Experiencias sobre la práctica de la verdad

20 Abr 2018

Hengxin Ciudad de Zhuzhou, provincia de Hunan

No hace mucho tiempo, escuché “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida”, que me llevó a comprender que sólo aquellos que practican la verdad pueden recibirla y convertirse, por último, en poseedores de la verdad y de humanidad, alcanzando, así, la aprobación de Dios. Desde ese instante, hice un esfuerzo consciente por abandonar la carne y practicar la verdad en mi vida diaria. Un tiempo después, descubrí felizmente que podía practicar algo de verdad. Por ejemplo, en el pasado temía mostrar mi lado oscuro a los demás. Ahora, me estaba abriendo conscientemente a los hermanos y hermanas, analizando minuciosamente mi carácter corrupto. Antes, cuando alguien trataba conmigo y me podaba, ponía excusas y eludía mi responsabilidad. Ahora, hice un esfuerzo consciente por repudiarme a mí misma en lugar de intentar justificar mi mal comportamiento. En el pasado, en momentos de desavenencia con mis compañeros de trabajo, exhibía una actitud intolerante, mezquina y me enojaba con facilidad. Ahora, cuando me encontraba con esas situaciones, abandonaba la carne y ponía en práctica la tolerancia y la paciencia con los demás… Cada vez que pensaba en mi progreso en la práctica de la verdad me sentía extremadamente dichosa. Creía que mi capacidad de practicar una parte de la verdad me convertía en una verdadera practicante de la verdad. De este modo, me convertí, sin darme cuenta, en una persona altiva y satisfecha de sí misma.

Un día, encontré las siguientes palabras de Dios: “Algunas personas afirman: ‘Siento que ahora soy capaz de poner algunas verdades en práctica; no es que no pueda practicar verdad alguna. En algunos entornos puedo hacer cosas conforme a la verdad, lo que significa que cuento como una persona que pone la verdad en práctica y como alguien que posee la verdad’. En realidad, en contraste con los estados del pasado o con el momento en que creíste por primera vez en Dios, existe una pequeña transformación. En el pasado no entendías nada y no sabías qué era verdad y qué era un carácter corrupto. Ahora sabes algunas cosas y eres capaz de tener algunas buenas prácticas, pero esto sólo es una pequeña parte de la transformación; no es verdaderamente una transformación de tu carácter, porque no eres capaz de realizar verdades avanzadas y profundas que involucren a tu naturaleza. En contraste con tu pasado, de hecho tienes alguna transformación pero esta transformación es sólo una pequeña transformación de tu humanidad; cuando se compara con el más elevado estado de verdad, estás muy lejos de la verdad. Esto quiere decir que no has alcanzado el objetivo al poner la verdad en práctica” (‘Entender la naturaleza y poner la verdad en práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer estas palabras, no pude evitar sentirme aturdida. ¿Acaso lo único que había logrado era un puñado de buenas conductas? ¿Acaso aún estoy lejos de practicar la verdad de forma genuina? Entonces, pensé, ¿qué significa practicar genuinamente la verdad? Empecé a buscar la verdadera respuesta a esta pregunta. Posteriormente, leí un sermón que dice: “Aquellos que practican la verdad de forma voluntaria pueden pagar el precio y están dispuestos a aceptar las dificultades que conlleva. Por supuesto, su corazón está lleno de felicidad y gozo. Aquellos que desean practicar la verdad, jamás lo harán simplemente por inercia, porque no lo hacen sólo por lucirse, sino porque poseen la conciencia y la razón de un ser humano normal y llevan a cabo sus deberes como creaturas de Dios. Para ellos, practicar la verdad es lo fundamental de ser humano y es una cualidad que un ser humano normal debería poseer” (La comunicación desde lo alto). Tras leer esto, finalmente lo comprendí: los verdaderos practicantes de la verdad pueden practicarla porque comprenden el propósito de hacerlo. Saben que practicar la verdad es lo que significa ser humano, una cualidad que los seres humanos deberían tener. Por tanto, no lo hacen para exhibirse; lo ven como un deber. Están dispuestos a soportar penurias y a pagar el precio; están desprovistos de intenciones y deseos personales. Pero, ¿de qué modo practiqué yo la verdad? Al desvelar mi carácter corrupto, quizás me mostré sincera o transparente ante los hermanos y hermanas pero, en mi corazón, pensaba: “¿Veis cómo practico la verdad? Soy capaz de abrirme sin reserva mis propios caracteres corruptos. Eso me hace mejor persona que vosotros, ¿eh?”. Cuando los hermanos trataron conmigo y me podaron, puede que no me justificara en voz alta pero, por dentro, decía “¿Lo veis? Ya no me justifico. He mejorado mucho. Probablemente ahora sí estoy calificada como una persona dispuesta a aceptar la verdad, ¿eh?”. Cuando discutía con mis compañeros de trabajo, puede que conscientemente tratara de contenerme y evitara cualquier arrebato, pero en mi corazón pensaba: “¿Lo veis? Ya no soy intolerante y de mente cerrada como antes. He cambiado, ¿verdad?”… Cuando pensé en mi modo de practicar la verdad, finalmente me di cuenta de que no la estaba practicando realmente. Estaba llena de motivaciones y deseos egoístas. Lo hacía para exhibirme. Quería que los demás me admiraran y halagaran. ¿Cómo pude pensar que estaba practicando la verdad sólo porque había entendido su significado? ¿Cómo era posible que estuviera haciendo eso para satisfacer a Dios? Lo estaba haciendo para satisfacerme a mí misma y para exhibirme ante los demás. Estaba engañando a Dios. En realidad, estaba traicionando a la verdad. Mi supuesta “práctica de la verdad” sólo consistía en seguir las reglas. Se trataba de un ejercicio de represión, un cese de determinados actos incorrectos. Sólo fue un cambio externo. Estaba y sigo estando lejos de cumplir los requisitos necesarios para ser una practicante de la verdad. Sin embargo, no sólo estaba desvergonzadamente segura de ser una practicante de la verdad, sino que también me convertí en una persona satisfecha de sí misma. ¡Mi comportamiento superaba verdaderamente los límites de lo aceptable!

Dios, te doy gracias por Tu esclarecimiento y Tu guía. Gracias por mostrarme que yo no era una verdadera practicante de la verdad y que mi aplicación de la verdad no cumplía con Tus estándares. A partir de hoy, estoy dispuesta a reflexionar sobre mis propias intenciones y a cumplir los requisitos necesarios para la práctica de la verdad. Me liberaré de las impurezas y me convertiré en una auténtica practicante de la verdad.

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