Unos fracasos fruto de la arrogancia

20 Abr 2022

Por Xia Xin, España

En agosto de 2018 me hice responsable de una iglesia para nuevos fieles. Hacía muy poco que se había instaurado, por lo que no se habían asignado todos los deberes y los proyectos avanzaban despacio. Yo oraba, me amparaba en Dios y trabajaba con mi compañera para buscar buenos candidatos y asignar a los hermanos y hermanas de acuerdo con sus puntos fuertes y aptitudes. El trabajo de la iglesia se reactivó muy deprisa. Creía tener una agudeza acertada y cierta aptitud y competencia. En una ocasión concreta, una líder del equipo me contó que el hermano Xiao era muy perezoso y pasivo en el deber y que lo iba a destituir. Yo no estaba de acuerdo. Había tenido contacto con él anteriormente y lo comprendía un poco. Era trabajador y de buena humanidad, pero carecía de una experiencia más a fondo. Me preguntaba si estaba pasando por dificultades que repercutieran en su deber. Le sugerí a la líder del equipo que averiguara qué le pasaba antes de destituirlo. Luego descubrió que se había torcido la muñeca y le costaba usar la computadora, por lo que progresaba despacio en el deber, pero, como no se lo contó a nadie, los demás pensaban erróneamente que no era trabajador. Una vez sanada la muñeca, cumplió muy bien con su deber. Después de eso me creía aún más capaz de conocer realmente bien a las personas. A partir de entonces, al elegir a la gente, me mantenía en mis trece cuando los hermanos y hermanas tenían una opinión distinta a la mía. Pensaba que les faltaba discernimiento y que no entendían a la gente. Con el tiempo empecé a ser más audaz respecto a algunas disposiciones.

Posteriormente asumí el trabajo del equipo de video de la iglesia. En cierta ocasión en que íbamos a producir un video, nos faltaba personal y necesitábamos más gente en el equipo. Los efectos especiales de ese proyecto exigían un nivel bastante alto de calidad y eso era muy difícil. Decidí que necesitábamos a alguien muy formado, con preparación técnica, para que todo fuera sobre ruedas. Me pasé varios días buscando a alguien que cumpliera ese requisito, pero no encontré ningún candidato bueno. Algunos hermanos y hermanas querían aprender esas habilidades, pero al ver que no estaban muy formados y que no tenían experiencia profesional relevante, los descarté. Había unos que creía que servirían, pero, por lo que fuera, no pudieron asumir ese deber en aquel momento. Entonces, por casualidad, descubrí que el hermano Wu había estudiado animación por computadora y tenía amplia experiencia profesional. No debería tener problemas con los efectos especiales, así que iba a pedirle que asumiera ese deber. Sin embargo, una hermana me advirtió que echara un vistazo a unas evaluaciones sobre él. Según ella, en el pasado hubo quienes dijeron que era de poca humanidad y astuto, por lo que debía ser cauta a la hora de asignarle ese deber. Me aconsejó que buscara un poco. Le dije que sí, pero pensaba que, aunque fuera algo astuto y de poca humanidad, tenía mucha formación y habilidades, por lo que podría orientar a otros en los aspectos técnicos. Debería ser capaz de asumir eso sin problemas. Más tarde leí las evaluaciones de los hermanos y hermanas sobre el hermano Wu y vi que afirmaban que tenía poca humanidad, que era muy duro con los demás cuando cumplía con el deber de anfitrión y que se sentían limitados. Al leerlas, recordé que había estado en contacto con él unas cuantas veces antes y que parecía buena persona, no como lo describían. ¿Acaso habían dicho eso en un contexto en particular? En todo caso, él me parecía perfecto, tenía mucha experiencia profesional y un talento como el suyo era difícil de encontrar. No debería suponer un problema su nombramiento. Acto seguido, no pensé más en las sugerencias de los otros ni me informé acerca de esas evaluaciones al hermano Wu. Simplemente dispuse que asumiera el deber de producción de video.

Me llevé una gran sorpresa cuando, menos de un mes después, supe que no hacía introspección ante los problemas, que era muy criticón, que difundía nociones y sembraba la discordia. Fue algo realmente inesperado para mí. ¿Acaso me había equivocado? Fui a investigar la situación sin pensármelo demasiado y descubrí que todo lo que habían dicho era certero. Uno de los efectos especiales que habían hecho tenía tantos problemas que había que repetirlo, y cuando todos estaban debatiendo cómo resolver las dificultades, el hermano Wu dijo que no había que repetirlo y que los líderes eran demasiado exigentes, que le buscaban los tres pies al gato. Algunos hermanos y hermanas también se sintieron descontentos con los líderes al oír esto. Además, cuando el hermano Wu descubrió problemas en los deberes de otros, no se orientó a las soluciones, sino que criticó al líder del equipo por incompetente y empezó a marginarlo, con lo que instigó problemas entre los miembros y el líder del equipo. El líder del equipo pasó a estar negativo y limitado. Un hermano tenía prejuicios hacia el líder del equipo por ese motivo y se obsesionó con él y con otros líderes. Y el hermano Wu hizo en una ocasión unas sugerencias para el trabajo. El líder del equipo las contempló, pero le parecieron inadecuadas y no las adoptó. Entonces se quedó insatisfecho con el líder del equipo y comenzó a aprovechar cuando hablaba en las reuniones para decir que había visto problemas en nuestra labor que no se atrevía a mencionar por miedo a que lo destituyeran si lo hacía, con lo que engañaba a los demás para que pensaran que los agobiarían si hacían sugerencias. Hacía como que tenía muchas ganas de atender la voluntad de Dios, pero el líder del equipo lo agobiaba y le impedía cumplir bien con el deber. Su conducta demostraba que no solo era un criticón, sino que hacía como que era guardián de la justicia y atendía la voluntad de Dios. Con el pretexto de proteger los intereses de la casa de Dios, en realidad esparcía negatividad y sembraba la discordia entre los demás, a quienes volvía en contra de los líderes para que creyeran que estos eran los que tenían problemas y que a ellos los podrían agobiar y castigar si no tenían cuidado. Eso hacía que la gente dudara que la verdad impera en la iglesia, por lo que todos discutían sobre lo que estaba bien y mal y juzgaban y se protegían de los líderes. Su conducta ya había perturbado el trabajo de la iglesia. Y durante la época en que el hermano Wu estuvo orientando el trabajo técnico, no fue muy útil. Todo lo que sugería era teórico, sin aplicación práctica. Yo veía sus problemas, pero no estaba preparada del todo para admitir mi error. De manera optimista, quería charlar con él y señalarle sus problemas, y si era capaz de verlos, tal vez aceptaría la verdad y tendría una humanidad razonable, lo que significaría que no me equivoqué demasiado al juzgarlo. Así pues, le señalé sus problemas. No solo no hizo introspección, sino que alegó que yo sofocaba las voces dispares, que lo agobiaba. En ese momento comprobé que no solo tenía poca humanidad y no era capaz de aceptar la verdad, sino que era astuto y hablaba de una forma totalmente opuesta a la verdad. Este descubrimiento fue un auténtico bofetón para mí. La casa de Dios subrayó muchísimas veces que no podíamos asignar nunca deberes importantes a gente de poca humanidad, pero yo había contrariado incluso un principio tan básico. Cometí un error de fondo al elegir a gente que perturbaba la vida de iglesia. A medida que lo pensaba, cada vez me sentía peor, y luego destituí al hermano Wu según los principios.

Tras hacerlo, me puse a reflexionar sobre los verdaderos motivos de mi fracaso. Leí lo siguiente en las palabras de Dios: “Los falsos líderes tienen poca aptitud, son ciegos de ojos y de corazón y no entienden los principios de la verdad, lo que, en sí mismo, es un problema muy grave. Tienen otro problema aún más grave: una vez que entienden y dominan algunas letras y palabras de doctrina y son capaces de gritar unas pocas consignas, creen que tienen la realidad de la verdad. Así pues, sean cuales sean el trabajo que hagan y la gente que decidan utilizar, no buscan ni deliberan, no lo hablan con nadie, y ni mucho menos analizan detalladamente la organización del trabajo y los principios de la casa de Dios. Están muy seguros, porque creen que lo que hacen está bien, que todo aquello que piensan ellos es lo que hay que hacer y que todo lo que creen es exacto y correcto, y todo concuerda con los principios. Además, a menudo creen equivocadamente que, tras haber trabajado muchos años, tienen suficiente experiencia como líderes en la casa de Dios, que saben cómo funciona y se desarrolla el trabajo dentro de ella y que lo tienen todo interiorizado. Evalúan la labor de la casa de Dios y la llevan a cabo recurriendo a su experiencia, sus fantasías, nociones y reglas, por lo que, durante su mandato, dicha labor es un desastre, caótica y desordenada” (“Cómo identificar a los falsos líderes (5)”). Los falsos líderes no solo son ciegos de ojos y de corazón, incapaces de ver la esencia de la gente o de entender los principios, sino que, peor todavía, no buscan la verdad. Se apoyan en su experiencia y en sus nociones para hacer el trabajo de la iglesia, lo que lía totalmente las cosas. Con mi conducta al nombrar al hermano Wu para ese puesto, no busqué los principios para utilizar a la gente en la casa de Dios, sino que confié en mi propio juicio, pues creía que él tenía mucha experiencia profesional, por lo que debía ser adecuado para la producción de video. Cuando me advirtieron que tenía poca humanidad y que tuviera cuidado y me aconsejaron buscar un poco, lo ignoré por completo. Creía tener una agudeza acertada y discernimiento y no había habido problemas importantes con mis nombramientos previos, así que la elección del hermano Wu tenía que estar bien. Utilicé mi experiencia de trabajo a modo de capital personal y no busqué para nada los principios de la verdad ni acepté humildemente las sugerencias ajenas, ni busqué sinceramente ni pregunté por ahí para entender realmente qué clase de persona era el hermano Wu, si su conducta era una demostración de corrupción pasajera o si él era malvado en esencia. Si era una demostración de corrupción pasajera, o si se encuadraba en algún contexto y él había cambiado desde entonces, en ese caso podría ser utilizado. Si era su conducta sistemática y él tenía poca humanidad y era un malchechor, no podríamos utilizarlo. Esa clase de personas no hacen sino perjudicar el trabajo de la casa de Dios. No obstante, en realidad yo no estaba indagando para entender las cosas. Juzgué a ciegas en función de mi experiencia y mis fantasías. La realidad me demostró que era una falsa líder, ciega de ojos y de corazón. No comprendía la verdad ni los principios y, peor todavía, estaba muy segura de mí misma y no aceptaba sugerencias ajenas. Con algo de experiencia de trabajo y cierta comprensión de la doctrina literal, creía conocer los principios y saber hacer el trabajo de la iglesia, pero nombré a la persona equivocada, lo que ralentizó nuestros progresos y perturbó la vida de iglesia. Hacía totalmente de ayudante de Satanás y saboteaba el trabajo de la iglesia.

Después, al hacer introspección, recordé algo que dijo Dios: “Si, en el fondo, realmente comprendes la verdad, sabrás cómo practicarla y obedecer a Dios y, naturalmente, te embarcarás en la senda de búsqueda de la verdad. Si la senda por la que vas es la correcta y conforme a la voluntad de Dios, la obra del Espíritu Santo no te abandonará, en cuyo caso serán cada vez menores las posibilidades de que traiciones a Dios. Sin la verdad es fácil hacer el mal, y no podrás evitar hacerlo. Por ejemplo, si tienes un carácter arrogante y engreído, que se te diga que no te opongas a Dios no sirve de nada, no puedes evitarlo, escapa a tu control. No lo haces intencionalmente, sino que esto lo dirige tu naturaleza arrogante y engreída. Tu arrogancia y engreimiento te harían despreciar a Dios y verlo como algo insignificante; harían que te ensalzaras a ti mismo, que te exhibieras constantemente; te harían despreciar a los demás, no dejarían a nadie en tu corazón más que a ti mismo; harían que te creyeras superior tanto a los demás como a Dios, y finalmente harían que te sentaras en el lugar de Dios y exigieras que la gente se sometiera a ti y venerara tus pensamientos, ideas y nociones como verdad. ¡Ve cuántas cosas malas te lleva a hacer esta naturaleza arrogante y engreída!” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Con las palabras de Dios entendí que no había buscado los principios de la verdad en el deber porque era demasiado arrogante y no veneraba a Dios. Me controlaba mi naturaleza arrogante y creía excesivamente en mí. Siempre creí tener experiencia y agudeza, por lo que no me tomé en serio las advertencias de otros. Me empeñé en hacer lo que quería. En consecuencia, nombré a la persona equivocada y el trabajo de la iglesia se vio obstaculizado. Consideraba que mis opiniones y mi experiencia eran la verdad, y pensaba que lo que me gustaba a mí era lo que le gustaba a Dios y que lo que yo creía adecuado tenía que ser adecuado también a Sus ojos. Llegué a confundir mis opiniones con las de Dios. Eso no solo demostraba desprecio por la verdad, sino que era una blasfemia contra Dios. Vivía con arrogancia, siendo una ególatra y haciendo las cosas a mi modo mientras afirmaba cumplir con el deber. Eso era, básicamente, oponerme a Dios. Sabía que tenía que arrepentirme; si no, acabaría ofendiendo a Dios y descartada. También sabía que Dios me había encumbrado a un puesto de líder y que Su voluntad era que me centrara en buscar la verdad en ese deber para saber actuar con principios. Cada decisión de trabajo repercutía en los intereses de la casa de Dios, por lo que, si no buscaba la verdad y, por el contrario, actuaba con arrogancia y desenvoltura, siendo arbitraria y dictatorial, en cualquier momento podría hacer algo que perturbara el trabajo de la iglesia. Al final, eso perjudicaría los intereses de la iglesia y a los hermanos y hermanas. Entonces oré a Dios y decidí en silencio dejar de cumplir con el deber con arrogancia y, en cambio, buscar la verdad y actuar según los principios.

En mi reflexión posterior, me percaté de otra cosa que provocó mi fracaso. Me equivocaba en mi opinión sobre las personas y cosas. Leí esto en las palabras de Dios: “Los falsos líderes a menudo irradian su punto de vista: creen que aquellos con conocimientos y una posición social y los que han sido funcionarios públicos son todos personas con talento que la casa de Dios debería formar y utilizar. El falso líder tiene una gran imagen de estas personas e incluso las trata como si fueran cercanos a él o de su propia familia. Los presentan a los demás diciendo cosas como ‘ella era editora de un periódico en el mundo exterior’, ‘él era director de vestuario’, ‘ella trabajaba en el Ministerio de Seguridad Pública’, ‘él hacía negocios, y su familia es rica’, ‘ella estudiaba sociología’ o ‘él estudiaba administración de empresas’. Los falsos líderes valoran mucho a esas personas. Dime, ¿son los falsos líderes personas con aptitud? ¿Acaso no son personas falsamente espirituales que no pueden ver las cosas con claridad? Creen que cuando las personas anteriormente descritas vienen a la casa de Dios deberían asignarse a tareas importantes. Las creen gente con talento, así que cuando un falso líder las ve, se comporta como si fuera su lacayo, asiente y hace una reverencia, lisonjero y servil. En efecto, e invisiblemente, cuando un falso líder está a cargo, estas personas se agrandan y se comportan como reyes. Dime, ¿se les puede permitir a esas personas que se comporten como reyes en la casa de Dios? ¡Esto no concuerda con los principios! ¿Dónde dice en las palabras de Dios o en qué principio de Su casa está estipulado que los que son ascendidos o asignados a tareas importantes en la casa de Dios deben ser seleccionados de la élite de la sociedad? ¿Dicen eso las palabras de Dios? (No). ¿Cuántos criterios existen en los requisitos de Dios sobre las personas? Principalmente, dos: el primero es si la persona tiene buena humanidad; el otro es la actitud con la cual una persona trata la verdad y si la ama. Son esos dos” (“Cómo identificar a los falsos líderes (5)”). “Todos los falsos líderes son personas que han creído en Dios durante años y a menudo escuchan sermones, así que ¿por qué no pueden identificar a los incrédulos? Esta es una prueba adicional de que los falsos líderes tienen muy poca aptitud, que son incapaces de recibir la verdad y que esta se desperdicia con ellos. Son ciegos de vista y de corazón y no logran discernir a los demás. ¿Cómo podrían ser aptos para desempeñarse como líderes u obreros de la iglesia? Creen que los buenos oradores son gente con talento; cuando ven a alguien que sabe cantar y bailar, lo creen talentoso; cuando ven a una persona de anteojos que fue a la universidad, la creen talentosa; cuando ven a alguien que tiene estatus social, que es rico y puede hacer negocios y participar en prácticas engañosas, que hace algún tipo de trabajo importante en la sociedad, el falso líder cree que él también es una persona con talento en la casa de Dios. No miran la calidad de la humanidad de tales personas ni si su fe en Dios tiene un fundamento, y mucho menos miran la actitud con la cual estas personas tratan la verdad y a Dios. Solo se fijan en la posición social y los antecedentes de las personas. Esto, en definitiva, es lo que les gusta de la gente a los falsos líderes. ¿No es bastante vano de su parte? ¡Están verdaderamente ciegos, muy ciegos!” (“Cómo identificar a los falsos líderes (5)”). Las palabras de Dios exponen que los falsos líderes son ciegos y necios y que se les da mal nombrar a otras personas. Solo se fijan en la educación, el estatus y la capacitación profesional del mundo y creen que tener conocimiento y cultura, así como una alta cualificación, implica tener talento en la casa de Dios. No se fijan en la humanidad de una persona, en si acepta la verdad ni en hasta qué punto la comprende. Esa fue mi perspectiva al buscar a alguien que hiciera efectos especiales: pensaba que tener mucha formación y habilidades implicaba saber cumplir bien con ese deber. Por ello, siempre me centraba en la formación y preparación técnica de los hermanos y hermanas. Al ver el título y toda la experiencia profesional del hermano Wu, pensé que, decididamente, podría ser de ayuda para el resto del equipo de video y ocuparse de tareas técnicamente complejas. No tuve en cuenta para nada su humanidad ni cómo se había comportado en su deber anterior. Así pues, no solo se resintió el trabajo mientras él estuvo allí, sino que era criticón y generó conflictos entre los líderes y miembros del equipo. Eso fue muy perturbador para la vida y el trabajo de la iglesia. Me di cuenta de lo absurdo de mi perspectiva de las cosas. La casa de Dios sí respeta y fomenta a la gente con talento, pero es distinta del mundo exterior. No se trata de la clase de título que tenga una persona, sino de su humanidad, de si ama y busca la verdad. Veía que a algunos hermanos y hermanas les iba bien en diversos campos en la sociedad, pero algunos de ellos tenían poca humanidad y no amaban la verdad. No buscaban los principios de la verdad en el deber ni la aceptaban, sino que hacían lo que querían y actuaban con corrupción. No cumplían bien con el deber y, además, perturbaban mucho el trabajo de la iglesia. Con ellos, las pérdidas superaban las ganancias, y terminaron siendo descartados. Quienes pueden quedarse y cumplir con un deber no solo tienen capacitación profesional, sino, ante todo, una buena humanidad. Algunos también aman y aceptan la verdad y son prácticos en el deber. Aplican al deber la capacitación profesional que tengan, y los hay que quizá no sean excelentes, pero tienen buenas intenciones y se esfuerzan en el deber. Reciben el esclarecimiento y la guía de Dios y mejoran en su labor. No solo mejoran su capacitación profesional, sino que llegan a tener más principios.

Luego leí estas palabras de Dios: “Ya estés cumpliendo con tu deber, interactuando con otros o lidiando con un asunto particular que te esté sucediendo, debes tener una actitud de búsqueda y obediencia. Con este tipo de actitud, se puede decir que tu corazón tiene algo de reverencia hacia Dios, y eres capaz de buscar y obedecer la verdad. Esta es la senda para temer a Dios y apartarse del mal. Si careces de una actitud de búsqueda y obediencia, y en cambio eres obstinadamente hostil y te aferras a ti mismo, rechazando y aborreciendo la verdad, entonces naturalmente cometerás mucha maldad. ¡No podrás evitarlo! […] No es fácil cumplir bien con el deber, satisfacer a Dios, lograr el temor a Dios y apartarse del mal en la fe. Sin embargo, acabáis de ser informados de un principio de práctica: si tienes una actitud de búsqueda y obediencia cuando te sucede algo, esto te protegerá. El objetivo final no es que estés protegido. Es que comprendas la verdad y seas capaz de entrar en la realidad de la verdad y lograr la salvación de Dios; este es el objetivo final. Si asumes esta actitud en todo lo que experimentas, ya no sentirás que cumplir con tu deber y con la voluntad de Dios son palabras vacías y clichés; ya no parecerá tan agotador. En cambio, antes de que te des cuenta, llegarás a comprender unas cuantas verdades. Si sigues experimentando así, seguro que cosecharás las recompensas” (La comunión de Dios). Las palabras de Dios me señalaron una senda. Afronte lo que afronte, tengo que conservar mi sometimiento y veneración a Dios y buscar los principios de la verdad. Es el único modo de recibir la guía de Dios y cumplir bien con el deber. Si no, es probable que actúe con arrogancia y perturbe el trabajo. Mi compañera y yo buscamos después a otros que asumieran la producción de video basándonos en los principios de selección de personas. No tenían el conocimiento teórico del hermano Wu, pero sí mejor actitud, y se esforzaban mucho por aprenderlo de manera práctica. Cuando se topaban con algún problema, se reunían a buscar y hablar. Cuando alguien revelaba alguna corrupción que repercutía en sus progresos, eran capaces de hacer introspección y de aprender una lección de ello. Con el tiempo, al trabajar todos juntos, se produjeron verdaderos avances en los trabajos en video, con unos resultados cada vez mejores. Fue una agradable sorpresa para mí. Experimenté realmente que cumplir con un deber en la casa de Dios no se trata solo de preparación técnica o aptitud, sino, ante todo, de ser la persona adecuada, ser pragmático, buscar la verdad y venerar a Dios. Esa es la única vía para recibir la guía del Espíritu Santo y alcanzar cualquier cosa en un deber. También descubrí que buscar la verdad y actuar según los principios es la única manera de estar en consonancia con la voluntad de Dios. ¡Demos gracias a Dios!

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