Liberada de los grilletes del hogar

10 Ene 2022

Por Cheng Shi, China

Al poco de recibir la obra de Dios en los últimos días, le prediqué a mi marido. Tras escucharme, me sorprendió que encontrara todo tipo de noticias falsas sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso, bulos y rumores inventados por el PCCh contra la Iglesia de Dios Todopoderoso. Me miró mal y gritó: “¡Mira! Crees en el ‘Relámpago Oriental’, perseguido durante años por el Partido. En cuanto te arresten, te condenarán y enviarán a prisión. ¡No te permitiré creer!”. Y luego rompió mis libros de la palabra de Dios. Me puse furiosa, pero luego pensé que mi marido se oponía a mi fe debido a los rumores del PCCh, pero que acabaría cediendo. Yo tenía claro que creer en Dios era la senda correcta en la vida, jamás renunciaría. Después de eso, me llamaba a diario para controlarme. Yo estaba estudiando un posgrado, así que para evitar su vigilancia, asistía a reuniones cerca de la facultad, y solo volvía los fines de semana. A finales de 2012, el PCCh lanzó una campaña de represión contra la Iglesia de Dios Todopoderoso en Internet, la televisión y los periódicos, había rumores que calumniaban a la Iglesia de Dios Todopoderoso en todos lados, y arrestaban a creyentes en Dios por todas partes. Mi marido temía que me arrestaran, pues podría afectarles a él y su familia, y se volvió cada vez más severo conmigo. Además, amenazaba con divorciarse si seguía creyendo en Dios. Escuchar aquello me molestó mucho. En China, si crees en Dios, te arriesgas a que te arresten, y te persiga tu familia. Nos ponen las cosas muy difíciles. Si nos divorciábamos, ¿qué pasaría con nuestra hija? Aquellos días no puse interés en cumplir con mi deber. Me sentía mal.

Cuando una hermana se enteró de mi estado, me leyó un pasaje de la palabra de Dios. Me resultó muy útil: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Leyendo estas palabras entendí que, desde fuera, el problema parecía el acoso de mi marido, pero en realidad todo era una perturbación de Satanás. Dios quiere salvar a la gente, pero Satanás crea todo tipo de perturbaciones para hacerme traicionar a Dios, perder Su salvación y arrastrarme al infierno. ¡Satanás es muy siniestro y malvado! Le oré a Dios: “Dios, mi estatura es demasiado pequeña, te pido que me des fe. Aunque tenga que divorciarme, no te traicionaré, y no caeré en los planes de Satanás”. Después de orar fue más fácil, y seguí difundiendo el evangelio y cumpliendo mi deber.

En el final de ese año me arrestaron en una reunión. La policía me acusó de “alterar el orden público” y me retuvo 30 días. En el interrogatorio, los agentes de Seguridad Nacional me amenazaron: “Tu facultad sabe que te han arrestado por creer en Dios, y piensan expulsarte. Pero si cooperas y nos dices lo que sabes, hablaremos con el decano y podrás continuar tu posgrado. Piénsalo bien”. Cuando se fueron, miré los fríos barrotes de la celda, y me sentí muy triste y deprimida. Si me expulsaban de la facultad por creer en Dios, sería una cuestión política, una marca en mi expediente estudiantil y policial, ningún hospital me contrataría, mi sueño de ser médica quedaría en nada. Con solo 30 años, se esfumarían mis perspectivas de futuro. ¿Cómo iba a vivir? ¿Cómo afrontaría la discriminación de mi familia y las burlas de mi entorno? No pude comer ni dormir bien durante días. En esos tiempos, le oraba a Dios cada día. Una mañana, entoné sin darme cuenta un himno de la palabra de Dios: “Eres un ser creado, debes por supuesto adorar a Dios y buscar una vida con significado. Como eres un ser humano, ¡te debes gastar para Dios y soportar todo el sufrimiento! El pequeño sufrimiento que estás experimentando ahora, lo debes aceptar con alegría y con confianza y vivir una vida significativa como Job y Pedro. Vosotros sois personas que buscáis la senda correcta, los que buscáis mejorar. Sois personas que os levantáis en la nación del gran dragón rojo, aquellos a quienes Dios llama justos. ¿No es eso la vida con más sentido?” (‘La vida más significativa’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Mientras cantaba, me sentí muy conmovida, y no pude contener las lágrimas. Soy un ser creado, debo creer en Dios y adorarlo. Hacerlo es lo natural y correcto. Dios ordenó que naciera en una familia creyente para que conociera Su existencia desde niña. En los últimos días, Dios me permitió escuchar la voz del Señor y recibirlo, recibir el suministro de Su palabra, aceptar su juicio y purificación, y recibir Su salvación. ¡Es una bendición increíble! Pensé en cuántas generaciones de personas han seguido a Dios. Sufrieron persecución y dificultades para difundir el evangelio, y muchos entregaron sus vidas. Todos ellos crearon un hermoso y rotundo testimonio para Dios. Me resultó muy inspirador. Pensé: “Si renuncio a creer en Dios para proteger mi futuro, ¿tengo conciencia? ¿Soy digna de llamarme humana?”. Ese pensamiento me dio fuerzas, y juré que me expulsaran o no, fuera cual fuera mi futuro, aunque la gente me rechazara o calumniara, no traicionaría a Dios, y sería firme en el testimonio. En mi último interrogatorio, les dije calmada: “Si me expulsan de la facultad, solo pido que le digan a mi marido que recoja mis cosas”. Al verme tan decidida, los policías se marcharon, desanimados. Estaba muy agradecida a Dios.

Después de salir libre y volver a casa, me dijo enfadado: “Me han dicho que si te arrestan de nuevo por creer en Dios, no será solo un mes de detención. Nos afectará a mí y a nuestra hija. No podrá ir a la universidad, tener un buen empleo ni trabajar en la administración. ¿No lo entiendes? Yo también he sufrido este mes que has pasado detenida por tu fe. He llorado muchas veces. Casi tengo un accidente de coche. He estado suplicando y avergonzándome para poder sacarte de la cárcel. No pienso volver a sufrir así”. Además, me pidió que dejara de creer y pensara más en mi familia. Para evitar que me pusiera en contacto con mis hermanos y hermanas, me vigilaba como a un criminal. No me dejaba salir de casa, no tenía ninguna independencia. Cuando se iba a trabajar, me vigilaba su madre. Me llamaba sin parar para saber dónde estaba y qué estaba haciendo. Me hablaba sin cesar de los movimientos revolucionarios del PCCh y de sus violentos correctivos, para que supiera las consecuencias de desobedecer y me olvidara de mi fe en Dios. También me dijo: “Sé que los rumores del PCCh sobre tu iglesia son falsos. Quieres creer en Dios y ellos no lo permiten. Pero si desobedeces, te arruinan la vida. Mira la gente que murió en la Revolución Cultural y el 4 de junio. Si ofendes al PCCh, ni siquiera puedes huir al extranjero”. Mi suegra añadió: “El PCCh no es bueno, pero tiene el poder. Somos gente corriente, no tenemos fuerza para oponernos a ellos”. Después, me expulsaron por mi fe en Dios, y mi marido culpó a mi fe de todo lo malo que le ocurría a nuestra familia. Cuando algo le molestaba, me regañaba y se burlaba de mí. Esa clase de vida me dejaba muy deprimida, y además no podía leer la palabra de Dios ni contactar con mis hermanos y hermanas; estaba muy triste, y no sabía cuándo acabarían esos días.

A menudo le oraba a Dios para que me esclareciera, me guiara y me permitiera comprender Su voluntad. Un día recordé un pasaje de la palabra de Dios: “Tal vez todos recordáis estas palabras: ‘Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación’. Todos habéis oído estas palabras antes, sin embargo, ninguno de vosotros comprendió su verdadero significado. Hoy, sois profundamente conscientes de su verdadero sentido. Dios cumplirá estas palabras durante los últimos días y se cumplirán en aquellos que han sido brutalmente perseguidos por el gran dragón rojo en la tierra donde yace enroscado. El gran dragón rojo persigue a Dios y es Su enemigo, y por lo tanto, en esta tierra, los que creen en Dios son sometidos a humillación y opresión y, como resultado, estas palabras se cumplirán en este grupo de personas, vosotros. Al embarcarse en una tierra que se opone a Dios, toda Su obra se enfrenta a tremendos obstáculos y cumplir muchas de Sus palabras lleva tiempo; así, la gente es refinada a causa de las palabras de Dios, lo que también forma parte del sufrimiento. Es tremendamente difícil para Dios llevar a cabo Su obra en la tierra del gran dragón rojo, pero es a través de esta dificultad que Dios realiza una etapa de Su obra, para manifestar Su sabiduría y acciones maravillosas, y usa esta oportunidad para hacer que este grupo de personas sean completadas” (‘¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sí, en las palabras de Dios entendí que el gran dragón rojo odia a Dios y se opone a Él ferozmente, y, como creyentes, debemos sufrir mucho en China, pero todo tiene un sentido. Dios usa ese sufrimiento para perfeccionar nuestra fe y darnos discernimiento. El PCCh me detuvo solo por creer en Dios, hizo que me expulsaran, usó el futuro de mi familia para obligarme a renunciar al camino verdadero. ¡El PCCh es malvado! Mi marido trató de impedir que creyera en Dios porque creía las mentiras del PCCh y temía sus represalias. Al vivir en persona la persecución del PCCh pude ver su esencia demoníaca, que es malvado y odia la verdad. Pensé: “Cuanto más me persiga el PCCh, más lo rechazaré, y más seguiré a Dios hasta el final. Aunque no podía leer la palabra de Dios ni hablar con mis hermanos y hermanas, Dios es fiel y me abriría una senda”.

Diez meses después, pude contactar con ella. Cuando pude volver a leer la palabra de Dios, me emocioné y sentí aún más su preciosidad. Cuanto más leía, mejor me sentía. Varios meses después, mi marido encontró el devocionario. Al ver que seguía creyendo en Dios, perdió el control, me tiró al suelo de un puñetazo y luego me golpeó muchas veces en la cabeza. Me quedé medio inconsciente, y tenía chichones enormes. Recuerdo la furia en la cara de mi marido y a mi hija de 6 años muy asustada, sollozando: “¡No pegues a mamá! ¡No le pegues!” Mi marido me agarró de la camisa y me echó de casa: “¡Si sigues creyendo en Dios, vete de mi casa!” Al observar el cambio de mi marido, tan despiadado, olvidando tantos años juntos, sentí que se me rompía el corazón. Lo más insoportable fue notar el miedo de mi hija ante su temperamento. Cuando se acercaba a mí, la niña pensaba que iba a pegarme, se ponía delante para protegerme con sus bracitos y decía: “¡Aléjate de mamá!”. A veces, si yo estaba arriba, cuando él se acercaba a la escalera, mi hija le gritaba que no subiera. Cada vez que veía su carita con tanto miedo y ansiedad, el daño psicológico de la violencia doméstica siendo tan pequeña, era como un cuchillo en mi corazón, y odiaba aún más al gran dragón rojo. Todo era por culpa de la persecución del Partido Comunista.

Un día, mi marido regresó del trabajo, sacó su móvil y dijo, enfadado: “Mira, el PCCh está arrestando a mucha gente. ¿Aún quieres tener fe? ¿Quieres morir? Si quieres creer en Dios, no nos arrastres a mí y a nuestra hija. Si te vuelven a arrestar, nos harán la vida imposible. No me habría casado contigo si hubiera sabido que tomarías la senda de creer en Dios”. Eso me hirió profundamente. Recordé cuando me había quitado la libertad como a un criminal solo por creer en Dios, las frecuentes palizas, y el daño que eso causaba a mi hija, y entendí que ya no podía aceptar eso, así que acepté su petición de divorcio. Cuando vio que insistía en mi fe en Dios, llamó a mi hermano para que me convenciera. Mi hermano siempre me quiso y estuvo orgulloso de mí, pero como el Partido me arrestó, me expulsaron de la facultad y no pude continuar mi posgrado. Si además me divorciaba, me convertiría en el hazmerreír del pueblo. Decepcionaría mucho a mi hermano. No sabía cómo enfrentarme a él, clamé la protección de Dios para mantenerme firme en el testimonio y nunca dar por perdida mi fe en Él, pasara lo que pasara. Entonces, recordé un pasaje de la palabra de Dios: “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes que no creen. Sin embargo, por Mi bien, tampoco debes ceder a ninguna fuerza oscura. Confía en Mi sabiduría para caminar el camino perfecto; no permitas que ninguna de las conspiraciones de Satanás se apodere de ti” (‘Capítulo 10’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Cierto. Dios creó a la humanidad, y seguirlo es lo natural y correcto. Debemos persistir en la elección de nuestra senda, y no dejarnos engañar por Satanás. Ni las personas más cercanas pueden interferir. Entonces, delante de mi hermano, mi marido culpó de todo a mi fe en Dios. Al verme tan tranquila, levantó la mano para golpearme, pero mi hermano lo detuvo. Mi hermano me dijo, calmado: “Eres adulta y puedes tomar tus propias decisiones. Pero debes pensar qué le pasará a tu hija si te divorcias. Piensa en lo que le pasó a la mía, y lo que puede pasarle a la tuya”. Sus palabras me entristecieron un momento, porque pensé en su divorcio y en cómo el entorno despreciaba y ridiculizaba a su hija. Es una pena que una niña se quede sin madre. Pensé: “Si me divorcio, ¿se quedará mi hija sin madre? ¿Sufrirá la discriminación de sus maestros y compañeros? Sin mí a su lado, viviendo con su padre y sus abuelos incrédulos, ¿podrá recorrer la senda de la fe en Dios?”. Pensé en lo pequeña que era, no podría soportar separarme de ella.

Me sentí muy triste en aquel momento, así que le oré a Dios: “Dios, no puedo abandonarla. Me apena pensar en su futuro. Esclaréceme, guíame y protégeme”. Luego hallé una senda de práctica en dos pasajes de la palabra de Dios. “Además del nacimiento y la crianza, la responsabilidad de los padres en la vida de sus hijos es simplemente proveerle un entorno formal para que crezca en él, porque nada excepto la predestinación del Creador tiene influencia sobre el destino de la persona. Nadie puede controlar qué clase de futuro tendrá una persona; se ha predeterminado con mucha antelación, y ni siquiera los padres de uno pueden cambiar su destino. En lo que respecta a este, todo el mundo es independiente, y tiene el suyo propio. Por tanto, los padres no pueden evitar el destino de uno ni ejercer la más mínima influencia sobre el papel que uno desempeña en la vida. […] Los padres no pueden ayudarle en el cumplimiento de su misión ni tampoco puede ningún familiar ayudarle a asumir su papel en la vida. Cómo cumple uno su misión y en qué tipo de entorno desempeña su papel viene determinado por su destino de uno en la vida. En otras palabras, ninguna otra condición objetiva puede influenciar la misión de una persona, que es predestinada por el Creador. Todas las personas maduran en el entorno particular en el que crecen, y después poco a poco, paso a paso, emprenden sus propios caminos en la vida y cumplen los destinos planeados para ellas por el Creador. De manera natural e involuntaria entran en el inmenso mar de la humanidad y asumen sus propios puestos en la vida, donde comienzan a cumplir con sus responsabilidades como seres creados por causa de la predestinación y la soberanía del Creador” (‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Hay otro pasaje. “Los planes y las fantasías de las personas son perfectos; ¿no saben que el número de hijos que tienen, el aspecto de sus hijos, sus capacidades, etc., no es algo que ellos puedan decidir, que ni un poco de los destinos de sus hijos está en sus manos? Los humanos no son señores de su propio destino, pero esperan cambiar los destinos de la generación más joven; no tienen poder para escapar de sus propios destinos, pero intentan controlar los de sus hijos e hijas. ¿No están sobrevalorándose? ¿No es esto insensatez e ignorancia humanas?” (‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sí, Dios creó y tiene soberanía sobre todo, y el destino de las personas está en Sus manos. Los padres solo crían a los hijos, no pueden cambiar su destino. Siempre pensé que podía controlar la vida de mi hija, que hallaría la felicidad mientras yo estuviera a su lado y la llevaría por la senda de la fe en Dios. Pero yo ni siquiera controlaba mi destino, así que, ¿cómo iba a controlar el de mi hija? Mi hija cayó enferma y se desmayó unos días antes, y yo no pude ayudarla ni aliviar su dolor, solo quedarme mirando. Solo podía rogarle a Dios que la protegiera. Una vez tropezó y casi se cayó por un acantilado. Yo no pude hacer nada. Se salvó por un milagroso tronco que había en el filo. Todo eso me hizo comprender que aunque cuidara de mi hija lo mejor posible, las enfermedades o desgracias eran inevitables. Cuando entendí esto, sentí una gran liberación. Debía poner la vida de mi hija en manos de Dios, obedecer Su soberanía y arreglos. Como ser creado, era lo que debía hacer.

Cuando mi marido vio que insistía en mi fe, quiso divorciarse. Me echó de casa sin nada y se negó a darme la custodia de nuestra hija. Hasta quería prohibirme las visitas. Cuando le pregunté por la división de bienes, intentó golpearme con un termo de acero en la cabeza. Me protegí con las manos pero me magullé las muñecas, no pude cargar nada pesado durante dos meses. Me golpeó varias veces en la espalda, estuve más de un mes con una fuerte tos. Después, se apropió de los cientos de miles que tenía ahorrados. Me dijo: “Crees en Dios, ¿no? Acude a Él para que te alimente y te vista”. Al ver que era tan poco razonable, recordé las palabras de Dios: “Si un hombre se enfurece y entra en cólera cuando se menciona a Dios, ¿acaso lo ha visto? ¿Sabe quién es? No sabe quién es Dios, no cree en Él, y Dios no le ha hablado. Él nunca le ha molestado; ¿por qué se enfada entonces? ¿Podríamos decir que esta persona es mala? Las tendencias mundanas, comer, beber, la búsqueda del placer y perseguir a personas famosas son cosas que no molestarían a un hombre así. Sin embargo, la sola mención de la palabra ‘Dios’ o de la verdad de las palabras de Dios le hace entrar en cólera, ¿no se considera esto tener una naturaleza malvada? Esto es suficiente para probar que esta es la naturaleza malvada del hombre” (‘Dios mismo, el único V’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios expusieron la naturaleza malvada de mi esposo. Recordé: Cuando se enteró de que creía en Dios Todopoderoso, fue muy hostil, incluso rompió mis libros de la palabra de Dios. Luego trató de impedir que creyera y me pidió el divorcio. Tras ser liberada de mi arresto, me trató como una prisionera, me privó de libertad, y a menudo me golpeaba con saña. A veces parecía que quería matarme. Cuando nos divorciamos, se apropió de mis bienes, para desesperarme y complicarme la vida. Pretendía hacerme traicionar a Dios. Ahora veía claro la naturaleza y esencia de mi marido. Era un demonio que odia y se opone a Dios. No teníamos nada en común, no tendría libertad viviendo con él, entre golpes y restricciones. ¿Cómo iba a ser eso un hogar? No eran más que grilletes. Era un infierno.

Tras el divorcio, ya no estuve controlada por mi marido. Asumía deberes de la iglesia y leía las palabras de Dios con normalidad. Sentí una profunda sensación de tranquilidad y liberación, y le agradecí a Dios haberme salvado.

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