¿Quién me dio mi libertad?

10 Ene 2022

Por Ruizhi, China

Cuando me convertí, mi marido decía que la fe era genial, Incluso venía conmigo a algunas reuniones. Pero el 28 de mayo de 2014, el Partido Comunista se inventó el Caso Zhaoyuan y culpó a la Iglesia de Dios Todopoderoso. Esos rumores salieron en todos los medios de comunicación. Fue un momento terrible. Arrestaron a muchos hermanos y hermanas. Una tarde que volvía a casa de una reunión, mi marido dijo, nervioso: “¡Oh, has vuelto! Te han denunciado por creer en Dios”. Me dio un vuelco el corazón y enseguida pregunté, “¿Quién lo dice?” Bajó la voz y respondió: “Esta mañana el jefe de unidad y el secretario de disciplina me han llamado para una reunión en la que han hablado de tu religión. El Comité Central designó hace tiempo a la Iglesia de Dios Todopoderoso como ‘secta’, y está actuando enérgicamente contra ella. Buscan a creyentes en Dios Todopoderoso por todo el país, en pueblos, fábricas, minas, empresas e instituciones. Los están expulsando. Dicen que los miembros del Partido no pueden tener religión, y serán expulsados de la administración si se les descubre, sus hijos no irán a la universidad o al ejército ni trabajarán en la administración”. Dijo que Zhao, su compañera de trabajo, era creyente, así que la despidieron a ella y a su marido de la administración, e impidieron a su hijo el acceso a la universidad, pese a sus buenas notas. Me dijo que tener fe afectaría a toda nuestra familia. Guardó silencio y añadió, sombrío: “Llevo tiempo pensándolo. Está claro que creer en Dios Todopoderoso no es bueno para la familia, así que, por el bien de esta, he decidido renunciar. Si tú sigues creyendo, hazlo en casa, nunca fuera. Si te denuncian de nuevo por creer en Dios Todopoderoso, toda la familia sufrirá por ti”. Sucedió de forma muy inesperada. Al principio no sabía qué hacer, estaba muy disgustada. Pensé que mi marido no cambiaría de parecer, y no volvería a creer debido a las amenazas del Partido. Tampoco quería que yo creyera o cumpliera con mi deber. Pero yo no podía no creer. Tenía claro el camino verdadero, que esta es la aparición y obra de Dios, que Él expresa verdades para salvar a la humanidad. Debía creer. Pero luego pensé, ya me han denunciado y mi marido no me apoya. Si cumplía con mi deber, encontraría obstáculos, y si me arrestaban, implicaría a mi familia. Consideré renunciar a las reuniones y a cumplir con mi deber, practicar sola en casa. Sería lo más seguro, claro, y tal vez salvaría a mi familia. Pero la idea me hacía sentir culpable. El Partido engañó a algunos nuevos creyentes con sus rumores y mentiras, había que comunicarles la verdad para ayudarlos. Si no salía a cumplir con mi deber, ¿acaso no huía como una desertora? Esa no era la voluntad de Dios. No podía ignorar mi conciencia. Pensé que las cosas no eran tan simples como creía, no podía precipitarme. Decidí buscar junto a mi líder, la hermana Li.

Le di vueltas a la cabeza durante todo el camino. Antes, mi marido decía que la fe era genial, y me apoyaba en mi deber, pero, de repente, había escuchado a su líder y renunciado a creer. Tampoco quería que yo lo hiciera. Fue un cambio muy repentino. Tras pensarlo mucho, me di cuenta de que temía que afectara a su posición, a su sustento. Era supervivencia. Eso me hizo sentir muy incómoda, y pensé: “Dios creó al hombre, y tener fe y adorarlo es lo correcto y natural, así que ¿por qué no lo permite el Partido? ¿Por qué causaría la fe problemas a toda la familia? ¿No garantiza la Constitución la libertad de culto? ¿Por qué esta represión tan frenética del Partido?”. Estaba muy confusa. Leímos un pasaje de las palabras de Dios. “En una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los demonios, que mata a las personas sin pestañear, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, van contra toda conciencia, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado! […] ¿Por qué levantar un obstáculo tan impenetrable a la obra de Dios? ¿Por qué emplear diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para embaucar al pueblo de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para reprimir la venida de Dios? ¿Por qué no permitir que Dios vague libremente por la tierra que creó? ¿Por qué acosar a Dios hasta que no tenga donde reposar Su cabeza? ¿Dónde está la calidez entre los hombres? ¿Dónde está la acogida entre la gente? ¿Por qué causar un ansia tan desesperada en Dios? ¿Por qué hacer que Dios llame una y otra vez? ¿Por qué obligar a Dios a que se preocupe por Su amado Hijo? En esta sociedad oscura, ¿por qué sus lamentables perros guardianes no permiten que Dios venga y vaya libremente por el mundo que Él creó?” (‘La obra y la entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leerlo, la hermana Li dijo: “Dios Todopoderoso ha venido en los últimos días a expresar verdades y salvar a la humanidad. Muchos verdaderos creyentes han escuchado la voz de Dios y han aceptado a Dios Todopoderoso, pero el Partido teme que la gente tenga fe, siga a Dios y los rechace. Usa todo tipo de tácticas para blasfemar a la Iglesia de Dios Todopoderoso, arresta y persigue a lo loco a los cristianos, y arrastra a muchas generaciones de cristianos. Han inventado todo tipo de rumores para calumniar a la Iglesia, para engañar a la gente y que se oponga a Dios, para lograr el feroz objetivo de mantener su dictadura. Son unos demonios malvados que odian y se oponen a Dios. Mienten y manipulan cuando aseguran en el extranjero que apoyan la libertad religiosa. El falso caso de Zhaoyuan lo creó el PCCh para condenar a la Iglesia de Dios Todopoderoso, es su práctica habitual para eliminar disidentes. Pero por feroz que sea, el Partido está al servicio de Dios. Dios permite que actúe así para que ganes discernimiento, para que veas su esencia malvada y no te dejes engañar. Al final rechazarás a Satanás y volverás a Dios. Esa es la salvación de Dios”. La explicación de la hermana Li me ayudó a entender la esencia malvada del PCCh de odio a Dios y a la verdad. Usaba el futuro de mi marido y de mi hijo para amenazarme, para que traicionara a Dios. Me negaba a negociar con Satanás. Aunque el Partido me oprimiera o mi marido se interpusiera, debía tener fe en Dios y cumplir con mi deber.

Esa misma noche, pero fue imposible. Hasta dijo: “He trabajado muchos años bajo el sistema y he visto al PCCh inventarse casos falsos. ¿Acaso no lo sé mejor que tú? Pero China es un país autocrático, y aquí nacimos. Has de seguir las políticas del Partido. De lo contrario, se te castigará. Los débiles no pueden vencer a los fuertes. Creía que tu fe era buena, la senda correcta para la gente. Nunca imaginé que el Partido la sancionaría y podría perder mi empleo o ser encarcelado o golpeado hasta la muerte. Las consecuencias son muy graves. Si insistes en tu fe, no solo te pueden arrestar, sino que perderé mi trabajo, entonces, ¿qué comeremos y beberemos? Nuestro hijo no irá a la universidad o al ejército, ni trabajará en la administración. ¿De verdad vas a arruinar su futuro por tu Dios?”. Escuchar aquello era exasperante y, a su vez, terriblemente agónico. Si practicaba mi fe, me echarían de mi trabajo, peligraría el de mi marido, y nuestro hijo no entraría en la universidad. El futuro de los míos y nuestra vida sufrirían. Destruiría a nuestra familia y la villana sería yo. ¿Cómo podría enfrentarme a ellos después? Esa noche no pegué ojo, di muchas vueltas en la cama. Le dediqué una oración silenciosa a Dios, le pedí que cuidara mi corazón, me guiara y me mostrara el camino.

Luego leí esto en las palabras de Dios: “El corazón y el espíritu del hombre están en la mano de Dios; todo lo que hay en su vida es contemplado por los ojos de Dios. Independientemente de si crees esto o no, todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se transformarán, se renovarán y desaparecerán, de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios preside sobre todas las cosas” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al leer esto sentí como si me expandiera por dentro. Me di cuenta de que Dios gobierna todo, tiene a Su alcance los corazones y los espíritus humanos, y también los destinos de mi marido y mi hijo. ¿No tiene Dios la última palabra sobre el trabajo de mi marido o la universidad de mi hijo? Ningún humano orquestaría eso. La fe era la senda correcta en la vida, y yo no he incumplido la ley. Si mi familia se ve arrastrada a esto, es por culpa del Partido Comunista, por su maldad. Cuando entendí eso, oré a Dios, dejando el futuro de mi marido y mi hijo en sus manos. Después de orar, me sentí un poco mejor. Y entonces le dije a mi marido, muy tranquila: “Dios creó al hombre y debemos creer y adorarlo. No puedo renunciar a mi fe por nuestra familia. Sería traicionar a Dios. No puedo ponerme en Su contra y lastimarlo. Tú no crees por miedo al Partido, a perder tu trabajo, tu sustento. Es tu elección. Yo estoy segura de que Dios Todopoderoso es el Dios verdadero y he disfrutado de Su gracia, bendiciones, y provisión de verdad No puedo ser ingrata y darle la espalda. Además, Dios gobierna el destino de la humanidad, todo está en Sus manos. Si me expulsan, si te despiden, si nuestro hijo no va a la universidad, eso está en manos de Dios, ningún humano tiene la última palabra”. Disgustado, mi marido levantó la voz y dijo: “Me da igual. Ya no irás a más reuniones. Practicarás en casa”. Le respondí: “¿Es fe sin ir a reuniones ni cumplir con mi deber? ¿Se obtiene así la verdad? Creer solo de palabra no es ser creyente. Puedes ocuparte de los asuntos de la familia, pero no haré lo que dices en cuanto a mi fe”. Al verme tan decidida, se marchó con un portazo de rabia.

Al volver de una reunión, el salón estaba lleno de gente. Había venido mi padre, de más de 80 años, mi tío, mi hermana, mi cuñado y mi hermano; me miraban fijamente. Mi padre se enfadó mucho, se apoyó en el sofá y me apuntó con el dedo: “Vienes de una reunión, ¿no? ¿Cómo has podido? El Partido está como loco con los cristianos. ¿No tienes miedo de que te arresten? ¿Qué le pasará a tu hijo, eh? ¿Cómo nos las arreglaremos todos? A partir de mañana no saldrás de casa. Estaré vigilándote”. Mi tío suspiró y dijo, abatido: “El ataque a los cristianos en China es muy serio. ¿De qué te sirve mantener tu fe? Implicarán a toda la familia si te arrestan. ¿No puedes hacer lo correcto?”. Mi hermano también intervino, nervioso: “El Partido quiere acabar con la Iglesia de Dios Todopoderoso. En mi trabajo vigilan a los empleados y todos están en vilo. ¿Cómo te atreves a salir ahora? ¿No te da miedo? ¿No temes que te arresten? A partir de mañana me quedaré aquí para vigilarte”. Y mi cuñado añadió: “Siempre has pensado en nosotros para todo. Admiro tu esmero y te tengo mucho respeto. Pero has cambiado mucho. ¿Por qué no escuchas a nadie? Ya que no piensas en ti, al menos piensa en nosotros. Si te pasa algo, afectará a toda la familia. No puedo permitir que la destruyas. A partir de mañana te seguiré con mi coche allá donde vayas”. No paraban. Era como en las denuncias públicas de la Revolución Cultural. Al ver la situación, hablé con firmeza: “Escucharé todo lo que me digáis, pero la fe es lo más importante para mí y no puedo hacer eso. Dios Todopoderoso es el único Dios y en los últimos días ha expresado verdades para salvar a la humanidad. Es la oportunidad de mi vida. El que no tenga fe y no acepte la verdad, caerá en el gran desastre de los últimos días. He compartido el evangelio con vosotros y sabéis que la fe es buena, ¿por qué no creéis? ¿Por qué seguís al Partido y os interponéis para que traicione a Dios? ¿De verdad es por mi bien? No distinguís el bien del mal, solo seguís al Partido, hacéis el mal y os oponéis a Dios. Si no os arrepentís, os espera el infierno y el castigo junto a ellos”. Entonces, se quedaron todos callados. Se fueron todos excepto mi padre, que se quedó para vigilarme. A la mañana siguiente me monté en la bici, pero mi padre la agarró y no me dejó irme. Mi hermano venía a diario para asegurarse de que no saliera. Una mañana, cuando intentaba irme, estuvo a punto de golpearme con un taburete, pero lo acabó estampando en el suelo, enojado, y partiéndolo en dos. La manera de actuar de mi familia me decepcionó mucho. ¿Esos eran mis “seres queridos”? Antes éramos una gran familia feliz, pero la opresión del Partido Comunista les hacía tratarme como una enemiga. Mi corazón se debilitaba, y pensé: “¿Cuándo acabará este horror? Si dejo de ir a las reuniones, no me tratarán así”. Entonces me di cuenta de que estaba cayendo en un truco de Satanás. Aprovechaba mis afectos para hacerme traicionar a Dios. No podía caer en eso. Oré a Dios, le pedí que me guiara a entender Su voluntad para dar firme testimonio.

En una reunión, el líder halló un pasaje apropiado para mí. “Cuando las personas tienen que ser salvas aún, Satanás interfiere a menudo en sus vidas y hasta las controla. En otras palabras, los que no son salvos son sus prisioneros, no tienen libertad; él no ha renunciado a ellos, no son aptos ni tienen derecho de adorar a Dios, y Satanás los persigue de cerca y los ataca despiadadamente. Esas personas no tienen felicidad ni derecho a una existencia normal, ni dignidad de los que hablar. Sólo serás salvo y libre si te levantas y luchas contra él, usando tu fe en Dios, tu obediencia a Él y tu temor de Él como armas para librar una batalla a vida o muerte contra él, y lo derrotas por completo, haciéndole huir con el rabo entre las patas, acobardado cada vez que te vea, y abandonando completamente sus ataques y sus acusaciones contra ti. Si estás decidido a romper totalmente con Satanás, pero no estás equipado con las armas que te ayudarán a derrotarlo, seguirás estando en peligro; si el tiempo pasa y él te ha torturado tanto que no te queda ni una pizca de fuerza, pero sigues siendo incapaz de dar testimonio, sigues sin liberarte por completo de las acusaciones y los ataques de Satanás contra ti, tendrás poca esperanza de salvación. Al final, cuando se proclame la conclusión de la obra de Dios, seguirás estando en sus garras, incapaz de liberarte, y por tanto no tendrás nunca oportunidad ni esperanza. La implicación es, pues, que esas personas serán totalmente cautivas de Satanás” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras su comunicación, comprendí que el PCCh hacía todo lo posible para perturbar la obra de Dios, incluso engañar a mi familia con toda clase de rumores y ponerlos de su parte para reprimir mi fe. Quería tenerme bajo su firme dominio para que no siguiera a Dios ni tomara la senda correcta, y así acabara en el infierno con ellos. Seguir a Satanás a causa de mi familia, abandonar mi fe y mi deber eso sería caer en los trucos de Satanás. Satanás me atraparía y perdería la oportunidad de ser salvada por Dios. Que mi marido y parientes me trataran como su enemiga solo por creer en Dios significaba que eran marionetas del gran dragón rojo, sin duda alguna. No podía dejar que Satanás se saliera con la suya, tenía que apoyarme en Dios, dar firme testimonio y humillar a Satanás. Al verme tan decidida a seguir a Dios, mi familia pensó que era una causa perdida y aflojaron. Seguí cumpliendo con mi deber.

Fue en agosto de 2018. Yo tenía un deber fuera de la ciudad. Al volver a casa, mi marido me dijo, agitado: “Están buscando a Xiaoyu por creer en Dios Todopoderoso, compartiste el evangelio con ella. La policía vino a mi trabajo. Mi jefe me buscó para preguntarme si teníamos relación con ella y si sabía dónde estaba. Su marido me llama a diario preguntando por ella, dice que su familia se desmoronó porque le predicaste el evangelio. Me paso las noches en vela, con el corazón encogido, preocupado por ti. Temo que un día te arresten. ¿Qué pasaría con nuestro hijo? ¿Cómo nos las arreglaríamos?”. Yo también empecé a sentir ansiedad al escuchar sus palabras. Entonces, se le saltaron las lágrimas y me dijo: “¿Tienes que creer en Dios? ¿De verdad es tan importante para ti? Hoy tienes que tomar una decisión. ¿Elegirás a Dios o a mí, a nuestra familia?”. Me resultó desgarrador y sentía que no podía soportar separarme de ellos. Había vivido más de veinte años con mi marido, pero Dios me dio la vida. Por un momento no supe qué decir. Le oré a Dios enseguida, le pedí que guardara mi corazón. Después de orar, le dije: “Si me obligas a elegir, elijo a Dios”. Me respondió: “Si eliges a Dios, tendremos que divorciarnos. Si me quieres, renuncia a tu fe, y podremos tener una vida feliz juntos”. Yo le repliqué: “Dios creó al hombre, así que el hombre debe seguirlo y adorarlo. He elegido tener fe, seguiré a Dios hasta el final. Eres libre de no tener fe en Dios y no trataré de forzarte, pero mi libertad es también elegir creer en Dios. En cuanto al divorcio, respeto tu decisión”. Puso una cara larga y no dijo nada más.

Cuando nuestro hijo volvió de vacaciones, me dijo: “Papá dice que, si dejas de creer en Dios, no se divorciará de ti, si sigues creyendo, no tendrá más remedio que hacerlo. No quiero que os divorciéis, por favor. Quiero una familia feliz”. Escuchar eso fue como clavarme un cuchillo en el corazón. Pensé que si mi marido insistía en el divorcio, ya no estaríamos juntos los tres, y nuestro hijo no tendría ambos padres sino solo uno… sería un gran golpe para él. Si conservaba mi fe, mi familia se desmoronaba. Me angustiaba mucho esa idea. Entonces, recordé un pasaje de las palabras de Dios. “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. […] Cuando Dios y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? Y ¿cómo deberías mantenerte firme en el testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y es el momento en que Dios necesita que des testimonio” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me hicieron darme cuenta de que mi hijo quería que le proporcionara una familia feliz, pero tras ello estaba la tentación de Satanás. Satanás utilizaba mis emociones para atacarme y hacerme traicionar a Dios, pero Dios probaba así mi fe en Él, para ver si era auténtica y podía mantenerme firme en mi testimonio junto a Dios. Buscando, leí este otro pasaje: “Debes sufrir adversidades por la verdad, debes entregarte a la verdad, debes soportar humillación por la verdad y, para obtener más de la verdad, debes padecer más sufrimiento. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de una vida familiar pacífica y no debes perder la dignidad e integridad de tu vida por el bien de un disfrute momentáneo. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron fuerza y fe. Sabía que debía sufrir por la verdad, tenía sentido. Si abandonaba a Dios por mi familia y tenía una vida vacía bajo el campo de acción de Satanás, perdería mi dignidad. Pensé en cómo el PCCh había utilizado a mi familia para obligarme reiteradamente a renunciar a mi fe. Me sentí negativa y débil, pensé en renunciar a mi deber, transigir con Satanás y no perder a mi familia, pero Dios me apoyó, me esclareció y guio con sus palabras para entender la verdad y descubrir la esencia malvada del PCCh contra Dios, para que así no me engañara más. Fue el amor y la salvación de Dios. No podía traicionar a Dios por sentimentalismo, tenía que buscar la verdad y vivir con sentido. Así que le dije a mi hijo, “Tu padre quiere el divorcio porque teme que mi fe afecte a vuestro futuro. No quiero arrastraros, pero mi fe es la senda correcta y estoy segura de ella. No renunciaré. No soy yo quien destroza a nuestra familia: es el Partido Comunista”. Mi hijo no respondió absolutamente nada.

Al cabo de unos días, mi marido me pidió que firmara los papeles del divorcio. Al ver que 25 años de matrimonio terminaban sin más, sentí un dolor sordo en mi corazón… Orando, dije: “Dios, sé que todo esto ocurre con Tu permiso. Cuida de que pueda mantener firme testimonio”. Luego, me sobrevinieron unas palabras de Dios: “Creyentes e incrédulos no son compatibles, sino que más bien se oponen entre sí”. “Cualquiera que no crea en Dios encarnado es demoniaco y, es más, va a ser destruido. […] Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, cualquiera que no reconoce a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, ¡es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios?” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”). Mi marido me coartó una y otra vez para no perder su estatus, su sustento, y había puesto a todos en mi contra para que no creyera. Quiso el divorcio cuando no pudo convencerme, me forzó a elegir entre Dios y nuestra familia. Decidió seguir al Partido Comunista para salvaguardar sus intereses. Estaba en la senda de la destrucción. Yo elegí seguir a Dios, obtener la verdad y la vida, que es la senda hacia el reino de los cielos. Estábamos en sendas muy diferentes. Estábamos en mundos diferentes, un matrimonio así no puede ser feliz. Al pensarlo, sentí que el divorcio era lo correcto y nos liberaría. Él ya no tendría problemas por mí, y yo cumpliría con mi deber. Firmé el acuerdo de divorcio.

Desde entonces, cumplo el deber de difundir el evangelio en la iglesia, y aunque el PCCh nos persigue por tener fe y cumplir con nuestro deber, y siempre estamos en peligro de ser arrestados o morir, nunca me he arrepentido de mi decisión. ¡Quiero seguir difundiendo el evangelio y seguir a Dios hasta el final!

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