Qué había detrás de mi fingida comprensión
En febrero de 2023, me ascendieron a supervisora del trabajo de riego. En ese momento, supervisaba el trabajo de varias líderes del equipo de riego. Sentía que tenía cierta habilidad para regar a los nuevos creyentes, así que estaba segura de que la gente me admiraría por hacer este deber. No podía evitar sentirme satisfecha conmigo misma. Pero, aunque estaba contenta, también andaba preocupada. Se me daba bastante bien ayudar a las líderes del equipo con los problemas y dificultades de los recién llegados, pero como supervisora, ahora también me tocaba a mí resolver los problemas y dificultades de las líderes. Por lo general, me enfocaba solo en el trabajo y no en mi propia entrada en la vida, así que mi entendimiento de la verdad era bastante superficial. Podía encontrar las palabras de Dios para resolver estados y problemas comunes, pero cuando se trataba de otros más complejos, no podía verlos con claridad y no sabía qué hacer. Antes, había estado al mismo nivel que las otras líderes del equipo, así que no importaba si no podía resolver sus problemas y dificultades. Pero ahora yo era la supervisora. Si no podía resolver sus dificultades, ¿qué pensarían de mí? ¿Dirían que no estaba cualificada para este deber? ¡Qué humillante sería si no podía resolver sus problemas y me destituían por no tener resultados en el trabajo! Para hacer que todos pensaran que yo era una supervisora acorde al estándar, en cada reunión, presumía de mis puntos fuertes, como mi capacidad para entender los problemas y dificultades de los nuevos creyentes y señalarles una senda de práctica, o para corregir las desviaciones de las líderes del equipo en su trabajo de riego. Pensé que, mientras gestionara bien el trabajo de las líderes del equipo y este diera resultados, no me menospreciarían ni me destituirían. Pero rara vez preguntaba por las dificultades que ellas tenían en sus deberes; ni siquiera me atrevía a preguntar. Tenía miedo de que si preguntaba y no podía resolverlos, quedaría mal. Sobre todo cuando una líder venía a nuestras reuniones. Para dar una buena impresión y hacerle creer que yo estaba cualificada para el deber de supervisora, no buscaba ayuda ni siquiera cuando tenía dificultades y problemas. Siempre actuaba como si no tuviera ninguna dificultad. Al resolver los estados de las líderes del equipo, también era muy cautelosa. Esperaba a que mi líder terminara su plática, y entonces intervenía y compartía unas pocas palabras para demostrar que mis puntos de vista eran los mismos que los de ella. De esa manera, no vería mis defectos ni desviaciones.
Al cabo de un tiempo, oí que las líderes del equipo se quejaban de que solo se habían enfocado en afanarse con el trabajo, pero que no habían logrado ninguna entrada en la vida. Me sentí muy culpable. Sabía que si en las reuniones solo se hacía un seguimiento del trabajo y no se resolvían sus dificultades, esto afectaría la entrada en la vida de los hermanos y hermanas, y no obtendrían buenos resultados en sus deberes. Pensé en resolver primero sus dificultades en las futuras reuniones, antes de pasar a los asuntos del trabajo. Pero entonces me preocupé: “¿Y si no puedo resolverlos? ¿No sería muy vergonzoso?”. Así que de nuevo no estuve dispuesta a practicar de esa manera. Solo preguntaba por los estados de las líderes del equipo cuando ya estaban muy mal y no me quedaba otra opción. A veces, cuando no veía sus problemas con claridad y no sabía qué hacer, no quería sincerarme y buscar una solución juntas. Simplemente me obligaba a encontrar un pasaje de las palabras de Dios y ofrecía una plática superficial para salir del paso. Así que vivía con el miedo constante de que mis hermanos y hermanas me menospreciaran. Me sentía especialmente reprimida durante las reuniones, y vivía en la oscuridad y el dolor, sin poder encontrar alivio. Incluso llegué a arrepentirme de haber aceptado este deber.
Más tarde, me sinceré sobre mi estado con mis hermanos y hermanas. Una hermana me dijo que yo me había puesto en un pedestal, y también encontró un pasaje de las palabras de Dios para que lo leyera. Dios Todopoderoso dice: “Los humanos corruptos tienen todos un fallo común: cuando no tienen estatus, no se dan aires ni adoptan una cierta manera al interactuar o hablar con los demás. Su discurso no tiene un tono afectado y es ordinario y normal. No aparentan, ni se preocupan por lo que los demás piensen de ellos. No sienten ninguna presión psicológica y son capaces de abrirse y entablar charlas y conversaciones sinceras con otras personas. Los demás sienten que son amables y accesibles, y piensan que son bastante buenos. En cuanto logran estatus, se vuelven petulantes, ignoran a la gente común, nadie puede acercarse a ellos; creen que son nobles y que ellos y la gente normal están cortados por distintos patrones. Desprecian a las personas corrientes, se dan importancia al hablar y dejan de compartir abiertamente con los demás. ¿Por qué ya no comparten abiertamente? Sienten que ahora tienen estatus y son líderes. Piensan que los líderes deben tener determinada imagen, ser más elevados que la gente corriente, tener más estatura y aguante; creen que, en comparación con la gente corriente, los líderes deben tener más paciencia, ser capaces de sufrir, de esforzarse más y de soportar cualquier tentación de Satanás. Incluso si sus padres u otros miembros de la familia mueren, sienten que deben tener el autocontrol para no llorar, o que deben llorar en secreto, fuera de la vista, en lugar de delante de los demás. Piensan que no pueden dejar que nadie vea sus defectos o deficiencias ni ninguna de sus debilidades, y que ni siquiera pueden dejar que nadie sepa si se han vuelto negativos; en cambio, deben ocultar todas esas cosas. Creen que así debe actuar una persona con estatus. Cuando se reprimen hasta ese punto, ¿acaso el estatus no se ha convertido en su dios, en su señor? Y siendo así, ¿poseen todavía una humanidad normal? Cuando tienen tales ideas, cuando se imponen estos límites y simulan de esa manera, ¿acaso no se han enamorado del estatus?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo resolver las tentaciones y la esclavitud del estatus). Este pasaje de las palabras de Dios se refería directamente a mi estado. Me di cuenta de que siempre había estado viviendo en la oscuridad, sin poder encontrar liberación, porque vivía entre las ataduras del estatus. Antes de ser supervisora, estaba al mismo nivel que las otras líderes del equipo; no había diferencia de estatus entre nosotras. Aunque mi entrada en la vida fuera un poco superficial y hubiera algunos problemas que no podía resolver, no sentía ninguna presión. Pero desde que me convertí en supervisora, me puse en un pedestal. Sentía que, como estaba a cargo de su trabajo, tenía que ser mejor que ellas en todos los sentidos, y que si había algo que no sabía o no podía hacer, me menospreciarían y dirían que no estaba cualificada para el deber. Para evitar que las líderes del equipo me menospreciaran, no preguntaba por sus estados durante las reuniones y solo indagaba sobre el trabajo. Cuando mi líder venía a las reuniones, tenía miedo de que mis propios problemas quedaran en evidencia delante de ella, así que ocultaba mis defectos. No informaba de las dificultades en el trabajo, y daba una falsa impresión a la líder para que pensara que yo podía resolver problemas y que estaba cualificada para ser supervisora. Después de convertirme en supervisora, no pensé en cómo hacer bien mi deber ni en resolver las dificultades de los hermanos y hermanas. Lo único en lo que pensaba era en cómo proteger mi reputación y mi estatus. ¡Era realmente muy egoísta!
Después, busqué y reflexioné: ¿Por qué siempre fingía y me disfrazaba para proteger mi reputación y estatus? ¿Qué carácter corrupto estaba detrás de todo esto? Leí las palabras de Dios: “Cualesquiera verdades, palabras correctas y cosas positivas son únicamente para los que aman la verdad y la palabra de Dios y tienen una tremenda aspiración por Dios. Después de escuchar la verdad, los que no poseen estas cualidades también dirán que la verdad es correcta y buena, pero reflexionarán y pensarán: ‘¿Para qué vivo? Vivo para el prestigio, el estatus, las coronas, las aureolas y las recompensas de Dios. Sin eso, ¿sigo teniendo dignidad? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Acaso la fe en Dios no es solo un medio para buscar recompensas y coronas? Ahora que he entregado gran parte de la sangre de mi corazón y, después de tanta espera, por fin ha llegado el momento de que Dios recompense a los buenos y castigue a los malvados. Ahora es cuando debo ser coronado y recibir mi recompensa. ¿Cómo voy a poder cedérselo a otra persona? Ser una persona normal, corriente, igual que el resto, ¿qué sentido tiene vivir así? No soy tan estúpido’. ¿Acaso una persona así tiene remedio? (No). No intentes persuadirlos. La verdad no es para ellos, y lo que quieren no es la verdad. Esta clase de personas solo buscan bendiciones y coronas. Sus deseos y ambiciones sobrepasan los límites de lo que es necesario para la gente normal. Algunos no pueden imaginar por qué este tipo de personas se aferran al estatus y al poder y no quieren desprenderse de ellos. Esa es su esencia y su naturaleza innata. No puedes entenderlo porque tu esencia es diferente a la suya, y ellos tampoco pueden comprenderte. No saben por qué eres tan estúpido. No quieres coronas, aureolas ni prestigio ya existentes, sino ser una persona corriente. Te consideran inconcebible. Ese tipo de persona piensa: ‘Persigues la verdad a conciencia, practicas lo que Dios te dice, haces lo que Él te manda y te sometes a todo lo que te pide. ¿Cómo puedes ser tan estúpido?’. Piensan que ser una persona honesta y practicar la verdad es estúpido, ignorante y torpe. Creen que son inteligentes al perseguir el conocimiento y representar el papel de una persona superior. Como se piensan que lo entienden todo, llegan a la conclusión de que ‘la vida de una persona que carece de estatus y prestigio, que no lleva coronas en la cabeza y que no tiene valor entre los hombres ni autoridad para hablar, no vale nada. Si uno no vive para la fama, debe vivir para el provecho personal. Si no se vive para el provecho personal, se debe vivir para la fama’. ¿No es esa la lógica de Satanás? Dado que viven conforme a la lógica de Satanás, no tienen remedio. Nunca podrían aceptar ninguna de las palabras de Dios, las cosas positivas o los consejos correctos. Si no pueden aceptarlos, ¿qué más se puede hacer? Estas palabras que pronunciamos no son para ellos. Estas palabras están dirigidas solo a personas con una humanidad normal, solo a personas con una tremenda aspiración por Dios. Son solo para esas personas. Únicamente esas personas pueden escuchar las palabras de Dios y meditar sobre ellas de manera sincera, alcanzar una comprensión de la verdad, actuar de acuerdo con los principios-verdad, realizar sus deberes como Dios exige, practicar y experimentar Sus palabras en los entornos que Él ha dispuesto, y entrar poco a poco en la realidad-verdad. En cuanto a los que albergan en su corazón desprecio y hostilidad hacia las cosas positivas y la palabra de Dios, no pueden conformarse con vivir una vida anodina y mediocre, con ser personas corrientes, con presentarse ante Dios a conciencia y con buscar y esperar de todo corazón respecto a asuntos que no comprenden. No se contentan con ser personas así. Por tanto, es imposible que alguien así se salve. El reino de los cielos no se preparó para estas personas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Por las palabras de Dios, entendí que Dios salva a los que aman y aceptan la verdad. Cuando Dios dispone entornos para ellas, esas personas son capaces de buscar la verdad, de desprenderse de sus deseos personales y de practicar de acuerdo con las palabras de Dios. Los que no aman la verdad creen en Dios y hacen su deber solo para satisfacer su deseo de reputación y estatus. Hagan lo que hagan, solo consideran si beneficia su reputación y estatus, no cómo hacer su deber de una manera que sea conforme a la intención de Dios. Dios aborrece y detesta a esas personas. A mí me había influenciado el veneno satánico de “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”, y había tomado la reputación y el estatus como el objetivo correcto de mi búsqueda. Siempre quise que me admiraran y que nunca me menospreciaran. Cuando la iglesia dispuso que hiciera el deber de supervisora, yo era muy consciente de que mi entrada en la vida era bastante superficial, y que, cuando me enfrentara a problemas y dificultades que no pudiera resolver, debía orar con las líderes del equipo y buscar la verdad juntas para resolverlos. Pero tenía miedo de que, al practicar así, quedarían en evidencia demasiados de mis defectos y me menospreciarían. Así que, durante las reuniones, simplemente no resolvía sus dificultades y solo me enfocaba en dar seguimiento al trabajo. De esa manera, las líderes del equipo no solo verían que tenía algunas ideas para gestionar el trabajo, sino que, si el trabajo daba buenos resultados, no me destituirían. Cuando la líder venía a las reuniones, esperaba a que ella expresara sus puntos de vista antes de intervenir, para ocultar mis defectos. Cualquier cosa que pudiera revelar de qué estaba hecha realmente y afectar mi imagen ante los demás, intentaba ocultarla a toda costa usando la farsa y el engaño. ¡Era tan despreciable! Aunque me devanaba los sesos para engañar temporalmente a mi líder y a las líderes del equipo, no estaba siendo una persona honesta ni recorría la senda correcta, y no podía engañar a Dios. No podía recibir Su guía en mi deber, y el trabajo de la iglesia se vio afectado. ¿No estaba Dios juzgándome con hechos? Había estado usando el engaño para desorientar a la gente a fin de que me admirara, pero con el tiempo, los hermanos y hermanas acabarían por discernirme y, al final, me rechazarían. Al pensar en esto, sentí miedo. Si no me arrepentía, sería solo cuestión de tiempo antes de que me destituyeran. Peor aún, Dios me aborrecería y abandonaría.
Después, busqué verdades relevantes para mis problemas. Leí las palabras de Dios: “Decidme, ¿cómo se puede ser alguien que es corriente y normal? ¿Cómo se puede, como dice Dios, asumir el lugar apropiado de un ser creado, sin tratar de ser una gran figura o un superhombre? ¿Cómo se debería practicar para ser una persona corriente y normal? ¿Cómo se puede lograr esto? ¿A quién le gustaría hablar? (En primer lugar, tenemos que admitir que somos personas corrientes, gente muy común, y que hay muchas cosas que no pillamos, no entendemos y no podemos desentrañar. Debemos admitir que somos corruptos y tenemos defectos. Después de eso, tenemos que tener un corazón sincero y presentarnos a menudo ante Dios para buscar). Primero, no te pongas un título y luego dejes que te encasille, diciendo: ‘Soy el líder, soy el jefe del equipo, soy el supervisor, o soy la persona más instruida y técnicamente competente en el campo’. No te dejes inhibir por tu título autoimpuesto. Tan pronto como eso suceda, te atará fuertemente; tus palabras y acciones se verán afectadas por él, al igual que tu pensamiento y juicio normales. Debes liberarte de las limitaciones de este estatus. Primero, baja de la posición de ese título oficial y asume la posición de una persona corriente. Tu mentalidad entonces se volverá un tanto normal. También tienes que admitir: ‘No sé cómo hacer esto, y no entiendo aquello; tengo que investigar y estudiar un poco’, o ‘Nunca he experimentado esto, así que no sé qué hacer’. Cuando puedas decir lo que realmente piensas y hablar honestamente así, poseerás una razón normal. Si permites que otros conozcan tu verdadero yo, tendrán una visión normal de ti, y no tendrás que aparentar. Ya no te sentirás muy presionado y podrás comunicarte con los demás con normalidad. Vivir así es libre y relajado. Cualquiera que sienta que la vida es demasiado agotadora solo puede culparse a sí mismo. No finjas ni ocultes nada. Primero, ábrete sobre lo que piensas en tu corazón y tus verdaderos pensamientos, para que todos sean conscientes de ellos y los entiendan. De esta manera, tus preocupaciones, así como las barreras y sospechas entre tú y los demás, desaparecerán todas. Además, hay algo más que también te ata, y es que siempre te consideras el jefe del equipo, un líder o un obrero, alguien con un título, con estatus y posición; si entonces dices que no entiendes esto y eres incapaz de hacer aquello, ¿no es eso menospreciarte a ti mismo? Cuando te desprendes de estas ataduras en tu corazón, cuando dejas de pensar en ti mismo como un líder o un obrero y de creer que eres mejor que otras personas y, en su lugar, sientes que eres una persona corriente, igual que todos los demás, y que hay algunas áreas en las que eres inferior a otros, entonces cuando compartas sobre la verdad y asuntos relacionados con el trabajo con esta mentalidad, tanto los resultados como el ambiente serán diferentes. […] Todo el mundo, ya sea líder u obrero, hermano o hermana, es una persona corriente. Todos deben practicar este principio. Todos tienen parte y responsabilidad en la práctica de la palabra de Dios. Puede que seas líder, obrero, el jefe de un equipo, un supervisor o un miembro muy apreciado del grupo. No importa quién seas, debes aprender a practicar de esta manera. Quítate la aureola y el título que llevas en la cabeza, quítate las coronas que otros te han otorgado. Entonces, te resultará sencillo convertirte en una persona normal y, con facilidad, actuarás basándote en la conciencia y la razón. Por supuesto, después de eso, no basta con admitir simplemente que no entiendes y no sabes. Esa no es la solución definitiva que resuelve el problema. ¿Cuál es la solución definitiva? Presentar los asuntos y las dificultades ante Dios para orar y buscar. No basta con que una persona ore sola, sino que debe ofrecer, junto al resto, oraciones relacionadas con el asunto en cuestión y asumir la responsabilidad y obligación correspondientes. Se trata de una manera maravillosa de hacer las cosas. Evitarás tomar la senda de intentar ser una gran figura y un superhombre. Si puedes hacerlo, asumirás inconscientemente el lugar que te corresponde como ser creado y te liberarás de las limitaciones de la ambición y del deseo de ser un superhombre y una gran figura” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Después de leer las palabras de Dios, entendí Su intención y obtuve una senda de práctica y entrada. Para escapar de las ataduras y limitaciones del estatus, tenía que bajarme de mi pedestal, dejar de tenerme en tan alta estima y reconocer que solo era una persona común, no mejor que nadie. También tenía que comportarme sensatamente de acuerdo con las exigencias de Dios, y ser una persona común y normal con conciencia y razón. Dios me concedió la gracia de ser supervisora para darme la oportunidad de formarme. Pero como mi estatura real no había cambiado y mi entrada en la vida era superficial, no podía desentrañar las cosas que no había experimentado, y algunos problemas eran demasiado complejos para mí. Todo eso era perfectamente normal. Debía ser una persona honesta como Dios exige, y sincerame y buscar la verdad con todos para resolver estos problemas. Después de eso, empecé a practicar y a entrar de acuerdo con las exigencias de Dios. Cada vez que me encontraba con algo que no podía ver con claridad, me sinceraba, me exponía y hablaba y buscaba con las líderes del equipo.
Más tarde, fui a una reunión con las líderes del equipo de riego. Antes de que empezara, pensé: “Hace tiempo que no nos reunimos en persona por el entorno hostil de los arrestos del PCCh. Seguro que los hermanos y hermanas tienen muchas dificultades y problemas sobre los que necesitan hablar y que tienen que resolver. ¿Y si no puedo calarlos y resolverlos? ¿Me menospreciarían?”. Me di cuenta de que estaba pensando otra vez en la reputación y el estatus, así que oré en mi corazón, pidiéndole a Dios que protegiera mi corazón para poder sincerarme sobre mis defectos, y buscar y entrar con todas. Después de orar, me sentí un poco más tranquila. Primero pregunté por los estados de las líderes del equipo. Me enteré de que una de ellas tenía un problema con la forma en que la líder hacía el seguimiento del trabajo. Yo no sabía qué aspecto de las palabras de Dios debíamos examinar para resolverlo, así que simplemente me sinceré con todas y les pedí que buscáramos la verdad juntas para ayudar a encontrar una solución. En ese momento, pensé sobre la verdad en el sentido de cómo afrontar la supervisión de los demás, así que lo encontré y lo leímos juntas. Después de leerlo, todas dijeron que esas palabras de Dios eran muy buenas y que podían resolver este problema. Aunque todavía tenía muchos defectos, cuando dejé de aparentar y de disfrazarme por el bien de la reputación y el estatus, y estuve dispuesta a practicar de acuerdo con las palabras de Dios, pude recibir Su guía y resolví algunos de los problemas de las líderes del equipo. A veces, al sincerarme y buscar, también podía obtener algo de esclarecimiento e inspiración a partir del entendimiento vivencial de los hermanos y hermanas. Le estoy muy agradecida a Dios.
Más tarde, un recordatorio de los hermanos y hermanas me hizo darme cuenta de que mi entrada en la vida superficial y mi incapacidad para resolver los problemas de las líderes del equipo se debían principalmente a que, en mi deber, siempre me enfocaba solo en hacer las tareas y no en mi entrada en la vida. Si seguía así, definitivamente no podría hacer bien mi deber, así que busqué las palabras de Dios sobre este aspecto. Dios Todopoderoso dice: “Ninguna senda para alcanzar la salvación es más realista o práctica que aceptar y perseguir la verdad. Si no puedes obtener la verdad, tu creencia en Dios es vacía. Aquellos que dicen palabras vacías y doctrinas, que siempre repiten consignas como loros, dicen palabras altisonantes, siguen preceptos y nunca se concentran en practicar la verdad, no ganan nada, por muchos años que crean. ¿Quiénes son los que ganan algo? Aquellos que hacen su deber sinceramente y están dispuestos a practicar la verdad, que tratan lo que Dios les ha confiado como su misión, que pasan con gusto toda su vida esforzándose por Dios y no traman para su propio beneficio, que se comportan con los pies en la tierra y que se someten a las instrumentaciones de Dios. Son capaces de captar los principios-verdad mientras realizan su deber y se ocupan con esmero de todos los asuntos correctamente, lo que les permite lograr el efecto del testimonio de Dios y satisfacer Sus intenciones. Cuando encuentran dificultades en la ejecución de su deber, le oran a Dios y tratan de comprender las intenciones de Dios, son capaces de someterse a las instrumentaciones y los arreglos que vienen de Él, y buscan y practican la verdad cuando hacen las cosas. No repiten consignas ni dicen cosas altisonantes, sino que se centran únicamente en hacer las cosas con los pies en la tierra y en seguir meticulosamente los principios. Ponen su corazón en todo lo que hacen, aprenden a apreciarlo todo con el corazón pleno, y son capaces de practicar la verdad en muchos asuntos, tras lo cual adquieren conocimiento y comprensión, y son capaces de aprender lecciones y ganar algo de verdad. Y cuando tienen pensamientos erróneos o estados equivocados, le oran a Dios y buscan la verdad para resolverlos; no importa qué verdades entiendan, tienen una apreciación de ellas en sus corazones y son capaces de hablar de sus testimonios vivenciales. En última instancia, tales personas obtienen la verdad. Aquellos que son descuidados y desatentos nunca piensan en cómo practicar la verdad. Solo se centran en esforzarse y hacer cosas, y en exhibirse y presumir, pero nunca buscan cómo practicar la verdad, lo que les dificulta obtenerla. Piensa en ello, ¿qué clase de personas pueden entrar en las realidades-verdad? (Los que tienen los pies en la tierra, son pragmáticos y ponen su corazón en lo que hacen). Las personas con los pies en la tierra, que se abocan a lo que hacen y tienen corazón, prestan más atención a la realidad y al uso de los principios-verdad cuando actúan. Además, en todas las cosas prestan atención a los aspectos prácticos, son pragmáticos y les gustan las cosas positivas, la verdad y las cosas prácticas. Son las personas así las que, en última instancia, comprenden y obtienen la verdad. ¿Qué tipo de persona sois? (De las que no son prácticas, siempre quieren hacer cosas para guardar las apariencias y dependen de la picardía). ¿Se puede ganar algo actuando de esta manera? (No). ¿Habéis encontrado la senda para resolver vuestros problemas? Si puedes darte cuenta de ello y empezar a cambiar las cosas, ¿sabrás si han cambiado tus nociones, figuraciones y puntos de vista sobre las cosas? (Me parece que han cambiado en cierta medida). Mientras se produzcan resultados y progresos, deberías compartir sobre ello y dejar que otros se edifiquen. Aunque tu experiencia sea limitada, sigue siendo una experiencia de crecimiento en la vida. El proceso de crecimiento en la vida es tu experiencia de fe en Dios, de crecimiento logrado tras experimentar la palabra de Dios. Estas experiencias son las más preciadas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. En la fe en Dios, lo principal es practicar y experimentar Sus palabras). Después de leer las palabras de Dios, me di cuenta de que mi entrada en la vida era superficial porque, en mi deber, por lo general solo me enfocaba en esforzarme, trabajar y mejorar los resultados del trabajo para que los demás me admiraran. No me enfocaba en buscar la verdad y captar la intención de Dios en todas las cosas, ni en practicar según Sus exigencias. Por eso mi vida no había crecido mucho a pesar de creer en Dios durante tanto tiempo. Pensé en cómo Pablo, a pesar de creer en el Señor durante muchos años, nunca se enfocó en reflexionar sobre sí mismo y conocerse, y no tenía ningún entendimiento de su propio carácter corrupto. Aunque sufrió mucho predicando el evangelio, su naturaleza de resistirse a Dios no cambió en absoluto, y al final fue descartado. Pero Pedro se enfocó en buscar captar la intención de Dios tanto en los asuntos grandes como en los pequeños. No solo entendió su propia corrupción y sus defectos, sino que también buscó actuar conforme a la intención de Dios en todas las cosas y, al final, obtuvo Su aprobación. La senda que Pedro tomó en su fe consistió en buscar la entrada en la vida. Su vida fue valiosa y significativa. En el futuro, no puedo enfocarme solo en hacer el trabajo superficial en mi deber; tengo que enfocarme en mi entrada en la vida y en los cambios en mi carácter. Después de eso, empecé a reflexionar conscientemente sobre qué actitudes corruptas revelaba en cada asunto, y buscaba las palabras de Dios relevantes para mis problemas y tomaba notas. Después de practicar así durante un tiempo, gané cierto entendimiento de mis actitudes corruptas. Me sentí un poco más tranquila y en paz en mi corazón, y pude ver las cosas con más claridad que antes. Este pequeño progreso que he logrado es todo resultado de la guía de las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!