Fui revelada cuando enfrenté los ajustes de personal

19 Ene 2023

Por Zhou Jing, China

En marzo de 2021 me encargaba de la labor evangelizadora de la iglesia. Informé a la líder de mi amplio ámbito de responsabilidad y de la falta de obreros evangelizadores, por lo que envió a Liu Xiao a ayudar a predicar el evangelio. Liu Xiao había sido líder una vez y, tras pasar algo de tiempo con ella, descubrí que, con la palabra de Dios, resolvía muy bien los problemas de los receptores potenciales del evangelio. Pensé: “Si la formo adecuadamente, seguro que llegará a predicar el evangelio y a dar testimonio de Dios, y la líder elogiará mi capacidad de trabajar y de formar a la gente”. Después, llevaba conmigo a Liu Xiao para que practicara la prédica del evangelio y solía hablar con ella y resolver los problemas que tuviera. Con el tiempo, había progresado mucho y obtenía muy buenos resultados en su labor evangelizadora. No podía ocultar mi alegría y todos los días rebosaba energía en el deber.

Un día, la líder me preguntó: “Últimamente, la iglesia tiene muchos nuevos fieles y urgen más regantes. De los hermanos y hermanas, ¿quiénes comprenden la verdad y pueden regar a los nuevos?”. Con gozo, respondí: “Liu Xiao tiene aptitud, aprende rápido la verdad y la enseña claramente. Sería ideal”. La líder respondió: “Muy bien, manda a Liu Xiao a que riegue a los nuevos”. Me palpitó el corazón al oír esto, y pensé para mis adentros: “¿La trasladas tras todo el esfuerzo que he dedicado a formarla? No debería haberte dicho la verdad. Si trasladas a semejante apoyo que tengo, tendré que volver a pagar el precio de formar a otro. Si no hay suficientes regantes, ¿no puedes trasladar a gente de otra iglesia? Si trasladas a Liu Xiao, este mes no seremos tan eficaces en la labor evangelizadora. ¿Qué opinarás de mí entonces? ¿Te pareceré incapaz y me destituirás? ¡De ningún modo! No puedo soltar a Liu Xiao”. Al pensarlo, le dije a la líder: “El riego es crucial, pero ¿no es igual de importante la evangelización? ¿Y si esta vez trasladas a alguien de otra iglesia, y a Liu Xiao la puedes trasladar la próxima vez que haga falta alguien?”. La líder vio lo que estaba pensando, y me habló: “Debemos pensar en el trabajo global de la iglesia. Es egoísta querer mantener a nuestro lado a la gente con talento para que nos aligere la carga. Ya están ingresando muchos nuevos fieles en la iglesia, pero, al no haber suficientes regantes, a muchos de ellos no se les riega a tiempo, y a algunos ya los han amenazado y perturbado los rumores del PCCh y del mundo religioso, y les asusta mucho reunirse. Otros hasta han causado baja. La labor evangelizadora tiene mucho de siembra. Si solo siembras, y no riegas, ¡no sirve de nada! Así pues, lo principal ahora es organizar a gente que riegue a los nuevos fieles cuanto antes. Lo que requiere el riego es que se ordene que Liu Xiao riegue a nuevos creyentes. Debemos salvaguardar el trabajo de la iglesia. Si solo queremos mantener a la gente para que nos aligere la carga y salvaguarde nuestra reputación y nuestro estatus, ¡no estamos acatando la voluntad de Dios!”. La líder tenía razón. Si mirábamos la situación de Liu Xiao, era más adecuada para regar a los nuevos y, además, estos necesitaban desesperadamente que los regaran. No pensaba más que en mi reputación y mi estatus y me molestaba la idea de que trasladaran a Liu Xiao y se viera afectada la labor evangelizadora, pero, bien pensado, realmente no podía haber retrasos en el riego a los nuevos, así que no tuve más remedio que decirle a la líder: “Haz lo que te plazca. Si realmente hay que trasladarla, yo no puedo hacer nada…”. Al llegar a casa no podía dejar de pensar en ese asunto, por lo que oré a Dios: “¡Dios mío! Sé que concuerda con los principios el hecho que la líder disponga que Liu Xiao riegue a los nuevos, pero no lo acepto. Te pido esclarecimiento y poder reconocer mi carácter corrupto”.

Luego leí la palabra de Dios. “Dentro del ámbito de la obra de la casa de Dios, en función de las necesidades generales de trabajo, puede haber algunos traslados de personal. Si se traslada a algunas personas de una iglesia, ¿cuál sería la forma sensata de tratar el asunto por parte de los líderes de esa iglesia? ¿Qué problema hay si solo les preocupa el trabajo de su propia iglesia, en lugar de los intereses generales? ¿Por qué, como líderes de la iglesia, son incapaces de someterse a los arreglos generales de la casa de Dios? ¿Es esa persona considerada con la voluntad de Dios y atenta al panorama general de la obra? Si no piensa en la obra de la casa de Dios como un todo, sino solo en los intereses de su propia iglesia, ¿acaso no es muy egoísta y despreciable? Los líderes de la iglesia deben someterse incondicionalmente a la soberanía y a los arreglos de Dios, y a los arreglos y coordinación centralizados de la casa de Dios. Eso es lo que se ajusta a los principios de la verdad. Cuando la obra de la casa de Dios lo requiera, sin importar quiénes sean, todos deben someterse a la coordinación y los arreglos de la casa de Dios, y en absoluto deben ser controlados por ningún líder u obrero individual como si fueran de su propiedad. La obediencia de los escogidos de Dios a los arreglos centralizados de la casa de Dios es ordenada por el Cielo y reconocida por la tierra, y nadie puede desafiarla. A menos que un líder u obrero individual realice un traslado irracional que no esté de acuerdo con los principios —en cuyo caso podrá desobedecerse— todos los escogidos de Dios deben obedecer, y ningún líder u obrero tiene derecho o razón alguna para tratar de controlar a nadie. ¿Diríais que hay algún trabajo que no sea obra de la casa de Dios? ¿Hay alguna obra que no implique la expansión del evangelio del reino de Dios? Todo es obra de la casa de Dios, toda obra es igual, y no hay ‘tuya’ y ‘mía’. Si el traslado se ajusta a los principios y se basa en los requisitos del trabajo de la iglesia, entonces estas personas deben ir a donde más se las necesita. Sin embargo, ¿cuál es la respuesta de los anticristos cuando se enfrentan a este tipo de situación? Encuentran diversos pretextos y excusas para mantener a estas personas adecuadas en sus manos, sirviéndoles. Solo aportan a dos personas comunes y corrientes, y luego buscan algún pretexto para presionarte, ya sea diciendo que hay mucho trabajo, o que están cortos de personal, es difícil conseguir gente y, si estos dos son transferidos, el trabajo sufrirá un golpe. Y te preguntan qué se supone que deben hacer, y te hacen sentir culpable. ¿No es así como funciona el diablo? Así es como hacen las cosas los incrédulos. ¿Son buenas personas las que siempre tratan de proteger sus propios intereses en la iglesia? ¿Se trata de personas que actúan según los principios? En absoluto. Son incrédulos y no son creyentes. ¿Y no es esto egoísta y vil?” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro (I)). Con la palabra de Dios entendí que Él aborrece y siente repugnancia por los egoístas que solo protegen sus intereses personales. Fue especialmente obvio cuando leí estas palabras de Dios: “¿No es así como funciona el diablo? Así es como hacen las cosas los incrédulos. […] Son incrédulos y no son creyentes”. Parecía que Dios estuviera justo delante de mí, exponiéndome, y no quería más que enterrar la cabeza, avergonzada. Tenía claro que en la iglesia faltaban regantes, que muchos nuevos fieles se iban porque no se les regaba a tiempo y que la orden de la líder de que Liu Xiao los regara era totalmente apropiada y acorde a los principios, pero no tenía en consideración el trabajo de la iglesia, sino solamente mis intereses. Temía que, si trasladaban a Liu Xiao, yo tuviera que esforzarme más y pagar más precio. También me preocupaban los daños a mi reputación y estatus si disminuía la eficacia del trabajo. Por esto traté de obstaculizar a la líder y de impedir que trasladara a Liu Xiao so pretexto de que “también es importante evangelizar y no puede demorarse”. Era verdaderaente egoísta y despreciable. Únicamente pensaba en mis intereses. Solo quería mantener a Liu Xiao junto a mí para aumentar mi reputación y mi estatus. ¿No era como los incrédulos? En el mundo de los incrédulos, los jefes de las empresas enseñan habilidades a la gente y quieren que esta se deje la vida trabajando para ellos. Asimismo, yo creía que, por haber formado yo sola a Liu Xiao, ella debía quedarse conmigo y someterse a lo que yo dispusiera. Era realmente irracional. La iglesia había dispuesto que yo supervisara la labor evangelizadora. Era mi responsabilidad y el deber que tenía que cumplir. No era una empresa mía, sino el trabajo de la iglesia. En cuanto al modo de trasladar y disponer el personal, la líder juzgó la forma de asignarlo racionalmente según los principios y yo no era quién para meterme, y ni mucho menos tenía derecho a interponerme. Debería haberme sometido y haberlo aceptado; eso habría sido lo racional. Al pensarlo me llené de remordimiento y reproches por mis actos y conductas. Me apresuré a presentarme ante Dios a confesar y arrepentirme, dispuesta a abandonar mis intenciones egoístas y a someterme a las disposiciones de la iglesia. Al día siguiente comuniqué a Liu Xiao que iba a regar a los nuevos fieles. Con esta práctica tuve una gran sensación de paz y alivio.

Pronto descubrí que Peng Huizhen y Yang Jie tenían puntos fuertes que serían geniales para evangelizar, por lo que solía llevarlos conmigo a predicar el evangelio y estaba muy centrada en formarlos. Con el tiempo, progresaron rápido como obreros evangelizadores y lograron grandes resultados. Como imaginarán, no cabía de gozo y, con dos obreros evangelizadores más en el grupo, también mejoró el trabajo y yo me sentía más motivada en el deber. Sin embargo, para mi sorpresa, la líder me dijo dos semanas después: “Hay mucha evangelización pendiente en iglesias de todas partes, pero no suficientes obreros evangelizadores. Quiero ordenar a Yang Jie y Lu Ming que vayan a cubrirla. También Peng Huizhen tiene aptitud y vale la pena formarla. Quiero ordenarle que supervise el trabajo de riego a nuevos fieles”. Me desilusionó oír esto y, como un globo pinchado, de pronto me sentí totalmente desinflada y me desplomé en la silla sin poder moverme. Pensé para mis adentros: “Una cosa es trasladar a alguien, pero ¿ahora trasladas a tres? ¿Intentas complicarme las cosas? Si trasladas a estos tres apoyos que tengo y el trabajo acaba resintiéndose, ¿dirás que no hago un trabajo práctico y que soy una falsa líder? Si luego soy destituida, ¿cómo podré dar la cara de nuevo? Pareceré incapaz para este trabajo”. Con esta idea, respondí secamente: “¿No puedes dejar ni siquiera a uno? ¿No se demorará la labor evangelizadora por trasladar a tres de golpe?”. La líder vio lo reacia que era y habló conmigo, pero no le escuché ni una palabra. Cuando se fue la líder, me embargó una sensación de descontento por el traslado de tres de mis apoyos. Con el traslado de esos tres, tendría que buscar a más gente que formar, por no hablar de la carga material que supondría, y después, si el trabajo no estaba a la altura, ¿qué opinarían todos de mí? ¿Dirían que había tenido energía solo por ser nueva en el puesto y que me había vuelto una inepta total una vez que se me pasó el entusiasmo inicial? Cuanto más lo pensaba, más me disgustaba. Me sentía triste y perdí toda motivación. Posteriormente, no llevaba ninguna carga en el deber ni me esforzaba en serio por resolver las dificultades con que me topaba. Más tarde, la líder envió a más gente a la labor evangelizadora, pero yo no quería formarla. Sabía que, cuando empezaran la labor evangelizadora, habría muchos problemas que no sabrían resolver, pero no les prestaba atención y les ordenaba que salieran enseguida a predicar el evangelio. Poco a poco, mi interior se volvió más sombrío, y sentía que me quedaba corta en el deber. Consciente de que mi estado era incorrecto, oré a Dios y reflexioné para conocerme a mí misma.

En una de mis devociones leí estas palabras de Dios. “Si alguien de buen calibre dependiente del anticristo es trasladado a otro cargo, en su corazón el anticristo se resiste y lo rechaza con obstinación: quiere abandonar, ya no tiene entusiasmo por ser líder o jefe de grupo. ¿Qué problema es este? ¿Por qué carecen de obediencia hacia los arreglos de la iglesia? Piensan que el traslado de su ‘mano derecha’ tendrá un impacto en la productividad y el progreso de su trabajo, y que en consecuencia su estatus y reputación se verán afectados, lo que les obligará a trabajar más duramente y a sufrir más para garantizar la productividad, cosa que es lo último que quieren hacer. Se han acostumbrado a la comodidad, y no quieren trabajar ni sufrir más, por lo que no quieren dejar escapar a esa persona. Si la casa de Dios insiste en el traslado, arman un gran alboroto e incluso se niegan a hacer su propio trabajo. ¿Acaso no es esto egoísta y vil? Los escogidos de Dios deben ser asignados de forma centralizada por la casa de Dios. Esto no tiene nada que ver con ningún líder, jefe de equipo o individuo. Todos deben actuar de acuerdo a los principios; esta es la regla de la casa de Dios. Cuando los anticristos no actúan de acuerdo con los principios de la casa de Dios, cuando constantemente maquinan en aras de su propio estatus e intereses, y hacen que hermanos y hermanas de buen calibre les sirvan para consolidar su poder y estatus, ¿no es eso egoísta y vil? En apariencia, al mantener a las personas de buen calibre a su lado y no permitir que la casa de Dios las traslade, parece que están pensando en la obra de la iglesia, pero en realidad sólo están pensando en su propio poder y estatus, y en absoluto en la obra de la iglesia. Tienen miedo de estropear su trabajo, ser reemplazados y perder su estatus. Cuando los anticristos no piensan en la obra más amplia de la casa de Dios, solo piensan en su propio estatus, lo protegen sin preocuparse por el costo de los intereses de la casa de Dios, y defienden su propio estatus e intereses en detrimento de la obra de la iglesia, eso es egoísta y vil. Al enfrentarte a una situación así, como mínimo uno debe pensar con su conciencia: ‘Estas personas son de la casa de Dios, no son mi propiedad personal. Yo también soy miembro de la casa de Dios. ¿Qué derecho tengo a impedir que la casa de Dios transfiera personas? Debería considerar los intereses generales de la casa de Dios, en lugar de concentrarme solo en el trabajo dentro del ámbito de mis propias responsabilidades’. Tales son los pensamientos que deberían tener las personas que poseen conciencia y razón, y el sentido que deberían poseer los que creen en Dios. Cuando la casa de Dios tiene una necesidad especial, lo más importante es obedecer los arreglos de la casa de Dios. Los falsos líderes y anticristos no poseen esa conciencia y razón. Son todos unos egoístas que solo piensan en ellos mismos, no tienen consideración hacia la obra de la iglesia. Solo consideran los beneficios que tienen ante sus propios ojos, no el marco completo de la obra de la casa de Dios, así que son absolutamente incapaces de obedecer los arreglos de la casa de Dios. Son extremadamente egoístas y viles. En la casa de Dios son incluso tan audaces como para ser obstructivos, e incluso se atreven a atrincherarse con sus ideas. Así son las personas más carentes de humanidad, son personas malvadas. De esta clase de personas son los anticristos. Siempre tratan la obra de la iglesia y a los hermanos y hermanas, e incluso los bienes de la casa de Dios, todo aquello que está bajo su autoridad, como propiedad privada que les pertenece. De ellos depende cómo se distribuyen, transfieren y utilizan estas cosas, y a la casa de Dios no se le permite interferir. Una vez que están en sus manos, es como si estuvieran en posesión de Satanás, a nadie se le permite tocarlos. Son el pez gordo, el mandamás, y cualquiera que vaya a su territorio tiene que obedecer sus órdenes y disposiciones, además de seguir su ejemplo. Esta es la manifestación del egoísmo y la vileza dentro del carácter del anticristo. No siguen los principios en lo más mínimo, no tienen ninguna consideración hacia los intereses de la casa de Dios y solo piensan en los suyos propios y en su estatus, que son todos rasgos distintivos del egoísmo y la vileza de los anticristos” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión cuatro (I)). Tras leer las palabras de Dios me sentí hondamente angustiada e incómoda. Dios revela que los anticristos son especialmente egoístas y faltos de humanidad. Cuando les pasan las cosas, solo piensan en la reputación y el estatus. Tratan de mantener a la gente a sus pies, no dejan que la iglesia disponga ni reajuste nada, y no tienen para nada en cuenta la labor de aquella. ¿No eran mis actos y conductas los de un anticristo? Como supervisora, debería haberme centrado en formar a gente con talento. Era mi responsabilidad y mi deber. La iglesia reajusta al personal de forma racional según las exigencias del trabajo y la aptitud y los talentos de cada persona. Debí haber apoyado la decisión y cumplir con mi deber. Sin embargo, no tuve para nada en cuenta el trabajo global de la iglesia y solamente pensé en mantener a mi lado a estos obreros evangelizadores con talento y aptitud para aumentar mi reputación y mi estatus. En cuanto la líder quiso trasladar a gente fuera de mi ámbito de responsabilidad, me volví reacia, me amargué, y hasta estaba descontenta y deseando dejarlo. Me preocupaba de continuo que trasladara a estos apoyos, empezara a resentirse el trabajo y mi reputación y estatus corrieran peligro. Era realmente egoísta y despreciable. ¿Tenía un ápice de humanidad o de razón? ¿En qué se diferenciaba el carácter que revelaba del de un anticristo? Me acordé de los fariseos y del clero del mundo religioso moderno. Cuando apareció Dios para obrar, con tal de preservar su estatus y su medio de vida, usaron todos los medios a su alcance para que los creyentes no siguieran a Dios. En aras de su estatus y su medio de vida, trataron de mantener a los creyentes a sus pies para siempre. En consecuencia, se convirtieron en anticristos y Dios los castigó y maldijo. Al recordar mi conducta, cuando pagaba un pequeño precio por formar a hermanos y hermanas que predicaran el evangelio, al ver que eran independientes en el deber, quería aprovechar la ocasión para demostrar plenamente mis habilidades y lucir mis talentos, a fin de recibir admiración. Por eso no quería que la líder ascendiera a nadie fuera de mi ámbito de responsabilidad. Quería mantener a mi lado a estas personas con talento y aptitud que cumplían bien con el deber y utilizarlas para consolidar mi reputación y mi estatus. La esencia de mi conducta, ¿no era la misma que la de los fariseos y los anticristos del mundo religioso? El trabajo de la casa de Dios no se divide. A la gente hay que enviarla allá donde lo requiera el trabajo. Es la manera adecuada de trasladar al personal. Pero, cuando a los hermanos y hermanas con aptitud y capacidad de trabajo los ascendían y enviaban, uno a uno, a otro lado, creía que perdía a mi mano derecha y que mi trabajo se vería afectado directamente. Creía que corrían peligro mi reputación y mi estatus, por lo que no quería soltarlos. Incluso cuando la líder lo habló conmigo, seguí intentando poner excusas, obstaculizarla y aferrarme a mis apoyos. Creía que era dueña de mi propio territorio y que los talentos que había formado eran de uso propio. ¿No era una cacica local que reclamaba un lugar como dominio propio? Cuando fueron trasladadas estas personas, me preocupaba que el trabajo se viera afectado, y mi deseo de reputación y estatus, insatisfecho, así que holgazaneaba en el trabajo, e incluso cuando sabía que había principios que el nuevo personal evangelizador aún no comprendía, pasaba de ellos y los mandaba salir a predicar el evangelio. No quería tener que formarlos. Al echar la vista atrás a mi conducta, ¿dónde estaban mi conciencia, mi razón y mi humanidad? La iglesia había dispuesto que yo supervisara la labor evangelizadora para poder predicar el evangelio con los hermanos y hermanas, unidos en mente y espíritu, y cumplir bien con el deber en los respectivos puestos, pero yo no tenía pudor alguno y mantenía a los hermanos y hermanas a mis pies para usarlos como deseara. Con esto me resistía a Dios, me situaba en oposición a Él ¡e iba por la senda de un anticristo! De no ser por la revelación de la palabra de Dios y lo revelado por los hechos, todavía no sería consciente de la gravedad de mi carácter de anticristo ni del hecho de que iba por la senda de un anticristo, hacía el mal y me resistía a Dios. Cuanto más lo pensaba, más me asustaba, así que oré a Dios y me arrepentí diciendo que ya no quería resistirme más a Él, sino someterme y cumplir bien con el deber.

Luego leí más la palabra de Dios: “Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y siempre quieres ganarte los elogios y la admiración de los demás, pero no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Estas personas no tienen reverencia hacia Dios. No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres los intereses humanos ni tengas en cuenta tu propio orgullo, reputación o estatus. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has sido leal, has cumplido con tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y dilucídalas, y te será más fácil cumplir bien con el deber” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). “Para todos los que cumplen con su deber, ya sea profundo o superficial su entendimiento de la verdad, la manera más sencilla de entrar en la realidad de la verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo, y renunciar a los deseos egoístas, a las intenciones, motivos, orgullo y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, tener en cuenta la voluntad de Dios, considerar la obra de la iglesia y poner estas cosas antes que nada; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y haces algunas concesiones? Si practicas de esta manera por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, deberías ser capaz de cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de la casa de Dios, la obra de la iglesia y el deber que has de cumplir. Después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de comportarte: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser despreciable y miserable. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). La palabra de Dios me señalaba una senda de práctica; en concreto, que, hagas lo que hagas, no lo hagas para que te vean, sino que debes aceptar el escrutinio de Dios. Cuando te pasen las cosas, primero debes adoptar una actitud correcta y priorizar el trabajo de la iglesia, escuchar la voluntad de Dios y mostrar consideración por la labor de la iglesia en todo momento. Es el único modo de ajustarse a la voluntad de Dios en el deber. Como supervisora de la labor evangelizadora, debo formar cuidadosamente a gente con talento para que cumpla su responsabilidad de predicar el evangelio del reino. Desde entonces practiqué conscientemente según la palabra de Dios.

Un mes después, mientras hablaba Dong Xin en una reunión, descubrí que enseñaba la verdad con claridad y que era capaz de captar los puntos clave al resolver los problemas de aquellos a quienes predicaba. Pensé que, si la formaba bien, en breve podría predicar ella sola el evangelio. Tras un tiempo de práctica, Dong Xin logró buenos resultados de evangelización y también fue capaz de regar a los nuevos que habían aceptado el evangelio de su parte. Pensé para mis adentros: “La aptitud de Dong Xin parece la más adecuada para regar a los nuevos. Como la líder me pide personal de riego últimamente, ¿debo enviar a Dong Xin?”. Pero, pensándolo mejor: “Logra unos resultados buenísimos en el deber y es una baza real en el grupo. ¿Se verá afectado el trabajo que superviso si la envío a regar a nuevos fieles?”. De pronto fui consciente de algo: “¿No estoy pensando de nuevo en mi reputación, mi estatus y mis intereses?”. Rememoré la palabra de Dios: “Actuar desinteresadamente, pensar en la obra de la iglesia y hacer solo lo que satisface a Dios es lo justo y honorable, y aportará valor a tu existencia. Al vivir así en la tierra, estás siendo abierto y honesto, viviendo la humanidad normal y la verdadera imagen del hombre, y no solo tienes la conciencia tranquila, sino que también eres digno de todas las cosas que Dios te ha concedido. Cuanto más vivas así, más sentirás que tienes los pies en la tierra, te sentirás más en paz y alegre, y estarás más radiante. De este modo, ¿acaso no habrás puesto ya el pie en el camino correcto de la fe en Dios?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Entregando el corazón a Dios, se puede obtener la verdad). Con la palabra de Dios entendí que, como miembro de la iglesia, una siempre debe priorizar los intereses de la casa de Dios y dejar de lado sus deseos y maquinaciones egoístas. Con ello, la gente puede volverse generosa, diligente y racional. Ya no podía pensar en mi estatus, mi reputación y mis intereses. Tenía que dejar de lado mis intereses y maquinaciones, adoptar unas intenciones correctas y practicar según la palabra de Dios. Con esta idea envié a la líder una carta para contarle la situación de Dong Xin. Poco después dispuso que Dong Xin fuera a otra iglesia a regar a los nuevos fieles. Tuve una gran sensación de alivio por haber practicado así.

Con esta experiencia aprendí que, cuando adopté las motivaciones correctas, prioricé el trabajo de la iglesia y dejé de pensar en mis intereses personales, mi corazón pudo asumir una carga real. Empecé a buscar a gente adecuada en la iglesia para que practicara la prédica del evangelio y a ampararme en Dios para atender y resolver problemas y errores del trabajo. Al pagar un precio real de esta forma, el trabajo no corrió peligro, sino que, de hecho, ¡mejoró! Con el traslado de Dong Xin aprendí que, cuando dejé de lado mis deseos egoístas en el deber, escuché la voz de Dios y prioricé el trabajo de la iglesia, no solo pude cumplir mi deber y mis responsabilidades, sino que también obtuve resultados en aquel y una sensación de paz y tranquilidad. ¡Gracias a Dios!

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