Ya no retrocedo ante entornos peligrosos

6 May 2026

Por Han Feng, China

El 10 de septiembre de 2024, recibí una carta de los líderes que decía que Zhao Hui, un líder de la iglesia de Nancheng, había sido arrestado, se había convertido en un judas y había vendido a muchos hermanos y hermanas. Más de treinta personas de la iglesia ya habían sido arrestadas. Como yo solía ser líder de distrito y conocía bastante bien algunas de las casas de custodia, querían que me encargara de trasladar las ofrendas. La situación era urgente. Sabía que proteger las ofrendas de Dios era mi responsabilidad, así que le oré y expresé que estaba dispuesta a cooperar con sinceridad.

Cuando llegué a la iglesia de Nancheng, me enteré de que todos los diáconos y los obreros principales habían sido arrestados. Cada día, oíamos que arrestaban a varios hermanos y hermanas. La policía incluso acosaba a algunos en sus casas. Unos pocos de los hermanos y hermanas que habían sido arrestados conocían las casas donde se guardaban las ofrendas. Yo pensaba: “El ambiente es muy hostil. Si voy para trasladar las ofrendas, ¿me seguirán y vigilarán? Zhao Hui sabe que yo solía realizar el deber de líder. ¿Podría haberme vendido a mí también? Además, un judas ya me había vendido en 2019, y la policía me investigó entonces. Solo gracias a la maravillosa protección de Dios escapé del desastre. Esta vez, si me arrestan mientras traslado las ofrendas, la policía de seguro no me dejará ir fácilmente. ¡Me desollarían viva!”. Me aterrorizaba pensar en los videos de hermanos y hermanas siendo torturados brutalmente por la policía. Si me arrestaban, no sabía si podría soportarlo. Si no podía resistir la tortura y traicionaba a Dios convirtiéndome en una judas, ¿mi fe en Dios no acabaría siendo un fracaso? Si me arrestaban y me encarcelaban varios años, no podría leer las palabras de Dios ni hacer mi deber. ¿Cómo podría entonces preparar buenas obras o perseguir la salvación? Cuanto más pensaba, más temerosa me volvía. Me di cuenta de que mi estado no era el correcto. Ya me había enfrentado a entornos peligrosos muchas veces y había visto la maravillosa protección de Dios en esas ocasiones. ¿Por qué seguía sin tener nada de fe? Clamé a Dios en mi corazón para que me diera fe. Más tarde, leí las palabras de Dios: “Dios realiza la obra de perfección en la gente y ellos no pueden verla ni tocarla; es en tales circunstancias en las que se requiere fe. Cuando algo no puede verse a simple vista, se requiere fe. Cuando no puedes desprenderte de tus propias nociones, se requiere fe. Cuando no tienes clara la obra de Dios, lo que se requiere es que tengas fe y que adoptes una posición sólida y te mantengas firme en tu testimonio. Cuando Job alcanzó este punto, Dios se le apareció y le habló. Es decir, solo podrás ver a Dios cuando tengas fe. Cuando tengas fe, Dios te perfeccionará y, si no tienes fe, Él no puede hacerlo. Dios te concederá cualquier cosa que esperes obtener. Si no tienes fe, Dios no puede perfeccionarte y serás incapaz de ver Sus hechos, menos aún Su omnipotencia. Cuando, en tus experiencias reales, tengas la fe para ver Sus obras, Dios aparecerá ante ti, y te esclarecerá y te guiará desde dentro. Sin esa fe, Dios no podrá hacer esto. Si has perdido la esperanza en Dios, ¿cómo podrás experimentar Su obra? Por tanto, solo cuando tengas fe y no albergues dudas hacia Dios, cuando tengas verdadera fe en Él, haga lo que haga, Él te esclarecerá e iluminará en tus experiencias, y solo entonces podrás ver Sus hechos. Todas estas cosas se consiguen por medio de la fe. La fe solo llega mediante el refinamiento, y en ausencia de refinamiento, la fe no puede desarrollarse. ¿A qué se refiere la fe? La fe es la creencia genuina y el corazón sincero que los humanos deberían poseer cuando no pueden ver ni tocar algo, cuando la obra de Dios no está en línea con las nociones humanas o cuando está más allá del alcance humano. Esta es la fe de la que hablo(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento). “Independientemente de lo ‘inmensamente poderoso’ que sea Satanás, de lo audaz y ambicioso que sea, de lo grande que sea su capacidad de infligir daño, de lo muy variadas que sean sus habilidades para corromper y tentar al hombre, de lo ingeniosos que sean los trucos y las artimañas con los que intimida al hombre o de lo variadas que sean sus formas de existencia, nunca ha sido capaz de crear un solo ser vivo, de establecer leyes o normas para la existencia de todas las cosas ni de gobernar o tener soberanía sobre ningún objeto, animado o inanimado. En el cosmos y el firmamento no existe una sola persona o cosa que haya nacido de él o que exista por él; no existe una sola persona o cosa que esté bajo su soberanía o esté gobernada por él. Por el contrario, no solo tiene que existir bajo el dominio de Dios, sino que también debe obedecer todos Sus mandatos y órdenes. Sin el permiso de Dios, Satanás no puede tocar siquiera una gota de agua o un grano de arena sobre la tierra; ni siquiera puede molestar a las hormigas sobre la tierra, y mucho menos a la humanidad creada por Dios. A los ojos de Dios, Satanás es inferior a los lirios de la montaña, a las aves que vuelan en el aire, a los peces del mar y a los gusanos de la tierra. Su papel, entre todas las cosas, es servir a todas las cosas, a la especie humana, a la obra de Dios y a Su plan de gestión(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único I). Por las palabras de Dios, entendí que Él tiene soberanía sobre todas las cosas y acontecimientos. Sin Su permiso, por más desenfrenado o perverso que sea Satanás, no puede quitarme la vida. Es como cuando Job fue puesto a prueba. Dios no permitió que Satanás le quitara la vida, y Satanás no se atrevió a cruzar el límite que Dios le había puesto. Pero mi fe en Dios era demasiado pequeña. Cuando vi que el ambiente era hostil, tuve miedo de que un judas me identificara o de que la policía me vigilara y arrestara, así que vivía temerosa y asustada, y no me atrevía a trasladar las ofrendas. Al pensar en esto, me sentí avergonzada. “No puedo simplemente esconderme en mi caparazón como una tortuga cobarde. Todas las cosas y acontecimientos están en manos de Dios, así que ¿no está también bajo la soberanía de Dios si me arrestan o no? Si Dios permitiera que me arrestaran, sería una prueba para mí. Necesito confiar en Él y jurar que preferiría morir antes que convertirme en una judas o traicionar los intereses de la casa de Dios”. Entonces, oré: “Dios Todopoderoso, mi fe en Ti es tan pequeña. No quiero vivir temerosa. Por favor, dame fe y fuerza. Estoy dispuesta a ponerme en Tus manos, a someterme a Tus orquestaciones y arreglos, y a trasladar las ofrendas lo antes posible”.

Después de eso, fui a la primera casa de custodia para trasladar las ofrendas. Solo había estado allí una vez y no recordaba exactamente el número del departamento ni el piso. Tuve que esperar afuera a que regresara la guardiana. Pero a una hermana de por allí la habían arrestado hacía unos meses, y últimamente la policía había estado vigilando en secreto a los hermanos y hermanas. Me preocupaba que me vieran si me quedaba allí mucho tiempo, así que no me atreví a esperar demasiado. Justo cuando estaba a punto de irme, la guardiana regresó de hacer las compras. Ese mediodía, logramos sacar las ofrendas de allí. Justo después, fui a buscar a la hermana Xin Cheng para preguntarle por los demás guardianes. Apenas entré, me dijo con miedo: “Me arrestaron y estuve detenida cinco días. Me soltaron anoche. Zhao Hui vendió a todos los hermanos y hermanas que conoce. ¡Hay que trasladar los libros de las palabras de Dios de inmediato!”. Pensé: “A Xin Cheng la acaban de soltar. ¿Estará la policía vigilando su casa en secreto? ¿Me verán?”. Estaba nerviosa y entré en pánico, y me fui a toda prisa después de hablar unos minutos. El corazón me latió con fuerza por el miedo durante todo el camino. No paraba de pensar: “¿Ya me habrán visto? No voy a trasladar los libros mañana por la noche. Haré que otros hermanos y hermanas que se encarguen”. Al día siguiente, mi corazón estuvo intranquilo todo el tiempo. Sabía que Zhao Hui había estado en todas las casas donde se guardaban los libros y que era necesario trasladarlos de inmediato. No había nadie más adecuado para hacerlo en ese momento: yo tenía que asumir esta tarea. Pensé en todos los hermanos y hermanas que habían sido perseguidos por el gran dragón rojo y puestos en la lista de los más buscados, pero que aun así confiaban en Dios para hacer el trabajo de la iglesia. Incluso cuando los arrestaban, eran capaces de arriesgar sus vidas para mantenerse firmes en su testimonio por Dios. Sin embargo, a mí ni siquiera me habían arrestado y aquí estaba, retrocediendo por el miedo solo porque el ambiente era hostil. No estaba a su altura. Me sentí avergonzada y culpable. Entonces, recordé las palabras de Dios que habíamos leído en la reunión dos días antes: “Algunas iglesias se encuentran en entornos hostiles en los que a menudo arrestan a la gente, debido a lo cual hay muchas posibilidades que la localización de las casas donde se guardan las ofrendas sean traicionadas y que el gran dragón rojo lleve a cabo redadas para registrarlas; las ofrendas pueden ser saqueadas por los demonios malvados en cualquier momento. ¿Son esos lugares apropiados para guardar ofrendas? (No). Entonces, si ya se han depositado allí, ¿qué hay que hacer? Trasladarlas de inmediato. […] Los líderes y obreros deberían tener una comprensión clara de esta situación cuando se la encuentren: ‘Uno de los lugares donde se almacenan las ofrendas no es apropiado. El entorno es demasiado peligroso y en los alrededores han arrestado, seguido o puesto bajo vigilancia a unos cuantos hermanos y hermanas. Tenemos que pensar en una forma de sacar las ofrendas de allí. Llevarlas a un lugar relativamente seguro sería mejor que dejarlas donde están y esperar a que nos las arrebaten’. En cuanto surge una situación y prevén que las ofrendas corren peligro, deberían trasladarlas con prontitud, para evitar que el gran dragón rojo, el diablo malvado, se apodere de ellas y las devore. Esta es la única manera de garantizar la seguridad de las ofrendas y de impedir que ocurra cualquier escollo o desliz. Esta es la labor que deberían desempeñar los líderes y obreros. En cuanto se vislumbre la menor señal de peligro, en cuanto arresten a alguien, en cuanto surja alguna situación, el primer pensamiento de los líderes y obreros debería ser si las ofrendas se hallan a salvo, si estas podrían caer en manos de personas malvadas, o pasar a estar en su posesión, o que las arrebaten demonios malvados, y si las ofrendas han sufrido alguna pérdida. Deberían tomar medidas con prontitud a fin de protegerlas. Esta es la responsabilidad de los líderes y obreros. Quizá haya algunos líderes y obreros que digan: ‘Estas cosas requieren que corramos riesgos. ¿Podemos no hacerlas? ¿No es cierto que las personas son nuestra máxima prioridad, lo que significa que no hay necesidad de anteponer las ofrendas y que deberíamos priorizar a las personas?’. ¿Qué opináis de esta pregunta? ¿Estas personas tienen humanidad? (No). Custodiar, gestionar y vigilar bien las ofrendas son responsabilidades que un buen administrador debería cumplir. En términos más serios, aunque tengas que sacrificar la vida, merece la pena y deberías hacerlo. Es tu responsabilidad(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (12)). Por las palabras de Dios, me di cuenta de que ahora que un judas había delatado la ubicación de las casas de custodia, el PCCh podía incautar las ofrendas y los libros de las palabras de Dios en cualquier momento. Había que trasladarlos de inmediato, y ese era mi deber ineludible. A menudo había hablado con los hermanos y hermanas sobre salvaguardar los intereses de la Iglesia en momentos críticos, pero cuando me enfrenté a este entorno, mi primer pensamiento fue protegerme a mí misma. Quería pasarle esta tarea a otros y esconderme como una desertora. ¿No era eso una traición a Dios? Proteger las ofrendas de Dios y los libros de Sus palabras es una responsabilidad y una obligación que todo creyente en Dios debe cumplir. Tenía que confiar en Él para cumplir mi responsabilidad, y trasladar y proteger a toda prisa las ofrendas de Dios. Independientemente de si me arrestaban o no, y de cualquier entorno que pudiera experimentar, me sometería a la soberanía y los arreglos de Dios.

Después, reflexioné: “¿Por qué siempre pienso en mis propios intereses carnales cuando estoy en un entorno peligroso? ¿Cuál es la causa fundamental de esto?”. Mientras reflexionaba, recordé las palabras de Dios: “Los anticristos son extremadamente egoístas y despreciables. No tienen verdadera fe en Dios, y mucho menos lealtad a Él. Cuando se topan con un problema, solo se protegen y se salvaguardan a sí mismos. Para ellos, nada es más importante que su propia seguridad. Siempre y cuando puedan vivir y no los detengan, no les importa el daño causado a la obra de la iglesia. Estas personas son egoístas hasta el extremo, no piensan en absoluto en los hermanos y hermanas ni en la obra de la iglesia, solo en su propia seguridad. Son anticristos. Entonces, cuando les ocurre lo mismo a los que son leales a Dios y tienen verdadera fe en Él, ¿cómo lo gestionan? Lo que hacen, ¿de qué modo difiere de lo que hacen los anticristos? (Cuando esas cosas les suceden a quienes son leales a Dios, buscan la manera de salvaguardar los intereses de la casa de Dios, de proteger Sus ofrendas para que no sufran pérdidas, y hacen los arreglos necesarios para los líderes y obreros y los hermanos y hermanas, para minimizar las pérdidas. Los anticristos, en cambio, se aseguran de protegerse a sí mismos primero. No les importa la obra de la iglesia ni la seguridad del pueblo escogido de Dios, y cuando la iglesia se enfrenta a detenciones, eso ocasiona un perjuicio a la obra de esta). Los anticristos abandonan la obra de la iglesia y las ofrendas de Dios, y no organizan que la gente se ocupe de la situación posterior. Eso equivale a permitir que el gran dragón rojo se apodere de las ofrendas de Dios y de Su pueblo escogido. ¿No es eso una traición encubierta a las ofrendas de Dios y a Su pueblo escogido? Cuando los que son leales a Dios tienen claro que es peligroso un entorno, pese a ello aceptan el riesgo de hacer la tarea de ocuparse de la situación posterior y mantienen en mínimos las pérdidas a la casa de Dios antes de retirarse. No priorizan su propia seguridad. Dime, en este perverso país del gran dragón rojo, ¿quién podría asegurar que no hay peligro alguno en creer en Dios y cumplir con un deber? Cualquiera que sea el deber que uno asuma, conlleva cierto riesgo; sin embargo, el cumplimiento del deber es una comisión de Dios y, al seguir a Dios, uno ha de asumir el riesgo de cumplir con su deber. Uno debe hacer un ejercicio de sabiduría y ha de tomar medidas para garantizar su seguridad, pero no debe priorizar su seguridad personal. Debe tener en cuenta las intenciones de Dios y priorizar el trabajo de Su casa y la difusión del evangelio. Lo principal, y lo primero, es cumplir con la comisión de Dios para uno. Los anticristos dan máxima prioridad a su seguridad personal, creen que lo demás no tiene que ver con ellos. No les importa que le pase algo a otra persona, sea quien sea. Mientras no les pase nada malo a los propios anticristos, ellos están tranquilos. Carecen de toda lealtad, lo cual viene determinado por la esencia-naturaleza de los anticristos. […] Los anticristos no muestran lealtad a Dios. Cuando se les asigna un trabajo, lo aceptan con bastante alegría, y hacen algunas declaraciones bonitas, pero cuando llega el peligro, son los que huyen más rápido, los primeros en echar a correr, los primeros en escapar. Esto demuestra que su egoísmo y despreciabilidad son particularmente graves. No tienen ningún sentido de la responsabilidad ni de la lealtad. Cuando se enfrentan a un problema, solo saben huir y esconderse, y piensan únicamente en protegerse a sí mismos, sin tener nunca en cuenta sus responsabilidades y deberes. En aras de su propia seguridad personal, los anticristos muestran constantemente su naturaleza egoísta y despreciable. No dan prioridad a la obra de la casa de Dios ni a sus propios deberes. Y menos aún dan prioridad a los intereses de la casa de Dios. En cambio, priorizan su propia seguridad(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (II)). “Existe una diferencia en la naturaleza de cómo trabajan las personas que tienen lealtad a la obra de Dios en comparación con aquellas que no la tienen. Cuando ambas se encuentran con asuntos que entrañan peligro, los que tienen lealtad son capaces de afrontar el peligro y hacer su obra, emplean sabiduría y métodos para implementar los arreglos del trabajo. Sin embargo, los anticristos no emprenden trabajos concretos, al margen de que exista peligro o no, y nunca implementan los arreglos del trabajo. Esa es la distinción. […] Carecen de lealtad, son egoístas y despreciables y consideran su propia seguridad en todo. Nunca indagan sobre si se están implementando los arreglos del trabajo de la casa de Dios o sobre el progreso de la obra de Su casa, son cosas que no les importan. No han ofrecido su lealtad, no la muestran. Para ellos, es suficiente con salir del paso respecto a estos problemas, a esto lo consideran hacer trabajo. Si el riesgo es pequeño, puede que hagan algo de obra a regañadientes. Sin embargo, si el riesgo es grande y existe la posibilidad de que los capturen, no la llevarán a cabo, por muy fundamental que sea la tarea. Esta es la esencia de los anticristos(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (II)). En las palabras de Dios vi que aquellos leales a Él son capaces de no tener en cuenta las ganancias o pérdidas personales cuando les sobreviene el peligro. Cuando ven que las ofrendas están en peligro, arriesgan su vida para protegerlas. Son leales a Dios hasta la muerte, y salvaguardan los intereses de Su casa. Pero los anticristos tienen una naturaleza extremadamente egoísta y falsa. En entornos peligrosos, solo piensan en su propia seguridad y no tienen ningún sentido de responsabilidad por su deber. ¿No era mi comportamiento igual que el de un anticristo? Me había enterado de que Zhao Hui se había convertido en un judas y había vendido a muchos líderes, obreros, hermanos y hermanas, por lo que las casas donde se guardaban las ofrendas corrían peligro. Había que trasladarlas de inmediato. Pero en ese momento crucial, mi primer pensamiento fue mi propia seguridad, mi futuro y una salida para mí. Quería retroceder dentro de mi caparazón como una tortuga cobarde. ¡Era tan egoísta y despreciable! Si por mi egoísmo e irresponsabilidad las ofrendas caían en manos del gran dragón rojo, ¿en qué me diferenciaría de un judas que salva su propio pellejo traicionando a los suyos? Pensé en el hermano Zhong de “Mi testimonio tardío”, que arriesgó su vida para trasladar los libros de las palabras de Dios y aferrarse a su deber. Y en el video de testimonio vivencial “Una elección en un entorno peligroso”, la protagonista arriesgó su vida para encargarse de las consecuencias. Aunque ella era débil y tenía miedo, buscó la verdad para resolver su carácter corrupto y estuvo dispuesta a dar su vida para salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Ambos dieron testimonios hermosos y rotundos por Dios. Al pensar en esto, me sentí profundamente avergonzada y oré a Dios: “Dios Todopoderoso, muchísimos hermanos y hermanas de la iglesia han sido arrestados, y hay que encargarse urgentemente de las consecuencias. Pero tengo miedo de que me arresten y solo quiero escapar de este entorno. ¡Soy tan egoísta y me falta tanta humanidad! Dios mío, estoy dispuesta a arrepentirme. Confiaré en Ti para encargarme bien de las consecuencias”.

También reflexioné: “¿Por qué siempre retrocedo por el miedo cada vez que me sobrevienen las cosas?”. La razón principal era mi miedo a la muerte; no había entendido realmente su significado. Entonces, leí las palabras de Dios: “¿Cómo murieron esos discípulos del Señor Jesús? Entre los discípulos hubo quienes fueron lapidados, arrastrados por un caballo, crucificados cabeza abajo, desmembrados por cinco caballos; les acaecieron varias formas de muerte. ¿Por qué murieron? ¿Es que cometieron algún delito y fueron ejecutados por la ley? No. Propagaban el evangelio del Señor, pero la gente mundana no lo aceptó y, en cambio, los condenó, golpeó e injurió, e incluso los asesinó; así los martirizaron. No hablemos del fin último de esos mártires ni del veredicto de las acciones por parte de Dios; en cambio, preguntémonos esto: al llegar al final, ¿las formas en que terminaron las vidas de esos mártires se correspondieron con las nociones humanas? (No). Desde la perspectiva de las nociones humanas, pagaron un precio muy grande por propagar la obra de Dios, pero al final Satanás los dañó gravemente hasta la muerte. Esto no se corresponde con las nociones humanas. Sin embargo, esas cosas son precisamente las que les acontecieron; esto es lo que permitió Dios. ¿Qué verdad es posible buscar en esto? Que Dios permitiera que murieran así, ¿fue Su maldición y Su condena o Su arreglo y Su bendición? Ninguna de las dos. ¿Qué fue? A la gente le da mucha angustia pensar sobre la muerte de esos mártires, sin embargo, estos son ciertamente los hechos. ¿Qué explicación se le debería dar a que los creyentes en Dios mueran de esta manera? Cuando mencionamos este tema, os ponéis en su lugar, así que, ¿sentís en vuestro corazón aflicción y un poco de dolor oculto? Pensáis: ‘Estas personas realizaron su deber de propagar el evangelio de Dios y se les debería considerar buenas personas; por tanto, ¿cómo pudieron llegar a ese fin y a tal resultado?’. En realidad, así fue como murieron y perecieron sus cuerpos; esta fue su forma de partir del mundo humano, pero eso no significaba que su resultado fuera el mismo. No importa cuál fuera la forma de su muerte y partida, ni cómo sucediera, así no fue como Dios determinó los resultados finales de esas vidas, de esos seres creados. Esto es algo que has de tener claro. Por el contrario, esa fue precisamente la manera en que condenaron este mundo y dieron testimonio de las acciones de Dios. Estos seres creados usaron sus vidas de lo más preciadas, aprovecharon el último momento de ellas para dar testimonio de las obras de Dios, de Su gran poder, y declarar ante Satanás y el mundo que las obras de Dios son correctas, que el Señor Jesús es Dios, que Él es el Señor y Dios encarnado. Hasta el último momento de su vida siguieron sin negar el nombre del Señor Jesús. ¿No fue esta una forma de juzgar a este mundo? Aprovecharon su vida para proclamar al mundo, para probar a los seres humanos que el Señor Jesús es el Señor, Cristo, Dios encarnado, que la obra de redimir a toda la especie humana que Él realizó le permite a esta continuar viviendo, una realidad que es eternamente inmutable. ¿Hasta qué punto realizaron su deber los martirizados por propagar el evangelio del Señor Jesús? ¿Hasta el grado máximo? ¿Cómo se manifestó el máximo logro? (Ofrecieron sus vidas). Eso es, pagaron el precio con su vida. La familia, la riqueza y las cosas materiales de esta vida son cosas externas; lo único relacionado con uno mismo es la vida. Para cada persona viva, la vida es la cosa más digna de aprecio, la más preciosa, y resulta que esas personas fueron capaces de ofrecer su posesión más valiosa como confirmación y testimonio del amor de Dios por la humanidad. Hasta el día de su muerte, siguieron sin negar el nombre de Dios o Su obra y aprovecharon los últimos momentos de su vida para dar testimonio de la existencia de esta realidad; ¿no es esta la forma más elevada de testimonio? Esta es la mejor manera de realizar el deber de uno, eso es lo que significa cumplir con la responsabilidad”. “Si justo antes de que te vayan a quitar la vida estás tranquilo, dispuesto y te sometes sin quejarte, sientes que has cumplido con tus responsabilidades, obligaciones y deberes hasta el final y tu corazón está alegre y en paz; si partes así, entonces, para Dios, no te has ido en absoluto. En cambio, vives en otro reino y en otra forma. Lo único que ha pasado es que tu manera de vivir ha cambiado, no estás realmente muerto. Tal como lo ve el hombre: ‘Esta persona murió a una edad temprana, ¡qué pena!’. Pero a ojos de Dios, no has muerto ni has partido para sufrir. En cambio, has partido para disfrutar de las bendiciones y acercarte más a Dios. Esto es debido a que, como ser creado, a ojos de Dios ya has alcanzado el nivel acorde al estándar en la realización de tu deber, ahora ya lo has completado y Dios ya no necesita que sigas haciendo este deber entre las filas de los seres creados. Para Dios, tu ‘partida’ no se llama ‘partida’, sino que eres ‘llevado’, ‘recogido’ o ‘conducido’, y eso es algo bueno(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Predicar el evangelio es el deber que todos los creyentes están obligados a cumplir). Después de leer las palabras de Dios, entendí que entregar la vida para cumplir la comisión de Dios es una muerte significativa y valiosa, una que Dios recuerda. Aunque la carne muera, el alma regresa a Dios. Es como los santos a lo largo de la historia que fueron perseguidos por difundir el evangelio del Señor. A algunos los desmembraron con cinco caballos, a otros los arrastraron detrás de caballos hasta que murieron, a algunos los lapidaron y a otros los crucificaron. Usaron sus preciosas vidas para dar testimonio de las obras de Dios y de Su gran poder. Aunque sus cuerpos murieron, sus almas regresaron a Dios y recibieron Su aprobación. Pero a mí me aterrorizaba morir a causa de las torturas, así que rechazaba mi deber para protegerme. Eso es traicionar a Dios. Seguir viviendo de una forma tan cobarde y rastrera no tiene valor ni sentido; es como ser un cadáver andante. Si la policía incautaba las ofrendas porque yo no las trasladé a tiempo, eso sería para mí una transgresión y una mancha eterna, y merecería los castigos y las maldiciones de Dios. Al entender esto, estuve dispuesta a desprenderme de todas mis preocupaciones y recelos, y a poner mi vida y mi muerte en manos de Dios. Si Dios permitía que me arrestaran, me sometería a Su soberanía y a Sus arreglos y confiaría en Él para mantenerme firme en mi testimonio. Después de eso, cuando trasladé los libros, todavía tenía preocupaciones y recelos, pero oraba y buscaba a Dios en mi corazón y ya no retrocedía por el miedo. Me disfrazaba cuando salía y hacía lo posible por evitar las cámaras de vigilancia. Bajo la guía de Dios, las ofrendas y los libros de Sus palabras de las tres casas de custodia de esa iglesia fueron trasladados a un lugar seguro.

Al encargarme de las consecuencias esta vez, llegué a comprender mi carácter satánico egoísta y despreciable. También entendí un poco más el significado de la muerte y encontré la determinación para rebelarme contra mi carne y aferrarme a mi deber. También vi la sabiduría de Dios al usar al gran dragón rojo para que rindiera servicio en revelar y perfeccionar a las personas. ¡Gracias a Dios!

Ahora ya han aparecido varios desastres inusuales, y según las profecías de la Biblia, habrá desastres aún mayores en el futuro. Entonces, ¿cómo obtener la protección de Dios en medio de los grandes desastres? Contáctanos, y te mostraremos el camino.

Contenido relacionado

Ya no me acobardo ante el miedo

Por Mu Yu, China El 2 de septiembre de 2022 fui por algo a la casa de una líder, pero no había nadie. La hermana Xiao Hong, que vivía...

Mi deber expuso mi egoísmo

Por Roxana, TaiwánSoy supervisora del trabajo de vídeo desde hace dos años. No hace mucho, debido a las exigencias del trabajo, nuestro...