Las consecuencias de cumplir el deber caprichosamente

23 Oct 2022

Por Xingxing, China

En junio de 2020 me eligieron como líder de iglesia. Al principio, cuando tenía problemas en el trabajo, podía buscar principios a conciencia, e incluso cuando sabía cómo hacer las cosas, buscaba el consejo de los colaboradores y actuaba cuando llegábamos a un consenso. Sin embargo, después de un tiempo, descubrí que mis consejos eran los más adecuados la mayoría de las veces, y ya había sido líder antes, por lo que sentí que captaba algunos principios, que podía ver a las personas y las situaciones, y podía organizar con precisión. Sobre todo una vez, cuando la obra evangelizadora no era muy efectiva, mi compañera no sabía cómo resolverlo, por lo que propuse que los hermanos y hermanas que solían predicar el evangelio trabajaran juntos y formaran un grupo evangelizador para que cada uno usaRA sus propios talentos. Luego, buscamos la verdad y hablamos para solucionar las dificultades en la obra evangelizadora, y después de un tiempo, la efectividad de la obra evangelizadora mejoró significativamente. Inconscientemente, caí en un estado de amor propio y complacencia, y sentí que era una líder capaz y que podía organizar razonablemente al personal y la obra de la iglesia.

Unos meses después, la iglesia debía llevar a cabo una elección extraordinaria de un diácono. Antes de la elección, analicé a toda la gente de la iglesia, y me pareció que la hermana Li era la más adecuada. Hacía muchos años que era creyente, podía abandonar y entregarse, y tenía la mente abierta. También había ido a muchos lugares a predicar el evangelio con buenos resultados. Ahora, acababa de volver a la ciudad, pero había convertido a varios, por lo que pensé que sería adecuada como diaconisa de evangelio. Pero vi varios comentarios que decían que tenía un carácter arrogante, que solía limitar a otros, y que atacaba a quienes eran proactivos en su deber, por lo que dudé. Pero luego pensé que era capaz de trabajar bien y de predicar el evangelio eficientemente, así que, aunque tuviera algunos conflictos, siempre que la ayudáramos, no sería un problema. Tras pensarlo una y otra vez, sentí que la hermana Li sería una diaconisa de evangelio adecuada. Al día siguiente, compartí mi opinión con mi compañera. Me dijo: “La hermana Li limita severamente a otros. Puede predicar el evangelio sola. Pero, como diaconisa de evangelio, perturbará la obra evangelizadora, debemos tener cuidado”. En ese momento, cuando mi compañera me dijo eso, no estaba contenta. Pensé: “Hace poco que eres creyente, por lo que tu opinión es demasiado parcial. Yo veo mejor las cosas y a las personas, por lo que deberías escucharme”. Por eso, con expresión de disgusto le dije: “Al elegir diáconos de evangelio, lo más importante es que la persona tenga habilidad y experiencia en la obra evangelizadora. Ella es arrogante y tiende a limitar a otros, pero tiene la habilidad para trabajar, y su prédica es efectiva, Debemos aprender a usar a la gente según sus fortalezas y no quedarnos atascados en pequeños problemas”. Al oír esto, mi compañera quedó muy frustrada, por lo que no dijo nada más.

Después, hablé sobre la elección con mis hermanos y hermanas, pero no enseñé sobre los principios de las elecciones, En cambio, hice hincapié deliberadamente en que se debía elegir a quien tuviera habilidad y efectividad. Tras mi enseñanza, la mayoría de los hermanos y hermanas eligió a la hermana Li como diaconisa de evangelio. En el momento, yo estaba bastante contenta. Inesperadamente, mi supervisora leyó la evaluación de la hermana Li y dijo que la hermana Li siempre limitaba a otros, atacaba a otros por ser proactivos, era particularmente arrogante y no aceptaba el consejo de sus hermanos y hermanas. Mi líder dijo que elegirla como diaconisa de evangelio podía alterar fácilmente nuestro trabajo. Pensé: “No conoces la situación del personal de mi iglesia. Si fuera tan estricta, no habría nadie adecuado. Además, la hermana Li no es del todo cerrada. La última vez que traté con ella, lo aceptó. Es adecuada para el puesto”. Al pensar en esto, dije rápidamente: “La hermana Li puede aceptar que traten con ella, y su prédica del evangelio es efectiva. Podemos ayudarla con su carácter arrogante, y ella puede lidiar con este puesto. Además, ahora no hay nadie más adecuado que ella en la iglesia”. Tras escucharme, la líder dijo, con impotencia: “Entonces, dejémosla que practique un tiempo y veremos. Si descubres que ataca a la gente y perturba la obra, transfiérela a tiempo”. Y así, la hermana Li se convirtió en diaconisa de evangelio.

Poco después, mi compañera me dijo: “Últimamente, he estado en contacto con la hermana Li y descubrí que limita mucho a la gente. Cuando los obreros evangelizadores tienen deficiencias, ella no los ayuda, incluso los ataca, dice que son inútiles y que tardan mucho en crecer, o que ella hace sola todo el trabajo y que cooperar con ellos es muy difícil, lo que hace que todos se vuelvan negativos”. No tomé en serio su consejo, y pensé: “Todos tienen corrupción, pero si pueden cumplir sus deberes y ser efectivos, está bien. Tu experiencia y tu percepción aún son muy superficiales. He visto a muchos como ella. Si le enseñas y tratas con ellos, todavía pueden trabajar”. Incluso le dije a mi hermana: “Prestemos más atención a sus fortalezas. Es arrogante, pero puede predicar el evangelio. Debemos ser tolerantes con estos pequeños defectos. Le enseñaré más en el futuro”. Ahora que la había refutado, mi compañera no tuvo nada más que decir. Después, cuando vi a la hermana Li, quise exponerla y analizar sus problemas, pero en cuanto nos vimos, dijo que la obra evangelizadora era ahora muy efectiva. Vi que ella era muy proactiva en su deber, por lo que mencioné brevemente el asunto de su carácter arrogante y que limitaba a otros, y compartí enseñanza con ella sobre cómo tratar correctamente a los hermanos y hermanas. Tras escuchar, ella dijo que estaba dispuesta a cambiar, por lo que no dije nada más. Después, algunas hermanas informaron sucesivamente que la hermana Li no hacía trabajo práctico, además, no enseñaba sobre la verdad para solucionar problemas cuando la gente tenía dificultades, y a menudo se enojaba y regañaba o atacaba a la gente, poniendo a los hermanos y hermanas en un estado negativo. Como resultado, la efectividad del trabajo evangelizador se vio afectada. Pensé: “¿Me equivoqué al insistir en elegirla como diaconisa? Dado que los hermanos y hermanas lo han mencionado muchas veces, no puedo aferrarme a mis opiniones”. Después de eso, analicé las evaluaciones de la hermana Li, y vi que confiaba en sus varios años de experiencia en la obra evangelizadora para, desde su posición, regañar y atacar a la gente a menudo, lo que hacía que se sintieran limitados, en un estado negativo, e incapaces de desempeñar sus deberes normalmente. Cuando los otros señalaban sus problemas, ella discutía y se defendía. Varias personas compartieron enseñanzas con ella, pero ella no las aceptó. Al ver este resultado, quedé perpleja. No esperaba que el problema de la hermana Li fuera tan grave. Después de muchos años de trabajo, yo había elegido como diaconisa a la persona equivocada, había arruinado la obra y había hecho que otros se quejaran. Me entristeció mucho. Después, con base en la conducta consistente de la hermana Li, se decidió que no era apta como diaconisa de evangelio y se la destituyó.

Tras destituir a la hermana Li, sentía algo que no podía explicar. Como si me hubieran abofeteado con fuerza. Pensé en todas las veces en que mi compañera había hablado sobre los problemas de la hermana Li, pero yo no la había tomado en serio y causé graves pérdidas al trabajo de la iglesia. Sentí mucho remordimiento y culpa, y me pregunté: “¿Por qué cometí un error tan grande al elegir a la hermana Li? ¿Cómo debería hacer introspección y en qué aspecto de la verdad debería entrar?”. Oré a Dios, le pedí que me esclareciera para que pudiera conocerme. Leí este pasaje de la palabra de Dios: “Algunos nunca buscan la verdad mientras cumplen con el deber. Simplemente hacen lo que les place, actuando de acuerdo con sus fantasías y siempre arbitrarios e imprudentes, es tan sencillo como que no caminan por la senda de práctica de la verdad. ¿Qué supone ser ‘arbitrario e imprudente’? Supone actuar ante un problema como creas conveniente, sin reflexionar, sin un proceso de búsqueda. Nada de lo que diga cualquiera te toca el corazón o te hace cambiar de idea. Ni siquiera aceptas la verdad cuando te la comunican, te mantienes en tus propias opiniones, no escuchas cuando otras personas dicen algo correcto, crees que eres tú el que tiene razón y te aferras a tus propias ideas. Aunque tu pensamiento sea correcto, deberías tener también en consideración las opiniones de otras personas, ¿no crees? Y si no haces esto en absoluto, ¿acaso no es eso ser extremadamente santurrón? A las personas que son extremadamente santurronas y díscolas no les resulta fácil aceptar la verdad. Si hacen algo mal y los criticas, diciéndoles: ‘¡No lo haces conforme a la verdad!’, ellos responden: ‘Aunque sea así, lo voy a hacer igualmente’. Y entonces encuentran alguna razón para hacerte pensar que es lo correcto. Si se lo reprochas, diciendo: ‘Si actúas así estás interfiriendo, y dañarás los intereses de la casa de Dios’, entonces no solo es que no escuchen, es que vienen con excusas como: ‘Yo creo que es la manera adecuada, así que voy a hacerlo así’. ¿Qué carácter es este? (Arrogancia). Una naturaleza arrogante convierte a la gente en obstinada. Cuando la gente tiene este carácter arbitrario, ¿no es proclive a ser arbitraria e imprudente?” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). La palabra de Dios reveló mi estado precisamente. Pensé que, como había sido líder muchos años, dominaba algunos principios y había logrado algunos resultados en mi trabajo, entendía la verdad y podía ver claramente a las personas y las cosas, por lo que confiaba en mí especialmente. Cuando pasaban cosas, hacía lo que quería y no pensaba en buscar la verdad. Mi compañera me pidió que averiguara si la hermana Li se había arrepentido y había cambiado, lo que concordaba con los principios, pero yo no la escuché, no lo acepté e insistí en que ella me escuchara a mí. Durante la elección, enfaticé deliberadamente mis propias opiniones para engañar a otros. Después de la elección, mi líder superior me recordó que la hermana Li no era apta, pero, arrogante, me aferré a mis propias opiniones y hallé razones para refutar a mi líder. Tras convertirse en diaconisa de evangelio, la hermana Li limitó a otros en todo. Cuando mi compañera señaló este problema otra vez, yo seguí sin hacer introspección. Sentía que ella tenía poca experiencia y entendimientos, y no tomé en serio sus palabras. Incluso dije que era normal que aquellos con aptitud fueran un poco arrogantes. Usé esto como excusa para proteger y condonar a la hermana Li. Testaruda, me aferré a mis propias opiniones, no investigué si la hermana Li hacía trabajo práctico o causaba perturbaciones, y el resultado fue que todos se sintieron limitados por ella en sus deberes, lo que obstaculizó gravemente la obra evangelizadora. ¡Fui muy arrogante y arbitraria! ¿Cómo estaba desempeñando mi labor? Alteraba y obstaculizaba, hacía el mal y me resistía a Dios, lo que Dios odia y detesta. Cuando reconocí esto, no pude evitar tener miedo un tiempo, por lo que me apresuré a orar a Dios para arrepentirme, diciendo que quería cambiar mi estado incorrecto y mis opiniones erróneas, y buscar los principios de usar a la gente.

En mi búsqueda, vi que los principios de elegir líderes y obreros dicen: “No todos los de carácter arrogante deben ser agrupados. Si alguien puede aceptar la verdad y hacer obra práctica, puede ser elegido” (Los 170 principios de la práctica de la verdad). La gente con carácter arrogante también puede ser elegida, pero hay un prerrequisito: deben ser capaces de aceptar la verdad y hacer algo de trabajo práctico. Aunque la hermana Li tenía algo de aptitud y era predicaba bien el evangelio, su carácter era especialmente arrogante y despreciaba a otros solo porque tenía algo de experiencia en evangelizar. Cuando otros señalaban sus problemas, ella no aceptaba ni reflexionaba sobre las cosas e intentaba justificarse. A veces, incluso si aparentaba aceptarlo, después no cambiaba para nada. No era alguien que aceptara la verdad para nada. Además, limitaba y atacaba a otros desde su posición, hacía que los hermanos y hermanas vivieran en un estado negativo, lo que afectaba gravemente la obra evangelizadora. La gente como ella, que no podía hacer trabajo práctico y causaba perturbaciones, aunque tuviera dones o talentos, no es apta y no puede ser elegida como diácono de evangelio. Además, cuando elegí a la hermana Li, tuve un punto de vista equivocado. Pensaba que los diáconos de evangelio, mientras fueran personas con experiencia y efectivas, podían lidiar con el trabajo, pero esto era una mera fantasía mía. Que ella pudiera ganar gente gracias a predicarle el evangelio solo demostraba que era buena en el trabajo evangelizador, no que fuera buena para supervisarlo. No importa cuánta experiencia tiene alguien, si tiene mala humanidad, limita y ataca a otros debido a su carácter satánico y no acepta la poda y el trato, esto es un problema. Alguien así solo puede perturbar la obra de la iglesia. Hacía muchos años que creía, pero no buscaba la verdad cuando pasaban cosas y veía a la gente y a las cosas según mis propias nociones e imaginaciones. ¿Cómo era como creyente en Dios? Era, básicamente, una incrédula. Al pensar en esto, sentí una tristeza que atravesaba mi corazón. Oré a Dios para decirle que deseaba buscar los principios de la verdad y que ya no deseaba actuar arbitrariamente según mi propia voluntad.

Aunque tenía el deseo de cambiar, como mi propia voluntad era demasiado fuerte, empecé a cometer los mismos errores otra vez. Un día, mientras mi líder analizaba nuestro trabajo, vio que la hermana Xu, supervisora del trabajo de escritura, tenía poca aptitud. La habían cultivado durante mucho tiempo, pero no mostraba un crecimiento obvio y no hacía un trabajo eficiente. Mi líder sugirió que buscara rápidamente a alguien de mayor aptitud para entrenarlo, y dijo que no importaba si hacía poco tiempo que practicaba. Pensé que, aunque la hermana Xu no tenía mucha aptitud, hacía mucho tiempo que cumplía su deber y era responsable, por lo que era mejor que alguien nuevo para el trabajo. Los nuevos no captaban los principios y no tenían experiencia en el trabajo, y llevaría tiempo entrenarlos, por lo que la hermana Xu seguía siendo mejor para el puesto. Tal vez no era efectiva últimamente porque estaba en un mal estado. Cuando se ajustara, sus resultados, naturalmente, mejorarían. Por eso, no transferí a la hermana Xu. Después de un tiempo, la líder envió otra carta pidiéndome que transfiriera a la hermana Xu y recomendando a la hermana Xin, decía que tenía aptitud y buenas habilidades en escritura. Había hecho trabajo de escritura en el pasado, y valía la pena cultivarla. Vi que hacía poco tiempo que creía en Dios y que tenía poca experiencia. ¿De verdad podía lidiar con el trabajo? Con esto en mente, insistí en mantener a la hermana Xu y en no cultivar a la hermana Xin. Recién a fin de mes descubrí que la obra de escritura estaba casi parada. Mi líder trató conmigo, dijo que yo insistía demasiado en mis opiniones, que ella había sugerido transferir a la hermana Xu dos veces, pero yo no lo había hecho y no había cultivado a la hermana Xin, lo que obstaculizó gravemente la obra de escritura. Me sentí muy triste. Mi líder me había recordado dos veces que la hermana Xu no tenía aptitud y que no era adecuada para ser entrenada. ¿Por qué no pude aceptarlo? ¿Por qué siempre usaba a la gente según mis propias ideas? Como resultado, causó una gran pérdida en nuestro trabajo. Sentí mucho remordimiento, por lo que oré a Dios, pidiéndole que me guiara para que pudiera hacer introspección.

Después, cuando leí las palabras de Dios, gané algo de entendimiento sobre mí misma. “Tú sirves a Dios con tu temperamento natural y de acuerdo con tus preferencias personales. Es más, siempre piensas que las cosas que estás dispuesto a hacer son las que deleitan a Dios, y que las cosas que no deseas hacer son las que son odiosas para Dios; obras totalmente según tus propias preferencias. ¿Puede esto llamarse servir a Dios? En última instancia, tu carácter de vida no cambiará ni un ápice; más bien, tu servicio te volverá incluso más obstinado, haciendo así que se arraigue profundamente tu carácter corrupto, y de esta manera, desarrollarás reglas en tu interior sobre el servicio a Dios que se basan principalmente en tu propio temperamento, y experiencias derivadas de tu servicio según tu propio carácter. Estas son las experiencias y lecciones del hombre. Es la filosofía del hombre de vivir en el mundo. Las personas como estas se pueden clasificar como fariseos y funcionarios religiosos. Si nunca despiertan y se arrepienten, seguramente se convertirán en los falsos Cristos y los anticristos que engañan a las personas en los últimos días. Los falsos Cristos y los anticristos de los que se habló surgirán de entre esta clase de personas. Si aquellos que sirven a Dios siguen su propio temperamento y actúan en base a su propia voluntad, corren el riesgo de ser expulsados en cualquier momento. Aquellos que aplican sus muchos años de experiencia adquirida al servicio a Dios con el fin de ganarse el corazón de los demás para sermonearlos, controlarlos, y enaltecerse a sí mismos, y que nunca se arrepienten, nunca confiesan sus pecados, nunca renuncian a los beneficios de su posición; estas personas caerán delante de Dios. Son de la misma especie que Pablo, presumen de su primacía y hacen alarde de sus calificaciones. Dios no traerá a este tipo de personas a la perfección. Este servicio interfiere con la obra de Dios. Las personas siempre se aferran a lo viejo. Se aferran a las nociones del pasado, a todo lo de tiempos pretéritos. Este es un gran obstáculo para su servicio. Si no puedes desecharlas, estas cosas acabarán con tu vida entera. Dios no te elogiará en lo más mínimo; ni siquiera si te rompes las piernas mientras corres o si te quiebras la espalda a causa de tu labor, ni siquiera si eres martirizado en tu servicio a Dios. Muy por el contrario: Él dirá que eres un hacedor del mal” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La necesidad de depurar el servicio religioso). “Si alguien no ama la verdad y, con frecuencia, actúa según su propia voluntad, entonces ofenderá a Dios a menudo. Él detestará a esa persona, la rechazará y dejará de lado. Lo que tal persona hace a menudo no recibe la aprobación de Dios y, si no se arrepiente, entonces su castigo no está lejano” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Al pensar en las palabras de Dios, sentí un poco de miedo. Pensé qué, como hacía mucho tiempo que cumplía mi deber y tenía algo de experiencia, entendía la verdad, por lo que sostuve y practiqué mis propias nociones como si fueran la verdad y traté mi experiencia en el trabajo como mi capital. El resultado fue que me volví cada vez más arrogante. Cuando sucedían las cosas, no tenía lugar para Dios en mi corazón, no buscaba los principios de la verdad, no aceptaba sugerencias de otros y, terca, hacía lo que quería. El resultado fue un daño a la obra de la iglesia. Al fin vi claramente que la experiencia en el trabajo no significa que entienda la verdad ni que posea sus realidades. Al no buscar la verdad y al actuar según mi propia experiencia y mi propia voluntad, solo podía perturbar la obra de la iglesia, lo que es un servicio que resiste a Dios. La verdad gobierna en la casa de Dios, y la verdad es el criterio para las acciones de la gente. Pero yo puse en práctica mi experiencia en el trabajo y mi propia voluntad como si fueran la verdad. ¿Cómo era esto creer en Dios? ¡Esto era creer en mí misma! Es algo que ofende el carácter de Dios. Pensé en que los anticristos expulsados de la iglesia eran todos arrogantes y arbitrarios. En sus deberes, ignoraban los principios de la casa de Dios y actuaban negligentemente, y, sin importar que otros les recordaran o trataran con ellos, nunca se arrepentían, por lo que fueron expulsados y descartados ya que perturbaban gravemente la obra de la casa de Dios. ¿No tenía yo el mismo carácter que esos anticristos? También transitaba la senda del anticristo. Me sentí especialmente arrepentida y culpable, me odié por ser tan arrogante.

Después, vi un pasaje de las palabras de Dios y aprendí cómo practicar. Las palabras de Dios dicen: “¿Qué práctica puedes adoptar para evitar ser arbitrario e imprudente? Primero debes tener una actitud de humildad, dejar de lado lo que crees correcto y permitir que todos hablen. Aunque creas que lo que dices es correcto, no debes seguir insistiendo en ello. Esa es una suerte de paso adelante; demuestra una actitud de búsqueda de la verdad, de negarte a ti mismo y satisfacer la voluntad de Dios. Una vez que tienes esta actitud, a la vez que no te apegas a tu propia opinión, debes orar, buscar la verdad proveniente de Dios y buscar un fundamento en Sus palabras; decidir cómo actuar en función de las palabras de Dios. Esta es la práctica más adecuada y precisa. Cuando la gente busca la verdad y plantea un problema para que todos comuniquen y busquen una respuesta es cuando el Espíritu Santo proporciona esclarecimiento. Dios da esclarecimiento a las personas de acuerdo con los principios, Él hace balance de tu actitud. Si tú sigues en tus trece sin importar si tu punto de vista es adecuado o erróneo, Dios esconderá Su rostro de ti y te ignorará. Te acabarás topando contra un muro, Él te expondrá y revelará tu feo estado. Si, por el contrario, tu actitud es correcta —ni empeñada en tener razón, ni santurrona, arbitraria e imprudente, sino una actitud de búsqueda y aceptación de la verdad, si comunicas esto con todos—, entonces el Espíritu Santo empezará a obrar entre vosotros, y quizá te guíe hacia el conocimiento a través de las palabras de otra persona. A veces, cuando el Espíritu Santo te da esclarecimiento, te lleva a entender el quid de la cuestión con tan solo unas pocas palabras o frases, o proporcionándote un sentido. En ese instante te das cuenta de que todo aquello a lo que te aferras está equivocado y justo entonces comprendes la forma más correcta de actuar. A esas alturas, ¿has tenido éxito a la hora de evitar hacer el mal y cargar con las consecuencias de un error? ¿Cómo se logra eso? Esto solo se consigue cuando tienes un corazón temeroso de Dios, y cuando buscas la verdad con un corazón obediente. Una vez que has recibido el esclarecimiento del Espíritu Santo y determinado los principios de tu práctica, esta concordará con la verdad, y serás capaz de satisfacer la voluntad de Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). De las palabras de Dios podemos ver que sin importar qué pase, debemos tener un corazón temeroso de Dios, buscar la voluntad de Dios y los principios de la verdad. En especial cuando nuestros hermanos y hermanas hacen diferentes sugerencias, deberíamos primero negarnos a nosotros mismos y aceptar. Incluso si pensamos que tenemos razón, deberíamos dejarnos a nosotros mismos y buscar y compartir con nuestros hermanos y hermanas. Solo así podemos ganar el esclarecimiento de Dios. Hacía años que creía en Dios, pero incluso ahora no podía aceptar sugerencias que concordaban con la verdad. No poseía las realidades de la verdad para nada, y vivía enteramente según mi carácter arrogante. A pesar de ser tan empobrecida, lamentable, sucia y corrupta, todavía pensaba, orgullosa, que era buena, y aún creía firmemente en mí cuando actuaba. Al pensar en eso ahora, me daba cuenta de que no tenía vergüenza. Decidí que no volvería a confiar en mí otra vez, y que, para todo, buscaría los principios de la verdad y conversaría con otros, porque esta es la única forma de cumplir bien mi deber.

Después, empecé a buscar cómo organizar los deberes razonablemente según la aptitud y las fortalezas de cada uno. Hallé estas palabras de Dios: “Debes sacar el máximo partido de cada persona, aprovechando plenamente sus capacidades individuales y asignándole deberes adecuados a ella en función de lo que sepa hacer, de la calidad de su aptitud, de su edad y del tiempo que lleve creyendo en Dios. Debes ingeniar un plan a medida para cada tipo de persona y variarlo de una persona a otra para que puedan cumplir con su deber en la casa de Dios y ejercer sus funciones en la medida de lo posible” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?). “Algunas personas se consideran hábiles en la palabra escrita, por lo que exigen enérgicamente dedicarse a ella. Por supuesto, la casa de Dios no va a permitir que decaiga su ánimo, pues aprecia a las personas con talento, y sean cuales sean sus dones o habilidades, en la casa de Dios se les concede el espacio para hacer uso de ellos, así que la iglesia dispone que desempeñen una labor literaria. Pero pasado algún tiempo, se descubre que en realidad no poseen esta habilidad y que son incapaces de cumplir adecuadamente con este deber; son del todo ineficaces. Sus habilidades y su calibre los convierten en totalmente incompetentes para este trabajo. Entonces, ¿qué hay que hacer en tales circunstancias? ¿Es posible conformarse simplemente con ellos y decir: ‘Tienes pasión, y aunque no poseas mucho talento y tu calibre sea mediano, mientras te muestres dispuesto y no seas reacio a trabajar duro, la casa de Dios se conformará contigo y te dejará seguir cumpliendo con este deber. No importa si no lo haces bien. La casa de Dios hará la vista gorda, y no hay necesidad de que seas reemplazado’? ¿Es este el principio según el cual maneja los asuntos la casa de Dios? Por supuesto que no. En tales circunstancias, normalmente se les asigna un deber adecuado en función de su calibre y sus puntos fuertes; esa es una parte. Sin embargo, no basta con depender solo de esto, porque en muchos casos ni siquiera las propias personas saben para qué deberes son adecuados, y aunque piensen que son buenos en ellos, eso no es necesariamente correcto, por lo que tienen que probar y ser formados durante un tiempo; lo correcto es decidir en función de si son eficaces o no. Si un período de formación no da ningún resultado y no se producen progresos, esto significa que no vale la pena que se les cultive, y hay que realizar ajustes respecto a los deberes y volver a disponer uno que sea apropiado para ellos. Reorganizar y hacer ajustes de esta manera respecto a los deberes de la gente es lo correcto, y además concuerda con los principios” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 12: Quieren echarse atrás cuando no hay ninguna posición ni esperanza de recibir bendiciones). En la palabra de Dios vi que la iglesia organiza deberes según la humanidad, su aptitud y sus talentos, para que cada uno pueda dar lo mejor de sí, y todos puedan cumplir con su rol en el lugar correcto. Algunas personas hacen trabajo de escritura, pero tras ser cultivadas por un tiempo, siguen sin mostrar crecimiento. Carecen de aptitud y no están listas para el trabajo, por lo que no continuarán con ese rol. En cambio, se organizará un deber adecuado según su aptitud, lo que será benéfico para ellos y el trabajo de la iglesia. Cuando se analizaba usando los principios, aunque la hermana Xu tenía buena humanidad y llevaba una carga en su deber, tenía poca aptitud, aunque hacía años que hacía trabajo de escritura, su progreso era lento, por lo que no era verdaderamente adecuada para el trabajo de escritura. Aunque hacía poco que la hermana Xin era creyente, comprendía la verdad correctamente, era perceptiva, tenía aptitud, y disfrutaba escribir. Aunque aún no estaba calificada para el trabajo, si se la cultivaba por un tiempo, sería competente. Una vez que supe los principios para cultivar y usar a la gente, puse a la hermana Xin a cargo del trabajo de escritura, transferí a la hermana Xu a otro deber, y tras un período de tiempo, nuestro trabajo de escritura mejoró gradualmente.

Después, vi que la hermana Wang, de otro grupo, escribía bien, y sentí que se la podía cultivar para el trabajo de escritura, por lo que la recomendé, pero mi compañera dijo que era arrogante y santurrona, tendía a limitar la gente y siempre hacía que los demás la obedecieran, por lo que no era adecuada. Escucharla decir eso me entristeció un poco, y pensé: “Sí, la hermana Wang era un poco arrogante y tendía a limitar a la gente, pero esa conducta quedó en el pasado. Ahora, puede aceptar la poda y el trato, y ha mostrado un cambio. Creo que es muy adecuada para el trabajo de escritura”. Me aferré a mi opinión, pero después pensé: “Que mi compañera diga esto contiene la voluntad de Dios. Siempre usé a la gente según mi voluntad, lo que dañó la obra de la iglesia. Ahora, decido usar a la hermana Wang sin buscar principios. Lo decidí directamente. ¡Sigo actuando de modo arbitrario! Ya no puedo aferrarme a mis propias opiniones. Debo buscar la verdad en esto. La única forma precisa de decidir esto es de acuerdo con los principios”. Después leí en la palabra de Dios: “Otro tipo de personas que pueden ser promovidas y cultivadas son aquellas que poseen talentos o dones especiales y dominan alguna competencia o habilidad. ¿Qué nivel exige la casa de Dios para cultivar a personas así y convertirlas en líderes de equipo? En primer lugar, en cuanto a humanidad, solo han de ser relativamente entusiastas de las cosas positivas, no ser malvadas. Tal vez haya quienes pregunten: ‘¿Por qué no se les exige que sean personas que amen la verdad?’. Porque los supervisores de equipo no son líderes ni obreros, ni riegan a las personas. Exigirles que cumplan con el estándar de amar la verdad sería pedir demasiado, y estaría fuera del alcance de la mayoría. Eso no se les exige a las personas que realizan trabajos administrativos o tareas especializadas; si se les exigiera, estaría fuera del alcance de la mayoría, apenas unos pocos cumplirían los requisitos, por lo que hay que rebajar los estándares. Mientras la gente sea competente en un ámbito determinado y sea capaz de asumir el trabajo y no cometa maldades ni cause interferencias, con eso es suficiente. Respecto a estas personas que son hábiles en algunas habilidades o tareas y tienen algunos puntos fuertes, cuando realizan un trabajo que requiere conocimiento de la habilidad y está relacionado con su profesión en la casa de Dios, lo único que necesitan es ser relativamente inocentes y formales, no malvadas, tener un entendimiento que no sea erróneo ni absurdo, poder soportar las dificultades y estar dispuestas a pagar un precio” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). La casa de Dios cultiva a la gente con habilidades especiales según este principio: deben tener una humanidad aceptable, un entendimiento no desviado, tratar sus deberes con seriedad y amar las cosas positivas. La hermana Wang tenía un carácter n tanto arrogante, pero si lo que otros sugerían era correcto y concordaba con la verdad, debería poder aceptarlo. Tenía talento para el trabajo de escritura, podía sufrir y pagar un precio en su deber, y proteger el trabajo de la iglesia, por lo que concordaba con los principios. Después, usé los principios para conversar con mi líder superior y con varios compañeros sobre mis opiniones, y todos pensaban que aunque el carácter de la hermana Wang era arrogante, ella tenía una humanidad aceptable, era responsable en su deber y podía aceptar las sugerencias de otros, por lo que podía ser cultivada. Después, organicé que la hermana Wang hiciera trabajo de escritura. Ella atesoró la oportunidad y produjo buenos resultados en su nuevo deber. Vi que cuando buscamos la voluntad de Dios y cumplimos nuestros deber según los principios de la verdad, recibiremos la guía del Espíritu Santo, y nuestros corazones están en paz. ¡Gracias a Dios!

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