C. Acerca de comprender la verdad y entrar en la realidad

433. Esta es la Era del Reino. Si has entrado en esta nueva era depende de si has entrado en la realidad de las palabras de Dios y de si Sus palabras se han convertido la realidad de tu vida. Las palabras de Dios se dan a conocer a cada persona para que, al final, todos vivan en el mundo de las palabras de Dios, y Sus palabras esclarecerán e iluminarán a cada persona desde dentro. Si, durante este período, eres descuidado en la lectura de las palabras de Dios y no tienes interés en ellas, eso demuestra que tu condición es equivocada. Si eres incapaz de entrar en la Era de la Palabra, entonces el Espíritu Santo no obra en ti; si has entrado en esta era, Él llevará a cabo Su obra. ¿Qué puedes hacer al inicio de la Era de la Palabra para ganar la obra del Espíritu Santo? En esta era, y entre vosotros, Dios logrará lo siguiente: que cada persona vivirá las palabras de Dios, será capaz de poner en práctica la verdad y amará a Dios fervientemente; que todas las personas usen las palabras de Dios como una base y como su realidad y tengan un corazón que venere a Dios, y que, a través de la práctica de las palabras de Dios, el hombre ejercerá el poder monárquico junto con Dios. Esta es la obra que Dios ha de llevar a cabo. […] Dios usa las palabras para gobernar a las personas; te sientes bien si comes y bebes las palabras de Dios y, si no lo haces, no tienes una senda a seguir. Las palabras de Dios se convierten en el alimento de las personas y en la fuerza que las impulsa. La Biblia dice que “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Hoy, Dios hará que se cumpla esto en vosotros. ¿Cómo es que, en el pasado, las personas podían estar muchos días sin leer las palabras de Dios y, sin embargo, podían seguir comiendo y trabajando como siempre, pero eso no ocurre en el presente? En esta era, Dios usa, primordialmente, las palabras para gobernar a todos. A través de las palabras de Dios, el hombre es juzgado y perfeccionado, y, luego, finalmente, es llevado al reino. Sólo las palabras de Dios pueden proveer la vida del hombre, y sólo las palabras de Dios pueden dar luz al hombre y una senda de práctica, especialmente en la Era del Reino. Siempre que no te apartes de la realidad de las palabras de Dios, y comas y bebas a diario Sus palabras, Dios podrá perfeccionarte.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

434. La verdad que el hombre necesita poseer se encuentra en la palabra de Dios, y es la verdad más beneficiosa y útil para la humanidad. Es el tónico y el sustento que vuestro cuerpo necesita, algo que ayuda al hombre a restablecer su humanidad normal. Es una verdad con la que el hombre debería equiparse. Cuanto más practiquéis la palabra de Dios, más rápidamente florecerá vuestra vida y más clara se volverá la verdad. Conforme crezcáis en estatura, veréis las cosas del mundo espiritual con mayor claridad y más fortaleza tendréis para triunfar sobre Satanás. Gran parte de la verdad que no entendéis se esclarecerá cuando practiquéis la palabra de Dios. La mayoría de las personas se conforman simplemente con entender el texto de la palabra de Dios y se enfocan en equiparse con doctrinas en lugar de profundizar su experiencia en la práctica, pero ¿no es este el camino de los fariseos? Entonces, ¿cómo puede ser real para ellos la frase “La palabra de Dios es vida”? La vida de una persona no puede madurar simplemente leyendo la palabra de Dios, sino solo cuando la palabra de Dios se pone en práctica. Si crees que entender la palabra de Dios es lo único que necesitas para tener vida y estatura, entonces tu entendimiento está distorsionado. Entender verdaderamente la palabra de Dios ocurre cuando practicas la verdad, y debes entender que “solo puedes comprender la palabra de Dios practicando la verdad”. Hoy, después de leer la palabra de Dios, solo puedes decir que la conoces, pero no que la entiendes. Algunas personas afirman que la única forma de practicar la verdad es entenderla primero, pero esto es solo parcialmente correcto, y, ciertamente, no es una afirmación del todo precisa. Antes de tener conocimiento de una verdad no la has experimentado. Sentir que entiendes algo que escuchas en un sermón no es entender realmente: solo es tomar posesión de las palabras literales de la verdad, y no es lo mismo que entender su verdadero significado. Tener un mero conocimiento superficial de la verdad no significa que la entiendas realmente o que tengas conocimiento de ella; el verdadero significado de la verdad viene de haberla experimentado. Por tanto, solo cuando experimentas la verdad puedes comprenderla y solo entonces puedes comprender sus partes ocultas. Profundizar tu experiencia es la única forma de comprender las connotaciones y de entender la esencia de la verdad. Por tanto, puedes ir a cualquier parte con la verdad, pero si no hay verdad en ti, entonces no pienses en intentar convencer ni siquiera a los miembros de tu familia y, mucho menos, a las personas religiosas. Sin la verdad eres como copos de nieve que caen, pero, con ella, puedes ser feliz y libre y nadie puede atacarte. Por muy fuerte que sea una teoría, no puede superar a la verdad. Con la verdad, el mundo mismo puede tambalearse y pueden moverse los mares y las montañas, mientras que la ausencia de verdad puede conducir a que los muros de una gran ciudad se reduzcan a escombros debido a los gusanos. Esto es un hecho evidente.

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

435. Llegar a un verdadero entendimiento del significado real de las palabras de Dios no es tarea fácil. No pienses de esta manera: “yo puedo interpretar el significado literal de las palabras de Dios y todos dicen que mi interpretación es buena y me dan el visto bueno, así que implica que entiendo las palabras de Dios”. Eso no es lo mismo que entender las palabras de Dios. Si has obtenido algo de luz a partir de las declaraciones de Dios y has obtenido una cierta percepción del verdadero significado de Sus palabras, y si puedes decir la intención tras ellas y qué efecto lograrán finalmente, entonces, una vez tengas un claro entendimiento de todas estas cosas, se puede considerar que tienes un cierto nivel de entendimiento de las palabras de Dios. Así pues, entender las palabras de Dios no es tan sencillo. Sólo porque puedas dar una bella explicación de su significado literal no significa que las entiendas. Independientemente de qué tanto puedas explicar su significado literal, tu explicación se sigue basando en la imaginación y la forma de pensar humana: ¡es inútil! ¿Cómo puedes entender las palabras de Dios? La clave es buscar la verdad en ellas; sólo de esa manera puedes entender de verdad lo que Él dice. Cuando Dios habla, es indudable que nunca lo hace con meras generalidades. Cada frase que declara contiene detalles que con seguridad se revelarán posteriormente en las palabras de Dios, y que pueden expresarse de una forma diferente. El hombre no puede comprender las formas en que Dios expresa la verdad. Las declaraciones de Dios son muy profundas y no se pueden comprender con la forma de pensar del hombre. Las personas pueden descubrir el significado completo de cada aspecto de la verdad siempre que hagan el esfuerzo; si haces esto, entonces, a medida que las experimentes, los detalles que permanezcan se rellenarán por completo cuando el Espíritu Santo te esclarezca, dándote así un entendimiento respecto a estas condiciones concretas. Una parte consiste en entender la palabra de Dios y buscar su contenido específico al leerlas. Otra parte es entender las insinuaciones de las palabras de Dios a través de la experiencia de estas y la obtención del esclarecimiento del Espíritu Santo. Por medio de estas dos formas se logra un verdadero entendimiento de las palabras de Dios. Si interpretas Sus palabras literalmente o a través de la lente de tu propio pensamiento o imaginación, entonces tu entendimiento de las palabras de Dios no es verdadero, no importa con cuánta elocuencia puedas interpretarlas. Es posible que, incluso, puedas sacarlas de contexto y malinterpretarlas, y esto es más problemático aún. Así pues, la verdad se obtiene principalmente a través de recibir un esclarecimiento por parte del Espíritu Santo por medio de ganar conocimiento de las palabras de Dios. Comprender el significado literal de Sus palabras o poder explicarlas no cuenta como que hayas obtenido la verdad. Si sólo necesitaras interpretar el significado literal de Sus palabras, ¿de qué serviría el esclarecimiento del Espíritu Santo? ¡En ese caso, sólo necesitarías tener cierto nivel de educación y los incultos se verían todos en un gran aprieto! El cerebro humano no puede comprender la obra de Dios. Un entendimiento verdadero de las palabras de Dios depende, principalmente, de tener esclarecimiento del Espíritu Santo; así es el proceso de obtener la verdad.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

436. Si a partir de las palabras de Dios no entiendes Su voluntad ni las intenciones tras sus declaraciones, si no entiendes los objetivos y resultados que Sus palabras pretenden conseguir, si no entiendes qué buscan lograr y perfeccionar en el hombre Sus palabras, si no entiendes estas cosas, eso demuestra que todavía no comprendes la verdad. ¿Por qué dice Dios lo que dice? ¿Por qué habla en ese tono? ¿Por qué es tan formal y sincero en cada palabra que pronuncia? ¿Por qué decide usar ciertas palabras? ¿Lo sabes? Si no lo puedes decir con certeza, es que no entiendes la voluntad de Dios ni Sus propósitos, no entiendes el contexto subyacente a Sus palabras. Si no comprendes esto, ¿cómo puedes obtener entonces la verdad? Obtener la verdad significa entender Su voluntad a través de cada palabra que Él dice; significa poner en práctica las palabras de Dios una vez las has entendido, y permitirte vivirlas y que se conviertan en tu realidad. Sólo cuando tienes un entendimiento exhaustivo de la palabra de Dios puedes comprender realmente la verdad. Al entender únicamente algunas epístolas y doctrinas, crees comprender la verdad y estar en posesión de la realidad. Incluso dices: "Dios quiere que seamos honestos y eso hemos practicado". Sin embargo, no entiendes por qué quiere Dios que la gente sea honesta ni por qué quiere que lo ame. En realidad, con esas exigencias a la gente, el propósito de Dios es traerle la salvación y la perfección.

Dios expresa la verdad para la gente que tiene sed de la verdad, que buscan la verdad y la aman. En cuanto a aquellos que se preocupan por letras y doctrinas, y gustan de dar extensos y pomposos discursos, nunca obtendrán la verdad, se están engañando a sí mismos. Tales personas tienen una visión incorrecta de la interpretación de las palabras de Dios; retuercen el cuello para leer lo que es recto, su perspectiva es equivocada. Algunas personas sólo saben investigar las palabras de Dios, estudiando lo que Él dice respecto a ser bendecido y sobre el destino del hombre. Si las palabras de Dios no encajan con sus nociones, se vuelven negativas y detienen su búsqueda. Esto muestra que no están interesadas en la verdad. En consecuencia, no se toman la verdad en serio; solo pueden aceptar la verdad de sus nociones y fantasías. Aunque esas personas son fervorosas en su fe en Dios y tratan por todos los medios de hacer buenas obras y presentarse correctamente ante los demás, lo hacen exclusivamente para tener un buen destino en el futuro. Pese a que también participan en la vida de iglesia, donde comen y beben de las palabras de Dios con todos los demás, les cuesta entrar en la realidad de la verdad y alcanzarla. Otros, igualmente, comen y beben de las palabras de Dios, pero se limitan a hacerlo mecánicamente; creen haber alcanzado la verdad simplemente por haber logrado entender algunas epístolas y doctrinas. ¡Vaya necios! La palabra de Dios es la verdad. Ahora bien, no necesariamente entenderás y alcanzarás la verdad por leer las palabras de Dios. Si no la alcanzas comiendo y bebiendo de Sus palabras, lo que tendrás serán epístolas y doctrinas. No sabes lo que significa obtener la verdad. Puedes sostener las palabras de Dios en la palma de tu mano, sin embargo, después de leerlas, sigues siendo incapaz de entender la voluntad de Dios. Sólo adquieres algunas letras y doctrinas. Ante todo, deberías ser consciente de que la palabra de Dios no es tan sencilla; la palabra de Dios es totalmente profunda. Sin muchos años de experiencia, ¿cómo podrías entender la palabra de Dios? Incluso una frase de las palabras de Dios te requerirá tu vida entera para experimentarla plenamente. Lees las palabras de Dios, pero no entiendes Su voluntad; no entiendes los propósitos de Sus palabras, su origen, el efecto que buscan lograr, o qué buscan conseguir. Si no entiendes ninguna de estas cosas, entonces ¿cómo puedes entender la verdad? Es posible que hayas leído las palabras de Dios muchas veces, y quizás puedas recitar muchos pasajes de memoria, pero sigues sin haber cambiado en absoluto, ni has hecho ningún progreso. Tu relación con Dios es tan distante y alienada como siempre. Siguen existiendo barreras entre tú y Dios, como antes, y sigues teniendo dudas respecto a Él. No sólo no entiendes a Dios, sino que le pones excusas y albergas nociones sobre Él. Te resistes e incluso blasfemas contra Él. ¿Cómo puede esto significar que has obtenido la verdad?

Extracto de ‘Solo aquellos con la realidad de la verdad pueden liderar’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

437. ¿Está vuestro entendimiento de la verdad integrado en vuestras propias condiciones? En la vida real, primero tienes que pensar en qué verdades se relacionan con las personas, los acontecimientos y las cosas con los que te has encontrado; en medio de estas verdades es donde puedes descubrir la voluntad de Dios y relacionar lo que has hallado con Su voluntad. Si desconoces qué aspectos de la verdad están relacionados con las cosas con las que te has encontrado, pero, en cambio, vas directamente en busca de la voluntad de Dios, este es un planteamiento ciego que no puede lograr resultados. Si quieres buscar la verdad y comprender la voluntad de Dios, primero es necesario que consideres qué tipo de cosas te han sucedido, con qué aspectos de la verdad están relacionados, y sondear la verdad específica en la palabra de Dios que tenga que ver con lo que has experimentado. Luego, busca la senda de la práctica adecuada para ti en esa verdad; de esta forma, puedes lograr un entendimiento indirecto de la voluntad de Dios. Buscar la verdad y practicarla no es aplicar una doctrina de manera mecánica ni seguir una fórmula. La verdad no es formulada ni es una ley. No está muerta; es vida, es algo vivo, es la regla que un ser creado debe seguir en la vida y la norma que un ser humano debe tener en la vida. Esto es algo que debes entender lo mejor posible a través de la experiencia. Independientemente de la etapa que hayas alcanzado en tu experiencia, eres inseparable de la palabra de Dios y de la verdad, y lo que entiendes de Su carácter y lo que sabes que Dios tiene y es, todo esto está expresado en Sus palabras; están inextricablemente vinculados a la verdad. El carácter de Dios y lo que Él tiene y es, son en sí mismos, la verdad. Esta es una manifestación auténtica del carácter de Dios y de lo que Él tiene y es. Concreta lo que Dios tiene y es, y lo declara de forma expresa; te indica de un modo más directo lo que le agrada a Dios, lo que le desagrada, lo que Él quiere que hagas y lo que no te permite hacer, a qué personas desprecia y en quiénes se deleita. Tras las verdades que Dios expresa, las personas pueden ver Su placer, Su enojo, Su tristeza y Su felicidad, así como Su esencia; esta es la revelación de Su carácter. Al margen de saber lo que Dios tiene y es, y de comprender Su carácter a partir de Su palabra, lo más importante es la necesidad de alcanzar esta comprensión por medio de la experiencia práctica. Si las personas se apartan de la vida real para conocer a Dios, no serán capaces de lograrlo. Aunque haya quienes puedan lograr cierta comprensión de Su palabra, su comprensión se limita a teorías y palabras, y surge una disparidad con cómo es Dios en realidad.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

438. Durante el proceso de buscar entrar, cada asunto debe investigarse y compararse con la palabra de Dios y con la verdad; debe sopesarse minuciosamente para saber cómo hacerlo de una forma que sea totalmente conforme a la voluntad de Dios. Es entonces cuando puedes renunciar a las cosas que surgen de tu propia voluntad. Sabrás cómo hacer las cosas en conformidad con la voluntad de Dios, e irás y las harás, como si todo estuviera tomando su curso natural, y sentirás que es extremadamente fácil. Las personas que tienen la verdad hacen las cosas de esta manera. Entonces puedes demostrar de verdad cómo ha cambiado tu carácter; ellos verán que, sin duda, posees algunas buenas obras, que haces las cosas con principios y que lo haces todo bien. Verán que eres alguien que entiende la verdad, que sin duda tienes alguna semejanza humana. Está claro que la palabra de Dios ha dado resultados en las personas. Una vez que estas han entendido realmente la verdad, pueden discernir sus condiciones de ser, ver el fondo de los asuntos complicados y saber la manera adecuada de practicar. Si no entiendes la verdad, no serás capaz de discernir tus propias condiciones de ser. Querrás rebelarte contra ti mismo, pero no tendrás ni idea de cómo hacerlo ni contra qué te estás rebelando. Querrás abandonar tu propia voluntad; pero, si piensas que ésta se conforma a la verdad, ¿cómo puedes abandonarla? Podrías pensar que está esclarecida por el Espíritu Santo y, por tanto, rehusará abandonarla pase lo que pase. Así, cuando alguien no está en posesión de la verdad, le resulta fácil pensar que las impurezas humanas, las buenas intenciones, el amor confundido y las prácticas humanas, todas las cuales surgen de su propia voluntad, son correctas y se conforman a la verdad. ¿Cómo puedes rebelarte contra esas cosas? Si no entiendes la verdad ni sabes lo que significa ponerla en práctica, y si tus ojos están nublados y no tienes idea de qué camino tomar y por tanto sólo haces las cosas sobre la base de lo que te parece correcto, entonces cometerás ciertos actos desviados o erróneos, algunos que respetarán las reglas, otros que surgirán del entusiasmo y algunos que se han originado en Satanás y que causarán trastornos. Las personas que no poseen la verdad actúan así; un poco a la izquierda, y después un poco a la derecha; lo correcto durante un minuto y, al siguiente, se desvían; no tienen precisión alguna. Los que no poseen la verdad tienen una visión absurda de las cosas. Entonces, ¿cómo pueden manejar sus asuntos de forma adecuada? ¿Cómo pueden resolver cualquier problema? Entender la verdad no es algo fácil de hacer. Ser capaz de comprender las palabras de Dios depende del entendimiento de la verdad, y la verdad que las personas son capaces de entender tiene sus límites. Su entendimiento de las palabras de Dios será limitado aunque crean en Él durante toda su vida. Incluso aquellas personas relativamente experimentadas pueden, en el mejor de los casos, llegar al punto donde pueden parar de hacer cosas que resisten de manera manifiesta a Dios, dejar de hacer esas cosas que son obviamente malvadas y las que no benefician a nadie. A ellos les resulta imposible alcanzar un estado que no contenga una mezcla de su propia voluntad. Esto se debe a que las personas tienen pensamientos normales; y una parte de su pensamiento se conforma a las palabras de Dios y pertenece a un aspecto de la comprensión que no puede catalogarse como voluntad propia. Sin embargo, la clave está en discernir las partes de la voluntad propia que van contra las palabras de Dios, contra la verdad y contra el esclarecimiento por parte del Espíritu Santo. Debes, por tanto, hacer un esfuerzo para conocer las palabras de Dios, y sólo puedes tener discernimiento cuando entiendes la verdad.

Extracto de ‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

439. Si habéis leído mucho de la palabra de Dios, pero solo entendéis el significado del texto y carecéis de un conocimiento directo de esa palabra a través de vuestras experiencias prácticas, entonces no conocerás la palabra de Dios. En lo que a ti respecta, la palabra de Dios no es vida, sino, simplemente, letra muerta. Y si solo pones en práctica letras sin vida, entonces no puedes entender la esencia de la palabra de Dios ni entenderás Su voluntad. El significado espiritual de la palabra de Dios solo se te abrirá cuando experimentes Su palabra en tus experiencias reales, y es solo a través de la experiencia que puedes comprender el significado espiritual de muchas verdades y desentrañar los misterios de la palabra de Dios. Por muy clara que sea Su palabra, si no la pones en práctica todo lo que habrás comprendido son letras y doctrinas vacías, que se han convertido en leyes religiosas para ti. ¿No es esto, acaso, lo que hicieron los fariseos? Si practicáis y experimentáis la palabra de Dios, esta se vuelve práctica para vosotros; si no buscáis practicarla, entonces para vosotros es poco más que la leyenda del tercer cielo. De hecho, el proceso de creer en Dios es, para vosotros, el proceso de experimentar Su palabra y de que Él os gane o, dicho de un modo más claro, creer en Dios es tener el conocimiento y el entendimiento de Su palabra, así como experimentarla y vivirla; tal es la realidad detrás de vuestra creencia en Dios. Si creéis en Él y esperáis la vida eterna sin buscar practicar Su palabra como algo que tenéis dentro de vosotros, entonces sois insensatos. Esto sería como ir a un banquete y solo observar la comida y aprenderte de memoria todas las cosas deliciosas que hay sin probar ninguna de ellas. ¿Acaso no sería insensata una persona así?

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

440. En esencia, vuestro objetivo es dejar que la palabra de Dios tenga efecto en vosotros. Dicho de otro modo, consiste en tener un verdadero entendimiento de la palabra de Dios al practicarla. Quizá vuestra capacidad de comprender la palabra de Dios sea pobre, pero cuando la ponéis en práctica, Él puede remediar este defecto, así que no solo debéis conocer muchas verdades, sino que también debéis practicarlas. Este es el mayor enfoque que no se puede ignorar. Jesús padeció muchas humillaciones y sufrimientos en Sus treintaitrés años y medio. Sufrió tanto sencillamente porque practicó la verdad, hizo la voluntad de Dios en todas las cosas y sólo le importaba la voluntad de Dios. Es un sufrimiento por el que Él no habría pasado si hubiera conocido la verdad y no la hubiera practicado. Si Jesús hubiera seguido las lecciones de los judíos y hubiera seguido a los fariseos; entonces no habría sufrido. A partir de las acciones de Jesús puedes aprender que la efectividad de la obra de Dios en el hombre viene de la cooperación de este, y esto es algo que debéis reconocer. ¿Habría sufrido Jesús en la cruz como lo hizo de no haber practicado la verdad? ¿Podría haber hecho una oración tan dolorosa de no haber actuado de acuerdo con la voluntad de Dios? Por tanto, debéis sufrir en aras de practicar la verdad; esta es la clase de sufrimiento por la que una persona debe pasar.

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

441. Desde que las personas empezaron a creen en Dios, han albergado muchas intenciones incorrectas. Cuando no estás poniendo en práctica la verdad, sientes que todas tus intenciones son correctas, pero, cuando te ocurra algo, verás que hay muchas incorrectas dentro de ti. Así pues, cuando Dios hace perfectas a las personas, provoca que se den cuenta de los muchos conceptos que hay en ellas y que están obstruyendo su conocimiento de Dios. Cuando reconoces que tus intenciones son erróneas, si eres capaz de dejar de practicar de acuerdo a tus conceptos e intenciones, de dar testimonio de Dios y de mantenerte firme en tu posición en todo lo que te acontece, esto demuestra que te has rebelado contra la carne. Cuando lo has hecho, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que las personas lo sigan, que sigan las nociones de la carne y defiendan los intereses de la carne, pero las palabras de Dios esclarecerán e iluminarán a las personas en su interior, y en ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Dios pide a las personas que pongan en práctica la verdad principalmente para ocuparse de las cosas de su interior, de sus pensamientos y sus nociones que no son según Su corazón. El Espíritu Santo toca a las personas en su corazón y las esclarece e ilumina. Por tanto, existe una batalla detrás de todo lo que acontece: cada vez que las personas ponen en práctica la verdad, o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla, y aunque todo pueda parecer estar bien con su carne, en lo profundo de sus corazones se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Sólo después de esta intensa lucha, después de una tremenda cantidad de reflexión, puede decidirse la victoria o la derrota. Uno no sabe si reír o llorar. Como muchas de las intenciones internas de las personas son erróneas, o como gran parte de la obra de Dios entra en conflicto con sus nociones, cuando las personas ponen en práctica la verdad, se libra una gran batalla entre bambalinas. Una vez puesta en práctica esta verdad, las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza antes de decidirse por fin a satisfacer a Dios. Es gracias a esta batalla que las personas soportan el sufrimiento y el refinamiento; esto es sufrimiento real. Cuando la batalla llegue a ti, si eres capaz de ponerte verdaderamente en el lado de Dios, podrás satisfacerle. Mientras se practica la verdad, es inevitable sufrir por dentro; si, cuando pusieran en práctica la verdad, todo estuviese bien en su interior, no necesitarían que Dios los perfeccionase ni habría batalla, y no sufrirían. Por la gran cantidad de cosas no adecuadas en las personas para el uso de Dios, y como hay mucho del carácter rebelde de la carne, los seres humanos deben aprender de un modo más profundo la lección de rebelarse contra la carne. Esto es lo que Dios llama el sufrimiento que le pidió al hombre que pasara junto con Él. Cuando encuentres dificultades, date prisa y ora a Dios: “¡Oh Dios! Deseo satisfacerte, deseo soportar la dificultad final para satisfacer Tu corazón, e independientemente de lo grandes que sean los reveses que sufra, seguiré satisfaciéndote. Aunque tenga que entregar toda mi vida, ¡seguiré satisfaciéndote!”. Con esta determinación, cuando ores así serás capaz de mantenerte firme en tu testimonio. Cada vez que ponen en práctica la verdad, cada vez que pasan por refinamientos, cada vez que son probadas, y cada vez que la obra de Dios viene sobre ellas, las personas tienen que soportar un dolor extremo. Todo esto es una prueba para ellas y, por tanto, dentro de todas ellas hay una batalla. Este es el precio real que pagan. Leer más de las palabras de Dios y correr más de un lado a otro es una parte del precio. Es lo que las personas deberían hacer, es su deber y la responsabilidad que deberían cumplir, pero tienen que dejar de lado lo que es necesario dejar de lado dentro de ellas. Si no lo haces, por muy grande que sea tu sufrimiento externo, y por mucho que corretees, ¡todo será en vano! Es decir, sólo los cambios en tu interior pueden determinar si tus dificultades externas tienen valor. Cuando tu carácter interno ha cambiado y has puesto en práctica la verdad, todo tu sufrimiento externo obtendrá la aprobación de Dios; si no ha habido cambio en tu carácter interno, no importa cuánto sufrimiento soportes o cuánto corretees en el exterior, no habrá aprobación de Dios y las dificultades no confirmadas por Dios son en vano. Por consiguiente, si el precio que pagaste es aprobado por Dios depende de si se ha producido un cambio en ti o no, y si pones o no la verdad en práctica y te rebelas contra tus propias intenciones y nociones para alcanzar la satisfacción de la voluntad de Dios, el conocimiento de Dios y la lealtad a Dios. No importa cuánto corras de un lado para otro, si nunca has sabido rebelarte contra tus propias intenciones, si solo buscas acciones y fervor externos y nunca prestas atención a tu vida, tus dificultades habrán sido en vano.

Extracto de ‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

442. Las creencias de las personas no pueden ocupar el lugar de la verdad

Algunas personas son capaces de soportar dificultades, pueden pagar el precio; externamente se comportan muy bien, son bastante respetadas y cuentan con la admiración de los demás. ¿Diríais que este tipo de comportamiento externo puede considerarse una puesta en práctica de la verdad? ¿Podría uno determinar que estas personas están satisfaciendo la voluntad de Dios? ¿Por qué, una y otra vez, las personas ven a estos individuos y creen que están satisfaciendo a Dios, que siguen el camino de poner en práctica la verdad y se mantienen en el camino de Dios? ¿Por qué piensan así algunas personas? Sólo hay una explicación para ello. ¿Cuál es? Pues que un gran número de personas no tienen claras algunas cuestiones, como qué es poner en práctica la verdad, qué significa satisfacer a Dios y poseer la genuina realidad de la verdad. Por ello, algunos son engañados con frecuencia por los que en apariencia son espirituales, nobles y elevados y grandes hombres. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de letras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son engañados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus hechos, o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han verificado si estas personas se someten verdaderamente a Dios, ni tampoco han determinado si de verdad temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. En su lugar, empezando por el primer momento de conocerlas, llegan poco a poco a admirarlas, venerarlas, y acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran, y que creen que pueden abandonar a sus familias y sus trabajos, y que superficialmente parecen capaces de pagar el precio, son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y buenos destinos. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué les induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos en primer lugar el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, a sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y en lo que tiende cada uno a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Si se están centrando en asuntos superficiales o profundos, o en letras y doctrinas o realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo y esfuerzo en la búsqueda y la puesta en práctica de principios de práctica encontrados en las declaraciones de Dios. Más bien prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento. Para ellos, este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo que toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de congraciarse con Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas también lo dejan a Él de lado sin escrúpulos, y colocan a los ídolos que admiran en Su lugar. Sólo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo acciones tan ignorantes y tienen puntos de vista semejantes, al igual que opiniones y prácticas tan parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que aunque las personas pueden seguir a Dios, orarle y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Su voluntad. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias de la gente, y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlos, entonces ¿puede esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Pueden tales personas simplemente ir y adorar a otra? ¿Puede un ser humano corriente ser su ídolo? Las personas que entienden la voluntad de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras siguen el camino de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unas simples reglas o principios equivale a poner en práctica la verdad.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

443. Si puedes consagrar tu corazón, tu cuerpo y todo tu amor verdadero a Dios, ponerlos delante de Dios, serle completamente obediente y ser absolutamente considerado con Su voluntad, no para la carne, no para la familia y no para tus propios deseos personales, sino para los intereses de la casa de Dios, tomando la palabra de Dios como el principio y fundamento de todo, entonces, al hacer esto, todas tus intenciones y todas tus perspectivas estarán en el lugar correcto y entonces serás una persona ante Dios que recibe Sus elogios. A Dios le gustan las personas que son absolutas con Él, las que le son leales únicamente a Él. Aquellos a quienes Dios aborrece son los que son tibios con Él y se rebelan contra Él. Aborrece a quienes creen en Él, y siempre quieren disfrutarle, pero luego son incapaces de gastarse completamente por Él. Aborrece a quienes afirman amarlo, pero se rebelan contra Él en sus corazones; aborrece a quienes usan palabras pomposas y elocuentes para engañar. Los que no tienen una dedicación genuina a Dios o no se han sometido de verdad a Él son personas traicioneras, demasiado arrogantes por naturaleza. Los que no pueden ser auténticamente sumisos ante el Dios normal y práctico son incluso más arrogantes, y ellos en especial son la progenie obediente del arcángel. La gente que se gasta de verdad por Dios ponen todo su ser ante Él, se someten genuinamente a todas Sus declaraciones, y son capaces de poner en práctica Sus palabras. Hacen de las palabras de Dios el fundamento de su existencia, y son capaces de buscar con sinceridad entre las palabras de Dios para averiguar qué partes practicar. Así es la gente que vive realmente ante Dios. Si lo que haces es beneficioso para tu vida, si comiendo y bebiendo de Sus palabras puedes suplir tus necesidades interiores y tus deficiencias, de forma que tu carácter vital se transforme, entonces esto satisfará la voluntad de Dios. Si actúas de acuerdo a las exigencias de Dios, y si no satisfaces a la carne sino que en vez de eso satisfaces Su voluntad, entonces en esto habrás entrado en la realidad de Sus palabras. Cuando se habla de entrar de manera más realista en la realidad de las palabras de Dios, esto significa que puedes llevar a cabo tu obligación, y cumplir las exigencias de Dios. Sólo estos tipos de acciones prácticas pueden denominarse entrar en la realidad de Sus palabras. Si eres capaz de entrar en esta realidad, entonces poseerás la verdad. Este es el principio de entrar en la realidad; primero debes llevar a cabo este entrenamiento, y sólo después de esto podrás entrar en realidades incluso más profundas.

Extracto de ‘Aquellos que de verdad aman a Dios son los que pueden someterse completamente a Su practicidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

444. Si quieres entrar en la realidad, uno debe enfocar todo hacia la vida real. Si, al creer en Dios, las personas no pueden llegar a conocerse a sí mismas mediante la entrada en la vida real, y si no pueden vivir la humanidad normal en la vida real, entonces se convertirán en fracasos. Todos los que desobedecen a Dios son personas que no pueden entrar en la vida real. Todos son personas que hablan de la humanidad, pero viven la naturaleza de los demonios. Son todas las personas que hablan de la verdad, pero viven las doctrinas. Aquellos que no pueden vivir la verdad en la vida real son los que creen en Dios, pero que Él los aborrece y los rechaza. Tienes que practicar tu entrada en la vida real, conocer tus propias deficiencias, desobediencia, e ignorancia y conocer tu humanidad anormal y tus debilidades. De esa manera, tu conocimiento se integrará en tu condición y dificultades presentes. Sólo este tipo de conocimiento es real y puede permitirte comprender verdaderamente tu propia condición y lograr una transformación del carácter.

Extracto de ‘Discutiendo la vida de la iglesia y la vida real’ en “La Palabra manifestada en carne”

445. Los buenos soldados del reino no están entrenados para ser un grupo de personas que solo puedan hablar de la realidad o alardear, sino más bien están entrenadas para vivir las palabras de Dios en todo momento, para permanecer inflexibles a pesar de los contratiempos a los que se enfrenten, y vivir constantemente de acuerdo con las palabras de Dios y no volver al mundo. Esta es la realidad de la que Dios habla; esta es la exigencia de Dios para el hombre. Por lo tanto, no consideres que la realidad hablada por Dios es demasiado simple. La sola iluminación del Espíritu Santo no es igual a poseer la realidad. Esta esta no es la estatura del hombre, sino la gracia de Dios, a la que el hombre no contribuye nada. Cada persona debe soportar los sufrimientos de Pedro y, aún más, poseer la gloria de Pedro, que es lo que las personas viven después de haber recibido la obra de Dios. Solo esto se puede llamar realidad. No creas que obtienes la realidad solo porque puedes hablar de ella; esto es una falacia. Estos pensamientos no encajan con la voluntad de Dios y no tienen significado real. No digas tales cosas en el futuro; ¡acaba con tales cosas! Todos los que tienen un falso entendimiento de las palabras de Dios son incrédulos. No tienen ningún conocimiento real, mucho menos tienen una estatura real; son personas ignorantes que carecen de realidad. En otras palabras, todos los que viven fuera de la esencia de las palabras de Dios son incrédulos. Aquellos que son considerados incrédulos por las personas son bestias a los ojos de Dios y aquellos considerados incrédulos por Dios son personas que no tienen las palabras de Dios como su vida. Por lo tanto, se puede decir que aquellos que no poseen la realidad de las palabras de Dios y que no viven Sus palabras son incrédulos. La intención de Dios es hacer que todos vivan la realidad de Sus palabras, no simplemente para que todo el mundo hable de la realidad, sino que, más que eso, para permitir que todo el mundo viva la realidad de Sus palabras.

Extracto de ‘Solo se posee la realidad si se pone en práctica la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

446. Dios es un Dios práctico: toda Su obra es práctica, todas las palabras que Él habla son prácticas y todas las verdades que Él expresa son prácticas. Todo lo que no sea Sus palabras es vacuo, inexistente y endeble. En la actualidad, el Espíritu Santo debe guiar a las personas a las palabras de Dios. Si las personas quieren buscar la entrada a la realidad, entonces deben buscar la realidad y conocerla, después de lo cual deben experimentar la realidad y vivirla. Cuanto más las personas conozcan la realidad, más pueden discernir si las palabras de los demás son reales; cuanto más las personas conozcan la realidad, tienen menos nociones; cuanto más experimenten las personas la realidad, más conocen las obras del Dios práctico, y más fácil les resulta dejar atrás su corrupto carácter satánico; cuanta más realidad tengan las personas, más conocen a Dios y más aborrecen la carne y aman la verdad; y cuanta más realidad tengan las personas, más se acercan a los estándares de las exigencias de Dios. Las personas que son ganadas por Dios son las que son poseedoras de la realidad, las que conocen la realidad y las que han llegado a conocer las obras reales de Dios por medio de experimentar la realidad. Cuanto más cooperes con Dios de manera práctica y disciplines tu cuerpo, más adquirirás la obra del Espíritu Santo, más ganarás la realidad y más te esclarecerá Dios y, por consiguiente, mayor será tu conocimiento de las obras reales de Dios. Si puedes vivir en la luz presente del Espíritu Santo, entonces la senda presente para practicar te quedará más clara y serás más capaz de separarte de las nociones religiosas y de las viejas prácticas del pasado. Hoy la realidad es el enfoque: cuanta más realidad tengan las personas, más claro será su conocimiento de la verdad y mayor su entendimiento de la voluntad de Dios. La realidad puede vencer todas las letras y doctrinas, puede vencer toda teoría y experiencia, y en cuanta más realidad las personas se enfoquen, más aman verdaderamente a Dios y tienen hambre y sed de Sus palabras. Si siempre te enfocas en la realidad, entonces tu filosofía de vida, tus nociones religiosas y tu carácter natural serán eliminados normalmente al seguir la obra de Dios. Los que no buscan la realidad, y que no tienen un conocimiento de la realidad, es probable que sigan lo que es sobrenatural y serán fácilmente engañados. El Espíritu Santo no tiene manera de obrar en esas personas y por eso se sienten vacías y que sus vidas no tienen sentido.

Extracto de ‘Cómo conocer la realidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

447. Cuanto más pones en práctica la verdad, más poseedor eres de ella; cuanto más pones en práctica la verdad, más poseedor eres del amor de Dios; y cuanto más pones en práctica la verdad, más te bendice Él. Si siempre practicas de esta manera, el amor de Dios por ti te irá permitiendo ver, tal como Pedro llegó a conocer a Dios: Pedro dijo que Dios no solo tiene sabiduría para crear los cielos, la tierra y todas las cosas, sino que, además, tiene sabiduría para llevar a cabo una obra real en las personas. Pedro dijo que Dios no solo es digno del amor de la gente por haber creado los cielos, la tierra y todas las cosas, sino, asimismo, por Su capacidad de crear al hombre, salvarlo, perfeccionarlo y legarle Su amor. Pedro también afirmó que Dios tiene muchas cosas que lo hacen digno del amor del hombre. Le dijo a Jesús: “¿Es la creación de los cielos, la tierra y todas las cosas el único motivo por el que mereces el amor de la gente? Tienes más cosas dignas de amor. Actúas y te mueves en la vida real, Tu Espíritu me conmueve por dentro, me disciplinas, me reprendes... Estas cosas son incluso más dignas del amor de la gente”. Si deseas ver y experimentar el amor de Dios, debes ahondar y buscar en la vida real y estar dispuesto a dejar de lado tu propia carne. Debes tomar esta determinación. Debes ser una persona decidida y capaz de satisfacer en todo a Dios, sin pereza y sin codiciar el goce carnal ni vivir para la carne, sino para Dios. Puede que no satisfagas a Dios en algunos momentos. Eso te pasa por no entender la voluntad de Dios; la próxima vez, aunque te suponga un mayor esfuerzo, deberás satisfacerlo a Él, no A la carne. Con esta experiencia habrás llegado a conocer a Dios. Comprobarás que Dios puede crear los cielos, la tierra y todas las cosas y que se ha hecho carne para que la gente realmente pueda contemplarlo y relacionarse con Él; comprobarás que puede caminar en medio de los hombres y que Su Espíritu puede perfeccionar a las personas en la vida real para que contemplen Su hermosura y experimenten Su disciplina, Su castigo y Sus bendiciones. Si esa es siempre tu vivencia, en la vida real serás inseparable de Dios, y si un día tu relación con Él deja de ser la adecuada, podrás ser reprendido y tener remordimientos. Cuando tengas una relación adecuada con Dios, jamás desearás abandonarlo, y si un día Él dice que te va a abandonar, tendrás miedo y dirás que preferirás morir a que te abandone. Tan pronto como tengas estas emociones te sentirás incapaz de abandonar a Dios y, de este modo, tendrás una base y gozarás verdaderamente del amor de Dios.

Extracto de ‘Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”

448. Muchas personas pueden hablar un poco sobre la práctica, y de sus impresiones personales, pero la mayor parte de ello es la iluminación obtenida de las palabras de otros. En absoluto incluye algo de sus propias prácticas personales ni de lo que ven a partir de sus experiencias. Yo he analizado este asunto con anterioridad; no creas que no sé nada. Tú no eres más que un tigre de papel, ¿y hablas de conquistar a Satanás, de dar testimonios victoriosos, y de vivir la imagen de Dios? ¡Nada de esto tiene sentido! ¿Piensas que todas las palabras habladas por Dios hoy son para que tú las admires? Tu boca habla de renunciar a tu viejo ser, y de poner en práctica la verdad, pero tus manos están llevando a cabo otros hechos, y tu corazón trama otros ardides; ¿qué clase de persona eres? ¿Por qué tu corazón y tus manos no son una misma cosa? Tanta predicación se ha convertido en palabras vacías; ¿no es esto desolador? Si eres incapaz de poner en práctica la palabra de Dios, esto demuestra que aún no has entrado en la forma de obrar del Espíritu Santo, no has tenido aún Su obra en ti, y aún no has tenido Su dirección. Si afirmas ser tan sólo capaz de entender la palabra de Dios, pero eres incapaz de ponerla en práctica, eres una persona que no ama la verdad. Dios no viene a salvar a esta clase de persona. Jesús sufrió una enorme agonía cuando fue crucificado para salvar a los pecadores, a los pobres, y a todas esas personas humildes. Su crucifixión sirvió como una ofrenda por el pecado. Si no puedes practicar la palabra de Dios, deberías marcharte tan pronto como puedas; no te quedes en la casa de Dios como un parásito. A muchas personas incluso les resulta difícil dejar de hacer cosas que se resisten claramente a Dios. ¿No están pidiendo la muerte? ¿Cómo pueden hablar de entrar en el reino de Dios? ¿Tendrían la audacia de ver el rostro de Dios? Comer los alimentos que Dios te proporciona, hacer cosas deshonestas que se oponen a Él, ser malicioso, insidioso e intrigante, incluso cuando Dios te permite disfrutar de las bendiciones que Él te ha concedido; ¿no sientes que te queman en las manos cuando las recibes? ¿No sientes cómo te sonrojas? Has hecho algo en oposición a Dios, has llevado a cabo estratagemas para “ir por libre”; ¿no te sientes asustado? Si no sientes nada, ¿cómo puedes hablar de ningún futuro? Hace mucho que ya no había futuro alguno para ti; ¿qué expectativas mayores puedes seguir teniendo? Si dices algo descarado, pero no te sientes culpable y tu corazón no es consciente, ¿no significa esto que Dios ya te ha abandonado? Hablar y actuar con indulgencia y desenfreno se ha convertido en tu naturaleza; ¿cómo puede perfeccionarte Dios así? ¿Serías capaz de recorrer el mundo? ¿A quién convencerías? Los que conocieran tu verdadera naturaleza mantendrían las distancias. ¿No es este el castigo de Dios? En resumen, si sólo hay palabras y ninguna práctica, no hay crecimiento. Aunque el Espíritu Santo pueda estar obrando en ti mientras hablas, si no practicas, Él dejará de obrar. Si sigues adelante de esta manera, ¿cómo puede haber conversación alguna sobre el futuro o una entrega de todo tu ser a la obra de Dios? Tú solo puedes hablar de ofrecerle todo tu ser, pero no le das a Dios tu verdadero amor. Lo único que Dios recibe de ti es devoción verbal; no le das tu intención de practicar la verdad. ¿Podría ser esta tu estatura real? Si continuaras así, ¿cuándo te perfeccionaría Dios? ¿No te angustia tu futuro oscuro y sombrío? ¿No percibes que Dios ha perdido la esperanza en ti? ¿No sabes que Él desea perfeccionar a más personas y a personas nuevas? ¿Podrían mantenerse las cosas viejas? No estás prestando atención a las palabras de Dios hoy: ¿estás esperando a mañana?

Extracto de ‘La persona que alcanza la salvación está dispuesta a practicar la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

449. Las exigencias de Dios para las personas no son tan altas. Si se esfuerzan siquiera un poco, serían capaces de recibir una “calificación de aprobado”. En realidad, entender, conocer y comprender la verdad es más complicado que practicarla. Conocer y comprender la verdad viene después de practicarla; estos son los pasos y el método mediante el cual obra el Espíritu Santo. ¿Cómo puedes no obedecerlo? ¿Podrás obtener la obra del Espíritu Santo si haces las cosas a tu manera? ¿Obra el Espíritu Santo como a ti te place o en base a tus deficiencias según las palabras de Dios? Si no puedes ver esto con claridad, es inútil. ¿Por qué han invertido mucho esfuerzo la mayoría de las personas en leer las palabras de Dios, pero después sólo tienen conocimiento y no pueden decir nada sobre una senda real? ¿Piensas que poseer conocimiento equivale a poseer la verdad? ¿No es este un punto de vista confundido? Tú eres capaz de hablar de tanto conocimiento como hay arena en una playa, pero nada de eso contiene una senda verdadera. ¿Acaso no estás intentando engañar a las personas al hacer esto? ¿No estás armando un espectáculo vacío, sin sustancia que lo respalde? ¡Todo este comportamiento es perjudicial para las personas! Cuanta más alta la teoría y más desprovista está de la realidad, más incapaz es de llevar a las personas a la realidad; cuanta más alta la teoría, más te hace desafiar a Dios y oponerte a Él. No trates las teorías más sublimes como un precioso tesoro; ¡son perniciosas y no sirven ningún propósito! Tal vez algunas personas pueden hablar de las teorías más elevadas, pero estas teorías no contienen nada de la realidad porque estas personas no las han experimentado personalmente y, por lo tanto, no tienen ningún sendero para practicar. Tales personas no pueden llevar a otros por el camino correcto y sólo los llevarán por el camino equivocado. ¿No es esto perjudicial para las personas? Por lo menos debes poder resolver los problemas presentes de las personas y permitirles lograr la entrada; sólo esto cuenta como dedicación y sólo entonces estarás calificado para obrar por Dios. No hables siempre palabras exageradas y fantasiosas y no uses un puñado de prácticas inadecuadas para obligar a otros a que te obedezcan. Hacerlo así no tendrá ningún efecto y sólo puede aumentar su confusión. Continuar de esta manera producirá mucha doctrina, lo que hará que la gente te abomine. Este es la deficiencia del hombre y realmente es insoportable. Así que habla más de problemas que existen ahora. No trates las experiencias de otras personas como si fueran de tu propiedad ni las saques a relucir para que otros las admiren. Debéis buscar vuestra propia salida individual. Esto es lo que cada persona debería poner en práctica.

Extracto de ‘Enfócate más en la realidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

450. El mayor defecto de la gente en su fe en Dios es que sólo creen de palabra y Dios está totalmente ausente de sus vidas cotidianas. Todas las personas, de hecho, creen en la existencia de Dios; sin embargo, Dios no es parte de su vida diaria. De la boca de la gente salen muchas oraciones a Dios, pero Él tiene poco lugar en sus corazones, y por eso Dios los pone a prueba una y otra vez. Ya que la gente es impura, Dios no tiene otra alternativa que probarlos para que se sientan avergonzados y se lleguen a conocer a sí mismos en medio de las pruebas. De otro modo, la humanidad se convertiría en los descendientes del arcángel y se volvería cada vez más corrupta. En el proceso de su fe en Dios, cada persona desecha muchos de sus motivos y objetivos personales bajo la incesante purificación de Dios. De lo contrario, Dios no tendría manera de usar a nadie ni de hacer en la gente la obra que debe hacer. Dios primero purifica a la gente, y mediante este proceso, las personas llegan a conocerse a sí mismas y Dios puede cambiarlas. Sólo entonces puede Dios obrar Su vida en ellos, y sólo así puede el corazón del hombre volverse por completo a Dios. Y por eso digo que creer en Dios no es tan simple como el hombre dice. Según Dios lo ve, si sólo tienes conocimiento, pero no tienes Su palabra como vida, y si estás limitado sólo a tu propio conocimiento, pero no puedes practicar la verdad o vivir la palabra de Dios, entonces esto es prueba de que todavía no tienes un corazón que ame a Dios, y muestra que tu corazón no le pertenece. Uno puede llegar a conocer a Dios creyendo en Él: esta es la meta final y el objetivo de la búsqueda del hombre. Debes dedicar esfuerzo a vivir las palabras de Dios, para que se puedan hacer realidad en tu práctica. Si sólo tienes conocimiento doctrinal, entonces tu fe en Dios se quedará en nada. Sólo si luego también practicas y vives Su palabra, tu fe se puede considerar completa y de acuerdo con la voluntad de Dios. En este camino, muchas personas pueden hablar de mucho conocimiento, pero en el momento de su muerte, sus ojos se llenan de lágrimas y se odian a sí mismos por haber desperdiciado toda una vida y haber vivido en vano hasta la edad madura. Sólo entienden las doctrinas, pero no pueden poner en práctica la verdad o dar testimonio de Dios; en cambio, simplemente corren de aquí para allá y están sumamente ocupados; y sólo al borde de la muerte ven finalmente que carecen de un verdadero testimonio, que no conocen a Dios en absoluto. ¿Y no es ya demasiado tarde? ¿Por qué no aprovechas el día y persigues la verdad que amas? ¿Por qué esperar hasta mañana? Si en vida no sufres por la verdad o buscas obtenerla, ¿acaso puede ser que desees sentir arrepentimiento en la hora de tu muerte? Si es así, ¿entonces por qué creer en Dios? En verdad, hay muchos asuntos en los que las personas, si le dedican sólo el más mínimo esfuerzo, pueden poner la verdad en práctica y así agradar a Dios. Por el mero hecho de que los corazones de las personas están poseídos por demonios, no pueden actuar en favor de Dios, y se precipitan constantemente en beneficio de su carne, sin obtener nada al final. Por esta razón, las personas están afligidas de continuo por problemas y dificultades. ¿No son estos los tormentos de Satanás? ¿No es esta la corrupción de la carne? No debes tratar de engañar a Dios hablando sin parar. Más bien, debes actuar de manera tangible. No te engañes a ti mismo; ¿qué sentido tendría eso? ¿Qué puedes ganar por vivir por el bien de tu carne y afanarte por el beneficio y la fama?

Extracto de ‘Ya que crees en Dios, deberías vivir por la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

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