Cuando expulsaron a mis padres de la iglesia

23 Oct 2022

Por Ai Yi, China

Un día de octubre de 2018, una supervisora me dijo: “Han expulsado de la iglesia a tus padres. Oí que fue por perturbar la obra de la iglesia”. Me sorprendí al enterarme. No me atrevía a creerlo. Mis padres habían causado algunas perturbaciones, ya sabía eso, pero no creía que fuera tan grave como para expulsarlos. En ese momento, solo me senté con el corazón alterado. Antes, mi hermana había sido cómplice de un anticristo y se negó a arrepentirse a pesar de cualquier enseñanza, y, al final, fue expulsada de la iglesia. Ahora expulsaban también a mis padres, por lo que yo era la única creyente en toda nuestra familia. En ese momento, me sentí increíblemente sola. Hacía más de dos décadas que toda nuestra familia se había unido a la fe, y habíamos sufrido la opresión del PCCh todo el tiempo. Habían arrestado dos veces a mi padre por compartir el evangelio, y había estado preso cinco años. Mi mamá, mi hermana y yo nos habíamos mudado muchas veces, sin tener un verdadero hogar, para evitar que la policía nos arrestara. Durante esos años ha habido muchos altos y bajos, y la obra de Dios está por acabar. ¿Cómo pudieron ser expulsados de la iglesia? La habían pasado muy mal todos esos años. Habían sufrido mucho, ¿de verdad todo había sido en vano? Al pensar eso, no pude evitar llorar e intentaba razonar con Dios en mi corazón: Tal vez mis padres no contribuían mucho, pero habían sufrido suficiente. Teniendo en cuenta todos sus años de sacrificio, ¿no podían haberles dado una oportunidad más de arrepentirse? ¡Podrían seguir en la iglesia como hacedores de servicio! Cuanto más pensaba así, más doloroso y oscuro me resultaba, y perdí toda energía en mi deber. La hermana con la que trabajaba me advirtió: “Cuando enfrentas algo así, debes aceptarlo de parte de Dios, no puedes quejarte. Todo lo que Dios hace es justo”. En el momento entendí el razonamiento, pero no podía cambiar lo que pensaba.

Leí los informes sobre la expulsión de mis padres un par de semanas después. Mi papá era increíblemente arrogante. Siempre hacía las cosas a su modo cuando se encargaba de los asuntos generales, y no cumplía su deber de acuerdo con los principios. No aceptaba sugerencias de los hermanos y hermanas, lo que generó pérdidas en las ofrendas. Además, cuando supo que corría riesgo su seguridad personal, siguió entregando los libros de las palabras de Dios. No prestaba atención a lo que le decían los hermanos y hermanas, hacía lo que quería, por lo que lo arrestaron y sentenciaron por entregar libros, y la policía confiscó lo libros de las palabras de Dios. Fue un duro golpe a los intereses de la iglesia. Además, cuando expulsaron a mi hermana, mi papá tergiversó las cosas, dijo que eso sucedió porque la líder estaba en contra de ella. Además, hizo un escándalo sobre algo de corrupción que reveló la líder, y amenazó con hacerla caer con críticas. Mi papá solía elevarse y dar testimonio de sí mismo frente a los hermanos y hermanas, y, como resultado, ellos lo admiraban. Cuando dijo esas cosas, algunos de los otros fueron engañados, se pusieron de su lado y tuvieron prejuicios contra la líder, lo que evitó que la obra de la iglesia avanzara. La conducta de mi papá perturbaba gravemente la obra de la iglesia, y él no tenía remordimientos ni se arrepentía por la maldad que había cometido. Al final, se decidió que era un malhechor y se lo expulsó de la iglesia. A mi mamá la expulsaron principalmente porque no dejaba de quejarse de que hubieran expulsado a mi hermana mayor. Seguía esparciendo críticas sobre la líder entre los hermanos y hermanas, y tergiversaba los hechos, siempre hablaba del caso en reuniones de gente que había sido expulsada. Decía que la líder había sido injusta con ellos. Eso perturbó gravemente la vida de la iglesia. Aunque otros hablaron con ella muchas veces, ella no se arrepintió, y, al final, se decidió que era una malhechora y se la expulsó de la iglesia. Al ver todas las acciones malvadas de mis padres, pude ver que, según los principios, debían ser expulsados, pero cuando pensaba en que de verdad había sucedido, no sabía cómo lidiar con ello. Me dolía mucho. Me sentía paralizada y débil cuando leí los informes sobre sus expulsiones, y no podía dejar de llorar. También empecé a razonar con Dios: “Dios, Tú amas a los seres humanos. Mis padres han sido creyentes por 20 o 30 años y han sufrido mucho. ¿De verdad no recordarás nada de lo que han dado?”. Vivía en negatividad y malentendidos. Sentía que, si habían expulsado a toda mi familia y yo era la única creyente, ¿cómo podía permanecer en esta senda? Y así, viví en este estado confuso más de dos años enteros, y, al final, me destituyeron porque no lograba nada en mi deber. En esa época, sentía un grave dolor emocional, y oraba una y otra vez, llorando: “Dios, he tenido nociones y malentendidos sobre Ti por la expulsión de mis padres de la iglesia. Sé que es un estado peligroso, pero no tengo la fuerza para salir de él. Dios, por favor guíame y sálvame”.

Luego, en uno de mis devocionales, leí este pasaje de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Cuando se enteran de que Él ama a la humanidad, las personas lo definen como un símbolo de amor. Creen que no importa lo que hagan, cómo se comporten, cómo traten a Dios o lo desobedientes que puedan ser, nada de esto importa realmente porque Dios tiene amor y Su amor es ilimitado e inconmensurable. Dios tiene amor, así que puede ser tolerante con las personas, y Dios tiene amor, así que puede ser misericordioso con ellas, con su inmadurez, con su ignorancia, y con su desobediencia. ¿Son realmente así las cosas? En el caso de algunas personas, cuando han experimentado la paciencia de Dios una o incluso más veces, tratarán estas experiencias como un capital en su propio entendimiento de Dios, y creen que Él será por siempre paciente y misericordioso con ellas, y que, entonces, a lo largo de su vida tomarán esta paciencia de Dios y la considerarán el estándar de cómo Él las trata. También están los que, tras haber experimentado una vez la tolerancia de Dios, lo definirán por siempre como tolerante, y, en su mente, esta tolerancia es indefinida, incondicional, e, incluso, totalmente carente de principios. ¿Son correctas estas creencias?” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra). “Dios es justo en Su trato hacia todas y cada una de las personas, y Él es sincero al abordar la obra de la conquista y la salvación de las personas. Esta es Su gestión. Él trata a cada persona con seriedad, no como a una mascota con la que se juega. El amor de Dios hacia los seres humanos no es de la clase que mima o consiente; tampoco Su misericordia y tolerancia hacia la humanidad son indulgentes ni desconsideradas. Por el contrario, el amor de Dios hacia la humanidad consiste en apreciar, compadecer y respetar la vida; Su misericordia y tolerancia transmiten las expectativas que Él tiene de ella, y son lo que la humanidad necesita para sobrevivir. Dios está vivo, y en verdad existe; Su actitud hacia la humanidad se basa en principios; no es, en absoluto, un montón de reglas dogmáticas, y puede cambiar. Sus intenciones hacia la humanidad cambian y se transforman gradualmente con el tiempo, dependiendo de las circunstancias que surjan, y acorde a la actitud de todas y cada una de las personas. Así pues, debes saber en tu corazón con toda claridad que la esencia de Dios es inmutable y que Su carácter surgirá en diferentes momentos y en distintos contextos. Podrías pensar que este asunto no es serio, y usar tus propias nociones personales para imaginar cómo debería hacer Dios las cosas. Sin embargo, hay ocasiones en las que la verdad es exactamente lo opuesto a lo que opinas, y, al usar tus propias nociones para tratar de medir a Dios, lo has hecho enojar. Esto se debe a que Él no opera como tú crees que lo hace y Dios no tratará este asunto como tú dices que lo hará” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra). Tras leer las palabras de Dios, comprendí que Dios es amoroso, pero el amor de Dios por el hombre sigue los principios. No es un amor ciego y sin principios como el de las personas. Dios es un Dios justo, y tiene una posición tomada frente a las acciones de las personas. Dios tiene amor y misericordia por quienes aman la verdad, pero aún cometen transgresiones. Pero a la gente malvada que está harta de la verdad y la odia, que perturba la obra de Dios, Él la condena y la descarta. Que Dios sea amoroso no significa que vaya a mostrar compasión y tolerancia por los malhechores, ni que les permitirá perturbar la obra de la iglesia. No comprendía la esencia de Dios y limitaba a Dios según mis propias nociones. Pensaba que Dios amaba a los humanos, por lo que, mientras creamos en Él y lo sigamos, y hagamos sacrificios por Él, no importa cuánta maldad cometamos, Él debería seguir dándonos oportunidades de arrepentirnos. Por eso, cuando expulsaron a mis padres, yo no podía aceptarlo, razonaba con Dios y me resistía a él. Antes de que mis padres fueran expulsados, la iglesia les dio bastantes oportunidades, pero ello solo llegaron a este punto porque nunca se arrepintieron. El carácter de Dios es justo y santo. Mientras la gente esté dispuesta a arrepentirse de sus transgresiones y muestras de corrupción, Dios es increíblemente misericordioso y tolerante. Pero las personas como mis padres, que han hecho muchas maldades sin arrepentirse sinceramente, y que incluso intensifican el mal que hacen, son verdaderos anticristos, personas malvadas, y Dios no puede seguir siendo misericordioso y tolerante con esa gente. En especial, no puede tratarlos con indulgencia solo porque hace mucho que son creyentes y porque han sufrido mucho.

Leí otro pasaje de las palabras de Dios. “Las personas dicen que Dios es un Dios justo, y en tanto que el hombre lo siga hasta el final, seguramente será imparcial hacia el hombre porque Él es el más justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar? Soy imparcial con todos los hombres y juzgo a todos los hombres con Mi carácter justo, sin embargo, hay condiciones adecuadas para las exigencias que le hago al hombre, y lo que Yo exijo, todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa cómo sean tus aptitudes ni cuánto tiempo las hayas tenido; solo me importa si vas por Mi camino y si tienes o no amor y sed por la verdad. Si careces de la verdad y más bien traes vergüenza sobre Mi nombre y no actúas de acuerdo a Mi camino y solo lo sigues sin cuidado ni interés, entonces en ese momento te derribaré y te castigaré por tu maldad y ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrás decir que Dios no es justo? Hoy, si has cumplido con las palabras que he hablado, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido contra viento y marea y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; solo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Él todos los días y nunca has pensado vivir una vida que tenga sentido. También dices: ‘En cualquier caso, creo que Dios es justo. He sufrido por Él, he ido de un lado a otro por Él y me he dedicado a Él y me he esforzado mucho a pesar de no recibir ningún reconocimiento; seguro se debe acordar de mí’. Es verdad que Dios es justo, pero Su justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no actúan conforme a Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto!” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). De las palabras de Dios aprendí que la justicia de Dios no es como yo había pensado, que recibimos lo mismo que damos. Dios no necesita favorecer a aquellos que van para todos lados, que se esfuerzan, trabajan y sufren. Para Dios, no existe “todo esfuerzo merece reconocimiento”. Dios no determina el resultado de una persona según su sufrimiento y antigüedad, y no mide el alcance de sus sacrificios superficiales. La clave es si han buscado la verdad y si la han puesto en práctica, si su carácter vital ha cambiado. Si nunca han practicado las palabras de Dios, no importa cuánta experiencia tengan o cuánto hayan sufrido, nunca ganarán los elogios de Dios. Serán justamente castigados por Dios por el mal que hayan hecho. Yo medía la justicia de Dios con una mentalidad transaccional. Pensaba que mis padres habían hecho sacrificios y habían sufrido bastante en sus años de fe, por lo que, sin importar cuánta maldad hicieran, Dios debería darles más oportunidades de arrepentirse, no expulsarlos, eso no era justo con ellos. No podía distinguir el bien del mal. Pensé en Pablo, que recorrió toda Europa para difundir el evangelio del Señor. Lo arrestaron muchas veces y sufrió mucho, pero en su obra, se elevaba constantemente y daba testimonio de sí mismo. Al final, dijo que había vivido como Cristo, y que morir sería una ganancia, y, como resultado, la gente lo ha adulado por más de 2000 años. Su lugar en el corazón de la gente es más alto que el del Señor Jesús. Por eso ofendió el carácter de Dios, y este lo castigó. De esto vi que Dios no se fija en el alcance de los esfuerzos externos de la gente, sino que retribuye a todos los que hacen el mal y ofenden Su carácter sin arrepentirse según lo que hayan hecho. Por ejemplo, mis padres se esforzaron mucho y se gastaron mucho, pero todo lo que hacían perturbaba la obra de la iglesia y saboteaba la vida normal de la iglesia, lo que dañaba las vidas de los hermanos y hermanas y dañaba los intereses de la iglesia. Expulsarlos de la iglesia fue la justicia de Dios. No comprendía la justicia de Dios, sino que me aferraba a una mentalidad de intercambio de que el esfuerzo merece reconocimiento, razonaba y me quejaba con Dios, viví en un estado negativo y fui en contra de Dios por mucho tiempo. ¡Era tan rebelde! Al darme cuenta, me sentí terrible y llena de remordimiento, y oré, llorando: “¡Dios! He creído en Ti todos estos años sin conocerte para nada. He medido tu amor y tu justicia con mis propias nociones e imaginaciones, siempre yendo en Tu contra, razonando y protestando contigo. Oh, Dios, ahora puedo ver que la expulsión de mis padres fue Tu justicia”. Después de esa oración, me sentí mucho mejor.

Después, pensé que me había alterado mucho por la expulsión de mis padres de la iglesia porque mis sentimientos por ellos eran muy fuertes. Por eso me costaba aceptar la noticia de su expulsión. Me hizo pensar en algunas palabras de Dios: “Dios creó este mundo y trajo a él al hombre, un ser vivo al que le otorgó la vida. Después, el hombre tuvo padres y parientes y ya no estuvo solo. Desde que el hombre puso los ojos por primera vez en este mundo material, estuvo destinado a existir dentro de la predestinación de Dios. El aliento de vida proveniente de Dios sostiene a cada ser vivo hasta llegar a la adultez. Durante este proceso, nadie siente que el hombre esté creciendo bajo el cuidado de Dios. Más bien, la gente cree que lo hace bajo el amor y el cuidado de sus padres y que es su propio instinto de vida el que dirige este crecimiento. Esto se debe a que el hombre no sabe quién le otorgó la vida o de dónde viene esa vida, y, mucho menos, la manera en la que el instinto de la vida crea milagros. El hombre solo sabe que el alimento es la base para que su vida continúe, que la perseverancia es la fuente de su existencia y que las creencias de su mente son el capital del que depende su supervivencia. El hombre es totalmente ajeno a la gracia y la provisión de Dios y, así, desperdicia la vida que Dios le otorgó… Ni uno solo de esta humanidad a quien Dios cuida día y noche toma la iniciativa de adorarlo. Dios simplemente continúa obrando en el hombre —sobre el cual no tiene expectativas— tal y como lo planeó. Lo hace así con la esperanza de que, un día, el hombre despierte de su sueño y, de repente, comprenda el valor y el significado de la vida, el precio que Dios pagó por todo lo que le ha dado y la ansiedad con la que Dios espera que el hombre regrese a Él” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios es la fuente de la vida del hombre). “Ningún incrédulo tiene fe en que exista un Dios, ni en que haya creado los cielos y la tierra y todas las cosas, ni en que el hombre haya sido creado por Dios. Hay incluso algunos que dicen: ‘La vida se la dan al hombre sus padres, y este debe honrarlos’. ¿De dónde viene tal pensamiento o punto de vista? ¿Viene de Satanás? Han sido milenios de cultura tradicional los que han educado y engañado al hombre de esta manera, llevándolo a negar la creación y la soberanía de Dios. Sin el engaño y el control de Satanás, la humanidad investigaría la obra de Dios y leería Sus palabras, y sabría que ha sido creada por Dios, que Él le ha dado la vida; sabría que todo lo que tiene se lo ha dado Dios, y que es a Dios a quien debe agradecimiento. Cuando una persona nos hace un bien, debemos considerarlo como si viniera de la mano de Dios. En particular, nuestros padres nos dieron a luz y nos criaron; todo esto fue dispuesto por Dios. Dios gobierna todo; el hombre es solo una herramienta para el servicio. Si alguien puede dejar de lado a sus padres o a su esposo (o esposa) e hijos, para gastarse por Dios, entonces esa persona será más sólida y tendrá un mayor sentido de justicia ante Él” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo reconociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente). Por las palabras de Dios me di cuenta de que Dios es la fuente de la vida humana, y todo lo que poseemos, nos lo da Dios. Solo llegamos a donde estamos hoy gracias al cuidado y la protección de Dios. Debemos aceptar como de parte de Dios a todos los que son amables o serviciales con nosotros. Yo no seguía las palabras de Dios, solo pensaba en lo buenos que eran mis padres conmigo. No vi que el gobierno y los arreglos de Dios estaban detrás de todo lo que hicieron mis padres, de que estoy aquí hoy gracias al cuidado, la protección y la guía de Dios. No agradecí a Dios por Su cuidado y protección, ni retribuí Su amor, sino que me resistí a Él y lo traicioné porque no podía dejar de lado mis sentimientos por mis padres al punto en que no podía seguir en mi senda de fe. Cuanto más lo pensaba, más sentía que no tenía conciencia y que le debía mucho a Dios.

Leí otro pasaje de las palabras de Dios después. “¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios? ¿No son esos los que verbalmente afirman tener fe, pero carecen de la verdad? ¿No son esos los que solo buscan el obtener las bendiciones, mientras que no pueden dar testimonio de Dios? Todavía hoy te mezclas con esos demonios y tienes conciencia de ellos y los amas, pero, en este caso, ¿no estás teniendo buenas intenciones con Satanás? ¿Acaso no te estás compinchando con los demonios? Si hoy en día las personas siguen sin ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, y continúan siendo ciegamente amorosas y misericordiosas sin ninguna intención de buscar la voluntad de Dios y siguen sin ser capaces de ninguna manera de albergar las intenciones de Dios como propias, entonces su final será mucho más desdichado. Cualquiera que no cree en el Dios en la carne es Su enemigo. Si puedes tener conciencia y amor hacia un enemigo, ¿no careces del sentido de justicia? Si eres compatible con los que Yo detesto y con los que estoy en desacuerdo, y aun así tienes amor o sentimientos personales hacia ellos, entonces ¿acaso no eres desobediente? ¿No estás resistiéndote a Dios de una manera intencionada? ¿Posee la verdad una persona así? Si las personas tienen conciencia hacia los enemigos, amor hacia los demonios y misericordia hacia Satanás, ¿no están perturbando de manera intencionada la obra de Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo). Las palabras de Dios revelaban mi estado exactamente. Dios exige que amemos lo que Él ama y que odiemos lo que Él odia. Quienes odian la verdad y se resisten a Dios son, en esencia, malvados a los que Dios detesta y odia, por lo que también deberíamos odiarlos. Yo no discernía la esencia de mis padres según las palabras de Dios. No importa cuánto dañaran la obra de la iglesia, permanecí a su lado, razonando con Dios y resistiéndome a Él. Incluso perdí en entusiasmo por mi deber. En ese punto, entendí por qué Dios dijo: “La emoción es el enemigo de Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 28). Yo era amorosa y misericordiosa con los malhechores porque me dominaba la emoción, incluso esperaba que Dios les diera otra oportunidad para arrepentirse, que los dejara seguir en la iglesia. ¡Era increíblemente tonta! No importa qué maldad cometan las personas, nunca se arrepienten de verdad. Eso lo determina su esencia. Dejarlas en la iglesia sería permitirles seguir cometiendo maldades y perturbando la obra de la iglesia. ¡Sería estar del lado de los malhechores e ir contra Dios!

Después leí otro pasaje de las palabras de Dios que me esclareció un poco. Las palabras de Dios dicen: “Un día, cuando comprendas algo de la verdad, ya no pensarás que tu madre es la mejor persona ni tus padres las mejores personas. Te darás cuenta de que ellos también son miembros de la humanidad corrupta y de que sus actitudes corruptas son iguales. Lo único que los diferencia es su consanguinidad contigo. Si no creen en Dios, son lo mismo que los incrédulos. Ya no los mirarás desde la perspectiva de un familiar ni desde la de la consanguinidad, sino desde el lado de la verdad. ¿Cuáles son los principales aspectos en que debes fijarte? Debes fijarte en sus opiniones sobre la fe en Dios, en sus opiniones sobre el mundo, en sus opiniones acerca de cómo abordar los asuntos y, ante todo, en sus actitudes hacia Dios. Si te fijas en estos aspectos con precisión, verás claro si son buenas o malas personas. Si un día ves claro que son como tú, personas de carácter corrupto y, más aún, que no son las personas bondadosas, con verdadero amor por ti, que imaginas que son, y que en absoluto saben guiarte hacia la verdad ni hacia la senda correcta en la vida; si ves claro que lo que han hecho por ti no te resulta de gran provecho ni tiene relevancia para que tomes la senda correcta en la vida, y si también descubres que muchas de sus prácticas y opiniones son contrarias a la verdad, que son de la carne y que esto hace que los desprecies y sientas aversión y odio hacia ellos, entonces, a la luz de estos factores, podrás considerarlos de forma correcta en tu interior y ya no los echarás de menos, ni te preocuparás, ni serás incapaz de separarte de ellos. Habrán concluido su misión como padres y ya no los considerarás las personas más cercanas a ti ni los idolatrarás. Por el contrario, los considerarás gente normal, y en ese momento te librarás por completo de la esclavitud de las emociones y te desprenderás verdaderamente de ellas y del afecto familiar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se corrige el propio carácter corrupto es posible labrar una auténtica transformación). Leer esto fue muy conmovedor. Como mis sentimientos por mis padres eran muy fuertes, yo solo veía lo buenos que eran conmigo, no su actitud hacia la verdad y hacia Dios. No podía ver con claridad su esencia ni por qué senda iban. Por eso no podía abordar su expulsión adecuadamente, sino que me dominó la emoción, razoné con Dios, estuve deprimida y me resistí durante más de dos años. Mi vida sufrió un grave daño y yo cometí transgresiones. El riego y el sustento de las palabras de Dios de a poco despertaron mi corazón rígido y rebelde, y borraron mis nociones y malentendidos sobre Dios. Ahora me siento mucho más libre y tengo energía para mi deber. Gracias a Dios por Su salvación.

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