Por qué no estaba dispuesta a cultivar a los demás
Por Lin Jing, ChinaEn marzo de 2023, estaba a cargo del trabajo de sermones en la iglesia. En ese momento trabajaba sola, por lo que la...
¡Damos la bienvenida a todos los buscadores que anhelan la aparición de Dios!
Soy supervisora del trabajo de vídeo desde hace dos años. No hace mucho, debido a las exigencias del trabajo, nuestro grupo se dividió en otros dos más pequeños. La hermana Layla estaba a cargo de un grupo y yo del otro. Aunque la hermana Layla acababa de empezar a supervisar el trabajo, siempre hacía sugerencias cruciales sobre la producción de vídeo, y a menudo guiaba a los hermanos y hermanas en la revisión del trabajo y el aprendizaje de habilidades técnicas de forma conjunta. A mí eso no me tenía muy contenta, pues pensaba: “A este paso progresarán muy rápido y dentro de poco mi grupo saldrá perdiendo en comparación con el suyo”. Un sentimiento de crisis se apoderó de mí, y me dije que tenía que hacer un buen trabajo en cada uno de los vídeos para no quedarme atrás respecto a Layla y su grupo. En ese momento estábamos haciendo un vídeo que era exigente técnicamente, y estaba estudiando a conciencia las habilidades necesarias junto a los hermanos y hermanas. Cuando nos topábamos con dificultades, le oraba a Dios y juntos buscábamos soluciones. El vídeo quedó completado después de mucho trabajo duro, y los hermanos y hermanas que lo vieron dijeron que estaba bien hecho. Esto resultaba gratificante, ya que indicaba que yo era una fuerza a tener en cuenta y era más capaz que Layla y su grupo. Le envié el vídeo a hermanos y hermanas de otros grupos, y unos pocos días después respondieron diciendo que el vídeo era muy realista y me preguntaron sobre cómo había mejorado mis habilidades técnicas. Me puse muy contenta al oír esto y pensé para mis adentros: “Ahora que todos los hermanos y hermanas han visto lo que soy capaz de hacer, seguro que me van a tener como referente y me admirarán”. Me prometí a mí misma que me encargaría de todos los vídeos siguientes con la mayor diligencia.
Después de eso, Layla y su grupo estaban teniendo algunas dificultades con un vídeo y querían que yo se las resolviera. Pensé: “Este vídeo es tu responsabilidad. Si dedico tiempo a resolver estos problemas, no recibiré crédito alguno y se retrasará mi propia tarea. Lo mejor es que invierta un mayor esfuerzo en el vídeo del que soy responsable, en lugar de ayudarles a ustedes a resolver sus problemas”. Así que decidí no ayudarles. Más tarde Layla seguía sin encontrar una solución y volvió a acudir a mí. Me contó que había intentado diferentes vías sin éxito, y me preguntó cómo había arreglado yo esas dificultades en el pasado. Pensé: “Si dedico tiempo a los problemas de tu grupo y acabas haciendo un mejor trabajo que yo, ¿acaso no va a pensar todo el mundo que eres mejor líder de grupo que yo, aunque acabes de empezar? ¡Pareceré una incompetente!”. Con esto en mente, le dije, en tono despreocupado, que no podía hacer nada para ayudarla. Layla no tuvo más remedio que volver y seguir investigando ella misma las dificultades. Entonces envió una muestra del vídeo al chat de grupo para que comprobáramos si había algún problema. Yo no tenía intención de responder, pues pensaba que ver el vídeo sería una pérdida de tiempo. Pero al mismo tiempo me preocupaba que, si no lo veía, los hermanos y hermanas pudieran tacharme de negligente al supervisar el trabajo e irresponsable como líder del grupo. Por lo tanto, abrí el archivo de mala gana y vi el vídeo. Detecté problemas en varios lugares, pero no pensé en ellos con detenimiento. Entonces, Layla procedió a enviar el vídeo al líder, que señaló un buen número de problemas, por lo que había que retocar y arreglar el vídeo. Como resultado, el progreso del trabajo se retrasó. Más tarde, cuando la líder vino a revisar el trabajo conmigo, me señaló los problemas y me dijo: “Cuando cumplimos con nuestros deberes en la iglesia, nos dividimos el trabajo, pero eso no significa que estemos trabajando de forma independiente los unos de los otros. Tú eres la líder del grupo, así que tienes que asumir una mayor carga. Layla acaba de empezar a ejercer como líder de grupo, así que tienes que controlar más de cerca los vídeos que ella y su grupo hacen, a fin de poder resolver algunos problemas con antelación”. Entonces me di cuenta de que no podía desligarme de mi responsabilidad de este retraso, ya que todo era causa de haber sido demasiado egoísta, de mi costumbre de atender solo a mi propio trabajo y de mi negativa a cooperar con Layla. Sin embargo, no reflexioné demasiado sobre el asunto. Cada vez que trabajaba en vídeos después de aquello, mi pensamiento era difuso y me sentía atontada y desorientada. No era capaz de encontrar los problemas en los deberes de los hermanos y hermanas, y ni siquiera sabía qué decir cuando oraba. Me di cuenta de que no me hallaba en el estado adecuado, y de que Dios escondía Su rostro de mí. Así que acudí en búsqueda y oración ante Dios, pidiéndole que me guiara para poder comprenderme a mí misma.
Una noche, antes de irme a la cama, reflexioné sobre mi reciente forma de actuar. Pensé en cómo expone Dios a los anticristos que solo se preocupan por su propio trabajo en el cumplimiento de sus deberes. Encontré este pasaje de las palabras de Dios: “Los anticristos no tienen conciencia, razón o humanidad. No solo no conocen la vergüenza, sino que alcanzan otra característica distintiva: su egoísmo y vileza son poco comunes. El sentido literal de su ‘egoísmo y vileza’ no es difícil de captar. Significa que una persona solo busca ganancias. Si algo involucra sus propios intereses, vuelca el corazón en ello, sufre y paga un precio por eso y le dedica su pensamiento y su energía. Si algo no está relacionado con sus propios intereses, hace la vista gorda y no lo tiene en cuenta; deja que los demás hagan lo que quieran —incluso si alguien causa trastornos o perturbaciones, lo ignora y piensa que eso no tiene nada que ver con ella—. Por decirlo de una forma agradable, se ocupa de sus propios asuntos; no obstante, es más acertado decir que este tipo de personas son viles, vulgares y sórdidas: las calificamos de ‘egoístas y viles’. ¿Cómo se manifiesta el egoísmo y la vileza de los anticristos? En todo lo que beneficia a su estatus o reputación, se esfuerzan por hacer o decir lo que sea necesario, y están dispuestos a soportar cualquier sufrimiento. Pero en lo que respecta al trabajo que organiza la casa de Dios o al trabajo que beneficia el crecimiento en la vida del pueblo escogido de Dios, lo ignoran por completo. Incluso cuando las personas malvadas causan trastornos y perturbaciones y cometen todo tipo de maldades, con lo cual afectan gravemente a la obra de la iglesia, no se involucran en ello ni indagan al respecto, como si no tuviera nada que ver con ellos. Y si alguien descubre e informa de las acciones malvadas de una persona malvada, aseguran que no vieron nada y fingen ignorancia. […] Independientemente del trabajo del que sean responsables, los anticristos no piensan para nada en los intereses de la casa de Dios. Solo consideran si los suyos se ven afectados y solo piensan en ese poquito de trabajo frente a ellos que los beneficia. Para ellos, la obra principal de la iglesia solo es algo que hacen en su tiempo libre. No se la toman en serio para nada. Solo se mueven cuando se los empuja a actuar, solo hacen lo que les gusta y solo hacen el trabajo destinado a mantener su propio poder y estatus. A sus ojos, toda labor dispuesta por la casa de Dios, la labor de difundir el evangelio y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios no son importantes. No importa qué dificultades tengan otras personas en su trabajo, qué cuestiones hayan identificado o les hayan informado, o lo sinceras que sean sus palabras, los anticristos no prestan atención, no se involucran, es como si no tuviera nada que ver con ellos. Por muy importantes que sean los problemas que surjan en la labor de la iglesia, ellos son totalmente indiferentes. Incluso cuando se expone un problema justo delante de ellos, solo lo abordan de manera superficial. Solo cuando lo Alto los poda directamente y les ordena que resuelvan un problema, hacen a regañadientes un poco de trabajo real y aparentan ante lo Alto. Después, continúan ocupándose de sus propios asuntos. En lo que respecta al trabajo de la iglesia, a los asuntos importantes que se relacionan con el panorama general, no se preocupan por ninguna de estas cosas y las ignoran, e incluso no se ocupan de los problemas cuando los descubren. Sin importar qué problemas planteen los demás, responden de manera superficial y vacilan, abordando las cuestiones solo con gran reticencia. ¿No es esto una manifestación de egoísmo y vileza? Además, sin importar qué deber hagan los anticristos, siempre consideran si pueden ser el centro de atención; mientras un deber pueda aumentar su reputación, se devanan los sesos e intentan idear todas las formas posibles de aprender a hacerlo y llevarlo a cabo. Mientras puedan sobresalir por encima de los demás, están satisfechos. No importa lo que estén haciendo o pensando, a cada paso no piensan más que en su propia fama, provecho y estatus. No importa qué deber hagan, solo compiten para ver quién es superior, quién gana y quién tiene mayor prestigio. Solo les importa cuántas personas los idolatran y los admiran, cuántas personas los escuchan y los siguen. Nunca hablan sobre la verdad ni resuelven problemas reales. Nunca consideran cómo hacer su deber de tal manera que lleguen a manejar las cosas según los principios ni reflexionan sobre si tienen devoción, si han cumplido con sus responsabilidades, si hay desviaciones, descuidos o problemas en su trabajo, y mucho menos consideran cuáles son los requisitos de Dios y cuáles son Sus intenciones. No prestan la más mínima atención a todas estas cosas. Solo se entierran en su trabajo por fama, provecho y estatus y para satisfacer sus propias ambiciones y deseos. ¿No es esto una manifestación de egoísmo y vileza? Esto deja en evidencia por completo el hecho de que su corazón está lleno de ambiciones, deseos y exigencias irrazonables, y que cada una de sus acciones se rige por sus ambiciones y deseos. No importa lo que hagan, la motivación y el origen de sus acciones provienen de sus propias ambiciones, deseos y exigencias irrazonables. Esta es una manifestación arquetípica de egoísmo y vileza” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro: Resumen de la calidad humana de los anticristos y de su esencia-carácter (I)). Dios expone que los anticristos son extremadamente egoístas. En asuntos relativos a sus propios intereses, o que les permitan destacar, trabajan diligente y gustosamente, sin importar el precio que tengan que pagar o cuánto tengan que sufrir. Sin embargo, si algo no guarda relación con sus propios intereses, simplemente lo ignoran. En tales casos, no querrán prestarle su atención, por muchas dificultades que otros atraviesen o por grande que sea la pérdida para el trabajo de la iglesia. Lo hacen todo en aras de su propia reputación y estatus personal, sin tener en cuenta para nada los intereses de la iglesia. Me di cuenta entonces de que era así como me había estado comportando. Después de que nuestro grupo se dividiera en dos, vi que Layla progresaba rápidamente y soportaba una carga en su deber. Temía que me superara, así que no quería ayudarla cuando le surgían dificultades y acudía a mí en busca de ayuda. Me parecía que esto no estaba entre mis principales responsabilidades y que hacerlo me quitaría tiempo y energía. No solo eso, sino que, incluso si el vídeo salía bien, mi arduo trabajo pasaría desapercibido; en su lugar, los demás asumirían que Layla estaba al mismo nivel que yo, a pesar de que acababa de empezar a ejercer como líder de grupo. En tal caso, no podría lucirme. Entonces, cuando Layla me pidió que revisara su vídeo y les hiciera sugerencias, ni me molesté. No quería dedicar tiempo y esfuerzo a verlo. Acabé viéndolo, pero a regañadientes, por pura formalidad, porque me preocupaba que los demás me tacharan de irresponsable. Por ello, el vídeo, con numerosos problemas, tuvo que rehacerse. Si me hubiera esforzado un poco más, habría descubierto y rectificado antes esos problemas. En cambio, como era demasiado egoísta y solo pensaba en mis propios intereses, el trabajo de la iglesia se retrasó. Me sentí muy culpable. La iglesia había dispuesto que yo fuera líder de grupo, de modo que debería haber cumplido con mis responsabilidades y haber estado atenta para resolver las diversas dificultades y problemas que los hermanos y hermanas afrontaban en sus deberes. Sin embargo, no me importaban en absoluto las intenciones de Dios. Lo único que me importaba era si los vídeos de los que era responsable estaban bien hechos y si podía lograr que más gente me admirara. Cuando Layla se topó con dificultades, evidentemente yo tenía algunas ideas sobre cómo resolverlas, pero no la ayudé en absoluto. Incluso pensé con rencor: “Es bueno que se hayan topado con algunas dificultades. Si obtienen malos resultados, yo quedaré mejor. Los hermanos y hermanas pensarán que soy la columna vertebral de nuestro grupo y que no pueden prescindir de mí”. La forma en que pensaba y actuaba era realmente despreciable. Al revisar el trabajo más tarde, oí a algunas hermanas decir cosas como: “Este vídeo no está muy bien hecho, y me siento algo negativa por ello. Creo que mi calibre no es lo suficientemente bueno para esta tarea”. Esto me afligió y reafirmó mi sensación de haber sido una egoísta. Solo me había preocupado por mi reputación y mi estatus. Era consciente de que acababan de empezar a practicar y que necesitaban ayuda y cooperación. No obstante, me había quedado de brazos cruzados, sin una pizca de amor. Cuanto más pensaba en ello, más sentía que me faltaba humanidad. ¿Cómo pude hacer algo tan despreciable y odioso?
Durante una reunión, oí a un hermano comunicar su experiencia y me di cuenta de que podía sacarle mucho provecho. En su comunicación había un pasaje de las palabras de Dios que me dejó una honda impresión. Las palabras de Dios dicen: “¿Cuál es el estándar según el cual las acciones y el comportamiento de una persona se juzgan como buenos o malvados? El de que en sus pensamientos, revelaciones y acciones posean o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad ni vives esto, sin duda, eres un malhechor. ¿Cómo considera Dios a los malhechores? Para Dios, tus pensamientos y tus acciones externas no dan testimonio por Él, no humillan a Satanás ni lo derrotan; en cambio, causan vergüenza a Dios, están llenos de las marcas de deshonrarlo. No estás dando testimonio de Dios, no te estás gastando para Él y no estás cumpliendo tus responsabilidades y obligaciones en aras de Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Qué significa ‘para ti mismo’? Siendo precisos, significa ‘para Satanás’. Así que, al final, Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A ojos de Dios, tus acciones no se verán como buenas obras, se considerarán hechos malvados. No solo no obtendrán la aprobación de Dios, además serán condenadas. ¿Qué espera obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso esta fe no se quedaría en nada al final?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). A partir de las palabras de Dios llegué a comprender que Dios no tiene en cuenta cuántos deberes realiza una persona ni cuánto la alaban los demás. En lo que Él se fija, más bien, es en si una persona, en sus pensamientos, expresiones y acciones, posee el testimonio de practicar la verdad en el cumplimiento de su deber. Es así como Dios juzga si las cosas que hace una persona son buenas o malvadas. Dios escruta los corazones de las personas, y si una persona cumple con su deber sin intención de dar testimonio y satisfacer a Dios, y en cambio perjudica la labor de la iglesia en aras de sus propios intereses, entonces no importa el precio que pague, a ojos de Dios sigue haciendo el mal. Siempre me pareció que había sido concienzuda y responsable en mi deber, y que no era tan mala. Sin embargo, al reflexionar sobre mi propio comportamiento, ateniéndome a las palabras de Dios, vi que aunque me esforzaba al máximo y era meticulosa en el trabajo del que era responsable, se escondía detrás la intención de ocupar un lugar en el corazón de mis hermanos y hermanas; la intención de hacer creer a la gente que yo era el pilar del grupo y que no podían prescindir de mí. Ni siquiera cuando Layla se topaba con dificultades y no conseguía avanzar en su trabajo me preocupaba lo más mínimo. Al contrario, me alegraba que tuviera dificultades, pues me parecía que eso me ayudaría a destacar. Al cumplir con mi deber con intenciones tan despreciables, estaba haciendo el mal y Dios me condenaba. Si no me arrepentía, Dios acabaría descartándome, aunque trabajara mucho y pagara un gran precio. Este pensamiento me asustó y me sentí en grave peligro. Oré a Dios y decidí no seguir viviendo conforme a mi carácter corrupto y que, si me ocurría algo parecido en el futuro, tendría en cuenta el trabajo de la iglesia en su conjunto y salvaguardaría sus intereses.
Después de eso, encontré una senda de práctica en las palabras de Dios. Dios dice: “Para todos los que hacen un deber, da igual lo profundo o superficial que sea su entendimiento de la verdad, la práctica más sencilla para entrar en la realidad-verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo momento, desprendiéndose de sus propios deseos egoístas, de las intenciones, motivos, orgullo y estatus personales, así como poniendo los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo mínimo que deben hacer. Si una persona que lleva a cabo un deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo se puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes pensar en los intereses de la casa de Dios, ser considerado con las intenciones de Dios y tener en cuenta la obra de la iglesia. Antepón estas cosas a todo; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te consideran los demás. Divididlo en dos pasos, haciendo una pequeña concesión. ¿No sentís que esto facilita un poco las cosas? Si practicas así durante un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es algo difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, tus obligaciones y tu deber; dejar a un lado tus deseos egoístas, intenciones y motivos; tener en consideración las intenciones de Dios; y poner en primer lugar los intereses de la casa de Dios, el trabajo de la iglesia y el deber que se supone que debes realizar, entonces, después de experimentar así durante un tiempo, sentirás que comportarse de esta manera es bueno, que la gente debería vivir de manera honesta y franca, y que no deberían llevar una existencia pusilánime, sórdida y vulgar, sino que deberían ser íntegros y rectos. Sentirás que esta es la imagen que una persona debería vivir. Poco a poco, disminuirá tu deseo de satisfacer tus propios intereses” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). De las palabras de Dios entendí que, para cumplir bien con el deber propio, una persona debe dejar de lado sus intenciones, motivaciones, orgullo y estatus personales, y siempre ha de colocar los intereses de la iglesia en primer lugar. Después de esto cumplí con mi deber de manera consciente según las exigencias de Dios, y dejé de ser egoísta y despreciable y de tener solo en consideración mi propia reputación y estatus. En cierta ocasión, Layla se topó con una dificultad mientras hacía un vídeo y quiso que yo me ocupara de buscar una solución. Me mostré algo reticente y pensé: “No he terminado todavía el vídeo que tengo entre manos. ¿Afectaría al progreso de mi trabajo ayudarla a ella a resolver su problema? Si acababa siendo incapaz de finalizarlo a tiempo, ¿dirían los demás que no era eficaz, a pesar de ser líder de grupo?”. Me di cuenta de que estaba viviendo de nuevo conforme a mi carácter corrupto. Rememoré la resolución que le había hecho a Dios, es decir, considerar el trabajo de la iglesia como un todo y no atender solo el mío propio, así que le oré a Dios, con la intención de rebelarme contra la carne, dejar de lado mis intereses y ayudar a Layla con diligencia. Vi el vídeo atentamente, anoté los problemas y luego fui a ver a Layla y su grupo para ofrecerles guía en el sitio. Layla aseguró que mi comunicación había abierto una senda para ella, y sentí una gran sensación de paz en mi corazón. En principio pensé que ayudarles retrasaría mi trabajo, pero al final no se produjo ningún retraso. Para ambos grupos, el trabajo prosiguió con mayor eficiencia que nunca y se completó con éxito en un mes. Tras esto, cuando los hermanos y hermanas me pedían ayuda con sus dificultades ya no me negaba. En lugar de eso, los ayudaba lo mejor que podía. Aunque dedicaba más tiempo y esfuerzo a revisar las cosas y hacer sugerencias, me sentía en paz practicando de esta manera.
Luego hice algo más de introspección y me pregunté por qué era tan diligente respecto a asuntos relativos a mis propios intereses, pero no cooperaba cuando estos no estaban involucrados. ¿Cuál era exactamente la esencia de este problema? Vi algunas de las palabras de Dios: “Para proteger su propia vanidad y orgullo, y mantener su reputación y estatus, algunas personas son felices ayudando a los demás y están dispuestas a sacrificarse por sus amigos, a pagar cualquier precio por ellos. Pero cuando han de proteger los intereses de la casa de Dios, la verdad y la justicia, sus buenas intenciones se van, pues estas han desaparecido por completo. Cuando deberían practicar la verdad, no lo hacen en absoluto. ¿Qué es lo que ocurre? Para proteger su propia dignidad y orgullo, pagarán cualquier precio y soportarán cualquier sufrimiento. Pero, cuando tienen que hacer un trabajo real y manejar asuntos prácticos, salvaguardar la obra de la iglesia y los aspectos positivos, y proteger y proveer al pueblo escogido de Dios, ¿por qué han perdido la fuerza para pagar cualquier precio y soportar cualquier sufrimiento? Resulta inconcebible. En realidad, tienen un tipo de carácter que siente aversión por la verdad. ¿Por qué digo que su carácter siente aversión por la verdad? Porque cada vez que se trata de dar testimonio de Dios, de practicar la verdad, de proteger al pueblo escogido de Dios, de luchar contra las maquinaciones de Satanás o de proteger la obra de la iglesia, huyen y se esconden, y no atienden a ningún asunto apropiado. ¿Dónde quedan su heroísmo y su espíritu para soportar el sufrimiento? ¿Dónde aplican estas cosas? Eso es fácil de ver. Incluso si alguien los reprende diciéndoles que no deberían ser tan egoístas y despreciables ni protegerse a sí mismos, y que deben proteger el trabajo de la iglesia, en realidad no les importa. Se dicen: ‘Yo no hago esas cosas y no tienen nada que ver conmigo. ¿De qué serviría actuar así por mi búsqueda de la fama, el provecho y el estatus?’. No son personas que persigan la verdad. Solo les gusta buscar fama, provecho y estatus, y sencillamente no hacen en absoluto el trabajo que Dios les ha encomendado. Así que, cuando se les requiere para hacer el trabajo de la iglesia, simplemente optan por huir. Esto significa que, en su corazón, no les gustan las cosas positivas, y no están interesados en la verdad. Esto es una clara manifestación de que sienten aversión por la verdad. Solo aquellos que aman la verdad y poseen la realidad-verdad, cuando el trabajo de la casa de Dios lo requiere y cuando el pueblo escogido de Dios lo necesita, pueden dar un paso al frente, levantándose valientemente y obligados por su deber a dar testimonio de Dios y compartir la verdad, guiando a Su pueblo escogido por la senda correcta, lo que les permite alcanzar la sumisión a la obra de Dios. Solo esto es una actitud de responsabilidad y una manifestación de tener consideración con las intenciones de Dios. Si no tenéis esta actitud y simplemente actuáis por inercia, y pensáis: ‘Haré las cosas dentro del ámbito de mi deber, pero no me importa nada más. Si me preguntas algo, te responderé si estoy de buen humor. De lo contrario, no lo haré. Esta es mi actitud’, entonces esto es un carácter corrupto, ¿verdad? ¿Protege una persona una causa justa al proteger solo su estatus, reputación y orgullo y las cosas relacionadas con sus intereses? ¿Protege los intereses de la casa de Dios? Detrás de estas motivaciones mezquinas y egoístas reside el carácter de sentir aversión por la verdad” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Cuando Dios ve que la gente tiene un calibre escaso, ciertos defectos y un carácter corrupto o una esencia que se opone a Él, no siente rechazo ni la mantiene lejos de Él. Esa no es la intención de Dios ni Su actitud hacia el hombre. Dios no aborrece el calibre escaso de la gente, su necedad ni que tenga un carácter corrupto. ¿Qué es lo que más aborrece Dios en la gente? Que sienta aversión por la verdad. Si sientes aversión por la verdad, solamente por eso, Dios nunca se deleitará en ti. Esto es inamovible. Si sientes aversión por la verdad, si no la amas, si tu actitud hacia ella es indiferente, despectiva, arrogante, o incluso de repulsa, resistencia y rechazo… Si te comportas de este modo, Dios sentirá una repulsión total hacia ti y estás acabado, sin posibilidad de salvarte” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Comprender la verdad es lo más importante para desempeñar el deber bien). Gracias a las palabras de Dios, me di cuenta de que las personas que no aman la verdad ni salvaguardan los intereses de la iglesia, que siempre protegen la reputación personal y el estatus y que hacen de buena gana cualquier cosa que sirva a sus intereses y les haga destacar mientras ignoran y descartan todo lo que no les beneficia, son personas de un carácter satánico que siente aversión por la verdad. No importa lo diligente que sea este tipo de persona en asuntos que afectan a sus propios intereses, el precio que pague o lo impresionante que sea el resultado de su trabajo, su intención es siempre satisfacer su necesidad de reputación y estatus. En lo que se refiere a los intereses de la iglesia, conocen la verdad claramente, pero no la practican, ni defienden en absoluto el trabajo de la iglesia. Cuando reflexioné, me di cuenta de que había estado cumpliendo con mi deber de esta manera. Estaba dispuesta a esforzarme y pagar un precio con tal de destacar y quedar bien. Ni siquiera me desanimaba ante las dificultades y solo me empleaba al máximo para obtener resultados. Pero en cuanto veía que hacer bien el trabajo no me serviría para destacar ni me beneficiaría personalmente, lo dejaba de lado. Ni siquiera me generaba ansiedad ver que el trabajo de la iglesia sufriera pérdidas. ¡Estaba revelando el carácter satánico de sentir aversión por la verdad! Por mis años de fe y todas las palabras de Dios que había leído, sabía, en términos de doctrina, que como ser creado tenía que cumplir bien con mi deber con todo mi corazón, mente y fuerza, y que tenía que anteponer los intereses de la iglesia en todo momento. A menudo le había orado a Dios diciéndole que cumpliría con mi deber lo mejor que pudiera para retribuir Su amor. Sin embargo, al enfrentarme a una situación real, había optado por satisfacer mis deseos egoístas en lugar de proteger los intereses de la iglesia. Siempre había antepuesto mi reputación y mi estatus a los intereses de la iglesia. ¡Qué maldad la mía! Si no me ocupaba de mi carácter satánico de sentir aversión por la verdad, nunca lograría cambiar mi carácter-vida, por no mencionar alcanzar la salvación, por muchos años que siguiera creyendo en Dios. Ante este pensamiento, fui consciente de la fatalidad de mi carácter. Oré a Dios, pidiéndole que me guiara para liberarme de los grilletes de este carácter corrupto.
Algo después, leí otro pasaje de las palabras de Dios: “En la casa de Dios, todos los que persiguen la verdad están unidos ante Dios, no divididos. Todos trabajan con un objetivo común: cumplir con su deber, hacer el trabajo que les corresponde, actuar según los principios-verdad, hacer lo que Dios requiere, y satisfacer Sus intenciones. Si tu objetivo no va en ese sentido, sino en beneficio propio, en aras de satisfacer tus deseos egoístas, entonces se trata de la revelación de un carácter satánico corrupto. En la casa de Dios, los deberes se hacen según los principios-verdad, mientras que las acciones de los no creyentes se rigen por su carácter satánico. Son dos sendas muy diferentes. Los no creyentes albergan sus propios planes, cada uno tiene sus propios objetivos y planes, y todos viven para sus propios intereses. Es por eso que todos ellos luchan por su propio beneficio y no están dispuestos a renunciar ni a un ápice de lo que obtienen. Están divididos, no unidos, ya que no están orientados a un objetivo común. La intención y la naturaleza detrás de sus actos son las mismas. Están decididos a actuar para sí mismos. Aquí no reina la verdad; lo que sí reina y manda en ello es un carácter satánico corrupto. Están controlados por su carácter satánico corrupto y no lo pueden evitar, por lo cual se hunden cada vez más en el pecado. En la casa de Dios, si los principios, los métodos, la motivación y el punto de partida de vuestras acciones no fueran diferentes a los de los no creyentes, si un carácter satánico corrupto jugara con vosotros, os controlara y manipulara, y si el punto de partida de vuestros actos fueran vuestros propios intereses, reputación, orgullo y estatus, entonces no desempeñaríais vuestro deber en forma diferente a aquella en la cual hacen las cosas los no creyentes. Si perseguís la verdad, debéis cambiar la manera de hacer las cosas. Debéis abandonar vuestros propios intereses, vuestras intenciones personales y vuestros deseos. En primer lugar, debéis hablar sobre la verdad al hacer las cosas, y entender las intenciones y los requisitos de Dios antes de repartiros las tareas, con la atención puesta en quién es bueno y malo en qué. Debéis aceptar lo que sois capaces de hacer y aferraros a vuestro deber. No luchéis ni intentéis aferraros a las cosas. Debéis aprender a ceder y a ser tolerantes. Si alguien acaba de comenzar a hacer un deber o acaba de aprender las habilidades de un campo, pero no es capaz de realizar ciertas tareas, no debes forzarlo. Debes asignarle tareas que sean un poco más sencillas. De esta manera, le costará menos obtener resultados al hacer su deber. Esto es ser tolerante y paciente, y tener principios. Forma parte de lo que la humanidad normal debe tener; es lo que Dios requiere de las personas y lo que estas deben practicar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios me hicieron entender lo diferente que es cumplir con un deber en la iglesia, en comparación con el modo que tienen los no creyentes de hacer las cosas. En el mundo de los no creyentes, las personas interactúan según las filosofías para los asuntos mundanos satánicas, como “Agua que no has de beber, déjala correr” y “Que cada quien se ocupe de lo suyo”. Solo consideran sus propios intereses y si hay una promoción o riquezas que ganar. Nadie muestra interés alguno ni se preocupa por las dificultades de los demás. Al pensar en cómo me había estado comportando en mi deber, me di cuenta de que estaba actuando exactamente como un no creyente. Era muy consciente del hecho de que Layla acababa de empezar a practicar y que estaba teniendo dificultades en su deber, pero temía retrasarme y que ella me sobrepasara, así que no estaba dispuesta a ayudarla. En consecuencia, volver a trabajar en el vídeo no solo retrasó el progreso, sino que además estaba viviendo con un carácter corrupto, detestada por Dios y careciendo de Su guía en mi deber. Esto me permitió ver que el carácter de Dios es justo, que Dios nos escruta hasta el fondo de nuestro corazón, que Dios ve con absoluta claridad nuestras intenciones egoístas mientras cumplimos con nuestro deber, y que somos incapaces de obtener la obra del Espíritu Santo si albergamos intenciones equivocadas en nuestros deberes. A partir de las palabras de Dios, llegué a entender que en la iglesia estamos cumpliendo con un deber en lugar de manejar nuestros propios asuntos, y que no podemos desempeñar nuestros proyectos personales siguiendo un carácter corrupto. Pase lo que pase, tenemos que practicar la verdad y defender los intereses de la iglesia, hay que ayudarse mutuamente y apoyar a nuestros hermanos y hermanas, a fin de que progrese con fluidez el trabajo de la iglesia. He disfrutado del riego y el sustento de muchas palabras de Dios, y la iglesia me ha capacitado durante un largo periodo. Si todavía estaba maquinando en aras de mi propio beneficio, satisfaciendo mis deseos egoístas mientras era incapaz de cumplir bien con mi deber para retribuir el amor de Dios, entonces carecía verdaderamente de conciencia y era indigna de todo lo que Dios me había concedido, más si cabe de vivir ante Dios. Comprender esto me llenó de remordimiento. No debería haber tratado mi deber de esa manera y necesitaba dar un giro lo antes posible. Cuando me ocupara en el futuro de ciertos asuntos, mientras se trate de trabajo de la iglesia, debía defenderlo y cumplir con mis responsabilidades independientemente de si el trabajo fuera de mi competencia o me hiciera quedar en buen lugar. Después de esto, nunca más me negué cuando los hermanos y hermanas tuvieron dificultades y necesitaron mi ayuda, y podía hablarles de algunas buenas sendas que yo había recapitulado. Cumpliendo así con mi deber, me sentía tranquila y en paz.
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