Elegir entre mis estudios y mi deber

16 Abr 2023

Por Lu Yang, China

Hasta donde me acuerdo, mis padres nunca se llevaron bien. Las peleas formaban parte de su rutina y, a veces, mi papá pegaba a mi mamá. En lugar de divorciarse, mi madre soportó todo durante años por el bien de mi hermano menor y el mío. Se pasó media vida criándonos, por lo que su amor por nosotros me parecía verdaderamente grande y creía que, de mayor, tenía que honrarla. Mi madre aceptó después la obra de Dios de los últimos días y luego nos compartió el evangelio a mi hermano menor y a mí. Solíamos reunirnos a bailar y cantar himnos de alabanza a Dios y yo estaba contentísima, pero mi madre no perseguía mucho la verdad y cada vez venía menos a reunirse a leer la palabra de Dios. Unos años después, mi padre y mi madre acabaron divorciándose. Ver que mi madre, que tenía casi cincuenta años, no había tenido una buena vida, me entristecía mucho. Me prometí que estudiaría mucho, encontraría un buen empleo, le compraría una casa a mi mamá y permitiría que viviera el resto de su vida más feliz. Sentía que esta era la devoción filial que debía observar. Después de esto, me reunía y leía mucho menos la palabra de Dios para poder centrarme en los estudios. Les dedicaba todo mi tiempo y energía.

En septiembre de 2019, entré en una escuela vocacional en otra provincia. Estudiaba mucho a diario con la esperanza de pasar a la universidad y a un posgrado para poder darle una vida mejor a mi madre. Pero la vida en el campus me decepcionó mucho. Aquellos a quienes se les daba bien dar coba a los profesores se ganaban su favor, así que sus notas siempre eran más altas en los exámenes; pero aquellos realmente capaces no obtenían notas tan altas si no eran unos aduladores. Compañeros que parecían llevarse bien charlando, riendo y sonriendo juntos se daban puñaladas por la espalda y se volvían distintos cuando se daban la vuelta. Algunos hasta se convertían en amantes de alguien abiertamente, sin sentido de la vergüenza. Esa vida de campus en verdad me deprimía y no aguantaba ni un día más pero, al pensar que le había prometido a mi madre que estudiaría mucho, haría la diferencia en el mundo y no la decepcionaría, no tuve más remedio que resistir.

Cuando fui a casa en las vacaciones de invierno, mi tía me enseñó la palabra de Dios y me mostró un video titulado Aquel que tiene la soberanía sobre todas las cosas. ¡Este video me estremeció en lo más hondo! Me hizo ver la omnipotencia y soberanía de Dios, que Él es el Señor del destino de la humanidad y que siempre ha guiado el desarrollo de aquella. Pensé en los desastres, que van a peor, en la pandemia y en que la obra de Dios estaba a punto de acabar pero, como estaba estudiando, persiguiendo conocimiento, no cumplía con un deber y no podía ni siquiera participar en la vida de iglesia. Al final, no alcanzaría la verdad, perecería en los desastres y sería castigada. La enseñanza de mi tía sobre la palabra de Dios me ayudó, sustentó y conmovió. Comprendí que Dios siempre había estado conmigo y quería asistir a más reuniones y cumplir con mi deber en la iglesia.

Durante mis devociones espirituales, un día, leí un par de pasajes de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Desde el momento en el que llegas llorando a este mundo, comienzas a cumplir tus responsabilidades. Por el bien del plan de Dios y Su ordenación, desempeñas tu papel y emprendes tu viaje de vida. Sea cual sea tu trasfondo y sea cual sea el viaje que tengas por delante, en cualquier caso, nadie puede escapar de las orquestaciones y arreglos del Cielo y nadie puede controlar su propio sino, pues solo Aquel que es soberano sobre todas las cosas es capaz de llevar a cabo semejante obra. Desde que el hombre comenzó a existir en el principio, Dios siempre ha desempeñado Su obra de esta manera, gestionando el universo y dirigiendo las leyes del cambio para todas las cosas y la trayectoria de su movimiento. Como todas las cosas, el hombre, silenciosamente y sin saberlo, se alimenta de la dulzura, la lluvia y el rocío de Dios. Como todas las cosas, sin saberlo, el hombre vive bajo la orquestación de la mano de Dios(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios es la fuente de la vida del hombre). “Ni una sola persona a la que Dios vigila día y noche toma la iniciativa de adorarlo. Dios simplemente hace la obra en el hombre —sobre el cual no hay expectativas— tal y como lo planeó. Lo hace así con la esperanza de que, un día, el hombre despierte de su sueño y, de repente, comprenda el valor y el significado de la vida, el precio que Dios pagó por todo lo que le ha dado y el ansia con la que Dios anhela desesperadamente que el hombre regrese a Él(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios es la fuente de la vida del hombre). Me emocioné mucho al meditar la palabra de Dios. Recordé que había aceptado la obra de Dios de los últimos días con mi madre cuando era pequeña pero que, por mis estudios, había dejado de ir a reuniones y de leer la palabra de Dios, lo que me alejó cada vez más de Él. Justo cuando pensaba que mi vida iba a continuar así, de pronto había venido mi tía a leerme la palabra de Dios y a mostrarme un video evangélico. Me resultaba obvio que Dios lo había dispuesto. Mi porvenir siempre ha estado en manos de Dios y he vivido bajo Su soberanía y Su predestinación. Aunque, por el camino, me aparté de Dios, Él dispuso personas y circunstancias que despertaron mi espíritu y me llevaron de vuelta a Su casa. Contemplé Su amor y protección. Oí una vez más las palabras de Dios y no podía rebelarme contra Él ni herirlo de nuevo. Quería creer sinceramente en Dios y cumplir con el deber de un ser creado.

Durante ese período, solía preguntarme: “¿Cuáles son el valor y el sentido verdaderos de la vida? ¿Acaso el afán por los diplomas y los títulos?”. Mientras meditaba al respecto, recordé la palabra de Dios: “Una vez que alguien está atascado en la fama y el provecho, deja de buscar lo que es brillante, lo recto o esas cosas que son hermosas y buenas. Esto se debe a que la seducción de la fama y el provecho es demasiado grande para las personas, y son cosas que pueden buscar sin parar durante toda su vida e incluso durante toda la eternidad. ¿No es esta la situación real? Algunos dirán que aprender conocimiento no es más que leer libros y aprender algunas cosas que aún no sabes, como para no quedarse atrasados en el tiempo o que el mundo no los deje atrás. El conocimiento solo se aprende a fin de poner comida en tu mesa, para tu propio futuro o para proveer las necesidades básicas. ¿Hay alguien que podría soportar una década de duro estudio solo para las necesidades básicas, para resolver tan solo la cuestión de la comida? No, no hay nadie así. ¿Para qué sufre una persona estas dificultades por todos estos años? Es por la fama y el provecho. La fama y el provecho la esperan en la distancia, llamándola, y cree que solo por su propia diligencia, sus dificultades y su lucha podrá tomar el camino que la llevará a la fama y el provecho, con lo cual obtendrá estas cosas. Una persona así debe sufrir estas dificultades por su propia senda futura, para su disfrute futuro y para obtener una vida mejor. ¿Qué es en realidad este conocimiento, me lo podéis decir? ¿No se trata de las reglas y filosofías de vida que Satanás infunde en el hombre, como ‘ama al partido, ama al país y ama tu religión’ y ‘el hombre sabio se somete a las circunstancias’? ¿Acaso no son las ‘aspiraciones elevadas’ de la vida que Satanás infunde en el hombre, como los pensamientos de grandes personas, la integridad de los famosos o el valiente espíritu de personajes heroicos, o la caballerosidad y la amabilidad de los caballeros y los espadachines de las novelas de artes marciales? Estas ideas y afirmaciones influyen a una generación tras otra; muchas personas aceptan tales ideas y persiguen, luchan e incluso están dispuestas a sacrificar su vida con el objeto de cumplir estas ‘aspiraciones elevadas’. Este es el medio y el método a través de los cuales Satanás utiliza el conocimiento para corromper a las personas. Así pues, una vez que Satanás conduce a las personas hacia esta senda, ¿son ellas capaces de someterse y adorar a Dios? ¿Y son capaces de aceptar Sus palabras y perseguir la verdad? Por supuesto que no, porque Satanás las ha extraviado. Consideremos esto ahora: dentro del conocimiento, las ideas y las opiniones que Satanás infunde en la gente, ¿están las verdades de la sumisión a Dios y la adoración de Dios? ¿Están presentes las verdades de temer a Dios y apartarse del mal? ¿Están las palabras de Dios? ¿Hay algo en ellos que sea propio de la verdad? En absoluto, tales cosas están totalmente ausentes(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Con la palabra de Dios entendí que Satanás inculca sus ideas a la gente haciéndole adquirir conocimientos constantemente, y hace que la gente quiera destacar y honrar su apellido. La convence de que su porvenir está en sus manos y de que el conocimiento puede ayudarla a cambiarlo. Al vivir en función de estas ideas, la gente desafía a Dios, con lo que se aleja cada vez más de Él. Cuando estudiábamos, los profesores solían advertirnos: “Si quieren que les vaya bien, les harán falta un grado y un posgrado. Esto es lo que demostrará que tienen capacidad”. Tras admitir estas ideas, empecé a pensar en mejorar mis destrezas, me inscribí en certámenes y me preparé para exámenes de certificación profesional. Creía que así podría cambiar mi porvenir. Sin embargo, con mi obcecado empeño académico y mi firme deseo de destacar por mi formación y mi conocimiento, mi corazón se había alejado poco a poco de Dios. Dejé de leer la palabra de Dios y rara vez oraba. No era distinta de una no creyente. Solo ahí descubrí que alentarnos a perseguir conocimiento es una forma en que Satanás nos corrompe y desorienta y que, cuanto más buscamos conocimiento, más nos alejamos de Dios y nos resistimos a Él. Al pensar en esta consecuencia, comencé a revaluar y elegir la senda que estaba persiguiendo.

Un día, leí un pasaje de la palabra de Dios: “Como miembros de la raza humana y cristianos devotos, es responsabilidad y obligación de todos nosotros ofrecer nuestra mente y nuestro cuerpo para el cumplimiento de la comisión de Dios, porque todo nuestro ser vino de Él y existe gracias a Su soberanía. Si nuestras mentes y nuestros cuerpos no están dedicados a la comisión de Dios ni a la causa recta de la humanidad, nuestras almas se sentirán avergonzadas ante aquellos que fueron martirizados a causa de la comisión de Dios, y aún más ante Dios, que nos ha provisto de todo(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios tiene soberanía sobre el porvenir de toda la humanidad). Tras leer la palabra de Dios, me embargó un gran sentido de la responsabilidad. El hombre fue creado por Dios. Creer en Dios, adorarlo y cumplir con el deber de un ser creado son cosas perfectamente correctas y naturales. Estas son cosas honorables. La intención de Dios es que difundamos Su evangelio y llevemos a más gente ante Él para que acepte Su salvación. Tuve la suerte de recibir la obra de Dios primero, por lo que pensé que debía considerar Su intención y asumir esta responsabilidad. No cumplir con el deber es realmente rebelde y te hace indigna de vivir en esta tierra. Solo al cumplir el deber de un ser creado se nos puede denominar humanos. Por esa época oí un himno de la palabra de Dios titulado Lo que los jóvenes deben buscar. En él hay unas estrofas que dicen: “Las personas jóvenes no deberían carecer de la determinación para discernir con claridad cómo son las cosas ni para buscar la rectitud y la verdad. Deberíais ir tras todas las cosas bellas y buenas, y obtener la realidad de todas las cosas positivas. Asimismo, deberíais ser responsables de vuestra propia vida y no tomárosla a la ligera(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Palabras para los jóvenes y los ancianos). Las palabras de Dios me dieron una senda de práctica. Como persona, debía perseguir la verdad, cumplir el deber de un ser creado y llevar una vida con sentido. Tenía que responsabilizarme de mi vida. No quería seguir estudiando. Quería cumplir con mi deber en la iglesia.

Luego, le conté a mi mamá lo que sentía. Estaba furiosa. Me dijo: “Me he gastado mucho en tu formación a lo largo de los años para darte un futuro mejor para que, cuando te gradúes y consigas un buen empleo, eso dé una buena imagen de mí. Digas lo que digas, no permitiré que dejes los estudios. Solo pienso en lo mejor para ti”. Me enojé mucho con esto que dijo mi mamá. No esperaba que reaccionara así. Sin embargo, a su vez, estaba confundida y pensaba en cuánto me había dado; no era fácil para ella. Si yo decidía cumplir con un deber, la decepcionaría y me sentiría en deuda con ella, pero, si seguía estudiando y dedicaba todo mi tiempo y energía a perseguir la fama, la ganancia y el estatus, me sentiría culpable, y tampoco quería vivir así. Después de batallar internamente, seguí insistiendo en dejar de estudiar. En vista de que me había decidido, ella accedió a acompañarme al trámite de baja. No obstante, en la escuela, el orientador me dijo: “Por favor, piénsalo bien. Dentro de un año te habrás graduado y, una vez que tengas el título, podrás hacer lo que quieras. Tienes que saber que encontrar un empleo es distinto para aquellos que tienen un título que para los que no lo tienen”. Ante mi indiferencia, mi madre me dijo con sinceridad: “Por favor, sigue estudiando. Tengo muchísimas esperanzas en ti. No tienes que preocuparte por el dinero. Yo siempre te pagaré los estudios. Como tu papá y yo nos hemos divorciado, eres el único sustento que le queda a mamá. Eres mi única esperanza…”. Mi madre lloraba mientras lo decía. Me afectó mucho que mi madre llorara de angustia. Pensé: “Solamente me falta un año para graduarme. ¿Me saco el título? Si empiezo en mi deber tras graduarme, mi madre no se opondrá”. Así pues, cedí y opté por seguir estudiando. Pero, mientras estudiaba, no tenía mucho tiempo para cumplir con mi deber y me sentía profundamente culpable. Por ello, oré a Dios: “Dios mío, soy muy débil y no sé cómo recorrer la senda que tengo por delante. Por favor, guíame”.

Un día, leí un pasaje de la palabra de Dios: “Debido a los efectos condicionantes de la cultura tradicional china, según sus nociones tradicionales, el pueblo chino cree que se debe observar una devoción filial hacia los padres, y que aquel que no cumple con la devoción filial es un hijo rebelde. Al pueblo le han inculcado estas ideas desde la infancia y se enseñan en prácticamente todos los hogares, así como en todas las escuelas y en la sociedad en general. Cuando a una persona le han llenado la cabeza de esas cosas, piensa: ‘La devoción filial es más importante que nada. Si no fuera un buen hijo, no sería buena persona; sería un hijo rebelde, la opinión pública me condenaría. Sería alguien sin conciencia’. ¿Es correcto este punto de vista? La gente ha visto muchas verdades expresadas por Dios; ¿acaso Él ha exigido que uno demuestre devoción filial hacia sus padres? ¿Es esta una de las verdades que los creyentes en Dios deben comprender? No, no lo es. Dios solo ha compartido ciertos principios. ¿Cuáles son los principios presentes en las palabras de Dios según los cuales se pide a la gente que trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que las personas deben atenerse. Dios ama a los que persiguen la verdad y son capaces de seguir Su voluntad; esas son las personas a las que también debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que lo odian y se rebelan contra Él, son personas detestadas por Dios, y nosotros también debemos detestarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. Si tus padres no creen en Él, si saben perfectamente que la fe en Dios es la senda correcta y que puede conducir a la salvación, y no solo son poco receptivos, sino que además juzgan y condenan a los creyentes en Dios, entonces sin duda son personas que sienten aversión por la verdad y la odian, así como se oponen a Dios y lo odian. Y Él, desde luego, las detesta y las odia. ¿Podrías detestar a esos padres? Se oponen a Dios y lo agravian, en cuyo caso, seguramente son demonios y satanases. ¿Podrías odiarlos y maldecirlos? Todas estas son cuestiones prácticas. Si tus padres te impiden creer en Dios, ¿cómo debes tratarlos? Debes acatar el requisito de Dios: amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: ‘¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?’. ‘Todo el que siga la voluntad de Mi Padre, que está en los cielos, es Mi hermano, Mi hermana y Mi madre’.* Estas palabras ya existían en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más claras: ‘Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia’. Estas palabras van directas al grano, pero las personas a menudo son incapaces de captar su verdadero sentido. Si una persona es alguien que niega y se opone a Dios, y que está maldecida por Él, pero se trata de uno de tus padres o de un familiar tuyo que no te parece que sea una persona malvada y te trata bien, entonces podrías encontrarte con que eres incapaz de odiarla, y puede incluso que sigas en contacto cercano con ella, sin que cambie vuestra relación. Cuando oigas que Dios odia a tales personas, te sentirás molesto, serás incapaz de ponerte del lado de Dios y de endurecer el corazón para rechazarlas. Siempre te limitarán los afectos y no serás capaz de romper lazos con ellas de verdad. ¿Por qué pasa esto? Esto sucede porque tus afectos son demasiado intensos y te dificultan practicar la verdad. Esa persona es buena contigo, así que no puedes llegar a odiarla. Solo podrías odiarla si te perjudicara. ¿Ese odio estaría en consonancia con los principios-verdad? Además, todavía te atan las nociones tradicionales, pues piensas que esa persona es uno de tus padres o un familiar y que, si la odias, la sociedad te despreciaría y la opinión pública te criticaría, te condenaría por ser un mal hijo, carente de conciencia y no ser humano. Crees que sufrirías la condena divina y serías castigado. Incluso si quieres odiarla, tu conciencia no te lo permite. ¿De dónde proviene este efecto de tu conciencia? Proviene de una idea que te han inculcado desde que eras niño, a través de la herencia de la familia, de la educación que recibiste de tus padres y del condicionamiento de la cultura tradicional. Esta idea está arraigada en lo profundo de tu corazón y te hace creer erróneamente que la devoción filial es perfectamente natural y está justificada, y que cualquier cosa que hayas heredado de tus ancestros siempre es buena. La aprendiste primero y sigue siendo dominante, lo que crea un enorme obstáculo y una perturbación en tu fe y en la aceptación de la verdad, y te deja incapacitado para poner en práctica las palabras de Dios y para practicar el amar lo que Él ama y odiar lo que odia. […] ¿Acaso no es el hombre digno de pena? ¿No tiene necesidad de la salvación de Dios? Algunos han creído en Dios durante muchos años, pero aún no logran desentrañar el tema de la devoción filial. Sin importar cómo se comparta la verdad, no logran entenderlo(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente). Con la palabra de Dios llegué a entender que, con la influencia determinante de la cultura tradicional, “La devoción filial es la principal virtud” se había convertido en mi estándar de conducta. Para mí, lo principal era la devoción filial y, si no cumplía con ella, no era humana. Al recordar mi infancia, veía que mi mamá sufrió mucho y que no podía haberle resultado fácil, por lo que me decía a mí misma que debía obedecerla y no lastimarla. Mi mamá sufrió muchísimo para criarme y, si yo no era capaz de honrarla ni de obedecerla, era una ingrata falta de conciencia. Por tanto, desde niña decidí estudiar mucho y tener éxito en la vida para que mi madre pudiera vivir bien. Hacía todo lo que ella me decía para no lastimarla. Después de aceptar la obra de Dios en los últimos días, comprendí que valía la pena y tenía sentido cumplir con un deber y perseguir la verdad pero, al ver a mi mamá llorar e rogarme que siguiera estudiando, cedí. Por complacer las esperanzas de mi mamá, quería cumplir bien con mi deber para satisfacer a Dios, pero no podía lograrlo. Me había quedado profundamente atrapada en la idea de que “La devoción filial es la principal virtud”. Dios exige que amemos lo que Él ama y odiemos lo que Él odia. Estas son las exigencias de Dios hacia nosotros y unos principios que yo debía acatar. Si mis padres creen realmente en Dios, debo amarlos y tratarlos como hermanos y hermanas. Sin embargo, si no creen en Dios, me persiguen o dificultan mi fe, entonces son reacios a la verdad y la odian y están en contra de Dios, y yo no debo atenerme ciegamente a lo que digan. Mi madre creía en Dios, pero no perseguía la verdad y me impedía cumplir con un deber. Vi que era simplemente una incrédula y enemiga de Dios. Antes no tenía discernimiento y creía que, como hija suya, debía honrar a mis padres y hacerles caso siempre, que eso era tener humanidad y conciencia. Descubrí entonces que esta idea equivocada no se ajustaba a la verdad. La honra hacia los padres debe ajustarse a los principios y no ser mera obediencia ciega. Este es el principio de práctica.

Luego, leí la palabra de Dios que dice: “Ahora deberías poder ver con claridad qué senda tomó Pedro exactamente. Si puedes ver la senda de Pedro con claridad, entonces estarás seguro de la obra que se está haciendo actualmente, de modo que no te quejarás o serás negativo ni anhelarás nada. Debes experimentar el ánimo de Pedro en ese momento: la tristeza lo golpeó; ya no pedía por un futuro ni ninguna bendición. No buscaba fama, provecho, felicidad ni fortuna en el mundo, solo buscaba vivir la vida más plena de significado, que conllevaba retribuir el amor de Dios y dedicar lo más absolutamente precioso que tenía a Dios. Entonces estaría satisfecho en su corazón. […] Durante la agonía de su prueba, Jesús se le apareció otra vez y le dijo: ‘Pedro, deseo hacerte perfecto, de tal manera que te conviertas en una pieza del fruto, uno que es la cristalización de Mi perfección en ti y de la cual gozaré. ¿Puedes realmente dar testimonio de Mí? ¿Has hecho lo que te pedí que hicieras? ¿Has vivido las palabras que he hablado? Una vez me amaste, pero aunque me amaste, ¿me has vivido? ¿Qué has hecho por Mí? Reconoces que no eres digno de Mi amor, pero ¿qué has hecho por Mí?’. Pedro vio que no había hecho nada por Jesús y recordó su promesa anterior de dar su vida por Dios. Y de esta manera, ya no se quejó y sus oraciones prosperaron mucho mejor a partir de entonces(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús). Esto le preguntó el Señor Jesús a Pedro, pero parecía que Dios me preguntaba a mí lo mismo. Me pregunté: “¿Qué he hecho yo por Dios? Pedro fue capaz de dejarlo todo por seguir al Señor. ¿Pero yo? Dios me dio la vida, pero ¿qué he hecho yo por Él?”. No había hecho absolutamente nada por Él. Lo único en lo que había pensado siempre era en mis padres y mi futuro. Hasta había estado dispuesta a dedicar todo mi tiempo y energía a estudiar y ganar dinero para poder retribuirles su cariño. Si no podía cumplir con sus expectativas, sentía que los había decepcionado y me atacaría la culpa, pero no había estado cumpliendo con mi deber de ser creado y, pese a ello, no sentía que estuviera decepcionando a Dios. ¡Verdaderamente no tenía conciencia! Al pensar en la experiencia de Pedro, aunque sus padres se interpusieron, no le importó que se opusieran y lo dejó todo por seguir al Señor Jesús. Era, en verdad, una persona con conciencia y razón. Dios nos crea, así que es perfectamente natural y justificado que creamos en Él y lo adoremos. Dios me eligió y me llevó ante Él, con lo que me dio la ocasión de salvarme. ¡El amor de Dios es verdaderamente grande! Tenía que retribuirle a Dios Su amor y, como Pedro, dejarlo todo por seguirlo. Después leí otros dos pasajes de la palabra de Dios que me motivaron más. Dios dice: “¡Despertad, hermanos! ¡Despertad, hermanas! Mi día no se retrasará; ¡el tiempo es vida, y recuperar el tiempo perdido es salvar la vida! ¡El tiempo no está muy lejos! Si suspendéis los exámenes de ingreso para la universidad, podéis estudiar para ellos una y otra vez. Sin embargo, Mi día no se demorará más. ¡Recordad! ¡Recordad! Estas son Mis buenas palabras de exhortación. El fin del mundo se ha desarrollado ante vuestros propios ojos, y las grandes catástrofes llegarán pronto. ¿Qué es más importante: vuestra vida o dormir, comer, beber y vestirse? ¡Ha llegado el momento de que sopeséis estas cosas!(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 30). “¡Vigilad! ¡Vigilad! El tiempo perdido nunca volverá otra vez, ¡recordad esto! ¡No hay medicina en el mundo que cure el arrepentimiento! Entonces, ¿qué más podría deciros? ¿No es Mi palabra digna de vuestra reflexión cuidadosa y repetida?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 30). Cada una de las palabras de Dios me hablaba al mismísimo corazón. El tiempo ya se acaba. Los desastres son cada vez mayores y en todos los países del mundo hay crisis. Estamos en la cuenta atrás de los días, uno a uno, y es crucial perseguir la verdad. Si no iba al compás de la obra de Dios y me afanaba por las cosas carnales, centrada en cosas como mis estudios, mi futuro y mi familia, sería demasiado tarde para perseguir la verdad al final de la obra de Dios. Sin la verdad, perecería en los desastres y sería castigada, y sería muy tarde para arrepentirme. La salvación de Dios había llegado nuevamente a mí y tenía que aferrarme a esta oportunidad, esmerarme para perseguir la verdad y cumplir con el deber de un ser creado para retribuir a Dios Su amor.

Cuando me decidí por dejar de estudiar, le dije a mi mamá: “Mamá, no vuelvo a la escuela. No cambiaré de opinión sin importar lo que digan. Voy a elegir mi propia senda y espero que sepas respetarme”. Ella me dijo: “Tu tía ya ha dicho que, una vez que te gradúes y tengas el título, te conseguirá trabajo. Después te encontrará un buen novio y luego podrás vivir una vida feliz”. Pero las palabras de mi mamá ya no podían convencerme porque ahora entendía que su forma de tratarme no era verdadero amor. Solo tenía en cuenta mis intereses inmediatos, no mi vida ni mi destino futuro. Rememoré un pasaje de la palabra de Dios: “Decidme, ¿de quién procede todo lo relacionado con una persona? ¿Quién lleva la mayor carga por su vida? (Dios). Solo Dios ama a la gente más que nadie. Los padres y familiares de las personas, ¿las aman de veras? ¿El amor que dan es verdadero? ¿Puede salvar a la gente de la influencia de Satanás? No. La gente es insensible y torpe, incapaz de ver estas cosas con claridad, y siempre dice: ‘Sencillamente no logro sentir cómo me ama Dios. De todos modos, mis padres son los que más me aman. Me pagan los estudios y me hacen adquirir una preparación técnica para que de mayor pueda lograr algo en la vida, destacar por sobre los demás y convertirme en una estrella, en alguien famoso. Mis padres se gastan mucho dinero en capacitarme y apoyarme en mi educación, escatiman y ahorran en comida. ¡Cuán grande es ese amor! ¡Nunca podré pagárselo!’. ¿Os parece amor eso? ¿Qué consecuencias tiene que tus padres te inciten a destacar por sobre los demás, convertirte en una celebridad en el mundo, tener un buen trabajo y asimilarte al mundo? Te obligan incansablemente a buscar destacar por sobre los demás, a honrar a tu familia y a integrarte a las malvadas tendencias del mundo. Como resultado, caes en la vorágine del pecado, sufres la perdición y pereces, devorado por Satanás. ¿Eso es amor? Eso no es amarte, sino perjudicarte, arruinarte(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender lecciones de las personas, los acontecimientos y las cosas cercanos). Aunque parecía que mi mamá solamente actuaba en mi beneficio, recortando en comida y ropa y dejándose la vida en el trabajo por mis estudios, no se daba cuenta de que, en lo que yo estaba aprendiendo, había ponzoñas y falacias satánicas que harían que me alejara más de Dios y negara Su existencia. Ideas ateas que se enseñan en la escuela, como “Jamás ha habido ningún salvador”, “El hombre puede crear un agradable hogar con sus propias manos”, “Soporta las mayores adversidades para convertirte en el mejor” y “Destácate del resto y honra a tus antepasados”, hacen que luchemos por nuestros ideales y que tratemos de destacar del resto para aventajarlos. La gente vive según estas ideas y opiniones, en un intento por romper la soberanía de Dios y por cambiar su porvenir por sí misma. Al final se opone y niega cada vez más a Dios, con lo que pierde la ocasión de salvarse. Es la malvada senda de Satanás. El afán por estas cosas solo podría alejarme más de Dios y conducirme al daño y la corrupción de Satanás. ¡Me empujaría al infierno! En este punto, vi claramente que el amor de mis padres no era verdadero y que solo lo es el de Dios. Aspirar a destacar y honrar tu familia no es la senda correcta en la vida. Solo perseguir la verdad y cumplir el deber de un ser creado es la senda correcta en la vida y resultará en la protección de Dios contra los grandes desastres. Una vez que comprendí todo esto, decidí dejar los estudios y consagrarme a un deber por Dios. Así pues, le dije a mi mamá: “Mamá, tú siempre quieres que estudie, que encuentre un buen empleo y un buen esposo y que persiga tendencias sociales pero, ¿puedes garantizarme que seré feliz en el futuro? ¿Que tendré un buen porvenir? ¡Nadie puede! Mamá, lo más correcto que hiciste en la vida fue predicarnos el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días y guiarme hacia la senda correcta”. Mi mamá enmudeció un momento, y me contestó: “Cuídate. Mantente en contacto”. Luego fui a darme de baja de la escuela. En cuanto salí, fui verdaderamente libre. Ya no me limitaban los estudios ni mi familia y por fin podía cumplir con mi deber en la iglesia.

Esto fue hace varios años pero, cada vez que lo recuerdo, me siento muy afortunada. Así me guió Dios paso a paso para elegir de forma correcta entre mi deber y mis estudios, y para ir por la senda correcta en la vida. Percibí de veras el amor y la sincera intención de Dios. Ahora puedo cumplir con el deber de un ser creado y mi vida no es en vano. Soy feliz de verdad.

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