Usando la palabra de Dios como un espejo

19 Abr 2018

Por Wu Xia, provincia de Shandong

Después de aceptar la obra de Dios de los últimos días y comer y beber la palabra de Dios, se me hizo obvia que es muy importante que yo misma me entienda. Por lo tanto, mientras como y bebo la palabra de Dios, me aseguré de comprobarme contra la palabra por medio de la cual Dios expone al hombre. En la mayoría de los casos pude reconocer mis deficiencias e insuficiencias. Sentí que realmente llegaría a entenderme. Sin embargo, sólo fue por medio de una revelación de Dios que pude ver que realmente no me entendía según la palabra de Dios.

Un día, fui a un sitio con una lideresa de distrito para retirar algo de dinero. Tras confirmar la suma de dinero y extender el recibo, pensé que la cruel represión del gobierno del PCCh contra las creencias religiosas se estaba volviendo cada vez más severa, y que estaban esforzándose al máximo por intentar hacerse con los bienes de la iglesia. Así que, por seguridad, sugerí destruir todos los recibos anteriores. En el momento, la lideresa de distrito de repente dejó escapar: “Si destruyes el último recibo, entonces no habrá ninguna evidencia. ¿Qué tal si sólo te quedas el dinero?” No sabía qué sentir después de escuchar esto, pero ciertamente lo sentí como un gran insulto a mi integridad; me fue muy difícil de aceptar. Pensé: ¿Qué clase de persona crees que soy? He seguido a Dios todos estos años y soy una buena persona. ¿Cómo podría hacer algo así? Además, me he hecho cargo de esta obra por tantos años y nunca he cometido un error con las finanzas así que, ¿por qué robaría el dinero de la iglesia? ¿De qué manera me parezco a Judas?… Cuanto más lo pensaba, más me enojaba. Cuanto más lo pensaba, más sentía que ella me despreciaba y que me manejaba a su antojo. Estaba tan herida que casi me hizo llorar.

En mi dolor, de repente recordé las palabras de Dios, “El ambiente que nos rodea, así como las personas, asuntos y objetos, todo está permitido por Su trono” (‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Después pensé: ¿Por qué Dios crearía una situación donde esta hermana dijera semejante cosa? ¿Qué me está enseñando Dios? Mientras ponderaba esto, mi corazón comenzó a sentir paz. Mi mente comenzó a cuestionar las reacciones dolorosas que acababa de tener hacia el comentario de la hermana: Estaba equivocada cuando dijo, “¿Qué tal si sólo te quedas el dinero?” Dios dijo que el hombre traicionaría la justicia y se distanciaría de Dios en cualquier momento y en cualquier lugar. Nadie es verdaderamente confiable. ¿Soy una excepción? Además, ¿cuánto ha cambiado mi carácter? ¿Qué tanta verdad he obtenido? Si no he obtenido la verdad ni he cambiado mucho en carácter, ¿por qué no debería permitir que otros me vieran así o sobre qué base me debería de ver como noble y pura? ¿Y cómo podía estar tan confiada de que nunca me robaría la ofrenda? Dios una vez dijo: “La naturaleza del hombre rebosa de la naturaleza de Satanás; los hombres se centran por completo en sí mismos; son egoístas, codiciosos, y extravagantes” (‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). ¿Esto sólo se aplica a los demás y no a mí? Todos son codiciosos por naturaleza, ¿soy una excepción? ¿Lo que la hermana dijo es inconsistente con los hechos? Cuando por lo general como y bebo la palabra de Dios, parece que soy capaz de examinarme conscientemente a la luz de la revelación de Dios. Sin embargo, cuando la hermana, sin ser emocional, dijo la verdad basada en la revelación de Dios sobre la naturaleza del hombre, me había enojado mucho. ¿No revela esto que no me conozco según la palabra de Dios? ¿No significa esto que dentro de mí no tengo un verdadero entendimiento de la naturaleza de Satanás? No fue sino hasta entonces que me di cuenta de que mi conocimiento de mí misma por medio de comer y beber la palabra de Dios no era nada más que un reconocimiento teórico y un entendimiento superficial. No estaba poniendo atención especial para entender mi propia naturaleza por medio de la revelación de la palabra de Dios. Por lo tanto, esta situación tuvo que pasarme: cuando me comunico, es común hablar como si me entendiera; asiento con la cabeza y estoy de acuerdo con la palabra por medio de la cual Dios expone al hombre, pero cuando me enfrento con los hechos, moriría antes de admitir ser esa persona que Dios me muestra. Reflexionando en el pasado: Cuántas veces he declarado que carezco de sentido humano, pero cuando otras personas dicen que carezco de sentido humano, de inmediato lo niego y me defiendo hasta la muerte. Cuántas veces mis labios han pronunciado que cumplo mi deber superficialmente, pero cuando otras personas señalan que cumplo mi deber superficialmente, siempre pienso en todas las maneras posibles de defenderme y justificarme para exonerarme. Cuántas veces he reconocido en frente de los demás que no soy nada, pero cuando los demás dicen que no haga nada bien, me deprimo y me vuelvo tan negativo que no puedo animarme. Cuántas veces he declarado que tengo un pobre calibre y que me falta la capacidad para trabajar, pero cuando escucho que los demás dicen que soy de un pobre calibre y que nunca sería una buena líder, tiro la toalla y haraganeo… Está claro que soy una hipócrita. Cuando me digo que soy corrupta, entonces está bien, pero cuando los demás dicen algo acerca de mí, no lo puedo aceptar y lo resisto. Esto muestra adecuadamente que mi entendimiento de mí misma sólo va tan lejos como mi boca. Engaña a los demás y es hipócrita. Ya que nunca he podido realmente analizar minuciosamente y entender mi verdadera naturaleza propia por medio de la revelación de las palabras de Dios, realmente todavía no he entrado en el entendimiento de mí misma y mi carácter no ha cambiado.

En ese momento, reflexioné sobre mi propia actitud narcisista y me pareció realmente vergonzosa. Las revelaciones de Dios realmente me han convencido y me han permitido ver claramente que no me entiendo realmente. De ahora en adelante, estoy dispuesta a reconocer mi esencia corrupta por medio de la palabra por la cual Dios expone al hombre; estoy dispuesta a enfrentar con valor los hechos y a entenderme realmente para que pronto pueda cambiar mi carácter.

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