Una lección a partir de una destitución

16 Abr 2023

El año pasado era predicadora responsable del trabajo con textos de varias iglesias. Descubrí que no estaba obteniendo buenos resultados el trabajo con textos de la iglesia de Chengnan. Los obreros eran negligentes e ineficaces en el deber y habían dejado que se acumulara el trabajo. Para la supervisora, la líder del grupo, Zhang Xiao, era negligente, no admitía sus fallos y no había cambiado ni siquiera después de hablar con ella, así que había que vigilarla. Pensé: “Zhang Xiao era compañera mía. Tal como la entendía yo, le faltaba entrar en la vida, pero era de buena humanidad. Si le enseño de forma clara, debería ser capaz de admitirlo. ¿Acaso la está tratando injustamente su supervisora?”. A la supervisora la acababan de elegir y no conocía la situación tanto como yo, por lo que fui directa a la iglesia a ver cómo estaba todo. Pregunté a Zhang Xiao los pormenores del trabajo, pero ella no los había entendido ni captado, no hacía más que inventar excusas para eludir su responsabilidad y no reflexionaba en absoluto. Entonces le expuse y le hablé de sus problemas a Zhang Xiao. Admitió que últimamente no hacía un trabajo práctico y afirmó querer arrepentirse. Al oírlo, pensé: “Que afirme querer arrepentirse indica que todavía puede aceptar la verdad”. Le recordé que anteriormente había sido destituida como supervisora, que poder cumplir con ese deber era una oportunidad de arrepentirse y que, si seguía actuando por inercia, sería destituida. Compungida, Zhang Xiao dijo: “Me implicaba mucho cuando empecé en este deber, pero, al obtener resultados, me confié y dejé de hacer un trabajo práctico. Según la supervisora, era negligente e irresponsable, pero yo no lo admití. Realmente me falta conocerme”. Lloraba mientras hablaba y, entre lágrimas, señaló: “Soy muy negligente. No soy digna de permanecer en este deber, pese a lo cual la iglesia me da una oportunidad. Me arrepentiré y compensaré mis transgresiones”. Al oírlo, pensé: “Está dispuesta a arrepentirse, así que no hay que pedirle demasiado. Con todo, no adquirirá de golpe un autoconocimiento más profundo”. Le hablé de los problemas en su trabajo, le di sendas de práctica y dispuse que la hermana Lin Fan los orientara a ella y a su grupo. Una vez dispuesto todo, me fui tranquila.

Poco después, la supervisora me informó que le había pedido a Zhang Xiao que repasara los errores en el trabajo, pero ella había tardado varios días y no había escrito nada. La supervisora le insistió, pero ella intentó ponerle peros diciendo que solo trabajaba por la reputación y el estatus. ¿No afirmó Zhang Xiao que quería arrepentirse? ¿Por qué era de esa forma? ¿Todavía no había cambiado? Luego me enteré por Lin Fan de que Zhang Xiao había hecho introspección. Había pedido otro mes y, si para entonces no se había arrepentido, quería ser expulsada. Pensé: “Está muy decidida a arrepentirse esta vez. Eso dijo. Seguro que mejora su conducta después de esto. Como su entrada inicial en la vida era superficial, no puede cambiar con un par de enseñanzas. Mejor le doy otra oportunidad”. En días posteriores redactó unas cartas sobre cómo cumplir bien con un deber en la pandemia, y se reactivó un poco el trabajo del grupo. Creía que se había arrepentido de veras, por lo que dejé de vigilar tan de cerca su trabajo.

Un par de días después, Lin Fan me escribió que Zhang Xiao y su grupo habían dejado acumularse bastante trabajo y que, aunque parecían ocupados, no eran muy eficientes. Las cartas de Zhang Xiao eran repetitivas o estaban plagadas de contenidos irrelevantes y ella era igual de negligente que antes. Lin Fan había ayudado y hablado con el grupo, pero ellos no habían demostrado tener prisa. Como líder del grupo, Zhang Xiao no había mostrado remordimiento alguno por demorar el trabajo. La lectura de este pasaje me dejó sin palabras. No sabía que era tan escasa la eficacia en el trabajo. Creí equivocadamente que se arrepentirían tras mi enseñanza. Era responsabilidad mía que el trabajo hubiera llegado a esto. Me odié a mí misma y tuve ganas de abofetearme por ser tan ciega e ignorante y por confiar tanto en Zhang Xiao. Vi que había ocasionado perjuicios al trabajo, y cuanto más lo pensaba, peor me sentía. Oré a Dios para pedirle que me guiara a fin de comprender mis problemas.

Luego leí la palabra de Dios. “A los falsos líderes no les resulta posible ver la naturaleza y esencia de alguien a través de lo que se manifiesta en él ni juzgar qué tipo de senda recorre una persona basándose en su naturaleza y esencia; tampoco dilucidar si una persona es apta o no para ser supervisor ni para el trabajo de líder basándose en la senda que recorre. Son incapaces de verlo de esa manera. Los falsos líderes solo son capaces de hacer dos cosas en su trabajo: una, alentar a la gente a charlar y a actuar por inercia; dos, dar oportunidades a la gente, complacer a los demás y no ofender a nadie. ¿Hacen un trabajo práctico? Claro que no. Sin embargo, los falsos líderes creen que alentar a alguien a charlar es un trabajo práctico. Consideran estas conversaciones muy valiosas e importantes, y las palabras y doctrinas vacías que sueltan, sumamente trascendentales. Creen haber resuelto problemas importantes por medio de estas conversaciones y haber hecho un trabajo práctico. No saben por qué Dios juzga, castiga, poda, trata, prueba y refina a la gente. No saben que únicamente las palabras de Dios y la verdad pueden corregir el carácter corrupto del hombre, y simplifican enormemente la obra de Dios y Su salvación de la humanidad. Creen posible suplir la obra de Dios con unas pocas palabras y frases de doctrina, que eso puede resolver el problema de la corrupción del hombre. ¿Esto no es necedad e ignorancia por parte de los falsos líderes? Los falsos líderes no tienen la más mínima realidad de la verdad; entonces, ¿por qué están tan seguros? ¿Basta con soltar unas cuantas doctrinas para que la gente se conozca a sí misma? ¿Basta con eso para ayudarla a despojarse de su carácter corrupto? ¿Cómo pueden ser tan ignorantes e infantiles estos falsos líderes? ¿Es realmente tan sencillo corregir las prácticas erróneas y la conducta corrupta de una persona? ¿Así de fácil se resuelve el problema de las actitudes corruptas del hombre? ¡Qué necios y superficiales son los falsos líderes! Dios no emplea un único método para resolver el problema de la corrupción del hombre. Emplea muchos métodos y orquesta distintas situaciones para revelar, purificar y perfeccionar a la gente. La forma de trabajar de los falsos líderes es demasiado simple y superficial: hacen un aparte con la gente para charlar, luego un poco de trabajo ideológico, le dan un pequeño consejo y piensan que eso es trabajo real. Qué superficial, ¿verdad? ¿Y qué problema se esconde detrás de esta superficialidad? ¿Se trata de ingenuidad? Los falsos líderes son extremadamente ingenuos respecto a su visión de la gente y las cosas. No hay nada más difícil de arreglar que las actitudes corruptas de la gente. ‘Un leopardo no puede cambiar sus manchas’. Los falsos líderes no tienen ninguna percepción de este problema. Por tanto, cuando se trata del tipo de supervisores en la iglesia que perturban de manera constante, que siempre refrenan a la gente, que son susceptibles de ponerles las cosas difíciles a los demás, los falsos líderes no hacen más que hablar, les basta con un par de palabras de trato y poda. No son rápidos a la hora de reasignar o reemplazar a las personas. La manera de hacer las cosas de los falsos líderes causa un tremendo daño a la obra de la iglesia, y a menudo impide que esta obra progrese con normalidad, fluidez y eficacia, porque se demora, se retrasa y acaba dañada como resultado de la interferencia de unas pocas personas malvadas; todo esto es consecuencia fatal de que los falsos líderes actúen según sus emociones, violando los principios de la verdad y empleado a la gente inadecuada(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Con la revelación de las palabras de Dios descubrí que mis mayores problemas eran que no juzgaba bien a los demás y era arrogante. Dice Dios que, para juzgar si una persona es digna de continuar o de recibir capacitación, debemos fijarnos en su naturaleza, su esencia y la senda por la que va. Pero yo juzgaba las apariencias. Sin importar sus problemas, siempre que la persona afirmara querer arrepentirse tras hablar con ella, yo la mantenía porque creía que cambiaría. Igual que cuando traté con Zhang Xiao: me fié de mi entendimiento previo de ella y decidí que era capaz de aceptar la verdad. Estaba muy segura de mí misma. En esa visita a la iglesia me quedó claro que ella era negligente y que no hacía un trabajo práctico, y, como aún no había cambiado tras la enseñanza y la ayuda de la supervisora, debería haber sido tratada y revelada duramente, y destituida si seguía sin arrepentirse. Pero, después de hablar con ella, vi que lloraba y afirmaba querer arrepentirse, y la creí. Luego dejé de supervisarla y no comprobé si realmente se había arrepentido. Confiando en mí misma, no me lo tomé en serio cuando la supervisora comentó su situación. Creí que, dado que había hablado con ella y había dicho que estaba dispuesta a cambiar, teníamos que darle tiempo. Sin embargo, a decir verdad, Zhang Xiao no cambió y no entendía su ausencia de trabajo práctico ni los perjuicios que le había acarreado al trabajo. Su actitud fue tan negligente como siempre, lo que ocasionó una eficacia bajísima en el trabajo. Vi que era una falsa líder del tipo revelado por Dios. Yo era arrogante, ignorante y ciega. Era obvio que no tenía la realidad de la verdad ni la capacidad de percibir la esencia de la gente, pero pensaba que era perspicaz y que mis palabras de enseñanza valían su peso en oro. Cuando Zhang Xiao hizo ciertas afirmaciones y lloró un poco, me la creí totalmente y después, en realidad, no investigué ni hice seguimiento de las cosas, lo que perjudicó el trabajo. Estaba cometiendo el mal. Rememoré otro pasaje de la palabra de Dios: “Si bien hoy en día muchas personas cumplen con su deber, son pocas las que buscan la verdad. Rara vez las personas buscan la verdad y entran en la realidad de la verdad mientras cumplen con su deber; para la mayoría, todavía no hay principios en su forma de hacer las cosas, todavía no son personas que obedezcan verdaderamente a Dios; sus bocas simplemente dicen que aman la verdad, y están dispuestos a buscarla, y a luchar por ella, pero todavía no se sabe cuánto durará su determinación. Las personas que no buscan la verdad son susceptibles de tener desbordes de un carácter corrupto en cualquier momento o lugar. Las personas que no buscan la verdad carecen de cualquier sentido de responsabilidad hacia su deber, suelen ser descuidadas y superficiales, actúan como les da la gana, e incluso son incapaces de aceptar la poda y el trato. En cuanto se vuelven negativas y débiles, las personas que no buscan la verdad son susceptibles de tirar la toalla; esto ocurre a menudo, no hay nada más común; así se comportan todos los que no buscan la verdad. Y así, cuando las personas aún no han obtenido la verdad, son poco fiables y no se puede confiar en ellas. ¿Qué significa que no son de fiar? Significa que cuando se encuentran con dificultades o contratiempos, es probable que se derrumben y se vuelvan negativas y débiles. ¿Es alguien que suele ser negativo y débil digno de confianza? Por supuesto que no. Pero las personas que entienden la verdad son diferentes. Las que realmente entienden la verdad están obligadas a tener un corazón que teme y obedece a Dios, y solo las personas con un corazón que teme a Dios son dignas de confianza; las que no tienen un corazón que teme a Dios no lo son. ¿Cómo se debe abordar a las personas que no tienen un corazón que teme a Dios? Por supuesto, hay que proporcionarles ayuda y apoyo afectuosos. Hay que vigilarlas más a medida que cumplen con su deber, y ofrecerles más ayuda y orientación; solo así se puede garantizar que cumplan con su deber de forma eficaz. ¿Y cuál es el objetivo de hacer esto? El objetivo principal es mantener la obra de la casa de Dios. El objetivo secundario es identificar con prontitud los problemas, atenderlos, apoyarlos y tratarlos y podarlos, corrigiendo sus desviaciones y supliendo sus carencias y deficiencias. Esto es beneficioso para las personas; no existe nada malicioso en ello. Supervisar a las personas, vigilarlas, llegar a conocerlas, todo esto es para ayudarlas a entrar en el camino correcto de la fe en Dios, para que puedan cumplir con su deber como Dios pide y según los principios, para que no causen ninguna perturbación o interrupción, para que no malgasten el tiempo. El objetivo de hacer esto nace por completo de la responsabilidad hacia ellos y hacia la obra de la casa de Dios; no hay ninguna malicia en ello(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). La palabra de Dios me recordó claramente que, antes de alcanzar la verdad y la perfección, la gente vive de acuerdo con su carácter corrupto y es indigna de confianza. Por más que una persona parezca buscar la verdad y llevar una carga en el deber, puede que, no obstante, tropiece y caiga o que haga en ocasiones cosas contrarias a los principios. Los líderes deben supervisarla para descubrir los problemas y darle indicaciones oportunas. Si es algo de naturaleza grave, es preciso tratarla, revelarla y analizarla. Esto es responsabilizarse del trabajo de la iglesia y de la entrada de la gente en la vida. Yo tenía muchísimos defectos e imperfecciones en el deber y solía actuar en función de mi carácter corrupto. No era una persona confiable, pero enseguida confiaba en otros. No supervisé ni hice seguimiento a Zhang Xiao, una persona realmente negligente con dificultades para aceptar la verdad. A tenor únicamente de mi entendimiento previo de ella, concluí que su entrada en la vida era superficial y que no haría nada que perturbara o interrumpiera la labor de la iglesia. En consecuencia, no me ocupé de sus problemas en tiempo y forma y dejé que se quedara e interrumpiera el trabajo grupal. ¡Qué irresponsable y engreída fui!

Más tarde pregunté a la supervisora por la situación del grupo y analicé su poca eficiencia. La supervisora me contestó: “Zhang Xiao es de carácter arrogante y suele rechazar las sugerencias aduciendo que es líder de grupo. Se resiste siempre que hago seguimiento de su trabajo e intenta ponerme peros diciendo que trabajo por la reputación y el estatus. Es ineficaz, y cuando hablamos de sendas de práctica, dice que no puede practicarlas e impide a los demás que lo hagan. Cuando una hermana le dio una sugerencia, fue incapaz de aceptarla y hasta trató con ella, lo que mermó su motivación para el deber. Por su culpa, varias hermanas se sienten limitadas y negativas en el deber. Una incluso lo dejó del todo”. Me embargaron la vergüenza y la culpa cuando oí esto. Era evidente que la ineficiencia del grupo se debía a los problemas de Zhang Xiao. No solo era negligente, descuidada y carente de buena humanidad, sino que no seguía la marcha del trabajo del grupo como líder y, en vez de cooperar con la supervisora en el seguimiento del trabajo, generaba interrupciones. Iba por la senda de un anticristo. Me odié por ser tan arrogante. Si hubiera analizado antes las cosas, no habría sido tanta la repercusión sobre el trabajo. Al día siguiente, la supervisora y yo hablamos con Zhang Xiao de sus problemas, pero no paró de poner excusas y no mostró indicios de introspección, con lo cual fue destituida.

Posteriormente me pregunté: “Cuando revelé a Zhang Xiao y la vi llorar y hablar de autoconocimiento, creí que se había arrepentido de veras, así que seguí dándole oportunidades. ¿Qué hice mal exactamente?”. Luego leí la palabra de Dios. “La manera específica en la cual la gente practica el arrepentimiento es conociéndose a sí misma y resolviendo sus problemas. Cuando alguien revela un carácter corrupto o comete una transgresión, y se da cuenta de que se está resistiendo a Dios e invocando Su odio, ha de hacer introspección y conocerse en el marco de las palabras pertinentes de Dios. A consecuencia de ello, adquirirá conocimiento de su carácter corrupto y reconocerá que este proviene de los venenos y la corrupción de Satanás. Luego, cuando haya descubierto los principios de práctica de la verdad y haya sido capaz de ponerla en práctica, eso es arrepentimiento sincero. Sea cual sea la corrupción que revele una persona, si primero es capaz de conocer su carácter corrupto, busca la verdad para corregirlo y llega a practicar la verdad, eso es arrepentimiento sincero. Algunas personas se conocen un poco, pero no hay signos de arrepentimiento en ellas ni ningún testimonio de su práctica de la verdad. Si uno no se transforma una vez que adquiere autoconocimiento, lejos está del verdadero arrepentimiento. Para alcanzar el verdadero arrepentimiento, uno debe corregir sus actitudes corruptas. Y, en concreto, ¿cómo debe practicar y entrar para corregir sus actitudes corruptas? […] Supón que tienes un carácter arrogante y que, te ocurra lo que te ocurra, eres muy caprichoso y siempre quieres que se haga lo que dices y que los demás te obedezcan y hagan lo que tú quieres. Entonces llega un día en que te das cuenta de que eso lo provoca un carácter arrogante. Que admitas que es un carácter arrogante es el primer paso hacia el autoconocimiento. A partir de ahí, debes buscar algunos pasajes de las palabras de Dios que revelen el carácter arrogante con los que compararte, hacer introspección y conocerte. Si descubres que la comparación es completamente acertada, admites que existe en ti el carácter arrogante revelado por Dios, y luego disciernes y descubres de dónde viene aquel, por qué surge y qué venenos, herejías y falacias de Satanás lo gobiernan, entonces, tras haber llegado al fondo de todas estas cuestiones, habrás escarbado hasta la raíz de tu arrogancia. Esto es auténtico autoconocimiento. Cuando tengas un concepto más preciso de cómo revelas este carácter corrupto, eso te facilitará un conocimiento más profundo y práctico de ti mismo. ¿Qué debes hacer a continuación? Buscar los principios de la verdad en las palabras de Dios y comprender qué conductas y discursos humanos son manifestaciones de una humanidad normal. Después de hallar la senda de práctica, debes practicar según las palabras de Dios, y cuando hayas cambiado por dentro, te habrás arrepentido de verdad(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué es buscar la verdad (1)). Comprendí que el arrepentimiento sincero no se limita a actos o palabras superficiales, sino que se basa en el entendimiento real de ti mismo. Debes admitir primero las maldades cometidas y las actitudes corruptas que has exhibido, y, con ello, llegar a odiarte de verdad. Entonces dejarás de actuar con corrupción y sabrás seguir los principios. Sin embargo, aquellos que fingen entender y arrepentirse gritan que han hecho el mal y son arrogantes, que están dispuestos a arrepentirse, pero ni reflexionan ni comprenden las conductas, esencias y consecuencias del carácter corrupto que revelan. No odian sus actos malvados y hacen lo que quieren tras cometerlos. Sin importar lo bien que suene este discurso y este autoconocimiento ni cuánto lloren, todo ello es inútil y solo induce a error a la gente. Igual que los fariseos: proclamaban que amaban y servían a Dios con largas oraciones en sinagogas y cruces de caminos, incluso con ayuno, pero, cuando vino el Señor Jesús, lo juzgaron y condenaron públicamente para preservar su estatus y su medio de vida, y después lo crucificaron. El conocimiento y arrepentimiento de los fariseos no eran más que hipocresía para extraviar al pueblo. Pero el pueblo igualmente pecador de Nínive se arrepintió sinceramente. No solo ayunó, sino que también se arrepintió ante Dios con cilicio y ceniza. La clave fue que admitió sinceramente sus pecados y desechó su maldad. Fue un arrepentimiento sincero. Zhang Xiao siempre decía cosas que sonaban bien, proclamaba que era arrogante, hacía el mal, interrumpía la labor de la iglesia y quería arrepentirse, pero jamás comentaba detalles de cosas como qué maldades había cometido, de qué modo interrumpía la labor de la iglesia, qué conocimiento tenía de su carácter arrogante, su humanidad y su esencia, y de qué manera se odiaba y practicaba después. Una vez proclamados esos lugares comunes, no hacía lo que debía ni cambiaba. Comprobé que sus lágrimas y el autoconocimiento que se atribuía eran todo mentira y que ella no difería en nada de los fariseos hipócritas. Pero yo fui muy ciega, ignorante y carente de discernimiento. Consideré que sus lugares comunes vacíos eran arrepentimiento sincero y seguí dándole oportunidades. Así pudo demorar más de dos meses el trabajo con textos. Al reflexionarlo me embargaron el remordimiento y la culpa. Decidí ante mí misma que me olvidaría de mi voluntad en el deber y practicaría según la palabra de Dios. A partir de entonces, escribía con frecuencia cartas para entender y seguir el trabajo, así como para proponer ideas y sugerencias. Poco a poco empezaron a mejorar los resultados del trabajo, y los hermanos y hermanas se implicaron más.

Luego reflexioné sobre los problemas que había tenido al abordar el asunto de Zhang Xiao y leí la palabra de Dios. “Algunos nunca buscan la verdad mientras cumplen con el deber. Simplemente hacen lo que les place, actuando de acuerdo con sus fantasías y siempre arbitrarios e imprudentes, es tan sencillo como que no caminan por la senda de práctica de la verdad. ¿Qué supone ser ‘arbitrario e imprudente’? Supone actuar ante un problema como creas conveniente, sin reflexionar, sin un proceso de búsqueda. Nada de lo que diga cualquiera te toca el corazón o te hace cambiar de idea. Ni siquiera aceptas la verdad cuando te la comunican, te mantienes en tus propias opiniones, no escuchas cuando otras personas dicen algo correcto, crees que eres tú el que tiene razón y te aferras a tus propias ideas. Aunque tu pensamiento sea correcto, deberías tener también en consideración las opiniones de otras personas. Y si no haces esto en absoluto, ¿acaso no es eso ser extremadamente santurrón? A las personas que son extremadamente santurronas y díscolas no les resulta fácil aceptar la verdad. Si haces algo mal y te critican, diciéndote: ‘¡No lo haces conforme a la verdad!’, tú respondes: ‘Aunque sea así, lo voy a hacer igualmente’. Y entonces encuentras alguna razón para hacerles pensar que es lo correcto. Si te lo reprochan, diciendo: ‘Si actúas así estás interfiriendo, y dañarás la obra de la iglesia’, tú no solo no escuchas, sino que además pones excusas como: ‘Yo creo que es la manera adecuada, así que voy a hacerlo así’. ¿Qué carácter es este? (Arrogancia). Es arrogancia. Una naturaleza arrogante te convierte en obstinado. Si tienes una naturaleza arrogante, te comportarás de manera arbitraria e imprudente e ignorarás lo que dicen los demás. […] Si tu actitud es la de insistir obstinadamente, negar la verdad, rechazar las sugerencias ajenas, no buscar la verdad, tener fe solo en ti mismo, y hacer solo lo que tú quieres, si esta es tu actitud independientemente de lo que Dios haga o pida, ¿cuál será Su reacción? Dios no te presta atención, te deja de lado. ¿Acaso no eres díscolo? ¿No eres arrogante? ¿No crees que siempre tienes la razón? Si careces de obediencia, si jamás buscas, si tu corazón está totalmente cerrado y se resiste a Dios, entonces Él no te presta atención. ¿Por qué Dios no te presta atención? Porque si tu corazón está cerrado a Él, ¿puedes aceptar Su esclarecimiento? ¿Puedes sentir cuando Dios te reprocha? Cuando las personas son intransigentes, cuando aflora su naturaleza satánica y bárbara, no sienten nada de lo que hace Dios, no sirve de nada; así que Él no hace obra inútil. Si tienes tal actitud obstinadamente antagonista, lo único que hace Dios es mantenerse oculto de ti; Él no hace cosas superfluas(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Una vez leída la palabra de Dios, reconocí que había tenido cierta arrogancia desde que me enteré de lo de Zhang Xiao. Creía que, como ya habíamos sido compañeras, la conocía muy bien, y que, aunque le faltaba entrar en la vida, no era que no aceptara para nada la verdad. Por tanto, al abordar este asunto, no tuve veneración por Dios ni busqué los principios de la verdad. Tenía gran fe en mi propia visión. Según la supervisora, Zhang Xiao era arrogante y era preciso vigilarla, pero yo la ignoré, seguí haciendo las cosas a mi modo y me negué a cambiar de idea porque creía comprender a Zhang Xiao mejor que ella. Seguí creyendo en Zhang Xiao y dándole ocasión de arrepentirse, sin pensar en buscar la verdad. Dios nos ha enseñado reiteradamente a discernir cómo son distintos tipos de personas y a cumplir con el deber según los principios. Todo esto lo ha hecho para que podamos juzgar y discernir a la gente según los principios de la verdad mientras cumplimos con el deber y, así, destituyamos enseguida a quienes interrumpen y sustentemos a quienes buscan realmente la verdad. De ese modo puede avanzar la labor de la iglesia con normalidad. Sin embargo, yo tenía un carácter muy arrogante y no llevaba a Dios en el corazón. En una cuestión tan importante como el traslado y la destitución de una líder de grupo, no buscaba para nada los principios de la verdad. Era obvio que no sabía discernir ni percibir las cosas, sino que era terca, engreída y sorda a las sugerencias ajenas. Defendía que mis opiniones e ideas eran la verdad y abordaba las cosas de manera caprichosa. No solo no fui capaz de discernir y destituir enseguida a una persona inadecuada, sino que le di oportunidades de que se quedara, lo que interrumpió el trabajo con textos. Yo no cumplía en absoluto con un deber; hacía el mal. Si no me arrepentía, al final Dios me rechazaría y descartaría.

Hallé una senda de práctica en la palabra de Dios. Las palabras de Dios dicen: “Cuando alguien hace algo, tanto si está cumpliendo con su deber como si está ocupándose de asuntos personales, presta atención a lo que está pensando. Si se centra en las filosofías de vida, esto indica que no ama ni busca la verdad. Si una persona lucha por la verdad pase lo que pase, si siempre se acerca a ella en contemplación, pensando: ‘Hacer esto, ¿sería adecuado a la voluntad de Dios? ¿Cuáles son las exigencias de Dios? ¿Hacer esto es pecar contra Dios? ¿Ofendería Su carácter? ¿Lastimaría a Dios? ¿Abominaría Dios de ello? ¿Tiene sentido hacerlo? ¿Perturbaría o interrumpiría el trabajo de la iglesia? ¿Perjudicaría los intereses de la casa de Dios? ¿Deshonraría el nombre de Dios? ¿Supone practicar la verdad? ¿Supone hacer el mal? ¿Qué le parecería a Dios?’. Si siempre está meditando estas cuestiones, ¿de qué es indicio esto? (De que busca la verdad y se afana por ella). Exacto. Es indicio de que busca la verdad y lleva a Dios en el corazón(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). En la palabra de Dios aprendí que, hagan lo que hagan, los que veneran a Dios procuran tener en cuenta en Su voluntad y buscan los principios de la verdad. Saben actuar en línea con la voluntad y las exigencias de Dios. Es la única forma de cumplir con un deber a un nivel óptimo. Antes tenía tantísimos fallos en el deber, sobre todo, porque confiaba mucho en mí misma, no veneraba a Dios, rara vez buscaba Su voluntad o Sus exigencias y actuaba con arrogancia. Posteriormente estaba dispuesta a practicar según la palabra de Dios. Más tarde, la iglesia tenía que trasladar a algunos obreros del trabajo con textos. Como no sabía mucho sobre esa gente y no podía estudiar solamente su conducta a corto plazo, les pedí a la supervisora y a los líderes de la iglesia detalles de su conducta sistemática en el deber y, por medio de los principios, juzgué si debían ser trasladados o quedarse. Si había cosas de las que no estaba segura, las debatía con otras personas. Si realmente me faltaba información sobre algo, acudía a consultar a los líderes superiores. Con esta práctica, se trasladó a algunas personas inadecuadas y se eligió a gente adecuada para que practicara. Los resultados del trabajo también mejoraron perceptiblemente. Le estaba muy agradecida a Dios.

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