El remordimiento tras perder mi deber

24 Oct 2025

Por Kathleen, Italia

He estado realizando mi deber como actriz durante años. En mayo de 2022, los líderes me pidieron que me formara como directora y que me encargara a tiempo parcial de la revisión de videos. Por aquel entonces, aunque sentía que estaba bajo cierta presión, estaba dispuesta a esforzarme por mejorar y dar lo mejor de mí para hacerlo bien. Estaba ocupada todos los días y todo me resultaba muy gratificante.

En agosto de 2022, comenzamos a grabar una nueva película y los directores nos pidieron a la hermana Judith y a mí que hiciéramos una audición para el papel de protagonista, pero no me sentía muy dispuesta. Pensaba que ya estaba bastante ocupada con mis dos deberes y que, si superaba la audición y me daban el papel principal, seguro que estaría demasiado agobiada con los tres deberes. Más adelante, eligieron a Judith la protagonista y a mí me dieron el tercer papel. No solo no me decepcionó no haberme convertido en la protagonista, sino que, en realidad, estaba contenta en secreto. Como el tercer papel tenía menos líneas y no era muy importante, sería relativamente más sencillo, así que lo acepté con gusto. Más adelante, los directores vieron que Judith parecía algo taciturna y que esto no encajaba del todo con la personalidad positiva y fuerte de la protagonista, así que me sugirieron que hiciera de nuevo la audición para el papel principal. Al oír la noticia, lo primero que pensé fue: “Ya estoy bastante ocupada con estos tres deberes; si me asignan el papel principal, ¿no estaré aún más ocupada? Además, el personaje tiene escenas de llanto, así que sería una interpretación bastante difícil. Hacerlo bien requerirá mucha energía”. Después de pensármelo bien, les dije a los directores: “La protagonista es bastante serena, pero yo soy un poco joven y no demasiado sosegada, así que no creo que sea la persona apropiada para ese papel. Judith ya se ha esforzado mucho para hacer ese papel y su edad y temperamento también encajan mejor. Lo único es que sus expresiones no son del todo adecuadas, pero, con un poco más de ayuda, podría mejorar. Por lo tanto, no creo que sea necesario que vuelva a hacer la audición”. Más adelante, tras debatirlo entre todos, llegamos a la conclusión de que, en efecto, Judith encajaba mejor con el temperamento de la protagonista y que le vendría bien recibir más ayuda. Aunque el asunto pasó, yo sabía en mi corazón que no quería interpretar el papel principal porque temía sufrir y me sentí algo culpable, pero no busqué la verdad para resolverlo.

A partir de entonces, tenía la agenda repleta todos los días y me sentía algo renuente. A veces, los directores se reunían por la noche para debatir cuestiones de la película, y yo me sentía reacia y renuente. Pensaba: “Que terminen de una vez por todas con el debate. En cuanto acaben, ustedes podrán irse a descansar, pero yo todavía tendré que revisar los videos. ¿Cuándo habrá menos videos que revisar?”. A veces, para acabar más rápido esas tareas, cuando revisaba los videos, los ponía en avance rápido para poder terminar antes e irme a la cama más temprano. El deber de directora exige pensar en cosas como los planos y la puesta en escena y, como me parecía que eso exigía demasiada energía, no quería esforzarme con esmero. Cuando la actriz principal tenía dificultades con su interpretación, los otros directores la ayudaban a que hiciera bien su papel, pero yo solo quería holgazanear y no reflexionar sobre ello. Me limitaba a contarle a la hermana sobre alguna experiencia que había acumulado, lo que no cumplía realmente la función de directora. En cuanto al tercer papel que interpretaba, ponía la excusa de que estaba ocupada y no me esforzaba en reflexionar sobre ello, lo que hizo que diera una muy mala interpretación.

Un día, una hermana compartió conmigo y me dijo que yo no estaba dispuesta a pagar un precio en mis deberes, que disfrutaba de la comodidad física y que recurría a pequeñas artimañas, era evasiva y holgazaneaba. Sabía que estaba señalando exactamente los problemas que tenía, pero no me di cuenta de la gravedad de la cuestión. Pensé: “En cualquier caso, no puedo con tantos deberes y, como no estoy aportando nada como directora, tarde o temprano me destituirán. Si lo hacen, pues que así sea. Tener un deber menos significará que sufriré menos físicamente y que tendré más tiempo libre. Tampoco estaría mal tener un deber de una única tarea”. Como no cambié mi mentalidad, me volví aún más pasiva en mis deberes. Hubo muchos problemas durante el rodaje que hicieron que progresara con especial lentitud. Sin embargo, como yo solo estaba centrada en reducir mis deberes, me mantuve indiferente ante esos problemas. Más adelante, como no tenía ningún sentido de carga por mis deberes, los líderes ya no me dejaron ser directora e hicieron que me centrara únicamente en el papel que interpretaba. Aunque tenía menos deberes, aún no lograba reunir nada de motivación y mi interpretación seguía teniendo muchos fallos. Al final, debido a problemas en el rodaje y a que nuestra interpretación como actores principales no cumplió con el estándar, el rodaje fracasó. Por ciertas razones especiales, ya no pude seguir trabajando como actriz y tampoco pude revisar videos. Perder mis deberes, uno tras otro, aún no consiguió despertar mi corazón adormecido y seguí sin ponerme a reflexionar de forma adecuada sobre mí misma. En cambio, pensaba que había motivos objetivos por los que había perdido mis deberes. Más adelante, la iglesia me puso a cargo del trabajo evangélico y quería valorar este deber, pero, al poco tiempo, volví a caer en mis viejas costumbres. Ante las dificultades que tenían los hermanos y hermanas para predicar el evangelio, los problemas de colaboración entre los trabajadores evangélicos, los problemas de los posibles destinatarios del evangelio y demás, sentía que el trabajo no terminaba nunca y me volví esquiva y holgazaneé de nuevo. Cada vez que iba a implementar un trabajo, me limitaba a transmitir las instrucciones. Cada día pensaba en terminar cuanto antes las tareas que los líderes me asignaban para poder irme a descansar temprano y, cuando estaba cansada, me ponía a pensar: “¿Habrá algún deber más ligero que pueda realizar? Siempre estoy muy ocupada con este trabajo. ¿Cuándo tendré una pausa para descansar? ¿Cuándo se acabará este agotamiento?”. No me imaginaba que esos “deseos” se hicieran realidad tan pronto.

El 9 de junio de 2023, por ciertas circunstancias especiales de mi zona, estaba aislada y no me podía contactar con la iglesia ni con los hermanos y hermanas, y tuve que dejar de realizar mis deberes. Esta situación surgió de forma muy repentina y, durante mucho tiempo, no fui capaz de reaccionar. De repente pasé de estar ocupada a no tener nada que hacer y me sentía completamente perdida, sin saber qué hacer. Por más que lo pensaba, no lograba entenderlo: “Ahora hay muchísimo trabajo evangélico y todos los que realizan sus deberes tienen muchas tareas que hacer. ¿Por qué mis deberes han cesado de pronto?”. De repente, recordé las palabras de Dios: “Si eres escurridizo y holgazán, si no atiendes debidamente tu deber y siempre vas por la senda equivocada, Dios no obrará en ti; perderás esta ocasión y Dios dirá: ‘No hay manera de usarte. Apártate. Te gusta ser ladino y holgazanear, ¿verdad? Te gusta ser perezoso y disfrutar de la comodidad, ¿no? ¡Pues disfruta de la comodidad para siempre!’. Dios concederá esta gracia y esta oportunidad a otra persona. ¿Qué opináis? ¿Esto es una pérdida o una ganancia? (Una pérdida). ¡Una enorme pérdida!(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). El juicio de las palabras de Dios me despertó al instante. ¿No era que yo siempre quería descansar? ¿No era que siempre me desagradaba enfrentar dificultades, temía el agotamiento, actuaba de manera esquiva, holgazaneaba y pensaba solo en mi carne? ¡Pues ahora estaba totalmente en reposo y sin poder realizar ningún deber! Mi mente se puso en blanco y las palabras de Dios no paraban de darme vueltas en la cabeza: “¡Pues disfruta de la comodidad para siempre!”. Sentía algo inexpresable en el corazón. Simplemente me sentía vacía. Recordaba cómo había realizado mis deberes antes y me llenaba de remordimiento y pasaba los días hundida en la culpa y la recriminación: ¿Por qué no había valorado mis deberes adecuadamente? ¿Por qué me limitaba a hacer las cosas por inercia?

Más adelante, leí un pasaje de las palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre la naturaleza y las consecuencias de ser negligente. Dios Todopoderoso dice: “Ser superficial al realizar tu deber es un gran tabú. Si siempre eres superficial al hacer tu deber, no hay forma de que lo hagas a un nivel acorde al estándar. Si quieres realizar tu deber con devoción, primero debes corregir tu problema de ser superficial. Deberías tomar medidas para subsanar la situación en cuanto notes sus manifestaciones. Si estás atolondrado, nunca eres capaz de notar los problemas, siempre actúas por inercia y haces las cosas de manera superficial, entonces, no tendrás forma de hacer bien tu deber. Por tanto, debes volcar el corazón en él. ¡Es muy difícil que la gente se tope con la oportunidad de hacer su deber! Cuando Dios les da esta oportunidad, si ellos no la aprovechan, entonces esa oportunidad se pierde; incluso si desean buscarla más tarde, puede que no vuelva a presentarse. La obra de Dios no espera a nadie, como tampoco esperan las oportunidades para realizar el propio deber. Hay gente que dice: ‘Antes no hacía bien mi deber, pero ahora sigo queriendo hacerlo. Solo volveré a intentarlo’. Es maravilloso tener esta clase de determinación, pero debes tener claro cómo hacer bien tu deber: debes esforzarte por alcanzar la verdad. Solo quienes comprenden la verdad pueden hacer bien el deber. Si uno no comprende la verdad, ni siquiera su mano de obra será acorde al estándar. Cuanto más clara tengas la verdad, más eficaz te volverás en el deber. Si puedes ver este asunto tal como es, entonces te esforzarás por la verdad, y tendrás esperanzas de hacer bien tu deber. En la actualidad no hay muchas oportunidades para realizar un deber, así que debes aprovecharlas cuando puedas. Es precisamente cuando te enfrentas a un deber que debes esforzarte de verdad; entonces es cuando debes ofrecerte y gastarte para Dios y cuando necesitas pagar un precio. No te guardes nada, no albergues ninguna intriga, no dejes ningún margen de maniobra, no te concedas una salida. Si dejas margen, engañas o eres escurridizo y holgazaneas, estás destinado a hacer un trabajo deficiente. Supón que dices: ‘Nadie me ha visto escabullirme y holgazanear. ¡Qué bien!’. ¿Qué manera de pensar es esta? ¿Crees haber engañado a la gente y también a Dios? Sin embargo, en la realidad, ¿sabe Dios lo que has hecho? Lo sabe. De hecho, cualquiera que interactúe contigo durante un tiempo se enterará de tu corrupción y tu fealdad; es solo que puede que no lo diga abiertamente: tendrá su evaluación de ti en su corazón. Ha habido muchas personas que fueron reveladas y descartadas porque la mayoría de la gente pudo desentrañar su esencia y, por tanto, expuso a esas personas tal como eran y las hizo echar de la iglesia. Así que, persigan o no la verdad, las personas deberían realizar bien su deber lo mejor que puedan; deberían dejarse guiar por su conciencia y hacer algunas cosas reales. Puede que tengas defectos, pero si puedes ser eficaz en el desempeño de tu deber, no serás descartado. Si siempre piensas que estás bien, que definitivamente no serás descartado, si nunca reflexionas ni intentas conocerte a ti mismo, y sigues ignorando las tareas que te corresponden y eres siempre superficial, entonces, cuando el pueblo escogido de Dios realmente pierda la tolerancia contigo, te expondrá tal como eres, y serás descartado. Entonces, será demasiado tarde para lamentarse, porque todos te habrán desentrañado, y habrás perdido toda tu dignidad e integridad. Si nadie confía en ti, ¿acaso lo haría Dios? Él escruta lo más profundo del corazón del hombre: no confiaría en absoluto en una persona así. […] las personas siempre deberían examinarse a sí mismas al realizar su deber: ‘¿He realizado este deber acorde al estándar? ¿He puesto mi corazón en él? ¿He sido superficial?’. Si eres siempre superficial, estás en peligro. Como mínimo, significa que no tienes credibilidad y que la gente no puede confiar en ti. Más grave aún, si eres siempre superficial al hacer tu deber, y si siempre engañas a Dios, ¡entonces estás en gran peligro! ¿Cuáles son las consecuencias de incurrir descaradamente en el engaño? Todos pueden ver que estás haciendo el mal a sabiendas. Vives enteramente según tus propias actitudes corruptas, y en tu deber no eres más que superficial, y no practicas la verdad en absoluto. ¡Esto significa que careces de humanidad! Si esto se manifiesta en ti en todo momento —no cometes errores graves, pero no cesas en los menores, y no te arrepientes de principio a fin—, entonces eres una persona malvada, un incrédulo, y deberías ser echado. Esta es una consecuencia grave. Eres completamente revelado y descartado por ser un incrédulo y una persona malvada(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La entrada en la vida comienza con la ejecución del deber). Había leído este pasaje muchas veces antes, pero nunca me había afligido tan profundamente el corazón como en ese momento. Al realizar mis deberes de manera superficial y recurrir a artimañas, podía engañar a la gente, pero no podía engañar a Dios y, si seguía sin arrepentirme, Él me descartaría. Recordé los momentos en que realizaba mis deberes: cuando tuve más deberes que exigían más tiempo y esfuerzo, empecé a quejarme, ya que sentía que no podía relajarme ni descansar puntualmente, me sentía renuente y reacia, y siempre esperaba poder tomarme un descanso. Cuando revisaba los videos, lo hacía de forma superficial para poder descansar cuanto antes. Aunque eso no causó ninguna pérdida, yo estaba holgazaneando y siendo esquiva y superficial en mis deberes, y Dios vio todo eso. ¡Verdaderamente no era nada ingenua y sí digna de poca confianza! La iglesia me ofreció la oportunidad de formarme como directora, pero no la valoré, no me esforcé en analizar el guion ni en reflexionar sobre las tomas y solo me quejaba de que era una tarea que me agotaba mentalmente. Cuando ayudaba a los actores con sus papeles, era evasiva y holgazaneaba, me limitaba a aconsejarlos basándome en mi escasa experiencia como actriz, pero eso no les servía de nada. Era solo un adorno que ocupaba un lugar, pero no hacía nada sustancial. En mi deber como actriz, sabía que el papel protagonista exigía energía, así que rechacé la oportunidad de hacer la audición. Más allá de que me eligieran o no, cuando me necesitaban para el trabajo de la casa de Dios, yo no tomaba la iniciativa de dar un paso al frente para colaborar. En lugar de esto, primero pensaba en la comodidad de mi carne y, en cuanto vi que esto no beneficiaría mi carne, ya no quise participar en la audición y me inventé excusas para eludir la responsabilidad. ¡Fui tan egoísta! Incluso cuando, más tarde, interpreté el tercer papel, lo hice con dejadez. No me preparé de forma adecuada y el resultado de las grabaciones dejó mucho que desear. De hecho, en ese momento, aunque cumplía tres tipos de deberes, si hubiera gestionado bien mi tiempo y hubiera trabajado con los pies en la tierra, no habría cumplido mal con todos. Por mucho trabajo que implicaran mis deberes, solo habrían requerido que trabajara media hora o una hora más que los demás. Pero ni siquiera quería pagar ese pequeño precio y siempre me desagradaba enfrentar dificultades, temía al agotamiento y, aun cuando fui perdiendo mis deberes, uno tras otro, seguí sin arrepentirme. Al final, cuando me pusieron a cargo del trabajo evangélico, volví a caer en las mismas malas costumbres. Para que mi carne estuviera cómoda, siempre actuaba de manera evasiva y holgazaneaba y era negligente en cuanto podía. Ya había desperdiciado mi integridad y dignidad. No era de confianza ni era digna de realizar mis deberes en absoluto. Dios ya me había desdeñado desde hacía tiempo.

Al reflexionar sobre cómo había realizado mis deberes, me recriminé en lo más profundo de mi corazón, y lloré mientras oraba a Dios: “Dios, veo que no he realizado mis deberes de una manera acorde al estándar. Todo esto ha sido por mi superficialidad y por disfrutar de la comodidad física. Hoy, la interrupción repentina de mis deberes es el castigo y la disciplina que Tú me impones. Dios, quiero arrepentirme. Te ruego que me esclarezcas y me guíes para reflexionar y conocerme a mí misma”. Después, empecé a buscar conscientemente la verdad relacionada con mis problemas, y leí las palabras de Dios: “Las personas perezosas no son capaces de hacer nada. Resumido en dos palabras, son personas inútiles; tienen una discapacidad de segunda clase. Por muy bueno que sea el calibre de los perezosos, no es más que una fachada; aunque tienen buen calibre, no sirve para nada. Son demasiado perezosos, saben lo que deben hacer, pero no lo hacen y, aunque tengan conocimiento de que algo supone un problema, no buscan la verdad para resolverlo, y si bien saben qué dificultades deben sufrir para que el trabajo sea efectivo, no están dispuestos a soportar ese sufrimiento aunque merezca la pena, así que no pueden obtener ninguna verdad ni realizar ningún trabajo real. No desean soportar las penurias que a las personas les toca soportar; solo saben disfrutar de la comodidad, de los momentos de alegría y ocio, y de una vida libre y relajada. ¿Acaso no son inútiles? Las personas que no pueden soportar la adversidad no merecen vivir. Aquellos que siempre desean vivir la vida de un parásito son personas sin conciencia ni razón, bestias, y tales personas no son aptas siquiera para ser mano de obra. Como no pueden soportar la adversidad, ni siquiera cuando son mano de obra son capaces de hacerlo bien y, si desean obtener la verdad, hay incluso menos esperanzas de ello. Alguien que no puede sufrir y no ama la verdad es una persona inútil, no está cualificada siquiera para ser mano de obra. Es una bestia sin pizca de humanidad. A tales personas se las debe descartar, solo esto concuerda con las intenciones de Dios(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (8)). “Desde el principio, Dios dijo: ‘Lo que quiero es la excelencia en las personas, no un gran número de ellas’. Este es el estándar requerido por Dios para Su pueblo escogido, además de un requerimiento y principio relativo al número de personas en la iglesia. ‘Lo que quiero es la excelencia en las personas’: ¿se refiere aquí ‘excelencia’ a los buenos soldados del reino o a los vencedores? A ninguno de los dos. La ‘excelencia’, dicho con precisión, se refiere a aquellos que poseen humanidad normal, a los que son realmente humanos. En la casa de Dios, si puedes hacer deberes que le corresponden a un humano, si se te puede usar como a un ser humano y puedes cumplir las responsabilidades, deberes y obligaciones de un humano sin que otros tiren de ti, te arrastren o te empujen y tampoco eres basura inútil ni un vividor ni un holgazán, si puedes asumir las responsabilidades y obligaciones de un humano y asumir la misión de un humano, ¡solo esto es ser acorde al estándar como humano! ¿Pueden asumir la misión de un humano esos holgazanes y aquellos que no hacen las tareas que les corresponden? (No). Algunas personas no están dispuestas a asumir la responsabilidad; otras no pueden asumirla, son basura inútil. A aquellos que no pueden asumir las responsabilidades de un humano no se les puede llamar humanos. […] Aquellos que son incapaces de asumir su propio deber en la casa de Dios no son humanos normales y Dios no los quiere. Si eres un líder o un obrero o haces trabajo específico que involucra habilidades profesionales, debes ser capaz de asumir el trabajo del que eres responsable. Más allá de ser capaz de gestionar tu propia vida y supervivencia, tu existencia no consiste meramente en respirar ni en comer, beber y divertirte, sino en ser capaz de asumir la misión que Dios te ha dado. Solo tales personas son dignas de llamarse seres creados y de llamarse humanas. Aquellas en la casa de Dios que siempre quieren vivir a costa de los demás y salir del paso con engaños, con la esperanza de llegar hasta el final con sus artimañas y obtener bendiciones, no pueden asumir ningún trabajo ni ninguna responsabilidad, ya no digamos una misión. A tales personas se las debe descartar y no es ninguna lástima. Esto es porque lo que se descarta no es humano; no están cualificadas para que se las llame humanas. Puedes llamarlas inútiles, holgazanas u ociosas; en cualquier caso, no son dignas de llamarse humanas. Cuando les asignas trabajo, no pueden completarlo de manera independiente; y cuando les asignas una tarea, no pueden asumir su responsabilidad ni cumplir con la obligación que les corresponde; tales personas están acabadas. No son dignas de vivir; merecen la muerte. Que Dios les perdone la vida ya es Su gracia, es un favor excepcional(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). Dios expone que la mayor característica de las personas perezosas y ociosas es que no se ocupan del trabajo que les corresponde. Para resumirlo en una frase, van por ahí vegetando. Se pasan los días pensando solo en comer, beber, divertirse y disfrutar de la comodidad física, sin ocuparse de los asuntos que deberían. Siempre que pueden, realizan sus deberes por inercia, descansan y rehúyen las responsabilidades. No son capaces de cumplir con ningún deber y no están dispuestas ni capacitadas para asumir ningún trabajo. Solo buscan el ocio y la tranquilidad y, aun así, esperan recibir bendiciones al final. Este tipo de personas no merecen ser llamadas humanas, son inútiles, y Dios las detesta. Cuando reflexioné sobre mi comportamiento, vi que yo era exactamente como esas personas. No hacía el trabajo que podía hacer y rehuía las responsabilidades y cargas que debería haber asumido. Solo ansiaba la comodidad física y tenía miedo de enfrentar dificultades y agotarme. Mi deseo cada día era terminar el trabajo cuanto antes e irme a descansar temprano. Solo quería vivir como un cerdo, comiendo, bebiendo y durmiendo bien. La iglesia me había confiado el importante deber de revisar videos, pero, para poder irme antes a la cama, ponía los videos en avance rápido cuando los revisaba. Si, debido a mi irresponsabilidad, permitía que se publicara un video que no cumpliera con el estándar, no solo no conseguiría dar testimonio por Dios, sino que además lo deshonraría, lo que sería una consecuencia que no podría soportar. Además, el director es el líder del trabajo de películas, y poder formarme para realizar un deber tan importante era una forma en la que Dios me elevaba, pero yo fui irresponsable, evasiva y holgazaneé. Al ser tanto la directora como una de las actrices, yo tenía una responsabilidad innegable de que el rodaje se hubiera retrasado durante tanto tiempo y de su mala calidad. En esto, ¡estaba cometiendo una grave transgresión en mi deber! La iglesia me había cultivado como actriz durante muchos años; sin embargo, cuando vi que no se podía encontrar un actor principal adecuado para la nueva película, permanecí indiferente, no me puse nerviosa ni me preocupé y hasta rechacé hacer la audición para el papel protagonista por comodidad física. No tuve consideración con las intenciones de Dios ni conseguí proteger los intereses de Su casa. ¡Carecía por completo de humanidad! Al repasar mis distintos comportamientos y el daño que había causado al trabajo de la casa de Dios, sentí que era exactamente como Dios lo describió cuando dijo: “No son dignas de vivir; merecen la muerte. Que Dios les perdone la vida ya es Su gracia, es un favor excepcional”. La casa de Dios me había dado una y otra vez la oportunidad de realizar mis deberes para que pudiera ganar la verdad y progresar más a través de hacer mis deberes. Pero yo siempre era negligente y salía del paso. Era completamente inútil. ¡Carecía de conciencia y razón! No había realizado ninguno de los deberes que me habían encomendado. Era simplemente una buena para nada. Mi vida no tenía valor, y nadie me echaría de menos incluso si muriera. Ahora, que Dios me haya dado la oportunidad de reflexionar ya es una muestra de la gracia que me otorga.

Más adelante, reflexioné sobre qué era lo que siempre me hacía actuar con negligencia. Leí las palabras de Dios: “Antes de que las personas experimenten la obra de Dios y comprendan la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y las domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propio estatus? ¿Por qué estás tan influenciado por tus sentimientos? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas y esas cosas malvadas? ¿En qué se basa tu gusto por tales cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué te gustan y las aceptas? Para este momento, todos habéis llegado a comprenderlo: la razón principal es que los venenos de Satanás están dentro del hombre. Por tanto, ¿qué son los venenos de Satanás? ¿Cómo se pueden expresar? Por ejemplo, si preguntas: ‘¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?’, todo el mundo responderá: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa justamente la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persiga la gente, en realidad lo hace para sí misma, por tanto, toda ella vive para sí misma. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta y son el auténtico retrato de su naturaleza satánica. Dicha naturaleza satánica se ha convertido por completo en la base de la existencia de la especie humana corrupta. La especie humana corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). Las palabras de Dios me permitieron entender que, cada vez que debía realizar deberes, siempre me desagradaba enfrentar dificultades, temía al agotamiento y no era capaz de entregarme verdaderamente para Dios. Esto no solo se debía a mi terrible pereza, sino también a que los venenos de Satanás me dominaban por dentro, como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “La vida solo consiste en comer rico y vestirse bien”, “Vive hoy sin preocuparte por el mañana”, “Vive el presente y no seas muy duro contigo mismo” y “El disfrute físico es la felicidad”. Vivía según estas ideas y opiniones, lo que me volvía cada vez más egoísta y despreciable. No estaba dispuesta a sufrir ni a pagar un precio por nada y anteponía siempre la comodidad física a todo lo demás. Igual que cuando era pequeña y vi que algunos compañeros entraron en la escuela secundaria básica: se levantaban antes del amanecer para ir a clase y, después del colegio, tenían que hacer todo tipo de deberes. A mí me parecía que vivir así sería demasiado agotador y que, por mucho que sufrieran, puede que ni siquiera llegaran a entrar en la universidad. Yo solo quería disfrutar del presente y vivir con comodidad, y sentía que eso bastaba. Así que abandoné la escuela tras terminar la primaria. Después de casarme, tampoco estaba dispuesta a ocuparme de los asuntos domésticos, por grandes o pequeños que fueran, y era mi marido el que se encargaba de todo. Mi familia decía que tenía suerte, que vivía sin preocupaciones, y yo pensaba que así era como debía vivir una persona y que vivir sin preocupaciones ni tensiones y pasar los días con libertad y tranquilidad era la vida más feliz que uno podía tener. Vi que esos venenos satánicos ya se habían convertido en mi naturaleza y en el criterio según el cual actuaba y me comportaba. Vivir según esas cosas me hacía disfrutar cada vez más de los placeres carnales y vivir de una manera muy vulgar. Después de llegar a la casa de Dios para realizar mis deberes, seguía anteponiendo mis intereses físicos y solo estaba dispuesta a pagar un pequeño precio en mis deberes si mi comodidad física no se veía afectada. Sin embargo, en cuanto eso sucedía, me devanaba los sesos buscando una salida y hacía mi deber de manera superficial. Tal como dice un himno: “La gente está dispuesta a dar su vida por la carne, pero no quiere sacrificar nada por la verdad(Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos, Un lamento para un mundo lúgubre y trágico). Incluso cuando me sentía recriminada tras actuar por inercia y sabía claramente cómo lograr buenos resultados, seguía sin estar dispuesta a soportar el sufrimiento ni a pagar el precio. Siempre sentía que ese esfuerzo no me valdría la pena, así que constantemente codiciaba la comodidad, lo que provocaba que mis deberes no tuvieran resultados. Durante mi etapa como directora y actriz, causé grandes pérdidas al trabajo de la casa de Dios, pero no sentía nada al respecto, no me sentí afligida en absoluto y hasta pensaba que había razones objetivas para ello. Al pensarlo, me sentí un poco asustada. Esos venenos satánicos me habían vuelto egoísta y vil. Aunque mi carne disfrutaba de la comodidad, yo ya había perdido por completo mi dignidad e integridad como persona, y ahora ni siquiera tenía la oportunidad de realizar mis deberes. Estos remordimientos por mis antiguos deberes se han convertido ahora en una mancha sobre mi fe en Dios. Pensé en cómo Dios, para salvar a la humanidad, se encarnó y descendió a la tierra, experimentando en persona el sufrimiento humano, y en cómo ha expresado toda clase de verdades para proveer, guiar, juzgar y purificar a las personas. Dios ha derramado mucha sangre de Su corazón por la humanidad, pero yo no estaba dispuesta ni siquiera a realizar el deber de un ser creado. ¿En qué sentido tenía yo conciencia o razón? ¡Era totalmente indigna de seguir a Dios!

Durante mi aislamiento, no pude contactar con la iglesia. Solo podía ver en YouTube los videos que hacían los hermanos y hermanas. Vi que aumentaba el número de películas, testimonios vivenciales, himnos y videos de danza de la casa de Dios, y que nuevos videos se subían cada día. Sentí que esos hermanos y hermanas tenían la obra del Espíritu Santo y las bendiciones y la guía de Dios, y me dio mucha envidia. Echaba de menos los días en que realizaba mis deberes con mis hermanos y hermanas. Pensaba en cómo yo solía ser una de ellos, pero, por no haber valorado mis deberes y por haberlos realizado superficialmente, una y otra vez, había perdido la oportunidad de realizar mis deberes. Estaba muy angustiada. Mis remordimientos y transgresiones eran como espinas que tenía clavadas en mi corazón y me atormentaban muchísimo. Fue en ese momento cuando realmente entendí que la verdadera felicidad no consiste en cuánta comodidad física disfrutemos, sino en cuántas buenas acciones preparemos y cuántas cosas hagamos para complacer a Dios. Al mirar hacia atrás, vi que no había hecho ni una sola cosa para complacer a Dios y, cada vez que pensaba en ello, me llenaba de remordimientos y me sentía en deuda. En ese momento, escuché un himno de las palabras de Dios titulado “Solo cumpliendo tu deber puedes vivir el valor de la vida humana”, y mi corazón se sintió más brillante.

1  ¿Qué valor tiene la vida de una persona? Por una parte, se trata de cumplir con el deber de un ser creado. En otro sentido, durante tu vida, debes cumplir tu misión; esto es lo más importante. No hablamos de completar una gran misión, deber o responsabilidad; pero como mínimo, debes cumplir con algo. Durante la vida de una persona, tras encontrar su lugar, se mantiene con firmeza en su puesto, conserva su posición, invierte toda la sangre de su corazón y toda su energía, lo hace bien y termina aquello en lo que debe trabajar y ha de completar. Cuando se presenta finalmente ante Dios para rendir cuentas, se siente relativamente satisfecha, no alberga acusaciones ni remordimientos en el corazón. Se siente reconfortada y cree que ha conseguido algo, que ha vivido una vida valiosa.

2  Entonces, para vivir una vida valiosa y, en última instancia, lograr este tipo de cosecha, merece la pena que una persona sufra físicamente un poco y pague un pequeño precio, incluso si se enferma de agotamiento o tiene algunos problemas de salud. Cuando una persona viene a este mundo, no es para disfrutar de la carne, ni para comer, beber y divertirse. No se debe vivir para tales cosas, ese no es el valor de la vida humana ni la senda correcta. El valor de la vida humana y la senda correcta a seguir radican en lograr algo valioso y completar uno o varios aspectos valiosos del trabajo. A esto no se le puede llamar carrera, sino que recibe el nombre de senda correcta, y también se lo denomina la tarea adecuada. Vale la pena que una persona pague cualquier precio con el fin de completar algún trabajo valioso, tener una vida significativa y valiosa y perseguir y obtener la verdad.

[…]

La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (6)

Este himno me abrió los ojos al valor y el significado de la vida. La comodidad física es solo temporal, y una vida verdaderamente significativa solo se puede alcanzar cuando realizamos nuestros deberes y nuestro corazón encuentra consuelo. Me di cuenta de que, si no resolvía mi carácter corrupto, mi pereza y mi disfrute de la comodidad física siempre me impedirían cumplir con mis deberes. Así que oré a Dios y busqué una senda de práctica.

Después, encontré una senda de práctica en un pasaje de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Cuando sientas ganas de hacer las cosas de manera negligente, de ser evasivo y holgazanear, y de tratar de evitar el escrutinio de Dios mientras haces tu deber, deberías apresurarte a presentarte ante Él para orar y reflexionar sobre si es correcto hacerlo. Luego, piensa un poco: ‘¿Cuál es mi propósito al creer en Dios? Mi negligencia podría embaucar a la gente, pero ¿embaucará a Dios? Además, mi creencia en Dios y hacer mi deber no es para poder ser evasivo y holgazanear, sino para poder alcanzar la salvación. Actuar de esta manera demuestra que no tengo humanidad normal, y no es algo que deleite a Dios. Eso no puede ser. Una cosa sería si fuera evasivo, holgazaneara y siguiera mi propia voluntad en el mundo, pero ahora estoy en la casa de Dios, estoy bajo Su soberanía, bajo el escrutinio de los ojos de Dios, y soy un ser humano, así que debo actuar según mi conciencia y las palabras de Dios, y no puedo seguir mi propia voluntad, ser negligente ni ser evasivo y holgazanear. Entonces, ¿cómo debería actuar para no ser evasivo y holgazanear, para no ser negligente? Debo esforzarme un poco. Justo ahora me pareció que era demasiada molestia actuar de esa manera, así que quise evitar la dificultad, pero ahora entiendo: puede que sea más molestia hacerlo así, pero da resultados, así que así es como debería hacerlo’. Cuando lo estés haciendo y todavía no estés dispuesto a soportar la dificultad, en tales momentos debes orar a Dios: ‘¡Dios mío! Soy una persona perezosa y escurridiza. Por favor, disciplíname y repréndeme, para que pueda adquirir conciencia y tener sentido de la vergüenza. No quiero ser negligente. Por favor, guíame y esclaréceme, para que pueda ver mi rebeldía y mi fealdad’. Cuando ores así, y reflexiones e intentes conocerte a ti mismo de esta manera, esto dará lugar a un sentimiento de remordimiento; serás capaz de odiar tu fealdad, y tu estado equivocado comenzará a cambiar. Serás capaz de contemplar: ‘¿Por qué soy capaz de ser negligente? ¿Por qué siempre estoy tratando de ser evasivo y holgazanear? Actuar así es muy carente de conciencia y razón, ¿sigo siendo alguien que cree en Dios? ¿Por qué no puedo hacer las cosas a conciencia? ¿No necesito simplemente dedicar un poco más de tiempo y esfuerzo? ¿Qué tiene eso de difícil? Eso es lo que debería estar haciendo; si ni siquiera puedo hacerlo, ¿soy digno de ser llamado un ser humano?’. Como resultado, tomarás una determinación y le harás un juramento a Dios: ‘¡Dios mío! Te he fallado, soy verdaderamente demasiado corrupto, no tengo conciencia ni razón, y no tengo humanidad. Estoy dispuesto a arrepentirme. Por favor, perdóname. Definitivamente cambiaré. Si no me arrepiento, castígame’. Después, tu mentalidad dará un giro y empezarás a cambiar. La próxima vez que hagas tu deber, serás capaz de actuar a conciencia, con menos negligencia, y serás capaz de sufrir y pagar un precio. Sentirás que hacer tu deber de esta manera es maravilloso, y tendrás paz y alegría en tu corazón. Cuando la gente puede aceptar el escrutinio de Dios, cuando puede orarle y confiar en Él, sus estados pronto cambian. Cuando tu estado negativo se haya revertido, y te hayas rebelado contra tus propias intenciones y los deseos egoístas de la carne, cuando seas capaz de desprenderte de la comodidad y los placeres de la carne y actuar según los requisitos de Dios, y ya no actúes de manera arbitraria e imprudente, entonces tendrás paz en tu corazón y estarás libre del reproche de tu conciencia. ¿Es fácil rebelarse contra la carne y actuar según los requisitos de Dios de esta manera? Mientras tengas una aspiración tremenda por Dios, puedes rebelarte contra la carne y poner en práctica la verdad. Y mientras practiques de esta manera, sin siquiera darte cuenta, entrarás en la realidad-verdad. No es difícil en absoluto(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Tras leer las palabras de Dios, comprendí que cuando creo en Dios y realizo mi deber, debo tener un enorme deseo por Dios y anteponer mis deberes. Cuando quiera ser negligente en mi deber, deberé orar de inmediato a Dios, pedirle que me dé la determinación para soportar el sufrimiento y también aceptar Su escrutinio. Si persevero en esta práctica, mi problema de ser negligente irá mejorando de a poco. Me di cuenta de que la intención de Dios al hacer que perdiera mis deberes era que reflexionara sobre mis problemas y que esto era un punto de inflexión en mi senda de fe. Tenía que perseguir la verdad, rebelarme contra mi carne, cumplir mi deber y vivir conforme a una semejanza humana. Me arrodillé y oré: “Dios, ahora veo con claridad la raíz de mi fracaso. Ya no quiero vivir según un carácter satánico. Quiero esforzarme por progresar y, si vuelvo a tener la oportunidad de realizar mi deber, lo antepondré y haré todo lo posible para complacerte”.

En agosto de 2024, por fin logré contactar con la iglesia y pude volver a realizar mis deberes. Estaba tan emocionada que no sabía cómo expresar lo que sentía. Por un momento, sentí una mezcla de alegría, gratitud y culpa. Sabía que esto era Dios que me daba una oportunidad de arrepentirme, y me propuse en mi corazón y en secreto que jamás volvería a disfrutar de la comodidad física en mis deberes como había hecho antes y que debía recordar anteponer mis deberes y aceptar el escrutinio de Dios.

Más tarde, la iglesia dispuso que fuera actriz y me formé en cómo actuar en videos de testimonios vivenciales. Además, asumí otros deberes a tiempo parcial. Esta vez, ya no sentía que mis deberes a tiempo parcial fueran innecesarios y los hacía siempre que tenía tiempo. Vi que todos los hermanos y hermanas que conocía de antes habían progresado mucho en sus deberes durante el año anterior o un poco más. El progreso en la grabación de los videos de testimonios vivenciales era particularmente rápido y había poco tiempo para ensayar. Comprendí que tenía muchas deficiencias y que me quedaba un poco corta. Recuerdo que el tiempo de preparación para el primer video de un testimonio vivencial en el que actué fue muy breve y pensé: “Estoy empezando a formarme; ¿no podrían tener más consideración y darme más tiempo para prepararme? ¿Realmente hace falta ir tan deprisa?”. Le dije lo que pensaba a la directora, que me dijo: “No pasa nada, confiaremos en Dios y simplemente tenemos que esforzarnos al máximo”. En ese momento, me di cuenta de que estaba volviendo a intentar complacer mi carne al querer realizar mis deberes de forma cómoda y fácil. Al pensar en mis fracasos anteriores, me advertí a mí misma que ya no podía tener consideración con mi carne y que, incluso si había poco tiempo, haría mi mejor esfuerzo para cooperar. Luego, fui a prepararme de inmediato. Poco después, mi primer video vivencial se grabó con éxito. A partir de entonces, cuando actuaba en videos de testimonios vivenciales más largos, a veces seguía sintiendo mucha presión y, cuando el tiempo apremiaba, me venía a la mente mi desagrado por enfrentar dificultades y mi temor al agotamiento, pero, cuando surgían esos pensamientos, era capaz de reconocerlos a tiempo y oraba de inmediato para pedirle a Dios que protegiera mi corazón y me impidiera volver a pensar en mi carne. Practicaba muy duro, una y otra vez, y hacía mi mejor esfuerzo para cooperar. Aunque mis interpretaciones en los videos aún no son igual de naturales y fluidas que las de los demás, mi corazón ya no siente ninguna recriminación, sino que me siento tranquila y en paz.

Desde tener varios deberes, pero no valorarlos, hasta perderlos y, luego, recuperarlos, realmente sentí las intenciones meticulosas de Dios y entendí que, sin importar qué haga Dios, es para permitirme despojarme de mi carácter corrupto y convertirme en una persona con conciencia y humanidad. Gracias a Dios por darme esta gran oportunidad de conocerme a mí misma y obtener la verdad. Estoy dispuesta a valorar el tiempo que tengo enfrente, a realizar mis deberes con sinceridad y a estar a la altura de las expectativas de Dios.

Ahora ya han aparecido varios desastres inusuales, y según las profecías de la Biblia, habrá desastres aún mayores en el futuro. Entonces, ¿cómo obtener la protección de Dios en medio de los grandes desastres? Contáctanos, y te mostraremos el camino.

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