3. La prueba de los contrastes

Por Xingdao, Corea del Sur

¡Oh, Dios! Tenga estatus o no, ahora me entiendo a mí mismo. Si mi estatus es alto, se debe a Tu elevación; y si es bajo, se debe a Tu ordenación. Todo está en Tus manos. No tengo ninguna elección ni ninguna queja. Tú ordenaste que yo naciera en este país y entre esta gente, y lo único que debería hacer es ser absolutamente obediente bajo Tu dominio, porque todo está incluido en lo que Tú has ordenado. No pienso en el estatus; después de todo, solo soy una criatura. Si Tú me colocas en el abismo sin fondo, en el lago de fuego y azufre, no soy más que una criatura. Si Tú me usas, soy una criatura. Si Tú me perfeccionas, sigo siendo una criatura. Si Tú no me perfeccionas, te seguiré amando, pues no soy más que una criatura. No soy más que una criatura minúscula, creada por el Señor de la creación, tan solo una de entre todos los seres humanos creados. Fuiste Tú quien me creó, y ahora me has vuelto a colocar en Tus manos, para hacer conmigo Tu voluntad. Estoy dispuesta a ser Tu herramienta y Tu contraste, porque todo es lo que Tú has ordenado. Nadie puede cambiarlo. Todas las cosas y todos los acontecimientos están en Tus manos” (‘Sólo soy un pequeño ser creado’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Me gustaría compartir sobre mi propia prueba como contraste.

A principios de 1993, tuve el deber de regar a nuevos creyentes de la iglesia. Corríamos peligro de ser arrestados dondequiera que fuéramos debido a la frenética persecución y arrestos de cristianos por parte del Partido Comunista Chino. A pesar de la dureza del entorno, nunca me eché atrás, sino que persistí en mi deber. Leí estas palabras de Dios: “Aquellos que aman a Dios son los únicos capaces de dar testimonio de Él, Sus únicos testigos, los únicos bendecidos por Él y capacitados para recibir Sus promesas” (‘Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”). Entonces me sentí lleno de fe para buscar convertirme en alguien que ama a Dios. Pensé que ese tipo de búsqueda ganaría la aprobación de Dios y que definitivamente iría al cielo y sería una de las personas de Su reino.

Justo cuando me estaba entregando con entusiasmo a esto, seguro de que sería llevado al reino de Dios, Dios Todopoderoso expresó palabras que me lanzaron a la prueba del contraste. Un día en marzo, los hermanos y las hermanas enviaron la nueva declaración de Dios a nuestra iglesia, “La verdadera historia de la obra de conquista (1)”. Leí en las palabras de Dios: “Hoy, Yo obro en el pueblo escogido de China, para revelar la totalidad de su carácter rebelde y para desenmascarar toda su fealdad, y esto brinda el contexto para decir todo lo que necesito decir. Posteriormente, cuando lleve a cabo el siguiente paso de la obra de conquistar todo el universo, usaré Mi juicio hacia vosotros para juzgar la injusticia de todos en todo el universo, porque vosotros sois los representantes de los rebeldes en medio de la humanidad. Los que no puedan dar un paso al frente se convertirán en simples contrastes y objetos para servir, mientras que los que puedan hacerlo serán usados. ¿Por qué digo que los que no pueden dar un paso al frente solo servirán como contrastes? Porque Mis palabras presentes y Mi obra presente tienen como objetivo vuestro pasado, y porque os habéis convertido en los representantes y en el epítome de los rebeldes entre toda la humanidad. Después, llevaré estas palabras que os conquistan a otros países y las usaré para conquistar a las personas de esos lugares; sin embargo, tú no las habrás ganado. ¿No haría eso de ti un contraste? El carácter corrupto de toda la humanidad, los actos rebeldes del hombre y las imágenes y los rostros feos del hombre, todo ello se registra hoy en las palabras que se utilizan para conquistaros. Entonces usaré estas palabras para conquistar a las personas de cada nación y denominación, porque vosotros sois el arquetipo, el precedente. Sin embargo, no me dispuse a abandonaros intencionadamente; si fracasas en hacerlo bien en tu búsqueda y, por tanto, demuestras que eres incurable, ¿no serías, simplemente, un objeto de servicio y un contraste? En una ocasión dije que Mi sabiduría se ejerce con base en los ardides de Satanás. ¿Por qué dije eso? ¿No es esa la verdad detrás de lo que estoy diciendo y haciendo ahora? Si no puedes dar un paso al frente, si no eres perfeccionado sino castigado, ¿no te convertirías en un contraste? Quizás has sufrido mucho en su momento, pero sigues sin entender nada; ignoras todo acerca de la vida. Aunque has sido castigado y juzgado, no has cambiado en absoluto y, muy en el fondo, no has obtenido la vida. Cuando llegue el momento de poner a prueba tu obra, experimentarás una prueba tan feroz como el fuego y una tribulación aún mayor. Este fuego convertirá en cenizas todo tu ser. Como alguien que no posee vida, alguien sin una onza de oro puro en su interior, atrapado aún en el antiguo carácter corrupto y que ni siquiera puede hacer un buen trabajo siendo un contraste, ¿cómo podrías no ser eliminado?” (‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). En verdad tuve una reacción al ver la palabra “contraste” mencionada repetidamente en las palabras de Dios. Pensé: “¿Contraste? Dios ha mencionado un contraste en Sus palabras antes, pero ¿no se refería al gran dragón rojo? Hago sacrificios por Dios en mi fe y busco amarlo. Debería ser una de las personas de Su reino. ¿Cómo podría ser un contraste?” Leí las palabras de Dios de nuevo, con mucho cuidado. Dios dijo que los chinos somos los más corruptos, que nuestra resistencia a Dios es la peor, y que somos representantes de la rebeldía de toda la humanidad. Si los seguidores de Dios no terminan cambiando, si no han ganado vida, servirán como contrastes para la obra de Dios, y todos serán eliminados por Él. Mi pecho se oprimió cuando leí esto, y me pregunté: “¿Soy un contraste? No puede ser. Si realmente soy un contraste, ¿puedo entrar en el reino de los cielos?”

No mucho tiempo después de eso, leí esta enseñanza de Dios: “Porque sois deshonestos y engañosos, y porque carecéis de calibre y sois de bajo estatus, nunca habéis estado al alcance de Mi vista ni en Mi corazón. Mi obra se realiza con la sola intención de condenaros; Mi mano nunca ha estado lejos de vosotros ni tampoco Mi castigo. He seguido juzgándoos y maldiciéndoos. Porque no tenéis entendimiento alguno de Mí, Mi ira siempre ha estado sobre vosotros. Aunque siempre he obrado en medio de vosotros, deberíais conocer Mi actitud hacia vosotros. Solo es repugnancia; no hay otra actitud u opinión. Solo quiero que actuéis como contrastes de Mi sabiduría y Mi gran poder. No sois nada más que Mis contrastes, porque Mi justicia se revela a través de vuestra rebeldía. Os hago actuar como contrastes para Mi obra, para que seáis apéndices de ella…” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Vi que Dios dice muy claramente que somos contrastes, que somos apéndices de Su obra y que Él no siente nada más que odio y repugnancia por nosotros. Me sentí aturdido y sentí que había sido abandonado por Dios. Me sentí realmente desdichado y surgían quejas dentro de mí. Pensé: “He creído todos estos años, he dejado a mi familia y mi trabajo, y he sufrido mucho entregándome a Dios. He atravesado la prueba de la muerte y la prueba de los hacedores de servicio. He comenzado a buscar el amor a Dios, pensando que convertirse en una persona del reino era algo seguro. Nunca imaginé que sería un contraste, un objeto de servicio, para ser eliminado una vez que termine de ser un contrapunto al carácter justo de Dios. Entonces ¿por qué he estado pagando un precio todos estos años? ¿Qué pensarían mis amigos y parientes de mí si lo supieran? No podían entender cuando dejé mi trabajo y mi familia por mi fe. Se burlaron de mí. Quería ser un buen creyente para que una vez que la obra de Dios se completara y los grandes desastres llegaran, yo fuera llevado a Su reino. Entonces podría mantener mi cabeza en alto y todos serían avergonzados. ¿Quién hubiera pensado que terminaría tan bajo como un contraste? Los contrastes no tienen vida. Son basura, ni siquiera son tan buenos como los hacedores de servicio. Al menos los hacedores de servicio pueden rendir servicio a Dios por un tiempo y disfrutar de Su gracia y bendiciones. Incluso ser un hacedor de servicio estaría bien. En cualquier caso, suena mejor que ser un contraste”.

La palabra “contraste” siguió resonando en mi cabeza durante los siguientes días, y no podía dejar de preguntarme: “¿Cómo podría ser nada más que un contraste? ¿Por qué nací en China? ¡Si el gran dragón rojo no hubiera corrompido tan profundamente al pueblo chino, nunca sería un contraste! Pensé que estaba a punto de entrar en el reino de Dios y convertirme en uno de Su pueblo para disfrutar de lo que Dios ha prometido. Nunca pensé que, en lugar de eso, me convertiría en un contraste”. Me molestaba más cuanto más pensaba en ello y no podía dejar de llorar. Pensé que ya que ese era el caso, no había nada que pudiera hacer sino resignarme a mi destino.

Después de eso, aunque seguí yendo a las reuniones y cumpliendo con mi deber, mi corazón no estaba en ello. No tenía nada que decir a Dios en la oración y no tenía el corazón para cantar. No obtuve esclarecimiento alguno de las palabras de Dios. Sentí que como yo era un contraste, no tenía sentido seguir adelante ya que terminaría expulsado y eliminado, arrojado al pozo sin fondo. Me sentía muy negativo y angustiado. Una noche, mientras estaba en la cama sin dormir, pensé en todas esas palabras pronunciadas por Dios en Su obra en los últimos días que nos había estado regando y sosteniendo, y las pruebas y los refinamientos que nos habían estado limpiando. En particular pensé sobre la prueba de los hacedores de servicio. En ese momento, aunque Dios nos despojó de nuestras esperanzas carnales y nos condenó al pozo sin fondo, fue una prueba de palabras, y estas cosas no nos ocurrieron realmente. Fue a través de esa prueba que obtuve algo de entendimiento de que mi motivación para la fe era recibir bendiciones y experimenté un poco del carácter justo de Dios. Entendí que sin importar la obra que Dios haga, todo se hace para limpiarnos y salvarnos. También recordé cómo había resuelto ante Dios que estaba feliz de realizar servicio para Él. Sentí un poco de autorreproche y obtuve algo de motivación, y pensé: “Ya sea un hacedor de servicio o un contraste, cumplir con mi deber para el Creador es lo correcto y lo apropiado, y sin importar lo que Dios disponga en el futuro, aunque no tenga un buen resultado después de mi servicio, seguiré realizando servicio para él hasta el final”. Y así, continué cumpliendo con mi deber. Pero como no entendía la voluntad de Dios, siempre que pensaba en ser un contraste sin ganar vida o un buen resultado, todavía me sentía negativo y molesto.

A principios de abril recibimos más de las nuevas declaraciones de Dios. Leí esto en las palabras de Dios: “En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y futuros individuales. La obra presente es para tratar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Las esperanzas, el estatus y las nociones son, todos ellos, representaciones clásicas del carácter satánico. La razón de que estas cosas existan en el corazón de las personas se debe, por completo, a que el veneno de Satanás siempre está corroyendo los pensamientos de las personas, y estas no son nunca capaces de sacudirse esas tentaciones satánicas. Viven en medio del pecado, sin embargo, no creen que sea pecado y siguen pensando: ‘Creemos en Dios, así que Él debe concedernos bendiciones y disponerlo todo para nosotros de forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener más estatus y más futuro que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios’. Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo carecen de fuerza de voluntad y determinación, sino que también se han vuelto avariciosos, arrogantes y obstinados. Carecen absolutamente de cualquier determinación que trascienda el yo, más aun, no tienen ni una pizca de valor para sacudirse la esclavitud de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que sus perspectivas de creer en Dios siguen siendo insoportablemente horribles, e incluso cuando las personas hablan de sus perspectivas de la creencia en Dios, oírlas es sencillamente insufrible. Todas las personas son cobardes, incompetentes, despreciables y frágiles. No sienten repugnancia por las fuerzas de la oscuridad ni amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios van directo al grano. Expusieron completamente mi carácter satánico y mis pensamientos para mi propia supervivencia. Me sentí muy avergonzado. Pensé en cómo, al principio, mi fe era solo para obtener bendiciones. Pensé: “Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios”. Después de atravesar las pruebas de la muerte y de los hacedores de servicio, empecé a entender mis motivos para obtener bendiciones y me dispuse a hacer servicio para Dios, pero en lo profundo de mi corazón, ese deseo de bendiciones estaba todavía muy arraigado y no había sido completamente limpiado. En particular cuando vi la promesa de Dios de bendiciones para aquellos que lo aman, mi deseo de bendiciones se despertó de nuevo. Pensé que estaba seguro de entrar en el reino de los cielos esta vez, así que me esforcé por Dios con más celo. Pero cuando Dios nos expuso como contrastes, como apéndices, y blancos de Su repugnancia, sentí que mis esperanzas de obtener bendiciones se habían frustrado, que ya no tenía futuro ni estatus. Me sentí increíblemente agraviado y estaba lleno de quejas. Tomé mis sacrificios y mi trabajo arduo como un capital que podía usar para negociar con Dios, para conseguir un pase libre de Dios a Su reino, de lo contrario no estaba dispuesto a seguir esforzándome. Solo entonces me di cuenta de lo serio que era mi anhelo de estatus y mis deseos extravagantes. No tenía ni una pizca de amor genuino o de sumisión a Dios. Todo era transaccional, rebelde y engañoso. Enfrentado a los hechos, me convencí por completo. Vi lo profundamente corrompido que estaba por Satanás. Era arrogante, retorcido, egoísta y despreciable, totalmente desprovisto de conciencia y razón. También vi el carácter santo y justo de Dios que no admite ofensas. Alguien tan corrupto como yo, manchado por tantos motivos y por las actitudes corruptas, ¿cómo podría no disgustar a Dios? Como sea que Dios me llame, como sea que me trate, es justo.

Más tarde leí estas palabras de Dios en una reunión: “Deberías leer más de las declaraciones que Dios ha expresado durante este período, y contemplar tus acciones para compararlas. ¡Es un hecho inequívoco que eres un verdadero y buen contraste! ¿Hasta dónde alcanza hoy tu conocimiento? Tus ideas, tus pensamientos, tu comportamiento, tus palabras y tus actos, ¿acaso todas estas expresiones no cuentan como contraste para la justicia y la santidad de Dios? ¿Acaso no son vuestras expresiones manifestaciones del carácter corrupto revelado por las palabras de Dios? Tus pensamientos e ideas, tus motivaciones, y la corrupción que se revela en ti muestran el justo carácter de Dios, al igual que Su santidad. Dios también nació en la tierra de la inmundicia, sin embargo, Él se mantiene inmaculado frente a esa suciedad. Vive en el mismo mundo sucio que tú, pero Él posee la razón y la percepción, y desprecia la inmundicia. Puede que ni siquiera seas capaz de detectar nada sucio en tus palabras y acciones, pero Él sí puede y te lo señala. Esas viejas cosas tuyas —tu falta de refinamiento, percepción y sentido, y tus modos atrasados de vivir— salen ahora a la luz a raíz de las revelaciones actuales; solo mediante la venida de Dios a la tierra a obrar así la gente contempla Su santidad y Su justo carácter”. (‘Cómo se logran los efectos del segundo paso de la obra de conquista’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Por supuesto, Dios no os hace contrastes solo porque sí. En cambio, solo cuando esta obra da fruto se hace evidente que la rebeldía del hombre es un contraste para el justo carácter de Dios, y solo porque sois contrastes tenéis la oportunidad de conocer la expresión natural del justo carácter de Dios. Se os juzga y castiga por vuestra rebeldía, pero esta es también la que os convierte en un contraste, y es a causa de ella que recibís la gran gracia que Dios os concede. Vuestra rebeldía es un contraste para la omnipotencia y sabiduría de Dios, y es también a causa de ella que habéis obtenido una gran salvación y bendiciones. Aunque habéis sido juzgados repetidamente por Mí, habéis recibido tremenda salvación nunca antes recibida por el hombre. Esta obra es de enorme importancia para vosotros. Ser un ‘contraste’ es también extremadamente valioso: sois salvados y habéis obtenido la gracia de la salvación porque sois un contraste, ¿no tiene tal contraste entonces mayor valor? ¿Acaso no tiene gran importancia? Vivir en el mismo reino, en la misma tierra inmunda que Dios, es lo que os convierte en un contraste y os hace recibir la más grande salvación. Si Dios no se hubiera hecho carne, ¿quién habría sido misericordioso con vosotros? ¿Quién os habría cuidado, siendo la gente insignificante que sois? ¿Quién se habría ocupado de vosotros? Si Dios no se hubiera hecho carne para obrar entre vosotros, ¿cuándo habríais recibido esta salvación que vuestros predecesores nunca tuvieron? Si no me hubiera hecho carne para cuidaros, para juzgar vuestros pecados, ¿no habríais caído en el Hades hace mucho tiempo? Si no me hubiera hecho carne y me hubiera humillado entre vosotros, ¿cómo podríais ser aptos para ser un contraste del justo carácter de Dios? […] Aunque he usado el ‘contraste’ para conquistaros, debéis saber que esta salvación y bendición se da para ganaros; es para la conquista, pero también para que Yo pueda salvaros mejor. El ‘contraste’ es un hecho, pero la razón por la que sois contrastes es vuestra rebeldía, y por ello habéis obtenido bendiciones que nadie ha obtenido nunca. Hoy se os hace ver y oír; mañana recibiréis y, además, seréis enormemente bendecidos. Por tanto, ¿no tienen los contrastes un enorme valor?” (‘Cómo se logran los efectos del segundo paso de la obra de conquista’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me mostraron lo que significa ser un contraste. Nacimos en China, así que hemos sido educados, influenciados y corrompidos por el gran dragón rojo todos estos años. Estamos llenos de filosofías satánicas, ateísmo, evolución y otras falacias. Todos nuestros pensamientos son malvados y contrarios a la verdad. Pero no nos damos cuenta de eso, y en cambio, pensamos que somos buenas personas, que estamos de acuerdo con la voluntad de Dios. Dios Todopoderoso expone incisivamente todo nuestro carácter satánico, como la arrogancia, la astucia, y la maldad, y luego Él nos convence totalmente revelando los hechos. Cuando Dios expresa verdades para juzgar y exponer nuestra corrupción, Su carácter justo de odiar el pecado y la maldad brota naturalmente. Vemos Su santidad y Su carácter justo que no tolera ofensas, entonces nuestra corrupción y maldad se convierten en contrastes para el carácter justo de Dios. También vi el amor y la salvación de la humanidad en las palabras de Dios, en especial cuando Él dijo: “Si Dios no se hubiera hecho carne, ¿quién habría sido misericordioso con vosotros? ¿Quién os habría cuidado, siendo la gente insignificante que sois? ¿Quién se habría ocupado de vosotros?” Eso fue profundamente conmovedor para mí. Mientras contemplaba las palabras de Dios, me di cuenta de que Dios no nos ha descartado o eliminado por nuestra inmundicia y corrupción, sino que, en cambio, Él ha tenido piedad de nosotros, que hemos sido tan profundamente corrompidos y dañados por Satanás. Él personalmente se hizo carne para salvarnos, sufrió las mayores humillaciones para obrar entre nosotros, y expresó verdades para regarnos y sostenernos, para juzgarnos y exponernos. Aunque nos expuso como contrastes, Su voluntad no es eliminarnos, sino que reconozcamos nuestro propio deseo de estatus y nuestras esperanzas para el futuro, para conocer nuestras actitudes satánicas de arrogancia, engaño y maldad para que podamos buscar la verdad, desechar la corrupción y ser completamente salvados por Dios. ¡Este es el amor práctico de Dios y la salvación para nosotros! Una vez que entendí la voluntad de Dios, pensé en cómo me había comportado con Dios y quería que la tierra me tragara. Era un pequeño y miserable ser creado, profundamente corrompido por Satanás, inmundo y degradado. ¡Ser capaz de servir como un contraste a Dios, el Altísimo, y tener la oportunidad de experimentar la obra de Dios y ser testigo de Su justicia y santidad era la gran gracia de Dios para mí! Si no fuera porque Dios se hizo carne, y habló y obró entre nosotros, ¿cómo podría tener la oportunidad de entender tantas verdades? ¿Cómo tendría la oportunidad de conocer Su carácter justo? No solo no le di las gracias a Dios, sino que traté de discutir con Dios sobre el hecho de que me llamaran un contraste. No tenía razón o humanidad alguna. Cuando me di cuenta de esto, sentí lo profundamente corrompido por Satanás que había estado, y lo endeudado que estoy con Dios. Quería arrepentirme ante Dios, y quería someterme a las orquestaciones de Dios sin importar cómo me llame, y sin importar cuál sea mi futuro y mi destino. Quería buscar la verdad y un cambio de carácter.

Al someterme a la prueba del contraste, obtuve cierto entendimiento de mis motivos para obtener bendiciones y mi carácter satánico, y me di cuenta de que, de alto o de bajo estatus, no soy más que un pequeño ser creado y debería someterme a lo que Dios disponga en todo momento. Aunque esté sirviendo como un contraste para Dios, tengo que alabar Su justicia, perseguir bien la verdad, y cumplir con mi deber como un ser creado. Ese es el testimonio adecuado que una criatura debe dar.

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