Palabras diarias de Dios: Conocer a Dios | Fragmento 10

15 May 2020

No temer a Dios y no apartarse del mal es oponerse a Dios

Actualmente estáis cara a cara con Dios y con Sus palabras; vuestro conocimiento de Dios es mucho mayor que el de Job. ¿Cuál es mi propósito al decir estas cosas? Me gustaría explicaros un hecho, pero antes quiero haceros una pregunta: Job sabía muy poco de Dios, pero seguía siendo capaz de temerle y apartarse del mal. ¿Por qué no lo hacen las personas en la actualidad? (Están profundamente corrompidas). “Profundamente corrompidas”: ese es el fenómeno superficial que causa el problema, pero Yo nunca lo vería así. A menudo tomáis doctrinas y términos que se usan con frecuencia, como “profunda corrupción”, “rebelarse contra Dios”, “deslealtad hacia Dios”, “desobediencia”, “no amar la verdad” y otros, y usáis estas frases pegadizas para explicar la esencia de cada asunto. Esta es una forma errónea de practicar. Utilizar la misma respuesta para explicar temas de naturalezas distintas suscita, inevitablemente, sospechas blasfemas sobre la verdad y sobre Dios; no me gusta oír este tipo de respuesta. ¡Pensadlo más y mejor! Ninguno de vosotros ha dedicado tiempo a pensar en este asunto, pero cada día puedo verlo y sentirlo. Por tanto, mientras vosotros actuáis, Yo observo. Cuando estáis haciendo algo, no podéis percibir su esencia, pero cuando Yo observo, sí puedo verla y sentirla. ¿Cuál es, pues, esta esencia? ¿Por qué las personas en la actualidad son incapaces de temer a Dios y apartarse del mal? Vuestras respuestas están lejos de poder explicar la esencia de este problema y tampoco no pueden resolverlo. Esto se debe a que tiene un origen del que no sois conscientes. ¿Cuál es este origen? Sé que queréis oír sobre él, así que os hablaré acerca del origen de este problema.

Desde que Dios comenzó a llevar a cabo obra, ¿cómo ha considerado a los seres humanos? Dios los rescató; ha visto a los seres humanos como miembros de Su familia, como los objetos de Su obra, como aquellos a los que quería conquistar y salvar, y a los que deseaba perfeccionar. Esta era la actitud de Dios hacia la humanidad al principio de Su obra. Pero ¿cuál era la actitud del hombre hacia Dios en aquel momento? Dios era ajeno a los seres humanos, y estos lo veían como un extraño. Podría decirse que su actitud hacia Dios no cosechó los resultados correctos y que no tenían un claro entendimiento de cómo debían tratarle. Así, lo trataban como les parecía, y actuaban como querían. ¿Tenían algunas opiniones sobre Dios? Al principio, no; las supuestas opiniones de los seres humanos consistían, sencillamente, en ciertas nociones y presunciones sobre Él. Aceptaban lo que se ajustaba a sus nociones, y cuando algo no se ajustaba a ellas lo obedecían de manera superficial; sin embargo, en el fondo tenían un fuerte conflicto y se oponían a ello. Esta era la relación entre Dios y los seres humanos al principio: Dios los consideraba como miembros de Su familia, pero ellos le trataban como a un desconocido. Sin embargo, después de un período en el que Dios obró, los seres humanos llegaron a entender lo que Él intentaba lograr, y supieron que era el Dios verdadero, y llegaron a saber lo que podían obtener de Él. ¿Cómo consideraba el hombre a Dios en aquel momento? Le veían como un salvavidas y esperaban que les concediera Su gracia, Sus bendiciones y Sus promesas. En ese momento, ¿cómo veía Dios a los seres humanos? Los veía como el objetivo de Su conquista. Dios quería usar palabras para juzgarlos, someterlos a examen y ponerlos a prueba. Sin embargo, en lo que respectaba a la humanidad en aquel entonces, Dios era solo un objeto al que podían utilizar para conseguir sus metas. Las personas veían que la verdad que Él expresaba les podía conquistar y salvar, que tenían la oportunidad de obtener aquello que querían de Dios, además de alcanzar el destino deseado. Por esto, en su corazón se formó una pequeña pizca de sinceridad, y se mostraron dispuestos a seguir a ese Dios. Transcurrió algún tiempo, y tras haber adquirido cierto conocimiento superficial y doctrinal sobre Dios, podría decirse incluso que los seres humanos se estaban “familiarizando” cada vez más con Él y con las palabras que decía, con Su predicación, con las verdades que Él expresaba y con Su obra. Tenían, entonces, la idea errónea de que Dios había dejado de ser un desconocido, y que ya habían tomado la senda de volverse compatibles con Él. A estas alturas, las personas han escuchado muchos sermones sobre la verdad y han experimentado mucha de la obra de Dios. Sin embargo, debido a la interferencia y la obstrucción causadas por muchos factores y circunstancias diferentes, la mayoría de las personas no pueden tener éxito a la hora de poner en práctica la verdad ni son capaces de satisfacer a Dios. Las personas se han vuelto cada vez más holgazanas y carentes de confianza. Sienten, cada vez más, que sus propios desenlaces son desconocidos. No se atreven a tener ideas extravagantes y no buscan progresar; simplemente siguen la corriente y avanzan paso a paso con reticencia. Respecto al estado actual de los seres humanos, ¿cuál es la actitud de Dios hacia ellos? Su único deseo es concederles estas verdades e infundirles Su camino y disponer después diversas circunstancias con el fin de ponerles a prueba de diferentes maneras. Su objetivo consiste en tomar estas palabras, estas verdades, y Su obra, y producir un desenlace en el que los seres humanos sean capaces de temerle y apartarse del mal. La mayoría de las personas que he visto sólo toman las palabras de Dios y las consideran como doctrinas, meras letras en un papel, reglas a seguir. En sus acciones y en su discurso, o al enfrentarse a pruebas, no consideran que el camino de Dios sea el camino al que deban ceñirse. Esto es especialmente cierto cuando las personas se enfrentan a pruebas importantes. No he visto a ninguna de esas personas practicar en la dirección de temer a Dios y apartarse del mal. Por lo tanto, la actitud de Dios hacia los seres humanos ¡está llena de un desprecio y una aversión extremos! A pesar de que Él haya enviado una y otra vez pruebas a las personas, hasta centenares de veces, estas siguen sin tener una actitud clara con la que demuestren su determinación: “¡Quiero temerle a Dios y apartarme del mal!”. Como las personas no poseen esta determinación y no hacen este tipo de demostración, la actitud presente de Dios hacia ellas ya no es la misma que en el pasado, cuando Él les mostró misericordia, tolerancia, templanza y paciencia. En su lugar, está extremadamente decepcionado de la humanidad. ¿Quién provocó esta decepción? ¿De quién depende la actitud que Dios tiene hacia los seres humanos? De todas y cada una de las personas que siguen a Dios. En el transcurso de Sus muchos años de obra, Dios le ha exigido mucho a las personas y ha dispuesto muchas circunstancias para ellas. Sin embargo, independientemente de cómo haya actuado, y cualquiera que sea su actitud hacia Dios, la gente ha fracasado en practicar en claro acuerdo con el objetivo de temer a Dios y apartarse del mal. Así pues, lo resumiré en una frase y la utilizaré para explicar todo aquello que acabamos de decir sobre por qué las personas no pueden andar en el camino de Dios de temerle y apartarse del mal. ¿Cuál es esta frase? Es la siguiente: Dios considera a los seres humanos objetos de Su salvación y de Su obra; los seres humanos consideran a Dios su enemigo y su antítesis. ¿Tienes claro ahora este asunto? Es evidente cuál es la actitud del hombre, cuál la de Dios; y cuál es la relación entre los seres humanos y Dios. Independientemente de las muchas predicaciones que hayáis escuchado, las cosas de las que habéis sacado vuestras propias conclusiones, como serle fieles a Dios, someterse a Él, buscar el camino de haceros compatibles con Él, querer dedicarle toda una vida y vivir para Él, para Mí estas cosas no son ejemplos de andar conscientemente por el camino de Dios, que consiste en temerle y apartarse del mal, sino que son meros canales a través de los cuales podéis alcanzar ciertas metas. Para alcanzarlas, seguís con reticencia algunas reglas, y son precisamente estas las que alejan aún más a las personas del camino de temer a Dios y apartarse del mal, y vuelven a colocar a Dios una vez más en oposición a la humanidad.

El tema de hoy es un poco denso; sin embargo, de un modo u otro sigo esperando que cuando paséis por las experiencias y los tiempos venideros seáis capaces de hacer lo que os acabo de decir. No consideréis a Dios como un mero soplo de aire vacío, como si existiera solo cuando te resulta útil y no existiera cuando no os sirve de nada. Una vez tienes ese pensamiento en tu subconsciente, ya has enfurecido a Dios. Quizás algunas personas digan: “No considero que Dios sea simple aire vacío; siempre oro a Él, intento satisfacerle, y todo lo que hago se encuentra en el ámbito, el estándar y los principios que Él requiere. En definitiva, no estoy practicando según mis propias ideas”. ¡Sí, esta manera en la que practicas es correcta! Sin embargo, ¿qué piensas cuando enfrentas un problema? ¿Cómo practicas cuando te enfrentas a un asunto? Algunas personas sienten que Dios existe cuando oran a Él y le suplican, pero cuando se enfrentan a un problema, se les ocurren sus propias ideas y quieren sujetarse a ellas. Esto significa que consideran a Dios como un simple soplo de aire vacío, y tal situación lo vuelve inexistente en su mente. Las personas creen que Él debería existir cuando lo necesitan, pero no cuando no precisan de Él. Piensan que basta con practicar según sus propias ideas. Creen que pueden hacer lo que les plazca; simplemente piensan que no necesitan buscar el camino de Dios. Respecto a las personas que se encuentran actualmente en este tipo de situación, atrapadas en este tipo de estado, ¿acaso no están llamando al peligro? Algunos dicen: “Esté o no llamando al peligro, he tenido fe durante muchos años, y creo que Dios no me abandonará, porque Él no lo soportaría”. Otros afirman: “Llevo creyendo en el Señor desde que estaba en el vientre de mi madre. Han pasado cuarenta o cincuenta años, así que en términos de tiempo, soy el más calificado para ser salvado por Dios y para sobrevivir. A lo largo de estas cuatro o cinco décadas, abandoné a mi familia y mi trabajo y todo lo que tenía: cosas como el dinero, el estatus, el disfrute y el tiempo con mi familia. Me he abstenido de muchos alimentos deliciosos, no he disfrutado de muchas cosas divertidas, no he visitado muchos lugares interesantes y he experimentado sufrimientos que las personas comunes y corrientes no podrían soportar. Si Dios no puede salvarme por todo esto, entonces estoy recibiendo un trato injusto y no puedo creer en un Dios así”. ¿Existen muchas personas que opinen así? (Sí). Muy bien, entonces hoy os ayudaré a entender una realidad: los que tienen este punto de vista cavan su propia tumba. Esto se debe a que están usando sus propias imaginaciones para taparse los ojos. Son precisamente estas, además de sus propias conclusiones, las que ocupan el lugar del estándar que Dios quiere que cumplan los seres humanos e impiden que acepten las verdaderas intenciones de Dios. Hacen que no puedan sentir Su verdadera existencia y que pierdan la oportunidad de ser perfeccionados por Él, y renuncian, así, a participar de Su promesa.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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