Mi pastor se interpuso entre el reino de Dios y yo

20 Ene 2022

Por Ruan Wenshan, Vietnam

En noviembre de 2020, un hermano me invitó a una reunión virtual. A mi parecer, como en mi iglesia siempre oía los mismos sermones, que no aportaban sustento espiritual, tal vez fuera mejor el servicio de un pastor extranjero por internet. Accedí con mucho gusto. En pocos días de enseñanzas, aprendí que el Señor Jesús ha regresado, y está expresando verdades y realizando la obra del juicio de los últimos días. Ha venido a purificar y salvar a la humanidad para que nos libremos de las ataduras del pecado, a convertirnos en personas que se sometan y adoren sinceramente a Dios y a llevarnos a Su reino. Los sermones eran una maravilla y sobre cosas que nunca había oído, con mucho esclarecimiento nuevo que me alimentaba de veras. Lo compartí todo con un hermano de quien era pariente lejano, pero, sorprendentemente, no solo se negó a escuchar, sino que se lo contó todo a mi pastor.

El pastor envió a tres líderes de la iglesia a mi casa para informarse sobre mis reuniones virtuales, de qué denominación eran y de dónde provenía el pastor. Les dije: “No es una denominación. El Señor Jesús ha vuelto y está realizando la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. He leído muchas palabras de Dios Todopoderoso. Nos narra con gran claridad la raíz de la pecaminosidad del hombre, cómo librarnos de pecado y purificarnos, y también tiene mucho esclarecimiento lo que hablan los hermanos y hermanas”. Sin embargo, los líderes replicaron: “Da igual lo buenos que sean los sermones. Toda noticia del regreso del Señor es falsa, ya que, según la Biblia, ‘Entonces si alguno os dice: “Mirad, aquí está el Cristo”, o “Allí está”, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos’ (Mateo 24:23-24). El Señor Jesús nos dijo claramente que surgirían falsos Cristos en los últimos días, por lo que ha de ser falsa toda fe que afirme que el Señor ha vuelto. ¿Cómo has podido hacerles caso?”. Cuando dijeron esto, pensé que el Señor Jesús había expresado aquello para que discerniéramos a los falsos Cristos, no para prevenirnos tanto que ni siquiera recibiéramos el regreso del Señor. En las reuniones virtuales, el hermano Chen, de la Iglesia de Dios Todopoderoso, había compartido verdades sobre cómo discernir a los falsos Cristos y algunas palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Si durante la época actual emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería una falsificación producida por espíritus malignos que imitan a Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá. La obra de Dios es irreconciliable con las nociones del hombre; por ejemplo, el Antiguo Testamento predijo la venida de un Mesías, y el resultado de esta profecía fue la venida de Jesús. Como esto ya había ocurrido, sería erróneo que viniera otro Mesías de nuevo. Jesús ya ha venido una vez, y sería incorrecto que viniera de nuevo en esta ocasión. Hay un nombre para cada era, y cada nombre contiene una caracterización de esa era. En las nociones del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar a los enfermos y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús. Pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara a los enfermos —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría importancia ni valor. Así pues, Dios lleva a cabo una etapa de la obra en cada era. Una vez completada cada etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan pronto, y después de que Satanás empieza a pisarle los talones a Dios, este cambia a un método diferente. Una vez que Dios ha completado una etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan. Debéis tener claro esto” (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”). Su enseñanza me ayudó a entender que, cuando el Señor Jesús dijo “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios”, se refería a que los falsos Cristos extravían a la gente con señales y prodigios. Así pues, quien muestre señales y prodigios y se denomine Dios ha de ser un falso Cristo, un espíritu maligno, pues Dios es siempre nuevo, nunca viejo, y jamás repite Su obra. Cuando vuelva el Señor, no va a realizar la misma obra que en la Era de la Gracia. Dios Todopoderoso no muestra señales y prodigios en los últimos días, sino que expresa verdades para realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, para purificar y salvar al hombre. Dios Todopoderoso ha expresado muchísimas verdades; Él es Cristo, el regreso del Señor Jesús. Por tanto, yo contraataqué: “El Señor Jesús dijo eso para que discernamos a los falsos Cristos. Cristo es el único capaz de expresar la verdad y realizar la obra de salvación, pero los falsos Cristos son espíritus malignos y no pueden expresar la verdad. Solamente imitan la obra previa de Dios y muestran señales y prodigios sencillos para engañar a la gente. El Señor Jesús afirmó que volvería y nos mandó estar alerta y aguardar. Seguro que hay quienes anuncian Su regreso, por lo que, si ustedes alegan que todo eso es falso, ¿no terminarán condenando el regreso del Señor?”. Al no saber qué responder a eso, se limitaron a amenazarme diciéndome que, de seguir asistiendo yo a esas reuniones virtuales, mi familia no recibiría ayuda de ellos. En Vietnam pedimos a los pastores que oren por todo, sea grande o pequeño. Si fallece alguien o se produce algún otro acontecimiento vital, los pastores siempre ayudan. Si no van ellos, tampoco va nadie más a ayudar. Por eso me preocupó bastante que dijeran que ya no ayudarían más. Me preocupaba que, si de verdad sucedía algo en nuestra familia, nadie nos ayudaría, y que nos resultaría difícil lidiar con los problemas de la vida. No obstante, luego pensé que, a lo largo de aquellas reuniones virtuales, había descubierto que las palabras de Dios Todopoderoso son toda la verdad, que todas son de Dios. Para mí, era probable que Él fuera el regreso del Señor Jesús. ¿Y si hacía caso a los líderes y me perdía la salvación del Señor en los últimos días? Sentía una gran confusión. Veía lo alterados que estaban. Si continuaba asistiendo a las reuniones y escuchando los sermones de la Iglesia de Dios Todopoderoso, sabía que no se rendirían. Supuse que podría fingir estar de acuerdo y asistir a escondidas cuando se fueran, así que les dije que dejaría de asistir a esas reuniones. Pero ellos no iban a dejar las cosas así. Insistieron en que eliminara los datos de contacto de los creyentes en Dios Todopoderoso. Como no quería, les di largas adrede, pensando que quizá se marcharían si seguía sin pasarles el teléfono. Sin embargo, mi esposa me instó a hacerles caso, que lo hacían por amor. Creía que, si realmente me amaban, debían guiarme en el estudio de la obra de Dios de los últimos días. En cambio, me juzgaban, condenaban la nueva obra de Dios y me impedían leer las palabras de Dios Todopoderoso. ¿No les daba miedo echar a perder mi ocasión de recibir al Señor? ¿Eso era amor? Cada vez era más tarde, y aún no se marchaban e insistían en que les pasara el teléfono. Al final, sin otra opción, se lo di y borraron el grupo entero de hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso y los bloquearon a todos. Me advirtieron que, si iba en contra de ellos y seguía escuchando sus sermones, me echarían de la iglesia. Eso sí que me asustó. Si seguía asistiendo a esas reuniones, me expulsarían de la iglesia y, cuando algo sucediera en mi familia, el pastor no nos iba a ayudar. ¿Qué harían nuestros hijos si mi esposa se enfadaba conmigo por esto, si no nos llevábamos bien? Al pensarlo, me sentí triste, así que dije forzadamente: “Dejaré de asistir”. Un líder sonrió y me respondió: “Eso es. Tan solo sigue asistiendo a nuestros servicios religiosos”.

Tras dejar el grupo en línea, no me quedó más remedio que volver a la antigua iglesia. De vuelta en ella, el pastor siempre hablaba de la gracia o de las ofrendas, o elegía al azar unos versículos para comentarlos. Decía lo mismo de siempre sin ningún esclarecimiento nuevo. A veces, cuando no sabía qué decir, contaba un chiste. Ni de lejos beneficiaba eso a mi vida y algunos creyentes hasta se dormían durante el servicio. Y el pastor solamente oraba por los parroquianos que daban más ofrendas, mientras ignoraba a los que no tenían mucho para dar no orando por ellos. Esto me hizo recordar las enseñanzas de los hermanos y hermanas en las reuniones virtuales. Según ellos, el mundo religioso está desolado, y ahora que Dios realiza una nueva obra, el Espíritu Santo no está obrando en las iglesias de la Era de la Gracia. Sin la obra del Espíritu Santo, los sermones de los pastores son pobres y repetitivos y no podrían proveer a la gente. Recapacitando al respecto, dentro de mí supe que la iglesia realmente no tenía la obra del Espíritu Santo. Nuestra iglesia siempre había tenido gran entusiasmo, pero ahora apenas teníamos ganas de asistir a los servicios. Llevaba todos esos años escuchando los sermones del pastor, pero aún no tenía claro el plan de salvación de Dios, cómo obró en las Eras de la Ley y de la Gracia, cuáles eran los frutos de Su obra ni cómo juzga Él a la gente en los últimos días. Solo sabía que necesitaba fe. Desde que oyera hablar de las palabras de Dios Todopoderoso, había conocido muchos misterios de la obra de Dios, la comunión con los demás me ayudaba a comprender cada vez más la obra de Dios y recibía muchísimo sustento. Comprobé que la Iglesia de Dios Todopoderoso sí tenía realmente la obra del Espíritu Santo y que las palabras de Dios Todopoderoso eran toda la verdad. Podía observar que, muy probablemente, Dios Todopoderoso era el regreso del Señor Jesús. El recuerdo de todo lo que había aprendido en las reuniones virtuales me conmovió de verdad. Pensé para mis adentros que sabía que Dios había regresado a realizar una nueva obra. Si no me unía a esas reuniones para estudiarla, podría perder la ocasión de salvarme. Me moría por unirme a aquellos hermanos y hermanas en más reuniones, pero no podía porque los líderes habían eliminado todos sus datos de contacto. Mi espíritu estaba hambriento y creía haber perdido la cosa más valiosa del mundo. Me sentía triste, vacío y dolido. Oraba a diario para pedir a Dios que me mostrara una salida. Y, gracias a Dios, sí oyó mis oraciones. Poco después contactaron conmigo en Facebook una hermana de Laos y otro hermano. Me contaron que los pocos días que no habíamos tenido contacto habían estado muy preocupados por mí tratando de encontrarme. Estaba muy emocionado y agradecido a Dios. ¡Percibí el amor de Dios y que, en verdad, se esfuerza al máximo por nuestra salvación sin abandonarnos jamás! Preocupados por que me sintiera negativo y débil, me enviaron unas palabras de Dios Todopoderoso. Me impactó mucho un pasaje. Dios Todopoderoso dice: “Dios hace Su obra, se preocupa por la persona, la escudriña, y mientras tanto Satanás sigue de cerca cada uno de Sus pasos. A quienquiera que Dios favorece, Satanás también le observa y va a la zaga. Si Dios quiere a esa persona, Satanás hará todo lo que pueda para estorbarle usando diversas tácticas malvadas para tentarle, para alterar y estropear la obra que Dios hace, todo ello con el fin de lograr su objetivo oculto. ¿Cuál es este objetivo? No quiere que Dios gane a nadie; él quiere para sí a todos a los que quiere Dios, para ocuparlos, controlarlos, hacerse cargo de ellos para que le adoren y entonces se le unan para cometer actos malvados. ¿Acaso no es esta su siniestra motivación? […] Al hacer la guerra contra Dios, y al ir detrás de Él, el objetivo de Satanás es demoler toda la obra que Dios quiere hacer, ocupar y controlar a aquellos a los que Dios quiere ganar, extinguirlos por completo. Si esto no ocurre, pasan a ser posesión de Satanás para ser usados por él; esta es su meta” (‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”). La hermana me enseñó que en las palabras de Dios podíamos apreciar que, aunque haya gente que nos perturbe y se interponga en nuestro camino, por detrás realmente hay una batalla entre Dios y Satanás. Dios obra para salvarnos, mientras que Satanás utiliza a toda clase de personas para oprimirnos y estorbarnos a fin de que neguemos y traicionemos a Dios y perdamos Su salvación de los últimos días. Este es el siniestro propósito de Satanás. Es entonces cuando hemos de levantarnos, discernir a estas personas y cosas y elegir nuestra propia senda de fe. Por haber oído la voz de Dios, hemos de seguir de cerca Sus huellas. Es la única forma de mantenernos firmes en el camino verdadero. Su enseñanza me dio esclarecimiento. Los líderes no querían que asistiera a las reuniones virtuales y eliminaron los datos de contacto de todo el mundo, cabe suponer, para que no me engañaran, cosa que aparentaba ser fruto del amor y la amabilidad, pero en realidad se estaban interponiendo en mi camino, me impedían recibir al Señor y trataban de arrastrarme de nuevo al mundo religioso para que perdiera la salvación de Dios de los últimos días. Las perturbaciones del clero también revelaron lo raquítica que era mi fe, lo débil que era yo. Les pasé el teléfono a los del clero, dejé que me incomunicaran de los otros y volví a la antigua iglesia. Vivía en tinieblas sin poder recibir el menor sustento espiritual. A punto había estado de seguir al pastor y abandonar el camino verdadero; ¡qué escalofriante! No podía ceder otra vez ante Satanás. Decidí seguir leyendo las palabras de Dios Todopoderoso sin importar qué hiciera el clero. Después, un hermano me envió unos testimonios en vídeo de cosas como la persecución del Gobierno chino a los hermanos y hermanas y de cómo se habían mantenido firmes en el testimonio durante las terribles torturas. Eso es auténtica fe. En comparación, yo me plegué a una pequeña perturbación del clero. ¡Me faltaba mucho por recorrer! Sabía que tenía que ampararme en Dios para superar todo aquello, y mantenerme firme sin importar cómo me oprimiera el clero o me rechazara mi familia. Decidí continuar en los sermones y reuniones virtuales.

Más adelante, el pastor y esos líderes hicieron muchas otras cosas para impedirme unirme a las reuniones virtuales. Hasta me mintieron: “Dios nos ha instaurado para que velemos por Sus ovejas, así que somos personalmente responsables de ti. Por eso hemos de mantenernos bien informados de tus reuniones virtuales y eliminamos aquellos contactos por tu bien. Si no velamos por las ovejas de Dios, el Señor nos juzgará a Su regreso”. Recordé una cosa que dijo un hermano en una reunión virtual acerca de si Dios nombraba a los pastores. Afirmó: “Hay palabras de Dios que sirven de fundamento para cualquiera instaurado por Él. En la Era de la Ley, cuando Jehová Dios instauró a Moisés para los israelitas, le dijo personalmente: ‘Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será esta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte’ (Éxodo 3:12). En la Era de la Gracia, el Señor Jesús habló en prueba de que asignaba a Pedro el pastoreo de las iglesias: ‘Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos’ (Mateo 16:18-19). ‘Pastorea mis ovejas’ (Juan 21:16). Vemos que Dios da testimonio personal de aquellos a quienes instaura y usa. Tienen las palabras de Dios como prueba. Sin eso, al menos ha de haber prueba de la obra del Espíritu Santo. ¿Tienen los pastores alguna prueba de las palabras de Dios de que Él los instaurara? ¿Y de la obra del Espíritu Santo?”. Esto me dio cierta confianza. Sabía que Dios jamás afirmó que instaurara a los pastores y que, aunque Pablo declarara “el Espíritu Santo os ha hecho obispos”, sus palabras no eran de Dios, por lo que no sirven de fundamento. ¡Eso no era de recibo! Me había percatado poco antes de que los pastores no tenían esclarecimiento del Espíritu Santo en sus sermones. No comunicaban la voluntad de Dios ni nos guiaban para poner en práctica las palabras del Señor. Carecían por completo de la obra del Espíritu Santo. Esto indicaba que no los nombró Dios, sino el hombre. En mi fe, tenía que escuchar las palabras de Dios y seguirlo a Él, no escuchar y seguir a ningún hombre. En vista de que no respondía, el pastor se enfadó y me reprendió: “Quien quiera compartir un evangelio ha de pasar antes por nosotros. Sin nuestra autorización, es un camino falso. ¡No puedes escucharlo!”. Repliqué: “Dios es el Creador y lleva a cabo Su propia obra. No necesita autorización humana. El Señor ha regresado. Nosotros escuchamos la voz de Dios y lo seguimos; ¿por qué habríamos de necesitar su autorización?”. Pensaba que se daban realmente mucha importancia, ¡que eran muy arrogantes! Negarse a escuchar las palabras de Dios Todopoderoso o a estudiar Su obra, aunque emitiendo un juicio, era como la actitud de los fariseos hacia la obra del Señor Jesús. No tenían veneración por Dios ni amor por la verdad.

Luego mintieron a mi mujer contándole que me habían descarriado a un camino falso. Como ella no sabía discernirlos, cada vez que me unía a una reunión virtual, se indignaba mucho y decía que íbamos por dos sendas distintas, que se divorciaría de mí si continuaba en esas reuniones. Me sentía muy débil y triste en aquella época. Pensaba que, si cedía y dejaba de asistir a las reuniones, perdería la salvación de Dios. Sin embargo, si seguía asistiendo, se divorciaría de mí, y entonces, ¿qué sería de nuestros pequeños? Desamparado, oré a Dios: “Dios mío, fortalece mi fe. Ayúdame a superar estas pruebas y guíame por la senda que tengo ante mí”. Después recordé unas palabras del Señor Jesús: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). Las palabras de Dios me mostraron que mi amor por mi esposa y mis hijos superaba mi amor por Dios, que yo no era digno de Él. Decidí en silencio que, aunque mi mujer se divorciara de mí, continuaría siguiendo a Dios Todopoderoso. Después de aquello, cuando mi esposa trataba de interponerse en mi camino, no surtía efecto.

Posteriormente, el pastor metió a mi suegro en sus intentos de impedirme asistir a reuniones. Mi suegro era muy bebedor y, la verdad, no iba muy a menudo a la iglesia, pero el pastor lo invitó a un servicio y le mintió diciéndole que, una vez que crees en Dios Todopoderoso, te parten las piernas si intentas irte de la iglesia. Mi mujer, al oírselo a su padre, vino a casa y se puso a gritarme. Le expliqué que el clero hablaba sin ningún fundamento. A nadie en este mundo le han partido las piernas por no aceptar la obra de Dios de los últimos días. Era un rumor del Gobierno comunista chino, un gobierno opresor antiDios. Una vez, un pastor me contó que otro pastor iba a traer unas biblias de EE. UU. y la policía se las confiscó en la frontera china. El PCCh no permite la fe en Dios. Ahora que el Señor ha vuelto y aparecido en China, acosan y persiguen a los creyentes en Dios Todopoderoso. ¿Cómo podemos creer lo que diga semejante Gobierno ateo antiDios? Yo había estado participando en reuniones virtuales y leyendo muchas palabras de Dios Todopoderoso, que son ricas y abundantes y revelan los misterios de la obra de Dios, además de la corrupción y la naturaleza pecaminosa del hombre para que podamos conocernos, etc. Cuanto más leo estas cosas, mayor esclarecimiento percibo y más siento que esta es la voz de Dios. Le dije que estaba seguro de que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús. El Señor Jesús ha vuelto y es preciso que vayamos al compás de las huellas de Dios. ¿Por qué habría de regresar a la antigua iglesia? Mi esposa no respondía nada más a eso, pero en cuanto ella asistía a los servicios y escuchaba los rumores del pastor, discutía conmigo al llegar a casa. Antes, yo siempre había considerado al clero como gente que amaba a Dios y a mí también, pero desde que se enteraron de que buscaba la nueva obra de Dios, hacían todo lo posible por interponerse en mi camino y trataban de arrastrarme de nuevo a su religión. Por fin vi sus auténticas intenciones. Recordé las palabras de maldición del Señor Jesús a los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13). “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros” (Mateo 23:15). Los fariseos seducían al pueblo a la religión para tenerlo controlado en sus manos, y cuando vino el Señor Jesús, vieron lo poderosas y autorizadas que eran Su obra y Sus palabras, pero se aferraron a la Escritura literal y no buscaron la verdad por miedo a que su sustento corriera peligro si el pueblo seguía a Jesús. Así, difundieron rumores de calumnia y condena al Señor Jesús y acabaron crucificándolo. ¿No son los pastores actuales exactamente iguales que aquellos fariseos? También atrapan a los creyentes en las iglesias, los mantienen bajo control y no les permiten oír la voz de Dios y recibir al Señor. ¡Qué maldad! Esto me recordó un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso que descubrí en una reunión. Dios Todopoderoso dice: “Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonios jefes que estorban deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos en el camino de quienes buscan a Dios. Pueden parecer de ‘buena constitución’, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas?” (‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios muestran los auténticos rostros antiDios del clero. Dios ha venido en los últimos días a salvar a la humanidad, y el clero no solo se niega a buscar y estudiar, sino que hasta lo combate y condena difundiendo rumores y mentiras, sellando las iglesias e impidiendo a los creyentes buscar el camino verdadero. No van a recibir al Señor ni a entrar en el reino de Dios y nos impiden aceptar Su salvación, lo que desbarata nuestra ocasión de entrar al reino. Son los demonios citados en las palabras de Dios, que comen la carne y beben la sangre del hombre, los monstruos que alejan a la gente del camino verdadero.

Más tarde, me echaron de la iglesia por no seguirlos. Los líderes me dijeron que no me ayudarían si me encontraba con algún problema. Entonces entendí realmente que ese clero no ama la verdad ni oye la voz de Dios. No son ovejas de Dios. Seguirlos en la fe sería como si un ciego guiara a otro ciego, y nos hundiríamos todos. Me siento muy afortunado de haber podido liberarme de esos falsos pastores y de haber hallado las huellas de Dios.

En días posteriores leí más palabras de Dios Todopoderoso y oí más testimonios de hermanos y hermanas. Me sentí muy sustentado y edificado espiritualmente, más que nunca en mis 10 años de fe. ¡Para mí, nacer en los últimos días y poder recibir el regreso del Señor fue una tremenda bendición! Quería compartir esta maravillosa noticia con más gente que aún no se había presentado ante Dios, pero el clero no quería que les predicara el evangelio a otros miembros de la iglesia; de hacerlo, me denunciarían ante las autoridades para que me detuvieran. Les dije: “¿No os da miedo ir contra Dios?”. Uno de ellos, el Sr. Zhao, me respondió con frialdad: “Si de verdad es la obra de Dios, esta vez seremos nosotros los fariseos, y que Dios nos castigue durante generaciones”. Al oír eso, pensé ¿en qué se diferenciaban de los fariseos? ¿No iban contra Dios y ofendían Su carácter adrede? Su arrogancia y total ausencia de temor de Dios me demostraron de forma todavía más clara cuánto odian la verdad y que son enemigos de Dios. Con esa manera de ir contra Dios, ¡terminarán castigados por Él como los fariseos!

Adquirí un discernimiento muy nítido de ellos después de aquello. Ya no podían interponerse en mi camino y estaba más decidido a seguir a Dios Todopoderoso. Ahora he asumido un deber en la Iglesia de Dios Todopoderoso. Mi esposa sintió curiosidad al ver lo firme que era en mi fe y se puso a estudiarla por su cuenta. También ella aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días tras leer Sus palabras y ahora comparte el evangelio. Estoy muy agradecido por la salvación de Dios Todopoderoso y quiero darlo todo para cumplir con el deber y devolverle a Dios Su amor.

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