Vivir por fin una semejanza humana

7 Feb 2021

Por Zhou Hong, China

Cuando me convertí en líder de la iglesia en 2018, conocí a una hermana de nombre Yang que tenía buen calibre y perseguía la verdad. Pensé para mis adentros: “Si consigo formarla bien, me hará la vida más fácil, mejorará nuestro trabajo y mi líder me elogiará”. Así que me lancé a formarla. Hablaba con ella cada vez que se encontraba algún problema y la asignaba como jefa de equipo. Ella progresaba muy rápido y era muy atenta en sus deberes. Muy pronto, el trabajo de nuestro equipo mejoró. Yo pensaba: “Si tuviera a unas cuantas más como la hermana Yang, todo el trabajo de la iglesia mejoraría considerablemente. Podría relajarme un poco y obtendríamos mejores resultados y todos dirían que yo estoy haciendo un buen trabajo”. Un día, necesitábamos que alguien recopilara urgentemente documentos sobre la purga y expulsión de anticristos y malhechores. Todos estuvimos de acuerdo en que debería ocuparse la hermana Yang. Para mi asombro, rápidamente asimiló los principios y elaboró unos documentos que eran objetivos y precisos. Mi líder me preguntaba a menudo que si teníamos a alguien que fuera bueno recopilando documentos y yo sabía que la hermana Yang daba la talla. Pero cuando pensé en que sería trasladada y en el efecto que esto tendría sin duda en nuestro trabajo, no quise que se marchara y no se la sugerí a la líder.

Un día, en una reunión, la líder dijo que necesitaban a alguien para recopilar documentos sobre la purga y expulsión de anticristos y malhechores, y nos preguntó si podíamos mandarle a alguien. Yo pensé: “La hermana Yang sería buena en esto, pero si la dejo marchar, tendré que formar a otra persona. Me costaría mucho esfuerzo. ¿Qué pensará de mí la líder si nuestro trabajo empeora? La hermana Tang también es buena recopilando documentos, pero no es muy proactiva en sus deberes y suele necesitar mucha ayuda. Voy a sugerírsela. Así, ofreceré a alguien para el puesto pero la hermana Yang se quedará aquí. Nuestro trabajo no se verá afectado”. Así que recomendé a la hermana Tang y ensalcé sus puntos fuertes y, de forma intencionada, hice que la hermana Yang no pareciera tan buena. Unos días después, la hermana Tang fue elegida para esa tarea. Más adelante, me enteré de que la hermana Tang no podía arreglárselas sola. Pensé: “La hermana Yang sabría manejarlo sin problemas. Pero no quiero que se vaya. Es tan buena en sus deberes que ¿qué sería de nuestro trabajo si ella se fuera?”. Así que, una vez más, decidí no recomendar a la hermana Yang. Pasados unos días, mi líder preguntó específicamente por la hermana Yang y nos dijo que le buscáramos una sustituta de inmediato. Yo estaba totalmente en contra. Pensaba: “Si se va la hermana Yang, ¿quién va a recopilar los documentos de nuestra iglesia? Aunque encontrásemos a alguien adecuado, será un novato que no conocerá los principios. Necesitará formación. No solo se resentirá nuestro trabajo, sino que será duro y requerirá mucho esfuerzo por mi parte”. Sabía que pensar esto no estaba bien, pero seguí poniéndome excusas: “Formé a la hermana Yang yo misma. Si se va, no tendremos a nadie en el equipo que pueda hacer su trabajo. ¿Cómo vamos a hacerlo? No, tengo que hablarlo con mis compañeras y escribir a la líder para pedirle que deje quedarse a la hermana Yang unos meses más, hasta que formemos a alguien”. Cuando compartí esto con mis dos compañeras, me reprendieron: “Formamos personas para llevar a cabo la obra de la casa de Dios. Cuando se vaya la hermana Yang, formaremos a alguien más. ¿No estás siendo egoísta al intentar evitar que la hermana Yang se vaya?”. Pero no reflexioné sobre mí misma, sino que pensé: “Ustedes son muy generosas. ¿Se creen que es fácil formar gente?”. Me sentía más y más ofendida y reticente y me molestaba que mis compañeras no compartieran mi punto de vista. Poco tiempo después, empecé a sentir que ardía por dentro, como si estuviera en llamas, y me sentía muy débil. Pensé: “Hace buen tiempo y no estoy resfriada. Es muy raro”. Me di cuenta de que Dios me estaba castigando y disciplinando. Recordé las palabras de Dios: “Ahora que estoy obrando entre vosotros, os comportáis de esta forma. Si llega el día en el que no haya nadie para cuidaros, ¿no seréis como bandidos que se proclaman reyes?” (‘Un problema muy serio: la traición (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Me quedé atónita al darme cuenta de que las palabras de Dios revelaban exactamente mi propio estado. Trataba a la hermana Yang como si fuera de mi propiedad. Creía que, como yo la había formado, debía ser mía y quedarse en mi iglesia y hacerme quedar siempre bien. No quería que nadie más la tuviera. En realidad, todos los hermanos y hermanas llevan a cabo sus deberes en la casa de Dios y sus encomiendas provienen de Dios. Cumplen con sus deberes donde y cuando sea que la casa de Dios lo necesite y tal y como Dios dispone. Y aun así, he sido falsa y he engañado por el bien de mi propio prestigio y estatus, y he hecho todo lo posible para quedarme a la hermana Yang para mí. ¿Acaso no estaba siendo uno de los “bandidos que se proclaman reyes”? Había intentado controlar a la hermana Yang y arrebatársela a Dios. Esto es lo que hacían los anticristos y era un camino hacia la ruina. Al darme cuenta de esto, me sentí muy arrepentida. Estaba siendo muy arrogante y egoísta.

Después, leí estas palabras de Dios: “¿Cuál es el estándar a través del cual las acciones de una persona son juzgadas como buenas o malvadas? Depende de si en tus pensamientos, expresiones y acciones posees o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad o no vives esto, entonces, sin duda, eres un hacedor de maldad” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). “Si uno cree en Dios, pero no presta atención a Sus palabras, no acepta la verdad ni se somete a Sus disposiciones y orquestaciones; si únicamente exhibe determinadas buenas conductas, pero es incapaz de abandonar la carne y no cede nada en su orgullo o sus intereses; si, pese a que en apariencia cumple con el deber, sigue viviendo según sus actitudes satánicas, no ha renunciado en absoluto a las filosofías y maneras de vivir de Satanás y no se transforma, ¿cómo es posible que crea en Dios? Eso es fe en la religión. Las personas que son así abandonan las cosas y se esfuerzan superficialmente, pero la senda por la que van y el origen e inspiración de todo lo que hacen no se fundamentan en las palabras de Dios ni en la verdad; por el contrario, siguen actuando según sus fantasías, deseos y suposiciones subjetivas, y las filosofías y actitudes de Satanás continúan siendo el fundamento de su existencia y sus actos. En los asuntos cuya verdad no entienden, no la buscan; en los asuntos cuya verdad sí entienden, no la practican, ni enaltecen la grandeza de Dios ni valoran la verdad. Aunque teóricamente siguen a Dios, solo lo hacen de palabra; la esencia de sus actos no es sino la expresión de su carácter corrupto. No hay nada que indique que su motivación y su intención sean practicar la verdad y actuar de acuerdo con las palabras de Dios. Los que ante todo piensan en sus intereses, los que satisfacen sus deseos e intenciones en primer lugar, ¿siguen a Dios? (No). ¿Y pueden transformar su carácter los que no siguen a Dios? (No). Y si no pueden transformar su carácter, ¿no son patéticos?” (‘La creencia en la religión nunca llevará a la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Medité las palabras de Dios y reflexioné sobre mi comportamiento. Daba la impresión de que había hecho sacrificios por Dios, pero lo que me motivaba en mis deberes era satisfacer mis propios intereses. Cuando la líder me preguntó por alguien que supiera compilar documentos, yo sabía que la hermana Yang era la mejor para esa tarea. Pero mentí y engañé para proteger mis intereses y recomendé a la hermana Tang. Incluso cuando vi a la hermana Tang teniendo dificultades en el puesto y sabiendo que esto provocaría retrasos, seguí sin recomendar a la hermana Yang. No pensé primero en la casa de Dios ni tuve en cuenta Su voluntad. Utilicé a los hermanos y hermanas como instrumentos para preservar mi propio prestigio y estatus. Fui muy malvada, egoísta y mezquina. Llevaba años creyendo en Dios, pero todas mis ideas y opiniones se basaban en mi carácter satánico y en las tácticas de supervivencia de Satanás. Ni me guiaba por las palabras de Dios ni practicaba la verdad. Era una descreída, tal y como lo describen las palabras de Dios. No podía seguir siendo egoísta. Tenía que ofrecer a alguien con talento y luego formar a más personas para nuestra iglesia. Nos organizamos para que otra persona se ocupara del trabajo de la hermana Yang y ella fue transferida. Más adelante, me enteré de que la hermana Yang había recopilado muy rápido los documentos sobre la purga y la expulsión. Al oír esto, me sentí mal. Si la hubiera recomendado antes y hubiera dejado de lado mis propios intereses, este trabajo no se habría retrasado tanto. Esto ocurrió por culpa de mi egoísmo. Había cometido una transgresión y hecho el mal. Me lo tomé como una advertencia para no volver a anteponer mis intereses a los de la casa de Dios.

Creí que esta experiencia me había cambiado un poco, pero la misma problemática estaba esperando las condiciones adecuadas para volver a asomar su fea cabeza. Poco tiempo después, la líder me preguntó por la hermana Liu. Quería que fuera a ayudar a regar a nuevos creyentes en una iglesia cercana. Sentí cierta reticencia, pero pensé que no debía ser egoísta, que debía apoyar la obra de la Iglesia, y que siempre podía formar a otra persona. Acepté dejar ir a la hermana Liu. Pero luego me dijo que había que ascender a la hermana Li, que se ocupaba de elaborar documentos, y me pidió que redactara una evaluación. Esto fue demasiado para mí. Si se iba la hermana Li, ¿quién se iba a ocupar de elaborar los documentos? No quería que se fuera la hermana Li, así que me demoré en escribir su evaluación. Quería retrasar su partida unos días para que entretanto mi líder encontrase a otra persona y que la hermana Li se quedase. Una compañera se dio cuenta de que yo no estaba haciendo la evaluación y me metió prisa. La ignoré y le dije que me pondría con ella inmediatamente, pero seguí sin escribirla. Unos diez días después, mi compañera me dijo: “La líder ha transferido a la hermana Li sin la evaluación”. Me llevó un tiempo procesar esto. ¡Estaba ocurriendo demasiado deprisa! Se habían llevado a todos los mejores miembros de mi equipo. Ahora no íbamos a ser capaces de hacer nada en la iglesia. Estos pensamientos llenaban mi cabeza hasta hacerla estallar. Sentí que un gran peso me oprimía el corazón. Durante varios días, no tuve apetito. Solo pensaba en que tenía que encontrar más gente y en cuánta presión había sobre mí. Todo esto iba a ser muchísimo esfuerzo. Cuanto más lo pensaba, más me consumía la preocupación, y estaba exhausta.

Un día, me tropecé bajando por unas escaleras. Oí mi pie crujir, como si se me rompiera un hueso. Pensé: “Estoy acabada. No puedo cumplir con mi deber con el pie roto”. Sabía que era Dios que me estaba disciplinando. Pensé en cómo había visto a la gente ser transferida una tras otra y en cómo me había debatido con Dios en mi corazón y me había resistido a todo. Mi actitud hacia mi deber debía haber disgustado a Dios, y por tanto ahora Él me lo arrebataba. Esta idea me asustaba mucho. Además, el pie me dolía enormemente. Seguí orando a Dios dispuesta a arrepentirme de verdad. Para mi sorpresa, ese día después de comer, el pie dejó de dolerme como si nunca me lo hubiera lesionado. Supe en mi corazón que había sido una advertencia de Dios para que reflexionara y me conociera a mí misma. Me pregunté: “¿Por qué siempre antepongo mis propios intereses?”.

Luego vi un vídeo de una lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Mientras las personas no hayan experimentado la obra de Dios y hayan obtenido la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y las domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propia posición? ¿Por qué tienes emociones tan fuertes? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas? ¿Por qué te gustan esas maldades? ¿Cuál es la base para que te gusten estas cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué las aceptas de tan buen grado? Para este momento, todos habéis llegado a comprender que esto se debe, principalmente, al veneno de Satanás que hay dentro de vosotros. En cuanto a qué es el veneno de Satanás, se puede expresar por completo con palabras. Por ejemplo, si les preguntas a algunos malvados por qué cometieron el mal, te responderán: ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa la raíz del problema. La lógica de Satanás se ha convertido en la vida de las personas. Puede que hagan las cosas con un propósito u otro, pero solo lo hacen para sí mismas. Todos piensan que ya que el plan es cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda, deben vivir para ellos mismos, hacer todo lo que esté en su mano para asegurarse una buena posición y la comida y ropa de calidad. ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’: esta es la vida y la filosofía del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras de Satanás son precisamente el veneno de Satanás, y cuando la gente lo internaliza, se convierte en su naturaleza. La naturaleza de Satanás queda expuesta a través de estas palabras; lo representan por completo. Este veneno se convierte en la vida de las personas y en el fundamento de su existencia, y la humanidad corrompida ha sido sistemáticamente dominada por este veneno durante miles de años” (‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”).

Las palabras de Dios indican que, cuando la humanidad fue corrompida por Satanás, todo tipo de venenos satánicos fueron sembrados en nuestros corazones y se convirtieron en nuestra naturaleza. Por ejemplo, “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”. Todos vivimos de acuerdo a este veneno satánico, todo lo hacemos en nuestro propio beneficio y pensamos que es lo correcto y que está bien, y así nos volvemos más y más egoístas y deshonestos. Pensé sobre mí misma. Cuando la líder transfirió gente de mi iglesia, me resistí e intenté obstaculizarlo, hasta el punto de llegar a engañar. Traté a otras personas como si me pertenecieran y me negué a entregárselas a la casa de Dios. Fui egoísta y despreciable, totalmente irrazonable. ¡Me estaba interponiendo en el camino de la obra de la casa de Dios! Cuando el Señor Jesús vino a obrar, los fariseos intentaron salvaguardar su propio estatus y sustento impidiendo que otra gente le siguiera. Trataron a los creyentes como si fueran de su propiedad y compitieron por ellos con el Señor. El resultado fue que ofendieron el carácter de Dios y Él los castigó. ¿En qué se diferenciaba mi comportamiento del de los fariseos? Los hermanos y hermanas son el rebaño de Dios y Su casa tiene el derecho de asignarlos como desee. Yo no tenía derecho a interferir. Como líder de la iglesia, debía cumplir con mi deber como lo requiriera la casa de Dios y de acuerdo con los principios, compartir la verdad para resolver problemas y formar a personas. Este era mi deber, mi responsabilidad. Pero no había tenido en cuenta la voluntad de Dios ni había asignado gente de acuerdo con los principios. No había querido hacer el esfuerzo de formar a más personas. No había recomendado a aquellos que sabía que tenían talento, sino que había intentado tenerlos bajo mi control, haciéndoles trabajar y servir por el bien de mi propio prestigio. ¿No había estado actuando por mi cuenta en oposición a la casa de Dios? Estaba desafiando a Dios y recorriendo el camino de los anticristos. Esta idea me asustaba y di gracias a Dios por disciplinarme y evitar que yo hiciera más el mal.

Después, vi otro vídeo de una lectura de la palabra de Dios, Dios Todopoderoso dice: “Las emociones de la humanidad son egoístas y pertenecen al mundo de la oscuridad. Estas no existen en aras de la voluntad de Dios, y mucho menos de Su plan, por lo que nunca puede hablarse de Dios y del hombre en el mismo contexto. Dios es por siempre supremo y para siempre honorable, mientras que el hombre es siempre bajo, siempre despreciable. Esto es porque Dios siempre está haciendo sacrificios y se entrega a la humanidad; sin embargo, el hombre siempre toma y se esfuerza sólo para sí mismo. Dios siempre se está esforzando por la supervivencia de la humanidad; no obstante, el hombre nunca contribuye en nada en aras de la luz o la justicia. Aun si el hombre se esfuerza por un tiempo, es tan débil que no puede resistir ni un solo golpe, pues el esfuerzo del hombre siempre es para su propio beneficio y no para el de otros. El hombre siempre es egoísta, mientras que Dios es por siempre desprendido. Dios es la fuente de todo lo justo, lo bueno y lo hermoso, mientras que el hombre es el que hereda y manifiesta toda la fealdad y maldad. Dios nunca alterará Su esencia de justicia y belleza, y sin embargo, el hombre es perfectamente capaz, en cualquier momento y en cualquier situación, de traicionar la justicia y alejarse de Dios” (‘Es muy importante comprender el carácter de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me mostraron que Él es generoso. Todo lo que hace es para salvarnos, todo ello nos beneficia. La casa de Dios alienta y forma a personas para que aquellos con buen calibre que buscan la verdad puedan adquirir más experiencia y, en última instancia, cumplir los designios de Dios. Esto beneficia a los hermanos y hermanas y a la obra de la casa de Dios. En cuanto a mí, había recibido el riego y el sustento de las palabras de Dios y la formación de Su casa a cambio de nada, pero no pensé en cumplir con mi deber para devolver el amor que Dios me había dado. Solo pensé en cómo tener a cierta gente bajo mi control. Por prestigio y estatus, no dude en obstaculizar la formación de personas en la casa de Dios, lo que retrasó su obra. Había sido egoísta y maliciosa, indigna de vivir ante Dios. Sabía que no podía seguir por ese camino. Tenía que proveer personas con talento a la casa de Dios para que más hermanos y hermanas pudieran cumplir con su deber en el puesto más adecuado. Una vez se aclaró mi mente, encontré rápido a alguien para ocuparse del trabajo de la hermana Li y di gracias a Dios. Aunque esta persona nueva no conocía los principios y tuve que trabajar más duro, me sentí cómoda y en paz. Estaba dispuesta a hacer sacrificios para hacer todo lo posible y orar con mis hermanos y hermanas para que nuestro trabajo en la iglesia fuera bueno.

Dos semanas después, la líder me dijo: “Necesitamos que la hermana Zhao vaya a editar unos borradores de artículos a otra iglesia”. Al escuchar esto, pensé: “Debo tener en cuenta la obra de la casa de Dios en conjunto. No puedo seguir siendo egoísta. Pero acabamos de empezar a formar a otra hermana para este trabajo y no conoce los principios. Nuestro trabajo va a verse afectado. Es mejor que la hermana Zhao se quede donde está”. Fui consciente de que estaba pensando una vez más en mis propios intereses. Recordé cómo había recorrido el camino de los anticristos, perturbado una y otra vez la obra de la iglesia y ofendido el carácter de Dios. Sentí mucho miedo. En ese momento, las palabras de Dios me vinieron a la cabeza: “No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios me dieron un camino que poner en práctica. Debía ser consciente de la voluntad de Dios y de la obra de la iglesia. Tenía que dejar de ser egoísta y de intentar quedarme el talento para mí. Entonces, oré a Dios: “Dios mío, he sido muy egoísta y mezquina, siempre impidiendo que la casa de Dios ascendiese a la gente y obstaculizando la obra de la iglesia. No quiero resistirme a Ti más. Por favor, guíame para que abandone mi carne y practique la verdad”. Después de orar, fui a hablar con la hermana Zhao sobre su traslado. Aunque fue transferida, ya no me sentí tan molesta como antes. En cambio, sentí que era una gracia y una bendición de Dios que hubiera podido ofrecer tal talento a la casa de Dios. También había podido cumplir con mis propios deberes y mi corazón estaba lleno de paz y gozo. ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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