Lecciones que aprendí de la reasignación de personal
En marzo de 2019, hacía mi deber como supervisora del trabajo relacionado con textos de la iglesia, que también incluía la selección de artículos. Por aquel entonces, debido a algunos cambios de personal, las únicas miembros con más experiencia que quedaban en el equipo eran Chang Li y Li Lin. Yo estaba en un grupo con Chang Li, mientras que Li Lin estaba en otro con dos recién llegadas al equipo. En junio, los líderes nos escribieron para decirnos que querían promover a Chang Li para realizar su deber en el equipo de corrección de textos de la casa de Dios, y preguntaron si estaba dispuesta. Al leer la carta, no pude evitar sentirme inquieta: “Al equipo ya le falta personal, ¿por qué trasladan a Chang Li ahora? Ella es el pilar de nuestro equipo. Tiene buen calibre y capta bien los principios. Si se marcha, tendré que cargar con todo el trabajo yo sola. Por no hablar de lo duro y agotador que será, si no logro seleccionar ningún artículo bueno, ¿no dirán los líderes que mi capacidad de trabajo es muy pobre y que no soy apta para el deber de supervisora? ¿No voy a quedar totalmente en ridículo?”. Aunque sabía que promover a Chang Li beneficiaría el trabajo de la iglesia y que no debía pensar solo en mis propios intereses, me sentía molesta de solo pensar en que se fuera, así que quise tantearla para ver qué pensaba. Chang Li dijo: “Tengo demasiadas deficiencias y me temo que no podré seguir el ritmo si voy. Sería muy vergonzoso si no pudiera hacer bien mi deber. Aquí estoy a la altura, así que no quiero irme”. Al oírla decir eso, me alegré en secreto y sentí como si me hubieran quitado un peso de encima. Aunque también busqué algunas palabras de Dios para hablar con ella, en mi corazón esperaba desesperadamente que no se marchara, porque eso me facilitaría el trabajo. Pasaron tres días y Chang Li aún no les había respondido a los líderes. Me estaba impacientando, así que volví a tantearla: “Veo que todavía no les has respondido a los líderes. ¿Qué piensas hacer?”. Respondió que aún no se había decidido. Entonces, le dije con poca sinceridad: “Para hacer tu deber en el equipo de corrección de textos de la casa de Dios, necesitas captar algunos principios y poseer ciertas habilidades profesionales y capacidad de trabajo. De lo contrario, realmente no podrás hacerlo bien. Pero allí recibirías más formación y tus habilidades profesionales mejorarían rápido”. Chang Li dijo que seguiría buscando. Al ver que seguía sin expresar una postura clara, me sentía inquieta todo el tiempo y pensé: “¿Debería hablar con ella otra vez y animarla a que tenga consideración con las intenciones de Dios y se someta a los arreglos de la iglesia?”. Pero luego me asaltó otro pensamiento: “Si de verdad se marcha después de que yo hable con ella, tendré que hacerme cargo de todo este trabajo. Mi eficiencia caerá sin duda y, si los resultados empeoran, ¿qué pensarán de mí los líderes?”. Después de darle muchas vueltas, al final no hablé con ella. Aunque sentía un poco de remordimiento, la idea de todo el trabajo acumulado aquí me aceleraba el corazón. Me aterraba que aceptara irse a hacer su deber a otra parte. “No”, pensé, “tengo que escribirles a los líderes y explicarles nuestra situación real para que dejen a Chang Li aquí”. Pero luego lo reconsideré: “Si hago eso, ¿no dirán los líderes que soy demasiado egoísta, que no tengo consideración con las intenciones de Dios y que estoy estorbando a la casa de Dios para promover y cultivar a las personas?”. Tras darle muchas vueltas, borré la carta que había empezado a escribir. Durante varios días, este asunto me rondaba por la cabeza. Pasaron dos días más y noté que la expresión de Chang Li era distinta de la habitual. Tenía el ceño relajado y parecía que había empezado a escribir su respuesta. En cuanto Chang Li la terminó, le pregunté ansiosamente qué había decidido. Cuando oí que había aceptado irse, me sentí un poco decepcionada. Sin ella, perdería a una ayudante capaz, así que me resistía mucho a dejarla marchar. Pero como la decisión ya estaba tomada, no tuve más remedio que someterme. Solo pude consolarme: “Tendré que buscar a otra persona adecuada en la iglesia. Al menos Li Lin sigue asumiendo el trabajo del otro grupo. Solo tendré que esforzarme un poco más por mi parte. Probablemente no retrase demasiado el progreso del trabajo”.
Más tarde, trasladaron a tres miembros nuevas a nuestro grupo. Al cabo de un mes, ya habían captado algunos de los principios. Justo entonces, recibí una carta de los líderes, en la que decían que iban a trasladar a la líder del grupo, Li Lin, al equipo de composición de canciones para que fuera su supervisora. En cuanto me enteré, me resistí. Pensé: “Al equipo ya le falta gente, y Li Lin tiene buen calibre y comparte gran parte de mi carga de trabajo. ¡Si la trasladan, no tendré tiempo de supervisar yo sola el trabajo de los dos grupos! Si no logro seleccionar ningún artículo acorde al estándar, ¿qué pensarán de mí los líderes entonces? ¿No dirán que no tengo capacidad de trabajo? Si el trabajo no da resultados y me destituyen, ¿no quedaré totalmente en ridículo? No, esta vez tengo que escribirles a los líderes. Tengo que retener a Li Lin aquí como sea. No puedo dejar que se vaya”. Así que les escribí a los líderes diciendo: “Las nuevas miembros todavía necesitan ser cultivadas. ¿Podríamos esperar a que estén totalmente al día antes de trasladar a Li Lin?”. En realidad, dos personas del grupo de Li Lin ya habían sido cultivadas durante tres o cuatro meses y podían encargarse de parte del trabajo. Pero, para mantener los resultados estables, yo seguía queriendo retener a Li Lin. Así podría ahorrarme muchas molestias y, si los resultados del trabajo mejoraban, hasta podría ganarme la admiración de los líderes. Pero los líderes dijeron que el trabajo del equipo de composición de canciones ya se estaba viendo afectado por no tener supervisor, y me dijeron que confiara más en Dios y asumiera este deber. Después de leer la carta, no pude calmarme para nada. Pensé para mis adentros: “¡Estos líderes! Conocen perfectamente la situación real de nuestro equipo y, aun así, se llevan a la gente una tras otra. ¿No se vendrá abajo nuestro equipo? Estaré a cargo del trabajo de dos grupos. No solo aumentará la carga de trabajo, sino que los resultados decaerán sin duda”. Durante esos días, perdí la motivación en mi deber y no sabía lo que estaba haciendo en nada. Ni siquiera sabía qué decirle a Dios en mis oraciones y no lograba asimilar Sus palabras cuando las leía. Por la noche, daba vueltas en la cama sin poder dormir, con la mente ocupada en este pensamiento: “¿Cómo voy a cultivar yo sola a las nuevas miembros de dos grupos? ¡Este deber es demasiado difícil!”. En mi dolor, le oré a Dios: “Oh, Dios, desde que trasladaron a Chang Li y luego a Li Lin, me preocupa que las nuevas miembros no capten los principios y no puedan seleccionar artículos acordes al estándar, y que, si el trabajo no da resultados, los líderes me menosprecien. Sé que los líderes reasignan al personal según las necesidades del trabajo, pero simplemente no logro someterme por dentro. Guíame para conocerme a mí misma y entender Tus intenciones”.
Durante mis devociones espirituales, leí un pasaje de las palabras de Dios y me sentí profundamente reprendida. Dios dice: “En la casa de Dios, todos los que persiguen la verdad están unidos ante Dios, no divididos. Todos trabajan con un objetivo común: cumplir con su deber, hacer el trabajo que les corresponde, actuar según los principios-verdad, hacer lo que Dios requiere, y satisfacer Sus intenciones. Si tu objetivo no va en ese sentido, sino en beneficio propio, en aras de satisfacer tus deseos egoístas, entonces se trata de la revelación de un carácter satánico corrupto. En la casa de Dios, los deberes se hacen según los principios-verdad, mientras que las acciones de los no creyentes se rigen por su carácter satánico. Son dos sendas muy diferentes. Los no creyentes albergan sus propios planes, cada uno tiene sus propios objetivos y planes, y todos viven para sus propios intereses. Es por eso que todos ellos luchan por su propio beneficio y no están dispuestos a renunciar ni a un ápice de lo que obtienen. Están divididos, no unidos, ya que no están orientados a un objetivo común. La intención y la naturaleza detrás de sus actos son las mismas. Están decididos a actuar para sí mismos. Aquí no reina la verdad; lo que sí reina y manda en ello es un carácter satánico corrupto. Están controlados por su carácter satánico corrupto y no lo pueden evitar, por lo cual se hunden cada vez más en el pecado. En la casa de Dios, si los principios, los métodos, la motivación y el punto de partida de vuestras acciones no fueran diferentes a los de los no creyentes, si un carácter satánico corrupto jugara con vosotros, os controlara y manipulara, y si el punto de partida de vuestros actos fueran vuestros propios intereses, reputación, orgullo y estatus, entonces no desempeñaríais vuestro deber en forma diferente a aquella en la cual hacen las cosas los no creyentes” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Después de leer las palabras de Dios, reflexioné sobre mí misma. Cuando los líderes nos escribieron para decir que querían trasladar a Chang Li, me preocupaba que, si ella se iba, el declive en los resultados de nuestro trabajo afectara mi imagen ante los líderes, así que no quería dejarla marchar. Cuando oí a Chang Li decir que no quería ir a formarse al equipo de corrección de textos de la casa de Dios, me alegré en secreto. Por fuera, hablaba con ella sobre las intenciones de Dios, pero, en realidad, intentaba tantear lo que pensaba con la esperanza de que se quedara a cultivar a las nuevas miembros del grupo y sacara el trabajo adelante para así satisfacer mi deseo de estatus y reputación. Al ver que ella aún no se había definido, no solo no le hablé de las intenciones de Dios, sino que, de hecho, esperaba desesperadamente que no se fuera. Hasta pensé en escribirles a los líderes para recalcar las dificultades del equipo y así retenerla. Tras el traslado de Chang Li, pensé que Li Lin podría cultivar a las nuevas miembros y que el trabajo no se vería muy afectado. Pero, para mi sorpresa, los líderes también quisieron trasladar a Li Lin. De repente, mi corazón se llenó de quejas y resistencia, y simplemente no era capaz de someterme. Sentía que los líderes no estaban teniendo en cuenta nuestras dificultades reales e incluso les escribí una carta para pedirles que no trasladaran a Li Lin, pues me preocupaba que el declive en los resultados del trabajo me hiciera perder mi buena imagen ante ellos. En todo momento estuve pensando en mis propios intereses y no en el trabajo de la iglesia. ¡Qué egoísta y despreciable fui! Los líderes ya habían dejado claro que el trabajo del equipo de composición de canciones se había retrasado por no tener supervisor y que trasladaban a Li Lin por el bien del trabajo de la iglesia. Pero, con tal de proteger mi propia reputación y estatus, no quería dejar que Li Lin se fuera, aun viendo que el trabajo de la iglesia se resentía. ¡No tenía nada de humanidad normal! Los no creyentes se pelean y forcejean por cualquier pequeñez por interés personal; para que el trabajo de los artículos que yo supervisaba fuera eficaz, ignoré el trabajo del otro equipo e intenté retener a Li Lin para proteger mi propio prestigio y estatus. Mis actos no se diferenciaban en nada de los de los no creyentes. ¡Realmente qué egoísta y despreciable fui! Al pensar en esto, sentí un profundo remordimiento y le oré a Dios con la voluntad de arrepentirme.
En septiembre de 2021, se formó un nuevo equipo de sermones en la iglesia debido a las necesidades del trabajo. Yo era responsable de los artículos de testimonios vivenciales sobre la vida, mientras que el hermano con el que colaboraba se encargaba del trabajo de los sermones. Los líderes nos escribieron para pedirnos que ampliáramos nuestro alcance para seleccionar a personas que pudieran escribir sermones, y también que hiciéramos ajustes razonables en las asignaciones de los deberes según los puntos fuertes y los resultados de cada integrante del equipo de corrección de textos. Tras los cambios de personal, había menos personas escribiendo sermones, lo que retrasó el progreso del trabajo. El hermano con el que colaboraba discutió entonces conmigo el traslado de la hermana Zhou Li, de mi área de responsabilidad al equipo de sermones. En cuanto me enteré, me resistí. Pensé: “Zhou Li tiene buen calibre, ha captado algunos principios y obtiene resultados en la selección de artículos. Si la trasladan, ¿no bajarán los resultados del trabajo?”. Con eso en mente, me negué. Dijera lo que dijera el hermano, no aceptaba el traslado de Zhou Li. En realidad, sabía perfectamente en mi corazón que Zhou Li no solo había captado los principios de la selección de artículos, sino que también tenía perspicacia y era apta para escribir sermones. En ese momento, se necesitaba a más gente para escribir sermones con el fin de predicar el evangelio y dar testimonio de Dios, por lo que su traslado beneficiaría el trabajo. ¿No estaba siendo demasiado egoísta al retenerla? Al pensar esto, sentí un poco de remordimiento. Pero luego pensé que, si la trasladaban, el trabajo de los artículos se vería afectado, y si los resultados del trabajo bajaban, los líderes dirían sin duda que los anteriores se habían logrado gracias a la colaboración del hermano del equipo. ¿No me haría eso quedar como si yo no valiera nada? Estaba en un dilema y no sabía qué hacer, y perdí la motivación en mi deber. Me di cuenta de que mi estado era incorrecto, así que oré y busqué: “¿Por qué cada vez que trasladan lejos de mí a alguien con buen calibre me resisto, soy incapaz de someterme e incluso pierdo la motivación en mi deber?”. Más tarde, leí las palabras de Dios: “Si se traslada a alguien de buen calibre y que depende de un anticristo para que realice otro deber, en su corazón el anticristo se resiste y lo rechaza con obstinación: quiere abandonar, ya no tiene entusiasmo por ser líder o jefe de equipo. ¿Qué problema es este? ¿Por qué los anticristos carecen de obediencia hacia los arreglos de la iglesia? Piensan que el traslado de su ‘mano derecha’ tendrá un impacto en los resultados y el progreso de su trabajo, y que en consecuencia su estatus y reputación se verán afectados, lo que les obligará a trabajar con más empeño y a sufrir más para garantizar resultados, cosa que es lo último que quieren hacer. Se han acostumbrado a la comodidad y no quieren trabajar ni sufrir más, por lo que no quieren dejar escapar a esa persona. Si la casa de Dios insiste en el traslado, se quejan mucho e incluso quieren abandonar su propio trabajo. ¿Acaso no es esto egoísta y vil? La casa de Dios debe distribuir de forma centralizada al pueblo escogido de Dios. Esto no tiene nada que ver con ningún líder, jefe de equipo o individuo. Todos deben actuar de acuerdo con los principios; esta es la regla de la casa de Dios. Los anticristos no actúan de acuerdo con los principios de la casa de Dios, intrigan constantemente en aras de su propio estatus e intereses, y hacen que hermanos y hermanas de buen calibre les sirvan para consolidar su poder y estatus. ¿No es esto egoísta y vil? En apariencia, al mantener a las personas de buen calibre a su lado y no permitir que la casa de Dios las traslade, parece que están pensando en la obra de la iglesia, pero en realidad solo están pensando en su propio poder y estatus, y en absoluto en la obra de la iglesia. Tienen miedo de hacer mal el trabajo de la iglesia, ser despedidos y perder su estatus. Los anticristos no piensan en la obra más amplia de la casa de Dios, solo piensan en su propio estatus, lo protegen sin preocuparse por el costo de los intereses de la casa de Dios, y defienden su propio estatus e intereses en detrimento de la obra de la iglesia. Esto es egoísta y vil. […] De esta clase de personas son los anticristos. Siempre tratan la obra de la iglesia y a los hermanos y hermanas, e incluso a todos los bienes de la casa de Dios que corresponden al ámbito de su responsabilidad, como propiedad privada que les pertenece. Creen que depende de ellos cómo se distribuyen, transfieren y utilizan estas cosas, y que a la casa de Dios no se le permite intervenir. Una vez que están en sus manos, es como si estuvieran en posesión de Satanás, a nadie se le permite tocarlos. Son el pez gordo, el mandamás, y cualquiera que vaya a su territorio tiene que obedecer sus órdenes y disposiciones de manera educada y dócil, así como seguir sus indicaciones. Esta es la manifestación del egoísmo y la vileza dentro de la calidad humana de los anticristos. No tienen ninguna consideración hacia la obra de la casa de Dios, no siguen en absoluto los principios y solo piensan en sus propios intereses y en su propio estatus, que son todos rasgos distintivos del egoísmo y la vileza de los anticristos” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro: Resumen de la calidad humana de los anticristos y de su esencia-carácter (I)). De las palabras de Dios, vi que la naturaleza de los anticristos es especialmente egoísta y despreciable. Al hacer sus deberes, no tienen la más mínima consideración con las intenciones de Dios. Hagan lo que hagan, solo piensan en sus propios intereses. Para proteger su propia reputación y estatus, se aferran firmemente a las personas con buen calibre y no permiten que la casa de Dios las reasigne. ¿No eran mis manifestaciones iguales a las de un anticristo? Cuando iban a trasladar a Chang Li, me resistí mucho porque temía que el declive en los resultados del trabajo afectara mi reputación y mi estatus. Al oír que los líderes querían trasladar a mi capaz ayudante, Li Lin, mi corazón se llenó de una resistencia aún mayor. Hasta les escribí una carta a los líderes, llevada por mi carácter corrupto, intentando impedir que trasladaran a Li Lin. Al ver que no me salía con la mía, me volví negativa y remoloneaba en mi deber. Tras la creación del equipo de sermones, el hermano con el que colaboraba me comunicó que Zhou Li tenía perspicacia y era apta para escribir sermones. Yo también sabía que trasladarla beneficiaría el trabajo de los sermones, pero, para proteger mi propia reputación y estatus, me negué a dejarla marchar, a pesar de que mi compañero lo discutió conmigo muchas veces, lo que retrasó el progreso del trabajo de los sermones. Siempre quería retener a mi lado a las miembros del equipo con buen calibre para mi propio uso. ¿Acaso no estaba tratando a mis hermanos y hermanas como herramientas en mi búsqueda de reputación y estatus? Sabía perfectamente que el trabajo del otro equipo ya se estaba viendo afectado y que ellos necesitaban gente más que nosotros; aun así, me negué a dejarla marchar. Prefería ver que el trabajo de la iglesia se resentía antes que dejar de proteger mis propios intereses. ¡Realmente qué egoísta y despreciable fui! ¿No era la naturaleza de mis actos igual a la de esos peces gordos y mandamases que Dios desenmascara? No permitía que nadie trasladara a personas que beneficiaban mi reputación y mi estatus, y siempre quería tener un control férreo sobre la gente. Estaba recorriendo la senda de un anticristo. Si seguía así, sin duda Dios me desdeñaría y me descartaría.
Después leí más palabras de Dios y comprendí aún mejor la gravedad de mis actos. Dios dice: “¿Cuál es el estándar según el cual las acciones y el comportamiento de una persona se juzgan como buenos o malvados? El de que en sus pensamientos, revelaciones y acciones posean o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad ni vives esto, sin duda, eres un malhechor. ¿Cómo considera Dios a los malhechores? Para Dios, tus pensamientos y tus acciones externas no dan testimonio por Él, no humillan a Satanás ni lo derrotan; en cambio, causan vergüenza a Dios, están llenos de las marcas de deshonrarlo. No estás dando testimonio de Dios, no te estás gastando para Él y no estás cumpliendo tus responsabilidades y obligaciones en aras de Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Qué significa ‘para ti mismo’? Siendo precisos, significa ‘para Satanás’. Así que, al final, Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A ojos de Dios, tus acciones no se verán como buenas obras, se considerarán hechos malvados. No solo no obtendrán la aprobación de Dios, además serán condenadas. ¿Qué espera obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso esta fe no se quedaría en nada al final?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). De las palabras de Dios entendí que Él mide si las acciones de una persona son buenas o malas según sus intenciones y su punto de partida: si defienden los intereses de la casa de Dios o sus propios intereses personales. Al compararme con las palabras de Dios, reflexioné que en estas reasignaciones de personal no pensaba en cómo satisfacer a Dios, sino que en todo momento consideraba mi propia reputación y estatus. Con tal de proteger mi reputación y mi estatus, intenté impedir que los líderes trasladaran a mis hermanas. Incluso cuando sentía remordimiento, me empeñaba con terquedad en retenerlas. Al ver que no me salía con la mía, me volvía negativa y perdía la motivación en mi deber. Con mis pensamientos y manifestaciones, no estaba practicando la verdad para satisfacer a Dios; esto era malvado a Sus ojos y provocaba Su aborrecimiento y odio. Pensé en la época en la que obraba el Señor Jesús. Los sumos sacerdotes y fariseos del judaísmo no aceptaron Su obra, e incluso se resistieron a Él y lo condenaron. Para proteger su propio estatus y su sustento, se aferraron a los creyentes e incluso dijeron con descaro que estos les pertenecían. Los pastores y ancianos del mundo religioso de hoy son iguales. Con tal de proteger su propio estatus, impiden que los creyentes investiguen el camino verdadero, reclamando las ovejas de Dios como propias, oponiéndose a Dios y compitiendo con Él por la gente. Se han convertido en los siervos malvados y anticristos que Dios ha revelado. ¿Había alguna diferencia entre la naturaleza de mis actos y los de los fariseos o los de los pastores y ancianos del mundo religioso? Para proteger mi reputación y estatus personales, obstaculicé el traslado de una persona con talento, con lo cual retrasé el progreso del trabajo de los sermones. ¡Esto fue una ofensa contra el carácter de Dios! Al darme cuenta de esto, me sentí aterrorizada. Si no me arrepentía, mi fin sería el mismo que el de los fariseos y los pastores y ancianos del mundo religioso: sin duda Dios me maldeciría y castigaría. Al reconocer la gravedad del problema, quise resolver mis problemas.
Más tarde, leí dos pasajes de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “Si solo haces las cosas para que otros las vean, siempre quieres ganarte los elogios y la admiración de los demás y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Estas personas no tienen un corazón temeroso de Dios. No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no tengas en cuenta tu orgullo, reputación y estatus, y no consideres tus intereses personales. Ante todo, debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu prioridad. Debes ser considerado con las intenciones de Dios y, sobre todo, contemplar si ha habido impurezas en la ejecución de tu deber, si has sido devoto, has realizado tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has estado pensando de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Si piensas en ellas con frecuencia y logras comprenderlas, te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, si tu experiencia es superficial, o si no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu labor y puede que no consigas buenos resultados, pero habrás hecho todo lo posible. No satisfaces tus propios deseos egoístas ni preferencias. Por el contrario, consideras de forma constante la obra de la iglesia y los intereses de la casa de Dios. Aunque puede que no logres buenos resultados con tu deber, se habrá enderezado tu corazón; si además puedes buscar la verdad para resolver los problemas en tu deber, entonces cumplirás con el estándar al hacerlo y, al mismo tiempo, podrás entrar en la realidad-verdad. Eso es lo que significa poseer testimonio” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). “Para todos los que hacen un deber, da igual lo profundo o superficial que sea su entendimiento de la verdad, la práctica más sencilla para entrar en la realidad-verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo momento, desprendiéndose de sus propios deseos egoístas, de las intenciones, motivos, orgullo y estatus personales, así como poniendo los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo mínimo que deben hacer. Si una persona que lleva a cabo un deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo se puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes pensar en los intereses de la casa de Dios, ser considerado con las intenciones de Dios y tener en cuenta la obra de la iglesia. Antepón estas cosas a todo; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te consideran los demás. Divididlo en dos pasos, haciendo una pequeña concesión. ¿No sentís que esto facilita un poco las cosas? Si practicas así durante un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es algo difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, tus obligaciones y tu deber; dejar a un lado tus deseos egoístas, intenciones y motivos; tener en consideración las intenciones de Dios; y poner en primer lugar los intereses de la casa de Dios, el trabajo de la iglesia y el deber que se supone que debes realizar, entonces, después de experimentar así durante un tiempo, sentirás que comportarse de esta manera es bueno, que la gente debería vivir de manera honesta y franca, y que no deberían llevar una existencia pusilánime, sórdida y vulgar, sino que deberían ser íntegros y rectos. Sentirás que esta es la imagen que una persona debería vivir. Poco a poco, disminuirá tu deseo de satisfacer tus propios intereses” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). De las palabras de Dios llegué a entender Sus intenciones y Sus requisitos. Haga lo que haga, debo corregir mis intenciones y aceptar el escrutinio de Dios, no pensar en mi propio prestigio o estatus, poner los intereses de la casa de Dios en primer lugar y cumplir con mi propio deber y responsabilidad. Especialmente como supervisora, debería haber cultivado activamente a personas con talento, y promovido y cultivado a todos los hermanos y hermanas con puntos fuertes dentro de mi área de responsabilidad, para que pudieran desempeñar sus funciones en los deberes adecuados. Tras entender las intenciones de Dios, estuve dispuesta a desprenderme de mis propios intereses y a practicar según Sus palabras. Tenía que poner el trabajo de la iglesia en primer lugar y dejar de ser tan egoísta. Para mi sorpresa, tras un periodo de formación, las tres nuevas miembros del grupo progresaron rápido en la selección de artículos y pronto fueron capaces de asumir el trabajo del grupo.
En 2023, hacía mi deber como líder de la iglesia, y la hermana Yixun era responsable del trabajo evangélico. Se le daba muy bien predicar el evangelio, tenía buen calibre y capacidad de trabajo, y era capaz de trabajar de forma independiente. En mayo, un día los líderes de nivel superior nos pidieron que escribiéramos una evaluación sobre Yixun, ya que se preparaban para trasladarla para supervisar el trabajo evangélico con un área de responsabilidad más amplia. Al oír la noticia, me sobresalté y pensé: “El trabajo evangélico que Yixun ha estado supervisando últimamente acaba de empezar a mejorar. Si la trasladan, tendré que buscar a alguien nuevo. Si no encuentro a un trabajador evangélico adecuado y los resultados del trabajo evangélico bajan, ¿qué pensarán los demás de mí?”. Me sentí un poco reacia. Justo cuando iba a quejarme con la hermana con la que colaboraba, me di cuenta de que mi estado era incorrecto. ¿Por qué volvía a pensar en mis propios intereses? Pensé en las palabras de Dios: “Cuando la obra de la casa de Dios lo requiera, sin importar quiénes sean, todos deben someterse a la coordinación y los arreglos de la casa de Dios, y en absoluto deben ser controlados por ningún líder u obrero individual como si fueran de su propiedad o estuvieran sujetos a sus decisiones. La obediencia del pueblo escogido de Dios a los arreglos centralizados de la casa de Dios es perfectamente natural y está justificada, y nadie puede desafiar tales arreglos, a menos que un líder u obrero individual realice un traslado arbitrario que no esté de acuerdo con los principios, en cuyo caso se podrá desobedecer tal arreglo. Si se realiza un traslado normal conforme a los principios, entonces todo el pueblo escogido de Dios debe obedecer, y ningún líder u obrero tiene derecho o razón alguna para tratar de controlar a nadie. ¿Diríais que hay algún trabajo que no sea obra de la casa de Dios? ¿Hay alguna obra que no implique la difusión del evangelio del reino de Dios? Todo es obra de la casa de Dios, toda obra es igual, y no hay ‘tuya’ y ‘mía’. Si el traslado se ajusta a los principios y se basa en los requisitos del trabajo de la iglesia, entonces estas personas deben ir a donde más se las necesita” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro: Resumen de la calidad humana de los anticristos y de su esencia-carácter (I)). De las palabras de Dios entendí que los arreglos de personal deben hacerse según las necesidades del trabajo de la casa de Dios, y que debo aceptar todos los traslados de personal y someterme a ellos siempre que sean razonables. No tengo derecho a aferrarme a la gente y no dejarla marchar. No puedo pensar siempre en mis propios intereses. No importa a dónde trasladen a mis hermanos y hermanas para realizar sus deberes, todo es por el bien de propagar el evangelio del reino de Dios. Dejar que mi hermana fuera a un lugar adecuado para hacer su deber le permitiría cumplir mejor su función y sería beneficioso para el trabajo de la iglesia. Tras entender las intenciones de Dios, organicé que mis hermanos y hermanas escribieran una evaluación para Yixun, y la trasladaron poco después. Más tarde seleccionamos a nuevos trabajadores evangélicos y, tras un periodo de formación, ellos también asumieron el trabajo. El trabajo evangélico no se vio afectado.
En el pasado, siempre había creído que los resultados del trabajo bajarían sin duda si se trasladaba a las personas con talento, pero entonces vi que ese punto de vista era falaz. Lo más crucial al realizar el deber es que el corazón sea correcto. Si tienes consideración con las intenciones de Dios, te desprendes de tus intereses personales, pones primero los intereses de la casa de Dios y practicas según Sus palabras, verás la guía y las bendiciones de Dios, y harás tu deber cada vez mejor. Tal como dice Dios: “Cuando algo se hace de acuerdo con los principios-verdad produce resultados cada vez más positivos, mientras que si no coincide con los principios-verdad conduce a consecuencias cada vez más negativas, aunque en ese momento concuerde con las nociones de los demás. Las personas, todas ellas, así lo verán confirmado” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La senda para corregir las actitudes corruptas).