes tener fe en la obra de Dios, y no negarlo. Aunque Job era débil y maldijo el día de su propio nacimiento, no negó que Jehová le concedió todas las cosas en la vida humana, y que también es Él quien las quita. Independientemente de cómo fue probado, él mantuvo esta creencia. En tu experiencia, da igual cuál sea el tipo de refinamiento al que te sometas mediante las palabras de Dios, lo que Él exige de la humanidad, en pocas palabras, es su fe y su amor por Él. Lo que Dios perfecciona al obrar de esa manera es la fe, el amor y las aspiraciones de las personas. Dios realiza la obra de perfección en la gente y ellos no pueden verla ni sentirla; es en tales circunstancias en las que se requiere tu fe. Se exige la fe de las personas cuando algo no puede verse a simple vista, cuando no puedes abandonar tus propias nociones. Cuando no tienes clara la obra de Dios, lo que se requiere es tu fe y que adoptes una posición firme y mantengas el testimonio” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento). Las palabras de Dios me mostraron que no tenía ningún entendimiento en absoluto de la intención de Dios en lo que me sucedía. Me sentía desesperado y desolado, e incluso tenía dudas sobre la soberanía de Dios. Pero seguía afirmando una y otra vez ser un seguidor devoto de Dios. Cuando mi negocio iba bien y tenía salud, pensaba que Dios me había bendecido inmensamente y podía darle más de mí. Cuando me encontré con obstáculos, cuando tuve dificultades en la vida, comencé a culpar a Dios. ¿Cómo era eso tener fe? Cuando Job perdió todas sus posesiones familiares y a todos sus hijos, no culpó a Dios, e incluso alabó el nombre de Dios. Cuando su esposa trató de hacer que su fe vacilase, él la denunció como una mujer insensata, diciendo: “¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?” (Job 2:10). Job no negociaba ni exigía nada en su fe en Dios. Cuando disfrutaba de las bendiciones o sufría un desastre, se sometía a Dios. Job tenía una fe auténtica en Dios. Yo sentía que simplemente no había manera de estar a su altura. Al ver una dificultad tras otra surgir en mi vida, sentí algo de insatisfacción. La gente que yo conocía me preguntaba por qué ese tipo de cosas me pasaban a mí, un creyente, y aunque yo afirmaba que todo estaba genial, con el tiempo, de a poco, vacilé en mi corazón y empecé a dudar del gobierno de Dios. A través de la experiencia de Job, me di cuenta de que se trataba de Satanás que me atacaba a través de lo que decían los demás e intentaba hacerme negar y culpar a Dios. Estaba completamente desprovisto de testimonio en esa experiencia; me convertí en una broma de Satanás. Estaba lleno de vergüenza y remordimiento por la forma en que había actuado.

Después leí unos pasajes más de las palabras de Dios. “En las experiencias vitales de las personas piensan a menudo: He abandonado a mi familia y mi carrera por Dios, ¿y qué me ha dado Él? Debo sumarlo todo y confirmarlo: ¿He recibido bendiciones recientemente? He dado mucho durante este tiempo, he corrido y corrido, y he sufrido mucho; ¿me ha dado Dios alguna promesa a cambio? ¿Ha recordado mis buenas obras? ¿Cuál será mi final? ¿Puedo recibir Sus bendiciones?… Toda persona hace, constantemente esas cuentas en su corazón, y le ponen exigencias a Dios que incluyen sus motivaciones, sus ambiciones y una mentalidad de transacciones. Es decir, el hombre le está poniendo incesantemente a prueba en su corazón, ideando planes sobre Él, defendiendo ante Él su propio fin, tratando de arrancarle una declaración, viendo si Él puede o no darle lo que quiere. Al mismo tiempo que busca a Dios, el hombre no lo trata como tal. El hombre siempre ha intentado hacer tratos con Él, exigiéndole cosas sin cesar, y hasta presionándolo a cada paso, tratando de tomar el brazo cuando le dan la mano. A la vez que intenta hacer tratos con Dios, también discute con Él, e incluso hay personas que, cuando les sobrevienen las pruebas o se encuentran en ciertas circunstancias, con frecuencia se vuelven débiles, pasivos y holgazanes en su trabajo, y se quejan mucho de Él. Desde el momento que empezó a creer en Él por primera vez, el hombre lo ha considerado una cornucopia, una navaja suiza, y se ha considerado Su mayor acreedor, como si tratar de conseguir bendiciones y promesas de Dios fuera su derecho y obligación inherentes, y la responsabilidad de Dios protegerlo, cuidar de él y proveer para él. Tal es el entendimiento básico de la ‘creencia en Dios’ de todos aquellos que creen en Él, y su comprensión más profunda del concepto de creer en Él. Desde la naturaleza y esencia del hombre a su búsqueda subjetiva, nada tiene relación con el temor de Dios. El objetivo del hombre de creer en Dios, no es posible que tenga nada que ver con la adoración a Dios. Es decir, el hombre nunca ha considerado ni entendido que la creencia en Él requiera que se le tema y adore. A la luz de tales condiciones, la esencia del hombre es obvia. ¿Cuál es? El corazón del hombre es maligno, alberga traición y astucia, no ama la ecuanimidad, la justicia ni lo que es positivo; además, es despreciable y codicioso. El corazón del hombre no podría estar más cerrado a Dios; no se lo ha entregado en absoluto. Él nunca ha visto el verdadero corazón del hombre ni este lo ha adorado jamás. No importa cuán grande sea el precio que Dios pague, cuánta obra Él lleve a cabo o cuánto le provea al hombre, este sigue estando ciego a ello y totalmente indiferente. El ser humano no le ha dado nunca su corazón a Dios, solo quiere ocuparse de su corazón, tomar sus propias decisiones; el trasfondo de esto es que no quiere seguir el camino de temer a Dios y apartarse del mal ni obedecer Su soberanía ni Sus disposiciones, ni adorar a Dios como tal. Este es el estado del hombre en la actualidad” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II). “No importa cómo sean probados, la lealtad de los que tienen a Dios en su corazón se mantiene sin cambios; pero para los que no tienen a Dios en su corazón, una vez que la obra de Dios no es favorable para su carne, cambian su opinión de Dios y hasta se apartan de Dios. Así son los que no se mantendrán firmes al final, que sólo buscan las bendiciones de Dios y no tienen el deseo de entregarse a Dios y dedicarse a Él. Todas estas personas tan viles serán expulsadas cuando la obra de Dios llegue a su fin y no son dignas de ninguna simpatía. Los que carecen de humanidad no pueden amar verdaderamente a Dios. Cuando el ambiente es seguro y fiable o hay ganancias que obtener, son completamente obedientes a Dios, pero cuando lo que desean está comprometido o finalmente se les niega, de inmediato se rebelan. Incluso, en el transcurso de una sola noche pueden pasar de ser una persona sonriente y ‘de buen corazón’ a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son. Si estos demonios no son desechados, estos demonios que matarían sin pensarlo dos veces, ¿no se convertirían en un peligro oculto?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre). Las palabras de Dios me mostraron lo que había escondido en el fondo de mi corazón. No creía en Dios para someterme a Él y adorarlo, sino para gozar de Su gracia y bendiciones. Reducir mi tiempo para trabajar y ganar dinero para poder cumplir un deber era solo para que me bendijera más. Todo lo que había abandonado fue para intentar hacer un trato con Dios, no porque tuviese fe y amor auténticos. Cuando empezaron a surgir problemas de la nada en mi vida, permanecí fuerte en mi deber porque pensaba que las dificultades pasarían y entonces Dios me bendeciría aun más. Pero las cosas no dejaron de ser difíciles. Me encontré con problemas en el local nuevo y perdí mucho dinero. Ya no tenía ninguna motivación para cumplir mi deber y comencé a culpar a Dios. Sin las bendiciones de Dios, no quería esforzarme tanto como antes por Dios. Solo quería pensar más en mi propia comodidad. La manera en que pensaba en las cosas estaba asediada constantemente por las dificultades que encaraba, y durante estas pruebas no busqué la voluntad de Dios, ni cómo practicar la verdad y mantenerme firme. Por el contrario, trataba de encontrar maneras de resolver mis dificultades financieras por mi cuenta, incluso salía del paso en mi deber y era irresponsable. Dios no tenía un lugar en mi corazón. A través de mi actitud ante mi deber y hacia Dios, vi que no era un seguidor verdadero de Dios. Siempre afirmaba amar a Dios, pero culpaba a Dios cuando encaraba dificultades en la vida. Discutía y trataba de saldar cuentas con Él, como Dios dijo: “Incluso, en el transcurso de una sola noche pueden pasar de ser una persona sonriente y ‘de buen corazón’ a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son”. Mi comportamiento era exactamente como Dios lo pone al descubierto en Sus palabras. Solo cumplía bien con mi deber cuando Dios me bendecía. Actuaba como si yo fuese un acreedor y exigía lo que quería a Dios. Pero, en realidad, Dios me dio vida, me lo dio todo. Me había dado más que suficiente. ¿Por qué todavía quería reprochar a Dios, razonar y discutir con Él? Además, peleaba con Él al no cumplir bien mi deber. Sentía cada vez más vergüenza al reflexionar sobre esto. Si no me arrepentía ante Dios, ¿no detestaría y descartaría Dios a alguien como yo? Oré a Dios en mi corazón: “Dios, de cierto me falta conciencia. Ya he disfrutado tanto de Tu gracia, pero te sigo haciendo exigencias, una tras otra. Cuando mis deseos no se satisfacen, me vuelvo negativo y me quejo. Dios, he visto mi verdadero rostro y me detesto a mí mismo. Por favor, ayúdame a cambiar estas búsquedas erróneas que tengo”.

Después leí estas palabras de Dios: “Lo que buscas es poder ganar la paz después de creer en Dios, que tus hijos no se enfermen, que tu esposo tenga un buen trabajo, que tu hijo encuentre una buena esposa, que tu hija encuentre un esposo decente, que tu buey y tus caballos aren bien la tierra, que tengas un año de buen clima para tus cosechas. Esto es lo que buscas. Tu búsqueda es solo para vivir en la comodidad, para que tu familia no sufra accidentes, para que los vientos te pasen de largo, para que el polvillo no toque tu cara, para que las cosechas de tu familia no se inunden, para que no te afecte ningún desastre, para vivir en el abrazo de Dios, para vivir en un nido acogedor. Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tiene corazón, tiene espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te doy el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no buscas. ¿Eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Acaso no eres igual a un cerdo o a un perro?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). “Todos los humanos corruptos viven para sí mismos. Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda; este es el resumen de la naturaleza humana. La gente cree en Dios para sí misma; cuando abandona las cosas y se esfuerza por Dios, lo hace para ser bendecida, y cuando es fiel a Él, lo hace por la recompensa. En resumen, todo lo hace con el propósito de recibir bendiciones y recompensas y de entrar en el reino de los cielos. En la sociedad, la gente trabaja en su propio beneficio, y en la casa de Dios cumple con un deber para recibir bendiciones. La gente lo abandona todo y puede soportar mucho sufrimiento para obtener bendiciones. No existe mejor prueba de la naturaleza satánica del hombre” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios me mostraron lo egoísta y despreciable que era. Me controlaba la idea de “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Pensaba que, hiciera lo que hiciera, no me beneficiaría, y no quería hacer nada que no me beneficiase. Este tipo de filosofía, este tipo de forma de pensar, estaba arraigado profundamente en mi corazón, y me llevaba siempre a vivir por mí mismo. Incluso mi fe y mis sacrificios por Dios tenían una sola meta: ser bendecido. Estaba engañando a Dios. Era extremadamente egoísta y taimado. Constantemente perseguía mis intereses personales y cómo ganarme la gracia y las bendiciones de Dios. Cuando vi que Dios no me bendecía como yo imaginaba que debía, me volví miserable y lleno de quejas. ¿Cuál era la voluntad de Dios en esa situación? No buscaba ni reflexionaba sobre ello, y no me importaba. Solo me centraba en mis intereses carnales. ¿No estaba perdiendo oportunidades de ganar la verdad? Dios se ha hecho carne en los últimos días para venir a salvarnos. Él ha dicho muchas palabras, ha entregado Su sangre, sudor y lágrimas por nosotros para que, a través de estas palabras, a través de estas verdades, podamos escapar del pecado y el mal, escapar de la corrupción y el daño de Satanás. Pero no estaba buscando la verdad; la tenía en muy poca consideración. Solo codiciaba las comodidades de la carne, pensaba en ella y la buscaba. Si hubiera seguido actuando así, ¿qué habría hecho Dios con alguien como yo? Habría acabado descartado, aniquilado. Oré en mi corazón: “Dios, por favor, sálvame. Por favor, permíteme conocerme a mí mismo y encontrar una senda de práctica”. Cada día ofrecía este tipo de oración.

Más adelante, leí lo siguiente en las palabras de Dios: “Puedes pensar que creer en Dios consiste en sufrir o en hacer todo tipo de cosas por Él; podrías pensar que el propósito de creer en Dios tiene como fin que tu carne esté en paz o que todo en tu vida funcione sin problemas, o que te sientas cómodo y a gusto con todo. Sin embargo, ninguno de estos son propósitos que la gente debería vincular a su creencia en Dios. Si crees por estos propósitos, entonces tu perspectiva es incorrecta y resulta simplemente imposible que seas perfeccionado. Las acciones de Dios, el carácter justo de Dios, Su sabiduría, Su palabra, y lo maravilloso e insondable que Él es, todas son cosas que las personas deben tratar de entender. Como posees este entendimiento, debes utilizarlo para librar a tu corazón de todas las demandas, esperanzas y nociones personales. Solo eliminando estas cosas puedes cumplir con las condiciones exigidas por Dios, y solo haciendo esto puedes tener vida y satisfacer a Dios. El propósito de creer en Dios es satisfacerlo y vivir el carácter que Él requiere, para que Sus acciones y Su gloria se manifiesten a través de este grupo de personas indignas. Esta es la perspectiva correcta para creer en Dios, y este es también el objetivo que debes buscar” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento). “No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Solo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes llevar a cabo tu deber solo para ser bendecido y no debes negarte a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es llevar a cabo su deber, y si es incapaz de llevar a cabo su deber, esto es su rebeldía” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre). Había afirmado tener fe verdadera en Dios muchas veces, pero entonces me di cuenta de que eso era completamente mi imaginación. Mi tipo de fe era como lo que Pablo dijo en 2 Timoteo 4:7-8: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia”. Pablo estaba esperando una corona de justicia tras su servicio por el Señor, y esa era mi meta en mi fe también: ser bendecido. Las palabras de Dios me dijeron el significado de la fe y la búsqueda correcta que debía tener en mi fe. Estaba listo para cambiar la senda incorrecta por la que caminaba antes, porque solo podría llevarme a ser cada vez más depravado y un enemigo de Dios. Era como un niño que no era verdaderamente filial con sus padres, sino que solo quería algo de ellos. Este tipo de niño no recibirá nunca el favor de sus padres, sino que les causará dolor. Mi motivación y perspectiva en la fe me resultaban vergonzosas. ¿Qué tipo de recompensa esperaba recibir de Dios? Ya había disfrutado tanto de Su gracia y bendiciones, y ganado tanto sustento de las verdades en Sus palabras, así como Su cuidado y protección, sin mencionar el aire que respiraba, el sol que sentía, mi pan diario. Todo esto me lo proporcionó Dios. Incluso mi propia vida me la dio Dios. ¿Cómo debía retribuir el amor de nuestro Creador? Aunque diera toda fibra de mi ser, nunca podría retribuirle. Aun así, culpé a Dios, discutí e intenté saldar cuentas con Él. De verdad me faltaba humanidad y no tenía el más mínimo autoconocimiento. Seguía a Dios y cumplía mi deber, lo que era mi responsabilidad, lo más natural y correcto. También era una oportunidad que Dios me dio para que buscase la verdad y ganase la salvación. Si no cumplía mi deber, no sería capaz de ganar la verdad o cambiar mi carácter corrupto. ¡Gracias a Dios! Ahora me doy cuenta de que cumplir un deber es justo lo que un ser creado debe hacer, una responsabilidad humana. Cumplir mi deber no debería ser un trato con Dios. También entiendo que, por muchas dificultades que encare, ya sea que enferme o me vayan mal los negocios, tengo que aceptarlo y no debo quejarme. Esta es la razón y la actitud que debemos tener como seres creados. Doy gracias a Dios por permitirme tener este tipo de entendimiento. No gano mucho dinero ahora y mi calidad de vida es un poco más baja, pero soy más frugal que antes; no gasto tanto. Todavía puedo arreglármelas. No dejo que mis problemas de salud y de la vida impacten mi actitud hacia mi deber. He seguido ofreciendo ayuda a los hermanos y hermanas, haciendo todo lo posible por completar cada tarea en mi deber. Experimentar esta situación me mostró lo egoísta y vil que era, y me dio algo de entendimiento de mi perspectiva errónea en mi fe y búsqueda. Esto se cumplió todo gracias a la guía de las palabras de Dios.

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