Así aprendí a identificar a un anticristo

21 Mar 2022

Por Su Shan, Japón

Cuando empecé mi servicio como líder de la iglesia, Chen era responsable del trabajo de aquella. Teníamos más o menos la misma edad y nos llevábamos bastante bien. Siempre charlábamos de cómo nos sentíamos y ella era cariñosamente servicial y solidaria cuando yo me topaba con dificultades en el deber. Con el tiempo, cuando me ascendieron para supervisar el trabajo de Chen, ella pareció convertirse en una otra persona. Casi no me saludaba y no parecía querer hablar conmigo; aparte, siempre tenía un gesto hostil. Pensaba que tal vez estaba de mal humor porque estaba muy presionada en el trabajo, por lo que no le daba muchas vueltas. Más adelante, me dijo en una reunión: “Tengo celos de que tú te encargues de mi trabajo. Creo que lo hago bien; entonces, ¿por qué no me seleccionaron? Todos deben de pensar que no estoy a la altura. La idea de que no me valoren y estimen me pone tan negativa que no quiero cumplir con ningún deber”. Entonces comprendí que ese gesto hostil era por celos. Luego, la hermana que yo tenía por compañera me contó que el carácter de Chen era algo inestable, que le importaba mucho el estatus y tendía a ser obstinada. Cuando tenía mal carácter, eso repercutía en el trabajo. Quería que hablara con ella y la ayudara. Yo pensaba que le preocupaba demasiado el estatus, pero que era sencilla y abierta, y en comunión era capaz de hacer introspección y comprenderse. No podía ser un problema demasiado grave. Además, era joven, así que normal que sintiera celos o fuera competitiva. Pero al rato me percaté de que realmente se centraba demasiado en el estatus y de que se volvía negativa y holgazana si no obtenía el prestigio que quería. Por ejemplo, cuando mi compañera y yo advertíamos fallos suyos en su deber y se los señalábamos, Chen creía que intentábamos hacer que quedara mal delante de otros colaboradores y después se negaba a hablarnos, dijéramos lo que dijéramos. Cuando asignábamos una tarea a otro en vez de a ella, se ponía de mal humor y sentía que no la valorábamos. A veces se sentía tan ofendida que lloraba por eso en las reuniones y todos tenían que dejar sus cosas para hablar con ella. Era feliz y accesible cuando todos nos agrupábamos hablando a su alrededor. En ocasiones comprendía algo acerca de sí misma y lloraba con pesar, mientras decía que sabía que se centraba en el estatus y que quería cambiar, pero que no podía evitar aquello. Eso me hacía pensar que su carácter corrupto la limitaba, y como estaba tan obsesionada con ello, no podía cambiarlo en un instante. Creía que necesitaba más ayuda.

Después la eligieron para un puesto de líder y volvimos a ser compañeras. Una vez detuvieron repentinamente a una hermana el mismo día que me había visto con ella. Descubrimos que la policía la había vigilado varios días, así casi seguro que estaba vigilando a los hermanos y hermanas con quienes había estado en contacto. Teníamos que avisarles ya de que tomaran precauciones y abandonaran la zona. Como acababa de verla, era muy probable que también me siguiera a mí la policía, por lo que me sería imposible ayudar después. Escribí a Chen y a otra colaboradora para debatir los siguientes pasos. Chen no solo no encontró ninguna solución, sino que aprovechó para causar problemas entre esa colaboradora y yo. Según ella, a aquella hermana la detuvieron porque yo hacía las cosas sin principios. La colaboradora me vio con malos ojos y trató conmigo y me podó muy duramente. Luego se enteró de que las cosas no eran para nada como había dicho Chen y se sintió fatal. Se sinceró conmigo al respecto, y me dijo que también había hablado con Chen y le había detallado cómo saboteaba a otras personas y sembraba la discordia. Chen no solo se negó a admitirlo, sino que se defendió. Aquello me escandalizó. ¿Cómo podía ser así Chen? La convocaron por sabotearme y perturbar, pero se negó a admitirlo. Eso es negarse a aceptar la verdad. Estuve pensando en que Chen y yo habíamos trabajado mucho tiempo juntas y jamás había comentado ninguna idea ni prejuicio hacia mí ni me había dado sugerencias. Me pregunté si yo hacía algo mal que le hacía a ella sentirse limitada y por eso le había dicho eso a mi colaboradora. En tal caso, sabía que tenía que hacer introspección detenidamente y en serio. Así pues, contacté con Chen y le conté con franqueza mi reacción a aquello. También le comenté que su conducta saboteadora y perturbadora se consideraba maldad. Chen me respondió: “Hice mal en juzgarte de esa forma delante de nuestra colaboradora y he estado haciendo introspección. Últimamente me esfuerzo por la reputación y el estatus. Tú tomas el mando, te ocupas activamente de muchísimo trabajo y los demás te apoyan. Sin importar lo que digas o sugieras, todos quieren escuchar, pero a mí me hacen desaires. Me siento muy incómoda y mi corrupción está dominando mi mente”. Lloraba mientras decía todo esto. Me puso muy nerviosa verla tan dolida y me sentí algo culpable. Sentí que no había prestado atención a sus sentimientos y que ella llevaba mal su corrupción. No se controló nada al afirmar esas cosas de mí, por lo que, dado que supo recapacitar y aprender cosas de sí misma y abrirse de verdad al respecto, eso quería decir que quería arrepentirse y cambiar. Sin embargo, posteriormente descubrí que no había cambiado y que su conducta incluso iba a peor.

La policía siguió y detuvo clandestinamente a otro colaborador, el cual siempre visitaba a quienes tenían un deber importante. Parecía bastante seguro que la policía los encontraría por medio de su vigilancia. Todo esto fue realmente inesperado. Pusimos en marcha debates de emergencia sobre cómo abordarlo para garantizar la seguridad de todos. Sin embargo, Chen apenas decía nada y parecía algo descontenta. Cuando necesitábamos opiniones conjuntas, tartamudeaba y no hablaba durante mucho rato. Esto repercutía mucho en nuestra estrategia. Recordé que, antes, cuando otros no estaban de acuerdo con su enfoque o ella no se sentía valorada, torcía el gesto en silencio y se negaba a participar en los debates. Yo no sabía qué se había comentado esta vez que la hubiera enojado. La situación era de gran urgencia. En cualquier momento podían detener a hermanos y hermanas en perjuicio de los intereses de la casa de Dios, pero ella parecía indiferente. Enfurecida, la ignoré y continué debatiendo con los demás. Avisamos a los que corrían peligro de que tenían que irse inmediatamente Ya eran más las 11 de la noche cuando lo hicimos y aún quedaba pendiente trabajo urgente, pero Chen estaba allí sentada con cara larga, totalmente inactiva. No decía nada o decía algunas palabras superficiales cuando algo requería un debate conjunto. Eso nos retrasó mucho. Cosas que podían haberse terminado bastante rápido nos llevaron hasta las 3 o las 4 de la madrugada. Eso no es ser caprichosa ni veleidosa, sino sabotear y entorpecer el trabajo. Después expuse y analicé su egoísmo y ruindad, que solo tenía en cuenta su reputación y estatus sin pensar en el trabajo de la iglesia. La naturaleza de eso es, en realidad, hacer de lacaya del gran dragón rojo y perturbar la labor de la casa de Dios. Algunos colaboradores más también hablaron de los problemas de ella. No obstante, sorprendentemente, señaló con insolencia: “Si todos creen que no sé hacer este trabajo, échenme. De todos modos, creo que no puedo asumir este deber”. Prosiguió: “No es que no quiera participar, sino que todos rechazan cualquier cosa que digo. Ha llegado a un punto en que no me queda confianza. ¿Qué puedo decir? Yo quiero ayudar con los problemas siempre, pero los demás se empeñan en hacerlo; ¿qué puedo hacer entonces? En cualquier caso, todos me consideran una líder inútil. Como no les importo, yo tampoco quiero colaborar con ustedes”. Todos nos escandalizamos con sus palabras. Seguía sin aceptar la verdad. Cuando recibió críticas, renunció al deber y hasta nos culpó, con lo que nos responsabilizó a nosotros. Incluso con un trabajo tan urgente, solo luchaba por la reputación y el estatus. Le faltaba mucha humanidad. Sin embargo, luego me pregunté si yo era demasiado enérgica, lo monopolizaba todo y la estaba dejando de lado. Cuando no había nada que repercutiera en su reputación o su estatus, participaba bastante y se le daba bien descubrir problemas en nuestra labor. No obstante, en este debate sí la ignoré al ver que no participaba. Si realmente le hubiera puesto la zancadilla, eso también habría sido cometer el mal. No añadí nada más después de pensar aquello.

Pero, al reflexionarlo más tarde, vi que Chen había actuado así muchas veces. Siempre que su reputación y estatus estaban involucrados, se ponía negativa, holgazaneaba, no le importaba el trabajo y ni mucho menos defendía el de la iglesia. ¿Cuál era el auténtico problema? Leí entonces un pasaje de las palabras de Dios. “Por muy ocupados que parezcan desde fuera, por mucho tiempo que se pasen corriendo por las calles, por mucho que se sacrifiquen, renuncien y se esfuercen, ¿se puede considerar que los que solo hablan y actúan en aras del estatus son los que buscan la verdad? (No). De ninguna manera. Por el estatus, pagarán cualquier precio. Por el estatus, padecerán cualquier dificultad. Por el estatus, no repararán en nada. Y por el estatus, se pelearán y discutirán con otras personas. Ni siquiera temen el riesgo de recibir castigo o retribución; actúan en aras del estatus sin pensar en las consecuencias. ¿Qué buscan estas personas? (Estatus). ¿Dónde está la similitud con Pablo? (En que van en pos de la corona). Van en pos de la corona de justicia, del estatus y el prestigio, y, en vez de buscar la verdad, consideran legítima la búsqueda de estatus y prestigio. ¿Cuál es la principal característica de estas personas? Que, en todos los sentidos, actúan en aras del estatus y el prestigio” (‘Solo en la búsqueda de la verdad hay entrada en la vida’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Con las palabras de Dios empecé a recordar la conducta de Chen en todo aquel tiempo. Parecía dispuesta a sufrir y pagar un precio, pero todo lo hacía por su reputación y estatus. Cuando yo me encargaba de su labor, enseguida se volvió fría conmigo porque se creyó un escalón por debajo. Se deprimió tanto que ya no quería cumplir con el deber. Le señalábamos problemas en su trabajo para ayudarla y a veces asignábamos tareas a otros en vez de a ella. Es lo más normal del mundo. No obstante, ella creía que eso la desprestigiaba, por lo que era insolente y malhumorada y se negaba a hablar, mientras esperaba que todos giráramos en torno a ella y le hiciéramos el centro de todo. Como líder, conocía la urgencia del trabajo posterior a las detenciones, pese a lo cual deseaba luchar por la reputación y la ganancia, saboteaba las cosas y se negaba a participar. No pensaba en la seguridad de los hermanos y hermanas ni defendía el trabajo de la casa de Dios. Con esto comprobé que no tenía el corazón en el lugar correcto, que solo sabía buscar la reputación y el estatus, no la verdad. Iba por una senda contraria a Dios. Tratamos de ayudarla y enseñarle muchísimas veces, pero era reacia y no lo admitía. Esa no es una persona que acepte la verdad. El principio más elemental de la elección de líderes es que busquen y acepten la verdad. Sin cumplir ese requisito, ¿en serio podía ejercer de líder?

Después, algunos debatimos si podía continuar Chen ejerciendo de líder. Según algunos, era caprichosa, lo que repercutía en el trabajo cuando no se satisfacía su deseo de estatus, pero cuando no estaban involucrados su reputación y estatus, era capaz de hacer algo de trabajo. Tenía apititud y capacidad y se ocupaba activamente de los problemas. Además, no se puede cambiar de inmediato el interés por el estatus, por lo que quizá solo necesitaba más ayuda de nuestra parte. Otra colaboradora dijo que, cuando Chen luchaba por la reputación y el estatus y parecía hostil, nos sentíamos limitados, pero que se llevaba bien con nosotros cuando nada amenazaba su estatus y que, tras cada incidente, lloraba y era capaz de aprender algo de sí misma, así que creía que Chen quería arrepentirse y cambiar. Asimismo, después de la última vez que habíamos destapado sus problemas, no estuvo negativa día tras día como antes, sino que volvió al trabajo al día siguiente. Esta colaboradora quería que esperáramos a ver, y si Chen seguía sin cambiar, no sería demasiado tarde para destituirla. Empecé a sentirme insegura cuando oí aquello. Todo ello me parecía cierto. Una vez que le señalábamos sus problemas, lloraba, hablaba abiertamente de su corrupción y volvía al deber como de costumbre. Si realmente quería arrepentirse, ¿no podía cambiar? Quizá debíamos esperar a ver, y si seguía perturbando la labor de la iglesia y repercutiendo en ella, podríamos destituirla entonces. Y sin más, dejé de lado el problema de Chen.

Sin embargo, Chen continuaba siendo veleidosa y malhumorada de vez en cuando, y a veces, cuando no estábamos de acuerdo con su opinión, lo consideraba un desaire. En ocasiones se disgustaba si algún colaborador hablaba conmigo un poco más que con ella, pues creía que teníamos mejor relación y que ella no nos importaba. Algunas veces, de pronto se disgustaba sin motivo aparente para mí. Todos nos sentíamos muy limitados por ella. No sabíamos qué habíamos dicho o hecho que le molestara tanto. A veces ni siquiera quería ir a casa tras los recados por lo difícil y agobiante que era estar con ella. Una vez fue a una iglesia a cambiar a algunos líderes. Comentamos con antelación que tenía que destituir sin falta a unos falsos líderes y obreros que no eran idóneos y mandar elegir a buenos líderes. Volvió un par de semanas después, impaciente por contarnos a todos que lo había investigado y había descubierto que una líder, Yang Chen, protegía a malhechores y anticristos, lo que generaba caos en la iglesia, y que se había enterado de que Yang Chen gozaba de las ventajas del estatus y no trabajaba de verdad, lo cual prácticamente paralizaba parte del trabajo de la iglesia. Añadió que Yang Chen era muy egoísta y astuta y que casi nunca decía una palabra cierta, que a los demás les faltaba discernimiento, los había engañado y la admiraban. Le señaló todas estas conductas a Yang Chen, que ni aceptaba la verdad, ni se conocía a sí misma ni tenía ningún pesar por lo que hacía. Por todo lo que decía Chen de ella, era una falsa líder de la cabeza a los pies. Le preguntamos a Chen si la había destituido. Se bloqueó un poco, pensó un momento y respondió: “Esa era mi sensación, pero no estaba totalmente segura de cuáles eran sus problemas, así que no la destituí”. Me enojé un poco por aquello. Reflexioné: tuvo claro que Yang Chen era una falsa líder, pero no la destituyó inmediatamente y la dejó en su puesto. ¿Eso no perjudicaba a los hermanos y hermanas? ¡Protegía a una falsa líder y dificultaba el trabajo de la casa de Dios! Convocamos a Chen por estas cosas y en ese momento parecía bastante descontenta. Se defendió argumentando que le faltaba discernimiento para entender las cosas. Luego, al notar que su actitud defensiva era demasiado descarada, fingió hacer introspección de nuevo. Señaló que no le faltaba discernimiento acerca de Yang Chen, sino que trataba de preservar su estatus por temor a que dijéramos que daba largas y era ineficiente, con lo que regresó deprisa y no destituyó a Yang Chen a tiempo. Ni siquiera después tuvo Chen ninguna clase de entendimiento o pesar por no destituir inmediatamente a una falsa líder. Poco después fue a otra iglesia a cambiar a algunos líderes. Era consciente de que uno de ellos no hacía un trabajo práctico, sino que siempre hablaba con suficiencia de doctrina, de que era un falso líder. Y había dos diáconos: una siempre aprovechaba su posición para reprender, oprimir y disciplinar a la gente, y el otro carecía de aptitud para el trabajo práctico. Los principios exigían su destitución. Al final, como Chen solo destituyó a ese líder de la iglesia, le pregunté por qué no había destituido a los dos diáconos. Me contestó que temía que los líderes y diáconos dijeran que le faltaba amor, y los demás, que era arrogante y ruin y que no daba una oportunidad a la gente. Puso un montón de excusas más. Cada vez que salía esto posteriormente, Chen sonreía; no tenía ni pizca de remordimiento por no haberlos destituido a tiempo. Habíamos hablado infinidad de veces de la importancia de este tipo de labor. Hacía años que Chen era líder y no es que no conociera el perjuicio de los falsos líderes y obreros a la iglesia, pero, por preservar su reputación y estatus, se ponía una y otra vez de parte de los falsos líderes y los protegía. Era un grave impedimento al trabajo de la iglesia. Cuando le hablamos de la naturaleza de sus actos, puso un montón de excusas, pero no tenía autoconocimiento, y ni mucho menos pesar o sensación de culpa. ¿Qué clase de persona era? Con esta pregunta en la cabeza, busqué a Dios en oración y hablé con mis colaboradores.

Después leí un pasaje de las palabras de Dios: “La actitud arquetípica de los anticristos hacia el trato y la poda consiste en negarse vehementemente a aceptarlos o admitirlos. Por más maldad que hayan cometido, por mucho daño que hayan causado a la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios y a la obra de Su casa, no sienten el menor remordimiento ni que deban algo. Desde este punto de vista, ¿tienen humanidad los anticristos? (No). Han causado toda clase de daño al pueblo escogido de Dios, han perjudicado tanto todas las distintas obras de Su casa, esto es sumamente evidente para el pueblo escogido de Dios, y este ha visto los actos malvados de los anticristos, uno tras otro. Y sin embargo los anticristos no aceptan ni reconocen este hecho; con obstinación, no reconocen error alguno, no admiten que están equivocados, que son responsables. ¿Acaso no es esto un indicio de que están hartos de la verdad? Este es el extremo hasta el cual los anticristos están hartos de la verdad, y permanecen inflexibles hasta el final. Esto demuestra que ellos jamás han tomado en serio las palabras de Dios, las verdades que Él expresa y la obra que hace. No han venido por creer en Dios; son esbirros de Satanás que vinieron a perturbar e interrumpir la obra de la casa de Dios. Solo hay reputación y estatus en su corazón. Creen que si llegaran a reconocer su error, tendrían que asumir la responsabilidad y, entonces, su estatus y prestigio se verían gravemente comprometidos. Así que se niegan férreamente a reconocerlo, no lo admiten de ninguna manera, y aunque sí lo admitan en su interior, seguirán sin hacerlo de puertas afuera, creyendo que una vez que lo admitan, todo habrá acabado para ellos. En resumidas cuentas, sea su negación intencional o no, esto se relaciona, por un lado, con la naturaleza y esencia de hartazgo y odio hacia la verdad de los anticristos. ¿Y qué muestra por el otro? Muestra lo mucho que valoran los anticristos sus propios intereses. ¿Cuál es, entretanto, su actitud hacia la casa de Dios y los intereses de la iglesia? Es una actitud de desprecio y negación de la responsabilidad. No tienen humanidad. Que los anticristos eludan su responsabilidad, ¿es demostración de estos problemas? (Sí). Por una parte, eludir la responsabilidad representa una actitud de hostilidad hacia la verdad; por otra, muestra su falta de humanidad. Por mucho que perjudiquen los intereses de otras personas, no se lo recriminan a sí mismos y nunca se inquietarían por ello. ¿Qué clase de criaturas son estas? Aunque solamente lo reconocieran en su interior y pensaran: ‘Sí, tuve que ver con esto, pero no todo fue culpa mía’, incluso esta pequeña admisión se podría considerar que tiene algo de humanidad, de conciencia, una base moral, pero los anticristos ni siquiera tienen ese pequeño grado de humanidad. Entonces, ¿qué os parece a vosotros que son? (El diablo). La esencia de esas personas es el diablo. No ven el tremendo daño que han hecho a los intereses de la casa de Dios, no se inquietan ni remotamente por dentro ni se hacen reproches, y ni mucho menos se sienten en deuda. ¿Son sus corazones siquiera de carne y hueso? ¿Son siquiera personas? Esto no es para nada lo que se debería atisbar en la gente normal. Esto es el diablo” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). En las palabras de Dios descubrí que los anticristos no aceptan ni de lejos la verdad, sino que la desprecian por naturaleza. Cuando los podan y tratan con ellos, ponen excusas y se niegan a aceptarlo. Por mucho que sus actos perjudiquen a los hermanos y hermanas o el trabajo de la casa de Dios, no se sienten mal y, sobre todo, no se arrepienten ni sienten culpa. Cuando alguien delata su maldad, nada más que por preservar su imagen, mueren antes que reconocerla. Son displicentes e irresponsables hacia el trabajo y los intereses de la casa de Dios; e incluso están dispuestos a sacrificar los intereses de esta y de los hermanos y hermanas en aras de su reputación y estatus. Carecen de toda conciencia y razón y no tienen humanidad. Son demonios, Satanás. Me percaté de que toda la conducta de Chen era exactamente la misma que revela Dios sobre los anticristos. En todo lo que hacía defendía su reputación y estatus. Cuando, tras la detención, había un trabajo que exigía un debate urgente, como sus sugerencias no fueron aceptadas por todos, creyó que no la tomábamos en serio, así que torció el gesto y se negó a participar en las decisiones, lo que nos retrasó. Era muy consciente de que Yang Chen era una falsa líder que no trabajaba realmente, pese a lo cual no la destituyó y dejó que siguiera perjudicando a los miembros de la iglesia. Como los diáconos de otra iglesia no eran aptos, a fin de preservar su estatus, no los destituyó y dejó que continuaran perjudicando a los hermanos y hermanas. Cuando la convocamos por ello, se resistió a admitirlo, puso excusas y mintió descaradamente. Después se demostró que los líderes de esas dos iglesias eran unos anticristos. Hacían mucho mal y encendían los ánimos. No obstante, a Chen no le remordían sus malas acciones, su alianza y su protección hacia unos falsos líderes y anticristos. Hasta tenía una sonrisa en el rostro. Esto me demostró que, por naturaleza, despreciaba, detestaba la verdad, y tenía mala humanidad. Era un demonio, Satanás, un anticristo.

Más tarde miré una lectura en video de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “El aprecio de los anticristos por su estatus y prestigio va más allá del de la gente normal y forma parte de su carácter y esencia; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos; por ende, es su esencia. Es decir, en todo lo que hace un anticristo, lo primero en lo que piensa es en su estatus y su prestigio, nada más. Para un anticristo, el estatus y el prestigio son su vida y su objetivo durante toda su existencia. En todo lo que hace, lo primero que piensa es: ‘¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi prestigio? ¿Me dará prestigio hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la mentalidad de la gente?’. Eso es lo primero que piensa, lo cual es prueba fehaciente de que tiene el carácter y la esencia de los anticristos; si no, no se esforzaría así. Se puede decir que, para un anticristo, el estatus y el prestigio no son un requisito añadido, y ni mucho menos algo superfluo de lo que podría prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de estatus y prestigio; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? El estatus y el prestigio están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello por lo que se esfuerzan día tras día. Por eso, para los anticristos el estatus y el prestigio son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, aquello por lo que se esfuercen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un puesto alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejarlo de lado. Estos son el verdadero rostro y la esencia de los anticristos. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin renunciar al estatus y al prestigio; puedes dejarlos en medio de un grupo de gente normal e, igualmente, no piensan más que en el estatus y el prestigio. Una vez que adquieren la fe, consideran que su estatus y prestigio son equiparables a la búsqueda de la fe en Dios; es decir, a medida que van por la senda de la fe en Dios, también van en pos del estatus y el prestigio. Se puede decir que creen de corazón que la fe en Dios y la búsqueda de la verdad son la búsqueda del estatus y el prestigio; que la búsqueda del estatus y el prestigio es también la búsqueda de la verdad, y que adquirir estatus y prestigio supone adquirir la verdad y la vida. Si les parece que no tienen prestigio ni estatus, que nadie les admira ni les venera ni les sigue, entonces se sienten muy frustrados, creen que no tiene sentido creer en Dios, que no vale de nada, y se dicen: ‘¿Es tal fe en Dios una pérdida de tiempo? ¿Es inútil?’. A menudo reflexionan sobre esas cosas en sus corazones, sobre cómo pueden hacerse un lugar en la casa de Dios, cómo pueden tener una reputación elevada en la iglesia, con el fin de que la gente los escuche cuando hablan, y los apoyen cuando actúen, y los sigan dondequiera que vayan; con el fin de tener una voz en la iglesia, una reputación, de disfrutar de beneficios y poseer estatus; tales son las cosas que consideran a menudo. Estas son las cosas que buscan esas personas. ¿Por qué están pensando siempre en esas cosas? Tras leer las palabras de Dios, tras escuchar sermones, ¿realmente no entienden todo esto? ¿De verdad no son capaces de discernirlo todo? ¿Realmente las palabras de Dios y la verdad no pueden cambiar sus nociones, ideas y opiniones? No es así en absoluto. El problema comienza con ellos, se debe enteramente a que no aman la verdad, porque, en sus corazones, detestan la verdad, y como resultado, son totalmente insensibles a ella, lo cual viene determinado por su naturaleza y esencia” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Al meditar las palabras de Dios, entendí que los anticristos codician especialmente la reputación y el estatus. Estén donde estén, hagan lo que hagan, solo piensan en si los demás los admirarán y valorarán, en si tendrán autoridad para decidir. Si no pueden lograr eso, se desilusionan enormemente y llegarán a perder el interés por tener fe y cumplir con un deber. En su interior, la reputación y el estatus están por encima de todo. Sin importar lo que pase a su alrededor ni cuántas palabras de Dios escuchen, jamás cambian de búsqueda. Y por su imagen y sus intereses, incluso lucharán contra Dios y contra la verdad hasta el fin. Recordé la conducta de Chen. Valoraba tanto su reputación y estatus por encima de todo que se habían convertido en su vida. Siempre peleaba por la autoridad para tomar decisiones finales y se volvía maliciosa y malhumorada cuando no lo conseguía. Hasta saboteaba a otras personas e instigaba problemas. Había perdido por completo toda razón humana correcta. Cuando estaban involucrados los intereses de la iglesia, priorizaba igualmente su reputación y estatus. Sin importar lo urgente que fuera algo para la labor de la casa de Dios ni si otros corrían peligro, a ella no le importaba. A veces era plenamente consciente de que era una influencia perturbadora, pero quería preservar su estatus de todos modos. Chen fue líder durante años. Sabía que los falsos líderes y anticristos requerían la destitución inmediata, pero solamente quería preservar su estatus, por lo que, al ver que los falsos líderes y anticristos cometían todo tipo de mal y perturbaban la labor de la iglesia, los protegía completamente. Esto perjudicaba la labor de la iglesia y dañaba gravemente la entrada en la vida de sus miembros. Era cómplice del mal, descaradamente en contra de Dios. Recordé este pasaje de las palabras de Dios: “Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo tienen un carácter satánico corrupto, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada en la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás” (‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Ella era líder, pero ni de lejos defendía los intereses de la casa de Dios. Cuanto más grave o urgente fuera algo, más constituía ella un obstáculo. Siempre era así. No era simplemente que mostrara cierta corrupción o le faltara discernimiento por un momento. Perturbaba y saboteaba a sabiendas el trabajo de la casa de Dios. Eso es justo lo descrito por Dios como “el auténtico diablo Satanás”. Según los principios, hay que destituir a esa clase de persona de la iglesia. Cuanto más meditaba las palabras de Dios, más claro estaba. Vi lo ciega y necia que había sido. Tan solo había sido tolerante hacia esta malhechora, este anticristo, y la había considerado una hermana. Pensaba que simplemente era joven e inestable, que tenía dones, aptitud y competencia, así que no dejé de ayudarla, de sustentarla y de darle oportunidades con amor. Yo también estaba protegiendo a una falsa líder, a un anticristo, con lo que el trabajo de la casa de Dios se vio perjudicado. Oré a Dios con dolor y culpa: “Dios mío, no tenía discernimiento. Protegí a una falsa líder, a un anticristo, por lo que cometí una grave transgresión ante Ti. Dios mío, deseo arrepentirme. Te pido que me guíes para dar la cara, delatar la maldad de Chen y proteger el trabajo de la iglesia”.

Más tarde, otros colaboradores y yo redactamos una carta conjunta de denuncia a Chen y luego le expusimos y analizamos sus malas acciones en persona. Parecía sentirse ofendida y no comprender su conducta lo más mínimo. Me acordé de unas palabras de Dios: en el léxico de una persona malvada no está la palabra “arrepentimiento”. Tuve una certeza aún mayor de que, por naturaleza, Chen detestaba y despreciaba la verdad. Sin importar cuánta maldad cometiera ni los fracasos que experimentara, era imposible que se arrepintiera sinceramente. La destituimos según los principios. Tras su destitución del puesto, no hizo la menor introspección. Siguió criticando la falta de amor en la casa de Dios y terminó por renunciar a su fe. Con esto descubrí que Chen se encontraba entre los anticristos, los incrédulos delatados por medio de la obra de Dios. La iglesia la expulsó oficialmente.

Más adelante, yo hice introspección. ¿Por qué no vi a un anticristo que había justo a mi lado? ¿Qué me faltaba para tener ese discernimiento? Con esta reflexión me di cuenta de que, después de cada vez que ella peleaba por su imagen, se sinceraba sobre su conducta y sus pensamientos, y a veces hasta lloraba. Me suponía que le preocupaba el estatus, pero que era capaz de aceptar la verdad y quería arrepentirse. Hacía cosas perturbadoras e irracionales porque era joven, inestable, sujeta a su corrupción e incapaz de frenarse. Así, yo le brindaba, sobre todo, enseñanzas y ayuda, y siempre procuraba hacer introspección y comprenderme. Asimismo, cuando no estaban involucrados su reputación y estatus, se llevaba bien con los demás y llevaba una gran carga en el deber. Me engañó esta falsa imagen que creó. Después miré otro video de lectura de las palabras de Dios que me ayudó mucho a entenderlo. Dios Todopoderoso dice: “Independientemente de los medios por los que los anticristos engañan a la gente y tratan de atraparla, una cosa es cierta: En aras de su propio poder y estatus, se devanarán los sesos y utilizarán todos los medios a su disposición para lograr sus objetivos. Otra cosa también es segura: Hagan lo que hagan, no están cumpliendo con su deber, y ni mucho menos lo hacen para cumplirlo bien, sino para alcanzar su objetivo de tomar el poder dentro de la iglesia. Es más, da igual lo que estén haciendo, nunca tienen en cuenta los intereses de la casa de Dios, y mucho menos tienen consideración alguna hacia los intereses de los escogidos de Dios. Nunca encontrarás ninguna de estas cosas en el diccionario del anticristo; ambas están naturalmente ausentes en ellos. No importa qué nivel tengan como líderes, sienten una completa indiferencia hacia los intereses de la casa de Dios y de los escogidos. En su cabeza, los intereses y el trabajo de la casa de Dios no tienen nada que ver con ellos. Desprecian ambas cosas; solo les preocupa su propio estatus y sus intereses. […] A veces, si son denunciados por realizar demasiadas acciones malvadas y lo descubre lo alto, sentirán que están a punto de perder su estatus, por lo que llorarán amargamente, y en apariencia parecerán arrepentirse y volverse hacia Dios. Pero ¿cuál es la verdadera razón de sus lágrimas? ¿Por qué sienten remordimientos? Su tristeza y angustia provienen del hecho de que ya no ocupan un lugar en el corazón de la gente y han perdido su propio estatus y reputación. Ese es el motivo de sus lágrimas. Al mismo tiempo, contemplan los próximos pasos para consolidar su estatus y aprender de sus fracasos. A juzgar por lo que se manifiesta en los anticristos, nunca se arrepienten ni sufren por sus propias transgresiones y las actitudes corruptas que se revelan en ellos, y mucho menos podrían tener una verdadera comprensión de estas cosas y arrepentirse. Incluso si se arrodillan ante Dios derramando lágrimas por sus rostros, reflexionando sobre sí mismos y maldiciéndose, esto sigue siendo un subterfugio, uno que algunos creen auténtico. Puede ser que sus emociones en esos momentos sean genuinas, pero recordad que los anticristos nunca son capaces de arrepentirse de verdad. Incluso si llega un día en el que son expuestos y eliminados, nunca se arrepentirán de verdad, solo admitirán que fracasaron, que la estratagema no funcionó. ¿Por qué digo esto? Se basa en la naturaleza de los anticristos: Nunca pueden aceptar la verdad. Por lo tanto, su autoconocimiento es siempre falso” (‘Engañan, atraen, amenazan y controlan a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). En las palabras de Dios descubrí que los anticristos son demonios, malvados y astutos por naturaleza, y que tienen unas tácticas de engaño sumamente ingeniosas. A veces parecen cariñosos, tolerantes y pacientes con los demás, pero en cuanto se ven involucrados sus intereses, son capaces de todo por atacar y rechazar a otros. Así es como notas que sus supuestos cariño, paciencia y tolerancia son falsos. En ocasiones, puede que lloren amargamente, se conozcan y se maldigan a sí mismos, pero no es auténtico arrepentimiento. Lo hacen para despistar y controlar a otros, para consolidar su posición. Rememoré detenidamente todas las veces que traté con Chen. Se llevaba normal con nosotros cuando no estaban involucrados su reputación y estatus, pero en cuanto lo estaban, mostraba otra cara al instante. Cuando se encargaba de mi trabajo, era servicial y solidaria, pero cuando yo me encargué del suyo, de pronto se volvió muy fría hacia mí y me saboteó por celos. Cuando le señalábamos sus problemas, no era nada receptiva y hasta ponía excusas. Nos responsabilizaba y atacaba. Luego sí hablaba abiertamente de la corrupción que había exhibido y lloraba mientras afirmaba querer cambiar y arrepentirse, pero no se producía absolutamente ningún cambio en ella. Su autoconocimiento y su sinceridad eran trucos de Satanás. Quería despistarnos con ellos para que creyéramos que se comprendía a sí misma y no viéramos cómo era realmente. De ese modo preservaría el lugar que ocupaba. También quería que nos pusiéramos de su parte, que fuéramos empáticos y comprensivos. Con su autoconocimiento quería dar gato por liebre a la gente. Era algo verdaderamente artero y malvado. Eran meras lágrimas de cocodrilo y, si no estabas alerta, era fácil dejarse engañar, dejarse confundir por ella. Los que realmente tienen conciencia y razón, que tienen humanidad, se llenan de pesar y se detestan en cuanto hacen algo que es malo para la casa de Dios o interrumpe su trabajo. Posteriormente quieren hacer todo lo posible por subsanarlo y, en el fondo del corazón, desean arrepentirse y cambiar. Sin embargo, Chen era justo lo contrario. Por mucho perjuicio que ocasionara al trabajo de la casa de Dios, no se arrepentía ni se sentía mal en absoluto y no lloraba porque detestara el mal que había cometido. Cuando después le exponíamos sus malas acciones, no se arrepentía para nada. Contraatacaba en falso acusando a la casa de Dios de falta de amor. Esto demostraba que no aceptaba la verdad en absoluto. Por naturaleza, detestaba la verdad y era muy inflexible y ruin. Sin duda exhibía íntegramente la naturaleza y esencia de un anticristo. Entonces descubrí por fin que no discernir la naturaleza, las características y las tácticas de engaño de los anticristos implica que es fácil confundir a quien tiene la esencia de un anticristo con alguien con el carácter de un anticristo, ser luego amable con los diablos sin reflexionar y hacer sin querer algo contra Dios.

Tras todo esto, percibí realmente la importancia de aprender a discernir a los falsos líderes y anticristos. Nunca me centraba en aprender las verdades relativas al discernimiento. Tenía una idea básica, una comprensión general de la conducta de los falsos líderes y anticristos, por lo que no vi al que tenía justo al lado. Protegí a un anticristo sin saberlo, lo que me produjo mucho pesar y culpa. Además, por mi experiencia, aprender la verdad y a discernir es el único modo de hacer la voluntad de Dios en momentos críticos, de delatar a los falsos líderes y anticristos y proteger la casa de Dios. Agradezco a Dios que dispusiera esta situación real para mí y que me guiara con Sus palabras, lo cual me ha aportado discernimiento respecto a los anticristos y cierta comprensión de mis defectos. Ahora tengo una experiencia profunda de la importancia de buscar la verdad. ¡Aprendí esto gracias a la guía y las bendiciones de Dios! ¡Demos gracias a Dios!

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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