7. ¿Cómo profundizan gradualmente las tres etapas de obra de Dios para que las personas sean salvadas y perfeccionadas?

Las palabras relevantes de Dios:

Toda la gestión de Dios se divide en tres etapas, y en cada etapa al hombre se le hacen exigencias adecuadas. Además, a medida que las épocas pasan y avanzan, las exigencias que Dios le hace a toda la humanidad cada vez son más altas. Así, paso a paso, esta obra de la gestión de Dios alcanza su clímax, hasta tal punto que el hombre contempla el hecho de la “aparición de la Palabra en la carne”, y de esta manera las exigencias para el hombre se vuelven cada vez más elevadas, al igual que el testimonio que al hombre se le exige dar. Cuanto más capaz sea el hombre de cooperar realmente con Dios, más gloria puede obtener Dios. La cooperación del hombre es el testimonio que se le exige dar y el testimonio que él da es la práctica del hombre. Por tanto, que la obra de Dios tenga el efecto debido o no y que pueda haber un verdadero testimonio o no está ligado de un modo inextricable a la cooperación y el testimonio del hombre. Cuando la obra se termine, es decir, cuando toda la gestión de Dios haya llegado a su fin, al hombre se le exigirá dar un testimonio más elevado, y cuando la obra de Dios llegue a su fin, la práctica y la entrada del hombre alcanzarán su cenit. En el pasado, al hombre se le exigía cumplir con la ley y los mandamientos y se le exigía ser paciente y humilde. Ahora, al hombre se le exige someterse a todos los arreglos de Dios y tener un amor supremo por Dios y, al final se le exige seguir amando a Dios en medio de la tribulación. Estas tres etapas son las exigencias que Dios le hace al hombre, paso a paso, a lo largo de toda Su gestión. Cada etapa de la obra de Dios profundiza más que la última y, en cada etapa, las exigencias para el hombre son más elevadas que en la anterior; de esta manera, toda la gestión de Dios poco a poco toma forma. Precisamente porque las exigencias para el hombre son cada vez más elevadas, el carácter del hombre cada vez se acerca más a los estándares que Dios exige y, solo entonces, toda la especie humana se aparta gradualmente de la influencia de Satanás hasta que, cuando la obra de Dios llegue a un final completo, toda la humanidad habrá sido salvada de la influencia de Satanás.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre

En la creación del mundo, Dios empezó Su obra de gestión y el hombre se encuentra en el centro de esta obra; se puede decir que la creación de Dios de todo es en aras del hombre. Como la obra de Su gestión abarca miles de años y no se lleva a cabo simplemente en cuestión de minutos o segundos o en un abrir y cerrar de ojos ni a lo largo de un año o dos, Él tuvo que crear más cosas necesarias para la supervivencia del hombre, como el sol, la luna, todo tipo de criaturas vivientes, alimentos y un entorno de vida. Este fue el comienzo de la gestión de Dios.

Después de eso, Dios le entregó la humanidad a Satanás, y el hombre vivió bajo su poder, lo cual llevó gradualmente a la obra de Dios de la primera era: la historia de la Era de la Ley… A lo largo de varios miles de años durante la Era de la Ley, la humanidad se acostumbró a la guía de esta y la dio por hecho. Poco a poco, las personas dejaron el cuidado de Dios. Y así, mientras seguían la ley, también adoraban a ídolos y llevaban a cabo actos malvados. Quedaron sin la protección de Jehová y se limitaron a vivir su vida delante del altar en el templo. De hecho, la obra de Dios los había abandonado hacía mucho, y aunque los israelitas seguían apegándose a la ley, pronunciaban el nombre de Jehová y hasta creían con orgullo que solo ellos eran el pueblo de Jehová y Sus escogidos, la gloria de Dios los abandonó silenciosamente…

[…]

Como siempre ha ocurrido, después de la obra de Jehová en la Era de la Ley, Dios empezó Su nueva obra de la segunda etapa: asumir la carne —encarnarse como hombre durante diez, veinte años— y hablar y hacer Su obra entre los creyentes. Pero nadie lo sabía, sin excepción, y solo un pequeño número de personas reconocía que Él era Dios hecho carne después de que el Señor Jesús fuera crucificado y se levantara de entre los muertos. […] En cuanto se completó la segunda etapa de la obra de Dios —después de la crucifixión—, Su obra de recuperar al hombre del pecado (es decir, de las manos de Satanás) se cumplió. Y así, a partir de ese momento, la humanidad solo tenía que aceptar al Señor Jesús como el Salvador y sus pecados les serían perdonados. Nominalmente hablando, los pecados del hombre ya no eran una barrera para que alcanzara su salvación y se presentara delante de Dios, ni eran ya la ventaja por la que Satanás acusaba al hombre. Esto se debe a que Dios mismo había llevado a cabo obra práctica, se había convertido en la semejanza y la muestra de la carne pecaminosa, y Él mismo era la ofrenda por el pecado. De esta forma, el hombre descendió de la cruz y fue redimido y salvado a través de la carne de Dios: la semejanza de esta carne pecaminosa. Y así, después de haber sido tomado en cautiverio por Satanás, el hombre se acercó un paso más a aceptar la salvación de Dios delante de Él. Por supuesto, esta etapa de la obra fue la gestión de Dios que fue más profunda y desarrollada que la de la Era de la Ley.

[…]

Y después vino la Era del Reino, que es una etapa más práctica de la obra y, sin embargo, es también la más difícil de aceptar para el hombre. Esto se debe a que, cuanto más se acerca el hombre a Dios, más se acerca a él Su vara, y Su rostro se revela con mayor claridad al hombre. Después de la redención de la humanidad, el hombre regresa oficialmente a la familia de Dios. El hombre pensó que este era el momento de disfrutar; sin embargo, es objeto de un ataque frontal total por parte de Dios, de tal magnitud que nadie pudo haberlo previsto jamás. Resulta que es un bautismo que el pueblo de Dios tiene que “disfrutar”. Con ese trato, las personas no tienen más opción que detenerse y pensar para sí: “yo soy el cordero, perdido durante muchos años, por el cual Dios pagó mucho para volverlo a comprar; entonces, ¿por qué me trata Él así? ¿Es esta la forma en la que Dios se ríe de mí y me pone en evidencia?…”. Tras años de vivencias, el hombre se ha curtido al experimentar el sufrimiento del refinamiento y el castigo. Aunque la “gloria” y el “romance” de tiempos pasados se han perdido para el hombre, sin saberlo, este ha llegado a entender los principios de la conducta propia y las intenciones meticulosas que tiene Dios al salvar a la especie humana a lo largo de tantos años. Lentamente, el hombre comienza a odiar su propia barbarie, lo difícil que es de domar, todas sus malinterpretaciones sobre Dios y las exigencias excesivas que ha hecho de Él. El reloj no puede volver atrás en el tiempo. Los acontecimientos pasados se convierten en recuerdos de los que el hombre se arrepiente, y las palabras y el tierno amor de Dios pasan a ser la fuerza impulsora de la nueva vida del hombre. Las heridas de este se curan día tras día, su cuerpo se hace más fuerte y se pone en pie y ve el rostro del Todopoderoso… Resulta que Él siempre ha estado a mi lado, cuidando de mí. Su sonrisa y Su hermoso rostro siguen siendo muy conmovedores, Su corazón se sigue preocupando tanto por la humanidad que Él creó, y Sus manos siguen siendo tan cálidas y poderosas como lo fueron en el principio. Es como si el hombre regresara a los tiempos del jardín del Edén, pero ahora ya no escucha las seducciones de la serpiente ni se esconde del rostro de Jehová. El hombre se arrodilla en adoración ante Dios, afronta Su semblante sonriente y ofrece su sacrificio más valioso: ¡Oh! ¡Mi Señor, mi Dios!

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios

La obra realizada por Jesús fue simplemente una etapa más elevada que el Antiguo Testamento; se usó para empezar una era, y para dirigir la misma. ¿Por qué dijo: “No he venido para destruir la ley, sino para cumplirla”? Sin embargo, en Su obra había mucho que difería de las leyes practicadas y de los mandamientos seguidos por los israelitas del Antiguo Testamento, porque Él no vino a obedecer la ley, sino a cumplirla. El proceso de cumplirla incluía muchas cosas prácticas: Su obra era más práctica y realista, y además, estaba más viva y no era la adherencia rígida a los preceptos. ¿No guardaban los israelitas el día de reposo? Cuando Jesús vino no lo hizo, porque dijo que el Hijo del hombre era el Señor del día de reposo, y cuando este llegaba, haría lo que deseara. Él había venido a cumplir las leyes del Antiguo Testamento, además de a cambiar las leyes. Todo lo hecho hoy se basa en el presente, pero sigue basándose sobre el fundamento de la obra de Jehová en la Era de la Ley, y no transgrede este ámbito. Vigilar vuestra lengua y no cometer adulterio, por ejemplo, ¿no son estas leyes del Antiguo Testamento? Hoy, lo que se os exige no se limita únicamente a los diez mandamientos, sino que consiste en mandamientos y leyes de un orden superior a los que vinieron antes. Pero esto no significa que lo que vino antes haya sido abolido, porque cada etapa de la obra de Dios se lleva a cabo sobre la base de la anterior. En lo que se refiere a la obra que Jehová hizo entonces en Israel, como requerir que las personas ofrecieran sacrificios, que honraran a sus padres, que no adoraran a ídolos, que no atacaran o maldijeran a los demás, que no cometieran adulterio, que no fumaran ni bebieran, que no comieran cosas muertas ni bebieran sangre, ¿no es acaso el fundamento de vuestra práctica hasta hoy? La obra se ha llevado a cabo hasta nuestros días sobre la base del pasado. Aunque las leyes del pasado ya no se mencionan y se te han puesto nuevas exigencias, estas leyes, lejos de haberse abolido, se han elevado más alto en su lugar. Decir que han sido abolidas significa que la era anterior está obsoleta, mientras que hay algunos mandamientos que debes honrar durante toda la eternidad. Los mandamientos del pasado ya se han puesto en práctica, ya se han convertido en el ser del hombre, y no hay necesidad de hacer especial hincapié en mandamientos de “no fumar” y “no beber”, etc. Sobre este fundamento, se establecen nuevos mandamientos de acuerdo a vuestras necesidades actuales, a vuestra estatura y a la obra actual. Decretar mandamientos para la nueva era no significa abolir los de la antigua, sino elevarlos todavía más sobre este fundamento, hacer las acciones del hombre más completas y más alineadas con la realidad. Si hoy solo se os exigiera seguir los mandamientos y ceñiros a las leyes del Antiguo Testamento de la misma forma que los israelitas, e incluso si se os exigiera memorizar las leyes establecidas por Jehová, no habría posibilidad alguna de que pudierais cambiar. Si solo tuvierais que ceñiros a esos pocos mandamientos limitados o memorizar innumerables leyes, vuestro antiguo carácter quedaría profundamente incrustada, y no habría forma de desarraigarla. De esta forma, os volveríais cada vez más depravados, y ninguno de vosotros llegaría a ser sumiso. Es decir, unos cuantos simples mandamientos o incontables leyes son incapaces de ayudaros a conocer los hechos de Jehová. No sois como los israelitas; ellos, al seguir las leyes y memorizar los mandamientos, fueron capaces de presenciar los hechos de Jehová, y de brindarle su lealtad tan solo a Él. Pero vosotros sois incapaces de conseguir esto, y unos pocos mandamientos de la era del Antiguo Testamento no solo son incapaces de hacer que entreguéis vuestro corazón, o de protegeros, sino que os volverán poco rigurosos, y os harán descender al Hades. Pues Mi obra es de conquista y está dirigida a vuestra rebeldía y a vuestro viejo carácter. Las palabras amables de Jehová y de Jesús no alcanzan las severas palabras del juicio actual. Sin estas, sería imposible conquistaros a vosotros, “expertos”, que habéis sido rebeldes durante miles de años. Hace mucho que las leyes del Antiguo Testamento perdieron su poder sobre vosotros, y el juicio de hoy es mucho más formidable que las viejas leyes. Lo más adecuado para vosotros es el juicio, y no las insignificantes limitaciones de las leyes, porque no sois la humanidad del principio, sino una que ha sido corrupta durante miles de años. Lo que el hombre debe conseguir ahora es acorde al estado real del hombre de hoy, según el calibre y la estatura del hombre actual, y no exige que se siga los preceptos. Esto es así para que puedan lograrse cambios en tu viejo carácter, y para que puedas dejar a un lado tus nociones.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (1)

Aunque la senda que el hombre recorre hoy es también la senda de la cruz y del sufrimiento, lo que el hombre hoy practica y lo que come, bebe y disfruta es muy distinto a lo del hombre bajo la ley y en la Era de la Gracia. Lo que se le pide al hombre hoy es diferente de lo que se le pidió en el pasado y más diferente aún de lo que se le requería en la Era de la Ley. Ahora bien, ¿qué se le pedía al hombre bajo la ley cuando Dios llevaba a cabo Su obra en Israel? Tan solo que guardara el Sabbat y las leyes de Jehová. Nadie debía trabajar en el Sabbat ni transgredir las leyes de Jehová. Pero ahora no es así. En el Sabbat, el hombre trabaja, se reúne y ora como de costumbre y no se le imponen limitaciones. Quienes vivían en la Era de la Gracia debían ser bautizados y, además, se les pedía que ayunaran, partieran el pan, bebieran vino, se cubrieran la cabeza y les lavaran los pies a otros. Ahora, estos preceptos se han abolido, pero se le han impuesto al hombre unas exigencias más elevadas, porque la obra de Dios cada vez es más profunda y la entrada del hombre llega cada vez más alto. En el pasado, Jesús imponía Sus manos sobre la persona y oraba, pero ahora que se ha dicho todo, ¿de qué sirve la imposición de manos? Las palabras pueden lograr resultados por sí solas. Cuando, en el pasado, Él imponía las manos sobre las personas, lo hacía para bendecirlas y también para curarlas de sus enfermedades. Así es como obraba el Espíritu Santo en aquel entonces, pero ahora no es así. Actualmente, el Espíritu Santo utiliza palabras para obrar y obtener resultados. Sus palabras os han quedado claras y deberíais ponerlas en práctica, tal y como se os ha dicho que hagáis. Sus palabras son Sus intenciones; son la obra que Él desea llevar a cabo. Por medio de Sus palabras, entenderás Sus intenciones y lo que Él te pide que logres, y simplemente puedes poner Sus palabras en práctica de manera directa, sin necesidad de la imposición de manos. Algunos pueden decir: “¡Impón Tus manos sobre mí! Impón Tus manos sobre mí de forma que pueda recibir Tu bendición y de modo que pueda participar de Ti”. Esta es una práctica del pasado que ahora está obsoleta porque la era ha cambiado. El Espíritu Santo obra de acuerdo con la era, no al azar ni aplicando preceptos. La era ha cambiado, y una nueva era necesariamente trae consigo obra nueva. Esto es así en cada etapa de la obra, y, así, Su obra nunca se repite. En la Era de la Gracia, Jesús llevó a cabo mucho de ese tipo de obra, como curar enfermedades, expulsar demonios, imponer Sus manos sobre el hombre para orar por él y bendecirlo. Sin embargo, hacerlo nuevamente no respondería a ningún propósito en el presente. El Espíritu Santo obraba de esa forma en ese momento, porque era la Era de la Gracia, y había suficiente gracia para que el hombre disfrutara de ella. Este no tenía que pagar ningún precio y recibiría la gracia mientras creyera. Todos recibían un trato muy benevolente. Ahora, la era ha cambiado, y la obra de Dios ha progresado más; a través de Su castigo y Su juicio, la rebeldía del hombre y las cosas inmundas en su interior se desecharán. Como era la etapa de la redención, Dios tenía que obrar de esa manera, mostrando al hombre suficiente gracia que disfrutar, de forma que el hombre pudiera ser redimido del pecado. Por medio de Su gracia, Él le perdonó sus pecados al hombre. La etapa actual tiene como objetivo exponer las cosas injustas dentro del hombre por medio del castigo, el juicio, el golpe de las palabras, la disciplina y la exposición de las mismas, de modo que la humanidad pueda ser salva después. Esta obra es más profunda que la redención. La gracia que había en la Era de la Gracia era suficiente para el disfrute del hombre; ahora que ya la ha experimentado, ya no habrá de disfrutar más de ella. Esa obra ha quedado obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre ha de ser salvado por medio del juicio de la palabra. Después de que el hombre es juzgado, castigado y refinado, su carácter, por ende, cambia. ¿No se debe todo esto a las palabras que he hablado? Cada etapa de la obra se lleva a cabo de acuerdo con el progreso de toda la raza humana y de acuerdo con la era. La obra es totalmente significativa; todo se lleva a cabo en aras de la salvación final para que la especie humana pueda tener un buen destino en el futuro y para que al final las personas sean ordenadas según su clase.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

En la obra de los últimos días, el poder de la palabra es mayor que el de la manifestación de señales y maravillas, y la autoridad de la palabra sobrepasa la de las señales y las maravillas. La palabra expone todas las actitudes corruptas enterradas en lo profundo del corazón del hombre. No tienes forma de descubrirlas por ti mismo. Cuando sean expuestas por medio de la palabra, llegarás a descubrirlas de forma natural; tendrás que reconocerlas, y estarás totalmente convencido. ¿No es esta la autoridad de la palabra? Este es el resultado alcanzado por la obra actual de la palabra. Por tanto, el hombre no puede salvarse totalmente de sus pecados por medio de la curación de la enfermedad y la expulsión de los demonios, y no puede ser hecho totalmente completo por medio de la manifestación de señales y maravillas. La autoridad para sanar enfermedades y expulsar demonios solo le otorga gracia al hombre, pero la carne del hombre sigue siendo propia de Satanás y las actitudes satánicas corruptas todavía permanecen dentro del hombre. En otras palabras, el hombre que no se ha purificado sigue siendo propio del pecado y la inmundicia. Solo después de que el hombre haya sido purificado por medio de la palabra podrá ser ganado por Dios y ser santificado. Cuando expulsaron a los demonios del hombre y lo redimieron, esto solo significó que él fue arrebatado de las manos de Satanás y devuelto a Dios. Sin embargo, el hombre todavía no ha sido purificado ni cambiado por Dios y sigue siendo corrupto. Dentro del hombre todavía existen la inmundicia, la resistencia y la rebeldía; el hombre solo ha vuelto a Dios por medio de Su redención, pero no tiene el más mínimo conocimiento de Él y todavía es capaz de resistirse a Él y traicionarle. Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que se resiste a Dios. Por tanto, cuando se redimió al hombre, no se trataba más que de un caso de redención. Es decir, se compró al hombre a un alto precio, pero la naturaleza venenosa en su interior no se eliminó. El hombre que es tan inmundo debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo así, el hombre puede ser digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra actual se realiza con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; es para que el hombre deseche su corrupción y sea purificado por medio del juicio y el castigo de la palabra, así como del refinamiento. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es también la obra de conquista, así como la segunda etapa en la obra de salvación. Es por medio del juicio y el castigo por la palabra como el hombre llega a ser ganado por Dios, y es por medio del refinamiento, el juicio y el desenmascaramiento por la palabra que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las esperanzas personales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Aunque el hombre haya sido redimido y perdonado de sus pecados, esto solo puede considerarse como que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, el hombre vive en la carne sin liberarse del pecado y solo puede continuar pecando, revelando sin cesar sus actitudes corruptas satánicas. Esta es la vida que lleva el hombre, un ciclo sin fin de pecar y ser perdonado. La mayor parte de las personas peca de día y confiesa de noche. Y por tanto, aunque la ofrenda por el pecado siempre es efectiva para el hombre, no puede salvarlo del pecado. Solo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo actitudes corruptas. Por ejemplo, cuando las personas se enteraron de que descendían de Moab, se quejaron, dejaron de buscar la vida, y se volvieron totalmente negativas. ¿No muestra esto que el hombre sigue siendo incapaz de someterse plenamente al dominio de Dios? ¿Acaso no son estas precisamente las actitudes satánicas corruptas del hombre? Cuando no estabas siendo sometido al castigo, levantabas tu mano más alto que todas las demás, incluidas las de Jesús. Y clamabas en voz alta: “¡Seamos un hijo amado de Dios! ¡Seamos un íntimo de Dios! ¡Mejor sería morir antes que inclinarnos ante Satanás! ¡Nos rebelamos contra el viejo Satanás! ¡Nos rebelamos contra el gran dragón rojo! ¡Que el gran dragón rojo caiga del poder de una vez! ¡Que Dios nos haga completos!”. Gritaste más fuerte que todos los demás. Pero entonces llegó el tiempo del castigo y, una vez más, se revelaron tus actitudes corruptas. Tus gritos cesaron y perdiste la determinación. Esta es la corrupción del hombre; es algo más profundo que el pecado; algo plantado por Satanás y profundamente arraigado dentro del hombre. No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados y no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Solo se puede lograr este resultado por medio del juicio de la palabra. Solo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

La obra de salvación del hombre consta de tres etapas; es decir, la batalla con Satanás se ha dividido en tres etapas y Satanás será así derrotado de una vez y para siempre. Sin embargo, la historia real de la totalidad de la obra de la batalla contra Satanás es que sus efectos se logran a través de varios pasos de la obra: concediéndole gracia al hombre y convirtiéndose en la ofrenda por su pecado, perdonando los pecados, conquistando y perfeccionando al hombre. Dicho sin rodeos, la batalla con Satanás no es tomar las armas contra él, sino dar testimonio por Dios mediante salvar al hombre, obrar en su vida y cambiar su carácter y derrotar así a Satanás. Así es como se derrota a Satanás, mediante la transformación del carácter corrupto del hombre. Una vez vencido, es decir, cuando el hombre haya sido completamente salvado, entonces el humillado Satanás será atado por completo y, de ese modo, el hombre habrá sido totalmente salvado. Así, la esencia de la salvación del hombre es la batalla contra Satanás, y esta batalla se refleja principalmente en la salvación del hombre. La etapa de los últimos días, en la que el hombre va a ser conquistado, es la última etapa de obra en la batalla con Satanás, y también es la obra de la completa salvación del hombre del poder de Satanás. El significado interior de la conquista del hombre es regresar a la personificación de Satanás —el hombre, que ha sido corrompido por él— al Creador luego de ser conquistado, por medio de lo cual se rebelará contra Satanás y volverá por completo a Dios. De este modo, el ser humano habrá sido completamente salvado. Por tanto, la obra de conquista es la última en la batalla contra Satanás y es la fase final de la gestión de Dios, que tiene como objetivo derrotar a Satanás. Sin esta obra, la plena salvación del hombre sería imposible en última instancia, también sería imposible la derrota total de Satanás y la humanidad no sería nunca capaz de entrar en el maravilloso destino, o liberarse de la influencia de Satanás. Por tanto, la obra de salvación del hombre no puede concluir antes de que la batalla con Satanás haya acabado, porque el núcleo central de la obra de gestión de Dios es por el bien de la salvación de la especie humana. Al principio del todo, la especie humana estaba en las manos de Dios, pero a causa de la tentación y la corrupción de Satanás, el hombre fue atado por Satanás y cayó en las manos del maligno. Satanás se convirtió, pues, en el objeto que debía ser derrotado en la obra de gestión de Dios. Al haber tomado Satanás posesión del hombre y al ser este el capital en toda la gestión de Dios, si el hombre ha de salvarse, es necesario rescatarlo de las manos de Satanás; esto significa que el hombre, que ha sido retenido cautivo por Satanás, debe ser recuperado. Así, Satanás debe ser derrotado mediante cambios en el antiguo carácter del hombre y la restauración de su razón original. De este modo, el hombre, que ha sido tomado cautivo, puede ser recuperado de las manos de Satanás. Si el hombre es liberado de la influencia y la esclavitud de Satanás, entonces este será avergonzado y el ser humano será rescatado en última instancia y Satanás derrotado. Al quedar el hombre libre de la oscura influencia de Satanás, se convertirá en el botín de esta batalla al completo y Satanás será objeto de castigo una vez acabada la batalla; después de esto, toda la obra de la salvación de la humanidad habrá concluido.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso

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