Estoy decidida en este sendero

10 Ene 2022

Por Han Chen, China

Hace unos años fui arrestada por predicar el evangelio. El Partido Comunista me sentenció a tres años por “usar un grupo xie jiao para socavar la ley”. Cuando salí, pensé que podría asistir a reuniones y retomar mis deberes, pero la policía me siguió vigilando y limitando mi libertad. Cuando fui a la comisaría con mis padres para registrar mi residencia, el oficial que me asignaron me dijo muy amenazante: “Si quieres salir del área, debes reportarte conmigo, y tienes prohibido salir de la ciudad o ir al extranjero por cinco años. Tampoco puedes practicar tu fe. Si vuelves a reuniones religiosas, te meteré de nuevo a la prisión y ya no podrás salir”. Temiendo que me volvieran a arrestar, mis padres le pidieron a mi hermana que me vigilara para no leer las palabras de Dios ni reunirme con los hermanos. Mi hermana me consiguió un empleo como vendedora de mostrador, y si un día salía tarde, me llamaba para preguntar: “¿Dónde estás? Ya deberías haber llegado”. Una vez, cuando yo leía las palabras de Dios en mi tableta, mi hermana me vio y me regañó por estar leyendo las palabras de Dios, e incluso intentó arrebatármela. De inmediato le dije que estaba leyendo una novela, y me dejó en paz. Después de eso, sólo podía leer debajo de las sábanas, después de que ella se dormía, y me escapaba a las reuniones después de trabajar.

Una vez, mi hermana encontró unas palabras de Dios que yo había copiado y me cuestionó: “¿Aún tienes fe y vas a las reuniones?”. Y yo le respondí molesta: “Tener fe y alabar a Dios es correcto y natural. Debes dejarme en paz”. Ella fue corriendo a llamar a nuestra hermana mayor, quien llegó y me dio una bofetada en cuanto cruzó la puerta, gritándome: “¿Cómo te atreves a seguir creyendo? Fue por tu fe que terminaste en la prisión. Mamá estuvo llorando por ti casi todos los días. Si vuelves a hacer que te encierren, piensa en lo que ella sufrirá. ¿No puedes olvidar eso de Dios para que ella esté tranquila?”. Escucharla decir eso fue casi insoportable, y se me llenaron los ojos de lágrimas. Mi madre siempre fue amorosa conmigo y yo ahora la hacía sufrir. Si me volvían a arrestar, ¿ella podría soportarlo? Sentí algo de debilidad, y oré a Dios para que protegiera mi corazón. Más tarde, vi esto en las palabras de Dios. “Dios creó este mundo y trajo a él al hombre, un ser vivo al que le otorgó la vida. Después, el hombre tuvo padres y parientes y ya no estuvo solo. Desde que el hombre puso los ojos por primera vez en este mundo material, estuvo destinado a existir dentro de la predestinación de Dios. El aliento de vida proveniente de Dios sostiene a cada ser vivo hasta llegar a la adultez” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Sí, todo mi aliento viene de Dios. Él estuvo cuidándome y protegiéndome mientras yo crecía. Las personas que estuvieron ayudándome, y en especial el amor y cariño de mis padres, todos fueron dispuestos por Dios. Debía agradecer y corresponder el amor de Dios. Sería totalmente inconcebible negar a Dios o traicionarlo. Volví a pensar en cómo fui encarcelada por creer en Dios. Eso estresó a mi madre y deterioró su salud. Pero, ¿no fue más bien culpa del Partido Comunista? Si ellos no me hubieran perseguido y arrestado, mis padres no tendrían nada que temer. El Partido Comunista quiere que traicione a Dios. No permitiré que triunfen sus planes. Pensando esto, mi determinación se restauró, y supe que tenía que creer en Dios aunque mi familia se interpusiera. Más tarde, seguí asistiendo a las reuniones y predicando el evangelio.

Una mañana de febrero de 2017, me preparaba para ir a trabajar, y recibí la llamada de un número desconocido. Me dijo: “Soy de la Comisión de Asuntos Políticos. Tiene que venir a firmar una declaración en la que niega creer en Dios. Los demás creyentes liberados de prisión ya firmaron. Sólo falta usted”. Escuchar esto me puso muy furiosa. Solo asisto a las reuniones y leo las palabras de Dios, pero me metieron a prisión por ello; me torturaron y quisieron lavarme el cerebro. y ahora que estaba afuera seguían controlándome, impidiéndome practicar mi fe, y forzándome a rechazarla por escrito. Son despreciables y malvados. Pero luego pensé, si le digo que no voy a firmar, ¿serán capaces de ir por mí hasta mi trabajo para llevarme de nuevo a la prisión? Yo no quería volver a la cárcel a vivir una vida inhumana. Así que le dije: “Estaré muy ocupada en el trabajo en estos días, pero iré cuando tenga tiempo”. Para mi sorpresa, al día siguiente recibí un mensaje de la misma persona diciendo: “Ya tenemos su tarjeta de Seguro Médico. Tiene que venir hoy por ella”. Cuando vi ese mensaje, me puse a pensar: “Yo jamás solicité esa tarjeta. ¿Será uno de los trucos de Satanás?”. Pensé en algo que dijo Dios: “Debéis estar despiertos y esperando en todo momento, y debéis orar más delante de Mí. Debéis reconocer las diversas tramas y argucias engañosas de Satanás, reconocer los espíritus, conocer a la gente y ser capaces de discernir todo tipo de personas, sucesos y cosas” (‘Capítulo 17’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me recordaron que Satanás tiene muchos trucos. Al decir que ya habían firmado todos los creyentes que habían sido arrestados, excepto yo, sólo trataban de engañarme. Como ese truco falló, usaron lo del seguro médico. De verdad son muy astutos. Al pensar en todo eso, decidí no ir.

A la mañana siguiente, mi padre fue a mi trabajo y me dijo: “Ayer recibí una llamada. El jefe de Asuntos Políticos me citó en su oficina. Dice que te investigan para ver si sigues practicando tu fe, pero que si firmas la declaración en la que niegas que lo haces, podrás llevar una vida como todos los demás, y nadie estará buscándote ni vigilándote. Pero si no firmas, van a arrestarte de nuevo para enviarte a prisión. Escúchame, renuncia a tu fe y simplemente ve a firmar”. Yo estaba indignada y disgustada por escuchar eso. Le dije a mi padre: “Papá, tú sabes que creer en Dios es el camino correcto. En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa la verdad para purificar y salvar a las personas de la corrupción y los desastres. Sin embargo, el Partido Comunista arresta y persigue rabiosamente a los creyentes, obligándolos a traicionar a Dios para que vayan al infierno con él. Firmar esa declaración sería como traicionar a Dios El final llegará inevitablemente y terminaré siendo eliminada. Así que no puedo firmar eso”. Mi padre, muy alterado me dijo: “Si no firmas eso, la policía va a llevarte de nuevo a la prisión. ¿De verdad quieres volver allá para sufrir? Aun si no te importa lo que a ti te ocurra, ¿qué me dices de tu hermana menor? El partido persigue a toda la familia de un creyente. Tu hermana mayor se graduó de la escuela normal y podría estar trabajando en una buena primaria. pero por tu fe no obtuvo la aprobación política. Tu prima tuvo que mover influencias y pagar dinero para ubicarla en una escuela ordinaria. Y tu primo que iba a trabajar en el servicio público tampoco fue aceptado porque tu abuela es creyente. Tu hermana menor también se va a graduar y va a buscar trabajo, pero si no firmas, no obtendrá la aprobación política y no conseguirá un buen empleo. ¿No ves que arruinas el futuro de tu hermana? Ahora escúchame, aprieta los dientes y firma. ¿No puedes creer en secreto simplemente? ¿Por qué eres tan obstinada?”. Al ver el rostro demacrado de mi padre con lágrimas en sus ojos, tan ansioso que tenía la boca reseca, me sentí terrible y en conflicto. Si firmaba, traicionaría a Dios y quedaría con la marca de la bestia. Quedaría capturada por Satanás sin esperanza de salvación. Pero si no firmaba, me enviarían a prisión donde sería torturada de nuevo. Haciendo de lado el sufrimiento, ¿qué tal si me golpeaban hasta morir? Y si mi hermana no obtenía la aprobación política, eso afectaría su futuro. Mi familia me odiaría por siempre. Pensar en todo eso era como una daga en el corazón. No sabía qué hacer. Y le dije a mi padre, “Déjame pensarlo”. Cuando se fue, le oré a Dios a través de mi llanto: “Dios, temo que la policía me lleve a prisión y me torturen de nuevo, y me preocupa arrastrar a mi familia. Estoy sintiéndome débil. Dios, dame fuerza y guíame para ser firme en mi testimonio”.

Después de orar encontré unas palabras de Dios. “Cuando las personas tienen que ser salvas aún, Satanás interfiere a menudo en sus vidas y hasta las controla. En otras palabras, los que no son salvos son sus prisioneros, no tienen libertad; él no ha renunciado a ellos, no son aptos ni tienen derecho de adorar a Dios, y Satanás los persigue de cerca y los ataca despiadadamente. Esas personas no tienen felicidad ni derecho a una existencia normal, ni dignidad de los que hablar. Sólo serás salvo y libre si te levantas y luchas contra él, usando tu fe en Dios, tu obediencia a Él y tu temor de Él como armas para librar una batalla a vida o muerte contra él, y lo derrotas por completo, haciéndole huir con el rabo entre las patas, acobardado cada vez que te vea, y abandonando completamente sus ataques y sus acusaciones contra ti. Si estás decidido a romper totalmente con Satanás, pero no estás equipado con las armas que te ayudarán a derrotarlo, seguirás estando en peligro; si el tiempo pasa y él te ha torturado tanto que no te queda ni una pizca de fuerza, pero sigues siendo incapaz de dar testimonio, sigues sin liberarte por completo de las acusaciones y los ataques de Satanás contra ti, tendrás poca esperanza de salvación. Al final, cuando se proclame la conclusión de la obra de Dios, seguirás estando en sus garras, incapaz de liberarte, y por tanto no tendrás nunca oportunidad ni esperanza. La implicación es, pues, que esas personas serán totalmente cautivas de Satanás” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). Con estas palabras de Dios, me di cuenta de que la interferencia del partido y mi familia, eran tentaciones y ataques de Satanás. Recordé cuando Job fue tentado por Satanás. Todo lo que él poseía le fue robado, incluso perdió a sus hijos. su cuerpo estaba cubierto por llagas, su propia esposa le dijo que abandonara a Dios y muriera, pero Job mantuvo su testimonio, confiado en su fe y su veneración a Dios. Nunca se quejó de Dios y jamás lo negó. Incluso lo alababa diciendo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* Job triunfó sobre las tentaciones de Satanás, y fue testimonio para Dios. Después de vencer a Satanás, Job se volvió un hombre libre. Después de que salí de prisión, el partido usaba a mi familia para hacerme firmar la renuncia de mi fe. Cada intento era una tentación y un ataque de Satanás. Satanás usaba mi amor por mi familia para hacerme traicionar a Dios. Si por mi familia y cosas de la carne, yo traicionaba a Dios, ¿no sería cautiva de Satanás? Yo no iba a caer en sus trucos. Igual que Job, mantendría mi testimonio para humillar a Satanás.

Después, vi el video de una lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Independientemente de lo ‘poderoso’, lo audaz y ambicioso que sea Satanás, de lo grande que sea su capacidad de infligir daño, del amplio espectro de las técnicas con las que corrompe y atrae al hombre, lo ingeniosos que sean los trucos y las artimañas con las que intimida al hombre y de lo cambiante que sea la forma en la que existe, nunca ha sido capaz de crear una simple cosa viva ni de establecer leyes o normas para la existencia de todas las cosas, ni de gobernar y controlar ningún objeto, animado o inanimado. En el cosmos y el firmamento no existe una sola persona u objeto que hayan nacido de él, o que existan por él; no hay una sola persona u objeto gobernados o controlados por él. Por el contrario, no sólo tiene que vivir bajo el dominio de Dios, sino que, además, debe obedecer todas Sus órdenes y Sus mandatos. Sin el permiso divino, le resulta difícil incluso tocar una gota de agua o un grano de arena sobre la tierra; ni siquiera es libre para mover a las hormigas sobre la tierra, y mucho menos a la humanidad creada por Dios. A los ojos de Dios, Satanás es inferior a los lirios del campo, a las aves que vuelan en el aire, a los peces del mar y a los gusanos de la tierra. Su papel, entre todas las cosas, es servirlas, trabajar para la humanidad, y servir a la obra de Dios y Su plan de gestión. Independientemente de lo maligna que es su naturaleza y lo malvado de su esencia, lo único que puede hacer es respetar sumisamente su función: estar al servicio de Dios, y proveer un contraste para Él. Tales son la sustancia y la posición de Satanás. Su esencia está desconectada de la vida, del poder, de la autoridad; ¡es un simple juguete en las manos de Dios, tan sólo una máquina a Su servicio!” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me dio algo de entendimiento sobre la soberanía y autoridad de Dios. No importa lo violento que sea Satanás, sólo es un peón en las manos de Dios, una herramienta a Su servicio. Recordando mi arresto y tortura en manos del partido comunista, cuando mi carne era débil, las palabras de Dios reforzaron mi fe y así superé toda dificultad. Cuando salí de prisión, el partido siguió monitoreándome. Y mi familia, llevada por sus rumores, también me vigilaba. Pero a través de las palabras de Dios, entendí algunas verdades. Vencí todas las tentaciones y mi decisión de seguir a Dios se fortaleció. Vi que Satanás sólo es una herramienta de Dios para perfeccionar a Su pueblo elegido. Yo no tenía nada que temer. Dios gobierna todo. Se encarga del destino de las personas. Mi vida y muerte están en Sus manos y no las decide nadie más. Cualquiera que sea el empleo y el futuro de mi hermana, son cosas determinadas por Dios. En el partido no pueden ni controlar su propio destino; ¿cómo podrían controlar mi vida y el futuro de mi hermana? Incluso si yo volviera a ser arrestada y torturada por la policía, sería porque Dios lo permitió. Y confiando en Dios, yo mantendría mi testimonio. Si sólo me importara mi vida y los intereses de mi familia, y firmara ese papel traicionando a Dios, sería una marca de vergüenza. Aún si viviera, sería un cadáver andante. Con todo eso en mente, me armé de valor para resistir las tentaciones de Satanás, y humillarlo manteniendo mi testimonio.

Cuando llegué a casa esa noche, mi hermana mayor me gritó: “La Comisión de Asuntos Políticos te dio hasta el día de mañana. ¿Vas a ir a firmar o no? Mamá y papá se hacen viejos, y siempre se preocupan por ti. Cuando estuviste en la cárcel ellos apenas podían comer y dormir. Saliste, pero aún eres creyente, y eso los tiene viviendo con el corazón en la garganta. ¿No te importa que vivan así? ¿No tienes conciencia, hermana? ¿Acaso te vas a morir si firmas ese papel?”. Vi de nuevo que Satanás me atacaba usando a mi familia. Y pensé en las palabras de Dios. “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes que no creen. Sin embargo, por Mi bien, tampoco debes ceder a ninguna fuerza oscura. Confía en Mi sabiduría para caminar el camino perfecto; no permitas que ninguna de las conspiraciones de Satanás se apodere de ti. Dedica todos tus esfuerzos a poner tu corazón delante de Mí y Yo te consolaré y te traeré paz y felicidad. No te esfuerces por ser de cierta manera delante de otras personas; ¿acaso no tiene más valor y peso satisfacerme a mí? Al hacerlo, ¿no estarás aún más lleno de paz y felicidad eternas y duraderas?” (‘Capítulo 10’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Sabía que mi creencia en Dios era el sendero correcto. Y tenía que ser fiel a Él, sin importar lo que pudiera pasar. El partido presionaba a mi familia para alejarme de mi fe. Esto me demostró que el Partido Comunista odia la verdad y es enemigo de Dios. Sentí desprecio por ellos de todo corazón. Dios también estaba probando mi fe y mi devoción por Él bajo estas condiciones. Aun sin el apoyo y la comprensión de los demás, debía ser firme en el testimonio y humillar a Satanás. Cuando pensé esto, le dije a mi hermana: “Si mamá y papá no duermen ni comen bien y siempre se preocupan, ¿quién tiene la culpa de ello? ¿No te parece que es culpa del partido? Creer en Dios y ser buena persona es correcto y natural. Pero el partido no solamente me arrestó, también nos dejó sin salida involucrando a toda nuestra familia. El partido es el culpable”. En ese momento, mi otra hermana llamó pidiendo una respuesta. “¿Irás a firmar mañana? ¿sí o no? Solamente tienes dos opciones. O firmas el papel jurando que no crees en Dios, y sigues trabajando y ganando dinero, o no lo firmas y te vas a prisión”. Le respondí con firmeza: “Aunque deba volver a la cárcel, jamás firmaré ese papel”. Me colgó el teléfono furiosa y mi otra hermana me ignoró.

Después, fui transferida a otro pueblo. Me liberé de las ataduras de Satanás, y me entregué a Dios en cuerpo y alma. Eso fue hace ya tres años. Cuando recuerdo toda esa experiencia siento una gran calma en mi corazón. Siento que fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Y no me arrepiento de ello.

La cita bíblica marcada (*) ha sido traducida de AKJV.

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