Los motivos ocultos del miedo a la responsabilidad

19 Ene 2023

Por Kaoyan, Japón

Me encargaba del trabajo de riego en la iglesia. Conforme más gente aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, la iglesia se dividió en tres y me pusieron a cargo de una de ellas. Tras la división, descubrí que asignaron a mi iglesia a muchos nuevos fieles que no se reunían asiduamente. Pensé que, como nos faltaba personal de riego, requeriría mucho tiempo y energía sustentar a los que no se reunían adecuadamente. Si causaban baja porque no se les regaba bien, los hermanos y hermanas tal vez dijeran que yo era incapaz y poco apta. Sería realmente vergonzoso. Quizá me podarían y tratarían conmigo o me culparían de su marcha. Si no fuera la encargada, sino personal de riego, no tendría que asumir esa responsabilidad. Me parecía mucha presión, como si me endosaran una gran carga, y en el fondo estaba abrumada. El líder quería que capacitáramos a más gente frente a la escasez de regantes. Pero, al ver cuántos nuevos creyentes no se reunían adecuadamente, la dificultad me agobió. Creía que no podría formar a nadie lo bastante pronto y me desanimé. Luego me volví demasiado pasiva en el trabajo. No formaba ni regaba a quienes debía formar y regar, lo que perjudicó nuestra labor. Muy enojada y algo culpable, oré a Dios: “Dios mío, me falta estatura. Ante la multitud de dificultades y problemas en esta nueva iglesia, he querido abandonar. Sé que no es esa Tu voluntad. Te pido que me guíes en introspección y para cambiar mi estado incorrecto, de forma que pueda asumir esta labor”.

Leí un pasaje de las palabras de Dios en mis devociones. Dios Todopoderoso dice: “Algunas personas tienen miedo de asumir responsabilidades en el cumplimiento de su deber. Si la iglesia les da un trabajo que hacer, consideran primero si el trabajo requiere asumir responsabilidad y, si es así, no lo aceptan. Sus condiciones para cumplir con un deber son, primero, que debe ser un trabajo ligero; segundo, que no sea cansado ni les quite tiempo; y tercero que, hagan lo que hagan, no asuman ninguna responsabilidad. Ese es el único deber que aceptan. ¿Qué clase de persona es esta? ¿Acaso no es una persona esquiva y taimada? No quieren asumir siquiera la menor responsabilidad. Cuando caen las hojas de los árboles, temen que el cielo venga detrás. ¿Qué deber puede cumplir una persona así? ¿Qué utilidad puede tener en la casa de Dios? La obra de la casa de Dios tiene que ver con la tarea de batallar contra Satanás, además de diseminar el evangelio del reino. ¿Qué deber no conlleva responsabilidades? ¿Diríais que ser líder requiere responsabilidad? ¿Acaso sus responsabilidades no son aun mayores y no deben asumirlas en mayor medida? Difundes el evangelio, das testimonio, haces vídeos y cosas así. En realidad, el trabajo que haces, sea cual sea, conlleva responsabilidades en cuanto a que está relacionado con los principios de la verdad. Si tu cumplimiento del deber no tiene principios, afectará a la obra de la casa de Dios, y si tienes miedo de asumir responsabilidad, entonces no puedes cumplir con ningún deber. ¿Es cobarde alguien que teme asumir responsabilidades al cumplir con su deber o es que existe un problema con su carácter? Hay que saber diferenciarlo. El hecho es que no se trata de una cuestión de cobardía. Si esa persona fuera en busca de riquezas o estuviera haciendo algo en su propio interés, ¿cómo no habría de ser tan valiente? Asumiría cualquier riesgo. Pero cuando hacen cosas por la iglesia, por la casa de Dios, no asumen ninguno. Tales personas son egoístas y viles, las más traicioneras de todas. Quien no asume responsabilidades al cumplir con su deber no es en absoluto sincero con Dios, ya no hablemos de su lealtad. ¿Qué clase de persona se atreve a asumir responsabilidades? ¿Qué clase de persona tiene el valor de llevar una pesada carga? Alguien que asume el liderazgo y da un paso adelante con valentía en el momento crucial de la obra de la casa de Dios, que no teme cargar con una gran responsabilidad y soportar grandes dificultades, cuando ve la obra más importante y crucial. Se trata de alguien leal a Dios, un buen soldado de Cristo. ¿Es que todos los que temen asumir responsabilidades en su deber lo hacen porque no entienden la verdad? No; es un problema de su humanidad. No tienen sentido de la justicia ni de la responsabilidad. Son personas egoístas y viles, no son creyentes sinceros de Dios. No aceptan la verdad en lo más mínimo, y por estas razones, no pueden ser salvados. Para creer en Dios y obtener la verdad, hay que pagar un gran precio, y para poner en práctica la verdad, hay que pasar también por algunas dificultades, debe renunciar y abandonar algunas cosas. Entonces, ¿puede poner la verdad en práctica quien teme asumir responsabilidades? Desde luego que no, y menos aún se puede decir que vayan a obtenerla. Tiene miedo de practicar la verdad, de incurrir en una pérdida para sus intereses; tiene miedo de ser humillado, de ser despreciado y de ser juzgado. No se atreven a poner en práctica la verdad, por lo que no pueden obtenerla, y no importa cuántos años crean en Dios, no pueden alcanzar Su salvación” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8 (I)). Me resultó incómodo lo revelado en las palabras de Dios. Dice dios que quienes temen asumir la responsabilidad en el deber son los más egoístas, viles y astutos. No saben practicar la verdad y es imposible que alcancen la salvación. Yo actuaba así. Al ver que muchos nuevos se reunían de forma irregular y había pocos candidatos a ser formados, no pensaba en cómo respetar la voluntad de Dios, en capacitar a candidatos viables y regar bien a los nuevos para que pudieran enraizarse antes en el camino verdadero. Los consideraba una carga. Pensaba en el tiempo y la energía que supondría sustentarlos y en que los demás me despreciarían si no lo hacía bien. Me podarían, tratarían conmigo y me culparían si aquello era grave. Parecía un trabajo agotador que podría no dar fruto, y yo era reacia. Aunque me forzaba a hacerlo, era pasiva. Como era irresponsable, no formé a personas a las que debía formar, mientras que otras dejaron de venir asiduamente. El evangelio de Dios de los últimos días ya se está expandiendo rápido y más gente se está volviendo hacia Dios. Dios desea con urgencia que se riegue y sustente bien a los nuevos, pero yo solo pensaba en mis intereses, no en Su voluntad. Tampoco en la vida de los nuevos fieles. ¡Qué egoísta y decepcionante para Dios! Y, en las otras iglesias nuevas, observaba que otros eran capaces de defender la labor de la iglesia sin pensar en sus pérdidas y ganancias personales. Hacían lo imposible por regar a nuevos creyentes por duro que fuera. Eran auténticos creyentes consagrados a su deber. Estaba avergonzada y humillada. Tenía que dejar de pensar en mis intereses y de demorar la labor de la iglesia. Era preciso que asumiera esta responsabilidad y lo diera todo para regar bien a los nuevos. Después empecé a cooperar de manera activa y me esforzaba por regar a personas a las que podía capacitar. Una vez comprendida la voluntad de Dios, también ellas eran activas en el deber. Colaborábamos en el trabajo y sustentábamos juntos a los nuevos. Al poco tiempo, algunos nuevos se estaban reuniendo asiduamente. Estaba muy feliz y agradecida a Dios.

Pero pronto me hallé en la misma situación otra vez. Un día me dijo el líder: “Se acaba de crear una iglesia en Shuiyuan. Varios nuevos creyentes no se están reuniendo adecuadamente y les faltan buenos regantes. El trabajo avanza despacio. Vamos a poner esa iglesia en tus manos”. Cuando dijo esto el líder, me di cuenta de que la voluntad de Dios subyacía a esta situación. La última vez que se dividió una iglesia, me dio miedo la responsabilidad, lo que demoró la labor de la iglesia. Esta vez tenía que someterme y cumplir bien con mi deber. Pero dudé cuando miré de nuevo el estado actual de la iglesia de Shuiyuan. A la iglesia de la que me encargaba le empezaba a ir mejor y había mucho trabajo pendiente. Asumir otra iglesia supondría mucho tiempo y energía. Si no podía sustentar correctamente en Shuiyuan ni ocuparme del trabajo de mi iglesia actual, ¿qué opinarían los demás de mí? No sería tanto ajetreo gestionar una sola iglesia y podría centrar mis esfuerzos en hacer bien mi trabajo. Todos me verían con otros ojos y hasta puede que me ascendieran. Con esta idea, pensé que la iglesia de Shuiyuan sería demasiado para compaginarla. En todo caso, no me beneficiaría, y no quería aceptarla. No obstante, si la rechazaba y nadie la asumía, eso afectaría al trabajo de la iglesia. Estaba confundida. El líder vio en qué estado me hallaba y compartió conmigo un pasaje de las palabras de Dios: “Si eres bastante bueno en cierta clase de trabajo profesional, y lo has estado haciendo por algo más de tiempo que otros, entonces se te deberán asignar tareas más complicadas. Debes recibir esto de Dios y obedecer. No seas quisquilloso y te quejes diciendo: ‘¿Por qué siempre me ponen las cosas difíciles? Les dan todas las tareas fáciles a los demás y a mí me dan las más duras. ¿Acaso no intentan complicarme la vida?’. ¿Qué quieres decir con ‘intentan complicarte la vida’? La organización del trabajo se adapta a cada persona: los que son capaces deben hacer más trabajo. Has aprendido mucho y Dios te ha dado mucho, así que lo correcto es que te pongan una carga más pesada. Esto no se hizo para complicarte las cosas, la carga que se te ha puesto es la adecuada para ti: este es tu deber, así que no intentes elegir, negarte o zafarte. ¿Por qué te parece difícil? En realidad, si pusieras en ello tu corazón, serías totalmente capaz de lograrlo. El hecho de que lo consideres difícil, como si te trataran injustamente, como si te hicieran pasar un mal rato deliberadamente, es manifestación de un carácter corrupto, es negarte a cumplir con el deber y no recibir nada de Dios; supone no practicar la verdad. Cuando eliges tu deber y cumples con el que es cómodo y fácil, el que te hace quedar bien, este es el carácter corrupto de Satanás. Si eres incapaz de aceptar tu deber y de someterte, esto demuestra que aún eres rebelde hacia Dios, que te defiendes, que rechazas, que evitas, lo cual es un carácter corrupto” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Este pasaje me conmovió. El líder no trataba de complicarme las cosas haciendo que asumiera otra iglesia. Como llevaba un tiempo trabajando en riego, debía saber gestionarlo con solo sacrificarme un poquito más. Era demasiado egoísta por pensar únicamente en mis intereses y no querer sacrificarme más. Además, temía quedar mal si no hacía un buen trabajo, por lo que no quería asumirlo y lo rechacé: no fui nada obediente. La iglesia me confiaba algo tan importante como el riego de nuevos creyentes por la gracia y la exaltación de Dios. Debía someterme sin condiciones y hacer todo lo mejor. Eso haría alguien con conciencia y razón. A base de ampararme en Dios y cooperar sinceramente con Él, sabía que me guiaría para que hiciera bien el trabajo. Oré a Dios en mi interior, dispuesta a olvidar mis inquietudes y a asumir esa responsabilidad.

Luego reflexioné y busqué. ¿Por qué siempre quería rechazar los deberes, y nunca asumir responsabilidades? Leí unas palabras de Dios. “No importa lo que estén haciendo, los anticristos consideran primero sus propios intereses, y solo actúan una vez que lo han considerado todo bien; no obedecen verdadera, sincera y absolutamente la verdad sin compromiso, sino que lo hacen de manera selectiva y condicionada. ¿Con qué condiciones? Se trata de salvaguardar su estatus y reputación, y no deben sufrir ninguna pérdida. Solo después de que se satisfaga esta condición, decidirán y elegirán qué hacer. Es decir, los anticristos consideran muy seriamente la manera de tratar los principios de la verdad, las comisiones de Dios y la obra de la casa de Dios, o cómo ocuparse de las cosas a las que se enfrentan. No les importa cómo cumplir la voluntad de Dios, cómo evitar dañar los intereses de Su casa, cómo satisfacerlo o cómo beneficiar a los hermanos y a las hermanas; no son esas las cosas que les interesan. ¿Qué les importa a los anticristos? Si su propio estatus y su reputación van a verse afectados, y si su prestigio va a disminuir. Si hacer algo de acuerdo con los principios de la verdad beneficia a la obra de la iglesia y a los hermanos y las hermanas, pero provocara que su propia reputación se viera afectada y causara que mucha gente se diera cuenta de su verdadera estatura y supiera qué tipo de naturaleza y esencia tienen, entonces no cabe duda de que no van a actuar de acuerdo con los principios de la verdad. Si hacer trabajo práctico hará que más personas piensen bien de ellos, los respeten y los admiren o permite que sus palabras tengan autoridad y causen que más personas se sometan a ellos, entonces elegirán hacerlo así. De lo contrario, nunca elegirán renunciar a sus propios intereses por consideración hacia los intereses de la casa de Dios o de los hermanos y las hermanas. Esta es la naturaleza y la esencia de los anticristos. ¿Acaso no es egoísta y vil?” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). “Mientras las personas no hayan experimentado la obra de Dios y no hayan comprendido la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y las domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propia posición? ¿Por qué tienes emociones tan fuertes? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas? ¿Por qué te gustan esas maldades? ¿Cuál es la base para que te gusten estas cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué las aceptas de tan buen grado? Para este momento, todos habéis llegado a comprender que esto se debe, principalmente, al veneno de Satanás que hay dentro del hombre. Entonces, ¿qué es el veneno de Satanás? ¿Cómo se puede expresar? Por ejemplo, si preguntas ‘¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?’, te responderán: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persigue la gente, lo hacen para sí mismos, por tanto solo viven para sí mismos. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta, en el auténtico retrato de su naturaleza satánica, la cual se ha convertido ya en la base de la existencia de esta humanidad corrupta. La humanidad corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). Hallé respuesta en las palabras de Dios. No quería una gran carga, sobre todo, porque vivía de acuerdo con el carácter de un anticristo, egoísta y astuta. Todo cuanto hacía lo asociaba a mis intereses, a condición de que estos no pudieran correr peligro. No pensaba en la voluntad de Dios ni en defender la labor de la iglesia. Al ver que muchos nuevos fieles de mi nueva iglesia no se reunían asiduamente, temí que eso afectara a mi éxito en mi deber, lo que dañaría mi reputación. Cuando el líder me pidió que supervisara la iglesia de Shuiyuan, supe que, si no se regaba pronto a los nuevos creyentes de allí, a lo mejor los perturbaban los pastores religiosos y causaban baja, pero no quería aceptar el trabajo de regar allí. Sopesaba los pros y los contras para mí misma y solo pensaba hacer el trabajo del que ya era responsable. Así no sería tan estresante, y yo no tendría que sufrir mucho. Si al final lograba algo, recibiría el visto bueno de los demás y daría buena impresión. Vivía según el veneno satánico de que “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Ante cualquier cosa, lo primero en que pensaba era en si sería bueno para mi reputación. Si se iban a ver perjudicados mis intereses, incluso aunque eso fuera bueno para la labor de la iglesia, yo no quería hacerlo. Me resistía y me negaba, sin ser para nada sincera ni sumisa hacia Dios. Los que acababan de aceptar la obra de Dios de los últimos días no conocían la verdad todavía. Era posible que sufrieran la injerencia de los pastores, lo que podría engañarlos y ahuyentarlos, por lo que la iglesia me asignó su riego y sustento. Ante una tarea tan crucial, no asumí la responsabilidad y cumplí con el deber, sino que temí que se resintiera mi reputación si no lo hacía bien. Ese es el carácter de un anticristo: egoísta, despreciable e interesado. Me embargaron el pesar y la culpa. Me sentí muy en deuda con Dios y quería arrepentirme ante Él.

Luego leí más palabras de Dios. “¿Cuál es el estándar a través del cual las acciones de una persona son juzgadas como buenas o malvadas? Depende de si en sus pensamientos, expresiones y acciones poseen o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad de la verdad. Si no tienes esta realidad o no vives esto, entonces, sin duda, eres un hacedor de maldad. ¿Cómo considera Dios a los hacedores de maldad? Tus pensamientos y tus acciones externas no dan testimonio de Dios, no avergüenzan a Satanás ni lo derrotan; en cambio, ellos hacen que Dios se avergüence, en todo son la señal de provocar que Dios se avergüence. No estás testificando para Dios, no te estás entregando a Dios y no estás cumpliendo tu responsabilidad y obligaciones hacia Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Qué significa ‘para ti mismo’? Significa exactamente para Satanás. Así que, al final Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A los ojos de Dios tus acciones no han sido buenas, sino que tu comportamiento se ha vuelto malvado. No solo no obtendrá la aprobación de Dios, además será condenado. ¿Qué busca obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso no se quedaría esta fe en nada al final?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). Las palabras de Dios son muy claras. Dios no se fija en cuánto sufrimos, sino en lo que llevamos dentro, en lo que revelamos en el deber y en si tenemos testimonio de práctica de la verdad. Si la motivación de alguien en el deber no es satisfacer a Dios, si no practica la verdad, entonces, por mucho que dé, Dios considera que hace el mal y que se opone a Él. Al recordar lo revelado en aquel tiempo por mi actitud, siempre pensaba y planificaba en torno a mis intereses, y quería eludir el deber. Aunque lo acepté a regañadientes, no era responsable. No formé a quienes debería haber formado y algunos creyentes no se reunían asiduamente porque no los regué a tiempo. Dios abominaba de mis motivaciones y conductas. A ojos de Dios, hacía el mal y me resistía a Él. Hacía años que era creyente y había gozado de muchísimo sustento de la verdad de Dios, pero jamás pensé en retribuirle Su amor. Cuando más apoyo requería el trabajo de la iglesia, no quise asumir una pesada carga. No cumplía con el deber ni satisfacía a Dios. Realmente no tenía conciencia ni humanidad. Oré en silencio: “Oh, Dios mío, en el deber, me afano por la reputación y el estatus sin proteger para nada la labor de la iglesia. Soy muy egoísta. No he cumplido bien con mi deber y tengo una enorme deuda contigo. Dios mío, gracias por darme otra oportunidad. Quiero arrepentirme, asumir esta carga y hacer lo imposible en el deber para reparar las transgresiones previas”.

Luego leí un pasaje de las palabras de Dios que me dio una senda de práctica. Dios dice: “Para todos los que cumplen con su deber, ya sea profundo o superficial su entendimiento de la verdad, la manera más sencilla de entrar en la realidad de la verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo, y renunciar a los deseos egoístas, a las intenciones, motivos, orgullo y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, tener en cuenta la voluntad de Dios, considerar la obra de la iglesia y poner estas cosas antes que nada; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y haces algunas concesiones? Si practicas de esta manera por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, deberías ser capaz de cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de la casa de Dios, la obra de la iglesia y el deber que has de cumplir. Después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de comportarte: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser despreciable y miserable. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). Con las palabras de Dios hallé una senda de práctica: renunciar a mis intereses y priorizar los de la iglesia cuando surja algo. Quería hacer lo que dice la palabra de Dios: dejar de pensar en si mis intereses se resentirían o no y en lo que opinarían los demás de mí. Tenía que cumplir con mis responsabilidades y asumir el trabajo. También me percaté de que nunca quería trabajos difíciles por miedo a que me despreciaran o trataran conmigo si no lo hacía bien. No comprendía los buenos propósitos de Dios de salvar al hombre. Se me dio un trabajo más difícil por la gracia de Dios. Con este reto, Dios me ayudaba a aprender a ampararme en Él y a buscar la verdad para resolver los problemas. En el transcurso del deber, es bueno llevar una pesada carga y ser podado, tratado o revelado frente a las dificultades. Estas me dan la ocasión de ver bien mis fallos y defectos, de modo que pueda centrarme más en buscar la verdad y dotarme de ella para reparar mis debilidades. Eso favorece mi comprensión de la verdad y mi progreso vital. Es el amor de Dios.

Cuando comprendí la voluntad de Dios, cambié de actitud hacia el deber. Vi que, para gestionar el trabajo de dos iglesias, no podía contar solamente con mis habilidades. Como lo que podía hacer era limitado, tenía que centrarme en formar a gente. Cuando hubiera más hermanos y hermanas que conocieran la voluntad de Dios, podrían asumir un deber, lo que facilitaría el trabajo. Entonces podría centrar mi energía en las tareas cruciales. Así pues, hablé con el personal de riego y confirmé a quienes había que formar, y me esforcé en celebrar reuniones y hablar de las palabras de Dios para resolver sus dificultades y problemas reales. Me sorprendió que algunos hermanos y hermanas comprendieran la obra de Dios, recibieran la fe y quisieran cumplir con un deber. Cuando colaborábamos, era mucho más eficaz en mi deber, y algunos proyectos se hicieron en un suspiro. Además, ellos adquirieron práctica y tenían más energía en el deber. Tras algún tiempo de riego y sustento, muchos nuevos creyentes habían comprendido un poco la obra de Dios, se habían asentado en el camino verdadero y asistían activamente a reuniones. Todo esto me emocionaba mucho. Una vez que renuncié a mis intereses, asumí una carga y me empleé a fondo en el deber, sin darme cuenta había progresado y lograba muchas más cosas en el deber. Ya no me da miedo asumir responsabilidades y quiero practicar la verdad y cumplir mi deber para satisfacer a Dios.

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